|
INTRODUCCION
Esta historia
de la Compañía de María no pretende ser exhaustiva. Quizá
algunos lectores queden decepcionados al no encontrar en
ella detalles que hubieran querido conocer. La finalidad de
este trabajo no es ser una compilación detallada de la vida
de la Congregación. Si se tratara de relatar todo, sobre
todo lo referente al siglo XX, serían necesarios varios
volúmenes.
Pero los
destinatarios de este libro son ante todo los aspirantes
monfortianos de los diferentes continentes, para ayudarles a
conocer la Congregación con la cual tienen intención de
comprometerse. Como se supone que no conocen la Historia de
Francia ni su geografía, hay algunos datos o evocaciones que
pueden parecer superfluos a los Europeos.
La Historia
de la Compañía se divide en seis capítulos:
I. La
fundación
II. Los
comienzos:desde la muerte del Padre de Montfort hasta la
Revolución Francesa en 1789
III. La
tormenta: período de la Revolución hasta el Concordato de
1801
IV. La
renovación: el siglo XIX hasta 1871, año de la primera
fundación fuera de Francia
V. La
expansión internacional: período de crecimiento rápido de la
Congregación, cuyo nivel máximo se da en 1966
VI. Hacia un
nuevo equilibrio: del comienzo de la recesión en 1966 hasta
1996, año en que termina el relato de este libro con la
visita del Papa Juan Pablo II a San Lorenzo, el 19 de
septiembre
Para no
recargar el texto y hacer su lectura más fluida, no se ha
querido poner notas al pie de las páginas. El contenido de
las mismas se encuentra ya en el texto, a veces entre
paréntesis o guiones.
Este libro es
la publicación de una serie de conferencias que su autor dio
por primera vez a los aspirantes peruanos en Lima, julio de
1994, y que ha tenido ocasión de presentar dos veces más a
jóvenes monfortianos de diferentes continentes en cursos de
formación en San Lorenzo. Ojalá cumpla su función de
suscitar en los jóvenes monfortianos el amor de la Compañía
de María.
Nuestra
Señora de Marillais, Francia, septiembre 29 de 1997
Michel
Bertrand,S.M.M.
CAPITULO I -
LA FUNDACION
Germinación
de un proyecto
Luis María
Grignion de Montfort, formado en el seminario de San
Sulpicio en París, fue ordenado sacerdote el 5 de junio de
1700. Había llamado la atención de sus formadores, tanto por
su piedad como por su ciencia, hasta el punto que hubieran
querido conservarlo en su casa. Estal perspectiva, sin
embargo, en nada llamaba la atención del joven sacerdote:
más que por la formación de los seminaristas se sentía
atraído por el apostolado entre las gentes sencillas.
Durante sus años en San Sulpicio, había comenzado ya a
prepararse para ello, y en los tres o cuatro meses que pasó
en el seminario después de su ordenación, siguió compilando
notas de sermones con la ambición de capacitarse para
improvisar una predicación sobre cualquier tema. Compuso
también cánticos para ayudar a sus futuros oyentes a
memorizar la doctrina cristiana.
Sabemos esto
gracias a los recuerdos que uno de sus amigos ha tenido a
bien escribir. A pesar de su temperamento poco comunicativo,
Luis María Grignion tenía dos amigos íntimos, que había
conocido durante su adolescencia en el Colegio de Rennes.
Conviene conocerlos ya que uno y otro tienen algo que ver
con la fundación de la Compañía de María.
El primero es
Claudio Poullart des Places, fallecido a los 30 años y
algunos meses de edad, luego de haber puesto las bases de
la Congregación del Espíritu Santo. En el último siglo el
Venerable P. Libermann dio nueva vida a la fundación de
Poullart des Places, y orientó el apostolado de los
Misioneros del Espíritu Santo hacia el continente africano.
El segundo es
Juan Bautista Blain, que llegó a ser canónigo de la diócesis
de Ruán y nos dejó numerosas y preciosas informaciones sobre
su amigo. Por él conocemos la atracción de Luis María por la
predicación del Evangelio. Los fundadores de San Sulpicio
lejos de oponerse, le buscaron un sitio donde pudiera él
comenzar su apostolado aprovechando la experiencia de
algunos sacerdotes mayores. Según ellos la Comunidad de San
Clemente en Nantes, dirigida por un sacerdote de San
Sulpicio llamado el Señor Lévêque reunía las condiciones
deseables.
A fines de
septiembre de 1700 el joven sacerdote llegó a dicha
comunidad, creyendo encontrar en ella un ambiente según sus
aspiraciones. Desafortunadamente su decepción fue
profunda... tan profunda que ya el 6 de diciembre confesaba
por escrito su desengaño al P. Leschassier, su antiguo
director de San Sulpicio, el mismo que lo había orientado
hacia Nantes.
Esta carta es
el primer indicio de un deseo de fundación, que sólo se
consolidará mucho después. Decía Luis María: "No encontré
aquí lo que esperaba, aquello por lo cual dejé, como a pesar
mio, una casa tan santa como lo es el seminario de San
Sulpicio. Anhelaba, igual que Ud., prepararme para las
misiones y sobre todo dar el catecismo a las gentes
sencillas, que es lo que más me atrae. Pero no hago nada de
esto, y ni siquiera sé si lo haré..." (Carta 5).
Luego
describía el estado de la casa, en la cual la observancia
dejaba mucho que desear, y a renglón seguido expresaba su
sueño: " Desde mi llegada, me siento como perplejo entre dos
sentimientos, al parecer opuestos. Por una parte,
experimento una inclinación secreta al retiro y a la vida
escondida, para aniquilar y combatir mi naturaleza
corrompida deseosa de manifestarse. Por otra, siento grandes
anhelos de hacer amar a Nuestro Señor y a su Santísima
Madre, de correr en forma pobre y sencilla a dar el
catecismo a los pobres del campo y excitar a los pecadores a
la devoción a la Santísima Virgen. Es lo que hacía un
piadoso sacerdote, muerto aquí hace poco en olor de
santidad: iba de parroquia en parroquia enseñando el
catecismo a la gente del campo, a expensas de la
Providencia.
Padre
carísimo, no soy digno -en verdad- de empleo tan honorífico;
pero, ante las necesidades de la Iglesia, no puedo menos de
pedir continuamente con gemidos una pequeña y pobre compañía
de sacerdotes ejemplares, que desempeñen ese ministerio bajo
el estandarte y la protección de la Santísima Virgen. Trato,
sin embargo -aunque con dificultad- de calmar estos anhelos
por buenos y continuos que sean, mediante el olvido absoluto
de todo lo mio en brazos de la Divina Providencia, y una
perfecta obediencia a los consejos de Ud., que consideraré
siempre como órdenes".
Esta
comunicación contiene en germen la Carta de la Compañía de
María, pero Luis María Grignion no se fiaba de sí mismo. El
que algún día invitaría a los cristianos a la renuncia total
de sí mismos (VD 259), perseguía sin piedad el amor propio.
Antes de emprender algo quería estar seguro de que fuera la
voluntad de Dios que lo comprometía y no el deseo de
aparecer". Trataba pues de calmar sus deseos y esperaba la
hora de Dios...
¿Dónde
encontrar colaboradores?
Debía llegar
la hora de Dios, que le permitiera "enseñar el catecismo a
los pobres del campo", " a expensas de la Providencia", pero
deberá esperar varios años y seguir numerosos recodos hasta
poder mostrar por fin plenamente su capacidad de
realización.
En octubre de
1701 Luis María dejó a San Clemente para servir a los pobres
del hospital de Poitiers. Bien sabía que su vocación no
estaba allí, pero tenía la esperanza de "ampliar con el
tiempo su ministerio a la ciudad y al campo", "porque mi
anhelo es enseñar el catecismo a los pobres de la ciudad y
del campo".
Durante el
verano de 1702 hizo el viaje a París para ayudar a su
hermana Luisa Guyonne a encontrar una ubicación. Aprovechó
para visitar el seminario de San Sulpicio con la segunda
intención de encontrar algunos colaboradores para las
misiones. Según Blain, su presencia suscitó curiosidad, pero
los pareceres estaban divididos: "Yo que estaba muy atento a
lo que de él se decía, no podía comprender que se le
considerara santo sin verlo seguir el camino de los santos.
Como me sentía muy atraído a seguirle y servirle de
compañero, me interesaba más en todo lo que a él se
refería".
La buena
intención del Señor Blain no se realizará, y la razón fue el
prestigio de que gozaba el P. Leschassier, cuarto superior
de San Sulpicio. Este hombre eminente que, algunos años
después de la muerte de Luis María Grignion, reconoció
humildemente "no conocer a los santos", había dado crédito a
las críticas llegadas de Nantes y de Poitiers, y había
expresado del joven sacerdote un juicio extremamente severo:
"El Señor Grignion es muy humilde, pobre, mortificado y
piadoso, y, sin embargo, me cuesta creer que sea conducido
por el espíritu del bien".
No sólo lo
juzgaba con severidad, sino que se mostró tan frío con él,
que Luis María perdió toda esperanza de encontrar algún día
colaboradores en San Sulpicio. Visitó entonces a su amigo
Claudio Francisco Poullart des Places, venido a París en
octubre de 1701 con la intención de hacerse sacerdote.
También él tenía muchos proyectos, pero bien diferentes de
los anhelos de Luis María: "No me siento atraído por las
misiones, pero conozco perfectamente el bien que en ellas se
puede hacer para no colaborar a ellas con todas mis fuerzas
y hacer con Ud. un pacto inviolable.
"Ud. sabe que
desde hace algún tiempo dedico todo lo que está a mi
disposición para ayudar a los escolares pobres a que
prosigan sus estudios. Conozco a varios de ellos que
teniendo admirables disposiciones, por falta de recursos, no
las pueden hacer valer, y se ven obligados a enterrar
talentos que serían muy útiles a la Iglesia, si los pudieran
cultivar. A ello quisiera dedicarme reuniéndolos en una
casa... Si Dios me concede tener éxito, Ud. puede contar con
misioneros. Yo los prepararé y Ud. los pondrá a trabajar. En
esta forma, Ud. quedará satisfecho y yo también".
Las obras de
uno y otro se complementaban pues de manera admirable.
Desafortunadamente el P. Poullart des Places, luego de
fundar su seminario, murió en forma prematura el 2 de
octubre de 1709. El contrato, no escrito; será, sin embargo,
respetado por su sucesor; y varios misioneros de la Compañía
de María vendrán del seminario del Espíritu Santo. Más aún,
los primeros monfortianos se harán llamar comúnmente
"misioneros del Espíritu Santo".
Esperanzas
fundadas
De vuelta a
Poitiers, Luis María Grignion encontró el hospital general
con sus pobres, pero esto no duró mucho tiempo. De hecho en
abril del año siguiente, por las dificultades crecientes se
vio obligado a salir de Poitiers. Dejaba un embrión de
comunidad femenina, compuesta por personas lisiadas e
impedidas, entre las cuales había puesto a una joven de la
alta burguesía de Poitiers: María Luisa Trichet, que
llegaría a ser la primera superiora general de las "Hijas de
la Sabiduría".
Quizá por el
estímulo que le había dado su amigo Poullart des Places,
dirigió sus pasos a París. Abandonado por sus antiguos
maestros de San Sulpicio, pasó algún tiempo con los pobres
del hospital general de la Salpêtrière; luego encontró un
pobre alojamiento debajo de una escalera en la calle
Pot-de-Fer.
Se entrevistó
nuevamente con Poullart des Places, quien dirigía entonces
el "Seminario de estudiantes pobres" que él mismo había
fundado en la calle de Cordiers. Se dedicaba a procurarles
el pan material, pero sobre todo velaba por su formación
espiritual. Personalmente daba instrucciones y cada vez que
tenía ocasión, "les hacía dar retiros por los mejores
maestros en la materia" (Besnard, libro 5, Pág.280). Así el
Señor Grignion tuvo la oportunidad de participar en su
formación durante su estadía en París. Les habló de la
Sabiduría, desarrollando las ideas de su libro El Amor de
la Sabiduría Eterna.
Sin duda
evocaron el contrato establecido el año anterior entre el P.
Poullart y el P. Grignion. Según Grandet, la idea del P.
Grignion era "formar un grupo o comunidad de doce hombres
apostólicos sin bienes ni ganancias, como los Apóstoles".
Probablemente en ese año de 1703, en prenda de amistad y
como símbolo del futuro, Luis María dejó a la Comunidad del
P. Poullart la imagen que había esculpido: la Virgen
abrigando con su manto a doce pequeñas figuras que
representaban a los apóstoles llamados a trabajar "bajo la
protección de María".
Durante ese
tiempo los pobres del hospital no se habían olvidado de su
capellán. Así pues el 9 de marzo de 1703 le escribieron al
P. Leschassier una carta en la cual pedían que hiciera
regresar entre ellos "aquel que tanto ama a los obres, el
Señor Grignion". Viendo en ello un signo de la Providencia,
Luis María dejó otra vez París.
Primer
discípulo
En el
hospital de Poitiers emprendió la doble restauración
material y espiritual del establecimiento con las
aprobaciones más elogiosas. Sin embargo, la euforia no duró
mucho. Al cabo de un año las dificultades crecieron tanto
que debió pensar nuevamente en dejar el lugar. Por fortuna
contó con la benevolencia del obispo de Poitiers y, gracias
a su apoyo, no le faltaría el trabajo. Su adiós al hospital
le permitiría hacer lo que siempre había dicho que "más le
atraía": "enseñar el catecismo a los pobres". Se ofreció al
obispo para hacer misiones en la ciudad y en los suburbios,
y restaurar los santuarios en ruinas. La aprobación
episcopal lo convirtió en misionero oficial de Poitiers. Al
aceptar en 1701 ir al hospital, tenía la esperanza de
"ampliar con el tiempo su ministerio a la ciudad y a los
campos". ¡Ahora se cumplían sus deseos! El obispo lo nombró
director de la casa de las Penitentes, lo que le aseguraba
alojamiento y comida y le daba libertad para "extender su
ministerio a la ciudad".
En Poitiers,
donde encontró a las dos primeras Hijas de la Sabiduría:
María Luisa Trichet y Catalina Brunet, encontraría también
al primer hermano de la futura Compañía de María. Un día
estaba confesando en la iglesia de las Penitentes que estaba
a su cargo. Entró a orar un joven que llamó su atención.
Cuando terminó las confesiones se le acercó y entabló
diálogo con él. El joven le contó que deseaba entrar como
hermano converso donde los Capuchinos que habían predicado
la misión en su pueblo, y dijo que por casualidad había
entrado en esa iglesia a rezar. Entonces, como Jesús llamaba
a sus apóstoles, el P. Grignion le dijo: "No ha sido por
casualidad, sino providencialmente. ¿No te gustaría ayudar a
los misioneros en sus trabajos? Sígueme: con seguridad ésta
es tu vocación"
Se podría
decir como en el Evangelio: "Entonces, dejándolo todo, el
joven lo siguió". En efecto, desde ese día, fue el compañero
fiel de vida y de labores de quien las gentes llamaron más
tarde "el buen Padre de Montfort". Maturino Rangeard, nacido
en 1687 en un pueblito del Norte de Poitou, será recordado
con el nombre de "Hermano Maturino". Por sufrir de
escrúpulos, nunca emitirá votos religiosos, pero, hasta su
muerte en 1760 participará en la mayoría de las misiones
predicadas por los sucesores del Padre de Montfort, y
siempre será considerado el primer Hermano de la Compañía de
María.
Futuro
incierto
El Hermano
Maturino comenzaba en Poitiers mismo a participar en los
trabajos apostólicos de quien lo había comprometido de una
manera tan imprevista. El misionero cosechó algunos éxitos,
particularmente en los suburbios de Montbernage, pero
también suscitó algunas antipatías en la burguesía de la
ciudad. Pues el Padre Villeroi, vicario general, se
inclinaba más a escuchar las quejas de los nobles que los
elogios de los arrabaleros.
De modo que
un buen día el obispo, por no disgustar a Villeroi y sus
amigos, cedió a sus insinuaciones y decidió deshacerse del
P. Grignion, a pesar del aprecio que le tenía. Este fue un
golpe terrible para el misionero, una prueba que cuestionó
toda la orientación de su vida.
Como joven
sacerdote había soñado con irse al Canadá donde la
colonización era acompañada por la evangelización. El
superior de San Sulpicio le había dicho "no" al P. Grignion,
añadiendo en broma que si viajaba allá, "se perdería en las
selvas del Nuevo Mundo". La expulsión que lo golpeaba en
Poitiers, ¿no sería una indicación de la Providencia en
favor de las misiones lejanas?... o en favor de la vida
contemplativa por la cual sintió atracción constante? Para
aclarar su espíritu, emprendió una peregrinación a Roma: a
pesar de las dificultades que en aquel tiempo significaba un
viaje tan largo a pie, iba a consultar al papa Clemente XI.
El Hermano
Maturino quedó en una situación penosa de espera, pero
estaba tan ligado al misionero que parecía dispuesto a
seguirlo a donde fuera. Mientras esperaba el regreso del
peregrino encontró asilo entre los Padres Jesuitas que
ocupaban la antigua abadía de Ligugé, cerca de Poitiers.
La primera
"comunidad" monfortiana
A su retorno
de Roma, a finales del agosto 1706, el P. de Montfort tenía
ya fijada la orientación de su vida. El Papa lo había
nombrado "misionero apostólico" y le había asignado un vasto
terreno de apostolado: "Tienes, le había dicho, un campo
suficientemente amplio en Francia para ejercitar tu celo, no
te vayas a otra parte, y trabaja siempre en perfecta
sumisión a los obispos diocesanos por los cuales serás
llamado".
Encontró de
nuevo al Hermano Maturino que lo esperaba en la abadía de
Ligugé, cerca de Poitiers, pero le fue prohibido quedarse en
esta diócesis en la cual tanto había trabajado. Se dirigió a
Bretaña y se integró en el equipo del P. Leuduger, en
Saint-Brieuc. Participó en varias misiones -entre otras en
Montfort-la-Cane, su pueblo natal- pero en Moncontour, la
falta de entendimiento con el director lo obligó a abandonar
el equipo del P. Leuduger. Se retiró entonces a la ermita de
San Lázaro, llamada así en recuerdo de los tiempos en que
había allí un leprosorio, a pocos kilómetros del pueblo de
Montfort-la-Cane. Se puede decir que ésta fue la primera
comunidad monfortiana. En efecto el P. de Montfort tenía dos
compañeros: Maturino, ya conocido, y un tal Juan, de quien
poco se sabe. Siguió al P. de Montfort hasta su última
misión en San Lorenzo del Sèvre, pero nunca emitió sus
votos... como tampoco los pronunció el Hermano Maturino.
El equipo
apostólico monfortiano
Desde el
momento en que dejó el equipo del P. Leuduger, el P. de
Montfort dirigió él mismo las misiones que predicaba,
sin que jamás estuviera solo. En la diócesis de Nantes, en
la cual trabajó de 1708 a 1711, como en las de Luzón,
Saintes y sobre todo La Rochelle, en la cual permaneció
hasta su muerte, siempre tuvo colaboradores. Eran sacerdotes
o laicos, y su colaboración era ocasional o más o menos
prolongada.
Entre los
sacerdotes conviene hacer mención especial de Pedro Ernault
des Bastières, que comenzó su colaboración en 1708 y trabajó
con él en forma continua de 1711 hasta enero de 1716. A
petición del sulpiciano Grandet, escribió sus recuerdos, y,
gracias a él, conocemos muchos detalles de la vida
apostólica de San Luis María. La historia ha conservado el
nombre de algunos otros: Gabriel Ollivier -diócesis de
Nantes-, Pedro Keating, Irlandés, Tomás Le Bourhis y
Clisson, todos tres de la diócesis de La Rochelle. Los dos
últimos, nombrados en el testamento del misionero (Obras BAC
p. 628). Después de su muerte en San Lorenzo el 28 de abril
de 1716, quedaron solamente dos sacerdotes que, con el
Hermano Maturino, formarían el núcleo de la compañía de
María. Eran Adriano Vatel y Renato Mulot, de quienes
trataremos más adelante.
También tuvo
Montfort varios colaboradores laicos a quienes llamaba
"Hermanos". Maturino fue el obrero de primera hora. De 1707
a 1711 se unieron al equipo Juan, Pedro, Nicolás y Felipe, y
de 1711 a 1716: Santiago, Luis y Gabriel. De ellos sabemos
muy poco y de algunos nada. En 1709 en Crossac, diócesis de
Nantes, un "Hermano" se rebeló contra el misionero, mientras
el P. des Bastières abandonó su equipo... lo que suscitó un
célebre cuarteto:
Un amigo me
falla,
¡bendito Dios!
Se me rebela
un siervo,
¡bendito Dios!
Dios lo
permite o hace,
por ello todo
me agrada y satisface
A la muerte
del P. de Montfort quedaban cuatro Hermanos "unidos conmigo
en la obediencia y la pobreza, a saber: Nicolás de Poitiers,
Felipe de Nantes, Luis de La Rochelle y Gabriel que está
conmigo, mientras continúen renovando sus votos cada año"
(Obras BAC p. 628). Los que no tenían votos eran: Santiago,
Juan y Maturino. El Testamento pedía al P. Mulot que diera a
cada uno diez escudos, en caso de que quisieran irse y "no
hacer sus votos de pobreza y obediencia".
Las reglas de
los sacerdotes misioneros de la Compañía de María
Parece que a
lo largo de los años de intensa labor apostólica, el P. de
Montfort nunca perdió de vista sus proyectos de fundación.
No había olvidado las promesas de Poullart des Places en
1702, pero los años habían pasado y nada concreto había
surgido. En el verano de 1713, el misionero retomó el camino
de París para visitar a los sucesores de Poullart des
Places, fallecido en 1709.
Se puede
pensar -sin precisión posible de ello- que antes del viaje
había redactado la regla dirigida a los misioneros que se
comprometerían con él. En efecto, cuenta Besnard que
"comunicó su plan" a los directores del seminario del
Espíritu Santo, y "les leyó el reglamento que había
preparado para sus discípulos y otros que quisieran entrar
con él en la misma carrera" (Besnard, p. 128").
Las "Reglas
de los sacerdotes misioneros de la Compañía de María" forman
el centro de lo que pasó a la posteridad con el nombre de
"Tríptico". Se trata de tres documentos: la Súplica
Ardiente, las Reglas y la Alocución a los
Asociados de la Compañía de María. Las Reglas
definían el papel misionero de la Compañía de María. Daban
normas prácticas y orientaciones espirituales: abandono a la
Providencia, atención preferencial a los pobres, primacía de
la evangelización y la catequesis.
Visita al
Seminario del Espíritu Santo
En el
seminario del Espíritu Santo "todos aplaudieron el proyecto"
del P. de Montfort, dice Besnard (p. 128), "y los señores
directores le prometieron cooperar eficazmente formando
personas capaces de sostener y perpetuar esa obra buena". A
pesar de su escaso número designaron a uno de ellos para
acompañarlo en sus misiones: era el ecónomo, el P. Caris.
Sin embargo, al momento de partir, el superior, P. Bouic, lo
retuvo por no encontrar a nadie que lo reemplazara en su
cargo.
Con los
seminaristas Montfort sostuvo varias conversaciones. Les
habló en particular del espíritu de pobreza, de la Virgen
María y de la Sabiduría. Uno de los más atentos fue Santiago
Le Vallois, a quien un día el misionero le puso su sombrero
en la cabeza diciendo: "éste me pertenece". Años más tarde
sería uno de los primeros misioneros de San Lorenzo.
Igualmente fueron miembros de la Compañía de María: Vatel,
Hédan, y Tomás.
En recuerdo
de su visita Montfort dejó al superior un crucifijo del cual
decía: "es lo más precioso que tengo en el mundo". Así
quedaba sellada la amistad entre el Seminario del Espíritu
Santo y la futura Compañía de María, y Montfort podía
escribir en La Regla de los Misioneros: "Hay en París
un seminario en el cual los jóvenes eclesiásticos, que son
llamados a las misiones de la Compañía, se disponen por la
ciencia y la virtud a entrar". Efectivamente, durante el
siglo XVIII varios misioneros de San Lorenzo fueron antiguos
alumnos del seminario del Espíritu Santo.
Vocación de
Adriano Vatel
Adriano Vatel
era alumno del seminario del Espíritu Santo en 1713 cuando
quiso seguir al P. de Montfort. Sin embargo, en 1715 decidió
orientarse a las misiones lejanas. El barco que lo
transportaba hizo escala en La Rochelle. Habiendo sabido que
el P. de Montfort se encontraba en la ciudad, quiso verle
para pedirle algunos cánticos y consultarle acerca de la
validez de las facultades que había recibido del Cardenal de
París y del Cardenal de Ruán. De hecho, algunos canonistas
pretendían que sólo el Papa podía dar facultades para lo que
entonces se llamaba "Las Islas", es decir, las Antillas.
Montfort
estaba predicando en la capilla de las Hijas de la
Providencia. El P. Vatel había entrado y al escuchar el
sermón juzgó que se sobreestimaba la reputación del
predicador. De pronto aquel dijo en voz alta: "Hay aquí
alguien que me resiste, siento que la Palabra de Dios
rebota hacia mí; pero no se me escapará". El P. Vatel se
sintió apostrofado y, después del sermón, se dirigió a la
sacristía. El misionero estaba leyendo la carta de un
sacerdote que le retiraba su colaboración, y, sin preámbulo,
dijo a su visitante: "Un sacerdote me incumple su palabra y
el buen Dios me envía otro. Es preciso, Pedro, que venga
conmigo; trabajaremos juntos".
El P. Vatel
protestó: "Es imposible", e hizo valer los compromisos
adquiridos con el capitán del navío, que le había adelantado
cien escudos para comprar algunos ornamentos litúrgicos.
Llevándolo ante el obispo, Montfort le demostró la invalidez
de sus facultades. Monseñor Champflour confirmó su opinión,
y le ofreció cien escudos para indemnizar al capitán. Este
furibundo, estaba dispuesto a eliminar al misionero si lo
encontraba. No tuvo necesidad de buscarlo, pues Montfort
mismo salió a su paso y logró calmarlo.
Desde ese
día, Adriano Vatel, dejando de un lado todos sus proyectos
de misión en el extranjero, se puso inmediatamente al
servicio del equipo del P. de Montfort. Fue el primer
sacerdote vinculado de manera definitiva a la Compañía de
María.
Intervención
de Renato Mulot
Meses más
tarde, a finales del verano de 1715, tuvo lugar en
Fontenay-le-Comte, diócesis de La Rochelle, la primera
entrevista del P. de Montfort con quien sería un día su
sucesor. Renato Mulot había nacido precisamente en
Fontenay-le-Comte. Sus padres, Santiago Mulot, procurador
real de la ciudad, y Carlota Guitton, hija de un burgués de
Mortagne, tuvieron nueve hijos, de los cuales por lo menos
dos murieron de corta edad. Dos fueron sacerdotes y ambos
interesan la historia monfortiana.
Juan, nacido
en 1678, sucedió en 1708 a su primo Santiago Francisco
Collin, párroco de San Pompain desde 1689. Los párrocos de
San Pompain tenían el título honorífico de "Prior" como
recuerdo de la parroquia cuando era un Priorato del
monasterio de Nieul-sur-l'Artize. Juan Mulot fue un
entusiasta admirador del P. de Montfort y acogió en su
presbiterio durante seis años la naciente Compañía de María.
Renato nació
en 1683. Hizo sus estudios en el colegio de los Jesuitas en
Fontenay, y luego entró al seminario de La Rochelle.
Ordenado sacerdote en 1708, comenzó su apostolado a 6 km de
San Pompain, como vicario de Villiers-en-Plaine. El párroco
le dejaba poco espacio de iniciativa, y desde 1709, invitado
por su primo Francisco Gabriel Collin, párroco de Soullans,
diócesis de Luzón, fue nombrado vicario cooperador.
En 1712 el P.
de Montfort predicó algunas misiones en la diócesis de
Luzón, particularmente en La Garnache, en mayo. El párroco
de Soullans tuvo la oportunidad de asistir y descubrir todo
el bien que hacía el misionero. Habló de él tan
favorablemente a su vicario que éste hubiera querido
conocerlo, pero no pudo desplazarse: "Caí enfermo poco
después, escribió él mismo, de un mal extremamente grave.
Estuve largo tiempo en peligro de muerte, desahuciado por
varios médicos famosos". ¿Cuál era la enfermedad? No lo
sabemos. Pronto estuvo fuera de peligro, pero "siempre muy
enfermizo". Caminaba con dificultad y sufría terribles
dolores de cabeza. No podía retomar su ministerio: "Tan
pronto me sentí capaz de montar a caballo, me fui a tomar el
aire nativo donde mi hermano, el Prior de San Pompain, a
sólo tres leguas de Fontenay". Así que a los 29 años de edad
estaba reducido a la inactividad, sin más perspectiva que
vegetar a la sombra de su hermano. En 1715 aún estaba allí,
"siempre lánguido", cuando el P. de Montfort comenzó la
misión de Fontenay, el Domingo 25 de agosto.
El P. Juan
Mulot, aunque un poco inclinado a los pleitos y envuelto en
uno con uno de sus feligreses, era un sacerdote celoso.
Tenía la intención de organizar una misión en su parroquia,
y había ya escogido el predicador. Este plan era tema de las
conversaciones con el presbiterio, y su hermano Renato que
había visto el trabajo del predicador en Soullans y había
escuchado los elogios del misionero de La Garnache, prefería
al P. de Montfort. ¿Lograría convencer a su hermano? No
sabía que su intervención lo llevaría muy lejos...
Una
entrevista importante
El Señor Juan
Mulot no accedió inmediatamente a la sugerencia de su
hermano que creía que el P. de Montfort haría mayor bien
"gracias a las prácticas de piedad que dejaba organizadas,
sobre todo la devoción del Rosario que hacía rezar en las
parroquias y otras cofradías que establecía en ellas. Pero
Renato sabía insistir, y el Prior de San Pompain capituló
ante su hermano menor diciendo que seguiría su parecer pero
a condición de que él mismo se encargara de cancelar el
compromiso del primer predicador.
"Ante eso,
con todo lo débil que me sentía, decidí ir a Fontenay",
cuenta. El P. de Montfort predicaba un retiro a las
religiosas de Nuestra Señora y en casa de ellas tuvo lugar
la entrevista. Renato Mulot presentó su petición, rogándole
"tener a bien ejercer su caridad y celo en San Pompain". La
primera reacción del P. de Montfort fue rehusar: "Ya se
había comprometido en varios otros lugares", y no tenía
razón alguna para trastornar sus planes y preferir a San
Pompain, en una fecha sin duda ya convenida con el primer
predicador solicitado.
La entrevista
hubiera podido terminar ahí, si los dos hombres no hubiesen
descubierto un interés recíproco, que llevó al P. de
Montfort a invitar al P. Mulot a compartir la mesa. No
estaban solos, pues el puesto de honor era para un pobre a
quien el P. de Montfort servía de primero. Con todo, la
presencia de esa tercera persona en nada restaba
espontaneidad a la conversación. El hielo se rompió desde el
primer momento, y al final de la comida Renato Mulot
"redobló su insistencia" para comprometer al misionero a ir
a San Pompain, y se atrevió a decirle: "Si yo tuviera
fuerzas y ciencia suficientes, le seguiría a todas partes".
Quizá dijo esto pensando que no lo comprometía a nada, dada
su pobre salud. Pero lo hizo inconscientemente: era una
frase que no debía decir delante del P. de Montfort, pues su
vida cambiaría de rumbo!
¿Rapidez de
reflejos o inspiración de lo Alto? Sea lo que fuere, el P.
de Montfort había encontrado a "su" hombre para realizar lo
que él llamaba "designios de la Providencia". Tenía casi
sabor de chantaje: "El cedió a mi insistencia, cuenta el P.
Mulot, diciendo que si yo iba a ayudarle en la misión de
Vouvant ya anunciada, él vendría luego a San Pompain". El
pobre P. Mulot cayó en sus redes: "el deseo que tenía yo de
verle comprometido, hizo que le prometiera algo superior a
mis fuerzas".
Trató
tímidamente de volver sobre sus pasos:
-¿Qué hará
Ud. con semejante misionero? Le serviré más de estorbo que
que de utilidad.
La respuesta
es de una audacia propia sólo de la santidad:
-Si Ud.
quiere seguirme y trabajar conmigo el resto de su vida, iré
a la parroquia de su hermano; de lo contrario, no.
Todos sus
males desaparecerán tan pronto comience a trabajar por la
salvación de las almas, y hay que hacer la prueba en la
misión de Vouvant".
Anticipando
el relato, hay que decir que la curación anunciada fue
total. La entrevista de Fontenay tuvo lugar probablemente en
octubre de 1715, y seis meses después, en marzo de 1716, el
semiparalítico Mulot hacía a pie el viaje de ida y vuelta
San Pompain-Saumur: 240 km, en una semana, sin la menor
incomodidad.
La misión de
Vouvant
La misión de
Vouvant se dio en noviembre y en ella hizo sus primeras
armas el P. Mulot. Los historiadores dicen que no fue de las
más fáciles: algunos pecadores escandalosos, interpelados
por el P. de Montfort, lejos de convertirse, respondieron
con injurias y amenazaron hacerle un proceso. Sin embargo la
misión no fue estéril, y de ello da testimonio el P. Mulot:
"Allí fui testigo de cuanto me habían dicho acerca de los
grandes frutos que él cosechaba en sus misiones".
Por otra
parte, los proyectos de fundación del P. de Montfort
parecían precisarse: durante la misión le fueron hechas
varias donaciones para establecer en Vouvant la comunidad de
los misioneros. Las tres bienhechoras son mencionadas en el
testamento del santo: "La Señora de la Brûlerie", otra
llamada "Señora del Lugarteniente de Vouvant", cuyo nombre
era Catalina Dubois, viuda del Señor Juan Barré, y Renata
Arcellin, "una buena mujer", viuda de Andrés Goudeau. Se han
encontrado las actas notariales de dos de las donaciones.
Ellas fueron hechas en forma de testamentos al "Padre Luis
María de Montfort Grignion, sacerdote misionero de la
Compañía del Espíritu Santo", con una condición: en caso de
que "el Padre de Montfort, o quienes lo sucedan, abandonen
Vouvant para establecerse en otro sitio", las tierras y
casas volverán a las donantes o a sus herederos.
¿Cuántos
miembros había en lo que el P. de Montfort llama "la
Compañía del Espíritu Santo"?
Numerosos
sacerdotes habían trabajado con él en el curso de las
misiones: Uno de ellos, el P. des Bastières, había sido
compañero fiel prácticamente desde 1708. Hacía parte del
equipo de Vouvant, pero abandonaría las misiones algunos
meses más tarde, probablemente en febrero de 1716. Los
únicos que parecían haber considerado su participación como
un compromiso a largo plazo fueron Renato Mulot y Adriano
Vatel. El último colaboraba en las misiones desde febrero
precedente, cuando el barco que debía llevarlo a las
misiones extranjeras había hecho escala en La Rochelle.
Había también
Hermanos. Por el testamento del santo sabemos sus nombres:
Nicolás, Felipe, Luis y Gabriel con votos; sin votos:
Santiago, Juan y el fiel Maturino, el primer llamado: 1705,
que jamás hizo votos, pero siempre fue considerado
-paradójicamente- el prototipo del Hermano monfortiano.
¿Estuvieron estos siete Hermanos presentes en la misión de
Vouvant? No es muy probable, ya que seis meses más tarde,
cuando el P. de Montfort dictó su testamento, Nicolás estaba
en Poitiers, Felipe en Nantes, y Luis en La Rochelle.
La misión de
San Pompain
Como Renato
Mulot cumplió fielmente la condición puesta por el P. de
Montfort, éste fue fiel a su promesa. Después de la misión
de Vouvant, "la Compañía del Espíritu Santo" se trasladó a
San Pompain y la misión se inició allí en diciembre de 1715.
Hacía un frío intenso; y los fieles de la parroquia no eran
muy propensos a levantarse temprano para ir a los ejercicios
de la misión. Entonces el misionero envió al Hermano
Santiago a despertarlos. Para ello recorría el pueblo
cantando con voz sonora:
Queridos
habitantes de San Pompain,
Levántense,
levántense, bien temprano,
Dios nos está
invitando a su festín
(CT 163).
Varios hechos
notables marcaron esta misión. El primero es la
reconciliación del granjero general con su párroco. Entre
los dos había surgido un tenaz desacuerdo por los diezmos
que el granjero retenía indebidamente en disfavor del
párroco. Una sentencia del juez había dado la razón al
párroco algunos días antes del comienzo de la misión, pero
el entendimiento entre los dos parecía imposible. Todos lo
sabían y el mismo obispo había intervenido, sin resultado
ninguno. El P. de Montfort supo hablarle al granjero, y los
feligreses quedaron edificados al saber que el párroco había
estado comiendo a la mesa de su enemigo. Vino luego la
conversión del párroco. El P. Juan Mulot era un sacerdote
correcto, pero le gustaba la diversión y no era
particularmente inclinado a la piedad. Una tarde en que el
misionero había predicado un sermón sobre el pecado, el
Hermano Santiago entonó el cántico: "He perdido a Dios por
mi pecado..." (CT 14). El Prior se sintió turbado, cuenta él
mismo: "Cuanto más cantaba el Hermano, más se me ablandaba
el corazón... Me postré a los pies del P. de Montfort, quien
tuvo la caridad de escuchar mi confesión general". Desde
entonces llevó una vida de piedad ejemplar, y siguió al P.
de Montfort en sus dos últimas misiones, dejando su
parroquia al cuidado del P. Adriano Vatel.
La misión de
San Pompain terminó el primer Domingo de febrero con la
apertura de otra en Villiers-en-Plaine, el pueblo vecino. El
P. de Montfort organizó una gran procesión de un pueblo al
otro: 6 km de distancia, en la cual hizo llevar la Biblia
bajo palio, como se hace con el Santísimo Sacramento. Eso
causó impacto en una región en la cual abundaban los
Calvinistas. Parece que el Cántico del Viaje Santo
(CT 162), fue compuesto para dicha ocasión.
La Señora del
Castillo de Oriou, su propietaria, a 5 km de Villiers, dejó
escrito el recuerdo que guardó de la misión y del misionero.
Cuenta cómo vino a la misión sólo por no dar mal ejemplo,
pero con intención de divertirse con las extravagancias que
esperaba encontrar en el P. de Montfort. Casi diariamente
tenía a su mesa al misionero y encontraba su conversación
"muy alegre, edificante y agradable". Al cabo de 15 días fue
tocada por la gracia y continuó la misión con total
sinceridad.
A la Señora
de Oriou anunció el misionero la muerte cercana que a él lo
sorprendería. También durante la misión de Villiers un
criado del castillo lo vio orando con los brazos en cruz en
una alameda y "elevado más de dos pies sobre la tierra". El
criado contó el hecho a la señora del castillo quien a su
vez lo hizo saber a los PP. Mulot y Vatel los cuales con
mucho realismo le dijeron "que de eso no dijera nada a
nadie". Ella sólo volvió a mencionar el hecho en 1749,
cuando escribió sus recuerdos para el P. Besnard, quien se
proponía preparar la biografía del P. de Montfort.
La
peregrinación a Nuestra Señora des Ardilliers
La misión de
Villiers fue clausurada probablemente a comienzos de marzo,
y el equipo misionero se concentró nuevamente en la casa
cural de San Pompain, suficientemente amplia para acogerlos
a todos. El P. de Montfort pensaba más que nunca en el
establecimiento de su Compañía de misioneros, para la cual
ya había escrito la Regla y recibido algunas propiedades en
Vouvant. Largo tiempo atrás había hecho un acuerdo en París
con el P. Poullart des Places para que le formara sacerdotes
en su seminario del Espíritu Santo. En junio de 1713 había
renovado este acuerdo con el P. Bouic, sucesor de Poullart
des Places fallecido en 1709. Por años clamaba al cielo con
súplicas ardientes para obtener esa Compañía: Acuérdate
de tu Congregación... ¿Qué te pido? Nada en mi favor, todo
para tu gloria...Es tu obra, Dios soberano (SA 6, 26).
Según el
sulpiciano Grandet, primer biógrafo de Montfort, los hombres
de San Pompain, que hicieron un retiro al final de la
misión, estaban tan fervorosos y anhelantes de hacer
penitencia, que propusieron al P. de Montfort ir en
peregrinación a pie a Nuestra Señora des Ardilliers -uno de
los lugares de peregrinación más importantes del Reino- en
Saumur. Según Besnard, el P. de Montfort aceptó la
iniciativa y decidió asociar a su oración a los 33 hombres
de la parroquia que había afiliado a la Cofradía de los
Penitentes Blancos.
No interesa
saber quién habló primero del asunto. El hecho es que el P.
de Montfort asumió la organización: les pidió a los PP.
Mulot y Vatel que dirigieran la peregrinación y redactó un
reglamento previendo todos los detalles. El artículo primero
establecía el objetivo de la peregrinación: "No tendrán otro
propósito en esta peregrinación que, 1° obtener de Dios, por
intercesión de la Santísima Virgen, buenos misioneros que
sigan las huellas de los apóstoles en total abandono a la
Providencia, y la práctica de las virtudes bajo la
protección de la Santísima Virgen; 2° pedir el don de la
Sabiduría para conocer, gustar y practicar la virtud, y
hacerla gustar y practicar de los demás".
La
peregrinación se hizo en 7 días: 3 de ida, 3 de regreso y un
día completo en el santuario. No se puede menos de admirar
lo que hoy parece una proeza, ya que recorrieron un promedio
de 40 km por día. Además el frío de mediados de marzo es
todavía muy intenso. Finalmente, era tiempo de Cuaresma y
tenían que "ayunar todos los días del camino", como lo pedía
el artículo 6 del reglamento redactado por el P. de
Montfort. El P. Mulot, que seis meses antes tenía dificultad
para recorrer a caballo los 18 km entre Fontenay y San
Pompain, "había logrado una salud tan fuerte desde que
trabajaba con el P. de Montfort que estuvo en condiciones de
hacer el viaje a pie, y aún descalzo", como relata el P.
Besnard.
Entre tanto
el P. de Montfort hizo un retiro en San Pompain, y al
regreso de los Penitentes Blancos, él mismo emprendió la
ruta de Saumur", acompañado por algunos Hermanos". El equipo
de misioneros se había dado cita en San Lorenzo para finales
de abril, salvo el P. Vatel a quien se le autorizó
permanecer en San Pompain "para recuperarse del viaje a
Saumaur". El P. Prior Juan Mulot lo reemplazaría en San
Lorenzo, como ya lo había hecho en Villiers. ¡Su hermano
Renato no parecía afectado por la fatiga del viaje!
La misión de
San Lorenzo-junto al Sèvre
La misión de
San Lorenzo comenzó el Domingo, 5 de abril. El obispo de la
Rochelle, de visita a esta porción de su diócesis, anunció
su visita en el curso de la misión. El P. de Montfort se
mostró muy complacido y quiso hacerle un recibimiento
grandioso. No se sentía muy bien, pero organizó
personalmente una gran procesión para hacer calle de honor
al obispo. El cansancio lo obligó a privarse de la comida
con el obispo; no obstante predicó por la tarde, a pesar de
que el P. Mulot intentó disuadirlo. Después del sermón,
agotado cayó en cama. Era el 23 de abril, cinco días antes
de su muerte.
El P. Renato
Mulot fue testigo y confidente de sus últimos momentos. A
mano escribió el testamento dictado por el moribundo. No
teniendo siquiera una hoja de papel, utilizó las últimas
paginas de un opúsculo editado por el P. de Montfort:
"Disposiciones para una buena muerte". El documento fue
firmado por "Luis María de Montfort, Grignion", y por dos
testigos: el deán y el vicario de la parroquia.
Ciertamente
no tenemos todas las palabras intercambiadas entre el
agonizante y aquel a quien confió la continuación de su
obra, pero sabemos lo esencial: que en aquel momento la vida
de Renato Mulot alcanzó su orientación definitiva.
El se mostró
preocupado por el porvenir de las misiones, y el P. de
Montfort lo animó a continuar el trabajo apostólico. El P.
Mulot no se sentía capaz de asumir semejante sucesión y
aducía su falta de salud y de talento, para decir que le era
imposible. Entonces el moribundo, apretándole la mano, le
hizo esta promesa:
-Tenga
confianza, hijo mio, tenga confianza, yo rogaré a Dios por
Ud.
Cuando más
tarde el P. Mulot evocaba ese momento de su vida no dudaba
en afirmar que gracias a la oración de un santo había tenido
la fuerza física y moral para pasar más de 30 años de vida
predicando misiones.
Con todo, la
desaparición del P. de Montfort fue un golpe terrible.
Viendo cómo la "Compañía del Espíritu Santo" se desintegró
en las semanas que siguieron a su muerte, se evoca
irresistiblemente la dispersión de los apóstoles la tarde
del Viernes Santo.
En el sepelio
de su maestro y amigo, el P. Mulot tomó por primera vez la
palabra en público durante una misión: "Hermanos míos, hoy
tenemos que plantar dos cruces: en primer lugar, esta cruz
material que está ante sus ojos, y luego, la sepultura del
P. de Montfort que debemos celebrar hoy". Estaba, sin duda,
tan conmovido que cayó enfermo, hasta verse "en las
últimas".
*******
CAPITULO II
- LOS COMIENZOS
La "retirada"
a San Pompain
El P. Mulot
se enfermó al morir el que le confió su obra. ¿Cuánto duró
su enfermedad? No lo sabemos. En todo caso, a principios de
junio estaba suficientemente restablecido para hacer un
viaje a Nantes: el 5 de junio depositó el testamento del P.
de Montfort ante un notario de la ciudad. ¿Estaba en San
Lorenzo el 20 de junio para el servicio fúnebre en el cual
el presbítero Clisson -quien había trabajado y predicado con
el P. de Montfort- pronunció la oración fúnebre del ilustre
difunto? Es posible, pero no lo sabemos. Lo cierto es que,
una vez cumplidas sus obligaciones de ejecutor
testamentario, fue a San Pompain donde su hermano para tomar
un tiempo de convalecencia. Allí encontró al P. Vatel quien
atendió la parroquia en ausencia del Prior: éste, de hecho,
había participado en la misión de San Lorenzo hasta la
clausura, que tuvo lugar ocho días después del deceso del P.
de Montfort.
¿Qué fue pues
de los miembros de la "Compañía del Espíritu Santo"? Hay una
terrible falta de documentos que nos permitan decir qué pasó
con los Hermanos mencionados en el testamento del P. de
Montfort, y nos perdemos en conjeturas más o menos
verosímiles para encontrar huellas de la mayoría de ellos.
Es el caso particular de los cuatro que, según el testamento
del P. de Montfort, estaban "vinculados con él en la
obediencia y la pobreza".
Por Sor
Florencia, autora de las crónicas de la Sabiduría, sabemos
que "después de la muerte del Siervo de Dios", el Hno.
Santiago se quedó en San Lorenzo "donde enseñaba a los
jóvenes, rezaba el rosario y cantaba en la iglesia", y que
partió de allí en 1719. Del Hno. Juan nada se volvió a
saber. El Hno. Maturino, finalmente, fue el único que se
unió a los misioneros de San Pompain. Gracias a los
registros parroquiales, en los cuales aparece varias veces
su firma -la primera el 2 de junio de 1718- tenemos pruebas
de su presencia al lado de los PP. Mulot y Vatel, cuyas
firmas aparecen también muchas veces en dichos registros,
entre 1716 y 1720... pero ignoramos en qué fecha llegó allí.
Juzgando
humanamente, la obra del P. de Montfort parecía seriamente
en peligro. Los dos sacerdotes retirados en la casa cural de
San Pompain estaban deshechos por la desaparición de su
maestro. Además, no tenían práctica en la predicación:
habían visto al P. de Montfort en su trabajo, pero el suyo
estaba sobre todo en el confesonario.
El P. Besnard
dice que "con frecuencia tenían en mente la obra de las
misiones", pero estaban persuadidos de no estar a la altura
de la tarea. Como el puesto de vicario cooperador en San
Pompain estaba vacante, ellos pusieron su talento al
servicio de la parroquia. El tiempo libre lo dedicaban al
estudio y la oración y, según Besnard, "el P. Mulot, sobre
todo, pasaba cada día varias horas ante el Santísimo
Sacramento pidiendo a Jesucristo el don de la Palabra".
Tampoco rehusaban ayudar a los párrocos vecinos, pero cuanto
más pasaba el tiempo, menos se atrevían a lanzarse.
Por lo demás,
las esperanzas suscitadas por las donaciones de Vouvant se
habían esfumado. En su testamento el P. de Montfort
encargaba al P. Mulot el cumplimiento de las condiciones.
Las actas notariales estipulaban que si no se cumplían, la
"Compañía del Espíritu Santo" perdería todos sus derechos.
Renata
Arcellin pedía oraciones "perpetuas" por ella y por sus
herederos, y preveía que si los beneficiarios de su
generosidad abandonaban Vouvant para vivir en otra parte, su
casa con la huerta volvería a ella o a sus herederos. La
Señora de la Brûlerie pedía "treinta misas cada año, a
perpetuidad" al Señor Luis María Montfort Grignion,
sacerdote de la Compañía del Espíritu Santo, y a quienes le
sucederán y pertenecerán a la misma Compañía, por la parte
alta de la casa y la mitad de la huerta, con obligación de
pagar la mitad de las reparaciones y de no abandonar el
lugar.
Por el
testamento del P. de Montfort -en un parágrafo sin claridad
evidente- tenemos información de una condición adicional que
habla de sostener "algunos Hermanos de la Comunidad del
Espíritu Santo para asegurar las escuelas de caridad".
Cualquiera sea la interpretación dada a este pasaje del
testamento, es evidente que el P. Mulot se encontró solo en
San Pompain con Adriano Vatel y Maturino Rangeard, y que
renunció a las donaciones de Vouvant. Por caridad hay que
suponer que hizo todo lo posible para tratar de cumplir las
condiciones, como se lo había pedido el P. de Montfort en su
lecho de muerte, pero ¡es evidente que no pudo lograrlo!
La salida del
cenáculo
Para que los
dos misioneros salieran del impase sicológico en que estaban
encerrados era precisa una intervención externa. La cuaresma
de 1718 fue la ocasión gracias a la astucia desplegada por
un párroco vecino que provocó el cambio. El P. Taillefait,
párroco de San Esteban-des-Loges -parroquia suprimida hace
casi 200 años, entre Vouvant y San Pompain- conocía a los
huéspedes del Prior de San Pompain, y los consideraba
capaces de llevar a buen término la obra de las misiones. No
pudiendo convencerlos de ello, preparó una estratagema que
les propinaría el golpe decisivo. Fue a buscarlos para
pedirles la preparación de sus feligreses a la comunión
pascual. Ambos prometieron colaborarle, persuadidos de que
su ministerio se limitaría a oír las confesiones. Vuelto a
su parroquia el P. Taillefait anunció desde el púlpito que
el Domingo siguiente comenzaría una misión, predicada por
los sucesores del P. de Montfort.
El recuerdo
del P. de Montfort estaba muy vivo en toda la región. La
noticia se difundió y suscitó, en San Esteban y en las
parroquias vecinas, un interés tan evidente que, cuando el
rumor llegó a oídos de los misioneros, éstos no pudieron
permitirse decepcionar a tanta gente: ¡se vieron condenados
a improvisar la misión! Como no habían preparado ningún
sermón, se contentaron con leer desde el púlpito algunos
pasajes de buenos libros, haciendo breves comentarios.
El P. de
Montfort, en la Regla de los Misioneros, condena a los
predicadores "a la moda", "sermones muy bien escritos,
lenguaje elegante y escogido, pensamientos ingeniosos,
gestos bien estudiados, elocuencia viva; pero, ¡qué lástima!
Todo es puramente humano y natural, y por ello no produce
sino fruto natural y humano". Más adelante precisa: "El buen
predicador sabe considerarse, al proclamar la Palabra
divina, como un reo inocente en el banquillo" (Regla
manuscrita, 60.64). Los PP. Mulot y Vatel se encontraron
en San Esteban ciertamente como condenados en el banquillo,
y su elocuencia carecía perfectamente de todo artificio
humano.
La misión
logró un éxito prodigioso, y el P. Vatel, aún poco antes de
su muerte decía que de todas las misiones que había hecho
"ninguna había producido más frutos que la de sus primeros
comienzos". El P. Mulot por su parte atribuía los frutos a
la oración de quien le había dicho antes de morir: "Yo
rogaré a Dios por Ud".
La fama de
los nuevos misioneros se extendió como pólvora y las
misiones se sucedieron sin interrupción. La estadía en el
"cenáculo" -expresión utilizada por el P. Besnard para
calificar el período de San Pompain- había terminado y la
misión de San Esteban había sido un verdadero Pentecostés.
Las primeras
peticiones vinieron de los párrocos de los alrededores, y el
radio de acción de los misioneros se amplió progresivamente.
Mientras tomaban algún descanso, regresaban al presbiterio
de San Pompain. La única tregua del año era durante los
trabajos agrícolas del verano. De la pascua de 1718 al
verano de 1720 -durante el cual surgieron las relaciones
entre el P. Mulot y la Hijas de la Sabiduría- predicaron 21
misiones y 13 más antes de establecerse en San Lorenzo en
junio de 1722.
Por una firma
de los registros parroquiales de San Pompain, sabemos que a
comienzos de 1719 se les unió "Cipriano Aumont, sacerdote
misionero". También sabemos que en agosto hubo otro: Hilario
Toutant. A finales de 1720 un antiguo profesor del seminario
del Espíritu Santo de París vino a unirse a la comunidad:
Santiago Le Vallois, de quien hablaremos más adelante, pues
tuvo un papel importante. Finalmente en 1721, con ocasión de
la misión de Contré, el Señor Guillemot, párroco del lugar,
se unió también al grupo.
Algunos
hechos de los años 1718-1722
A este
período de la historia monfortiana rara vez se lo evoca y
con frecuencia se lo conoce mal. Hay sin embargo tres hechos
importantes que merecen ser señalados.
* La visita
pastoral de Monseñor de Champflour, obispo de La Rochelle, a
la parroquia de San Pompain, el 31 de agosto de 1718. Relata
el obispo que fue "recibido por el P. Juan Mulot, prior y
párroco de dicho lugar, acompañado por los PP. Renato Mulot,
Vatel y otros eclesiásticos alojados en la parroquia, y
dedicados bajo nuestras órdenes a las misiones". En el
inventario de los vasos sagrados, se hace mención de otro
cáliz perteneciente al difunto Padre de Montfort". En fin,
el obispo elogia el trabajo "del prior con los dichos PP.
Mulot y Vatel, que han establecido una gran piedad en esta
parroquia, y la obra de los maestros y maestras de escuela
que cumplen muy bien su deber, que sin embargo no poseen
ningún beneficio y viven de lo que la Providencia les
provee". Siguiendo esta última observación, algunos
historiadores afirman que el Hermano Maturino hacía la
escuela en San Pompain. Eso es posible, pero si él
acompañaba a los misioneros en las parroquias, de lo que
estamos ciertos en varios casos, sólo podía hacer la escuela
de manera intermitente.
* La súplica
dirigida en agosto de 1719 al Papa Clemente XI por "los PP.
Pedro Garnier, prior y párroco de San Martín de Melle,
diócesis de Poitiers, y Juan Mulot, prior y párroco de San
Pompain, diócesis de La Rochelle", súplica apoyada por los
testimonios de los obispos de La Rochelle y de Poitiers. Se
trata de "eclesiásticos piadosos y virtuosos, formados y
animados por el fallecido P. Luis María Grignion de
Montfort, sacerdote muy digno, Misionero apostólico, muerto
en olor de santidad..." Los dos párrocos se ofrecían como
garantes del sostenimiento material de los misioneros que
"renunciaron a todos los beneficios e hicieron voto de
pobreza voluntaria..." hasta que la Providencia "les procure
un retiro donde se reunan todos para trabajar durante sus
vacaciones, en particular por su santificación".
Ellos le
pedían al Papa que aprobara la misión naciente y a todos los
que se asocien bajo el nombre de nuevos misioneros
apostólicos de la comunidad del Espíritu Santo para hacer
misiones en las diócesis a donde sean llamados". Pedían
igualmente "la continuación de la indulgencia plenaria que
Su Santidad había otorgado al crucifijo del P. de Montfort,
en favor de quienes lo besaran a la hora de la muerte",
Besnard dice que "ésta súplica obtuvo todo el éxito
deseado". Y añade: "Tales fueron los felices comienzos de la
sociedad de los sacerdotes establecidos por el P. de
Montfort, cuyo sabio reglamento está en el quinto libro de
su vida".
En su quinto
libro, Besnard presentó las Reglas de los sacerdotes
misioneros de la Compañía de María, escritas por
Montfort en 1713, antes de su viaje a París donde hizo un
acuerdo con el seminario del Espíritu Santo. Es quizá por
razón de esta relación privilegiada que habló de la
"Compañía del Espíritu Santo" en las donaciones de Vouvant,
en enero de 1616, y de "Comunidad del Espíritu Santo" en su
testamento. Grandet, que terminó su libro en 1723, habla del
"establecimiento de la Compañía de María o del Espíritu
Santo". * La misión de Vihiers, en Anjou, en la primavera de
1720. El Párroco y deán ofreció alojar a los misioneros en
su parroquia "para echar en ella los primeros fundamentos de
una misión fija y permanente". Quizá tenían ya la intención
de instalarse un día en San Lorenzo, pues rehusaron.
Entonces el buen párroco ofreció a cada uno "un pequeño
beneficio, al cual el P. Mulot renunció poco después, "para
vivir como el P. de Montfort abandonado completamente al
cuidado de la Providencia". En cuanto al P. Vatel, tenemos
pruebas de que lo poseía todavía en 1723.
El P. Mulot,
superior de la Sabiduría
Hasta ahora
el P. Renato Mulot era solamente el director de un equipo
misionero cuyos miembros se referían al P. de Montfort y
vivían según su espíritu, pero cuya estructura interna no
estaba en manera alguna ordenada: la colaboración más o
menos fortuita de varios sacerdotes durante los primeros
años no significaba necesariamente su intención de
comprometerse de por vida. Solamente el trabajo concreto en
dependencia del obispo, los mantenía unidos. Por eso en el
verano de 1720 el obispo de La Rochelle le dio otra función
oficial: a petición explícita de la Madre María Luisa de
Jesús, lo nombró Superior de las Hijas de la Sabiduría.
La Madre
María Luisa estaba en La Rochelle con sus hermanas -cuatro-
cuando supo por un comerciante llegado de San Lorenzo la
muerte del P. de Montfort... El obispo se mostró
particularmente atento con ellas: "Les ayudó con sus
consejos y les sirvió de director en aquellos tiempos
difíciles", cuenta Besnard. Su confesor era el P. Le
Tellier, un jesuita. A finales de 1719, María Luisa recibió
un día la visita de su señora madre quien con la ayuda de un
sacerdote de la ciudad logró convencerla de volver a
Poitiers. Fue lo que ella hizo, a riesgo de provocar una
escisión en su comunidad, pues dos hermanas rehusaron
trasladarse y sólo cuatro años más tarde se reunieron con la
Madre María Luisa. El obispo de Poitiers hubiera querido que
la congregación de la Sabiduría echara raíces en su
diócesis, pero María Luisa no podía aceptar las condiciones
que le imponían en el hospital.
Un buen
hombre de Poitiers, Santiago Goudeau, que había conocido al
P. de Montfort en la misión de Montbernage, le habló un día
de la señora de un castillo de los alrededores de San
Lorenzo. Estaba interesada en la memoria del santo misionero
y en los milagros realizados sobre su tumba, y dispuesta a
ayudarla. Era la Señora de Bouillé, la cual, con el Marqués
de Magnanne, contribuiría eficazmente a la instalación en
San Lorenzo de las Congregaciones del P. de Montfort.
En junio de
1720, la comunidad de la Sabiduría se instaló en San
Lorenzo, en una pobreza que rayaba en indigencia. El deán
rehusó ser su confesor y ellas acudieron primero a un
vicario y luego a un párroco vecinos. Con todo, la Madre
María Luisa siguió buscando un sacerdote que pudiera en
realidad hacerse cargo de la comunidad, y un día le dijo a
la Señora de Bouillé: "Creo que necesitamos un superior; sé
que hay un sacerdote santo llamado el P. Mulot, que trabajó
en las misiones con nuestro P. de Montfort... Hay que
solicitarle que se digne ser nuestro superior". La manera
como la Madre María Luisa de Jesús habla del P. Mulot, hace
pensar que no lo había encontrado antes.
Con la Señora
de Bouillé fue a ver al obispo de visita en una parroquia de
los alrededores y su petición fue escuchada. Monseñor de
Champflour encargó al P. Mulot "de la formación y dirección
de las Hijas de la Sabiduría". El Padre obedeció y se
trasladó a San Lorenzo, donde las hermanas lo acogieron
"como un ángel enviado del cielo". Les predicó un retiro y
se sintieron tan conmovidas por las pláticas del santo
misionero, digno sucesor de Montfort, y tan satisfechas de
tenerlo por superior", que le escribieron al obispo para
pedirle "que siguiera enviando al P. Mulot a continuar sus
cuidados". Quizá se había mostrado reticente a encargarse de
ellas de manera definitiva; en todo caso, el 27 de
septiembre de 1720, el obispo le escribió: "le ruego seguir
conduciéndolas, dirigiéndolas y confesándolas".
La llegada
del P. Le Vallois
Este
nombramiento le daba al P. Mulot un recargo de trabajo, pero
a pesar de todo no abandonó las misiones. En el otoño de
1720 los misioneros estaban en Nueil -junto al Passevent, en
Anjou. Una tarde, durante la misión, un viajero se detuvo en
la casa cural para pedir albergue. Se llamaba Santiago Le
Vallois y venía de París, donde había conocido al P. de
Montfort cuando éste visitaba el seminario del Espíritu
Santo. Desde entonces se había formado el plan de seguirlo,
pero al enterarse de su muerte, había renunciado a las
misiones. A propósito de un hecho extraordinario acaecido a
un retrato del P. de Montfort que tenía en su cuarto: la
imagen se había roto en varios pedazos y misteriosamente fue
reconstruida, decidió unirse a sus sucesores, luego de orar
sobre su tumba. Por casualidad providencial hizo una etapa
en el pueblo donde se daba la misión y la alegría fue enorme
para él y los misioneros.
Algunos días
después prosiguió su viaje. Recibido en la casa cural de San
Lorenzo por la hermana del Deán, tuvo la fortuna de
granjearse su simpatía. Al visitar al día siguiente a la
Madre María Luisa de Jesús, causó en ella tal impresión que
"pensó inmediatamente retenerlo en San Lorenzo como director
de las hijas que empezaba a congregar". Sin embargo lo dejó
unirse al equipo del P. Mulot. El participó en la misión de
Niort a comienzos de 1721 y "se hizo notar por las sabias
conferencias que dio en público, como también por su
infatigable asiduidad al confesonario". Después de la misión
se le pidió que se encargara de la atención espiritual al
hospital de la ciudad, y de "corregir un buen número de
abusos que allí se habían introducido". Al cabo de dos meses
dejó el sitio al Señor Toutant, incorporado al equipo
misionero hacía por lo menos un año, y él regresó a San
Lorenzo.
Proyecto de
instalación en San Lorenzo
Entre tanto,
los misioneros se habían trasladado a Contré. El párroco era
Juan Isaac Guillemot, quien después de la misión ingresó al
grupo del P. Mulot. Luego, en abril se movilizaron a San
Lorenzo donde el Deán les había pedido una nueva misión.
Sólo cinco años habían transcurrido desde la anterior, y
Besnard nos dice que "el P. Mulot y sus asociados renovaron
y fortalecieron el fervor". Emprendieron el arreglo del piso
de la iglesia que no se había podido hacer en 1716, a causa
de la muerte del P. de Montfort. El P. Vatel fue el
responsable de la obra y permaneció en San Lorenzo después
de la misión para terminarla, mientras los otros daban la
misión en otras dos parroquias de los alrededores. Para el
descanso veraniego, el Señor Le Vallois se instaló con el
Deán de San Lorenzo y los demás retornaron a San Pompain.
En el curso
de la misión de San Lorenzo se decidió la instalación de la
comunidad de los misioneros en la casa de la "Encina". La
compra fue hecha el 7 de agosto por la Señora de Bouillé en
nombre propio, aunque en buena parte fue pagada con dinero
del Marqués de Magnanne. Como bienhechora autoritaria y
preocupada por la educación de los niños de San Lorenzo,
"ella donó la casa a la Fábrica parroquial, con la condición
de instalar en la misma algunos Hermanos del Espíritu Santo
para hacer la escuela gratuitamente a los pequeños".
La casa
estaba en estado lamentable, imposible ocuparla
inmediatamente. Un joven llamado Joseau, que había ayudado
mucho a las Hermanas en su instalación, pidió ser admitido
en la comunidad y trabajó arduamente para acondicionar la
habitación de los misioneros.
En octubre
comenzaron las misiones. El P. Le Vallois se puso en camino
para unirse a sus cohermanos en la parroquia de La
Fougereuse. En vez de descansar durante el verano, había
trabajado en exceso y cayó enfermo en el viaje. Fue acogido
por el párroco de La Tardière, pariente del P. Mulot, y
disfrutó su hospitalidad dos o tres meses. La Madre María
Luisa estuvo pendiente de sus noticias y tan pronto se
mejoró un poco, envió al Hermano Joseau a buscarlo y
llevarlo a San Lorenzo.
De nuevo se
alojó el P. Le Vallois donde el Deán, y, probablemente en
enero de 1722, comenzó a vivir en la "Encina" con el Hermano
Joseau. Desde el primer encuentro, la Madre María Luisa
tenía la intención de hacerlo capellán de la comunidad, y
gracias a la enfermedad -sin duda providencial- le pudo
ofrecer trabajo para ocupar el tiempo libre de su
convalecencia. Así el P. Le Vallois dejó las misiones y se
convirtió en el primero de una serie numerosa de capellanes
de la Sabiduría. Salvo un breve intermedio como capellán del
hospital de La Rochelle, desempeñó esa función hasta su
muerte.
De octubre
1721 a junio 1722, no descansaron los misioneros: predicaron
ocho misiones, de las cuales cinco en la diócesis de
Poitiers. Durante la última, en Jaunay-Clan, Monseñor
Foudras, obispo coadjutor de Poitiers, concedió la tonsura
al Hno. Maturino Rangeard, para dar "más autoridad al celo
del buen hermano quien, desde su llamamiento a seguir al P.
de Montfort, siempre había desempeñado en las misiones el
oficio de catequista".
El P. Renato
Mulot, primer superior general
Terminado un
año de trabajo podían tomar un tiempo para establecer su
comunidad en San Lorenzo y para pensar en su restauración.
Se unieron al Señor Le Vallois y al Hno. Joseau alrededor de
la fiesta de San Pedro en 1722. Tomados algunos días de
descanso "pensaron en una elección formal para procurarse un
superior que fuera reconocido como tal por todos los
misioneros y a quien todos se sometieran".
¿Cómo no lo
habían pensado antes? Probablemente no habían sentido la
necesidad. Vivían el espíritu de Montfort, como se vio a
propósito de la pobreza, y se habían sometido al obispo de
La Rochelle como superior. El P. Mulot era el director
natural del grupo, por la confianza que le había manifestado
el P. de Montfort en su testamento, y la espontaneidad de la
estructura informal bastaba para asegurar el buen
funcionamiento de la misión. El P. Mulot no tenía en
absoluto nada de autoritario o dominante: Era muy tímido y
carecía de confianza en sí mismo.
Sor Florencia
que escribió los recuerdos del tiempo, evaluó muy bien la
situación diciendo que "él era considerado como el primero
entre iguales". Se puede suponer que el trabajo conjunto
-quizá con alguna dificultad ocasional de llegar al acuerdo
perfecto- los hizo desear un grupo formalmente estructurado,
y que entonces "pensaron en hacer una elección en forma",
dice Besnard. Tal vez la personalidad del P. Guillemot los
llevó a plantearse el problema. En efecto, él dejó el grupo
en 1723, y cuando en 1743 volvió a las misiones, actuaba
abiertamente como subdirector. A la muerte del P. Mulot,
tomó la dirección de la obra pero se retiró después de
elegido el nuevo superior.
Antes de
proceder a la elección hicieron un retiro de ocho días.
Según Sor Florencia había una serie de cubiletes sobre los
cuales estaban escritos los nombres "de los que podían
recibir sufragios", y cada uno iba a depositar un garbanzo
en favor de su candidato. Todos los garbanzos, salvo uno, se
encontraron en el cubilete del P. Mulot.
El
reconocimiento de un superior conllevaba el compromiso de
obediencia al mismo. Sor Florencia dice en pocas palabras:
"todos, a excepción de dos, hicieron votos en sus manos,
según la Regla", y da los nombres de los dos
abstencionistas: el P. Guillemot, sobre quien formula un
juicio severo, y el Hno. Maturino, a quien por sus
escrúpulos no se le podía pedir razonablemente que hiciera
votos. Se trataba de los votos de pobreza y obediencia,
según las Reglas de los sacerdotes misioneros de la
Compañía de María, y si el P. Guillemot rehusó
comprometerse, no fue a causa del voto de pobreza, pues el
año anterior, para seguir al P. Mulot, había renunciado a un
beneficio que le reportaba 900 libras. Por lo demás, como la
Regla redactada por Montfort establece: "Es preciso que unos
y otros, sacerdotes y hermanos, carezcan de beneficios, así
sean simples", nos podemos preguntar si el P. Vatel emitió
sus votos en 1722, pues ¡todavía en 1723 conservaba su
beneficio de Vihiers!
La comunidad
de San Lorenzo
¿Quiénes
fueron los electores del superior? ¿Cuántos? ¿Quién podía
"recibir sufragios"? ¿Cuántos sacerdotes hicieron votos?
Eran votos anuales o perpetuos?...Preguntas a las cuales es
difícil, si no imposible, responder. Si, además, se evoca
una frase de Grandet -que escribe en 1723-: "el número de
los misioneros era entonces cinco, sin contar los cuatro
hermanos coadjutores de los cuales habla el P. de Montfort
en su testamento, y que, habiendo hecho voto de pobreza y
obediencia, lo seguían por todas partes, dedicados al
catecismo, la escuela y la cocina de los misioneros", la
cuestión se enreda aún más. Alrededor de la primera
comunidad de San Lorenzo hay un claroscuro lamentable, que
permite a los historiadores, expertos o aficionados,
ejercitar su sagacidad y lanzar interpretaciones tanto
inéditas como mal fundadas.
No parece que
la emisión de votos hubiera sido condición indispensable
para permanecer en la comunidad al servicio de las misiones.
Tenemos la prueba con el P. Guillemot que se quedó un año
más con los misioneros; y sobre todo, con el Hno. Maturino
que permaneció fiel a las misiones hasta su muerte en 1760,
y fue considerado siempre miembro de pleno derecho de la
Compañía de María. Los primeros monfortianos se preocuparon
menos de constituir una comunidad con límites bien definidos
que de asegurar el servicio a las misiones.
Las Crónicas
de Sor Florencia hablan ampliamente del Hno. Joseau. Era un
hombre de múltiples talentos. Animaba espiritualmente la
cofradía de los Penitentes de la parroquia; a partir de la
fiesta de Todos los Santos de 1722, hacía la escuela a los
chicos de la parroquia. El cirujano de Chatillon le dio
algunas lecciones y en poco tiempo "lo puso en condiciones
de recetar y procurar a los enfermos servicios esenciales".
Tenía dotes para el dibujo, la pintura y la escultura. Había
deseado "partir al Canadá y otros países de ultramar", y por
algún tiempo tuvo la idea de prepararse para el sacerdocio,
pero permaneció toda su vida en San Lorenzo en calidad de
hermano, y fue el hombre de confianza de las dos
comunidades.
En las
vacaciones de 1723, las Hijas de la Sabiduría y los
misioneros intercambiaron sus casa. La "Encina" era grande
para la comunidad del P. Mulot, y la "Casa Larga", pequeña
para las Hermanas que comenzaban a multiplicarse.
En septiembre
los misioneros obtuvieron autorización para abrir una
capilla en su casa. Había llegado un nuevo misionero del
seminario del Espíritu Santo y se le pidió que presidiera la
inauguración. El bendijo la capilla dedicada al Espíritu
Santo, y desde entonces la casa de los Monfortianos en San
Lorenzo se ha llamado siempre "casa del Espíritu Santo".
El sacerdote
era el P. Tomás. Con ocasión de una visita del P. de
Montfort al seminario en 1713, había hecho el proyecto de
seguirlo. En las semanas siguientes, comenzó las misiones
con el P. Mulot. Desafortunadamente, después de la segunda
fue llamado a París por su superior, y tuvo que abandonar
contra su voluntad la vida que a penas había iniciado.
También en
1723, el Marqués de Magnanne, bienhechor insigne de la
Congregación, vino a morar a la casa de los misioneros. Allí
llevó una vida ejemplar, y a su muerte en 1750, fue
sepultado en la iglesia de San Lorenzo, junto a la tumba del
P. de Montfort.
El estilo de
vida del P. Renato Mulot
Para
presentar la secuencia de la vida del P. Renato Mulot es
difícil aportar muchos detalles por carencia o falta de
documentos. No hay que olvidar que durante la tormenta
revolucionaria vivida en la región de San Lorenzo, sobre
todo en 1793, muchas cosas desaparecieron. Sin embargo,
tenemos información suficiente para esbozar la fisionomía
espiritual de un hombre sobre cuya tumba se pudo escribir:
"muerto en olor de santidad".
La trama
esencial de su vida fue una serie ininterrumpida de
misiones: ¡más de 220!, es decir, de siete a ocho por año.
Se conoce la lista, aunque sin poder reconstituir la
cronología exacta. Gracias a la oración fúnebre pronunciada
por el P. Hacquet con ocasión de un servicio religioso en
la iglesia de San Lorenzo algún tiempo después de su muerte,
tenemos una idea del inmenso trabajo que pudo realizar.
Cuando sus cohermanos le reprochaban el poco cuidado que
tenía de sí mismo respondía: "Dios no ahorró a su Hijo único
para la salvación de los hombres; ¿por qué nos ahorraríamos
nosotros cuando se trata de la salvación y la instrucción de
las almas que el Señor nos ha confiado?".
Durante la
temporada de misiones de octubre a junio, terminaba una para
comenzar otra inmediatamente. En las vacaciones se dedicaba
a visitar las casas de la Sabiduría: 26 al momento de su
muerte. Recibía abundante correspondencia y debía emplear
parte de sus noches para responder a la misma, ya que las
jornadas de misión eran una sucesión de meditaciones,
oraciones, predicaciones, confesiones y mortificaciones".
El P. Hacquet
que había trabajado con él 14 años, asegura que pasaba
ordinariamente ocho horas por día en el confesonario. Se
levantaba a las cuatro, y "pasaba cada día un tiempo
considerable en meditación", no tomaba nada antes del
mediodía, "por más agotado que estuviera", y ayunaba todos
los Viernes y Sábados. Si se pudo decir del P. de Montfort
que era un "prodigio de mortificación", igual se puede decir
de su discípulo, a quien el gustaba "acostarse en el suelo,
dormir poco, comer escasamente, prefiriendo los alimentos
más toscos, cargarse de cilicios, de cadenas punzantes, de
penitencias y disciplinas".
La Compañía
de María en tiempo del P. Mulot
La vida
apostólica del P. Mulot representa 33 años de la historia de
nuestra Congregación. El grupo que él presidió fue siempre
un "pequeño rebaño". Para la misión, que era su razón de
ser, el P. Mulot aceptó, todas las personas de buena
voluntad que se presentaron y tuvo un gran número de
colaboradores ocasionales, siguiendo en eso el ejemplo del
P. de Montfort. Cuando su campo de acción se extendió a la
diócesis de Nantes, trabajó también con los sulpicianos de
San Clemente. Según testimonio de un sacerdote, hacia 1730,
"estaba constantemente en busca de obreros apostólicos, que
entonces eran bastante raros".
Entre los que
se comprometieron explícitamente en la comunidad, varios
salieron del seminario del Espíritu Santo en París: el
primero fue el P. Le Vallois; en 1727 llegaron tres al
tiempo: Avoine, Josselin y Durocher, y hacia 1737, los
responsables del seminario "enviaron tres de sus mejores
alumnos": Croissant, Baleq y D'Ysy, escrito a veces Dizi.
Es muy
difícil saber exactamente el nombre y número de los
colaboradores que se vincularon con votos y fueron realmente
parte de la Compañía de María. En vida del P. Mulot tal vez
llegaron a quince, pero ciertamente no alcanzaron a veinte.
Respecto de los Hermanos, tenemos aún menos datos.
A la muerte
del P. Mulot la Compañía se componía probablemente de solo
10 sacerdotes, y quizá cuatro o cinco Hermanos. El había
visto con dolor desaparecer a varios de sus colaboradores,
particularmente a Santiago Le Vallois y Adriano Vatel, que
fueron con él los obreros de la primera hora. El P. Le
Vallois murió santamente en San Lorenzo el 14 de junio de
1747, a la edad de 54 años, después de 26 como capellán de
las Hijas de la Sabiduría. El P. Vatel murió en Rennes, el
22 de abril de 1748, al regresar de su pueblo natal en
Normandía, donde se había agotado organizando una misión con
otro sacerdote. Desde 1743 ya no era capaz de soportar las
fatigas de las misiones, y, después de haber sido vicario de
San Lorenzo por algunos meses, fue capellán del hospital de
San Luis de La Rochelle.
Algunos
hechos extraordinarios
Aún teniendo
pocos documentos para evocar los tiempos del P. Mulot,
conviene recordar siquiera brevemente algunos hechos que
marcaron su época.
* Como hemos
visto, por intervención de la Madre María Luisa de Jesús la
capellanía de las Hijas de la Sabiduría ha sido un trabajo
habitual de los misioneros de la Compañía de María. Por su
misma intervención los misioneros asumieron otra tarea desde
1725: la capellanía del hospital San Luis de La Rochelle. El
P. Mulot cedió a la insistencia de la madre María Luisa, y
el P. Vatel fue el primero en asegurar allí una estadía que
duró cerca de un año. Hasta la Revolución de 1789, la
mayoría de los misioneros de la Compañía de María pasaron un
tiempo más o menos largo en La Rochelle, como capellanes del
hospital.
* Otro hecho
digno de mención es la súplica dirigida al Papa Benedicto
XIII en 1728, con el fin de obtener algunos favores
espirituales para los misioneros. Es difícil decir quién
tomó la iniciativa, pero las constancias dadas entonces por
los obispos de La Rochelle, Luzón y Poitiers, constituyen un
testimonio interesante en favor del trabajo realizado por el
P. Mulot y sus cohermanos. El texto de la súplica habla de
una "sociedad de misioneros llamados comúnmente Sociedad de
María, bajo la invocación del Espíritu Santo" establecida
por "Luis Grignion de Montfort, misionero, muerto en 1716,
en olor de santidad", y los misioneros son calificados de
"muy dignos herederos de su maestro"
* En 1734, la
autoritaria Señora de Bouillé, bienhechora de las Hijas de
la Sabiduría, gracias a sus buenas relaciones con Monseñor
Dosquet, Obispo de Quebec, estuvo a punto de embarcar a las
Hijas de la Sabiduría y a la Compañía de María en una
fundación en Canadá. El P. Mulot no se dejó convencer. Por
lo demás, el número demasiado reducido de los misioneros
hacía el proyecto completamente utópico.
* En las
vacaciones de 1748 , los PP. Albert, Hacquet y Besnard
hicieron un viaje a Roma "para llevar el saludo de nuestras
dos Congregaciones al Papa Benedicto XIV, y solicitarle la
aprobación de las Reglas recibidas del P. de Montfort".
Saliendo de San Lorenzo el 28 de julio, llegaron a Roma el
12 de septiembre y regresaron a San Lorenzo el 13 de
noviembre.
La última
misión del P. Mulot
El 13 de
abril de 1749, el P. Mulot y sus cohermanos comenzaban en
Questembert una misión de cinco semanas. Por primera vez
predicaban en la diócesis de Vannes, y encontraron gentes
receptivas de su acción: "Gente buena, dócil, asidua a la
Palabra de Dios, agradecida y susceptible de todo bien",
constató el P. Hacquet.
Más de una
vez, a lo largo de sus misiones, el P. de Montfort había
luchado contra la costumbre de convertir en ciertas regiones
la iglesia en cementerio. Era el caso de Questembert. El P.
Mulot era celoso como su maestro por el respeto de la casa
de Dios. Encontró suficientes voluntarios para emprender la
restauración simultánea de la iglesia y del cementerio,
trasladando los féretros de un lugar al otro. El P. Mulot se
hacía presente en la obra sin desdeñar su participación en
el trabajo. Por inadvertencia, pisó una tabla en la cual
había una puntilla oxidada que atravesó la suela de su
calzado... ¡y el pie! No existía entonces la vacuna
antitetánica, y algunos días después murió en medio de
atroces dolores.
Los
cohermanos fueron testigos de su actitud heroica. El P.
Hacquet, en su oración fúnebre hace esta evocación: "Su
deseo de sufrir le hacía conservar un gozo que se reflejaba
externamente...Tomando su crucifijo en una mano y en la otra
una imagen de la Santísima Virgen, permaneció resignado
entre la vida y la muerte". Luego de recitar este versículo
de un salmo: "en ti, Señor, he esperado, no seré confundido
para siempre", expiró el 12 de mayo de 1749, a los 66 años.
El P. Hacquet pudo decir: "Estoy absolutamente convencido,
por su ejemplo, de que para morir como santo, hay que vivir
como santo".
Conforme a
sus deseos, fue enterrado en el cementerio, ante la
capillita dedicada a San Miguel. Su corazón fue retirado del
cadáver y puesto en un relicario de plomo que llevaron los
misioneros a San Lorenzo. Tras un solemne servicio religioso
en la iglesia parroquial, fue llevado a la capilla de las
Hermanas y depositado detrás del altar. Hoy nadie sabe qué
se hizo.
La tumba del
P. Mulot está siempre en el mismo sitio, y se puede
identificar fácilmente, pues sobresale un metro por encima
de las tumbas circundantes de los sacerdotes fallecidos en
Questembert desde 1749. Es un monumento de granito, capaz de
desafiar los siglos. Alrededor se pueden ver esculturas
diversas conformes al gusto de la época: cráneos, lágrimas,
cruces, un corazón rodeado por una corona de espinas. La
gran loza que la cubre lleva los elementos del altar:
candeleros, cáliz, patena, y una inscripción en caracteres
mayores: AQUI YACE EL SEÑOR RENATO MULOT SUPERIOR DE LOS
MISIONEROS DE SAN LORENZO MUERTO EN OLOR DE SANTIDAD EL 12
DE MAYO DE 1749.
Fisionomía
espiritual del P. Mulot
Después de
casi dos siglos y medio, alrededor de la tumba del P. Mulot
siempre se ha manifestado una religiosidad popular. Más allá
de tal veneración, él tiene para nosotros monfortianos hoy,
la grandeza espiritual de un hombre que hizo que la Compañía
de misioneros deseada por Luis María de Montfort se
desarrollara. El fue su digno sucesor e imitador perfecto.
Igual celo para anunciar el evangelio. Igual amor a la cruz,
que tan vivamente recomienda en las dos cartas que nos
quedan de todas las que dirigió a las Hijas de la Sabiduría.
Igual devoción a la Reina de los Corazones a la cual
consagraba sus misiones de manera particular.
No tenía
dotes de gran orador, pero la convicción de su corazón y la
bondad que emanaba de su persona daban fuerza y eficacia a
todas sus palabras sencillas pronunciadas con suma
sencillez. Un vicario general de La Rochelle manifestaba que
el lenguaje del P. Mulot "estaba desprovisto de los adornos
de la lengua y del orden lógico que se cuida en las
instrucciones públicas cuando existe el propósito de
conmover... El P. Mulot penetraba los corazones y los rendía
de manera tan viva y sensible que todos los esfuerzos de la
elocuencia humana en vano intentarían aproximarse a ella".
Una tercera
parte de la oración fúnebre pronunciada por el P. Hacquet
está consagrada a la humildad, rasgo dominante de la
fisionomía espiritual del P. Mulot: "Nuestro misionero tenía
de sí mismo los más pobres sentimientos, mirándose como el
último de sus hermanos, de quienes soportaba los defectos
con bondad, y a quienes recibía siempre con afabilidad".
Porque era verdaderamente humilde, gozaba de una paz que
irradiaba: "Vivía sin envidiar a quienes sobresalían por
encima de él; sin resentimientos por las injusticias
cometidas contra él y sin deseo de venganza contra quienes
lo perseguían". Persuadido de que otros hubieran desempañado
mejor la función de superior, quiso con frecuencia renunciar
a ella, y continuó sólo por obediencia: era el único en no
darse cuenta de la manera perfecta como la cumplía.
El P. Hacquet
concluyó la oración fúnebre del P. Mulot dirigiéndose a sus
cohermanos: "Seamos, como lo era él, inflamados por la más
perfecta caridad, anonadados por la humildad más profunda,
animados por la devoción más ferviente".
El P. Mulot
le había dado forma al proyecto de Montfort. Bajo su
dirección la Compañía de María se convirtió en realidad bien
fundada, y, cuando los campesinos daban a los misioneros de
San Lorenzo el mote de "Mulotinos" -en francés mulot
es un ratón de campo-, de hecho les rendían homenaje.
El P.
Audubon, segundo superior general
El 24 de mayo
de 1749, víspera de Pentecostés, tras algunos días de
retiro, fue elegido por sus cohermanos el P. Audubon como
superior de la comunidad. Hay que decir, que antes de morir,
el P. Mulot lo había designado explícitamente como su
sucesor. Su elección era vitalicia, pero sólo iba a ejercer
su cargo seis años, pues murió el 15 de diciembre de 1755, a
los 45 años. Es preciso anotar que la elección del superior
no interrumpió el ritmo de las misiones. En efecto, del 1 al
29 de junio siguiente, los misioneros predicaron la misión
en Montfaucon, diócesis de Nantes.
Durante la
misión de Guéméné-Penfao, diócesis de Nantes, en marzo de
1750, los misioneros recibieron la noticia de la muerte del
Marqués de Magnanne, su bienhechor y amigo. Tenía 86 años, y
vivía en la casa de los misioneros desde 1723.
Un edicto
real vino a complicar la tarea del nuevo superior, poniendo
en entredicho a las comunidades que no tuvieran la
aprobación oficial de la autoridad real. Para obtenerla el
P. Audubon emprendió un viaje a París a finales de junio de
1750. Los grandes trabajos del campo en julio y agosto
imposibilitaban a los labriegos para seguir los ejercicios
de una misión, y durante este tiempo los misioneros podían
descansar y dedicarse a otras actividades diferentes de la
predicación.
El P.
Audubon, provisto de cartas de recomendación, en particular
del Señor Le Comte de la Garay -hijo del amigo del P. de
Montfort- fue recibido por el Mariscal de Noailles, ministro
del Rey Luis XV. A pesar de que logró suscitar la simpatía
de varios personajes importantes, sus gestiones no tuvieron
éxito.
Antes de
retomar el camino de San Lorenzo, hizo una visita al
seminario del Espíritu Santo, donde seguía vivo el interés
por la Compañía de María. La prueba es que tres alumnos del
seminario se juntaron a él:
* El P.
Regnault, quien perseveró en la Congregación a pesar de la
oposición de su madre. Ella hizo el viaje en 1763, desde
Boulogne, junto al mar, en el norte de Francia, para
llevárselo de nuevo a su pueblo natal, pero todo fue en
vano. El murió en San Lorenzo en 1800, a los 76 años.
* El P.
Thoribé, diácono entonces, quien murió de una fiebre maligna
algunos meses después de su llegada San Lorenzo.
* El P.
Laude, quien, después de haber trabajado en las misiones
tres años, regresó a su diócesis de origen, a petición del
obispo, y fue nombrado párroco en Boulogne.
Trabajo
apostólico de los misioneros
Entre las
numerosas misiones predicadas por los Padres de San Lorenzo
en tiempo del P. Audubon, conviene mencionar la de Bouin,
diócesis de Nantes, que comenzó el día de Todos los Santos y
se prolongó hasta el 8 de diciembre de ese año de 1750. El
párroco del lugar dejó un informe detallado, gracias al cual
se perciben al vivo los métodos utilizados por los
misioneros.
Entre otras
cosas hay que mencionar la instauración del rosario,
recitado en la iglesia todas las tardes, la creación de la
Cofradía del Santísimo Sacramento, y la introducción de la
práctica cotidiana de la oración mental. La fórmula
utilizada el 8 de diciembre para la consagración a la Virgen
María muestra la importancia que daban a la devoción mariana
los misioneros del P. de Montfort. Ellos eran seis, y los
acompañaban dos Hermanos: Maturino, catequista, y Miguel,
cocinero.
El apostolado
de los misioneros no se limitaba a las misiones
parroquiales. En 1751, el P. Hacquet predicaba un retiro de
siete días en el colegio de Beaupréau, diócesis de Angers.
Fue el primero de una larga serie, pues, de 1751 a 1779, los
PP. de la Compañía de María predicaron 28 retiros en el
mismo colegio.
Además,
siempre había dos Padres al servicio de las Hijas de la
Sabiduría: uno en San Lorenzo y el otro en el hospital de La
Rochelle. El P. Audubon continuó la función asumida por el
P. Mulot en favor de las Hermanas.
Muerte del P.
Audubon
Durante las
"vacaciones" de 1755, es decir durante los meses de verano,
el P Audubon, a pesar de su salud deficiente -viajaba a pie
como el P. de Montfort-, emprendió un nuevo viaje a París,
como cinco años antes, con el propósito de obtener las
"Cartas Patentes", es decir la aprobación oficial de su
comunidad. No tuvo mejor éxito que la primera vez, pero
dejaba preparado el terreno, y, gracias a sus gestiones, le
será posible a su sucesor lograr el objetivo.
Como la
primera vez, visitó el seminario del Espíritu Santo, y
encontró en él un nuevo misionero: el P. Roustan, quien
luego de su ordenación sacerdotal fue a despedirse de su
familia en Provenza, y en seguida hizo a pie más de 250
leguas hasta San Lorenzo, habiéndose detenido unos días en
La Rochelle, donde el P. Besnard era capellán del hospital.
Después de participar en algunas misiones, sería su sucesor
allí. En 1758 se retiró de la Compañía y pasó a ser capellán
de un regimiento en La Rochelle. Otro misionero se había
incorporado a la comunidad en 1755: el P. Arrivé, de
Poitiers, quien fue también capellán del hospital de La
Rochelle y murió en San Lorenzo en 1765.
En su camino
de regreso, el P. Audubon visitó algunas comunidades de la
Sabiduría: en Normandía, Rennes y Dinán. Todos le
aconsejaban renunciar a las misiones, por el deterioro de su
salud, pero él no quería descanso ni alivio. Del 19 de
octubre al 19 de noviembre, dirigió la misión de La Verrie,
cerca de San Lorenzo. Cuatro días más tarde comenzó otra en
Poiré-Velluire, en la diócesis de La Rochelle.
En el viaje
tuvo que atravesar un río, y al momento de subir a una
barca, se resbaló. El esfuerzo que hizo para no caer al agua
le provocó una hernia. Hacía 22 años ya tenía otra, que
siempre había soportado, pero esta vez estaba gravemente
afectado. Comenzó la misión de Poiré tratando de ocultar sus
sufrimientos, pero el 8 de diciembre no pudo terminar el
sermón, a causa de los dolores extremamente violentos.
El P. Besnard
que vino de la Rochelle para atenderlo, habló de sus ocho
días de agonía, particularmente edificantes, en una carta
dirigida al P. Croissant. Mostró una paciencia heroica
durante una cirugía que duró tres horas, repitiendo varias
veces: "Estoy feliz de morir en la misión". El P. Besnard
concluye su relato: "Nunca otro muerto me ha tocado y
edificado tanto". Era el lunes 15 de diciembre de 1755, y el
P. Audubon fue inhumado en el vestíbulo de la iglesia de
Poiré.
Elección del
P. Besnard
Antes de
morir, en presencia de los Padres y las Hermanas que se
encontraban en Poiré, el P. Audubon había designado a su
sucesor en la persona del P. Besnard. Era pues natural que
fuera elegido por sus cohermanos reunidos en capítulo, el 24
de diciembre siguiente. Tenía 38 años, e iba a permanecer a
la cabeza de la Compañía 33 más. Nacido en Rennes en 1717,
había entrado en la Compañía de María en 1743.
Dos días
después de su elección comenzó una misión en Mortagne, a
pocos kilómetros de San Lorenzo, misión no particularmente
deseada, en la cual los misioneros lograron convencer y
hacerse aceptar. Así el P. Besnard demostraba claramente sus
preferencias por la misión itinerante. Le había costado
aceptar la capellanía del hospital de la Rochelle, donde,
gracias a su elección como superior, sólo permaneció un año.
La misión de Mortagne fue la primera de una larga serie, al
ritmo acostumbrado, que de septiembre a junio dejaba poco
intervalo entre dos misiones sucesivas.
Durante las
vacaciones del verano 1756, hizo también él un viaje a
París, siempre con el fin de obtener las famosas "Patentes".
A su turno estableció buenas relaciones con las personas
importantes -entre otros, el arzobispo de París-, pero esta
vez tampoco tuvo mejor éxito que su predecesor.
Hizo
igualmente la tradicional visita al seminario del Espíritu
Santo, y encontró nuevos misioneros para su Compañía. Tres
respondieron a su llamado: los PP. Becquet, Rozé y
Dravergne. El primero fue un hombre de talento y perseveró
hasta su muerte en la obra de las misiones. Igualmente el
segundo, pero no se sabe si perseveró toda su vida. El
tercero a penas pasó por la comunidad
A comienzos
de aquel año (1756), la Compañía de María había acogido al
P. Du Rocher: un viudo, cirujano mayor en un regimiento de
Nantes, quien, después de la muerte de su esposa y de sus
hijos, se había orientado al sacerdocio. Era subdiácono
cuando llegó a San Lorenzo. Durante 10 años fue un celoso
misionero y murió en San Lorenzo.
Las misiones
parroquiales seguían su ritmo habitual. La más importante en
que participaron los misioneros de San Lorenzo, fue en la
ciudad de Angulema, del 27 de febrero al 12 de abril de
1757. La dirigieron renombrados misioneros venidos de
diversos puntos del Reino, y los Padres de la Compañía que
en ella aportaron su colaboración fueron: Besnard, Albert,
Javeleau y Hacquet.
Duelos en
serie
El 6 de abril
de 1759, murió el Hno. Juan Fortin, a los 60 años. Era
hombre de gran abnegación y había prestado grandes servicios
a las Hermanas de la Sabiduría durante largos años. Les
organizaba los viajes y les servía de guía. Estaba ya bien
enfermo cuando emprendió su última gira, y murió al día
siguiente de su regreso. Sor Florencia, cronista de la
Sabiduría, hizo de él un gran elogio.
A finales del
mismo mes de abril, cuando los misioneros volvían de la
misión de Fontenay-le-Comte, que les había ocasionado
grandes satisfacciones, la muerte de la Madre María Luisa de
Jesús vino a entristecer a las dos comunidades. Ella murió
el 28 de abril, como el P. de Montfort, a la misma hora, y
algunos creen que en el mismo sitio. El P. Besnard, quien
escribió su biografía, la conoció pues durante 16 años, ya
que él había entrado a la Compañía en 1743.
El 22 de
junio del año siguiente, le tocó el turno al Hno. Maturino,
el compañero fiel del P. de Montfort, con quien desaparecía
el último testigo directo de la vida de san Luis María.
Tenía 73 años y había pasado 55 al servicio de la misión.
Regresó enfermo de la Misión de Fontenay-le-Comte, durante
la cual hacía el catecismo en el hospital general. En la
mañana del día de su muerte, se paseaba en la huerta.
Sintiéndose indispuesto, fue a recostarse en su lecho, y a
penas hubo tiempo para aplicarle la unción de los enfermos.
Aprobación
real de la Compañía de María
A pesar de
los esfuerzos hechos por los PP. Audubon y Besnard, la
Compañía no había logrado todavía las famosas "Patentes". En
1771 se reiteró la solicitud al gobierno del Rey Luis XV. La
petición estaba apoyada por las recomendaciones de los
obispos de todas las diócesis donde trabajaban los
misioneros: La Rochelle, Nantes, Vannes, Rennes, Dol, San
Maló, Angulema, Saintes y Poitiers. Otras personalidades
importantes, civiles y militares, habían igualmente ofrecido
su apoyo. ¡La respuesta llegó dos años más tarde, en 1773!
Su contenido esencial es éste:
"Hemos
aprobado y confirmado, y por las presentes, firmadas de
nuestra mano, aprobamos y confirmamos los dos
establecimientos formados en el pueblo de San Lorenzo, junto
al río Sèvre, en la diócesis de La Rochelle: el primero de
una comunidad de sacerdotes seculares, bajo el título de
Sacerdotes misioneros del Espíritu Santo; el otro, de una
comunidad de mujeres, bajo el título de Hijas hospitalarias,
dichas de la Sabiduría, con la obligación para una y otra
comunidad de observar y hacer observar los estatutos y
reglamentos relativos a cada una de ellas y consignados en
el manuscrito aprobado por el señor obispo de La Rochelle, y
que aprobamos y confirmamos por las presentes..." El
documento está firmado "Luis" y contrafirmado por el
ministro que certifica la autenticidad de la firma real.
En adelante
las dos Congregaciones tienen su futuro asegurado. Sin
embargo, en lo relativo a la Compañía de María, se produjo
un cambio capital, que modifica profundamente el estatuto de
los misioneros. En efecto, la aprobación real indispensable
para la vida de la Congregación, se obtuvo sólo al precio de
un sacrificio denso de consecuencias.
Ataques y
contradicciones
El primer
edicto real sobre las comunidades se remontaba a 1749.
Habían seguido otros, en 1768 y en febrero de 1773, marcados
todos por el mismo espíritu: se trataba de medidas rígidas
tendientes a uniformar el mundo tan variado de la vida
regular de la época y a limitar las instituciones religiosas
en función de su utilidad social. Asesorado por personas
competentes, el P. Besnard había llegado a la convicción de
que era imposible obtener la aprobación real sin modificar
la Regla. Un artículo de la nueva Regla dice que "las
personas que entren a la Congregación no estarán obligadas a
comprometerse por votos de ninguna clase, ni siquiera
simples; en consecuencia, quedarán siempre libres de
retirarse".
En 1773
fueron suprimidos los jesuitas por el Papa Clemente XIV. Ya
habían sido suprimidos en la mayoría de países católicos
-entre 1762 y 1767. Su influencia era grande, y los
filósofos del que se llamó "siglo de las Luces" tenían celos
de su prestigio. El movimiento filosófico de las "Luces" se
extendió a toda Europa en el siglo 18. Racionalismo,
exaltación del individuo y del bienestar individual, crítica
de las jerarquías sociales y religiosas... son sus rasgos
característicos; y el prototipo de sus representantes es
Voltaire.
En este clima
deletéreo, los "mulotinos" se convirtieron en el blanco de
los iluminados que detestaban todo lo que se opusiera a su
influencia. A pesar de su número mínimo, los misioneros
tuvieron el honor de ser combatidos como "tropas auxiliares
de los jesuitas" en un periódico titulado Noticias
Eclesiásticas. Ciertamente ellos, como los jesuitas,
mantenían la ortodoxia católica frente al jansenismo.
El mayordomo
de Mortagne -cerca de San Lorenzo-, un tal Boutillier de San
Andrés, desahogó su rabia en un documento virulento dirigido
al Procurador general del Parlamento de París. Protestó de
manera vehemente contra la aprobación oficial con que habían
sido beneficiados los misioneros de San Lorenzo, y los
acusaba de toda suerte de malversaciones. El P. Besnard
refutó punto por punto todos los ataques formulados por
dicho personaje.
Otro señor de
los alrededores de San Lorenzo, el caballero de la Tremblay,
en una carta al procurador general de Poitiers, se refería a
"los peligros de fanatismo y superstición cuyo refugio y
centro era la casa de esos sacerdotes". Pretendía revelar
"la imbecilidad del pueblo que, desde 20 leguas a la
redonda, donde esos energúmenos van a difundir sus
principios jesuíticos, deposita a sus pies el dinero de las
viudas y los huérfanos".
A pesar de
todos estos ataques, los "mulotinos" -término que se había
tornado peyorativo bajo la pluma de los panfletistas-
gozaban de toda la estima de la población rural y de los
párrocos que los llamaban, pero éste era a penas el preludio
de lo que tendrían que sufrir quince años más tarde.
La comunidad
del Espíritu Santo
E los años
siguientes no hallamos nada particular que mencionar. La
comunidad estaba polarizada siempre por las misiones
parroquiales que se sucedían regularmente de septiembre a
junio. Sería posible dar la lista de las mismas, pues en los
archivos de la casa general en Roma, se conserva una libreta
del P. Hacquet que reporta todas las misiones en que
participó él, dando algunas apreciaciones de cada lugar.
En 1782, las
comunidades de San Lorenzo recibieron la visita del obispo
de La Rochelle, Monseñor Crussol. Fue a bendecir la nueva
capilla de las Hermanas -coronada por un pequeño campanario-
y tuvo ocasión de tomar contacto con los misioneros cuya
casa estaba en su diócesis.
Los Padres y
los Hermanos seguían en la "Casa Larga" que ocupaban desde
1723. Eran tan escasos y se ausentaban con tanta frecuencia
que la incomodidad y estrechez de las instalaciones no
parecían causarles problema. Al salir de la capilla que
acababa de bendecir, el obispo dijo al P. Besnard: "He
bendecido la capilla de la Sabiduría; conviene ahora que
Uds. construyan una iglesia propia y una casa para alojarse
dignamente". Al mismo tiempo les pedía aproximarse a la casa
de las Hermanas.
La idea de
construir maduró con bastante rapidez. Monseñor Crussol
mismo había indicado el sitio de la futura casa.Como se pudo
comprar varios lotes contiguos, el modesto terreno de la
"Casa Larga" se convirtió en un gran huerto. Nuevas
adquisiciones a principios del último siglo dieron a la
propiedad las dimensiones que conserva hoy. Se emprendió
entonces la construcción de la casa grande y sólida, llamada
del "Espíritu Santo". Se terminó en 1788, de manera que el
P. Besnard pudo verla antes de morir... y, a finales del
siglo XX ¡aún sigue desafiando el paso del tiempo!
Muerte del P.
Besnard
La figura del
P. Besnard ha marcado la historia de la Compañía de María.
Veló por el bien espiritual y la prosperidad de las dos
Congregaciones que tenía a su cargo. Las salvó de su
desaparición, obteniendo el reconocimiento oficial del
gobierno real. Las arraigó sólidamente en el pueblo de San
Lorenzo por las construcciones realizadas siendo él
superior. Sin descuidar nunca el trabajo prioritario de las
misiones populares, encontró tiempo para escribir dos
biografías: la de la Madre María Luisa de Jesús, a quien
conoció personalmente; y la de San Luis María, para la cual
visitó los lugares recorridos por el santo misionero e
interrogó testigos aún vivos.
El 23 de
septiembre de 1786, hizo un viaje a París para hacerse
operar de cataratas. Dieciocho meses más tarde, moría a la
edad de 71 años, gastado por las innumerables obras que
llenaron los 45 años de su presencia en la Congregación.
Los nuevos
misioneros en tiempo del P. Besnard
Durante su
superiorato la Congregación acogió a varios miembros nuevos.
Además de los ya mencionados, en 1758 llegó el P. Tobías,
quien permaneció poco tiempo en la comunidad. En 1764, la
Compañía de María recibió tres nuevos miembros: el P. Hervé,
predicador ardiente, muerto en San Lorenzo en 1779, y los
PP. Enrique y Julián Le Cornec. Estos dos últimos, hermanos,
entraron a la Compañía y fueron ambos capellanes del
hospital de La Rochelle. Enrique fue "procurador" de la
Congregación, es decir: ecónomo, y murió en San Lorenzo en
1786. Su hermano se dedicó a las misiones, después de su
estadía en La Rochelle, y se ignora la fecha de su muerte.
En 1768, la
Congregación recibió a los PP. Magnier y Micquignon, futuro
superior general. El nombre del P. Urien aparece por primera
vez en 1769, con ocasión de un retiro predicado en la
parroquia de San Lorenzo. Sobrevivió a la tormenta
revolucionaria, y murió en San Lorenzo el 5 de febrero de
1805.
En 1770 llegó
el P. Guillou, de La Rochelle. No logró adaptarse a la vida
comunitaria, pero, después de la Revolución, volvió varias
veces a San Lorenzo a predicar el retiro anual de las
Hermanas.
Los PP.
Blouin y Gaultier llegaron en 1773. El primero vivió casi
siempre en San Lorenzo. El segundo, luego de algunos años de
misión, fue asignado en 1786 al hospital de la Rochelle, y
se retiró a Rennes, su pueblo, durante la Revolución.
El nombre del
P. Morel figura en los registros del hospital de La Rochelle
del 21 de junio 1775 al 24 de agosto 1781. Es mencionado en
tres misiones. El P. Pineau trabajó en la mayoría de las
misiones de 1776 a 1779, pero después no se sabe nada de él.
El año de
1782 vio llegar cuatro nuevos misioneros: los PP. Lagogué y
Le Loup, que permanecieron muy poco tiempo, y los PP.
Pouponnot y Joubert de quienes se hablará en el período
revolucionario. Llegado a San Lorenzo en 1784, el P.
Poitevin no hizo más que pasar, pues murió al año siguiente.
En 1785 la Congregación acogió al P. Duchesne, futuro
superior general, y al P. Bloquet, de quien nada se sabe en
concreto. Al año siguiente llegaron los PP. Serres y Duguet,
de quienes se hablará igualmente durante la tormenta
revolucionaria.
Finalmente,
en 1788 llegó el P. Perrin. Durante la Revolución vivía en
Poitiers, donde prestó grandes servicios a las Hermanas de
la Sabiduría. Recuperada la paz, salió de la Congregación
para hacerse misionero en Indostán, pero permaneció muy
unido a la Compañía de María.
Al hacer el
balance de entradas desde los comienzos de la Compañía de
María, se cuentan 51 sacerdotes. De ellos 11 salieron y
otros 6 no se sabe si se retiraron o murieron en la
Congregación. De los Hermanos no hay datos, y es imposible
dar su número, así sea aproximado.
*******
CAPITULO III
- LA TEMPESTAD
Superiorato
del P. Micquignon y elección del P. Supiot
El P.
Micquignon había entrado a la Congregación en 1768. Venía de
la diócesis de Amiens al norte de Francia, como varios otros
candidatos que llegaron a San Lorenzo a través del seminario
del Espíritu Santo. Sucedió al P. Besnard en 1788, sin que
sepamos la fecha exacta de su elección. Su superiorato fue
breve, pues murió el 18 de enero de 1792, sin ver la
tempestad que ya presentía, como se ve en la carta circular
que envió a las Hermanas de la Sabiduría el 6 de enero de
1790:
"... Uds. son
objeto de toda mi solicitud. Pero nuevos peligros que el
nuevo año parece hacer surgir, los males que nos presagia
por las circunstancias que lo acompañan, sumados a mis
temores y alarmas, dan también nuevo pábulo a mi celo y son
objeto de los votos que debo hacer al Señor por Uds. en los
tristes comienzos de este nuevo año..."
Las anima a
perseverar en la fe y a ser fieles a la Iglesia, y termina
con esta invitación práctica: "¡Ah! ¡Más vale perderlo todo
hoy, de una vez: bienes, salud, reputación, aún la posición
social, que perder esa augusta calidad que nos da la fe!
¡Preferible verlas desaparecer y ser barridas en una ruina
común con tantas Ordenes ilustres, ¡ay de mí!, pero víctimas
felices de su fe!"
A su muerte
fue reemplazado sin tardar por el P. Supiot, oriundo de la
diócesis de Angers, con 61 años de edad. Habiendo entrado a
la Congregación en 1758 -¡vivían aún la Madre María Luisa de
Jesús y el Hermano Maturino!-, había predicado misiones en
gran número de parroquias de las diversas diócesis a las
cuales eran llamados regularmente los "mulotinos". Estaba
pues perfectamente preparado para asumir la dirección de las
dos comunidades, en un período que se revelaría trágico.
Para
comprender la continuación es necesaria la descripción del
Contexto
históricos de Francia
Al terminar
la década de 1780 había una fuerte crisis económica en el
Reino de Francia. El Rey Luis XIV, bajo cuyo reinado vivió
el P. de Montfort, había muerto después de reinar 72 años
-habiendo comenzado a la edad de cinco años! Le había
sucedido su bisnieto con el nombre de Luis XV, y desde 1774,
Luis XVI, nieto del anterior, reinaba en Francia. Se trataba
pues de una monarquía absoluta, lo que significa que el rey
tenía todos los poderes, sin estar sometido a ninguna
Constitución -como es el caso en las monarquías
constitucionales-, y sin tener que rendir cuentas a nadie
sobre la administración del país. Bajo la influencia de los
filósofos del "Siglo de las Luces", había fuertes
interrogantes respecto de ese poder absoluto, y los
iluminados miraban hacia la antigua Grecia, cuna de la
democracia.
Ante la
crisis, el ministro Necker aconsejó al rey reunir los
Estados Generales, que eran en el Antiguo Régimen, como se
designa al régimen político anterior a la Revolución, una
asamblea extraordinaria a la cual eran convocados delegados
de toda la sociedad, para tratar en ella los asuntos de la
Nación.
La sociedad
de la época estaba dividida en tres "órdenes" o "estados":
la Nobleza, el Clero y el Tercer Estado.
La Nobleza
poseía los bienes raíces y gozaba de numerosos privilegios.
Comportaba una cierta jerarquía en función de la fortuna, y
de los títulos de nobleza que podía mostrar cada uno.
El Clero no
era una clase homogénea, y se hablaba fácilmente del Clero
Alto y del Bajo Clero. El Clero Alto lo constituían los
hijos de familias nobles, que habían abrazado el estado
eclesiástico. Todos los obispos venían de la Nobleza, y
conservaban en su función eclesiástica sus escudos de armas
y su título de "Monseñor". El Bajo Clero comprendía los
sacerdotes sin fortuna, que recibían de los párrocos para
quienes trabajaban lo que se llamaba "la porción congrua",
expresión que con el tiempo adquirió el sentido de "ingreso
insuficiente".
El Tercer
Estado designaba a todos los demás ciudadanos, es decir a
los que no pertenecían ni al primero ni al segundo estado.
Había una variedad infinita que englobaba niveles de vida
desde la fortuna a la miseria. Hay que hacer mención
especial de dos clases sociales: la de los campesinos, que,
en una Francia ensencialmente rural, representaban una
fracción importante de la población, y la de los burgueses,
que eran la clase emergente de la época. El burgués era
etimológicamente el habitante de un burgo, donde vivían los
artesanos y los comerciantes, que escapaban al dominio de
los terratenientes tradicionales que pertenecían a la
Nobleza. Muchos burgueses habían alcanzado un nivel de
fortuna que podían envidiar algunos nobles, y entre ellos
había individuos codiciosos de los privilegios de la Nobleza
La asamblea
de los Estados Generales comenzó el 5 de mayo de 1789, en
Versalles donde Luis XIV había construido el castillo real.
Estuvo marcada por la debilidad del poder real, y
fuertemente influenciada por las nuevas ideas. Allí comenzó
la "Revolución", es decir la transformación radical de la
sociedad francesa, preparada ya en el espíritu de los
burgueses por las ideas filosóficas de las "Luces". La
fisionomía de la asamblea fue modificada fuertemente cuando
los representantes del bajo clero y algunos nobles se
unieron al Tercer Estado. En efecto, el grupo así
constituido se convirtió en mayoritario. El 9 de julio
formaron una nueva asamblea con la ambición de dar una
Constitución al país, y lograr así la evolución de la
monarquía absoluta hacia una monarquía constitucional.
En esta nueva
asamblea era preponderante la burguesía, mientras en la
calle se agitaba el vulgo. El 14 de julio las masas
populares tomaron por asalto la cárcel de la Bastilla y
liberaron los presos allí recluidos. Esta fortaleza,
construida a las afueras de la capital, era a sus ojos el
símbolo del poder arbitrario del rey. En la noche del 4 de
agosto, la asamblea, influenciada por la agitación de la
calle, votó la abolición de los privilegios de que gozaban
la Nobleza y el Clero. El 26 de agosto fue proclamada la
célebre Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano.
Había en los
protagonistas de tales acontecimientos una voluntad feroz de
reformar la sociedad... y la Iglesia de Francia que ocupaba
un espacio grande en las estructuras del Reino. Estaba
marcada por lo que se llamó el "galicanismo", lo que quiere
decir que muchos sacerdotes y obispos se preocupaban más de
no desagradar al Rey de Francia que de obedecer al Papa de
Roma.
El primer
golpe dado a la Iglesia fue de orden material: los bienes de
la Iglesia fueron declarados "bienes nacionales" el 2 de
noviembre. Las diócesis y los monasterios tenían inmensas
propiedades raíces, y la medida tenía por fin inmediato
salvar al Estado de la quiebra.
En enero de
1790 los judíos y los protestantes que vivían en el
territorio del Reino fueron reconocidos como ciudadanos,
pues hasta entonces, el catolicismo era la religión del
Estado, y los registros de bautismo eran los registros del
estado civil. La creación de los registros de estado civil
coincide con la de la nueva división administrativa. Francia
fue dividida en 90 "departamentos", lo que interesa
indirectamente la Historia de la Iglesia, ya que después de
la Revolución, la reestructuración de las diócesis se hará
según esta división.
El 13 de
febrero de 1790, una ley prohibía los votos solemnes de los
monjes y las monjas, y decretaba la supresión de las Ordenes
contemplativas. Varios monasterios fueron "resucitados" a lo
largo del siglo XIX, pero muchos desaparecieron
definitivamente -por ejemplo, el monasterio de Fontevrault,
donde el P. de Montfort iba a visitar a su hermana.
El golpe más
duro a la Iglesia fue la Constitución civil del Clero,
del 12 de julio de 1790. Se pretendía organizar una Iglesia
nacional, de tipo democrático -con elección de los obispos
por el pueblo -sin referencia alguna a la Santa Sede. Esta
nueva organización encontró fuerte resistencia por parte de
la mayoría de los sacerdotes y obispos. La autoridad civil
esperó alrededor de seis meses, y, a principios de 1791,
trató de imponerse por la fuerza. Se hizo obligatorio para
todos los sacerdotes prestar juramento de fidelidad a la
Constitución civil del Clero, bajo pena de exilio, y más
tarde, de deportación.
Hubo desde
entonces dos clases de sacerdotes: lo "juramentados" que
habían aceptado el juramento, y los "refractarios", que para
escapar a las represalias de la autoridad civil, no tuvieron
otra solución que exilarse o continuar su apostolado en la
clandestinidad. Muchos estaban indecisos, y la situación
siguió confusa hasta abril, cuando el Papa Pío VI al fin se
pronunció: condenando la Constitución civil del Clero
y los principios revolucionarios. La mayoría de los obispos
legítimos se encontraron en el extranjero: Inglaterra,
España y los Estados Pontificios, particularmente, igual que
muchos sacerdotes. Sin embargo, un buen número permaneció en
la clandestinidad, a menudo con peligro de su vida, y los
cristianos fieles a los sacerdotes refractarios trataban de
"intrusos" a los obispos y párrocos instalados por el
gobierno.
La Compañía
de María en la tormenta
Los
misioneros del P. de Montfort eran del todo impermeables a
las nuevas ideas, y, ante las primeras medidas que atacaban
a la Iglesia de Francia, no tuvieron la menor duda. Como un
solo hombre rechazaron la Constitución civil del Clero,
y se sintieron confortados en su decisión cuando recibieron
la condenación papal. Solícitos en la guía de los fieles,
redactaron opúsculos destinados a orientarlos sobre el
comportamiento a seguir. El más célebre pasó a la Historia
bajo el nombre de Catecismo de los Mulotinos, y se
intitula Catecismo para uso de los verdaderos fieles en
las circunstancias actuales. Parece que el autor fue el
P. Duguet, pero reflejaba perfectamente el pensamiento del
grupo. Otro opúsculo del P. Duguet lleva el título de:
Instrucción sobre los intrusos, en forma de conversación
entre un sacerdote y un simple fiel del campo.
Si es
completamente falso afirmar que el levantamiento de la
Vandea en 1793 se debió a la influencia del P. de Montfort,
es, por el contrario, evidente que la influencia de los
mulotinos sobre la región donde se desarrollaba su
apostolado, y sobre los sacerdotes encargados de la misma,
era muy real. Ellos ciertamente contribuyeron a la actitud
de rechazo que llevó a los campesinos vandeanos a tomar las
armas.
Los
misioneros de San Lorenzo no podían dejar de llamar la
atención de las autoridades civiles, y, el 6 de junio de
1791, su casa fue objeto de un allanamiento por los
"guardias nacionales", que eran los policías de la época.
Los escritos recogidos por los mismos fueron calificados de
"incendiarios" en el informe del comandante. Habiéndose
retirado hacia la tarde, volvieron a la noche siguiente.
Encontraron a los PP. Dauche y Duguet, y decidieron
llevarlos presos a Angers. A petición de algunos notables de
San Lorenzo y de la Madre Flavia, superiora general,
intervinieron los responsables del distrito y los dos presos
fueron liberados.
Se puede
suponer razonablemente que a raíz de esa indagación los
misioneros tomaron la decisión de poner en lugar seguro los
documentos más preciosos En un campo ubicado sobre la colina
cercana al poblado, se cavó un refugio, que recibió, entre
otros documentos de valor, el manuscrito del Tratado de
la Verdadera Devoción.
Los
misioneros fueron considerados sospechosos
Los
misioneros se habían hecho sospechosos, y las autoridades
del departamento de la Vandea pidieron una investigación
oficial. Un general de Fontenay describe así la situación,
en una carta redactada el 12 de septiembre: "El distrito de
Châtillon -del cual hace parte San Lorenzo- está infectado
de fanáticos... El núcleo mayor está en San Lorenzo, sobre
el río Sèvre, donde hay una comunidad de misioneros que han
envenenado todos los alrededores, con un catecismo que el
ministerio público va a perseguir..." Dos comisarios civiles
, llegados a la Vandea para inspeccionar la situación
expresan idéntico juicio: "De una comunidad de misioneros
establecidos en San Lorenzo brotan todos los venenos que han
corrompido todos los espíritus de los habitantes de los
campos. Estos ministros peligrosos y culpables se han aliado
con el antiguo obispo de Luzón, con su vicario general y con
todos los sacerdotes no juramentados para oponerse a la
ejecución de los decretos de la Constitución civil del
Clero".
Las Hermanas
de la Sabiduría no fueron mejor aceptadas. Se las veía como
agentes al servicio de la propaganda de los misioneros:
"Consagradas, en este departamento y en varios otros, al
servicio de los pobres y en particular de los hospitales,
son para los misioneros un medio muy activo de
correspondencia general en el reino". Las autoridades
civiles aprecian su trabajo en los hospitales, pero declaran
que si no es posible apoyar a las Hermanas de la Sabiduría
sin los misioneros, "hay que destruir los dos
establecimientos".
Mientras las
Ordenes contemplativas habían sido suprimidas en 1790, dos
años más tarde les tocó el turno a las Congregaciones
religiosas. La ley del 18 de agosto de 1792 decretaba su
desaparición, y tanto los Mulotinos como las Hermanas de la
Sabiduría tuvieron el honor de ser nombrados entre los
particularmente peligrosos. El apostolado de los misioneros
del P. de Montfort se tornó clandestino al servicio de la
parroquia de San Lorenzo y de las parroquias circunvecinas,
dado que la gente rehusaba acudir a los sacerdotes asignados
por el gobierno. El obispo de La Rochelle se refugió en
España y se comunicaba con su diócesis a través de toda una
serie de intermediarios benévolos. Había nombrado vicarios
generales a los PP. Supiot y Duguet, los cuales tuvieron
efectivamente el cargo de la diócesis fiel a Roma, en forma
paralela con la diócesis controlada por la autoridad civil.
El 15 de
septiembre, un mes después de la promulgación de la ley que
suprimía las Congregaciones, el P. Supiot, nuevo superior
general elegido en enero de 1792, presidió una profesión
religiosa en la Casa Madre de la Sabiduría, y, luego
autorizó a las Hermanas a dispersarse volviendo a sus
familias para esperar allí el fin de la tempestad. Sesenta
de ellas abandonaron la Casa Madre, y las que se quedaron
renunciaron al hábito religioso.
Martirio de
los PP. Dauche y Verger
Los
sacerdotes o religiosos "refractarios", dedicados al
apostolado clandestino, corrían los más graves riesgos, en
particular el de la deportación a la Guayana. Por ello,
muchos buscaron refugio en los pueblos vecinos. El P.
Supiot, preocupado por proteger a las Hermanas de quienes
era superior general, tenía el proyecto de encontrar para
ellas un lugar de acogida en España, y les pidió a los PP.
Dauche y Verger trasladarse allí para preparar la
instalación de las Hijas de la Sabiduría. Ellos viajaban a
pie a La Rochelle, donde pensaban embarcarse para España.
Desafortunadamente cometieron la imprudencia de hacer el
viaje vestidos de sotana, y pronto fueron identificados,
porque los denunció un antiguo trabajador de las comunidades
de San Lorenzo.
Ya ellos
habían sido inquietados por los guardias nacionales, con
ocasión de un levantamiento de los jóvenes en dos pequeñas
ciudades -Châtillon y Bressuire- el 21 de agosto de 1792, y
el P. Dauche también había tenido algunos altercados con las
autoridades el año anterior, como vimos ya. La revuelta de
los jóvenes fue pronto reprimida y los heridos fueron
hospitalizados en la casa de las Hermanas de la Sabiduría en
San Lorenzo.
Los PP.
Dauche y Verger, acusados de haber incitado a la revuelta y
culpables de haber rehusado prestar el juramento de
fidelidad a la Constitución civil del Clero, fueron
amenazados de deportación a la Guayana. Sin embargo, sólo
fueron condenados al exilio: "A sus expensas, serán
conducidos por la gendarmería nacional, de brigada en
brigada, a la ciudad de Sables, donde se embarcarán hacia el
país extranjero que indiquen" (Octubre 27 de 1792).
De hecho, no
se les permitió embarcarse en la ciudad de Sables, y fueron
encarcelados en la fortaleza de la isla de Ré, cerca de La
Rochelle. Dos veces fueron llevados al tribunal
revolucionario de La Rochelle, y ambas rehusaron prestar el
juramento que se les exigía. La tercera vez, 22 de marzo
1793, acababa de estallar la guerra de la Vandea -de la cual
se hablará más adelante-, y el pueblo revolucionario
responsabilizaba a los guardias nacionales de una derrota en
la cual los insurgentes vandeanos habían sido los
vencedores. Para desviar la cólera del pueblo, los guardias
nacionales explicaron el fanatismo por la influencia de los
sacerdotes y dejaron que la turba se vengara. El 21 de marzo
cuatro sacerdotes que venían de la isla de Ré fueron
linchados por el populacho en los muelles del puerto de La
Rochelle, y al día siguiente, otros dos entre los cuales los
PP. Dauche y Verger, corrieron la misma suerte.
La guerra en
Vandea
El movimiento
revolucionario nacido en 1789 evolucionó rápidamente hacia
la oposición a la Realeza, y la persecución religiosa. La
asamblea que gobernaba a Francia lanzó al país a la guerra
contra Austria y tomó prisionero al rey Luis XVI, luego de
destituirlo de sus funciones, en agosto de 1792.
El 21 de
septiembre en la euforia de una victoria lograda la víspera
sobre los austríacos, la Asamblea proclamó la República. Se
estableció una nueva asamblea, elegida en principio por
sufragio universal, pero en realidad, por una minoría de
encarnizados revolucionarios. El rey, cuya esposa María
Antonieta era austríaca, fue acusado de complicidad con el
enemigo, y su proceso terminó en la condenación a muerte,
por traición. Fue guillotinado el 21 de enero de 1793.
La guerra
continuó en las fronteras, y el ejército de oficio no
lograba contener el empuje del enemigo. El 23 de febrero, la
asamblea decidió alistar por fuerza a jóvenes del campo. En
la región que hoy se llama "Vandea militar" -cuyo centro
geográfico es San Lorenzo- saltó la chispa que desató la
insurrección.
En un radio
de unos 60 km alrededor de San Lorenzo, tuvieron que tratar
con una población muy adicta a su fe cristiana, que recibió
muy mal la persecución de que eran objeto los sacerdotes.
Las relaciones de los campesinos con los nobles -que eran
los terratenientes- eran relaciones cercanas, de respeto y
de buen entendimiento. Lo que sucedía en París o en
Versalles parecía muy lejano, y la ejecución del rey no
había sido comprendida. Los jóvenes vandeanos no tenían
ningún deseo de ir a las fronteras y hacerse matar por
defender un régimen político que perseguía a los sacerdotes
y había guillotinado al rey.
La revuelta
estalló a mediados de marzo. Los jóvenes campesinos no
tenían idea del oficio de las armas, y fueron a buscar a los
nobles para que los comandaran. Las batallas de los primeros
meses fueron todas exitosas, pero pronto las tropas
republicanas lograron dominar a los insurrectos. El 17 de
octubre marca un giro en la historia de la rebelión. Los
vandeanos, vencidos en Cholet -a sólo 12 km de San Lorenzo-
huyeron hacia el Norte, con la esperanza de encontrar
refuerzo en las poblaciones del norte del Loira, y la
ilusión de ser ayudados por Inglaterra los llevó hasta la
costas de Normandía. Aquella fue una expedición lamentable
en la cual participaron no solamente combatientes sino
también mujeres, niños y ancianos. Decidieron regresar a la
Vandea, pero el 23 de diciembre, el ejército vandeano fue
aniquilado entre Pontchâteau y Nantes.
Represalias
San Lorenzo
se encontraba en el epicentro del levantamiento vandeano.
Las casas de los Padres y de las Hermanas fueron convertidas
en hospitales, y allí se cuidada a los heridos de ambos
bandos. Las Hermanas ejercían sus capacidades de enfermeras
y los Padres atendían espiritualmente a quienes lo
necesitaban. Evidentemente no les era posible predicar
misiones, y su apostolado clandestino los exponía a las
peores represalias. Los PP. Supiot y Duguet se ocultaron en
San Lorenzo, y los otros se dispersaron en los alrededores,
a excepción del P. Duchesne que pasó a Brest, al servicio de
las Hermanas de la Sabiduría, y del P. Pedro Bloquet que
acompañó al ejército vandeano en su expedición a Normandía.
Con el
tiempo, la Revolución se hizo cada vez más sangrienta y el
período de septiembre 1793 a finales de julio 1794 recibió
el nombre de "Terror": bastaba ser sospechoso de
antirrevolucionario para ser sometido a la pena de muerte.
Una represión
feroz se abatió sobre Vandea. Fue recorrida por algunas
columnas de soldados que habían recibido orden de
aniquilarla. Exterminaban a los habitantes y el ganado,
quemaban las cosechas e incendiaban las casas. Una de estas
"columnas infernales" -como fueron llamadas por los
vandeanos- pasó por San Lorenzo el 29 de marzo de 1794. Hubo
unas cincuenta víctimas en el pueblo: niños, mujeres y
ancianos. En la casa del Espíritu Santo, fueron aprehendidos
y masacrados en la huerta tres Hermanos: Bouchet de 60 años,
y Juan y Oliverio, ambos de 30 años. Este último fue
empalado.
Estado de la
Congregación
Durante la
tormenta revolucionaria, la Compañía de María perdió la
mitad de sus miembros. Además de los ya mencionados: los PP.
Dauche y Verger y los tres Hermanos asesinados en San
Lorenzo, el Hno. Métayer, maestro de escuela, y el Hno. Ivón
fueron también víctimas de la violencia, sin que se sepan el
lugar ni la fecha de su desaparición. Sólo quedaron dos
Hermanos: Pedro e Hilario. El P. Bloquet murió en la
expedición del ejército vandeano al otro lado del Loira. El
P. Serres, que ejercía su ministerio clandestino en una
parroquia vecina, abandonó la Congregación, y el P. Javeleau
murió ciego en 1797 -en San Sulpicio, Mayenne- antes que
pudiera reintegrarse a la comunidad.
Las Hermanas
de la Sabiduría sufrieron igualmente grandes pruebas. Eran
335 en 1789 y tuvieron 34 víctimas durante la Revolución, de
las cuales varias murieron en la guillotina. Sin embargo 31
entraron a la Congregación en 1789, 24 en 1790, 6 en 1791, y
7 en 1792, pero luego no hubo ninguna hasta 1796.
La Compañía
de María no se renovó durante esos años. En 1799 eran
solamente 9 Padres y 2 Hermanos. En San Lorenzo había
únicamente 4 Padres: Supiot, superior general, Joubert,
Urien y Pouponnot. El P. Duchesne seguía en Brest, y los
otros se encontraban en dos parroquias: Blouin, Duguet,
Regnault y Perrin. En 1805 no serán más que 7 Padres y 2
Hermanos.
Tras la
represión de 1794, Vandea no encontró inmediatamente la
calma. Hubo brotes de violencia en varios lugares hasta
1796, y fueron necesarios varios años aún para que la
situación se normalizara completamente. A pesar de las
dificultades de la época, el P. Supiot no perdía la
confianza en el porvenir. En 1795, compró en nombre de las
Hermanas de la Sabiduría una propiedad llamada
"Haute-Grange", en la cima de una colina ubicada a un
kilómetro del poblado de San Lorenzo -en el siglo siguiente
será construida allí una casa de retiros muy frecuentada-, y
adquirió un terreno para ampliar la huerta de la comunidad
del Espíritu Santo.
Más Historia
de Francia
Los comienzos
del siglo XIX estuvieron marcados por el advenimiento del
Napoleón. Habiéndose hecho célebre gracias a varias
expediciones militares de las cuales salió vencedor, se tomó
el poder por un golpe de estado el 9 de noviembre de 1799.
Necesitaba nuevas victorias militares para mantenerse en el
poder, y su ambición lo empujaba a dominar a toda Europa. Su
prestigio era tal que el Senado le reconoció la dignidad
imperial, en 1804. El 2 de diciembre del mismo año, hizo
viajar al Papa Pío VII a París para hacerse consagrar
emperador.
Los ejércitos
imperiales conocieron la gloria durante varios años, pero
también comenzaron a tener serios reveses en España, en
1808. Luego, la campaña emprendida contra Rusia en 1812
terminó en una total derrota. Las naciones de Europa aliadas
contra Napoleón, con Inglaterra como líder, acabaron por
triunfar en 1814, y él tuvo que abdicar. Retirado a la isla
de Elba, cerca de la costa italiana, trató algunos meses más
tarde de retomar el poder. Encontró suficientes cómplices
para lograrlo y sostenerse cien días, pero la derrota de
Waterloo, en Bélgica, el 18 de junio de 1815, puso fin
definitivamente a su carrera política. Fue desterrado por
los ingleses a la isla de Santa Helena, perdida en el océano
Atlántico, y allí murió en 1821.
Napoleón no
era particularmente creyente, aunque apeló al Papa para su
coronación. En 1811, lo hizo sacar de Roma y lo exiló en
Fontainebleau, cerca de París, tras haberlo acusado de
connivencia con Inglaterra. Anexó los Estados Pontificios a
su Imperio, y proclamó rey de Roma a su hijo recién nacido
en el mismo año 1811.
A pesar de
todo había tenido la preocupación de recuperar la paz
religiosa tan comprometida por las medidas adoptadas durante
la Revolución. En 1801, firmó un Concordato con la Santa
Sede. Tal documento es de capital importancia para la
Iglesia de Francia. Fue, en efecto, el punto de partida de
una verdadera renovación. Entre otras cláusulas, concedía
amnistía a todos los sacerdotes que habían prestado el
juramento de fidelidad a la Constitución civil del Clero.
Algunos
cristianos de Vandea que habían luchado heroicamente para
defender a los sacerdotes "refractarios", se escandalizaron
hasta el punto de constituir un cisma que aún no se ha
extinguido del todo en nuestros días: se le llama: la
"Pequeña Iglesia". Las diócesis fueron enteramente
remodeladas para coincidir con la división administrativa
ordenada por la Revolución. Así el territorio de la diócesis
de La Rochelle donde había trabajado el P. de Montfort está
hoy repartido en cuatro diócesis: La Rochelle, Luzón,
Poitiers y Angers.
Después de la
caída de Napoleón en 1814, Francia volvió a ser un Reino
gobernado diez años por Luis XVIII, hermano de Luis XVI, el
rey guillotinado. De 1824 a 1830 le sucedió otro hermano del
mismo rey, con el nombre de Carlos X. Luis Felipe el
siguiente rey, no pertenecía a la familia real. Reinó 18
años -hasta 1848- y fue el último rey de Francia.
*******
CAPITULO IV -
LA RENOVACION
La alborada
de un nuevo siglo
En 1801,
cuando fue firmado el Concordato entre el Papa Pío VII y
Napoleón, la Iglesia de Francia estaba completamente
desorganizada. Sólo en 1799 había sido restaurado el culto
en la iglesia parroquial de San Lorenzo. El número de
sacerdotes estaba reducido en dos terceras partes, los
templos habían sido profanados y deteriorados, las
estructuras eclesiales habían desparecido, los conventos
vendidos, y los institutos religiosos profundamente
afectados: algunos desaparecidos.
En tal
contexto podían los misioneros de la Compañía de María
reanudar el apostolado de las misiones. Por otra parte, en
1805, eran sólo 7 y tenían suficiente trabajo como
capellanes de las Hermanas de la Sabiduría, o suplentes en
las parroquias que estaban sin sacerdote. El P. Duchesne
continuaba en Brest. En 1802, acompañó a las Hermanas que se
instalaron en Toulon, sobre el Mediterráneo.
El P. Supiot,
"viejo y enfermo", se imponía la tarea de visitar a las
Hermanas de la Sabiduría, de las cuales era superior. En
1802 fue hasta Brest, y, el 25 de marzo presidió la toma de
hábito de nueve novicias. Regresó en diciembre de 1805 y
pasó allí quince días. Había entonces 72 Hermanas en la
comunidad de Brest. En julio de 1806 convocó a todos los
misioneros a San Lorenzo. Tenía 75 años y deseaba presentar
su renuncia, no aceptada por sus cohermanos. Le dieron en
cambio un asistente en la persona del P. Duchesne que
comenzó a visitar a las Hnas. de la Sabiduría en su nombre.
En 1810 fue
liberado completamente de la administración de las dos
Congregaciones, sin perder el título de superior general,
que conservó hasta su muerte, el 12 de diciembre de 1818, a
la edad de 87 años. Con la muerte del P. Supiot se pasaba en
realidad una página de la Historia de la Congregación. En
efecto, él había entrado un año antes de la muerte de la
Madre María Luisa y del Hno. Maturino. Había conocido el
cambio de los misioneros, convertidos en sacerdotes
seculares sin votos, para que la comunidad pudiera
sobrevivir. Había vivido las páginas dolorosas de la
Revolución, y varías veces había arriesgado su propia vida.
A. GENERALATO
DEL P. DUCHESNE
El P. Yves
Duchesne, sucesor del P. Supiot
A la muerte
del P. Supiot, el P. Duchesne recibió normalmente el título
de superior general de las Congregaciones que administraba
desde 1810. Había nacido en la diócesis de San Brieuc en
1761 y entrado a la Compañía de María el 6 de enero 1785.
Pasó la Revolución en Brest. En 1814 visitó al Papa Pío VII,
prisionero de Napoleón en Fantainebleau.
A partir de
1805 se presentaron nuevos candidatos a la Congregación: 22
hasta 1820, 15 Padres y 7 Hermanos. Aunque no todos
perseveraron y a pesar de la muerte de los PP. Pouponnot y
Supiot en 1818, los efectivos de la Compañía de María en
1820 eran al menos 10 Padres y 5 Hermanos, es decir casi
tantos como en vísperas de la Revolución. Es falso pues,
afirmar -como se hace algunas veces, aplicando a 1820 los
datos estadísticos de 1805- que la Compañía de María estaba
moribunda a la muerte del P. Yves Duchesne, el 22 de
diciembre de 1820.
Reanudación
del apostolado misionero
Antes de
morir, por tanto, el P. Supiot vio a la Congregación
recuperada de las heridas causadas por la tormenta
revolucionaria. Fue testigo de la reanudación del apostolado
misionero. De hecho, los misioneros de la Comunidad del
Espíritu Santo predicaron misiones parroquiales: en 1816 en
Torfou-Marans, y en Ars-en-Ré; en 1817: San Philbert de
Bouaine, Vallet y La Flocellière; en 1818: San Juan de
Fontenay, Berbiers y La Barres-de-Monts; en 1819: San Juan
de Monts. Esta lista es por lo demás incompleta, pues no se
conocen las otras misiones de 1819, ni las de 1820, y por
una carta del P. Duchesne sabemos que antes del mes de
diciembre 1817 predicaron ocho misiones.
A partir de
1816 los misioneros comenzaron a predicar un retiro anual
para los eclesiásticos. En 1816 "participaron 63 señores
Vicarios Generales y párrocos. En 1817 el número de
sacerdotes, entre los cuales varios Señores Vicarios
Generales de Angers, fue más o menos igual. La Rochelle y
Poitiers, y también Monseñor Soyer, obispo de La Rochelle".
Las instalaciones existentes eran suficientes para acoger
tales grupos en el Espíritu Santo.
Los
misioneros no estaban de ninguna manera acomplejados por su
número reducido, como lo demuestra el estatuto N° 11 firmado
por los mismos el 8 de agosto 1817: "Aunque la Sociedad debe
tener suficiente número de miembros para hacer frente en
todo tiempo a las obligaciones esenciales del centro y a las
misiones de fuera, mantiene sin embargo la intención
primitiva de no extenderse demasiado" (Documento conservado
en los Archivos generales SMM, en Roma).
Monseñor
Coupperie, primer obispo de la Compañía de María
El P.
Coupperie, nacido en 1770 en la diócesis de Luzón, entró a
la Congregación en 1810. Dirigió el noviciado de las
Hermanas de la Sabiduría hasta 1816, fecha en que se
reiniciaron las misiones parroquiales. Era un hombre notable
en quien algunos veían un posible superior general. A
finales de 1919, el P. Duchesne lo envió a Roma a presentar
al Papa Pío VII el saludo de las dos Congregaciones que
estaban a su cargo. Había autorizado al P. Coupperie para
expresar al Papa su deseo de ir a las misiones extranjeras,
pero no pensó que así iba a perder al que hubiera podido
sucederle como superior general. En efecto, el Papa nombró
al P. Coupperie obispo de Babilonia, y al año siguiente éste
estaba en Bagdad.
La diócesis
de Babilonia comprendía Mesopotamia, la antigua Asiria,
Media y toda Persia. Monseñor Coupperie desplegó allí un
celo apostólico digno de todo elogio y murió de peste en
abril de 1831, después de acoger en su casa para cuidarlos,
a varios sacerdotes afectados por la epidemia que se apoderó
de la región.
Un hombre
providencial: Gabriel Deshayes
La Historia
de la Compañía de María está dominada en el siglo XIX por la
figura excepcional del P. Gabriel Deshayes. Después del
período revolucionario que había dejado a la Iglesia de
Francia completamente exangüe, siguió una época en la cual
todo estaba por recomenzar. El siglo XIX ha sido
extraordinariamente fecundo en el plano religioso. Conoció
proyectos grandiosos y fundaciones de toda suerte. Hombres
de estatura excepcional encontraron en él tareas
exaltadoras, en las cuales pudieron dar su plena medida, y
el P. Gabriel Deshayes fue uno de ellos.
Gabriel
Deshayes nació el 6 de diciembre de 1764 en la parroquia de
Beignon, a sólo 28 km de Montfort-sur-Meu. Beignon
pertenecía entonces a la diócesis de San Maló. Hizo parte de
la diócesis de Vannes, a partir del Concordato de 1801.
Orientado al
seminario por su párroco, Gabriel fue formado por los Padres
de la Misión o Lazaristas que dirigían los Seminarios Menor
y mayor de la diócesis de San Maló. Esto explica la
fascinación que conservó toda su vida por San Vicente de
Paúl. Ordenado diácono el 18 de septiembre de 1790, se hizo
ordenar sacerdote en la isla de Jersey, Inglaterra, por un
obispo exilado, de los que habían rehusado prestar el
juramento exigido por los revolucionarios. De regreso a su
pueblo natal, se formó en el apostolado en la
clandestinidad, arriesgando su vida.
En 1805 fue
nombrado párroco de la iglesia importante de Auray, donde
las necesidades eran múltiples y urgentes. Como buen
discípulo de San Vicente de Paúl, unía una profunda vida
interior a un realismo práctico que le hacía interesarse por
todos los problemas espirituales y materiales de sus
feligreses. Comenzó por organizar una gran misión, preludio
de las que predicaría luego en varias parroquias de los
alrededores, sin dejar de ocuparse de la suya. Su cuidado de
los pobres lo lanzó a las más imprevistas aventuras. Como
San Vicente de Paúl, sabía motivar la generosidad de los
demás, y mucho dinero pasaba por sus manos. Así, podía
prestar sin interés a comerciantes en apuros, dar trabajo a
los desocupados en la reparación de los servicios públicos,
lanzar un taller de hilados, subvencionar un centro de
beneficencia,...
Preocupado
por la educación cristiana de los niños, tenía la obsesión
de crear escuelas. Apeló a los Hermanos de San Juan Bautista
de la Salle, pero la demanda de escuelas era tan grande en
toda la región que contrató maestros benévolos y los
organizó en Congregación. Así nacieron, en 1816, los
Hermanos de la Instrucción cristiana de Ploërmel, lugar de
la casa madre, cuyo espíritu y métodos se inspiran en San
Juan Bautista de la Salle. En 1819, se asoció al P. Juan
María de la Mennais, que había iniciado una fundación
similar, y poco a poco le dejó la dirección efectiva del
conjunto.
De la misma
preocupación nació otra fundación, a partir de una escuela
abierta en 1812 en su parroquia natal, con jóvenes
benévolas. Las primeras Hermanas de la Instrucción Cristiana
de San Gildás, lugar de la casa madre, hicieron profesión el
8 de noviembre de 1820. Siguiendo su espíritu habitual de
desprendimiento, el P. Gabriel Deshayes confiaría un día la
dirección de su obra a un vicario general de Nantes, que fue
luego obispo de Angers: Monseñor Angebault.
Para remediar
la falta de sacerdotes que sufría la Iglesia de Francia
inmediatamente después de la Revolución, se preocupó por
buscar vocaciones, y a él debe la diócesis de Vannes la
organización del seminario menor de Santa Ana.
Al extremo de
la parroquia había una cartuja cuyos monjes habían sido
dispersados por la Revolución. Las construcciones habían
sido vendidas como bienes nacionales, y, gracias a la
generosidad de uno de sus feligreses, el P. Gabriel Deshayes
los adquirió en 1808, con dos canónigos de la catedral de
Vannes. Las primeras religiosas llamadas a ocupar las
instalaciones no lograron echar raíces. Como ellas no
ocupaban toda la casa, en mayo de 1801 el párroco de Auray,
que había descubierto el drama de los limitados, instaló en
la Cartuja una piadosa señorita con dos jóvenes sordomudas
para educar. Era el comienzo de la que sería su obra
predilecta. Retiradas las religiosas en 1811, llamó a las
Hijas de la Sabiduría y fue así como entró en contacto con
la Compañía de María.
B. GENERALATO
DEL P. DESHAYES
Elección del
P. Gabriel Deshayes
El P.
Duchesne, afectado por una enfermedad cardíaca que se lo
podía llevar repentinamente, tenía la preocupación de
asegurar su sucesión. La aventura del P. Coupperie lo privó
de un hombre escogido que hubiera podido dirigir con acierto
la Compañía de María y la Congregación de las Hijas de la
Sabiduría. Estando en relación con el Señor Deshayes desde
1812, apreciaba los talentos y el valor espiritual del
párroco de Auray. Entre los dos había surgido una sólida
amistad, y el P. Deshayes, siempre ávido de nuevos
proyectos, se sentía atraído a la Compañía de María, como lo
atestigua la sesión del Consejo del 17 de diciembre de 1820,
en la cual se votó su admisión en la Compañía y su promoción
a la función de Asistente. Al pedir el voto de sus
cohermanos, el P. Duchesne dijo que el P. Deshayes,
"teniendo a mi entender el deseo de unirse a nosotros desde
años atrás, hasta el punto de haber pedido permiso a
Monseñor de Bausset entonces obispo de Vannes, sólo había
sido obstaculizado por la multitud de obras buenas y de
Establecimientos públicos de que el Señor lo hizo
instrumento" (Archivos generales SMM, en Roma).
Sintiendo
próximo su fin, el P. Duchesne pensó que rendía un inmenso
servicio a la Congregación al invitar al P. Deshayes a
integrarse a ella lo más rápido posible. Le escribió a
comienzos de diciembre de 1820, pidiéndole que acudiera a
verle en San Lorenzo. El P. Deshayes ignoraba el motivo de
su visita, pero era un hombre disponible a la Providencia, y
su espiritualidad inspirada en san Vicente de Paúl lo
preparó muy bien para pasar a la del P. de Montfort. Después
de reflexionar y obtener el consentimiento de su obispo,
aceptó integrarse a los misioneros del P. de Montfort.
El 21 de
diciembre el P. Duchesne le pidió visitar en su nombre las
casas de la Sabiduría en Bretaña... y murió repentinamente
al día siguiente. Cuando el P. Deshayes vino a instalarse en
San Lorenzo a mediados de enero siguiente, hizo con sus
cohermanos un retiro de 30 días, y el 17 de enero fue
elegido superior general. A quienes puedan extrañarse de una
promoción tan rápida, hay que recordarles que la Compañía de
María, desde su aprobación real de 1773, era una simple
asociación de sacerdotes sin votos, de la cual se salía tan
fácilmente como se entraba. Si algunas veces se ha
presentado a la Compañía de María de 1820 como un grupo
completamente desconcertado, que fue a Auray a buscar un
"extraño" a la Congregación para salvarla, hay que reconocer
por fuerza que la realidad es mucho más matizada y de
ninguna manera dramática.
Desarrollo de
la comunidad
La entrada
del P. Deshayes a la Congregación elevó a ocho el número de
los sacerdotes misioneros: los PP. Blouin, Duguet, Maiguet,
Payen de la Garandrie, Ricard, Goëlleu y Hourdel. Los tres
últimos salieron: Hourdel en 1821, y los otros dos en 1822;
pero en 1823 cuatro sacerdotes de la diócesis de Luzón
llegaron a reforzar los efectivos: Marchand, Hilléreau,
Gouraud y Duret. Los Hermanos eran cuatro: Elías, antiguo
carmelita que daba clase a los niños de la parroquia,
Santiago, José y Olario
Con la
llegada del nuevo superior general, el ambiente de la casa
del Espíritu Santo cambió rápidamente. En las construcciones
existentes había sitio para alojar bastante gente, pero el
P. Deshayes las pobló de tal manera que se vio obligado a
construir y que el grupo tuvo que dividirse.
El P.
Deshayes llevó a San Lorenzo sus preocupaciones de párroco
de Auray, y como no podía vivir sin emprender algo nuevo,
las iniciativas se atropellaban durante los 20 años que él
estuvo a la cabeza de la Congregación.
Desde 1816 se
daban en San Lorenzo retiros para los eclesiásticos. Bajo el
impulso del P. Deshayes, la obra de los retiros conoció un
auge extraordinario, y se extendió igualmente a los laicos.
En septiembre de 1821 hubo un primer retiro de mujeres, y en
febrero 1822, los hombres eran tan numerosos que fue preciso
alojar algunos fuera de las instalaciones de la comunidad.
Al final faltó espacio, y en 1830 el P. Deshayes lanzó la
construcción de una imponente casa, en la propiedad de
"Haute Grange" adquirida en 1795 por el P. Supiot. A partir
de 1837, los retiros se sucedieron allí de manera casi
continua durante más de un siglo.. .hasta 1940!.
Tenía la
preocupación de las vocaciones, tanto para las dos
congregaciones que él había fundado, como para aquellas de
las cuales había sido constituido superior general. Para
reclutar misioneros, utilizaba sus buenas relaciones con los
obispos. Por lo demás, en 1823 estableció un seminario menor
en una casa cerca de la Comunidad, llamada "Casa Supiot" en
honor del antiguo superior general. La casa había sido
colegio de niñas, sería más tarde hospital militar, y
finalmente casa de los Hermanos de San Gabriel. El P.
Hilléreau aseguraba la dirección con ayuda de algunos
sacerdotes diocesanos. Esta experiencia no parecía oponerse
al artículo de la Reglas de la Compañía de María que
prohibía formalmente a los misioneros dedicarse a la
formación de los sacerdotes en los seminarios, como será el
caso en 1872, con la creación del Seminario de Haití. La
experiencia, por otra parte, sólo duró cinco o seis años.
Viaje a Roma,
en 1825
Animado por
Monseñor Soyer, obispo de Luzón, el P. Deshayes tenía la
preocupación de dar sólidos fundamentos a las dos
Congregaciones cuya responsabilidad había recibido, y
deseaba ponerlas bajo la jurisdicción inmediata del Soberano
Pontífice. Trató de obtener los testimonios y
recomendaciones del mayor número posible de obispos, y en
1825 emprendió un viaje a Roma. El objetivo era "hacer
aprobar las Reglas de la Compañía de María y de las Hermanas
de la Sabiduría y ver si había esperanzas de trabajar con
éxito en la canonización del P. de Montfort", como lo
explicaba él mismo en una carta dirigida a la Superiora de
la Sabiduría.
El viaje duró
seis meses, de enero a junio, y se hizo al ritmo de un
carruaje tirado por caballos, conducido por el Hno.
Bernardo. Los viajeros estuvieron en Roma desde mediados de
febrero hasta finales de abril. El P. Deshayes fue recibido
tres veces por el Papa León XII, y obtuvo de él un "Breve
laudatorio" para sus dos Congregaciones. Este documento,
fechado el 20 de mayo de 1825, hace grandes elogios de sus
destinatarios y destinatarias, pero en nada modificaba su
estatuto jurídico, dejándolos sometidos a la jurisdicción
del obispo de Luzón.
Respecto de
la posible beatificación el P. de Montfort, se dio el primer
paso. El P. Lamarche, prior de los dominicos de Roma, aceptó
el oficio de postulador de la causa. Ya se podía comenzar el
proceso de beatificación. El proceso diocesano se puso en
marcha en 4 de agosto de 1829. Terminó en Luzón el 10 de
julio de 1830, y los PP. Marchand e Hilléreau fueron
encargados de llevar las conclusiones a Roma. Saliendo de
San Lorenzo el 29 de septiembre, fueron recibidos por el
Papa Gregorio XVI el 3 de noviembre, y tuvieron la
oportunidad de visitar a varios cardenales. El 7 de
septiembre del año siguiente, 1831, apareció el decreto que
otorgaba al P. de Montfort el título de Venerable. Entonces
comenzó el proceso apostólico, pero el P. Deshayes no pudo
ver el fin, a pesar de que trabajó en él hasta el final de
su vida.
Un nuevo
obispo en la Compañía de María: Monseñor Hilléreau
El viaje del
los PP. Marchand e Hilléreau a Roma, en 1830, tuvo una
consecuencia imprevista. Nacido en 1796 en la diócesis de
Luzón, el P. Hilléreau había entrado a la Compañía de María
en 1822. Participó en casi todas las misiones predicadas por
los Padres de San Lorenzo de 1822 a 1830, asegurando al
mismo tiempo la dirección del seminario menor inaugurado en
1823. Al regreso de Roma, en enero de 1831, se quedó en
Toulon al servicio de las Hermanas de la Sabiduría durante
un año, mientras el P. Marchand se reintegraba a San
Lorenzo. Cuando volvió a la Comunidad, a finales de enero
1832, fue nombrado Asistente del Superior general, en
reemplazo del P. Ponsard, fallecido algunos meses antes,
pero desempeñó esa función solo por poco tiempo
En efecto, en
Roma había llamado la atención del Cardenal Prefecto de la
Propaganda, y un día fue llamado por el Papa que lo nombraba
visitador apostólico de Esmirna. A pesar de sus temores,
obedeció al llamado del Santo Padre, y salió de San Lorenzo
el 26 de junio, para ser ordenado en Roma, el 5 de agosto
siguiente, con el título de obispo de Nueva Caledonia.
Estuvo en Esmirna dos años y desempeñó su cargo con gran
discreción y bondad. Luego fue nombrado coadjutor de
Monseñor Coressi, vicario patriarcal de Constantinopla, con
el título de arzobispo de Petra. Diez meses más tarde moría
Monseñor Coressi y Monseñor Hilléreau heredó el cargo.
Monseñor
Hilléreau fue un gran obispo que respondió a todas las
necesidades de su diócesis, tanto materiales como
espirituales. Edificó varias iglesias y veló por la calidad
del alojamiento de sus sacerdotes. Escribió algunas obras
para la formación espiritual de sus diocesanos, y se
expresaba en griego y turco tan bien como en francés o
italiano. El mismo repartía limosnas a los necesitados, y
vivía en gran austeridad, a pesar de su salud muy delicada.
En 1843, con
ocasión de un viaje a Roma, volvió a Francia a visitar su
Congregación, a la cual permaneció muy unido. Hizo otra
visita a Roma en 1853, sin poder pasar por Francia a saludar
a sus cohermanos, y dos años más tarde murió víctima de una
epidemia de cólera, hacia la media noche entre el 28 de
febrero y el 1º de marzo de 1855.
El desarrollo
extraordinario del grupo de los Hermanos
El P.
Deshayes era hombre de una actividad arrolladora. Al llegar
a Vandea, tuvo la preocupación de fundar escuelas, como
había hecho en Bretaña. Dos novicios de Ploërmel quisieron
seguirlo cuando partió para San Lorenzo. El los aceptó, y
algunos meses más tarde, al regresar de un viaje a Bretaña,
trajo otros. Se habían integrado con los Hermanos de la
Compañía de María, llamados "Hermanos del Espíritu Santo",
por vivir en la casa del Espíritu Santo, como también se
hablaba de los "Padres del Espíritu Santo".
Con ocasión
de un retiro a párrocos de la región, en septiembre de 1821,
el P. Deshayes les había hecho un llamamiento para que le
enviaran jóvenes susceptibles de ser Hermanos. Al mismo
tiempo los atraía con la esperanza de tener algún día
escuelas parroquiales, como las que él había fundado en
Bretaña. La respuesta fue una afluencia tal que desde 1822,
los Hermanos del Espíritu Santo, con los postulantes, casi
llegaban a cuarenta!. La Regla de los Misioneros de la
Compañía de María ya no se adaptaba a la nueva
situación, y el P. Deshayes les había dado como "directorio"
la regla seguida por los Hermanos de Bretaña.
Además, como
para dar clase en las escuelas, necesitaban aprobación
legal, los hizo reconocer oficialmente desde 1823, con el
nombre de "Hermanos de la Instrucción cristiana del Espíritu
Santo". Con tal pragmatismo, los Hermanos del Espíritu Santo
se convertían en un grupo distinto de la Compañía de María,
conservando el mismo superior general: los votos tenían para
los Hermanos importancia primordial, mientras que los Padres
seguían sin emitirlos. Consecuencia de esta organización fue
que hasta el capítulo de 1949, los Hermanos de la Compañía
de María -llamados siempre "Hermanos del Espíritu Santo" en
San Lorenzo donde constituían un grupo importante- tuvieron
un "reglamento" especial, y por lo menos en las grandes
comunidades, siempre formaron un grupo a parte,
El número de
los Hermanos crecía a ritmo acelerado, y las escuelas se
multiplicaban. En la casa de San Lorenzo eran numerosos,
pero la vida comunitaria tenía sus problemas. De hecho, aún
si ocasionalmente todos hacían trabajos materiales, en
concreto había dos categorías: los que daban clase y los que
no; en otras palabras: los manuales y los enseñantes, o,
según términos usados por ellos mismos: los "Hermanos de
trabajo" y los "Hermanos de clase". La atención entre ellos
aumentaba en ausencia del P. Deshayes, y con el tiempo se
reveló la necesidad de separar las dos categorías. En 1835
los Hermanos enseñantes, con algunos manuales, fueron
instalados en la casa en que se había hecho el intento de
seminario menor en 1823. La casa se llamó "San Gabriel" en
honor del P. Deshayes, y a partir de ese día, para
distinguir los dos grupos, se habló de los "Hermanos del
Espíritu Santo" y de los "Hermanos de San Gabriel".
El P.
Deshayes era el superior único de todo el mundo, pero hacia
el fin de su vida llegó a la convicción de que era preciso
dar a los Hermanos enseñantes de San Gabriel plena autonomía
y que la dirección debía ser confiada a uno de ellos. A
pesar de la nostalgia de algunos que hubieran deseado poner
la Congregación bajo la tutela del Superior de la Compañía
de María, los "Hermanos de la Instrucción Cristiana de San
Gabriel" adquirieron su total independencia a la muerte del
P. Deshayes. El primer superior general fue el Hermano
Agustín, uno de los dos venidos de Bretaña en 1821.
Diversas
dificultades
El P.
Deshayes fue víctima en 1829 de una enfermedad grave, cuya
naturaleza es imposible saber, ya que la Historia no la
menciona, sin tener los síntomas: él tenía 64 años. Se
recuperó y su actividad posterior no parece haber sido
afectada.
En 1830, la
Iglesia de Francia conoció una nueva borrasca. En el mes de
julio, un motín popular obligó al rey Carlos X a abdicar y a
salir de Francia. Un noble, extraño a la familia real y
adicto a la nuevas ideas, se convirtió en el nuevo rey, con
el nombre de Luis Felipe. El nuevo régimen manifestó una
verdadera hostilidad a la religión. Hubo pesquisas en las
dos casas madres de los Padres y de las Hermanas; las
misiones parroquiales se hicieron imposibles durante algunos
años -se reiniciaron en 1836-, algunas escuelas de los
Hermanos fueron cerradas, y su noviciado estuvo a punto de
interrumpirse por falta de candidatos.
Recuperación
de los votos
En fidelidad
al P. de Montfort, y para dar más estabilidad a la
Congregación, el P. Deshayes acariciaba el proyecto de
recuperar los votos para sus misioneros. El consejo del 5 de
marzo de 1832 aprobó este cambio, previendo que quienes
rehusaran emitir votos continuarían haciendo parte de la
Congregación: "seguirán gozando de todos los derechos que
han tenido hasta ahora y de todos los derechos que tendrán
quienes emitan votos"...
Se recomienda
al mismo tiempo a todos los miembros de la Congregación
evitar cuidadosamente hablar de la diferencia de sus
compromisos, para no perturbar nunca la paz, ni la unión de
corazón, ni la perfecta armonía que deben reinar entre los
miembros de una y misma familia" (Archivos generales SMM, en
Roma). En cambio para los nuevos candidatos serían
obligatorios los votos. La puesta en práctica se hizo el 5
de febrero de 1835. Nueve aceptaron los votos. De los cinco
que rehusaron, sólo uno perseveró en la Congregación: los
demás se retiraron: tres en 1835, y el último en 1836.
Fundaciones
varias
En la tarde
de su vida, el P. Deshayes aún no había agotado su carisma
de fundador. Una nueva Congregación nacería en 1840: los
Hermanos Agricultores de San Francisco de Asís. Su finalidad
era dar formación técnica agrícola a los jóvenes pobres y a
los huérfanos, a la vez que formación cristiana sólida. Los
primeros jóvenes destinados a dicha obra, tras diversas
peripecias, fueron a Saintonge, cerca de Pons, diócesis de
La Rochelle. Esta Congregación tuvo su apogeo en la década
de 1860, con un centenar de miembros. Comenzó a declinar en
1870, y en 1899 los Hermanos eran apenas 17, re-partidos en
tres casas. Luego su unieron a los Salesianos de San Juan
Bosco y sus tres casas fueron cerradas en 1903, por la ley
de la República francesa contraria a las Congregaciones
religiosas.
El P.
Deshayes contribuyó igualmente al nacimiento de varias otras
Congregaciones. Es digno de mención un caso particular. En
1833, el sacerdote Ormières de la diócesis de Carcasona,
abrió una escuela en su pueblo natal. Habiendo oído hablar
del P. Deshayes, le escribió para pedirle Hermanos y
Hermanas para sus proyectos escolares. El P. Deshayes le
envió tres Hermanas de San Gildás, que fueron el punto de
partida de la Congregación de las "Hermanas del Santo
Angel", todavía floreciente de modo particular en España.
Una vida bien
empleada
Para esbozar
toda la actividad del P. Deshayes, hay que tener bien
presente que a pesar de las preocupaciones de todas sus
fundaciones, predicaba misiones y retiros. Los archivos de
la casa general de los Padres Monfortianos conservan una
importante colección de sermones suyos. La dirección de la
Congregación de la Sabiduría le exigía mucho tiempo, y por
la dispersión de sus casas, tenía que hacer numerosos
viajes. Durante su superiorato, la Sabiduría pasó de 778 a
1668 religiosas, incluidas las novicias. Por su modesto
desarrollo, la dirección de la Compañía de María sólo era
parte pequeña de su actividad. De 1821 a 1848, acogió a 31
Padres y 49 Hermanos -no todos perseveraron- y a la muerte
del P. Deshayes, contaba 26 Padres -de los cuales 18
dedicados exclusivamente a las misiones- y 42 Hermanos.
Cuando murió,
el 28 de diciembre de 1841, dejó una obra inmensa. Había
marcado de manera durable tanto a la diócesis de Vannes como
a las Congregaciones de las cuales se ocupó. El "niño mimado
de la Providencia", como se definió él mismo, se formó una
reputación de sacerdote santo, y su tumba, ubicada en un
extremo del cementerio de la Sabiduría, en San Lorenzo, fue
visitada por largo tiempo como lugar de peregrinación... y
luego, poco a poco, ha sido casi abandonada. ¿Lo previó...,
o lo deseaba... él que un día había dicho: "los fundadores
son rápidamente olvidados"? El Abate Laveau, biógrafo del P.
Deshayes, recogió de sus propios labios, en el atardecer de
su vida, esta frase: "¡Estoy muy aterrado de lo poco que he
hecho!"
C. GENERALATO
DEL P. DALIN
Elección del
P. Luis José Dalin
El P. Luis
José Dalin nació en Herbiers, diócesis de Luzón, a poca
distancia de San Lorenzo, el 3 de diciembre de 1800. Antes
de entrar a la Compañía de María, había sido profesor en el
Seminario mayor de Luzón y luego superior del Seminario
Menor. Hizo su profesión religiosa el 6 de enero de 1837.
A la muerte
del P. Deshayes se reunió el capítulo el 12 de enero de
1842. Dos días después, de los 18 sufragios expresados, 16
designaron al P. Dalin como sucesor del P. Deshayes. El
obispo de Luzón aprobó su elección el 17 de enero. Al día
siguiente le fue dado como Asistente el P. Marchand;
consejeros los PP. Dubordieu y Denis, y procurador o
ecónomo, el P. Doublet.
Descubrimiento del Tratado de la Verdadera Devoción
Cuando en
1841 los escritos del P. de Montfort fueron llevados a Roma
para el proceso de beatificación, faltaba uno esencial, que
durante largos años había permanecido escondido "en las
tinieblas y el silencio de un cofre" (VD 114).
Probablemente
después de la requisa hecha a la casa de los misioneros el 6
de junio de 1791 -como se dijo antes-, se tomó la decisión
de esconder los documentos más preciosos. Pasada la tormenta
revolucionaria, la paz sólo volvió de manera real con el
Concordato de 1801. Se ignora en qué fecha fueron sacados de
su escondite los documentos enterrados, pero el hecho es que
el manuscrito del Tratado "fue confundido con un gran número
de libros mutilados" y puesto en un rincón poco consultado
de la biblioteca.
En el siglo
anterior los Mulotinos, que se dirigían a oyentes entre los
cuales los eran numerosos los iletrados, nunca habían
pensado hacer imprimir los manuscritos del P. de Montfort.
Sin embargo, sabemos por numerosos testimonios que
practicaban y predicaban la verdadera devoción a María. El
manuscrito del Secreto de María no había sufrido la
suerte del Tratado, y en 1839 el P. Dalin había publicado
importantes extractos del mismo al final de su biografía de
Montfort.
En 1842, el
P. Pedro Rautureau, que ingresó a la Congregación en 1836,
predicaba misiones como sus cohermanos, y se ocupaba de la
biblioteca cuando estaba en casa. Quizá algunas veces, sin
fijarse había cambiado de sitio el manuscrito de Montfort,
pero el 22 de abril quiso hojearlo. Leyó unas páginas y
reconoció como propias del P. de Montfort varias ideas
desarrolladas en su alocución A los Asociados de la
Compañía de María. El P. Dalin, quien había consultado
con frecuencia los manuscritos de Montfort, reconoció
inmediatamente su escritura. Fue grande la alegría en San
Lorenzo, y las crónicas se complacen en relatar la
presentación entusiasta hecha por el P. Dalin el mismo día a
las Hermanas de la Sabiduría.
La primera
edición en 1843, fue obra de un director del Seminario de
Luzón, que haría profesión religiosa en la Compañía de María
el 6 de octubre de 1851: el P. Grillard. El tituló la obra
"Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen,
por el venerable siervo de Dios, Luis María Grignion de
Montfort, misionero apostólico, fundador de la Congregación
de María, de San Lorenzo, y de la de las Hijas de la
Sabiduría". El título no es quizá el mejor, pero fue el que
pasó a la posteridad.
Desarrollo de
la Congregación
Con el P.
Dalin la Congregación recibió un fuerte impulso. Dado que en
su tiempo la instrucción en los campos era aún rudimentaria,
muchos jóvenes que pensaban en la vida religiosa no podían
pretender el sacerdocio por falta de preparación
intelectual. Esto explica la abundancia de las vocaciones de
los Hermanos. El P. Dalin tuvo que ampliar la casa para
acogerlos. Se construyó todo un conjunto en el espacio
comprendido entre la casa de los misioneros y la calle; y
una capilla a la medida de las nuevas necesidades,
consagrada el 25 de octubre de 1855, iba a embellecer el
cuadrilátero formado por las construcciones. En adelante
había sitio pata formar los candidatos a la vida religiosa,
y para acoger a los huéspedes de los retiros.
Además, el P.
Dalin se preocupaba por conseguir sacerdotes misioneros para
la Congregación que estaba a su cargo, y como antiguo
director de seminario fundó en 1850 un pequeño "colegio
apostólico" -en realidad un escolasticado-, en el cual desde
el primer año los jóvenes fueron 18.
En 1855, la
Compañía de María superó una etapa importante de su
historia. Hasta entonces, no había más que una casa, la de
San Lorenzo, se tomó la decisión de extenderse a otros tres
lugares bien distantes: Angulema, al sur-oeste; Orleáns,
centro; y Tourcoing, al norte, cerca de la frontera belga.
Las tres casas hoy están cerradas por la recesión que golpeó
a la Provincia de Francia, pero duraron más de un siglo.
Centenares de misiones parroquiales fueron predicadas en
esas diversas regiones por los misioneros del P. de
Montfort.
Viajes a Roma
El P. Dalin
hizo dos viajes a Roma, uno en 1843 y el otro en 1853, a fin
de acelerar el proceso de beatificación del Fundador y de
obtener la aprobación de los Institutos de los cuales él era
superior: los misioneros de la Compañía de María y las Hijas
de la Sabiduría. Los escritos del P. de Montfort fueron
aprobados por la Congregación de Ritos el 7 de mayo de 1853,
y pocos días después, el 12 de mayo, el Papa Pío IX confirmó
el rescripto de la S. Congregación.
Desde su
aprobación por el Papa el 14 de noviembre de 1853, no se
hablará más de la "Comunidad del Espíritu Santo",
denominación adoptada por la Congregación al comienzo de su
historia. El P. Dalin sometió a la aprobación pontificia las
Reglas de los sacerdotes misioneros de la Compañía de
María del Fundador, y como Compañía de María
prosiguió la historia de la Congregación.
Al regreso de
su segundo viaje, siguiendo el ejemplo del P. de Montfort y
del P. Deshayes, el P. Dalin hizo una peregrinación a
Loreto. Depositó a los pies de Nuestra Señora de Loreto un
corazón de plata dorada, que contenía el nombre de todas las
Hijas de la Sabiduría: 939 Hermanas, 120 novicias y 32
postulantes; y de todos los miembros de la Compañía de
María: 28 sacerdotes, 20 novicios y estudiantes, 81 Hermanos
y 6 novicios Hermanos.
Crisis
interna
Cuando la
Compañía de María parecía gozar de perfecta salud, con
magníficas perspectivas de futuro, de nuevo el Enemigo vino
a sembrar la cizaña. El P. Dalin, elegido superior general
casi por unanimidad en 1842, se había convertido en signo de
contradicción para su comunidad: Tenía partidarios sinceros
y severos opositores entre sus cohermanos.
Por razón de
su cargo mismo, y del número importante de las Hijas de la
Sabiduría, consagraba mucho tiempo a su formación. De
temperamento muy comunicativo y espontáneo, no daba excesiva
atención a las minuciosas reglas de prudencia que las
conveniencias eclesiásticas imponían entonces a los
sacerdotes en sus relaciones con el mundo femenino. Algunos
cohermanos comenzaron a reprocharle lo que les parecía una
familiaridad excesiva con las hermanas jóvenes. Como sucede
a veces en ambientes cerrados en que mínimos detalles pueden
tomar importancia desmesurada, la comunidad se encontró
profundamente dividida. Unos lo criticaban muy severamente y
otros lo defendían con vehemencia.
El malestar
creció hasta el punto de que los opositores pidieron su
renuncia, y la cuestión fue sometida a las autoridades
romanas, luego de ser comentada en varios medios
eclesiásticos de Francia. Roma nombró un visitador
apostólico designando para tal función al obispo de Nantes.
Por el bien
de la paz, el P. Dalin presentó su renuncia como superior
general, y el visitador apostólico convocó un capítulo para
proceder a la elección de un nuevo superior. El 24 de abril
de 1856, fue elegido el P. Francisco Denis, pero eso no fue
suficiente para recuperar la paz. En efecto, la presencia en
la comunidad del antiguo superior general dejaba intacto el
problema, y varios de sus defensores contestaban la validez
de la elección del sucesor. El P. Dalin, hombre recto en
favor de la paz, salió de la Congregación y se retiró a casa
de uno de sus amigos párroco de La Flocellière, en los
alrededores de San Lorenzo. Dos años más tarde, al morir el
párroco, le sucedió el P. Dalin y permaneció allí hasta su
muerte, acaecida el 9 de mayo de 1884.
El P. Dalin
marcó profundamente la parroquia de La Flocellière, y su
recuerdo en ella está todavía vivo. De él se conserva la
imagen de un hombre fuera de lo común, de grandes cualidades
sacerdotales y pleno de iniciativas apostólicas.
La crisis que
conoció la Congregación en esos años fue seguramente la más
grave de todas.Constituyó el episodio más doloroso de su
Historia.
D.
GENERALATO DEL P. DENIS
El P.
Francisco Denis, nacido el 30 de noviembre de 1807, entró a
la Compañía de María a los 26 años, poco después de su
ordenación sacerdotal. Tenía 48 cuando fue elegido superior
general y permaneció 21 en el cargo, hasta su muerte el 8 de
febrero de 1877. Desplegó una intensa actividad, y con la
apertura a la misión exterior marca una nueva etapa en la
Historia de la Congregación.
Inútil decir
que el comienzo de su gobierno fue un tanto difícil. De
hecho, la comunidad salía complemente destrozada de la
prueba que había sufrido. Los partidarios del P. Dalin
abandonaron la Congregación. El P. Quérard -autor de una
biografía del P. de Montfort- dice que se retiraron unos
quince sin que tuvieran dificultad alguna para encontrar
sitio en otras Congregaciones o en sus diócesis respectivas.
El mismo regresó a su diócesis de Rennes. También fue el fin
del "colegio apostólico", proyecto tan ligado a la
personalidad del P. Dalin que todos los estudiantes se
retiraron: 20 del segundo grado -comenzada ya la teología-
y 15 del primero.
Más Historia
de Francia
El siglo XIX
fue el comienzo de la era industrial, y en 1848 hubo en
Francia una revolución de tipo obrero. Sus consecuencias
políticas fueron la instauración de la República, la segunda
en la historia del país. La Monarquía, que había sido
restaurada después de la revolución burguesa de 1830, fue
definitivamente abolida.
El Presidente
de la República que pertenecía a la familia Bonaparte,
organizó un golpe de estado en 1851, y se proclamó emperador
el 2 de diciembre de 1852, con el nombre de Napoleón III.
Soñando someter a Europa llevó el país a varias guerras,
entre las cuales una contra Prusia, declarada el 19 de julio
de 1870, que terminó en desastre militar el 2 de septiembre
siguiente. La Asamblea Nacional lo obligó a abdicar y
proclamó la Tercera República.
Esta
República, adoptada por un solo voto de mayoría, es el
régimen que más tiempo ha durado en la Historia moderna de
Francia: hasta 1940. Fue muy anticlerical hasta la primera
guerra mundial: 1914-1918. Las persecuciones contra los
religiosos tuvieron importantes consecuencias para las
Congregaciones.
La guerra
comenzada por Napoleón III en julio de 1870 llevó a la
conclusión prematura del Concilio Vaticano, comenzado el 8
de diciembre de 1869.
Marcha
adelante
En el
gobierno del P. Denis, la Compañía de María, a pesar de la
sacudida de 1857, continuó su desarrollo. En 1862 tenía 35
sacerdotes: 19 de votos perpetuos, 14 de votos temporales, y
2 novicios. Fuera del tiempo necesario para la
administración de la Congregación y del consagrado a la
capellanía y a la formación de las Hermanas de la Sabiduría,
la ocupación habitual y única de todos los sacerdotes era la
predicación de las misiones parroquiales y de los retiros,
Bajo el
impulso del P. Denis se construyó la capilla grande de las
Hermanas de la Sabiduría en San Lorenzo. Gracias a la estima
de la Emperatriz Eugenia, las Hermanas habían sido
generosamente indemnizadas por las casas y terrenos de que
las habían expropiado para la apertura de los grandes
bulevares de París. La nueva capilla fue bendecida el 8 de
abril de 1861.
En 1865, a
petición del obispo de Nantes, se abrió una nueva casa en
Pontchâteau. Como las demás, comprendía un equipo de
predicadores, pero también los misioneros se encargaron del
Calvario que el P. de Montfort había deseado allí. Los
primeros llegaron a Pontchâteau el 19 de agosto: 4 Padres y
4 Hermanos. Gracias a ellos y a sus sucesores, el parque se
convirtió en lo que es hoy con numerosos monumentos y
estatuas. Entre los que contribuyeron a la obra hay que
mencionar al P. Santiago Barré, quien, a fines del siglo
pasado, suscitó entre los pobladores de los alrededores un
entusiasmo digno del que había provocado el P. de Montfort
de 1709 a 1711. Estuvo encargado de las peregrinaciones
durante 25 años, de 1888 a 1913, y le dio al parque su
aspecto definitivo. Algunos monumentos fueron agregados por
el P. Enrique Daniel, 1928 a 1943, sin modificar el
conjunto.
La guerra
fracoprusiana de 1870 fue una prueba para la Congregación
que en ella tuvo seis víctimas entre los 28 Hermanos
alistados como los demás jóvenes de la época en el ejército
de Napoleón III. Los clérigos estaban exentos por entonces
de las obligaciones militares.
El Concilio
Vaticano I, que duró del 8 de diciembre 1869 al 18 de julio
1870, definió la infalibilidad pontificia. En aquella época
en que iba a realizarse la unidad de Italia a expensas de
los Estados Pontificios, Francia envió soldados a luchar en
favor del Papado. Los Padres de la Compañía de María estaban
completamente de lado de los "Ultramontanos", como lo prueba
su amistad con el escritor y periodista Luis Veuillot, líder
del movimiento. A diferencia de los "galicanos" que
fácilmente se distanciaban de Roma, los "ultramontanos" eran
partidarios incondicionales del Papado.
*******
CAPITULO V -
LA EXPANSION INTERNACIONAL
A.
CONTINUACION DEL GENERALATO DEL P. DENIS
Apertura a la
misión exterior
En las
Constituciones, "debidamente autorizadas y solemnemente
declaradas exentas de todo reproche", en el momento de la
aprobación de la Congregación obtenida por el P. Dalin en
1853, la posibilidad para los misioneros de la Compañía de
María de trabajar en las misiones lejanas había sido
explícitamente prevista: "Los Padres de la Compañía estarán
siempre listos a llevar la antorcha del Evangelio a
cualquier parte donde los llame la obediencia, en Francia, o
en las tierras lejas e infieles, si el Vicario de Jesucristo
les expresa el deseo".
La petición
llegó de una sociedad de sacerdotes fundada en Bretaña para
el servicio de Haití, llamada "Padres de Santiago".
En 1863 había
hecho una primera petición a la Compañía de María Monseñor
Poirier, obispo de Roseau, en las Antillas Menores, pero no
había tenido respuesta. El 1º de marzo de 1871, Monseñor
Guilloux, arzobispo de Puerto Príncipe, Haití, acababa de
recibir la ordenación episcopal en Ploërmel, su pueblito
natal, y, antes de regresar a su misión, se dedicó a buscar
misioneros para su diócesis. Recibió respuesta negativa del
P. Denis, pero el 4 de julio siguiente, renovó su petición
en San Lorenzo.
Entre tanto
el P. Denis había consultado al obispo de Luzón, quien se
mostró favorable a la perspectiva, tanto que a comienzos de
ese mes de julio la Compañía de María aceptó su primera
misión "ad gentes". El Miércoles 30 de agosto, llegaban a
Puerto Príncipe los tres primeros misioneros de San Lorenzo:
el P. Rupin, de 64 años, superior del equipo, y los PP.
Boulanger y Lamourique, de 44 y 38 años respectivamente. El
Obispo les confió el distrito de Port-de-Paix.
Era necesario
que las Constituciones estuvieran explícitamente de acuerdo
con la opción hecha. El 10 de julio de 1871 se dirigió una
solicitud, apoyada por Monseñor Guilloux, a la Congregación
para los Obispos y los Regulares. El 3 de febrero de 1872,
la Congregación de Propaganda Fide declaró no haber ninguna
dificultad para incorporar en las Constituciones de la
Compañía de María un artículo nuevo autorizando su
consagración a las misiones extranjeras.
Los PP. Rupin
y Boulanger murieron con dos días de intervalo, el 9 y 11 de
octubre de 1876. El P. Deslandes, llegado en 1872, murió el
2 de febrero de 1877. El P. Nerrières, llegado en 1873,
murió el 12 de octubre siguiente. De los cinco Hermanos
enviados a Haití: Joaquín, Doroteo, Dámaso, María de los
Angeles e Hilarión, dos murieron igualmente. A pesar de
tantas pruebas, la misión sobrevivió, pues en 1877 llegaron
en refuerzo seis Padres y dos Hermanos. Otros se sumaron a
ellos en los años siguientes,pero a causa de los decesos y
regresos a Francia por razón de salud, el equipo sólo
contaba con 4 Padres y 3 Hermanos en 1888...; y 6 Padres y 2
Hermanos en 1904.
Como sería
luego habitual en las nuevas fundaciones de la Compañía de
María, las Hermanas de la Sabiduría llegaron a Haití en
1875, siguiendo los pasos de los Padres. En 1876 dirigían
las escuelas en todos los puestos sostenidos por los
misioneros del P. de Montfort.
Un seminario
para la misión de Haití
La nueva
orientación de la Compañía de María conllevaría otros
cambios importantes. En efecto, en junio de 1872 el abate
Hillion, vicario general de Monseñor Guilloux, llegaba a
Francia para buscar un instituto que aceptase dirigir el
seminario encargado de preparar sacerdotes para la misión de
Haití, en reemplazo de los Padres del Espíritu Santo que se
retiraban. Podía llamar a varias puertas, pero la
preferencia de Monseñor Guilloux iba muy claramente hacia la
Congregación del P. de Montfort.
El abate
Hillion se dirigió en primer lugar al P. Denis. Este,
después de consultar al capítulo general, respondió que era
imposible, ya que las Reglas de la Compañía de María
prohibían formalmente a sus misioneros dedicarse a la
formación de sacerdotes en seminarios.
Ante la
insistencia del vicario general de Puerto Príncipe, terminó
diciendo que no se opondría, si Monseñor Guilloux obtenía de
la Santa Sede la dispensa de ese punto de la Regla. Lo que
parecía imposible se convirtió de pronto en un proyecto a
ejecutar: la dispensa fue obtenida en septiembre del mismo
año, de tal manera que el Seminario de Haití abrió sus
puertas sin tardar en el Calvario de Pontchâteau, bajo la
dirección de los Padres de la Compañía de María.
Fundación de
una "escuela apostólica"
En aquellos
tiempos la enseñanza secundaria no estaba al alcance de los
hijos de las clases modestas, y, casi en todas partes, la
fundación de los seminarios "mayores" tenía como complemento
un seminario "menor". El seminario de Haití adoptaría la
misma táctica, y desde 1874 se trató de abrir un
establecimiento de enseñanza secundaria que se llamaría
"escuela apostólica".
En 1875
Monseñor Guilloux estaba en Francia. Ante la dificultad de
encontrar sacerdotes para su misión, puso todas sus
esperanzas en su Seminario, y deseaba la fundación de una
escuela apostólica. Pensó naturalmente establecerla en
Pontchâteau y pidió a los Padres de la Compañía de María que
se encargaran de ella.
Dado el paso
que permitía a los misioneros ser profesores de seminario,
el P. Denis no tuvo objeción mayor. Sin embargo puso una
condición para aceptar: pidió que el seminario menor de
Haití fuera también el de la Compañía de María. Monseñor
Guilloux aceptó de buen grado que la Compañía de María
pudiera tener en el establecimiento a su cargo jóvenes que
hicieran parte de él, y así nació la primera escuela
apostólica de la Congregación.
Estado de la
Congregación al final del gobierno del P. Denis
Desde
entonces la actividad de los misioneros de la Compañía de
María tendía a diversificarse. La predicación de las
misiones parroquiales y de los retiros era siempre la
actividad primordial de las fuerzas vivas, repartidas en
cinco casas: San Lorenzo, Tourcoing, Orleáns, Angulema y
Pontchâteau, pero había que responder también a las
necesidades de la misión exterior donde los Padres ejercían
un apostolado parroquial. Igualmente había que asegurar la
enseñanza en el seminario mayor y en la escuela apostólica.
En fin, la capellanía tradicional de las Hermanas de la
Sabiduría, asegurada desde el comienzo por el P. Le Vallois,
en 1772, continuaba sin interrupción.
En 1875 la
Compañía de María tenía 54 sacerdotes: 32 de votos perpetuos
y 22 de votos anuales, y 113 Hermanos: 87 perpetuos y 26
anuales; en total 167 miembros. Los novicios eran 2
sacerdotes y 13 Hermanos. Gran número de Hermanos, llamados
entonces "coadjutores", trabajaban en San Lorenzo por cuenta
de la Comunidad de la Sabiduría. Antes de entrar a la
Congregación eran agricultores o artesanos en diversas
ramas, y su trabajo como religiosos permitía a las
Comunidades vivir prácticamente en autosuficiencia
económica.
En 1877 la
salud del P. Denis dejaba que desear. Con frecuencia sufría
ataques de parálisis, y el 2 de febrero, luego de presidir
la ceremonia de profesión de las Hermanas de la Sabiduría,
sintió una fatiga anormal. Tuvo que acostarse y con
frecuencia se sentía sofocado. Después de pocos días de
enfermedad, murió el 8 de febrero. Bajo su gobierno la
Congregación había vivido una página importante de su
Historia, con nuevas orientaciones que la marcarían de
manera duradera.
B.
GENERALATO DEL P. GUYOT
Nuevas
fundaciones en Francia
En el
capítulo celebrado en San Lorenzo después de la muerte del
P. Denis, fue elegido superior general el P. Basilio María
Guyot, el 21 de junio de 1877. Había nacido en Josselin,
diócesis de Vannes, el 23 de julio de 1828. Luego de enseñar
teología en el Seminario de Vannes, entró al noviciado de la
Compañía de María en 1862. El capítulo decidió que, en
adelante el superior general, no fuera designado de por
vida, sino elegido para un mandato limitado de 12 años, con
posibilidad de reelección. Elegido pues por 12 años, el P.
Guyot dirigió la Congregación sólo 9, hasta su muerte
acaecida el 26 de diciembre de 1886, a la edad de 58 años.
Durante el
generalato del P. Guyot se realizaron solamente dos
fundaciones en Francia: Le Marrillais y la parroquia de San
Lorenzo, en 1878. Conviene hacer mención de ellas, pues son
una nueva ampliación del campo de actividades misioneras de
la Compañía de María.
El obispo de
Angers, con el deseo de dar nueva vida a los lugares de
peregrinación de su diócesis, pidió a los Padres de San
Lorenzo encargarse de la capilla de Nuestra Señora de
Marillais, santuario cuyo origen se remonta al siglo V: la
Virgen se hubiera aparecido entonces a San Maurille,
discípulo de San Martín y obispo de Angers. La Congregación
aceptó por primera vez esta clase de trabajo, sin olvidar
con todo la misión itinerante, pues en cuanto posible
siempre hubo un equipo de predicadores en Nuestra Señora de
Marillais.
Hasta 1878,
los sacerdotes encargados de la parroquia de San Lorenzo,
junto al río Sèvre, eran de la diócesis de Luzón. Desde la
fundación de Haití, el ministerio parroquial hacía parte del
trabajo apostólico de los misioneros, estando esto
justificado por las estructuras mismas de los territorios de
misión. La aceptación de la parroquia de San Lorenzo fue sin
duda comprendida como una excepción a la norma reconocida
por todos, pero constituía, sin embargo, una novedad, que
justificaría luego numerosas excepciones.
Persecución
religiosa
La República
francesa proclamada en 1870 tomó rápidamente un sesgo muy
anticlerical. El Concordato firmado con el Papa Pío VII en
1801 continuaba en vigor, pero los ministros republicanos
soportaban cada vez peor la influencia de la Iglesia sobre
la juventud, ya que la mayoría de los establecimientos
escolares estaban en manos de los Religiosos. Este fue el
origen de la lucha encarnizada contra las Congregaciones de
que fue teatro Francia por varias décadas, hasta la revisión
del Concordato y la supresión pura y simple de los
religiosos, obligados entonces a exilarse. Como para otras
Congregaciones nacidas en Francia, ésta fue para la Compañía
de María la gracia providencial que permitió su desarrollo
internacional.
La primera
medida de represión contra las Congregaciones apareció el 29
de marzo de 1880. Los jesuitas fueron expulsados, a las
otras Congregaciones se les impuso la obligación de hacer
una petición de autorización, y pronto se instauró un
control severo de sus bienes. Además, se prohibió la
enseñanza a los religiosos que no tenían autorización
expresa del gobierno. Siguieron otras leyes que, desdeñando
el Concordato, imponían a los clérigos la obligación del
servicio militar, suprimían las capellanías en el ejército y
en los hospitales, instituían la legalización del divorcio,
etc.
La Compañía
de María -¡que no gozaba de particular estima de parte del
régimen republicano en vigor!- figura entre las víctimas de
las nuevas leyes. Los Padres fueron expulsados
provisionalmente de sus casas. En San Lorenzo fueron
autorizados a permanecer en la casa del Espíritu Santo cinco
Padres, a título de capellanes de la Sabiduría. Los
encargados de la parroquia de San Lorenzo no tuvieron ningún
problema, pues las medidas gubernamentales no tocaban para
nada al clero de las parroquias. Los Hermanos llamados
"coadjutores" tampoco fueron molestados, al menos los de San
Lorenzo, considerados como empleados de la Sabiduría.
Por razón de
su trabajo en los hospitales, y especialmente en los
hospitales militares, las Hermanas de la Sabiduría eran
reconocidas y apreciadas por las autoridades republicanas.
Tuvieron sin embargo, las mismas dificultades que las
Congregaciones enseñantes, hasta 1904 por ley del 7 de
julio, que prohibía a los Religiosos enseñar. Como rehusaron
la "secularización", o abandono de los votos y del hábito
religioso, debieron abandonar numerosas escuelas
parroquiales, a diferencia de otros Religiosos y Religiosas
que dieron prioridad al servicio de las poblaciones
cristianas, manteniendo sus escuelas.. .pero a costa del
personal de sus congregaciones.!
Medidas
adoptadas por las autoridades de la Congregación
La
supervivencia en Francia de la Compañía de María se tornaba
problemática. El Consejo General se vio obligado a estudiar
las medidas necesarias, y la Congregación iba a escribir una
nueva página de su Historia.
El 24 de
julio de 1881, se tomó una decisión importante: trasladar el
noviciado a Holanda. Los novicios y sus formadores
encontraron asilo en Schimmert, en medio de una población
extremamente acogedora y benévola. Los archivos del
noviciado de la provincia de Francia conservan aún las
crónicas conmovedoras de esta aventura, escritas día a día.
Todo para los exilados era nuevo, y la lengua del país de
acogida les era completamente desconocida. El traslado se
realizó de manera totalmente imprevista, con una confianza
tal en la Providencia que es de admirar. Hay que notar
igualmente que las nuevas condiciones no tuvieron la mínima
influencia negativa en las vocaciones francesas: los
aspirantes a la vida monfortiana no dudaban en exilarse.
El 28 de
septiembre del mismo año, se comenzó a solucionar el
problema de los bienes pertenecientes a la Congregación. Las
casas de Tourcoing y Orleáns fueron vendidas a sociedades
constituidas por amigos de la Compañía de María. Cuando, 20
años más tarde, en 1901, una ley estableció las condiciones
de funcionamiento de las asociaciones sin ánimo de lucro,
las asociaciones propietarias de los bienes de los
Monfortianos en Francia siguieron funcionando al amparo de
tal ley... incluso hasta hoy, pues la Compañía de María
todavía no tiene existencia legal en el país donde nació.
El 22 de
octubre siguiente, el superior general recibió una carta de
un Sulpiciano amigo de la Congregación: el P. Rousselot. El
había sido vicario de Cholet, a 12 km de San Lorenzo, y en
1881 era párroco de Nuestra Señora de Montreal, por más de
dos siglos, única parroquia de la ciudad. Estando al
corriente de las dificultades de los Religiosos en Francia,
proponía a la Compañía de María una fundación en Canadá, de
la cual él era promotor. No se trataba de una obra
particularmente conforme con el apostolado monfortiano,
pero, para escapar a la República francesa anticlerical, el
Consejo General aceptó la fundación de un orfelinato
agrícola en una región aislada, muy distante de Montreal.
Hay que decir que el obispo de Montreal no quería nuevas
comunidades en su diócesis, y el Señor Rousselot había
comprado las tierras en la diócesis de Ottawa. El lugar de
la futura implantación monfortiana se encontraba en la
provincia de Quebec, pero pertenecía a la diócesis de
Ottawa.
Desarrollo de
los Monfortianos fuera de Francia
En mayo 1883,
el P. Fleurance y el Hno. Hugolino, partieron a visitar los
lugares de la futura fundación. Aceptaron con alguna
vacilación. El capítulo general celebrado en San Lorenzo del
25 al 27 de julio de 1883, confirmó la aceptación de la
fundación en Canadá. Desde el mes de agosto siguiente llegó
el refuerzo del P. Armando Luis Bouchet y los Hnos. Daniel,
Isaías, Arsenio, Eugenio y Lázaro, que debían formar a los
huérfanos en oficios manuales. Los primeros internos fueron
recibidos en septiembre. Hoy de lo que fue el punto de
partida de la provincia de Canadá, sólo quedan las tumbas de
algunos de los pioneros y un pueblito llamado "Montfort".
En 1883,
cuando los Padres y Hermanos de la Compañía de María se
establecieron en Canadá, los religiosos ya no corrían
peligro de expulsión, pero había sido votada una ley que
obligaba a todos los clérigos de 19 a 30 años al servicio
militar. Para librar a los futuros monfortianos, los alumnos
mayores de la escuela apostólica de Pontchâteau fueron
trasladados a Cyrville, cerca de Ottawa, en agosto 1890. En
1891 se abrió un noviciado para los que habían terminado la
escuela apostólica, y en 1892 era necesario un
escolasticado.
Como las
cosas en Europa no parecían arreglarse, el capítulo de 1893
decidió trasladar a Canadá los dos escolasticados: francés y
holandés, que se encontraban en los Países Bajos. Con el fin
de instalar el escolasticado en Montreal, el P. Bouchet, por
mandato del Superior general, pidió asilo al obispo en favor
de los seminaristas "obligados a dejar Europa para evitar el
servicio militar". Monseñor Fabre se dejó convencer y
ofreció a los Padres de la Compañía de María la parroquia de
Dorval. ¡Por fin se puso pie en Quebec! La casa de Dorval
fundada en 1894, al suroeste de Montreal, llegó a ser casa
provincial en 1913. El proyecto de escolasticado en Dorval
fue pronto abandonado para establecerlo ... ¡en Argelia! Más
adelante se hablará de ello.
En 1898 se
fundó una escuela apostólica en el orfelinato de Huberdeau,
trasladada luego a Papineau-Ville en 1908. Durante casi tres
cuartos de siglo sería fuente fecunda de vocaciones
monfortianas. Fue cerrada en 1972. En 1903 los Monfortianos
de Canadá aceptaron un misión en la isla de Vancouver, al
extremo oeste del país.
El mismo año
abrieron la primera casa de Estados Unidos, en
Port-Jefferson, Long Island. Al año siguiente tomaron a su
cargo la parroquia de Ozone Park, en N.York, que sería la
semilla de la Viceprovincia Monfortiana de los Estados
Unidos, creada en 1948, y convertida en Provincia en 1961.
En Holanda la
casa del noviciado fue pronto acondicionada para acoger a
los escolásticos, y se fundó una nueva casa para el
noviciado en Meersen. Para responder a la solicitud de
jóvenes holandeses atraídos por la vida monfortiana, desde
1883 comenzó a funcionar en Schimmert una escuela
apostólica. ¡El progreso fue tan rápido que ya en 1905 fue
instituida la provincia monfortiana de Holanda!
Fin del
gobierno del P. Guyot
El proceso de
beatificación del P. de Montfort seguía su curso, aunque
lento. En 1886 se comenzaron a entrever los resultados.
Fueron reconocidos oficialmente los dos milagros presentados
para la beatificación. El P. Guyot había trabajado como sus
predecesores, pero no vería en la tierra la beatificación
del Fundador. Tras una larga y dolorosa enfermedad, murió el
26 de diciembre de 1886, a los 58 años.
C. GENERALATO
DEL P. MAURILLE
La Compañía
de María al comenzar el gobierno del P. Maurille
En abril del
año siguiente (1887)el capítulo general se reunió para
elegir nuevo superior general. El elegido fue el P. Amando
Renato Maurille, el 16 del mes. Nacido el 28 de febrero de
1843 en Chemille, diócesis de Angers, y ordenado sacerdote
en 1886, entró a la Compañía de María tras ejercer algunos
años la función de vicario en una parroquia de su diócesis.
Elegido por 12 años, fue reelegido en el capítulo de 1899, y
dirigió la Congregación hasta su muerte, el 16 de febrero de
1903.
En 1887 la
Congregación contaba 65 Padres, 14 escolásticos y 137
Hermanos: 216 miembros en total. Los Hermanos, tan
numerosos, estaban en su mayoría en San Lorenzo y formaban
un grupo a parte, desde que el P. Deshayes les había dado un
reglamento especial. En algunos documentos del siglo pasado,
el Superior general se denomina "superior de los Padres de
la Compañía de María y de los Hermanos del Espíritu Santo".
También en 1887 había 5 novicios clérigos y 10 novicios
Hnos.
Los Padres
estaban repartidos así: 7 en Haití, 5 en Canadá, y 7 en
Holanda con los escolásticos, novicios y alumnos de la
escuela apostólica en Schimmert. Los otros 46 estaban en
Francia, dedicados la mayor parte a la predicación de
misiones y retiros.
Para
establecer un vínculo entre los Monfortianos ya presentes en
cuatro países diferentes, en julio de 1887 apareció el
primer número del boletín de la Congregación. Con sus dos
eclipses, en la I y II Guerra Mundial, ¡el "ECHO
MONTFORTAIN" es ya más que centenario!
Beatificación
del P. de Montfort
El 22 de
enero de 1888 Luis María Grignion de Montfort fue declarado
Beato por el Papa León XIII. Era el éxito de un largo
proceso comenzado en 1825, con el P. Gabriel Deshayes. Hubo
solemnes celebraciones en todos los lugares de presencia
monfortiana. La más grandiosa fue en San Lorenzo los días 4,
5 y 6 de junio con presencia de 14 obispos, 2 Abades de
monasterios, 3 Prelados romanos, 2000 sacerdotes y 10.000
fieles... según la memoria de las crónicas, cuyas cifras no
se suponen muy exageradas.
Ciertamente
la tumba del P. de Montfort era un lugar de peregrinación
muy popular en toda la región, donde el recuerdo de la
guerra "de Vandea" estaba particularmente vivo. Había
tendencias a la guerra santa por motivos puramente
sobrenaturales, atribuyendo a la acción del P. de Montfort
la conservación de la fe en la región que se había
sublevado.
Hay que
recordar que las motivaciones del levantamiento son
complejas, y que las misiones predicadas por el P. de
Montfort en la región no alcanzaron a diez. En cambio, el
influjo de los "Mulotinos" en la conservación del fervor
religioso es muy cierto, y hay que subrayar sobre todo el
clima particular de finales del último siglo: la República
anticlerical no era del agrado de una población
profundamente fiel a su fe, y cualquier manifestación
religiosa de masas daba la imagen de un reto al gobierno
impío.
Reinaba un
verdadero espíritu de cruzada y los opositores del régimen
político eran numerosos en las filas del Clero. Fueron
necesarias varias décadas, e incluso la intervención
personal de León XIII, por intermedio del Cardenal
Lavigerie, fundador de los Padres Blancos, misioneros de
Africa, para que los católicos de Francia aceptaran el
Régimen de facto que gobernaba el país.
Apertura de
un escolasticado en Argelia
La obligación
impuesta a los clérigos de prestar el servicio militar era
una infracción de las leyes canónicas, que los sacerdotes,
seculares o religiosos, soportaban muy mal. Pues, para
animar a los ciudadanos jóvenes a poblar las colonias
francesas, la República decidió en 1894 que los jóvenes que
partieran a ellas antes de los 19 años, serían exentos del
servicio militar.
Los
responsables de la Congregación vieron en el ofrecimiento
del arzobispo de Argel, que les proponía una casa en
Bouzarea -8 km de Argel- el medio providencial de aprovechar
la nueva ley. Había doble ventaja: el viaje era menos
costoso a Argel que a Canadá, y los jóvenes sacerdotes no
tenían necesidad de esperar a cumplir 30 años para retornar
a Francia: estaban disponibles, inmediatamente terminados
sus estudios. Se abandonó pues el proyecto de Montreal.
En el sitio
llamado "El Biar", se abrió el escolasticado en 1894, en una
propiedad alquilada, y comprada más tarde. Al comienzo sólo
había tres Padres para hacerlo funcionar: Pedro Bourget,
Aristides Renaudin y Eugenio Morón. Otros refuerzos llegaron
en los años siguientes, particularmente el P. Pedro Audran,
¡más tarde asistente general durante 31 años, de 1916 a
1947!
Aunque duró
al menos hasta 1901, el escolasticado de Argelia fue
solamente un breve episodio. Tuvo sin embargo su
importancia, pues allí los Monfortianos trabaron amistad con
los Padres Blancos, y fue el punto de partida de la misión
del Shiré, el actual Malawi.
La
Archicofradía de María Reina de los Corazones
Hacía ya
cincuenta años que se había conocido, traducido a diversas
lenguas y ampliamente difundido el Tratado de la
Verdadera Devoción . El P. Maurille pensó que había
llegado el momento de cumplir el deseo expresado por el P.
de Montfort en el N° 227 de esa obra, donde habla de "esta
devoción particular, aún no erigida en cofradía, aunque
sería mucho de desear que lo fuera".
El ambiente
que reinaba entonces en Francia no se prestaba para tal
fundación. El P. Maurille miró hacia Canadá, y la Cofradía
fue erigida el 25 de marzo de 1899 por Monseñor Duhamel,
arzobispo de Ottawa, que tenía en su diócesis el
escolasticado de los Monfortianos. Algunos años más tarde,
en 1906, al crearse la Procuraduría monfortiana en Roma, y
construirse la capilla de María Reina de los Corazones, el
Cardenal Respighi erigió allí la Cofradía, elevada a
Archicofradía por "Carta Apostólica" de Pío X, el 28 de
abril de 1913.
Fundaciones
en Dinamarca e Islandia.
Dinamarca e
Islandia eran dos países protestantes que en 1901 formaban
un solo Vicariato Apostólico. El titular era Monseñor Von
Euch, nombrado en 1892. Buscaba misioneros golpeando a las
puertas de los jesuitas, Redentoristas...y ¡Monfortianos! El
31 de enero de 1901 una carta del P. Lhoumeau, asistente
general, le trajo una respuesta afirmativa, y el P.
Dubillot, también asistente, hizo en seguida una visita a
Dinamarca.
El 1° de mayo
la Santa Sede otorgó al Vicario Apostólico permiso para
confiar a los Monfortianos el distrito de Roskilde. En junio
llegaron los misioneros. Eran tres: dos Holandeses, el P.
Alfonso Kerchhoffs y el Hno. Bonifacio, y un Francés, el P.
Francisco Blois.
En 1903
Monseñor Von Euch solicitó al P. Kerchoffs Monfortianos para
Islandia. El P. Lhoumeau, nuevo superior general, que había
respondido a la primera petición, siendo aún asistente
general, dio una nueva respuesta favorable. En noviembre
llegaron a Reykjavik tres Monfortianos de la Provincia de
Holanda: los PP. Martín Meulemberg y Juan Servaes, y el Hno.
Bonifacio, procedente de Dinamarca. A pesar del pequeño
número de católicos, por razón del aislamiento del país, la
misión de Islandia fue constituida Prefectura Apostólica el
12 de junio de 1923, y el P. Meulemberg fue su primer
Prefecto Apostólico.
El 6 de junio
de 1929 pasó a ser Vicariato Apostólico, y Monseñor
Meulemberg recibió la ordenación episcopal el 25 de julio.
Murió repentinamente el 3 de agosto 1941. Tuvo como sucesor
a Monseñor Juan Gunnarsson, un monfortiano hijo de la única
familia católica del país. El renunció en 1966, y durante
dos años, Monseñor Theunissen, antiguo arzobispo de Blantyre
en Malawi, administró el Vicariato, que fue constituido
diócesis el 18 de octubre de 1968. El 27 del mismo mes fue
nombrado obispo de Reykjavik el P. Enrique Frehen, de la
Provincia de los Países Bajos.
Persecución
religiosa en Francia
Parece
extraña la rapidez con que los responsables de la
Congregación, respondían a las diversas peticiones llegadas
del exterior. La razón es ciertamente la degradación del
ambiente político francés, que desde 1900 se tornaba cada
vez más agresivo contra los Religiosos y la Iglesia: el
primer ministro Waldeck-Rousseau veía en el anticlericalismo
el medio para unir a los partidos políticos en un proyecto
común. Su sucesor, que presidió los destinos del país de
1902 a 1905, fue un ex-seminarista ferozmente anticlerical:
el Señor Combes.
La ley del 1°
de julio sobre las asociaciones establecía un severo control
de las Congregaciones religiosas: para obtener la aprobación
legal debían enviar sus Reglas, entregar la lista de sus
miembros y dar a conocer sus propiedades. Con el Señor
Combes se dio un paso más: todas las solicitudes de
autorización fueron rechazadas en bloque, y salvo raras
excepciones, entre ellas la Sabiduría, todas las
Congregaciones fueron declaradas ilegales y despojadas de
los bienes que poseían oficialmente. Los Monfortianos no
fueron víctimas de ello, pues, el 31 de diciembre de 1900,
el Consejo general había tomado la decisión de vender las
casas cuya propiedad aún tenía en Francia, como se había
hecho en 1881 con las casas de Tourcoing y Orleáns. A todos
los religiosos, les fue prohibido enseñar, y para salvar las
escuelas cristianas, muchos aceptaron renunciar a sus votos
y hábito religiosos.
Finalmente,
la denuncia del Concordato culminó en rechazo total: por la
"Ley de separación de la Iglesia y el Estado", el 9 de
diciembre de 1905 el Estado laico declaró la religión asunto
privado, y, por consiguiente, no reconocía ni subvencionaba
ningún culto. Los edificios poseídos por la Iglesia se
convirtieron en propiedad de los municipios... Esta medida,
pérfida en su intención, se reveló benéfica para las
diócesis que no tenían más fuente de ingresos que la
generosidad de los fieles: el mantenimiento de las iglesias
y de las casas curales incumbía, como sigue siendo hoy, a
los municipios, sus propietarios. Para subsistir, numerosas
Congregaciones se refugiaron en los países vecinos, y en un
clima como éste, todo llamado a un apostolado fuera de
Francia era recibido como un regalo de la Providencia.
Fundación del
Shiré
Los Padres
Blancos del Cardenal Lavigerie tenían a su cargo grandes
territorios en Africa, y, a pesar de la prosperidad de su
Sociedad, no alcanzaban a responder a todas las necesidades.
En 1900 Monseñor Dupont, Vicario Apostólico de Nyassaland,
actual Malawi, pasaba sus vacaciones en San Lorenzo,
invitado por su amigo el P. Bourget, antiguo superior del
escolasticado de El Biar. Exponiendo sus dificultades a los
superiores de la Compañía de María, logró interesarlos en
sus problemas y hacerles mirar la posibilidad de enviar
Monfortianos a Nyassaland.
El 14 de
enero de 1901 se firmó un contrato privado entre los Padres
Blancos y los Monfortianos, en la "Maison Carrée", cerca de
Argel. Por este acuerdo los Monfortianos se ponían a órdenes
de los Padres Blancos para ayudarles. Ni los uno ni los
otros pensaron informar al respecto a la Congregación romana
de la Propaganda Fide, que prohibía a los obispos de los
territorios de misión llamar misioneros de otras
Congregaciones sin previo acuerdo con Roma.
El 24 de mayo
1901, tres misioneros monfortianos se embarcaron para
Nyassaland: los PP. Bourget, Prézeau y Winnen. Habían pasado
por Roma, donde recibieron la bendición del Papa, pero no
tenían ningún mandato de la Propaganda Fide. Esto fue origen
de serios disgustos para el P. Procurador. Todo se arregló
al año siguiente con la muerte del Cardenal Prefecto, al ser
reemplazado por el Cardenal Gotti, muy favorable a la
Compañía de María.
El 24 de
noviembre de 1903 fue creada la Prefectura Apostólica del
Shiré, confiada a los Monfortianos, y el P. Prézeau fue
nombrado Prefecto Apostólico, y luego Vicario Apostólico el
14 de abril de 1908.
Fundación en
Roma
En 1899 se
vio la necesidad de tener un Procurador ante la Santa Sede.
Fue nombrado el P. Enrique Jouet, quien se instaló dentro de
las murallas de Roma, en un sitio donde aún no había
construcciones. La amplitud del terreno admitía los más
diversos proyectos. Se construyó allí una capilla dedicada a
María Reina de los Corazones, que pronto se convirtió en la
sede de la Archicofradía del mismo nombre. También se
construyó una casa grande capaz de recibir a los estudiantes
de la Congregación llegados a Roma para diplomarse. Ese
"Colegio Internacional" funcionó hasta la crisis de
vocaciones que conoció Europa a partir de 1970. Al crecer la
ciudad de Roma la Congregación sólo conservó la parte
construida del terreno. La casa y la capilla son hoy
propiedad de la Provincia monfortiana italiana, Via Romagna,
44.
En aquella
época la Compañía de María comenzó a tener un "Cardenal
Protector", cuyo papel era facilitar las relaciones de las
autoridades de la Congregación con la Santa Sede. En octubre
de 1891 el Cardenal Vannutelli había sido nombrado
oficialmente Cardenal Protector de la Congregación de las
Hijas de la Sabiduría. Con ocasión de una audiencia, el 13
de febrero de 1893, fue claramente considerado también
Cardenal Protector de la Compañía de María. Lo fue
igualmente en una visita del Cardenal a San Lorenzo, en
agosto de 1898, pero sólo el 15 de diciembre de 1898 fue
nombrado oficialmente Cardenal Protector de la doble familia
del Beato de Montfort. Esta función cardenalicia dejó de
existir después del Concilio Vaticano II.
En 1902, dos
sacerdotes italianos, entusiasmados por la devoción mariana
del P. de Montfort, intentaron lanzar una escuela apostólica
para los Monfortianos, en Lóvere, al norte de Italia. El
proyecto no prosperó, pero ellos mismos entraron a la
Compañía de María, en Holanda. El P. Calixto Bonicelli hizo
su profesión el 8 de junio de 1904, y el P. Bautista
Garbottini, el 9 de octubre del mismo año.
Fracaso de
una fundación en Perú
En octubre de
1902, estando el P. Maurille en Roma, se encontró con
Monseñor Soto, obispo de Huaraz, cerca de 300 km al norte de
Lima, Perú. Este buscaba sacerdotes para su diócesis, y
parece que se llegó a un acuerdo muy rápido. En diciembre
siguiente, la víspera de Navidad, desembarcaron en Lima tres
misioneros monfortianos: Los PP. Dionisio Le Tendre, Luis
Douarin y Huberto Damoiseaux. El superior de la nueva
fundación era el P. Alain Gouriou. Estaba en Haití desde
1889, y pasó directamente de Haití a Lima, a donde llegó el
5 de enero de 1903.
¿Qué
incomprensiones hubo con el obispo de Huaraz? Es difícil
decirlo por las cartas del P. Gouriou al Superior General,
un poco imaginativas como su autor, dotado de fuerte
originalidad. Por otra parte, el obispo había caído enfermo
a su regreso de Europa, y no había podido llegar a su
diócesis. Se quedó en Lima y allí murió el mismo año. El 7
de marzo el P. Gouriou se encontraba en Trujillo, cerca de
500 km al norte de Lima, y los PP. Douarin y Le Tendre
estaban en Moro y Nepeña, dos centros cercanos entre sí,
pero sin futuro aparente, en la diócesis de Huaraz, y el P.
Damoiseaux estaba en el convento de los Redentoristas en
Lima.
El P. Gouriou
había preparado un contrato para presentarlo a Monseñor
Soto, pero nunca se firmó. Entre tanto, el arzobispo de Lima
igual que el administrador apostólico de Trujillo hubieran
querido acoger a los Monfortianos en sus diócesis. El P.
Gouriou optó por Trujillo, y el 7 de marzo firmó un contrato
con el administrador apostólico. Desde el 25 estaba en el
terreno que le fue confiado, Piura, completamente al norte
del país, a casi 850 km de Lima. Los PP. Damoiseaux y
Douarin se unieron a él a finales de abril, mientras el P.
Le Tendre permaneció en Moro.
El P. Gouriou
mantenía correspondencia continua con el Superior General.
Tenía planes tan grandes como irrealizables en una región
inmensa ¡a penas a la medida de su celo apostólico! A fin de
obtener ayuda en personal y en recursos, pintaba la realidad
con acentos tan alarmantes que el capítulo general, reunido
en abril en Schimmert para elegir el sucesor del P.
Maurille, votó abandonar la fundación del Perú.
Las noticias
eran muy lentas. Tan pronto el P. Gouriou se enteró de la
decisión en agosto, se embarcó para Francia a pedir
explicaciones al Consejo General. Cuando rindió informe el
24 de noviembre, era demasiado tarde. Las autoridades de la
Congregación ya habían comprometido una fundación en
Colombia, a donde debían trasladarse los Padres del Perú. En
una carta del 21 de diciembre, el P. Le Tendre expresaba su
desconcierto: "He recibido cartas contradictorias diciendo
que debíamos abandonar el Perú; otras, en cambio, afirmaban
que teníamos esperanza de permanecer allí. El P. Gouriou se
fue cuando yo esperaba su visita en Moro. Luego de tres
meses de espera, finalmente recibí noticia indirecta:
debíamos partir"
Exilio y
muerte del P. Maurille
Tras la
promulgación de la Ley del 1° de julio 1901, que instauraba
un régimen de preocupaciones para las Congregaciones, el
Consejo General consideró las medidas más oportunas que
debía tomar. En el Consejo del 13 de septiembre siguiente,
se programó la dispersión de la casa general: "El P. General
verá dónde establecerse con su secretario". El P. Maurille
se refugió primero en Angers, después salió de Francia a
Holanda y se instaló en Meersen donde estaba el noviciado, y
allí murió el 16 de febrero de 1903, a los pocos días de
haber cumplido 60 años.
La reunión
del Consejo General del 28 de septiembre decidió la
instalación de una casa en Bélgica, según la táctica
habitual de las Congregaciones francesas, que consistía en
instalarse fuera de Francia, cerca de la frontera, en espera
de días mejores que permitieran el regreso al país. En 1903
se abrió la casa de Sanbergen, que albergó la escuela
apostólica.
Los Padres
que permanecieron en Francia seguían ejerciendo el
ministerio de la predicación, a pesar de las dificultades
con que chocaban a menudo. Para no llamar la atención de las
autoridades civiles, habían renunciado en lo externo a todo
lo que pudiera evocar la vida religiosa: en vez del cordón y
el rosario, vestían estrictamente como los sacerdotes
seculares, y nunca se hacían llamar "Padre". Por lo demás,
el P. Maurille había solicitado y obtenido, en septiembre
1901, para 53 Monfortianos, un indulto "de secularización
que les permitía, según la ley civil, incorpararse a una
diócesis, entendiendo que ese indulto de secularización
dejaba intactas todas las obligaciones contraídas por cada
uno en el foro de su conciencia y delante de Dios el día de
su profesión religiosa", a fin de "conservar, en lo posible,
la obras a las cuales la Compañía de María se dedica..." Un
documento individual había sido concedido a cada uno de los
53 religiosos...entre los cuales figuraban dos holandeses,
los PP. Penners y Ramakers, "incardinados" en la diócesis de
Ruremonde.
D. GENERALATO
DEL P. LHOUMEAU
Elección del
P. Antonino Lhoumeau
Nacido en La
Mothe-Saint-Héraye, diócesis de Poitiers, el 9 de agosto de
1852, el Abate Antonino Lhoumeau era un hombre dotado de
grandes talentos. Había ejercido el ministerio parroquial en
Niort, donde era maestro de capilla renombrado. Como
musicólogo y compositor, su notoriedad superaba ampliamente
los límites de su diócesis. Hizo profesión en la Compañía de
María el 3 de mayo de 1885, en Holanda. Practicó la misión
itinerante durante cinco años, como miembro de la comunidad
de Orleáns.
En seguida
fue designado asistente general. A título de tal, en marzo
de 1891 hizo un viaje a Inglaterra a donde se invitaba a las
Hermanas de la Sabiduría para encargarse de un hospital
psiquiátrico, en Alton. Fue a explorar el terreno y rechazó
el proyecto de Alton por presentar demasiados
inconvenientes. En cambio, aceptó la solicitud del obispo de
Portsmouth que proponía a las Hermanas la apertura de un
orfelinato en Romsey.
Las Hermanas
de la Sabiduría se instalaron en Romsey el 24 de junio de
1891. El viaje suscitó en el P. Lhoumeau un gran amor por
Inglaterra, lo cual tuvo como consecuencia el traslado a
Romsey de la escuela apostólica de Sanbergen (en 1910).
El 17 de
abril de 1903, en el capítulo celebrado en Schimmert fue
elegido Superior General. El llevó de nuevo a San Lorenzo la
administración de la Compañía de María. Gracias a su título
oficial de primer capellán de las Hijas de la Sabiduría,
podía permanecer allí sin demasiados inconvenientes. Sin
embargo, tuvo numerosas dificultades a causa de la
persecución que reinaba entonces, y fue amenazado de muerte
varias veces.
Según las
normas canónicas vigentes, había sido elegido para un
mandato de 12 años. Por la imposibilidad de reunir un
capítulo durante la guerra mundial que duró de 1914 a 1918,
su mandato debió prolongarse hasta 1919. Murió el 10 de
agosto del año siguiente.
Vitalidad de
la Congregación. Creación de las Provincias
La
persecución, lejos de destruir la Congregación, favoreció su
expansión. Bajo el impulso del P. Lhoumeau, siguió avanzando
intrépidamente. Fue el tiempo en que tomó conciencia de la
riqueza de espiritualidad que ofrecía a la Iglesia.
Ya el P.
Maurille en sus circulares, había exhortado a los
Monfortianos a un estudio profundo de los escritos del
Fundador, viendo en la Perfecta Devoción a María el rasgo
característico del Instituto. El P. Lhoumeau contribuyó
enormemente a la difusión de la espiritualidad mariana.
Escribió obras apreciadas y estimuló decididamente la
creación de revistas en los diversos países donde estaban
presentes los Monfortianos. El mismo, cuando era asistente,
había lanzado en Francia una revista, "Le Règne de Jésus par
Marie", cuyo primer número está fechado el 1° de enero 1900.
Entre los colaboradores de la revista, conviene nombrar al
P. Juan María Texier, muerto en 1932, quien fue escritor
espiritual extraordinario. En 1904 fue creada la revista
canadiense, Messager de Marie Reine des Coeurs,
órgano de la Cofradía del mismo nombre. En 1907 nació una
Asociación espiritual mariana para los sacerdotes, con una
revista especializada a ellos destinada: Revue des
prêtres de Marie Reine des Coeurs. El primer sacerdote
que firmó los registros de la Asociación fue el Papa Pío X.
El 10 de
octubre de 1904 fueron aprobadas por la Congregación de
Religiosos las Constituciones de la Compañía de María
adaptadas a las nuevas normas canónicas, editadas por la
misma Congregación de Religiosos en 1901.
Por el número
creciente de los miembros de la Compañía de María y por su
dispersión, era necesario descentralizar su administración.
La decisión se tomó en la reunión del Consejo General del 29
de diciembre 1904. El P. Lhoumeau informaba en una carta:
"El Consejo General, asistido por consejeros
extraordinarios, ha decidido que por ahora habrá en Europa
dos Provincias: la de Francia a la cual será anexada Italia;
y la de Bélgica-Holanda que comprende Dinamarca, Inglaterra
e Islandia. La Provincia de Canadá engloba las fundaciones
de Estados Unidos y Vancouver. Finalmente, el Shiré y
Colombia son reconocidos como vicariatos provinciales". Los
primeros superiores provinciales fueron: el P. Celestino
Deval en Francia, el P. Renato Guédon en Bélgica-Holanda o
"Provincia del Norte" y el P. Armando Luis Bouchet en
Canadá.
En 1907 fue
nombrado Postulador de la causa de canonización del P. de
Montfort el P. Huberto Gebhard. El difundió con ardor en
Italia la espiritualidad mariana monfortiana, y en mayo de
1914 lanzó la revista "Regina dei Cuori". Los Monfortianos
holandeses lanzaron en 1908 una revista misionera: "Onze
missionarissen".
El capítulo
de 1909 decidió trasladar la escuela apostólica de
Sanbergen, Bélgica, a Romsey, Inglaterra, donde abrió sus
puertas al año siguiente. Al comienzo todos los alumnos eran
franceses -ya que los holandeses tenían su propia escuela
apostólica en Schimmert- y el hecho de que adolescentes de
doce años fueran a estudiar al extranjero no parecía haber
encontrado oposición de parte de sus padres. Muy pronto, los
niños ingleses pidieron admisión, y Romsey fue la semilla de
lo que sería un día, después de muchas peripecias, la
Provincia monfortiana de Gran Bretaña/Irlanda.
Fundación en
Colombia.
En el
capítulo general de abril 1903 en Schimmert, el P. Teófilo
La Bagousse había informado a los capitulares sobre la
situación de los misioneros en Perú, basado en las cartas
del P. Gouriou. Su informe había sido precedido por el del
P. Enrique Jouet, Procurador en Roma, quien, entre otras
cosas, había dado a conocer a la asamblea una propuesta de
la Santa Sede a la Compañía de María, ofreciéndole el
encargo de una Prefectura Apostólica en Colombia. El
capítulo votó el abandono del Perú, e inmediatamente
después, por unanimidad, aceptó la propuesta de la Santa
Sede.
El 20 de
julio siguiente llegaban a Bogotá dos misioneros
monfortianos: el P. Eugenio Morón y el Hno. Cipriano.
Visitaron al arzobispo de Bogotá, Monseñor Bernardo Herrera,
quien, formado por los Sulpicianos de París, hablaba el
francés corrientemente, mientras los recién llegados no
hablaban una palabra de español.
La Prefectura
de la Intendencia Oriental, creada en Roma para los Padres
de la Compañía de María, era un inmenso territorio de más de
350.000 km2,
con menos de 25.000 habitantes perdidos en la inmensidad de
la llanura y la selva virgen. Monseñor Herrera desanimó a
nuestros misioneros al explicarles las dificultades que les
esperaban: la Prefectura, decía él, es un "desierto verde"
sin ningún centro donde poder establecerse con un mínimo de
seguridad.
Los
misioneros del Perú -PP. Damoiseaux, Douarin y Le Tendre-
habían recibido orden de ir a Colombia. Cuando llegaron a
Bogotá, Monseñor Herrera, viendo que los tres hablaban el
español correctamente, pensó que podrían servirle en la
Prefectura de los "Llanos de San Martín" -región donde se
encuentra Villavicencio-, al oriente de su diócesis, de la
cual también él estaba encargado. La Santa Sede aceptó esta
propuesta, y el P. Morón fue nombrado Prefecto Apostólico de
los "Llanos de San Martín", conservando igualmente el título
de "Prefecto de la Intendencia Oriental".
El Prefecto
Apostólico, con sus tres cohermanos y el Hno. Cipriano,
llegó a Villavicencio el 4 de febrero de 1904, luego de tres
días de viaje desde Bogotá, por un camino de herradura.
Villavicencio no era entonces más que un pueblito al pie de
la cordillera de los Andes. La región que les fue confiada
estaba poco poblada, y en la parte montañosa los caseríos
sólo eran accesibles a lomo de mula o de caballo. Durante 25
años, un Padre Dominico de Bogotá había recorrido la
Prefectura una vez al año, y cuando los Monfortianos
llegaron, las poblaciones estaban sin sacerdote desde hacía
varios años. La humilde Prefectura de los "Llanos de San
Martín" es hoy la importante diócesis de Villavicencio. En
los pueblitos de la cordillera nació la actual Provincia
monfortiana de Colombia.
En 1905
llegaron a Villavicencio las primeras Hermanas de la
Sabiduría y tres nuevos misioneros: los PP. Juan María
Turbellier, Antonio Arrieudarré y Pedro Barón. En 1906 el P.
Gouriou, que, entre tanto, había participado en la frustrada
fundación de Liberia, llegó también a Colombia, acompañado
del P. Gabriel Capdeville.
En 1908 la
Prefectura se convirtió en Vicariato Apostólico, con
Monseñor Juan María Guiot, francés, como Vicario Apostólico.
En 1939 recibió como obispo coadjutor a Monseñor Francisco
Bruls, holandés, quien fue el primer obispo titular de
Villavicencio en 1964.
Fracaso de
una fundación en Liberia
El episodio
de Liberia, en Africa Occidental, fue una historia breve y
lamentable. El 11 de diciembre de 1903, se embarcaron para
Liberia cuatro misioneros: Monseñor José Sarré, nombrado
Prefecto Apostólico de Liberia, los PP. Juan Bautista Dupuy
y Pedro Le Coff, y el Hno. Fermín. Desembarcaron en Monrovia
el 24 de diciembre. No estaban preparados para afrontar un
clima ecuatorial particularmente malsano, y el P. Le Coff
murió exactamente 34 días después de su llegada, a los 27
años de edad. Esta primera prueba no logró desalentar a los
otros, y en mayo recibieron el refuerzo del P. Alain
Gouriou, ya conocido, y del P. Huberto Bovens, que fueron un
precioso apoyo para el grupo, por sus buenas relaciones con
el Cónsul de Holanda en Monrovia.
A finales de
mayo, no pudiendo soportar más el clima, el P. Dupuy tomó el
camino de regreso a Europa. A mediados de junio, todos los
otros estaban igualmente muy enfermos : Monseñor Sarré, los
PP. Gouriou y Bovens, y el Hno. Fermín. El P. Gouriou tenía
formas propias de cuidarse, y con gusto daba sus recetas a
los otros.
En julio
decidieron ir a otra parte a curarse: el P. Gouriou y el
Hno. Fermín retornaron a Romsey, y Monseñor Sarré se fue a
las Canarias a descansar. Desde el 27 de julio volvió a
Liberia, pero su estado de salud empeoró y casi de inmediato
salió de nuevo para las Canarias. Murió en el barco durante
el viaje de Monrovia a las Canarias, el 5 de agosto. El P.
Bovens, gracias al apoyo del Cónsul de Holanda, resistió más
tiempo, pero el 17 de octubre se embarcó para Southampton.
Con su partida, el proyecto de fundación de Liberia estaba
definitivamente muerto.
La Primera
Guerra Mundial: 1914-1918
La provincia
de Francia estuvo particularmente implicada en la primera
guerra mundial. En efecto, la ley francesa obligaba a los
clérigos a cumplir el servicio militar, y en caso de guerra
debían combatir como los demás ciudadanos.
La República
anticlerical había obligado a los Religiosos a expatriarse,
pero les devolvía todo su aprecio, cuando se trataba se
hacerse matar por la patria. La gran mayoría de los
Religiosos franceses en edad de tomar las armas volvió a
Francia y participó en la guerra. No tenemos estadísticas
para decir cuántos Monfortianos combatieron durante la
primera guerra mundial; sin embargo 16 de ellos perdieron la
vida: 3 Padres, 8 Hermanos, 4 escolásticos y 1 novicio.
Los
Religiosos que regresaron al país para la guerra se
olvidaron de volver al extranjero cuando ésta terminó. En
1924 un gobierno algo sectario quiso poner de nuevo en vigor
las medidas decretadas al principio del siglo contra ellos.
Unánimemente, los Religiosos antiguos combatientes
reclamaron su derecho de vivir en el suelo patrio que habían
defendido arriesgando su vida. Apoyados por un fuerte
movimiento de opinión y numerosas manifestaciones en su
favor, proclamaron: "¡No partiremos!". Hubo desde entonces
una tolerancia de hecho y un aplazamiento definitivo de las
leyes antirreligiosas. A partir de 1919, los Monfortianos,
como los demás Religiosos, restablecieron en Francia sus
casas de formación, y las que habían establecido en Canadá,
Holanda e Inglaterra continuaron funcionando con los
religiosos autóctonos.
La misión del
Vaupés, en Colombia
En los países
no afectados por la primera guerra mundial, los Monfortianos
continuaron trabajando sin interrupción: Haití, Shiré,
Colombia. En este último país conviene mencionar la aventura
de los Monfortianos que se internaron a llevar el Evangelio
en plena Amazonia, hasta los confines del Brasil. Para
llegar a esos lugares de difícil acceso, en que las
fronteras internacionales eran un tanto imprecisas, el
itinerario más fácil era bajar el río Magdalena hasta el mar
Caribe, dar la vuelta por el Atlántico a Venezuela, las
Guayanas y parte del Brasil, para remontar el Amazonas y sus
afluentes.
Los PP. Pedro
Barón y Huberto Damoiseaux emprendieron ese viaje el 28 de
noviembre de 1913. El 15 de agosto de 1914 fundaron el
primer centro de misión del Vaupés, y lo llamaron
"Montfort-Papury", por el río que los llevó allí.
En el año
1915 se sitúan las proezas del P. Pedro Kok, de la Provincia
de Holanda. Enviado al Vaupés, fue capaz de asimilar en un
tiempo récord varias lenguas de los indígenas, y de poner a
disposición de sus cohermanos gramáticas, diccionarios,
catecismos, evangelios y libros de oraciones. Gracias a su
genio, la misión tuvo desde el comienzo un desarrollo
extraordinario. Los Monfortianos estuvieron en el Vaupés
hasta 1950, cuando la misión fue confiada a los Misioneros
Javerianos de Yarumal, instituto de fundación colombiana.
E. GENERALATO
DEL P. RICHARD
Capítulo
general de 1919
Por causa de
la guerra el mandato del P. Lhoumeau tuvo que prolongarse
hasta que se pudo reunir el capítulo general. La guerra
terminó el 11 de noviembre de 1918, y se convocó el capítulo
para el siguiente mes de abril . El 1° de mayo de 1919, fue
elegido Superior General el P. Enrique Richard. Nacido en
1865 en Balazé, diócesis de Rennes, dirigió la Congregación
durante los doce años del mandato que le fue otorgado, hasta
1931. Murió el 7 de marzo de 1941.
En ese
capítulo se adoptó el nombre de "Monfortianos" para los
miembros de la Compañía de María, designada oficialmente
como "Societas Mariae Montfortana": S.M.M. Se trató del
posible traslado de la casa general de San Lorenzo a Roma,
pero el proyecto tuvo la oposición del mismo P. Lhoumeau y
no obtuvo la mayoría de sufragios. Se expresó el deseo de
una fundación en España, donde la práctica de la perfecta
devoción a María según el espíritu del P. de Montfort estaba
muy extendida...pero ese deseo no se llevó a cabo. Del 18 al
24 de septiembre de 1918 se había celebrado en Barcelona un
congreso mariano sobre la Verdadera Devoción del P. de
Montfort, sin participación de ningún Monfortiano.
Desarrollo de
la Congregación
Al finalizar
la primera guerra mundial, la Compañía de María iba a
conocer un período de notable y rápido crecimiento. En junio
de 1919, los PP. de San Lorenzo comenzaron a predicar
retiros en la casa de San Miguel, ubicada en la colina
vecina a su propia residencia.
Con la nueva
mentalidad creada por la guerra, que aplazaba la aplicación
de las leyes establecidas al principio del siglo contra los
Religiosos, la Provincia de Francia abrió un noviciado en
Bressuire, en la diócesis de Poitiers, el 19 de septiembre
de 1919. Después de la profesión de los primeros novicios de
Bressuire, al año siguiente comenzó a funcionar un
escolasticado en Pontchâteau.
En Italia se
había iniciado una escuela apostólica en 1916, en la casa de
Via Romagna, con ocasión del segundo centenario de la muerte
del Fundador. Como el Colegio Internacional no recibía ya
estudiantes a causa de la guerra, la escuela apostólica
abrió sus puertas el 23 de octubre, con 7 alumnos y un
profesorado improvisado. El superior era el P. Schiavi, que
había entrado al noviciado en Holanda en 1908, y había hecho
profesión al año siguiente. El capítulo de 1919 decidió
trasladar a las afueras de Roma este establecimiento que
comenzaba a tomar importancia. Al verano siguiente la
escuela apostólica se trasladó a Redona, cerca de Bérgamo,
al norte de Italia, donde las Hermanas de la Sabiduría
tenían ya una casa. La Provincia de Canadá envió allí al P.
Antonio Raymond, y la Provincia de Francia al P. Juan María
Le Guévelo, cuyo papel fue muy importante en la historia del
grupo monfortiano de Italia.
El 31 de
diciembre de 1920 la Congregación contaba 547 miembros: 302
sacerdotes, 80 escolásticos y 165 Hermanos. En ese mismo año
hubo 25 profesiones de clérigos y 13 de Hermanos.
En 1921 se
celebró el cincuentenario de la misión de Haití. La
Provincia de Francia trasladó el escolasticado a
Celles-sur-Belle, diócesis de Portiers, y en noviembre del
mismo año compró una antigua Abadía de Montfort del Meu,
que albergaría el escolasticado durante casi cincuenta
años. En Pontchâteau la escuela apostólica comenzó de nuevo
a recibir alumnos jóvenes que pasaban luego a Romsey para
terminar allí sus estudios secundarios.
En 1921
igualmente, el Cardenal Mercier, arzobispo de Malines en
Bélgica, autorizó a los Monfortianos a construir en Lovaina
un santuario en honor de María Mediadora.
En 1925, hubo
un capítulo general en el cual, por primera vez, la
Provincia de los Países Bajos expresó el deseo de una cierta
descentralización en la administración de la Congregación.
En 1926,
diciembre 23, tuvo lugar la bendición de la escuela
apostólica de Bay-Shore, en Estados Unidos.
En 1927,
todos los alumnos franceses de la escuela apostólica de
Romsey regresaron a Francia, y la escuela apostólica de
Pontchâteau ofreció desde entonces el ciclo completo de
estudios secundarios. La de Romsey siguió acogiendo a los
jóvenes ingleses que pasaban luego a Francia para el
noviciado y el escolasticado.
En el Este de
Francia, a donde los llamó el obispo de Besanzón, los
Monfortianos estaban presentes hacía varias décadas. En 1925
abrieron una escuela apostólica en Liesle, solamente con los
primeros cursos de la secundaria, cuyos alumnos continuaban
en Pontchâteau. Por la estrechez de los instalaciones, fue
trasladada a Pelousey en 1934.
En Colombia,
gracias al celo del P. Emilio Rivière, se puso en marcha un
noviciado. Tras algunos años en Villavicencio, fue erigido
en San Juanito, en plena cordillera de los Andes, el 24 de
julio de 1925. Los que serían los primeros sacerdotes
monfortianos de Colombia hicieron profesión el 25 de
diciembre de 1928. Eran once y habían hecho su noviciado
bajo la dirección del P. Francisco Savary.
En 1928, el
P. Pablo Le Bihain, fue designado como primer obispo de
Port-de-Paix, en Haití. Nacido en San Lifardo, diócesis de
Nantes, en 1872, fue ordenado sacerdote en 1896. Misionero
en Haití, había sido nombrado vicario general de Puerto
Príncipe, y, como tal, había recibido el encargo de
organizar la diócesis de Port-de-Paix, que existía
canónicamente desde 1866. Murió en 1935 y le sucedió en 1936
el P. Alberto Guiot, nacido en Pontchâteau en 1896, y
ordenado sacerdote en 1924. Era sobrino de Monseñor José
María Guiot, Vicario Apostólico de los Llanos de San Martín,
en Colombia.
Fundación de
la misión de Mozambique
La misión
del Shiré, ya con veinte años de existencia, era
particularmente próspera, cuando en 1922, dos franceses, los
PP. Augusto Baslé y Alain Le Breton -futuro obispo de
Tamatava, en Madagascar- emprendieron la extensión a
Mozambique, país vecino. De Namuno, a 650 km de Nyassaland,
al oriente de Puerto Amelia, escribían al Superior
General: "Saliendo de Nguludi el 2 de mayo, llegamos aquí a
principios de julio, luego de recorrer a pie las tres
cuartas partes del camino". Haciendo eco a un llamamiento
del Papa Benedicto XV en favor de las misiones, los
Monfortianos se ofrecieron, con ocasión de una audiencia
pontificia, como voluntarios para aquella región abandonada.
Como en la fundación del Shiré, a principios de siglo,
habían olvidado el mandato necesario de la Congregación de
Propaganda Fide, lo que ocasionó ciertos disgustos.
En septiembre
de 1924, llegaron como refuerzo los PP. Martín y Morón, de
la Provincia de Francia, y luego les sucedieron
progresivamente los cohermanos de la Provincia de los Países
Bajos. Ellos fundaron la diócesis de Pemba, en la provincia
de Cabo Delgado, y la misión se desarrolló rápidamente. En
los años cincuenta trabajaban allí 38 Padres y Hermanos. Más
adelante trataremos de las enormes dificultades sufridas por
esa misión a partir de 1975.
Capítulo de
1931
En el
capítulo de 1931, se tomó cierto número de decisiones
importantes. Fue también un capítulo de elección, y el 20 de
abril fue elegido para suceder al P. Richard, el P. Enrique
Huré.
El 25 del
mismo abril el grupo monfortiano de Italia fue constituido
en Viceprovincia, con el P. Garbottini como primer superior.
Ese día
igualmente se modificó ligeramente la repartición de los
territorios entre las tres provincias que habían sido
creadas en 1905. Las fundaciones fuera de sus territorios
dependían de la Curia general. Las casas de Inglaterra,
pertenecientes hasta entonces a la Provincia de los Países
Bajos, serían en adelante de la Provincia de Francia. Las de
Estados Unidos seguían perteneciendo a la Provincia de
Canadá.
El capítulo
estudió igualmente los problemas de las misiones. Pidió una
formación más avanzada para los misioneros, tanto Hermanos
como Padres. El 29 de abril decidió unir algunos territorios
de misión a las Provincias. Además de las misiones de
Dinamarca e Islandia, la de Mozambique fue confiada a la
Provincia holandesa. La de Vancouver siguió dependiendo de
la Provincia de Canadá. Las de Haití, Shiré y Colombia,
fueron constituidas en Vicariatos dependientes directamente
del Consejo General. En los días siguientes, el capítulo
estudió las repercusiones económicas y administrativas de la
nueva organización.
Al final del
mismo, se trató nuevamente el posible traslado de la casa
general a Roma, pero sin más consecuencias que las del
capítulo de 1919.
F. GENERALATO
DEL P. HURÉ
El P. Enrique
Huré nació en 1880. Entró a la Congregación luego de haber
sido formado como ingeniero. Elegido el 20 de abril de 1931,
dirigió la Congregación hasta su muerte, acaecida el 17 de
junio de 1935.
Durante su
corto mandato, los efectivos de la Congregación continuaron
en aumento. A diciembre 31 de 1932, los miembros eran 866:
418 Padres, 239 Hermanos y 209 escolásticos. Las Provincia
de Francia seguía siendo la más importante, con 371
miembros, y la de los Países Bajos llegaba ya a 268. La de
Canadá contaba 142, y la Viceprovincia de Italia 51: 6
sacerdotes, 9 Hnos. y 37 escolásticos. El Vicariato de
Colombia tenía 4 sacerdotes, 19 escolásticos y 11 Hnos., en
total 34 miembros.
Fundación de
la misión de Madagascar
Gracias a la
mediación de los Vicarios Apostólicos de Fianarantsoa y de
Tananarivo, en la isla de Madagascar, la Sagrada
Congregación de "Propaganda Fide" ofreció a la Compañía de
María la parte oriental de sus vicariatos respectivos. Los
Monfortianos dieron su aceptación el 14 de mayo de 1932, y
la nueva misión fue confiada a la Provincia de Francia, dado
que Madagascar era a la sazón colonia francesa.
El 12 de
abril de 1933, el P. José Martineau y el Hno. Bernardo se
embarcaron en el puerto de Marsella. Los PP. Alain Le Breton
y Juan Le Joly, misioneros en Mozambique, se unieron a ellos
en Madagascar. El 23 de mayo escribía el P. Le Breton de
Fainarantsoa al Superior General: "¡Hemos llegado y somos
cuatro!". Tras algunos meses de estadía con los PP.
jesuitas, en Fianarantsoa, para aprender la lengua, fueron a
su distrito a instalarse en Vatomandry. Tomaron posesión el
8 de diciembre.
Desde el 2 de
noviembre del mismo año, en Marsella se embarcaron para
unirse a los anteriores cuatro nuevos misioneros: los P.
Guiffant, Riou y Touzeau, y el Hno. Juan María. En marzo de
1934 había ya tres centros de misión: Mahanoro, con los PP.
Le Breton, Touzeau, y el Hno. Juan María; Nosy-Varika, con
los PP. Le Joly, Martineau, y el Hno. Bernardo, y
Vatomandry, con los PP. Guiffant y Riou.
El 8 de
diciembre de 1935, la misión fue erigida en Prefectura
Apostólica, y el 25 de mayo 1939, en Vicariato Apostólico.
El P. Le Breton fue el primer Prefecto Apostólico de
Vatomandry, luego Vicario Apostólico de Tamatava, y más
tarde obispo.
Fundación de
la misión del Congo Belga, posteriormente "Zaire"
La misión de
Lomani, en el Vicariato Apostólico de Nueva Anveres, fue
cedida a los Monfortianos por los Padres de Scheut el 27 de
febrero de 1932, y la Sagrada Congregación de "Propaganda
Fide" dio su aprobación el 23 de febrero siguiente. Como el
país era entonces colonia belga, la misión fue confiada a
los monfortianos de los Países Bajos. El 18 de junio de
1933, el P. Kuypers escribía: "Hemos llegado a Elisabetha al
borde del río Congo, el 1° de marzo", y añadía: "esperamos
refuerzo para tomar la gran escuela de la Fábrica Belga de
Aceites aquí en Elisabetha".
En marzo de
1935 la misión comprendía dos centros: Lokutu -que era la
estación de Aceites-, con los PP. Mathysen y Bemelmans; e
Isangi: con los PP. Kuypers y Hoedemakers. La misión fue
constituida Prefectura Apostólica el 14 de junio 1951, y el
P. Luis Jansen fue nombrado Prefecto Apostólico de Isangi, y
luego obispo en 1962.
Capítulo
general de 1936
El P. Huré
murió en pleno ejercicio de su mandato, el 17 de junio de
1935. En el ínterin administró la Congregación el P. Teófilo
Ronsin, vicario general, y, en conformidad con las
constituciones, convocó un capítulo general, en el cual él
mismo fue elegido Superior General, el 23 de abril de 1936.
G. GENERALATO
DEL P. RONSIN
El P. Teófilo
Ronsin, nacido en 1871 en la diócesis de Vannes, presidió
los destinos de la Congregación durante toda la segunda
guerra mundial: 1939-1945, hasta 1947, año de la
canonización del P. de Montfort. Murió cinco años más tarde,
el 8 de marzo de 1952, a la edad de 80.
Al comenzar
su mandato la Congregación acababa de superar el millar.
Eran entonces 1010 Monfortianos: 446 Padres, 250 Hnos y 294
escolásticos. A pesar de la guerra, el crecimiento
continuaría, y en 1947 la Compañía de María contaba 1273
miembros: 793 Padres, 269 Hnos y 211 escolásticos.
Fundación de
la misión de Indonesia
Indonesia era
en aquellos tiempos colonia holandesa. Hay que remontar
hasta 1924 para encontrar el origen de un proyecto misionero
monfortiano en ese país musulmán, en que los católicos,
aunque muy minoritarios, son sin embargo muy numerosos a
causa de la población del país que casi alcanza 200
millones, al final del siglo XX.
En 1924,
pues, el Provincial de los Capuchinos holandeses ofreció al
Provincial Monfortiano una parte de su territorio de misión,
en la isla de Borneo. Por falta de personal, no fue posible
aceptar, pero 12 años más tarde, en octubre de 1936, el
Provincial de los Países Bajos pidió al P. Ronsin, Superior
General, el permiso de abrir una misión en las "Indias
Orientales Holandesas".
Monseñor van
Valenberg, Capuchino, Vicario Apostólico de Pontianak,
ofreció a los Monfortianos una parte de su diócesis, la que
consideraba menos fácil. Para poder enviar más misioneros,
el P. Mateo Hupperts, provincial de los Países Bajos, pidió
a Roma el permiso de abandonar Mozambique: la situación
política y eclesial eran extremamente difíciles, y el
trabajo misionero se había hecho prácticamente imposible. El
permiso fue negado, pues el Papa Pío XI esperaba mucho de la
presencia de los extranjeros en Mozambique.
En diciembre
de 1938 se firmó un contrato entre Monseñor van Valenberg y
la Provincia de los Países Bajos. Los primeros misioneros
monfortianos salieron para Indonesia el 15 de marzo de 1939.
Eran: el P. Enrique L'Ortye, superior, el P. Juan Linssen y
el Hno. Bruno. Debieron adaptarse a circunstancias
difíciles: pobreza, dificultades de lenguas desconocidas,
peligros de toda suerte en una naturaleza hostil,
enfermedades tropicales... A la llegada de los misioneros en
1939, Indonesia era todavía colonia holandesa. En 1940 los
Países Bajos fueron invadidos por los Alemanes, y el
contacto con Indonesia se hizo imposible. En 1942 el país
fue ocupado por los Japoneses, y los ciudadanos holandeses
fueron internados en campos de concentración.
Entre tanto,
el grupo había llegado a ser más numeroso: Los PP. José
Wintraecken, Lamberto van Kessel: futuro obispo, y Pedro van
Eunen habían sido nombrados para Indonesia. El último tuvo
que aprender el Chino en Holanda y eso le ahorró el campo de
concentración: partió para Borneo después de la guerra.
Cuando
regresaron a su misión, luego de tres años y medio de
ausencia, comenzaba la lucha por la independencia. Hubo gran
derramamiento de sangre, hasta el nacimiento de una
Indonesia libre en 1949. Para evitar ser expulsados del país
como extranjeros indeseables, la mayor parte de los
misioneros optaron por la nacionalidad indonesia. La misión
fue erigida en Prefectura Apostólica el 11 de marzo de 1948,
y el P. van Kessel fue designado Prefecto Apostólico.
La Segunda
Guerra Mundial: 1939-1945
Varios
lugares de la Congregación fueron afectados por la segunda
guerra mundial que duró de 1939 a 1945. Algunos Monfortianos
fueron capellanes militares, en los ejércitos americano,
canadiense, inglés o italiano. Para Francia, por el hecho de
que los religiosos no estaban exentos del servicio militar,
fue una página muy difícil: 40 Padres, 31 Hermanos, 35
escolásticos, 3 novicios clérigos y 2 novicios Hermanos
fueron movilizados, lo que representaba alrededor del 10% de
la Congregación. Hubo pocas víctimas entre ellos: solamente
1 Padre, 1 Hermano y 2 escolásticos, pero un gran número
experimentaron el cautiverio, de 1940 a 1945.
A pesar de la
guerra, fue posible celebrar el centenario del
descubrimiento del Tratado de la Verdadera Devoción,
en 1942. Se publicó una edición fotocopiada del manuscrito.
El proceso de la canonización del P. de Montfort estaba
terminado, pero no era posible, a causa de la guerra,
proceder a la canonización. Para preparar el evento, el P.
Luis Le Crom, de la Provincia de Francia, escribió una
biografía del futuro santo, que sigue siendo un documento de
obligada referencia.
El 10 de
enero de 1940, previendo las posibles dificultades de
comunicación, el Superior General había delegado los más
amplios poderes posibles a los Superiores Provinciales.
Tenía razón, ya que en junio Francia fue invadida por el
ejército alemán.
Por varios
años, algunos jóvenes de Gran Bretaña que habían hecho sus
estudios secundarios en la escuela apostólica de Romsey,
acudían a Francia para el noviciado y el escolasticado.
Desde el 16 de junio, los que se encontraban en el
escolasticado de Montfort-sur-Meu lograron embarcarse en San
Maló para regresar a su país. Los que hacían el noviciado en
Chézelles, en el centro de Francia, fueron menos
afortunados. Partieron hacia el Occidente, y se detuvieron
en San Lorenzo para tener la aprobación explícita de las
autoridades de la Congregación.
El P.
Francisco Le Texier, asistente general, francés
nacionalizado canadiense, logró convencer al Consejo General
de que era mejor hacerlos regresar al noviciado. Dieron
marcha atrás y algunas semanas más tarde, a finales de
julio, los soldados alemanes vinieron a capturarlos en
Chézelles. Estuvieron prisioneros en San Dionisio, al norte
de París, hasta 1944. ¡Qué ironía de la surete! ¡El P. Le
Texier, súbdito de Su Majestad británica, fue internado con
ellos y los acompañó durante esos cuatro años!
Fundación de
la Viceprovincia de Inglaterra
Los
escolásticos, vueltos a Inglaterra, se vieron obligados a
organizarse por sí mismos, pues las comunicaciones con
Francia se habían tornado imposibles. El P. Juan Luis
Troadec, de la Provincia de Francia, se encontraba en Romsey
y había sido delegado por el Superior General, "para todas
las obras monfortianas de Inglaterra". Obtuvo de Roma un
permiso especial, el 4 de febrero de 1941, gracias al cual
el grupo podía funcionar "a modo de Provincia", con un
consejo especial y bajo su dirección. Esta situación
extraordinaria fue, sin embargo, breve, ya que el Consejo
General de la Congregación pudo entrar en comunicación, y
por fuerza de los acontecimientos erigió las casas de
Inglaterra en Viceprovincia, el 6 de abril de 1941. El P.
Pedro Ryan, profeso desde 1930, con algunos años de
sacerdocio, y líder del grupo, fue su primer superior. Su
mandato le fue renovado en 1948.
Proyecto en
Portugal
Por la guerra
era difícil lanzar nuevas fundaciones. Sin embargo, en la
sesión del Consejo general del 10 de septiembre de 1943, se
expresó el deseo de recibir en la Congregación aspirantes
portugueses.
Para preparar
misioneros para Mozambique, los monfortianos holandeses
habían abierto una casa en Amadora-Portugal, en 1936. Era un
punto de apoyo para el aprendizaje de la lengua. El deseo
del Consejo General no tuvo efecto, dado que la casa no
había sido erigida canónicamente, y habrá que esperar aún
varios años antes de acoger las vocaciones portuguesas. Se
intentará nuevamente en 1946, pero aún sin resultados.
Capítulo
General de 1947
Del 16 de
abril al 8 de mayo se celebró en San Lorenzo el capítulo en
el cual fue elegido, no sin dificultades, el sucesor del P.
Ronsin. En efecto, los monfortianos de la dinámica Provincia
de los Países Bajos orientaban la opción hacía uno de lo
suyos, mientras que la Provincia de Francia tenía todavía
bastante influencia para elegir un francés. El P. Alejandro
Josselin fue elegido Superior General el 17 de abril. Había
sido prisionero de guerra en 1940, liberado en 1942 y
designado superior de la Provincia de Francia. Elegido por
12 años, moriría en un accidente durante el ejercicio de su
mandato, el 1° de octubre de 1957.
H. GENERALATO
DEL P. JOSSELIN
El generalato
del P. Josselin está marcado por la canonización del P. de
Montfort, el 20 de julio de 1947, y el traslado a Roma de la
casa general, en 1950. En el momento de su elección la
Congregación contaba 793 Padres, 269 Hermanos y 211
escolásticos: 1273 miembros en total. Bajo su mandato el
ritmo de crecimiento continuó muy elevado, hasta el punto de
que en el momento del capítulo que eligió al sucesor, los
Monfortianos eran 1670, lo que significa un aumento del 25%.
Sin embargo no hubo nuevas fundaciones notables, salvo un
modesto comienzo en Alemania y en la península ibérica:
Portugal y España.
Respondiendo
un día a los escolásticos de la Provincia de Francia, que le
pedían trasladar el curso de liturgia que se daba los
Domingos, el Superior General escribió lacónicamente. "Que
no se renueve nada: hágase lo que es tradicional". Esta
respuesta describe admirablemente su extrema prudencia: se
preocupaba más por la fidelidad al pasado que por la
innovación del futuro.
Canonización
del P. de Montfort
El proceso de
canonización del Fundador, retardado por la guerra, llegó
finalmente a su cumplimiento. El Papa Pío XII proclamó Santo
a Luis María Grignion de Montfort, el 20 de julio de 1947.
Hubo
celebraciones grandiosas en diversos lugares: en Montfort
del Meu del 29 al 31 de agosto; en San Lorenzo del 12 al 14
de septiembre; en Schimmert el 8, 10, 12 y 14 de septiembre;
en Romsey del 19 al 21 de septiembre; en Redona el 19 y 22
de septiembre; en Ottawa del 5 al 7 de octubre y también en
otros lugares menos notables. La última celebración tuvo
lugar en el Calvario de Pontchâteau, del 10 al 13 de junio
1948, presidida por Monseñor Angelo Roncalli, entonces
Nuncio en París y futuro Papa Juan XXIII. El Domingo 13 de
junio había allí más de 150.000 peregrinos.
Fundación en
Alemania
Al final de
la guerra, la Provincia de Holanda era la más dinámica de la
Congregación. Tenía a su cargo Dinamarca, Islandia,
Mozambique, Congo Belga y Borneo.
En 1947 el P.
Friederichs se establecía en Hehn, Alemania,. cerca de la
frontera holandesa. Con el acuerdo del obispo de Aquisgrán y
un pequeño grupo de alumnos, comenzó el 18 de septiembre un
embrión de escuela apostólica. En 1950 se presentaron cuatro
antiguos soldados que pedían admisión en la Congregación.
Entonces, la Provincia de Holanda para acogerlos, compró una
casa en Rheydt, que es, por así decirlo, la "casa madre" de
la que sería la Provincia de Alemania. Esta casa funcionó
como internado hasta 1975, para los jóvenes que seguían los
cursos del "Gimnasio" de Rheydt.
La segunda
comunidad fue la parroquia de Santa Isabel, en Bonn, capital
de Alemania hasta la reunificación del país. Los
Monfortianos querían establecer en Bonn una Procuraduría y
el obispo de Colonia les ofreció esa parroquia.
Vida de la
Congregación
El 31 de
julio de 1948, las casas de los estados Unidos fueron
desligadas de la Provincia de Canadá y erigidas en
Viceprovincia.
Durante el
mismo año, los Monfortianos de los Países Bajos abrieron una
casa en Salzburgo, Austria.
En el verano
de 1950, la casa general emprendió el traslado de San
Lorenzo a Roma. La idea había sido debatida varias veces
desde el capítulo de 1919, pero solamente el 18 de agosto de
1950 comenzó a funcionar en Roma la casa general, en la
calle que más tarde, gracias a la influencia de un Hermano
monfortiano ante la municipalidad romana, se convirtió en la
"Calle de los Monfortianos".
En 1950 los
misioneros de Colombia abandonaron el Vaupés, como se dijo
antes. Comenzaron entonces a explorar el Vichada al Oriente
del departamento del Meta cuya capital es Villavicencio. La
misión del Vichada fue constituida Prefectura Apostólica en
1956 y el primer Prefecto fue el P. Emiliano Pied, un
francés. A su muerte en 1962, le sucedió el P. Alfonso
Kuypers, holandés, y, a partir de 1969 los siguientes fueron
todos colombianos: Lucreciano Onofre, José Aurelio Rozo y
José Alberto Rozo, con el P. Theo Weijnen como Proprefecto
encargado entre 1974 y 1977.
El 14 de
junio de 1951, fue creada la Prefectura Apostólica de
Isangi, en el Congo Belga, hoy Zaire.
En 1953 el
Consejo General confió a la Provincia de Francia el encargo
de fundar la Congregación en España. Fue enviado allí un
primer monfortiano que residió durante casi un año en
Barcelona, en una casa de los Padres Claretianos, antes de
establecerse en Madrid, donde se fundó la primera casa. con
el P. Andrés Gaudiche como superior, en el verano 1954. En
1957, bajo la inspiración del P. Andrés Blanloeil, comenzó a
funcionar una pequeña escuela apostólica, que en 1965 fue
trasladada fuera de Madrid a Loeches, instalada en edificio
propio construido por el P. Miguel Bertrand. Interesante
anotar: en España y en español se realizó la primera
publicación completa de los escritos del P. de Montfort,
bajo el impulso del P. jesuita Nazario Pérez, director
espiritual en la Universidad de Comillas, donde se formaba
la élite del clero español. El libro acababa de aparecer
cuando los Monfortianos pisaron tierra española.
El 29 de
septiembre de 1952 se abrió una escuela apostólica en Quinta
da Olaia, Portugal. El 31 de enero de 1955, el Consejo
General aprobó su traslado a Fátima, que se realizó a
principios del nuevo año escolar.
Apostolado de
los Monfortianos
Durante el
período que va de 1947 a 1958, los Monfortianos cumplían
concienzudamente sus tareas en todas las partes donde se
encontraban. Aunque en numerosos sitios permanecían
literalmente fieles a la tradición monfortiana con la misión
parroquial -en Francia particularmente donde la misión se
dirigía a conjuntos cada vez más vastos, como sectores
rurales o ciudades enteras, en colaboración con otras
Congregaciones, y también en Canadá, Italia, Holanda y
Bélgica- hay que reconocer que en razón de la dispersión
geográfica y la adaptación necesaria a las condiciones
locales, las actividades de los miembros de la Compañía de
María tendían a diversificarse. Una Provincia como la de los
Países Bajos estaba enteramente orientada a la misión "ad
gentes". Por lo demás, la multiplicidad de escuelas
apostólicas, noviciados y escolasticados, movilizaba un
número importante de sacerdotes para la formación. A nivel
de escolasticados particularmente, la preparación necesaria
para la enseñanza conllevaba una formación intelectual más
esmerada. Por ello, la Congregación contaba con cierto
número de teólogos calificados y de especialistas en
mariología.
Hay que
mencionar la importancia adquirida por el apostolado de los
medios escritos. Algunos Monfortianos escribían libros, pero
la producción era importante sobre todo en el dominio de las
revistas. Las revistas fundadas al principio del siglo
seguían en marcha: "El Reino de Jesús por María" y la
"Revista de los Sacerdotes de María", en Francia; "El
Mensajero de María, Reina de los Corazones", en Canadá;
"Reina de los Corazones" se había convertido en "Madre y
Reina", en Italia.
Habían nacido
otras que conviene mencionar:
* En Holanda:
"De standaard van María", en Berg-en-Dal, "Middelares en
Koningin", en Lovaina, con edición en francés para Bélgica:
"Médiatrice et Reine"; "Im Dienste der Königin", en
Salzburgo, para los lectores de lengua alemana.
* En Estados
Unidos: "Queen of All Hearts", en Bay Shore.
* En
Inglaterra: "Queen and Mother", en Liverpool.
* En
Colombia: "El Heraldo de la Reina", en Bogotá.
Además, un
cierto número de boletines trataban de interesar a sus
lectores en la espiritualidad y misión de los Monfortianos:
"Le Petit missionnaire", en Francia, más tarde: "Jeunesse
Montfortaine"; "De Flambouw", en Holanda; "Montfort", en
Canadá; "Nazareth Monfortana" y "L'Apostolino di María", en
Italia; "The Acolyte", en Estados Unidos.
Es bueno
subrayar que, cincuenta años más tarde, "L'Apostolino di
Maria", convertido en la revista de las misiones de los
monfortianos italianos con el título de "L'Apostolo di
Maria", alcanzará una gran prosperidad. Los otros boletines
dejarían de existir, mientras Canadá crearía una revista
misionera titulada "Les nôtres", y Francia tendría el
Boletín de la Fundación Roger Riou, misionero monfortiano en
Haití, donde con la ayuda colaboradores generosos, fundó un
hospital en la Isla de la Tortuga.
Muerte del P.
Josselin
En octubre de
1957 se celebraría en San Lorenzo el capítulo general de las
Hermanas de la Sabiduría. Según la tradición, el superior
general de los Monfortianos era también superior general de
las Hermanas, con derecho de intervención, y no podía faltar
al capítulo.
Viniendo de
Nantes, se dirigía a San Lorenzo, el 1° de octubre. A la
salida de la ciudad se había detenido a saludar a las
Hermanas en una de sus casas. Atravesando en seguida la
calle, fue atropellado por un motociclista. Murió algunas
horas más tarde, a los 56 años. Le faltaban aún dos años
para completar su mandato.
Por diversas
razones no fue posible reunir el capítulo general antes de
abril del año siguiente. Aseguró la interinidad el P. León
María Fournier, Vicario General, de la Provincia de Canadá.
I. GENERALATO
DEL P. HEILIGERS
Capítulo de
1958
El capítulo
general, celebrado en Roma, en la casa general, comenzó el
17 de abril y terminó el 8 de mayo. Las ideas que afrontaría
años más tarde el Concilio Vaticano II, ya estaban actuando
en la Iglesia. Entre los partidarios de una evolución que
estimaban urgente, y los que sostenían una tradición que
juzgaban inmutable, no era fácil encontrar un compromiso.
Estas dos tendencias estaban presentes en el capitulo
general monfortiano y parece que haya prevalecido la audacia
de los que aspiraban al cambio. Así fue elegido como
Superior General el P. Cornelio Heiligers, de la Provincia
de los Países Bajos. Tenía 51 años e iba a dirigir la
Congregación hasta el capítulo de 1969. Murió en Roma
durante el capitulo general de 1975, al cual asistió por
derecho, como antiguo superior general.
El Concilio
Vaticano II
El mandato
del P. Heiligers está marcado por el acontecimiento del
Concilio Vaticano II, desarrollado entre 1962 y 1965. El
mismo participó como Padre conciliar a título de superior de
una Congregación religiosa con más de mil sacerdotes. Trece
obispos monfortianos fueron también Padres conciliares, sin
que todos hayan participado a todas las sesiones: Monseñor
Alán Le Bretón, obispo emérito de Tamatava en Madagascar,
fallecido en 1964; Mons. julio Puset, obispo en función de
la misma sede; Mons. Francisco Bruls, Vicario Apostólico de
Villavicencio, Colombia, y su auxiliar Mons. Gregorio
Garavito; Mons. Alberto Guiot, obispo de Port-de-Paix,
Haití; Mons. Remigio Augustin, obispo auxiliar de Puerto
Príncipe, Haití; Mons. Luis Jansen, obispo de Isangí, Congo;
Mons. Juan Gunnarsson, Vicario Apostólico de Reykjavik,
Islandia; Mons. Juan Bautista Theunissen, arzobispo de
Blantyre, Malawi; Mons,. Laurencio Hardman, obispo de Zomba,
Malawi; Mons. Lamberto van Kessel, obispo de Sintang,
Indonesia; Mons. Gerardo Deschamps, Prefecto Apostólico de
Darú, Papúa y Mons. Vroemen, obispo de Chikwawa, Malawi, que
fue ordenado obispo en 1965 y sólo participó en la última
sesión. Mons. Alfonso Kuypers, Prefecto Apostólico del
Vichada, Colombia. no asistió a ninguna sesión. El P. Elio
Gambari de la Provincia italiana, fue experto del Concilio
para los Religiosos.
Los mimebros
de la Congregación continuaron en aumento, pero a un ritmo
cada vez más lento hasta alcanzar la cima en 1966, cuando
comenzó la disminución poco sensible en 1968, pero muy
severa en los años siguientes. De 1958 a 1966, la
Congregación pasó de 1670 a 1970 miembros: el aumento fue
pues del 12%. En 1968 aún había 1932 Monfortianos; pero ya
no eran más que 1480 en 1975, es decir, cerca del 25% menos
que en 1966. Esta recesión será analizada en el capítulo
siguiente.
Reconciliación con los Hermanos de San Gabriel
Una querella
histórica sobre los orígenes de los Hermanos de San Gabriel
contaminó las relaciones entre su Congregación y la Compañía
de María, desde finales del último siglo. En su circular del
3 de mayo de 1888, solamente algunos meses después de la
beatificación del P. de Montfort, el Hno. Huberto María,
Superior general, hablaba aún del P. Deshayes como de
"nuestro venerado Padre y Fundador", y mencionaba al Beato
de Montfort "a quien nos agrada llamar también nuestro
Padre". Un mes más tarde, en su capítulo general, los Hnos.
decidieron por 27 de 29 votos, considerar al Beato Grignion
de Montfort como su fundador, y se consideraban sucesores
del Hno Maturino, quien además de su ayuda a los misioneros,
había sido también maestro de escuela. Los Padres de la
Compañía de María rechazaban esa filiación directa. Para
ellos los sucesores del Hno. Maturino eran los Hermanos
coadjutores -como se les llamaba- de la Compañía de María,
mientras que los Hnos. de San Gabriel debían su existencia
al P. Gabriel Deshayes.
La polémica
llegó al paroxismo en el momento de la Canonización del P.
de Montfort, en 1947. De hecho, la Comisión de historia del
Vaticano debía definir el debate antes que el Papa
procediera a la canonización, y ella se pronunció a favor de
la tesis sostenida por los Padres de la Compañía de María.
Eso fue para los Hermanos un gran sufrimiento y se vieron
marginados de las fiestas que tuvieron lugar con ocasión de
la canonización, particularmente en San Lorenzo. Los años
siguientes las relaciones entre las dos Congregaciones
carecían de calor recíproco.
El problema
se sentía de modo particular en la Provincia de Francia.
También el P. Heiligers, como holandés, lo veía de manera
totalmente desapasionada, y deseaba sinceramente tener
relaciones normales, es decir cordiales, con los Hnos. de
San Gabriel. Gracias a él, fue posible serenar el debate de
ambas partes y establecer el diálogo. Participaron algunos
especialistas, entre los cuales hay que nombrar al P. Luis
Pérouas, historiador profesional, de la Provincia de
Francia.
Vida de la
Congregación
La vitalidad
de la Congregación que veía crecer el número de sus miembros
empujaba a nuevas fundaciones. La Provincia de Canadá tenía
a su cargo la misión de Vancouver y también enviaba
misioneros a Malawi y Haití. En 1959, después de 56 años de
presencia monfortiana, dejó Vancouver a los Oblatos de María
Inmaculada y encontró un nuevo territorio de misión. Ya el 7
de agosto de 1958 el P. Edmundo Lausier partía para Darú, en
Papúa, donde los misioneros del Sagrado Corazón de Issoudun
estaban dispuestos a ceder una parte del territorio que
tenían a su cargo. Los habitantes de esos lugares vivían aún
en estado prehistórico, y la Provincia de Canadá puso en
acción importantes medios para equipar la misión y poder
visitar los rincones más inaccesibles, donde las vías
fluviales eran los únicos medios de acceso a la mayor parte
de los sitios. La misión fue equipada con embarcaciones y
avionetas. La Provincia envió suficiente personal para hacer
frente a las necesidades. Entre los pioneros hay que
mencionar al P. Gerardo Deschamps, que asumiría las
funciones de Prefecto Apostólico en 1961, y de obispo, en
1966.
El 12 de
julio de 1960, el Superior General erigió la Viceprovincia
de Gran Bretaña/Irlanda. Así mismo, Italia fue constituida
Provincia el 16 de septiembre del mismo año. El 5 de mayo
siguiente tocó el turno a Estados Unidos, y el 23 de junio a
Colombia.
En 1961 el P.
Pascual Buondonno, partió para el Perú con el fin de
implantar allí la Compañía de María. Tras un comienzo
difícil, los Padres italianos enviados allí en los años
siguientes tuvieron la alegría de acoger las primeras
vocaciones peruanas.
En 1962 el
Superior General aceptó que la Congregación se encargara del
santuario de Efeso, en Turquía. Para facilitar la acogida de
los peregrinos que llegan de todas partes del mundo
cristiano, se constituyó una comunidad internacional: un
francés, el P. Francisco Le Roux, superior del equipo, un
americano, el P. Francisco Allen, y un italiano, el P. José
Rum. En 1963 se sumó a ellos el P. Huberto Pocock,
canadiense. Esta fundación duró solamente cinco años por
dificultades insuperables que obligaron a los Monfortianos a
abandonar el lugar.
En 1966
fueron erigidas en Viceprovincias Haití, el 1° de febrero, y
Bélgica, el 11 de junio.
El gobierno
del P. Heiligers coincidió con el período de descolonización
de Africa. En las antiguas colonias inglesas, como el actual
Malawi, gracias al pragmatismo británico, o en las colonias
francesas, como Madagascar, por la clarividencia del
Presidente de la República francesa, el General de Gaulle,
la transición se pudo hacer sin daños graves.
Desafortunadamente no en todas partes fue lo mismo.
Sufrimientos
en el Congo belga: Zaire
El año 1960
marcó el fin de la colonización belga. Bajo el control del
partido de Lumumba, la provincia oriental se declaró
independiente, luego el país entero alcanzó la
independencia. Reinaba en él un clima de violencia entre
facciones rivales, y de resentimiento frente a los
colonizadores. En la noche del 2 al 3 de junio de 1961, los
Blancos tuvieron que refugiarse en Isangí y en Stanleyville,
y la calma sólo retornó en septiembre.
En 1964
empeoró la situación. El 10 de noviembre el Hno. Clemente,
Cornelio Vennix, murió víctima de malos tratos, en Basoko.
Tenía 63 años. Algunos días más tarde, el 19 de noviembre,
en Isangí fue asesinado el P. Leonardo Ammerlaan, de 32
años. Un grupo importante de Padres y Hermanos pudieron ser
evacuados a Stenleyville, y luego a Léopoldville, para de
allí partir Europa.
El Mariscal
Mobutu llegó a la presidencia de la República, y en 1967 la
situación había mejorado considerablemente. En 1971 el país
cambió su nombre por Zaire.
Sufrimientos
en Mozambique
Disturbios
similares tuvieron lugar en Mozambique frente a los
colonizadores portugueses, y de rebote a los europeos. El 24
de agosto de 1964, fue asesinado el P. Daniel Boormans, de
la Provincia de los Países Bajos, de 32 años.
El 25 de
junio de 1975, el país alcanzó su independencia, y el
FRELIMO (Frente de Liberación de Mozambique),
instauró un régimen marxista leninista. A partir de julio
siguiente, todas las construcciones y todos los bienes de la
misión fueron nacionalizados. La situación de los misioneros
se hizo extremamente precaria. Expulsados de su misión se
vieron obligados a dedicarse al trabajo que les imponía el
Estado, principalmente a la enseñanza.
Los
misioneros monfortianos eran más de treinta. En la
imposibilidad de cumplir su misión pastoral, varios
regresaron a Holanda y en seguida se fueron al Brasil; otros
pasaron a Malawi. Solamente permanecieron tres: Los PP.
Pedro Hijnen, fallecido en 1986, Hans Bruininks y Dick
Koolloos. Vivieron varios años en condiciones extremamente
penosas, en verdad heroicas. Cuando fueron autorizados a
regresar a su misión en 1981, tuvieron que afrontar
innumerables dificultades, y ejercieron su apostolado hasta
nuestros días en la parroquia de Montepuez, con 65 puestos
de misión.
La relación
entre Iglesia y Estado comenzó a mejorar solamente en 1988,
después de la visita del Papa Juan Pablo II. Los bienes
confiscados en 1975 fueron restituidos, y renació para la
Iglesia la esperanza.
Dificultades
en Haití
Monseñor
Remigio Augustin fue el primer obispo autóctono de Haití.
Nació en Pétionville en 1910 y fue ordenado sacerdote para
la diócesis de Puerto Príncipe en 1933. Se hizo monfortiano
en 1947, luego de haber hecho su noviciado en
Celles-sur-Belle, Francia, y trabajó enseguida en la
diócesis de Port-de-Paix como misionero diocesano y director
de las obras misioneras. Fue nombrado obispo auxiliar de
Puerto Príncipe en abril 1953 y recibió la ordenación
episcopal el 31 de mayo del mismo año.
En 1961 fue
expulsado de su país por el Presidente Francisco Duvalier, y
vivió varios años de exilio en Europa, particularmente en
España, donde tuvo su residencia entre las sesiones del
Concilio Vaticano II. En 1966 volvió a su país con el
título de obispo coadjutor de Port-de-Paix, donde fue
administrador apóstolico en 1971, y obispo titular en 1978.
Renunció en 1982 y murió al año siguiente en Puerto
Príncipe.
Capítulo
general de 1964
Se ha
calificado éste como un "capítulo de negocios", o asuntos
generales. Efectivamente, no se trataba de elegir un
superior general, ya que su mandato era de 12 años.
Solamente los asistentes generales, elegidos para seis años,
habían llegado al final de su mandato, y el capítulo debía
por tanto proceder a la elección de un nuevo Consejo
General.
El capítulo
duró del 5 al 16 de junio. Se trabajó intensamente en la
preparación del capítulo especial, que debía revisar las
Constituciones, según las orientaciones del Concilio
Vaticano II, aún no terminado. Se crearon varias comisiones.
La más importante era la que debía estudiar y revisar las
Constituciones. Iba a reunirse varias veces y a producir un
enorme trabajo, cuyos resultados serían sometidos a los
capitulares de 1969. El Concilio había pedido a los
Religiosos redescubrir el carisma de su Fundador y adaptarse
al mundo actual. Los documentos del Papa Pablo VI: Perfectae
caritatis de 1965, y Ecclesiae Sanctae de 1966, daban
normas para ello.
Otra comisión
debía preparar la publicación de las Obras Completas
del Fundador -que serían editadas en 1966, con ocasión del
250° aniversario de la muerte del Fundador. Una tercera
tenía que precisar la espiritualidad monfortiana.
Fundación en
Brasil
Con el fin de
responder al llamado en favor de América Latina, hecho por
el Papa Juan XXIII, el P. Heiligers pidió a los cohermanos
de la Provincia de los Países Bajos considerar la
realización de una fundación en Brasil. En 1967 los PP.
Francisco Knibbeler y Guillermo Kuypers -este último antes
misionero en Zaire y Mozambique- partieron para las diócesis
de San Pablo y Lins. Más tarde se unieron a ellos varios de
sus cohermanos de Mozambique, que por los acontecimientos
que golpearon su misión, se habían visto obligados a
regresar a la Provincia.
Fundación en
Argentina
Durante las
sesiones conciliares en las cuales participó, el P.
Heiligers encontró algunos obispos de América Latina, y fue
sensible a sus peticiones de ayuda sacerdotal. Para
responder a una de ellas se decidió la fundación de
Argentina. Fue confiada a la Provincia de Francia, en un
momento en que la misión itinerante, principal ocupación de
los monfortianos franceses, entraba en crisis.
El P. Jorge
Chantrel llegó a Buenos Aires como explorador el 5 de mayo
de 1966, y lo siguieron otros tres misioneros el 26 de
junio. Todos tenían larga experiencia en la misión
itinerante, y el P. Chantrel, superior del equipo, veía la
aceptación de una parroquia como un punto de apoyo necesario
para una irradiación más amplia. La implantación monfortiana
se realizó en la diócesis de Lomas de Zamora, en el gran
Buenos Aires.
En Argentina,
como en Francia, las misiones parroquiales presentaban
señales de ocaso, y los dos monfortianos a ellas destinados
tuvieron que contentarse con colaborar en la pastoral
parroquial y predicar retiros. En 1980 fue posible
recomenzar las misiones populares, en colaboración con los
Redentoristas, pero lo esencial del apostolado monfortiano
en Argentina ha sido la parroquia en las zonas más pobres de
la periferia capitalina.
*******
CAPITULO VI -
HACIA UN NUEVO EQUILIBRIO
A.
CONTINUACION DEL GENERALATO DEL P. HEILIGERS
Con el paso
del tiempo, se puede ver que 1966 fue un año axial en la
Historia de nuestra Congregación. La magnífica curva
ascendente que describe la progresión de sus miembros por
espacio de un siglo, y que tiene su mayor importancia en el
período que va de 1925 a 1958, se invierte de repente en
1966: ¡¡el "pequeño rebaño" deseado por el P. de Montfort no
llegará a los 2000 miembros!! Faltaron simplemente treinta.
La caída de personal aún no era alarmante en 1968, pero fue
brutal en los 7 años siguientes (Ver gráficas al fin del
libro. De 1966 a 1975, ¡la compañía de María perdió la
cuarta parte de sus miembros! La categoría más afectada fue
la de los escolásticos: de 260 en 1968, pasaron a sólo 62 en
1975.
Nuestra
Congregación fue duramente golpeada, pero no fue una crisis
exclusivamente propia: afectó a la Iglesia entera. Las otras
Congregaciones han conocido problemas similares, e
igualmente las diócesis. Numerosos religiosos y sacerdotes
abandonaron sus compromisos, y los candidatos a la vida
sacerdotal o religiosa ya no fueron sino un puñado.
En lo
concerniente a la Compañía de María, durante la década
1970-1980 varias Provincias cerraron sus noviciados y
escolasticados por falta de candidatos. Así sucedió en
Francia, Bélgica, Holanda y Canadá. Soluciones más o menos
afortunadas fueron improvisadas para los candidatos
excepcionales que pudieran presentarse en una u otra parte.
Aún en los lugares donde siempre ha habido escolásticos,
como Italia, el tradicional escolasticado monfortiano, con
profesores exclusivamente de la Congregación, ha
desaparecido completamente en todas partes. De las escuelas
apostólicas que trataron de subsistir, como en Italia y
Portugal, salen cada vez menos novicios.
¿Qué ha
pasado?
Cambios
culturales
Es difícil
analizar en pocas líneas un fenómeno extremamente complejo,
que afectó de manera particular a los países del hemisferio
norte. Una fuerte borrasca sopló sobre la Iglesia, que por
su encarnación en las realidades humanas, no podía evitar la
sacudida de lo que se puede llamar un verdadero cambio
cultural. Exceptuando las violencias callejeras que
afectaron a Francia durante todo el mes de mayo de 1968, hay
que decir que fue una revolución cultural no violenta, y sin
embargo, extremamente profunda.
En los países
ricos del hemisferio norte, una juventud levantada en la
abundancia material acusa a la sociedad que le impone sus
normas. Un slogan escrito en los muros de la Universidad de
la Sorbona, en París, en mayo 1968, revela el estado de
ánimo subyacente a las reivindicaciones: "Se prohíbe
prohibir". Si se analiza esta mentalidad nueva, se pueden
descubrir algunos elementos principales:
* Rechazo de
toda autoridad, considerada como un obstáculo al completo
desarrollo personal. Muchos de esos jóvenes rebeldes de 1968
serían luego pobres educadores, incapaces de ofrecer los más
elementales puntos de referencia para orientar en la vida a
sus hijos o a sus alumnos.
*
Reivindicación salvaje de una libertad sin freno, en todos
los dominios. Se instaló un amoralismo, convertido en pura
amoralidad, en realidad inmoralidad, en el dominio de lo
sexual.
* Reserva
extrema frente a un compromiso a largo plazo. En un mundo en
rápida y constante evolución, se hizo cada vez más difícil
un compromiso de vida.
No es
necesario hacer notar que mentalidad semejante concuerda muy
poco con las exigencias de una vida religiosa o sacerdotal.
Sin embargo se pueden resaltar en esta mentalidad nueva,
aspectos positivos dignos de notar:
* Hay una
innegable valoración de la persona como tal, que no debe ser
sacrificada a las exigencias ciegas de una sociedad
materialista.
* Hay también
un agudo sentido del universalismo, más allá de toda suerte
de fronteras, que lleva a rechazar categóricamente el
racismo o la guerra.
* Hay
finalmente, un deseo sincero de fraternidad universal, con
un sentido real de compartir.
La Iglesia,
en esos años de reivindicación de libertad, vivía el
pos-concilio. Solidaria con el mundo en que vive, no podía
dejar de ser marcada por la nueva mentalidad. Más allá de
los cuestionamientos necesarios planteados por el Concilio,
ciertos teólogos o sacerdotes influyentes llegaron a
posiciones incompatibles con la fidelidad a la Iglesia. Las
defecciones sacerdotales y religiosas fueron numerosas: los
millares de "reducciones al estado laical" firmadas por el
Papa Pablo VI fueron para él una prueba demasiado pesada.
Hay que decir, con todo, que el ambiente del tiempo
favorecía la clarificación de ciertas vocaciones, que, en
regiones de intensa práctica religiosa, eran más fruto de la
presión social o familiar que de la libre opción personal.
Capítulo
general especial de 1969
Sobre el
telón de fondo descrito se desarrolló el capítulo especial
de 1969. Fue consagrado enteramente a la revisión de las
Constituciones, de acuerdo con las decisiones conciliares, a
partir de los trabajos de la comisión creada en el capítulo
de 1964. Este capítulo especial fue realmente largo y se
desarrolló en dos sesiones: la primera en Roma, del 17 de
febrero al 2 de abril, y la segunda en Rotselaar, Bélgica,
dos años despúes, del 6 al 29 de julio 1971. La revisión de
las Constituciones terminó en la Regla de Vida: "Montfortain
aujourd'hui". La primera redacción apareció en 1971. Fue
retocada en 1975, luego en 1984 y finalmente en 1994. Por lo
demás, sólo se trataba de modificaciones menores.
No fue un
capítulo fácil. En el ambiente del pos-concilio estaba muy
lejana la "mens communis". Efectivamente, las novedades más
o menos legítimas que florecían en la Iglesia de entonces,
no dejaban de inquietar a algunos capitulares muy apegados a
las tradiciones del pasado. Otros, al contrario, delegados
por Provincias en las cuales las ideas nuevas comenzaban a
causar estragos, tendían a exigir reformas más o menos
aceptables.
En la primera
sesión, después de un mes de capítulo, se procedió a la
elección de un nuevo superior general. En efecto, el P.
Heiligers, cuyo mandato terminaba normalmente en 1970, había
presentado renuncia. Los electores acabaron poniéndose de
acuerdo en favor del P. Marcelo Gendrot. Tenía 48 años
cuando fue elegido, el 19 de marzo de 1969.
En
consonancia con los tiempos, había una aspiración muy fuerte
de mayor autonomía de las Provincias y un deseo de
participación en las decisiones de la Curia general. Tal
deseo se tradujo en práctica por la instauración del
Consejo General Extraordinario, compuesto por los Superiores
de las Provincias. El Superior General debía convocarlo al
menos una vez cada dos años. Los encuentros con frecuencia
han tenido lugar fuera de Roma: en Estados Unidos, en 1970 y
1976, y en Canadá, en 1973.
B. GENERALATO
DEL P. GENDROT
Según las
normas de las Constituciones, posteriores a la revisión del
capítulo especial, el P. Marcelo Gendrot fue elegido para un
mandato de sólo seis años. Nacido en la diócesis de Rennes
el 13 de junio de 1921, había pasado largos años en Roma.
Había sido Procurador general y asistente general. Era bien
conocido por toda la Congregación, pero tuvo que buscar
acuerdos con la nueva mentalidad, que entendía su papel como
de animador y no de superior cuyas órdenes había que
ejecutar.
Según la
tradición que remonta a los principios de la Congregación,
él era también Superior General de la Congregación de las
Hijas de la Sabiduría. Les consagraría una buena parte de su
tiempo, como sus predecesores, pero la nueva mentalidad
hacía su curso igualmente entre las Hermanas, y se acercaban
los tiempos en que ellas cuestionarían la intervención del
superior de la Compañía de María en sus propios asuntos.
En la década
de los años sesenta, cambió la escala del mundo, y la "aldea
planetaria", empezó a ser realidad. El transporte aéreo con
el advenimiento del jet se volvió veloz y dejó de ser
privilegio de los ricos. Habían pasado los tiempos de los
misioneros que pasaban viajando semanas enteras para llegar
a sus territorios. El superior general, respondiendo a su
papel de animador que la Congregación esperaba de él, se
convirtió en un gran viajero. El P. Gendrot fue el primer
superior general que visitó a todos los Monfortianos en sus
sitios de trabajo, aún en los lugares más apartados y de
difícil acceso.
A pesar del
rápido descenso de personal, el P. Gendrot conservó el
optimismo y no dudó en lanzar a la Congregación a nuevas
fundaciones. Los Monfortianos se iban a dispersar por el
mundo, pero tal dispersión estaría compensada por las
facilidades de comunicación, y, como las vocaciones en el
hemisferio norte eran cada vez más escasas, se hacía urgente
buscar en otra parte el relevo de la Congregación.
Vida de la
Congregación
Bajo el
impulso del P. Gendrot, diversas publicaciones a disposición
de los Monfortianos, profundizaban la espiritualidad
monfortiana o estudiaban diversos puntos de nuestra
Historia. El P. Pedro Eijkeler, de la Provincia de los
Países Bajos, realizó un trabajo histórico admirable sobre
los comienzos de la Compañía de María. Se puso en marcha una
serie de Documentos e investigaciones que pondrían al
alcance de todos documentos importantes, como la biografía
del P. de Montfort escrita por Juan Bautista Blain y la
escrita por el P. Besnard... ¡entre otros! A principios de
los años 70, se pusieron en pie, para el estudio de las
fuentes de la espiritualidad monfortiana y un mejor
conocimiento del Fundador, sesiones internacionales en las
cuales participaban igualmente los Hnos. de San Gabriel y
las Hnas. de la Sabiduría. La visita de los lugares
monfortianos en el curso de tales sesiones dio origen a lo
que luego fue la peregrinación Sobre los pasos de
Montfort.
El 11 de
octubre 1969, las Viceprovincias de Bélgica y Haití fueron
elevadas al rango de Provincias.
En 1970, el
P. Gendrot de viaje a Estados Unidos para el Consejo General
Extraordinario, hizo una escala en Nassau, Bahamas, con el
P. Francisco Gayot, entonces superior Provincial de Haití.
Decidieron fundar allí un equipo haitiano, compuesto de
Padres monfortianos e Hijas de la Sabiduría, al servicio de
los Haitianos que escapaban de su propio país.
El 7 de
noviembre de 1970, las casas de Alemania, y las de Portugal,
fueron constituidas en Región.
El 8 de
diciembre del mismo año, la misión de Madagascar fue
constituida Vicariato dependiente de la Provincia de
Francia. Algunos años más tarde, por la presencia de los
Padres italianos, el Vicariato quedó dependiendo también de
la Provincia de Italia. El 25 de marzo de 1871, la misión
del Zaire pasó a ser Vicariato Provincial de la Provincia de
Bélgica.
Del 6 al 19
de julio, como hemos dicho antes, se celebró la segunda
sesión del capítulo especial en Rotselaar, Bélgica.
En diciembre
de 1971, el Colegio Internacional de Via Romagna, en Roma,
dejó de existir oficialmente. Con la severa crisis de
vocaciones, las Provincias no tuvieron más estudiantes para
enviar. La casa fue alquilada a la Provincia de Italia, y
más tarde se convirtió en casa provincial.
El 3 de
septiembre de 1972, fue ordenado obispo un segundo
monfortiano de Haití, el P. Carlos Eduardo Peters. Nacido en
1911, hizo sus noviciado y escolasticado en Francia. Se
ordenó sacerdote en Rennes, en 1936, y fue nombrado obispo
de Jérémie, donde murió tres años más tarde, a los 64.
El 8 de
septiembre de 1972, España fue constituida en Región. Los
Padres y Hermanos eran allí pocos, pero el porvenir parecía
prometedor por el número de novicios y escolásticos. De
hecho, sólo era una ilusión: la crisis aún no había llegado
al país, y la tranquilidad duró poco.
En 1974, el
P. Francisco Gayot, de la Provincia de Haití, fue nombrado
obispo de Cap Haïtien. Nacido en 1927, hizo su noviciado y
escolasticado en Francia, fue ordenado sacerdote en
Montfort-sur-Meu, en 1954, y "arzobispo" de Cap Haïtien en
junio de 1988.
El 8 de
diciembre de 1975, la Región de Alemania fue constituida
Viceprovincia.
N.B. La
serie de creación de Vicariatos Provinciales y Regiones
respondía al deseo de una gran autonomía en relación con el
generalato, formulado en la primera sesión del capítulo
general de 1969.
Fundaciones
múltiples
Según la
orientación dada por el Superior General y su Consejo, la
Compañía de María buscaba nuevos sitios de implantación.
En 1971, se
orienta hacia la India. Dos Padres italianos: Atilio y
Miguel Angel Corna, tío y sobrino respectivamente, fueron
los pioneros de la fundación monfortiana en India. Varios
años más tarde, cuando por diversas dificultades, tuvieron
que dejar el país, el grupo monfortiano indio era
suficientemente sólido para continuar su ruta sin aporte
permanente del exterior.
En 1973, la
Provincia de Colombia se abría a un país vecino, Ecuador, y
dos Padres recibían la responsabilidad de La Esperanza, una
inmensa parroquia, ubicada en el flanco de la cordillera de
los Andes, en la diócesis de Latacunga.
Todavía en
1973 se hizo la fundación de Uganda. Algunas cartas enviadas
a la casa general por seminaristas ugandeses que solicitaban
entrada a la Congregación llevaron al Consejo General a
interesarse en ello. El P. Lamberto Terstroet, de la
Provincia de los Países Bajos, fue enviado allí como
profesor del seminario diocesano, en Kampala la capital.
Algunos años después le sucedió el P. Bernardo Faas. A su
turno fue enviado el P. Adriano van der Hulst quien fundó la
casa de Mbarara, donde acogió algunos candidatos a la vida
monfortiana, pero tuvo que abandonar la obra emprendida
cuando fue elegido asistente general en 1987. La casa sirvió
entonces para el noviciado de los candidatos africanos.
Aún en 1973,
los Monfortianos se establecieron en Australia. El proyecto
nació con ocasión de una visita a Brisbane del P. Gendrot,
acompañado de los superiores generales de la Sabiduría y de
San Gabriel. Desafortunadamente las circunstancias
impidieron que las Hermanas y los Hermanos participaran, y
la fundación fue realizada solamente por los Padres de la
Compañía de María: el P. Irvine Leclerc, de la Provincia de
Canadá, y los PP. Cirilo Madden y Alan Walpole, de la
Provincia de Gran Bretaña/Irlanda. Tomaron posesión de la
parroquia creada para ellos en Woodridge, a 20 km al
sur-este de Brisbane, Estado de Queensland. Los Monfortianos
realizaron en Australia un trabajo parroquial apreciable.
Durante algún tiempo el P. Pablo Allerton, de la Provincia
de Gran Bretaña/Irlanda dio retiros y misiones parroquiales.
De 1980 a 1982, el P. Lamberto Terstroet, de la Provincia de
los Países Bajos, enseñó en un seminario y dio conferencias
en varios lugares del país. A pesar de todos esos esfuerzos,
las esperanzas de encontrar vocaciones monfortianas en
Australia se frustraron y los Monfortianos se retirarían de
Australia al final del segundo mandato del P. Lemire.
En octubre
del mismo año fue confiado a la Provincia de Italia un
territorio en Malawi. Se creó la nueva diócesis de Mangochi,
con el P. Alejandro Assolari como obispo.
En 1974, tras
una visita de los PP. Eugenio Lynch y Teodoro Murphy, de la
Provincia de Estados Unidos, el Consejo general dio luz
verde a una fundación en Nicaragua. Los Monfortianos de
Estados Unidos, ayudados más tarde por el P. Igancio
González, colombiano, tomaron a su cargo la parroquia de
Santo Tomás, en la diócesis de Juigalpa.
Capítulo de
1975
Terminado el
mandato del superior general, se reunió un capítulo general
del 1° al 26 de septiembre de 1975. Su primera finalidad era
elegir superior general y el P. Gendrot fue reelegido para
un segundo mandato. En cambio, el Consejo General, menos un
asistente, fue enteramente renovado.
El capítulo
no tenía que tomar decisiones extraordinarias, ni arreglar
problemas urgentes. Sólo trató de profundizar las
actualizaciones hechas por el capitulo precedente y de hacer
el diagnóstico de la situación presente. Se pudo hablar de
un "capítulo de discernimiento". En el curso del mismo murió
el P. Heiligers, antiguo superior general. Fue sepultado en
el cementerio de Campo Verano, en Roma,
Segundo
mandato del P. Marcelo Gendrot
Hubo muy
pocas novedades en el segundo mandato del P. Gendrot. La
Compañía de María había perdido en 9 años la cuarta parte de
sus miembros, y no se podía pensar en nuevas fundaciones. A
partir de 1975, el descenso de la Congregación fue muy
moderado. Sin embargo desde entonces, la curva de personal
no se ha invertido: sigue siendo una curva descendente,
implacablemente regular!
El 1° de
febrero de 1977, Portugal, hasta entonces parte de la
Provincia fundadora de los Países Bajos, fue constituido
Vicariato general, es decir dependiente directamente de la
Curia general.
El 9 de marzo
de 1978, la fundación del Perú pasó a ser Región vinculada a
la Provincia de Italia.
En 1978, el
P. Francisco Colimnó, de la Provincia de Haití, fue nombrado
obispo coadjutor de Monseñor Augustin, en la diócesis de
Port-de-Paix. Nacido en 1934, hizo su noviciado y
escolasticado en Francia, se ordenó sacerdote en 1962 y fue
obispo titular de Port-de-Paix en 1982.
El 8 de
noviembre de 1979 la Viceprovincia de Alemania fue erigida
en Provincia, a pesar de su pequeño número de Religiosos y
de su escasa esperanza de desarrollo.
El P. Gendrot
hubiera querido implantar la Congregación en los llamados
entonces "Países del Este", es decir los que vivían bajo el
régimen comunista y la influencia de Moscú. Las gestiones
emprendidas del lado de Polonia no tuvieron resultado
ninguno. En cambio, en lo que era Yugoslavia, la Compañía de
María pudo establecerse en Zagreb, gracias a dos candidatos
croatas que entraron a la Congregación, uno ya secerdote. En
1995 y 1996 se ordenaron sacerdotes otros tres escolásticos
croatas.
Fin del
mandato del P. Gendrot
Año y medio
antes del capítulo que eligiría a su sucesor, el P. Gendrot,
en circular de enero 1980, hacía el balance de la situación
del momento, utilizando la divisa de la ciudad de Liverpool:
"Respice! Aspice! Prospice!": Observa, ausculta, proyecta, e
invitaba a los Monfortianos a una triple mirada de
fidelidad, discernimiento y esperanza,
La primera
mirada hacia el pasado invitaba a recordar las fuentes: Luis
María, la Madre María Luisa, los mártires monfortianos de
todas las Revoluciones, y todos los que han hecho la
Congregación.
La segunda
era una mirada lúcida y más bien severa sobre el presente:
pirámide de edades en desequilibrio creciente, pérdida de
fuerzas, desintegración del grupo: descentralización
excesiva, ausencia de motivaciones en favor de la unidad:
disminución del espíritu comunitario.
La tercera
mirada era dirigida al futuro, y mostraba algunos motivos de
esperanza. Ante todo, el desprendimiento evangélico en que
debían vivir por la fe quienes habían sido testigos de la
severa recesión de los años 70, con serenidad frente al
"morir carismático" que es trampolín para nuevas iniciativas
del Espíritu. En seguida las peticiones de jóvenes llegados
de Africa: Malawi, Uganda, Zaire, Camerún... o de América
Latina: Perú, Brasil...y el impulso nuevo de las Provincias
de Colombia y Haití. En fin, el hecho de que en Indonesia
los Monfortianos tenían que en adelante incluir en sus
proyectos el acompañamiento de las vocaciones autóctonas.
En cuanto a
Europa, fuera de Italia, Portugal y Gran Bretaña/Irlanda,
que parecían menos afectadas por la crisis, la renovación se
hacía esperar!!
C. GENERALATO
DEL P. LEMIRE
Capítulo
general de 1981
Al terminar
el segundo mandato del P. Gendrot, se reunió el capítulo
general el 17 de agosto en Roma. A mediados del mismo
capítulo que duró hasta el 11 de septiembre, se procedió a
la elección del Superior general. El elegido fue el P.
Gerardo Lemire, cuyo segundo período como superior
provincial de Canadá había terminado algunos meses antes.
Nacido el 17 de abril de 1930, había trabajado sobre todo en
la formación, en particular como maestro de novicios. El
Consejo general fue renovado en bloque. Ejerciendo sus
cargos iban a formarse para los mismos.
En la
programación del capitulo estaba la renovación -continuada!-
de las Constituciones elaboradas en 1969 y revisadas ya en
1971 y 1975. El capítulo fue invitado también a dar su
juicio sobre las nuevas estructuras y las iniciativas de los
12 años anteriores: con una decena de fundaciones nuevas.
Para asegurar
el desarrollo de las mismas, teniendo en cuenta la
disparidad de recursos según las entidades, se creó un Fondo
de Solidaridad a escala de Congregación, que permitiera a la
Curia general cumplir su papel en favor de las entidades más
necesitadas de ayuda.
A propósito
de las relaciones de la Compañía de María con la Sabiduría,
preciso es anotar que el papel del Superior general de las
Hermanas de la Sabiduría, va a ser modificado con el P.
Lemire. Poco inclinado a intervenir en los asuntos que no
eran de su competencia directa, estaba dispuesto a aceptar
la modificación de su estatuto, en el primer capítulo de la
Sabiduría que él tuvo que presidir. Las Hermanas decidieron
que no estaban obligadas a someterle sus decisiones, pero
insistieron en no romper las relaciones con la Compañía de
María, y le otorgaron el titulo de "guardián del carisma".
Esta función no ha sido definida claramente, pero, en virtud
del decreto de la Santa Sede del 2 de junio 1893, aún no
revocado, el Superior de la Compañía de María sigue siendo
Superior general de la Congregación de la Sabiduría.
Vida de la
Congregación
En 1982, para
responder al deseo de los jóvenes monfortianos españoles, el
P. Luis Salaün, superior regional de España, realizó una
inspección en América Latina. Luego de múltiples contactos
en Colombia, Bolivia y Ecuador, fijó su opción en la
diócesis de Machala, al sur del Ecuador, cerca de la
frontera peruana. El papel del Consejo General se limitó a
ratificar la elección.
Desde hacía
algún tiempo existía un proyecto de fundación en Filipinas.
Los PP. Lamberto Terstroet, de la Provincia de los Países
Bajos, y Claudio Sigouin, de la Provincia de Canadá, habían
sido enviados sucesivamente en 1980 y 1981, a Manila, para
una exploración. La decisión de implantar allí la
Congregación fue tomada por el Consejo General el 15 de
octubre de 1983. El P. Claudio Sigouin fue el primer
superior de la comunidad de Manila, ayudado por un Padre
italiano y uno colombiano. La fundación dependía
directamente de la Curia general.
Más que
extender la presencia monfortiana a otros países, el nuevo
Consejo General trataba de consolidar lo que existía.
Algunos problemas sólo avanzaban penosamente, por falta de
una manera satisfactoria de responder a los mismos. Tal era
el caso de la acogida de las vocaciones monfortianas en
Africa y Madagascar. Por otra parte, la fundación de la
India se vio de improviso en la necesidad de volar por sí
misma. En efecto, los dos Padres italianos que habían sido
los pioneros, fueron admitidos como residentes sólo bajo el
estatuto de "estudiantes", y ya no podían continuar allí su
estadía.
Los
Monfortianos eran muy activos en todos los países donde
estaban, y sus trabajos apostólicos muy variados, desde la
enseñanza en las universidades hasta los viajes por las
selvas de las regiones tropicales. Sin embargo -aunque sin
estadísticas exactas para afirmarlo- parece que una
proporción importante de las personas activas se dedicaban
al ministerio parroquial, tanto en los territorios de
misión, como en las Provincias. La predicación itinerante,
aunque ha conocido eclipses importantes en ciertos lugares,
siguió siempre siendo practicada en una u otra Provincia o
Región. Todos estaban de acuerdo en que la fidelidad al
Fundador "en espíritu y en verdad" no consistía en copiar
servilmente lo que él hizo. A pesar de todo se sentía la
necesidad de definir mejor la misión monfortiana. El Consejo
General lanzó una reflexión sobre el tema a escala de toda
la Congregación, y el capítulo de 1987 tuvo que pronunciarse
sobre las conclusiones. El trabajo condujo a cuatro
criterios que fueron sometidos a los capitulares para
definir la "misión a la Montfort": "Evangelización",
"María", "Desinstalación" y "Actuar juntos"
Aprobación de
"Montfortain aujourd'hui"
El capítulo
general especial de 1969 y 1971, celebrado en dos sesiones
-la primera en Roma, del 17 de febrero al 2 de abril, y la
segunda en Rotselaar, Bélgica, del 6 al 19 de julio-, se
dedicó esencialmente a la revisión de las Constituciones,
según las orientaciones del Concilio Vaticano II.
El capítulo
de 1975 había hecho el balance de la experiencia sucesiva, y
el 8 de diciembre del mismo año fue promulgada la "Regla de
Vida", compuesta por el Tríptico del P. de Montfort:
Regla manuscrita, Súplica Ardiente y Alocución a los
Asociados de la Compañía de María, y por el "Montfortain
Aujourd'hui", como fueron llamadas las nuevas
Constituciones.
El capítulo
general de 1981 revisó el texto de las Constituciones, y el
24 de marzo de 1984, recibió la aprobación de la
Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares. El
decreto del Cardenal Pironio aprobaba no solamente las
Constituciones de la Compañía de María, sino también los
textos del Tríptico monfortiano, lo que parecía un caso
singular en el cuadro de aprobaciones de Constituciones
religiosas.
Capítulo de
1987
Tuvo lugar en
Nemi, fuera de Roma, del 29 de junio al 20 de julio. En el
mismo fue elegido superior general para un segundo mandato
de seis años el P. Gerardo Lemire. El Consejo General fue
renovado casi todo: solamente continuó un asistente del
mandato anterior.
Conviene
notar que las tensiones que habían marcado los capítulos
generales en el pos-Concilio desaparecieron completamente y
que la tendencia centrífuga que caracterizó el mandato del
P. Gendrot se invirtió afortunadamente. Quizá contribuyó a
ello la disminución de las fuerzas vivas de la Congregación.
De todas maneras, en el capítulo de 1987, como en las
reuniones del Consejo General Extraordinario de los años
siguientes, se ha sentido un vivo deseo de colaboración
entre las Provincias, de encuentros a escala de cada
continente y de actividades realizadas en común.
El capítulo
estableció cierto número de Comisiones. Estas tenían que
estudiar los temas que entonces parecían más urgentes: la
formación primera y segunda -antes y después de la primera
profesión religiosa-, la formación permanente, las
estructuras de la Congregación -que con el tiempo se habían
vuelto complicadas-, las Asociaciones monfortianas y la
Misión monfortiana. Sobre este último punto los criterios
sometidos a los capitulares obtuvieron su aprobación, pero
se sentía la necesidad de impulsar más la reflexión.
Vida de la
Congregación
Bajo el
impulso del P. Lemire se emprendió una obra importante, cuya
dirección fue confiada al P. Esteban de Fiores, de la
Provincia italiana: un Diccionario de Espiritualidad
Monfortiana. El recurrió a numerosos colaboradores, en la
Congregación y fuera de ella: los Hermanos de San Gabriel y
las Hermanas de la Sabiduría participaron en el proyecto,
como también diversos especialistas de renombre. La obra se
llevó a feliz término en un tiempo récord, y, algunos meses
después de finalizado el segundo mandato del P. Lemire, en
diciembre de 1994, fueron publicadas las dos primeras
ediciones del Diccionario de Espiritualidad Monfortiana: una
inglesa en Estados Unidos y otra francesa en Canadá.
En la época
en que el P. Gendrot, superior general, lanzó la serie de
Documents et Recherches, había organizado un Centro
Monfortiano Internacional. Al comienzo del segundo mandato
del P. Lemire, éste había prácticamente desaparecido, pues
su papel se limitaba a la publicación de uno que otro
volumen de la colección Documents et Recherches. Se
sintió pues la necesidad de relanzarlo sobre nuevas bases.
Por la presencia en Lovaina de una importante biblioteca
mariana heredada por la Congregación, el sitio fue escogido
como sede del Centro. En septiembre de 1994, el P. Claudio
Sigouin, antes superior de Filipinas, fue encargado por el
P. William Considine de ponerlo en marcha. Su primer papel
es poner a disposición de la Congregación, particularmente
de las entidades jóvenes, un medio de formación monfortiana.
Tras largas
sesiones de reflexión, tanto del Consejo General ordinario
como del Extraordinario durante varios años, se decidió
comenzar en Africa la formación monfortiana. Al principio
estaba previsto que todos los candidatos a la vida
monfortiana de los diversos países de Africa y Madagascar
recibieran una formación común, y manejaran con fluidez las
dos lenguas principales de Africa: el inglés y el francés.
Con esta finalidad se estableció un escolasticado en
Nairobi, Kenia, en 1992, y la casa de Mbarara, en Uganda,
fue convertida en noviciado.
La
experiencia mostró que fue un error pedir a los candidatos
de Madagascar que se sometieran a esta formación. Ellos
retornaron a su isla y se les aseguró la formación completa
en casa.
En el curso
de los consejos generales extraordinarios del segundo
mandato del P. Lemire, maduró notablemente la colaboración
internacional. A nivel del continente asiático, los
responsables de India, Filipinas e Indonesia comenzaron a
encontrarse con frecuencia. En América Latina, la
colaboración en el plano de la formación llegó a la creación
del noviciado latino-americano en Huánuco, Perú, y del
escolasticado también latino-americano en Santafé de Bogotá,
Colombia. En Europa la multiplicidad de lenguas hacía más
difícil el problema, y sin embargo surgieron algunos
proyectos de relaciones comunes. Un noviciado internacional
en Pontchâteau funcionó solamente un año: 1991-1992.
Al final de
su gobierno, el P. Lemire, aunque no gustaba de las
funciones de representación debió aceptar el honor de ser el
superior general que presidió las fiestas de la
Beatificación de la Madre María Luisa de Jesús. Se
prolongaron por nueve días! Todo comenzó con un foro sobre
Maria Luisa Trichet, la víspera de la Beatificación. El
Domingo 16 de mayo, la Madre Maria Luisa de Jesús fue
proclamada Bienaventurada por el Para Juan Pablo II, en la
Basílica de San Pedro. Los tres días siguientes se
celebraron misas en Santa María la mayor, en San Luis de los
Franceses y en la parroquia San Luis María de Montfort,
frente a la casa general de los Monfortianos. En seguida
todos los que pudieron se trasladaron a Francia, donde la
Beata María Luisa fue festejada en Poitiers, el Viernes; en
La Rochelle, el Sábado, y apoteósicamente en San Lorenzo, el
Domingo.
Un mes más
tarde, se reunió el capítulo general en Nemi, en el mismo
sitio que el de 1987.
Capítulo
general de 1993
El P. Gerardo
Lemire, lejos de pretender un tercer mandato, manifestó a
los capitulares su deseo de tener un sucesor. La preferencia
de los electores recayó en el P. Guillermo Considine,
superior provincial de Estados Unidos. Nacido el 19 de
febrero de 1948, tenía pues 45 años. El Consejo General fue
igualmente renovado: solo un miembro del Consejo anterior,
asistente y ecónomo general, aseguró la conexión.
El clima del
capítulo fue particularmente fraterno y el acuerdo sobre los
diversos asuntos que fueron tratados, muy fácil. Se
recogieron los frutos del trabajo de las Comisiones que
habían funcionado fielmente desde 1987. El punto más
notable, fue tal vez la reforma de las estructuras. Hasta
entonces había Provincias, Viceprovincias, Regiones más o
menos autónomas, "Vicariatos" dependientes de las Provincias
o de la Curia general. En adelante no habrá más que
Provincias, Vice-Provincias y Delegaciones, provinciales o
generales. Se fijaron criterios para hacer pasar una
entidad de una categoría a otra.
D. GENERALATO
DEL P. CONSIDINE
La situación
de la Congregación en 1993
Cuando el P.
Considine asumió la dirección de la Compañía de María, ésta
contaba 1129 miembros: 869 Padres, 157 Hermanos y 103
escolásticos.
Tanto Padres
como Hermanos estaban en disminución constante, mientras que
el número de los escolásticos aumentaba de manera regular
desde 1975, año en el cual descendió al nivel más bajo
Mientras que
a finales del siglo anterior los Hermanos eran más numerosos
que los Padres, la proporción se había invertido en los
comienzos del siglo XX, y en 1993, los Padres eran cinco
veces y media más numerosos que los Hermanos.
La gran
mayoría de los escolásticos se encontraba en el hemisferio
sur, con tendencia a una importancia cada vez mayor. Con
todo, en 1993 Europa representaba aún el 69% del conjunto de
la Congregación, y América del Norte el 18%.
En Europa las
Provincias de Francia, Bélgica, Países Bajos y Alemania
experimentaban un envejecimiento rápido y un relevo
prácticamente nulo. Lo mismo sucedía en Canadá y Estados
Unidos. En Gran Bretaña/Irlanda había todavía unos pocos
escolásticos, igual que en Portugal. La Provincia europea
más favorecida era Italia que podía mantener aún un
escolasticado.
Al contrario,
la Provincia de Haití había visto aumentar el número de sus
escolásticos: 16 en 1993. Colombia, luego de un período sin
candidatos: en los años 70, tenía de nuevo algunos
escolásticos: 6.
En India los
Monfortianos nativos eran 29, de los cuales 11 escolásticos.
En Madagascar: 3 Hermanos monfortianos y 6 escolásticos. En
Filipinas: 9 escolásticos. En Indonesia eran 20 y los
novicios unos cuarenta repartidos en dos años: es decir la
mitad de los novicios de toda la Congregación. En Nairobi
había cinco escolásticos de Malawi y cuatro del Zaire.
Finalmente, en Europa había un escolástico italiano de Roma,
y 3 monfortianos de Croacia, en la antigua Yugoslavia.
Vida de la
Congregación
El nuevo
Consejo general, como el precedente, se preocupaba más por
consolidar lo que existía que por lanzar la Congregación a
nuevas aventuras. Las nuevas entidades pedían atenciones
especiales, muy particularmente en la formación. El P.
Considine, como sus predecesores inmediatos, se imponía el
deber de ser un gran viajero, presente en los puntos
neurálgicos y dispuesto siempre a concurrir donde su
presencia pudiera ser útil.
La
colaboración internacional se hacía cada vez más efectiva. A
nivel de Europa, la preparación del cincuentenario de la
canonización del P. de Montfort fue obra común.
El año de
1994 estuvo marcado por la muerte violenta de dos
monfortianos. El 29 de marzo el P. Samuel Maló, de la
Provincia de Francia, antiguo superior de la Delegación de
Madagascar, fue asesinado por malhechores que lo atracaron
con la intención de robarlo. El 28 de agosto del mismo año,
el P. Luis María Vincent, de la Provincia de Haití, caía
bajo las balas anónimas. víctima del apostolado social entre
los pobres, de quienes era el defensor.
El 31 de
marzo de 1993, el P. Pablo Marchand, superior de la
Provincia de Canadá, fue nombrado obispo auxiliar de Ottawa.
El 23 de
abril de 1995, el P. Gil Côté, también de la Provincia de
Canadá, recibía la ordenación episcopal como auxiliar de
Darú-Kiunga, en Papúa.
El 19 de
septiembre de 1996, tuvo lugar un acontecimiento memorable
para la Compañía de María: con ocasión de un viaje a
Francia, el Papa Juan Pablo II fue a postrase como peregrino
ante la tumba del P. de Montfort en San Lorenzo. Fue un
momento de intensa emoción, que resaltó la actualidad del
mensaje de San Luis María y dio a todos los Monfortianos un
gran signo de esperanza.
*******
CONCLUSION
¿Hacia dónde
va la Congregación?
Esta es una
pregunta legítimamente planteada. Se constata que el
promedio de edad sigue subiendo en los últimos años. Sin
embargo el número de candidatos a la vida monfortiana
también está en aumento, aunque débil, desde hace veinte
años. Podemos esperar que llegará un día en que el número de
entradas compense los decesos y las salidas. ¿Es posible
hacer una prospección, a partir de los datos actuales?
Siempre es
posible que acontecimientos imprevistos o evoluciones
bruscas de mentalidad vengan a modificar las tendencias en
uno u otro sentido, en favor del crecimiento o de la
disminución. Sin embargo, si nos atenemos a las enseñanzas
de los últimos veinte años sobre las proporciones de decesos
y salidas según las franjas de edad, y si el flujo de
entradas se mantiene al mismo nivel que durante el segundo
mandato del P. Lemire -hipótesis probablemente demasiado
optimista para ciertas entidades, y quizás insuficiente para
otras-, se puede prever que el personal de la Compañía de
María está llamado a bajar al mismo ritmo que actualmente
durante los próximos veinte años. En la década siguiente se
estabilizará la curva y la Compañía de María contará
entonces alrededor de 600 miembros.
En la misma
hipótesis de las tendencias actuales, se pude prever que el
hemisferio norte conservará su preponderancia por algún
tiempo, pero en unos veinte años será minoritario: el
hemisferio sur representará entonces más del 50% de la
Congregación.
¿Pero de qué
valen estos cálculos humanos?
Acuérdate de
tu Congregación. Es tuya: a ti solo toca formar, por tu
gracia, esta Congregación. Si el hombre es el primero en
meter en ello la mano, nada se hará; y si mezcla de lo suyo
contigo, todo lo echará a perder y lo arruinará todo. Es tu
Congregación; sí, es tu obra, Dios soberano. Realiza tus
designios totalmente divinos: junta, reúne de todos los
lugares de tu imperio a tus elegidos para formar con ellos
un verdadero ejército contra tus enemigos.
|