HISTORIA DE LA COMPAÑIA DE MARIA

Por Michel Bertrand, smm

 INTRODUCCION

 

Esta historia de la Compañía de María no pretende ser exhaustiva. Quizá algunos lectores queden decepcionados al no encontrar en ella detalles que hubieran querido conocer. La finalidad de este trabajo no es ser una compilación detallada de la vida de la Congregación. Si se tratara de relatar todo, sobre todo lo referente al siglo XX, serían necesarios varios volúmenes.

Pero los destinatarios de este libro son ante todo los aspirantes monfortianos de los diferentes continentes, para ayudarles a conocer la Congregación con la cual tienen intención de comprometerse. Como se supone que no conocen la Historia de Francia ni su geografía, hay algunos datos o evocaciones que pueden parecer superfluos a los Europeos.

La Historia de la Compañía se divide en seis capítulos:

 

I. La fundación

 

II. Los comienzos:desde la muerte del Padre de Montfort hasta la Revolución Francesa en 1789

 

III. La tormenta: período de la Revolución hasta el Concordato de 1801

 

IV. La renovación: el siglo XIX hasta 1871, año de la primera fundación fuera de Francia

 

V. La expansión internacional: período de crecimiento rápido de la Congregación, cuyo nivel máximo se da en 1966

 

VI. Hacia un nuevo equilibrio: del comienzo de la recesión en 1966 hasta 1996, año en que termina el relato de este libro con la visita del Papa Juan Pablo II a San Lorenzo, el 19 de septiembre

 

Para no recargar el texto y hacer su lectura más fluida, no se ha querido poner notas al pie de las páginas. El contenido de las mismas se encuentra ya en el texto, a veces entre paréntesis o guiones.

Este libro es la publicación de una serie de conferencias que su autor dio por primera vez  a los aspirantes peruanos en Lima, julio de 1994, y que ha tenido ocasión de presentar dos veces más a jóvenes monfortianos de diferentes continentes en cursos de formación en San Lorenzo. Ojalá cumpla su función de suscitar en los jóvenes monfortianos el amor de la Compañía de María.

 

 

Nuestra Señora de Marillais, Francia, septiembre 29 de 1997

 

Michel Bertrand,S.M.M.

CAPITULO I - LA FUNDACION

Germinación de un proyecto


 

 

Luis María Grignion de Montfort, formado en el seminario de San Sulpicio en París, fue ordenado sacerdote el 5 de junio de 1700. Había llamado la atención de sus formadores, tanto por su piedad como por su ciencia, hasta el punto que hubieran querido conservarlo en su casa. Estal perspectiva, sin embargo, en nada llamaba la atención del joven sacerdote: más que por la formación de los seminaristas se sentía atraído por el apostolado entre las gentes sencillas. Durante sus años en San Sulpicio, había comenzado ya a prepararse para ello, y en los tres o cuatro meses que pasó en el seminario después de su ordenación, siguió compilando notas de sermones con la ambición de capacitarse para improvisar una predicación sobre cualquier tema. Compuso también cánticos para ayudar a sus futuros oyentes a memorizar la doctrina cristiana.

Sabemos esto gracias a los recuerdos que uno de sus amigos ha tenido a bien escribir. A pesar de su temperamento poco comunicativo, Luis María Grignion tenía dos amigos íntimos, que había conocido durante su adolescencia en el Colegio de Rennes. Conviene conocerlos ya que uno y otro tienen algo que ver con la fundación de la Compañía de María.

El primero es Claudio Poullart des Places, fallecido a los 30 años y  algunos meses de edad, luego de haber puesto las bases de la Congregación del Espíritu Santo. En el último siglo el Venerable P. Libermann dio nueva vida a la fundación de Poullart des Places, y orientó el apostolado de los Misioneros del Espíritu Santo hacia el continente africano.

El segundo es Juan Bautista Blain, que llegó a ser canónigo de la diócesis de Ruán y nos dejó numerosas y preciosas informaciones sobre su amigo. Por él conocemos la atracción de Luis María por la predicación del Evangelio. Los fundadores de San Sulpicio lejos de oponerse, le buscaron un sitio donde pudiera él comenzar su apostolado aprovechando la experiencia de algunos sacerdotes mayores. Según ellos la Comunidad de San Clemente en Nantes, dirigida por un sacerdote de San Sulpicio llamado el Señor Lévêque reunía las condiciones deseables.

A fines de septiembre de 1700 el joven sacerdote llegó a dicha comunidad, creyendo encontrar en ella un ambiente según sus aspiraciones. Desafortunadamente su decepción fue profunda... tan profunda que ya el 6 de diciembre confesaba por escrito su desengaño al P. Leschassier, su antiguo director de San Sulpicio, el mismo que lo había orientado hacia Nantes.

Esta carta es el primer indicio de un deseo de fundación, que sólo se consolidará mucho después. Decía Luis María:  "No encontré aquí lo que esperaba, aquello por lo cual dejé, como a pesar mio, una casa tan santa como lo es el seminario de San Sulpicio. Anhelaba, igual que Ud., prepararme para las misiones y sobre todo dar el catecismo a las gentes sencillas, que es lo que más me atrae. Pero no hago nada de esto, y ni siquiera sé si lo haré..." (Carta 5).

Luego describía el estado de la casa, en la cual la observancia dejaba mucho que desear, y a renglón seguido expresaba su sueño: " Desde mi llegada, me siento como perplejo entre dos sentimientos, al parecer opuestos. Por una parte, experimento una inclinación secreta al retiro y a la vida escondida, para aniquilar y combatir mi naturaleza corrompida deseosa de manifestarse. Por otra, siento grandes anhelos de hacer amar a Nuestro Señor y a su Santísima Madre, de correr en forma pobre y sencilla a dar el catecismo a los pobres del campo y excitar a los pecadores a la devoción a la Santísima Virgen. Es lo que hacía un piadoso sacerdote, muerto aquí hace poco en olor de santidad: iba de parroquia en parroquia enseñando el catecismo a la gente del campo, a expensas de la Providencia.

Padre carísimo, no soy digno -en verdad- de empleo tan honorífico; pero, ante las necesidades de la Iglesia, no puedo menos de pedir continuamente con gemidos una pequeña y pobre compañía de sacerdotes ejemplares, que desempeñen ese ministerio bajo el estandarte y la protección de la Santísima Virgen. Trato, sin embargo -aunque con dificultad- de calmar estos anhelos por buenos y continuos que sean, mediante el olvido absoluto de todo lo mio en brazos de la Divina Providencia, y una perfecta obediencia a los consejos de Ud., que consideraré siempre como órdenes".

Esta comunicación contiene en germen la Carta de la Compañía de María, pero Luis María Grignion no se fiaba de sí mismo. El que algún día invitaría a los cristianos a la renuncia total de sí mismos (VD 259), perseguía sin piedad el amor propio. Antes de emprender algo quería estar seguro de que fuera la voluntad de Dios que lo comprometía y no el deseo de aparecer". Trataba pues de calmar sus deseos y esperaba la hora de Dios...

 

¿Dónde encontrar colaboradores?

 

Debía llegar la hora de Dios, que le permitiera "enseñar el catecismo a los pobres del campo", " a expensas de la Providencia", pero deberá esperar varios años y seguir numerosos recodos hasta poder mostrar por fin plenamente su capacidad de realización.

En octubre de 1701 Luis María dejó a San Clemente para servir a los pobres del hospital de Poitiers.  Bien sabía que su vocación no estaba allí, pero tenía la esperanza de "ampliar con el tiempo su ministerio a la ciudad y al campo", "porque mi anhelo es enseñar el catecismo a los pobres de la ciudad y del campo".

Durante el verano de 1702 hizo el viaje a París para ayudar a su hermana Luisa Guyonne a encontrar una ubicación. Aprovechó para visitar el seminario de San Sulpicio con la segunda intención de encontrar algunos colaboradores para las misiones. Según Blain, su presencia suscitó curiosidad, pero los pareceres estaban divididos: "Yo que estaba muy atento a lo que de él se decía, no podía comprender que se le considerara santo sin verlo seguir el camino de los santos. Como me sentía muy atraído  a seguirle y servirle de compañero, me interesaba más en todo lo que a él se refería".

La buena intención del Señor Blain no se realizará, y la razón fue el prestigio de que gozaba el P. Leschassier, cuarto superior de San Sulpicio. Este hombre eminente que, algunos años después de la muerte de Luis María Grignion, reconoció humildemente "no conocer a los santos", había dado crédito a las críticas llegadas de Nantes y de Poitiers, y había expresado del joven sacerdote un juicio extremamente severo: "El Señor Grignion es muy humilde, pobre, mortificado y piadoso, y, sin embargo, me cuesta creer que sea conducido por el espíritu del bien".

No sólo lo juzgaba con severidad, sino que se mostró tan frío con él, que Luis María perdió toda esperanza de encontrar algún día colaboradores en San Sulpicio. Visitó entonces a su amigo Claudio Francisco Poullart des Places, venido a París en octubre de 1701 con la intención de hacerse sacerdote. También él tenía muchos proyectos, pero bien diferentes de los anhelos de Luis María: "No me siento atraído por las misiones, pero conozco perfectamente el bien que en ellas se puede hacer para no colaborar a ellas con todas mis fuerzas y hacer con Ud. un pacto inviolable.

"Ud. sabe que desde hace algún tiempo dedico todo lo que está a mi disposición para ayudar a los escolares pobres a que prosigan sus estudios. Conozco a varios de ellos que teniendo admirables disposiciones, por falta de recursos, no las pueden hacer valer, y se ven obligados a enterrar talentos que serían muy útiles a la Iglesia, si los pudieran cultivar. A ello quisiera dedicarme reuniéndolos en una casa... Si Dios me concede tener éxito, Ud. puede contar con misioneros. Yo los prepararé y Ud. los pondrá a trabajar. En esta forma, Ud. quedará satisfecho y yo también".

Las obras de uno y otro se complementaban pues de manera admirable. Desafortunadamente el P. Poullart des Places, luego de fundar su seminario, murió en forma prematura el 2 de octubre de 1709. El contrato, no escrito; será, sin embargo, respetado por su sucesor; y varios misioneros de la Compañía de María vendrán del seminario del Espíritu Santo. Más aún, los primeros monfortianos se harán llamar comúnmente "misioneros del Espíritu Santo".

 

Esperanzas fundadas

 

De vuelta a Poitiers, Luis María Grignion encontró el hospital general con sus pobres, pero esto no duró mucho tiempo. De hecho en abril del año siguiente, por las dificultades crecientes se vio obligado a salir de  Poitiers. Dejaba un embrión de comunidad femenina, compuesta por personas lisiadas e impedidas, entre las cuales había puesto a una joven de la alta burguesía de Poitiers: María Luisa Trichet, que llegaría a ser la primera superiora general de las "Hijas de la Sabiduría".

Quizá por el estímulo que le había dado su amigo Poullart des Places, dirigió sus pasos a París. Abandonado por sus antiguos maestros de San Sulpicio, pasó algún tiempo con los pobres del hospital general de la Salpêtrière; luego encontró un pobre alojamiento debajo de una escalera en la calle Pot-de-Fer.

Se entrevistó nuevamente con Poullart des Places, quien dirigía entonces el  "Seminario de estudiantes pobres" que él mismo había fundado en la calle de Cordiers. Se dedicaba a procurarles el pan material, pero sobre todo velaba por su formación espiritual. Personalmente daba instrucciones y cada vez que tenía ocasión, "les hacía dar retiros por los mejores maestros en la materia" (Besnard, libro 5, Pág.280). Así el Señor Grignion tuvo la oportunidad de participar en su formación durante su estadía en París. Les habló de la Sabiduría, desarrollando las ideas de su libro El Amor de la Sabiduría Eterna.

Sin duda evocaron el contrato establecido el año anterior entre el P. Poullart y el P. Grignion. Según Grandet, la idea del P. Grignion era "formar un grupo o comunidad de doce hombres apostólicos sin bienes ni ganancias, como los Apóstoles". Probablemente en ese año de 1703, en prenda de amistad y como símbolo del futuro, Luis María dejó a la Comunidad del P. Poullart la imagen que había esculpido: la Virgen abrigando con su manto a doce pequeñas figuras que representaban a los apóstoles llamados a trabajar "bajo la protección de María".

Durante ese tiempo los pobres del hospital no se habían olvidado de su capellán. Así pues el 9 de marzo de 1703 le escribieron al P. Leschassier una carta en la cual pedían que hiciera regresar entre ellos "aquel que tanto ama a los obres, el Señor Grignion". Viendo en ello un signo de la Providencia, Luis María dejó otra vez París.

 

Primer discípulo

 

En el hospital de Poitiers emprendió la doble restauración material y espiritual del establecimiento con las aprobaciones más elogiosas. Sin embargo, la euforia no duró mucho. Al cabo de un año las dificultades crecieron tanto que debió pensar nuevamente en dejar el lugar. Por fortuna contó con la benevolencia del obispo de Poitiers y, gracias a su apoyo, no le faltaría el trabajo. Su adiós al hospital le permitiría hacer lo que siempre había dicho que "más le atraía": "enseñar el catecismo a los pobres". Se ofreció al obispo para hacer misiones en la ciudad y en los suburbios, y restaurar los santuarios en ruinas. La aprobación episcopal lo convirtió en misionero oficial de Poitiers. Al aceptar en 1701 ir al hospital, tenía la esperanza de "ampliar con el tiempo su ministerio a la ciudad y a los campos". ¡Ahora se cumplían sus deseos! El obispo lo nombró director de la casa de las Penitentes, lo que le aseguraba alojamiento y comida y le daba libertad para "extender su ministerio a la ciudad".

En Poitiers, donde encontró a las dos primeras Hijas de la Sabiduría: María Luisa Trichet y Catalina Brunet, encontraría también al primer hermano de la futura Compañía de María. Un día estaba confesando en la iglesia de las Penitentes que estaba a su cargo. Entró a orar un joven que llamó su atención. Cuando terminó las confesiones se le acercó y entabló diálogo con él. El joven le contó que deseaba entrar como hermano converso donde los Capuchinos que habían predicado la misión en su pueblo, y dijo que por casualidad había entrado en esa iglesia a rezar. Entonces, como Jesús llamaba a sus apóstoles, el P. Grignion le dijo: "No ha sido por casualidad, sino providencialmente. ¿No te gustaría ayudar a los misioneros en sus trabajos? Sígueme: con seguridad ésta es tu vocación"

Se podría decir como en el Evangelio: "Entonces, dejándolo todo, el joven lo siguió". En efecto, desde ese día, fue el compañero fiel de vida y de labores de quien las gentes llamaron más tarde "el buen Padre de Montfort". Maturino Rangeard, nacido en 1687 en un pueblito del Norte de Poitou, será recordado con el nombre de "Hermano Maturino". Por sufrir de escrúpulos, nunca emitirá votos religiosos, pero, hasta su muerte en 1760 participará en la mayoría de las misiones predicadas por los sucesores del Padre de Montfort, y siempre será considerado el primer Hermano de la Compañía de María.

 

Futuro incierto

 

El Hermano Maturino comenzaba en Poitiers mismo a participar en los trabajos apostólicos de quien lo había comprometido de una manera tan imprevista. El misionero cosechó algunos éxitos, particularmente en los suburbios de Montbernage, pero también suscitó algunas antipatías en la burguesía de la ciudad. Pues el Padre Villeroi, vicario general, se inclinaba más a escuchar las quejas de los nobles que los elogios de los arrabaleros.

De modo que un buen día el obispo, por no disgustar a Villeroi y sus amigos, cedió a sus insinuaciones y decidió deshacerse del P. Grignion, a pesar del aprecio que le tenía. Este fue un golpe terrible para el misionero, una prueba que cuestionó toda la orientación de su vida.

Como joven sacerdote había soñado con irse al Canadá donde la colonización era acompañada por la evangelización. El superior de San Sulpicio le había dicho "no" al P. Grignion, añadiendo en broma que si viajaba allá, "se perdería en las selvas del Nuevo Mundo". La expulsión que lo golpeaba en Poitiers, ¿no sería una indicación de la Providencia en favor de las misiones lejanas?... o en favor de la vida contemplativa por la cual sintió atracción constante? Para aclarar su espíritu, emprendió una peregrinación a Roma: a pesar de las dificultades que en aquel tiempo significaba un viaje tan largo a pie, iba a consultar al papa Clemente XI.

El Hermano Maturino quedó en una situación penosa de espera, pero estaba tan ligado al misionero que parecía dispuesto a seguirlo a donde fuera. Mientras esperaba el regreso del peregrino encontró asilo entre los Padres Jesuitas que ocupaban la antigua abadía de Ligugé, cerca de Poitiers.

 

La primera "comunidad" monfortiana

 

A su retorno de Roma, a finales del agosto 1706, el P. de Montfort tenía ya fijada la orientación de su vida. El Papa lo había nombrado "misionero apostólico" y le había asignado un vasto terreno de apostolado: "Tienes, le había dicho, un campo suficientemente amplio en Francia para ejercitar tu celo, no te vayas a otra parte, y trabaja siempre en perfecta sumisión a los obispos diocesanos por los cuales serás llamado".

Encontró de nuevo al Hermano Maturino que lo esperaba en la abadía de Ligugé, cerca de Poitiers, pero le fue prohibido quedarse en esta diócesis en la cual tanto había trabajado. Se dirigió a Bretaña y se integró en el equipo del P. Leuduger, en Saint-Brieuc. Participó en varias misiones -entre otras en Montfort-la-Cane, su pueblo natal- pero en Moncontour, la falta de entendimiento con el director lo obligó a abandonar el equipo del P. Leuduger. Se retiró entonces a la ermita de San Lázaro, llamada así en recuerdo de los tiempos en que había allí un leprosorio, a pocos kilómetros del pueblo de Montfort-la-Cane. Se puede decir que ésta fue la primera comunidad monfortiana. En efecto el P. de Montfort tenía dos compañeros: Maturino, ya conocido, y un tal Juan, de quien poco se sabe. Siguió al P. de Montfort hasta su última misión en San Lorenzo del Sèvre, pero nunca emitió sus votos... como tampoco los pronunció el Hermano Maturino.

 

El equipo apostólico monfortiano

 

Desde el momento en que dejó el equipo del P. Leuduger, el P. de Montfort dirigió él mismo las misiones que predicaba, sin que jamás estuviera solo. En la diócesis de Nantes, en la cual trabajó de 1708 a 1711, como en las de Luzón, Saintes y sobre todo La Rochelle, en la cual permaneció hasta su muerte, siempre tuvo colaboradores. Eran sacerdotes o laicos, y su colaboración era ocasional o más o menos prolongada.

Entre los sacerdotes conviene hacer mención especial de Pedro Ernault des Bastières, que comenzó su colaboración en 1708 y trabajó con él en forma continua de 1711 hasta enero de 1716. A petición del sulpiciano Grandet, escribió sus recuerdos, y, gracias a él, conocemos muchos detalles de la vida apostólica de San Luis María. La historia ha conservado el nombre de algunos otros: Gabriel Ollivier -diócesis de Nantes-, Pedro Keating, Irlandés, Tomás Le Bourhis y Clisson, todos tres de la diócesis de La Rochelle. Los dos últimos, nombrados en el testamento del misionero (Obras BAC p. 628). Después de su muerte en San Lorenzo el 28 de abril de 1716, quedaron solamente dos sacerdotes que, con el Hermano Maturino, formarían el núcleo de la compañía de María. Eran Adriano Vatel y Renato Mulot, de quienes trataremos más adelante.

También tuvo Montfort varios colaboradores laicos a quienes llamaba "Hermanos". Maturino fue el obrero de primera hora. De 1707 a 1711 se unieron al equipo Juan, Pedro, Nicolás y Felipe, y de 1711 a 1716: Santiago, Luis y Gabriel. De ellos sabemos muy poco y de algunos nada. En 1709 en Crossac, diócesis de Nantes, un "Hermano" se rebeló contra el misionero, mientras el P. des Bastières abandonó su equipo... lo que suscitó un célebre cuarteto:

Un amigo me falla, ¡bendito Dios!

Se me rebela un siervo, ¡bendito Dios!

Dios lo permite o hace,

por ello todo me agrada y satisface

 

A la muerte del P. de Montfort quedaban cuatro Hermanos "unidos conmigo en la obediencia y la pobreza, a saber: Nicolás de Poitiers, Felipe de Nantes, Luis de La Rochelle y Gabriel que está conmigo, mientras continúen renovando sus votos cada año" (Obras BAC p. 628). Los que no tenían votos eran: Santiago, Juan y Maturino. El Testamento pedía al P. Mulot que diera a cada uno diez escudos, en caso de que quisieran irse y "no hacer sus votos de pobreza y obediencia".

 

Las reglas de los sacerdotes misioneros de la Compañía de María

 

Parece que a lo largo de los años de intensa labor apostólica, el P. de Montfort nunca perdió de vista sus proyectos de fundación. No había olvidado las promesas de Poullart des Places en 1702, pero los años habían pasado y nada concreto había surgido. En el verano de 1713, el misionero retomó el camino de París para visitar a los sucesores de Poullart des Places, fallecido en 1709.

Se puede pensar -sin precisión posible de ello- que antes del viaje había redactado la regla dirigida a los misioneros que se comprometerían con él. En efecto, cuenta Besnard que "comunicó su plan" a los directores del seminario del Espíritu Santo, y "les leyó el reglamento que había preparado para sus discípulos y otros que quisieran entrar con él en la misma carrera" (Besnard, p. 128").


 

Las "Reglas de los sacerdotes misioneros de la Compañía de María" forman el centro de lo que pasó a la posteridad con el nombre de "Tríptico". Se trata de tres documentos: la Súplica Ardiente, las Reglas y la Alocución a los Asociados de la Compañía de María. Las Reglas definían el papel misionero de la Compañía de María. Daban normas prácticas y orientaciones espirituales: abandono a la Providencia, atención preferencial a los pobres, primacía de la evangelización y la catequesis.

 

Visita al Seminario del Espíritu Santo

 

En el seminario del Espíritu Santo "todos aplaudieron el proyecto" del P. de Montfort, dice Besnard (p. 128), "y los señores directores le prometieron cooperar eficazmente formando personas capaces de sostener y perpetuar esa obra buena". A pesar de su escaso número designaron a uno de ellos para acompañarlo en sus misiones: era el ecónomo, el P. Caris. Sin embargo, al momento de partir, el superior, P. Bouic, lo retuvo por no encontrar a nadie que lo reemplazara en su cargo.

Con los seminaristas Montfort sostuvo varias conversaciones. Les habló en particular del espíritu de pobreza, de la Virgen María y de la Sabiduría. Uno de los más atentos fue Santiago Le Vallois, a quien un día el misionero le puso su sombrero en la cabeza diciendo: "éste me pertenece". Años más tarde sería uno de los primeros misioneros de San Lorenzo. Igualmente fueron miembros de la Compañía de María: Vatel, Hédan, y Tomás.

En recuerdo de su visita Montfort dejó al superior un crucifijo del cual decía: "es lo más precioso que tengo en el mundo". Así quedaba sellada la amistad entre el Seminario del Espíritu Santo y la futura Compañía de María, y Montfort podía escribir en La Regla de los Misioneros: "Hay en París un seminario en el cual los jóvenes eclesiásticos, que son llamados a las misiones de la Compañía, se disponen por la ciencia y la virtud a entrar". Efectivamente, durante el siglo XVIII varios misioneros de San Lorenzo fueron antiguos alumnos del seminario del Espíritu Santo.

 

Vocación de Adriano Vatel

 

Adriano Vatel era alumno del seminario del Espíritu Santo en 1713 cuando quiso seguir al P. de Montfort. Sin embargo, en 1715 decidió orientarse a las misiones lejanas. El barco que lo transportaba hizo escala en La Rochelle. Habiendo sabido que el P. de Montfort se encontraba en la ciudad, quiso verle para pedirle algunos cánticos y consultarle acerca de la validez de las facultades que había recibido del Cardenal de París y del Cardenal de Ruán. De hecho, algunos canonistas pretendían que sólo el Papa podía dar facultades para lo que entonces se llamaba "Las Islas", es decir, las Antillas.

Montfort estaba predicando en la capilla de las Hijas de la Providencia. El P. Vatel había entrado y al escuchar el sermón juzgó que se sobreestimaba la reputación del predicador. De pronto aquel dijo en voz alta: "Hay aquí alguien  que me resiste, siento que la Palabra de Dios rebota hacia mí; pero no se me escapará". El P. Vatel se sintió apostrofado y, después del sermón, se dirigió a la sacristía. El misionero estaba leyendo la carta de un sacerdote que le retiraba su colaboración, y, sin preámbulo, dijo a su visitante: "Un sacerdote me incumple su palabra y el buen Dios me envía otro. Es preciso, Pedro, que venga conmigo; trabajaremos juntos".

El P. Vatel protestó: "Es imposible", e hizo valer los compromisos adquiridos con el capitán del navío, que le había adelantado cien escudos para comprar algunos ornamentos litúrgicos. Llevándolo ante el obispo, Montfort le demostró la invalidez de sus facultades. Monseñor Champflour confirmó su opinión, y le ofreció cien escudos para indemnizar al capitán. Este furibundo, estaba dispuesto a eliminar al misionero si lo encontraba. No tuvo necesidad de buscarlo, pues Montfort mismo salió a su paso y logró calmarlo.

Desde ese día, Adriano Vatel, dejando de un lado todos sus proyectos de misión en el extranjero, se puso inmediatamente al servicio del equipo del P. de Montfort. Fue el primer sacerdote vinculado de manera definitiva a la Compañía de María.

 

 

Intervención de Renato Mulot

 

Meses más tarde, a finales del verano de 1715, tuvo lugar en Fontenay-le-Comte, diócesis de La Rochelle, la primera entrevista del P. de Montfort con  quien sería un día su sucesor. Renato Mulot había nacido precisamente en Fontenay-le-Comte. Sus padres, Santiago Mulot, procurador real de la ciudad, y Carlota Guitton, hija de un burgués de Mortagne, tuvieron nueve hijos, de los cuales por lo menos dos murieron de corta edad. Dos fueron sacerdotes y ambos interesan la historia monfortiana.

Juan, nacido en 1678, sucedió en 1708 a su primo Santiago Francisco Collin, párroco de San Pompain desde 1689. Los párrocos de San Pompain tenían el título honorífico de "Prior" como recuerdo de la parroquia cuando era un Priorato del monasterio de Nieul-sur-l'Artize. Juan Mulot fue un entusiasta admirador del P. de Montfort y acogió en su presbiterio durante seis años la naciente Compañía de María.

Renato nació en 1683. Hizo sus estudios en el colegio de los Jesuitas en Fontenay, y luego entró al seminario de La Rochelle. Ordenado sacerdote en 1708, comenzó su apostolado a 6 km de San Pompain, como vicario de Villiers-en-Plaine. El párroco le dejaba poco espacio de iniciativa, y desde 1709, invitado por su primo Francisco Gabriel Collin, párroco de Soullans, diócesis de Luzón, fue nombrado vicario cooperador.

En 1712 el P. de Montfort predicó algunas misiones en la diócesis de Luzón, particularmente en La Garnache, en mayo. El párroco de Soullans tuvo la oportunidad de asistir y descubrir todo el bien que hacía el misionero. Habló de él tan favorablemente a su vicario que éste hubiera querido conocerlo, pero no pudo desplazarse: "Caí enfermo poco después, escribió él mismo, de un mal extremamente grave. Estuve largo tiempo en peligro de muerte, desahuciado por varios médicos famosos". ¿Cuál era la enfermedad? No lo sabemos. Pronto estuvo fuera de peligro, pero "siempre muy enfermizo". Caminaba con dificultad y sufría terribles dolores de cabeza. No podía retomar su ministerio: "Tan pronto me sentí capaz de montar a caballo, me fui a tomar el aire nativo donde mi hermano, el Prior de San Pompain, a sólo tres leguas de Fontenay". Así que a los 29 años de edad estaba reducido a la inactividad, sin más perspectiva que vegetar a la sombra de su hermano. En 1715 aún estaba allí, "siempre lánguido", cuando el P. de Montfort comenzó la misión de Fontenay, el Domingo 25 de agosto.

El P. Juan Mulot, aunque un poco inclinado a los pleitos y envuelto en uno con uno de sus feligreses, era un sacerdote celoso. Tenía la intención de organizar una misión en su parroquia, y había ya escogido el predicador. Este plan era tema de las conversaciones con el presbiterio, y su hermano Renato que había visto el trabajo del predicador en Soullans y había escuchado los elogios del misionero de La Garnache, prefería al P. de Montfort. ¿Lograría convencer a su hermano? No sabía que su intervención lo llevaría muy lejos...

 

 

Una entrevista importante

 

El Señor Juan Mulot no accedió inmediatamente a la sugerencia de su hermano que creía que el P. de Montfort haría mayor bien "gracias a las prácticas de piedad que dejaba organizadas, sobre todo la devoción del Rosario que hacía rezar en las parroquias y otras cofradías que establecía en ellas. Pero Renato sabía insistir, y el Prior de San Pompain capituló ante su hermano menor diciendo que seguiría su parecer pero a condición de que él mismo se encargara de cancelar el compromiso del primer predicador.

"Ante eso, con todo lo débil que me sentía, decidí ir a Fontenay", cuenta. El P. de Montfort predicaba un retiro a las religiosas de Nuestra Señora y en  casa de ellas tuvo lugar la entrevista. Renato Mulot presentó su petición, rogándole "tener a bien ejercer su caridad y celo en San Pompain". La primera reacción del P. de Montfort fue rehusar: "Ya se había comprometido en varios otros lugares", y no tenía razón alguna para trastornar sus planes y preferir a San Pompain, en una fecha sin duda ya convenida con el primer predicador solicitado.

La entrevista hubiera podido terminar ahí, si los dos hombres no hubiesen descubierto un interés recíproco, que llevó al P. de Montfort a invitar al P. Mulot a compartir la mesa. No estaban solos, pues el puesto de honor era para un pobre a quien el P. de Montfort servía de primero. Con todo, la presencia de esa tercera persona en nada restaba espontaneidad a la conversación. El hielo se rompió desde el primer momento, y al final de la comida Renato Mulot "redobló su insistencia" para comprometer al misionero a ir a San Pompain, y se atrevió a decirle: "Si yo tuviera fuerzas y ciencia suficientes, le seguiría a todas partes". Quizá dijo esto pensando que no lo comprometía a nada, dada su pobre salud. Pero lo hizo inconscientemente: era una frase que no debía decir delante del P. de Montfort, pues su vida cambiaría de rumbo!

¿Rapidez de reflejos o inspiración de lo Alto? Sea lo que fuere, el P. de Montfort había encontrado a "su" hombre para realizar lo que él llamaba "designios de la Providencia". Tenía casi sabor de  chantaje: "El cedió a mi insistencia, cuenta el P. Mulot, diciendo que si yo iba a ayudarle en la misión de Vouvant ya anunciada, él vendría luego a San Pompain". El pobre P. Mulot cayó en sus redes: "el deseo que tenía yo de verle comprometido, hizo que le prometiera algo superior a mis fuerzas".

Trató tímidamente de volver sobre sus pasos:

-¿Qué hará Ud. con semejante misionero? Le serviré más de estorbo que que de utilidad.


 

La respuesta es de una audacia propia sólo de la santidad:

-Si Ud. quiere seguirme y trabajar conmigo el resto de su vida, iré a la parroquia de su hermano; de lo contrario, no.

Todos sus males desaparecerán tan pronto comience a trabajar por la salvación de las almas, y hay que hacer la prueba en la misión de Vouvant".

Anticipando el relato, hay que decir que la curación anunciada fue total. La entrevista de Fontenay tuvo lugar probablemente en octubre de 1715, y seis meses después, en marzo de 1716, el semiparalítico Mulot hacía a pie el viaje de ida y vuelta San Pompain-Saumur: 240 km, en una semana, sin la menor incomodidad.

 

La misión de Vouvant

 

La misión de Vouvant se dio en noviembre y en ella hizo sus primeras armas el P. Mulot. Los historiadores dicen que no fue de las más fáciles: algunos pecadores escandalosos, interpelados por el P. de Montfort, lejos de convertirse, respondieron con injurias y amenazaron hacerle un proceso. Sin embargo la misión no fue estéril, y de ello da testimonio el P. Mulot: "Allí fui testigo de cuanto me habían dicho acerca de los grandes frutos que él cosechaba en sus misiones".

Por otra parte, los proyectos de fundación del P. de Montfort parecían precisarse: durante la misión le fueron hechas varias donaciones para establecer en Vouvant la comunidad de los misioneros. Las tres bienhechoras son mencionadas en el testamento del santo: "La Señora de la Brûlerie", otra llamada "Señora del Lugarteniente de Vouvant", cuyo nombre era Catalina Dubois, viuda del Señor Juan Barré, y Renata Arcellin, "una buena mujer", viuda de Andrés Goudeau. Se han encontrado las actas notariales de dos de las donaciones. Ellas fueron hechas en forma de testamentos al "Padre Luis María de Montfort Grignion, sacerdote misionero de la Compañía del Espíritu Santo", con una condición: en caso de que "el Padre de Montfort, o quienes lo sucedan, abandonen Vouvant para establecerse en otro sitio", las tierras y casas volverán a las donantes o a sus herederos.

¿Cuántos miembros había en lo que el P. de Montfort llama "la Compañía del Espíritu Santo"?

Numerosos sacerdotes habían trabajado con él en el curso de las misiones: Uno de ellos, el P. des Bastières, había sido compañero fiel prácticamente desde 1708. Hacía parte del equipo de Vouvant, pero abandonaría las misiones algunos meses más tarde, probablemente en febrero de 1716. Los únicos que parecían haber considerado su participación como un compromiso a largo plazo fueron Renato Mulot y Adriano Vatel. El último colaboraba en las misiones desde febrero precedente, cuando el barco que debía llevarlo a las misiones extranjeras había hecho escala en La Rochelle.

Había también Hermanos. Por el testamento del santo sabemos sus nombres: Nicolás, Felipe, Luis y Gabriel con votos; sin votos: Santiago, Juan y el fiel Maturino, el primer llamado: 1705, que jamás hizo votos, pero siempre fue considerado -paradójicamente- el prototipo del Hermano monfortiano. ¿Estuvieron estos siete Hermanos presentes en la misión de Vouvant? No es muy probable, ya que seis meses más tarde, cuando el P. de Montfort dictó su testamento, Nicolás estaba en Poitiers, Felipe en Nantes, y Luis en La Rochelle.


 

 

La misión de San Pompain

 

Como Renato Mulot cumplió fielmente la condición puesta por el P. de Montfort, éste fue fiel a su promesa. Después de la misión de Vouvant, "la Compañía del Espíritu Santo" se trasladó a San Pompain y la misión se inició allí en diciembre de 1715. Hacía un frío intenso; y los fieles de la parroquia no eran muy propensos a levantarse temprano para ir a los ejercicios de la misión. Entonces el misionero envió al Hermano Santiago a despertarlos. Para ello recorría el pueblo cantando con voz sonora:

 

Queridos habitantes de San Pompain,

Levántense, levántense, bien temprano,

Dios nos está invitando a su festín (CT 163).

 

Varios hechos notables marcaron esta misión. El primero es la reconciliación del granjero general con su párroco. Entre los dos había surgido un tenaz desacuerdo por los diezmos que el granjero retenía indebidamente en disfavor del párroco. Una sentencia del juez había dado la razón al párroco algunos días antes del comienzo de la misión, pero el entendimiento entre los dos parecía imposible. Todos lo sabían y el mismo obispo había intervenido, sin resultado ninguno. El P. de Montfort supo hablarle al granjero, y los feligreses quedaron edificados al saber que el párroco había estado comiendo a la mesa de su enemigo. Vino luego la conversión del párroco. El P. Juan Mulot era un sacerdote correcto, pero le gustaba la diversión y no era particularmente inclinado a la piedad. Una tarde en que el misionero había predicado un sermón sobre el pecado, el Hermano Santiago entonó el cántico: "He perdido a Dios por mi pecado..." (CT 14). El Prior se sintió turbado, cuenta él mismo: "Cuanto más cantaba el Hermano, más se me ablandaba el corazón... Me postré a los pies del P. de Montfort, quien tuvo la caridad de escuchar mi confesión general". Desde entonces llevó una vida de piedad ejemplar, y siguió al P. de Montfort en sus dos últimas misiones, dejando su parroquia al cuidado del P. Adriano Vatel.

La misión de San Pompain terminó el primer Domingo de febrero con la apertura de otra en Villiers-en-Plaine, el pueblo vecino. El P. de Montfort organizó una gran procesión de un pueblo al otro: 6 km de distancia, en la cual hizo llevar la Biblia bajo palio, como se hace con el Santísimo Sacramento. Eso causó impacto en una región en la cual abundaban los Calvinistas. Parece que el Cántico del Viaje Santo  (CT 162), fue compuesto para dicha ocasión.

La Señora del Castillo de Oriou, su propietaria, a 5 km de Villiers, dejó escrito el recuerdo que guardó de la misión y del misionero. Cuenta cómo vino a la misión sólo por no dar mal ejemplo, pero con intención de divertirse con las extravagancias que esperaba encontrar en el P. de Montfort. Casi diariamente tenía a su mesa al misionero y encontraba su conversación "muy alegre, edificante y agradable". Al cabo de 15 días fue tocada por la gracia y continuó la misión con total sinceridad.

A la Señora de Oriou anunció el misionero la muerte cercana que a él lo sorprendería. También durante la misión de Villiers un criado del castillo lo vio orando con los brazos en cruz en una alameda y "elevado más de dos pies sobre la tierra". El criado contó el hecho a la señora del castillo quien a su vez lo hizo saber a los PP. Mulot y Vatel los cuales con mucho realismo le dijeron "que de eso no dijera nada a nadie". Ella sólo volvió a mencionar el hecho en 1749, cuando escribió sus recuerdos para el P. Besnard, quien se proponía preparar la biografía del P. de Montfort.

 

La peregrinación a Nuestra Señora des Ardilliers

 

La misión de Villiers fue clausurada probablemente a comienzos de marzo, y el equipo misionero se concentró nuevamente en la casa cural de San Pompain, suficientemente amplia para acogerlos a todos. El P. de Montfort pensaba más que nunca en el establecimiento de su Compañía de misioneros, para la cual ya había escrito la Regla y recibido algunas propiedades en Vouvant. Largo tiempo atrás había hecho un acuerdo en París con el P. Poullart des Places para que le formara sacerdotes en su seminario del Espíritu Santo. En junio de 1713 había renovado este acuerdo con el P. Bouic, sucesor de Poullart des Places fallecido en 1709. Por años clamaba al cielo con súplicas ardientes para obtener esa Compañía: Acuérdate de tu Congregación... ¿Qué te pido? Nada en mi favor, todo para tu gloria...Es tu obra, Dios soberano (SA 6, 26).

Según el sulpiciano Grandet, primer biógrafo de Montfort, los hombres de San Pompain, que hicieron un retiro al final de la misión, estaban tan fervorosos y anhelantes de hacer penitencia, que propusieron al P. de Montfort ir en peregrinación a pie a Nuestra Señora des Ardilliers -uno de los lugares de peregrinación más importantes del Reino- en Saumur. Según Besnard, el P. de Montfort aceptó la iniciativa y decidió asociar a su oración a los 33 hombres de la parroquia que había afiliado a la Cofradía de los Penitentes Blancos.

No interesa saber quién habló primero del asunto. El hecho es que el P. de Montfort asumió la organización: les pidió a los PP. Mulot y Vatel que dirigieran la peregrinación y redactó un reglamento previendo todos los detalles. El artículo primero establecía el objetivo de la peregrinación: "No tendrán otro propósito en esta peregrinación que, 1° obtener de Dios, por intercesión de la Santísima Virgen, buenos misioneros que sigan las huellas de los apóstoles en total abandono a la Providencia, y la práctica de las virtudes bajo la protección de la Santísima Virgen; 2° pedir el don de la Sabiduría para conocer, gustar y practicar la virtud, y hacerla gustar y practicar de los demás".

La peregrinación se hizo en 7 días: 3 de ida, 3 de regreso y un día completo en el santuario. No se puede menos de admirar lo que hoy parece una proeza, ya que recorrieron un promedio de 40 km por día. Además el frío de mediados de marzo es todavía muy intenso. Finalmente, era tiempo de Cuaresma y tenían que "ayunar todos los días del camino", como lo pedía el artículo 6 del reglamento redactado por el P. de Montfort. El P. Mulot, que seis meses antes tenía dificultad para recorrer a caballo los 18 km entre Fontenay y San Pompain, "había logrado una salud tan fuerte desde que trabajaba con el P. de Montfort que estuvo en condiciones de hacer el viaje a pie, y aún descalzo", como relata el P. Besnard.

Entre tanto el P. de Montfort hizo un retiro en San Pompain, y al regreso de los Penitentes Blancos, él mismo emprendió la ruta de Saumur", acompañado por algunos Hermanos". El equipo de misioneros se había dado cita en San Lorenzo para finales de abril, salvo el P. Vatel a quien se le autorizó permanecer en San Pompain "para recuperarse del viaje a Saumaur". El P. Prior Juan Mulot lo reemplazaría en San Lorenzo, como ya lo había hecho en Villiers. ¡Su hermano Renato no parecía afectado por la fatiga del viaje!

 

La misión de San Lorenzo-junto al Sèvre

 

La misión de San Lorenzo comenzó el Domingo, 5 de abril. El obispo de la Rochelle, de visita a esta porción de su diócesis, anunció su visita en el curso de la misión. El P. de Montfort se mostró muy complacido y quiso hacerle un recibimiento grandioso. No se sentía muy bien, pero organizó personalmente una gran procesión para hacer calle de honor al obispo. El cansancio lo obligó a privarse de la comida con el obispo; no obstante predicó por la tarde, a pesar de que el P. Mulot intentó disuadirlo. Después del sermón, agotado cayó en cama. Era el 23 de abril, cinco días antes de su muerte.

El P. Renato Mulot fue testigo y confidente de sus últimos momentos. A mano escribió el testamento dictado por el moribundo. No teniendo siquiera una hoja de papel, utilizó las últimas paginas de un opúsculo editado por el P. de Montfort: "Disposiciones para una buena muerte". El documento fue firmado por "Luis María de Montfort, Grignion", y por dos testigos: el deán y el vicario de la parroquia.

Ciertamente no tenemos todas las palabras intercambiadas entre el agonizante y aquel a quien confió la continuación de su obra, pero sabemos lo esencial: que en aquel momento la vida de Renato Mulot alcanzó su orientación definitiva.

El se mostró preocupado por el porvenir de las misiones, y el P. de Montfort lo animó a continuar el trabajo apostólico. El P. Mulot no se sentía capaz de asumir semejante sucesión y aducía su falta de salud y de talento, para decir que le era imposible. Entonces el moribundo, apretándole la mano, le hizo esta promesa:

-Tenga confianza, hijo mio, tenga confianza, yo rogaré a Dios por Ud.

Cuando más tarde el P. Mulot evocaba ese momento de su vida no dudaba en afirmar que gracias a la oración de un santo había tenido la fuerza física y moral para pasar más de 30 años de vida predicando misiones.

Con todo, la desaparición del P. de Montfort fue un golpe terrible. Viendo cómo la "Compañía del Espíritu Santo" se desintegró en las semanas que siguieron a su muerte, se evoca irresistiblemente la dispersión de los apóstoles la tarde del Viernes Santo.

En el sepelio de su maestro y amigo, el P. Mulot tomó por primera vez la palabra en público durante una misión: "Hermanos míos, hoy tenemos que plantar dos cruces: en primer lugar, esta cruz material que está ante sus ojos, y luego, la sepultura del P. de Montfort que debemos celebrar hoy". Estaba, sin duda, tan conmovido que cayó enfermo, hasta verse "en las últimas".

 

 

 

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 CAPITULO II - LOS COMIENZOS

 

La "retirada" a San Pompain

 

El P. Mulot se enfermó al morir el que le confió su obra. ¿Cuánto duró su enfermedad? No lo sabemos. En todo caso, a principios de junio estaba suficientemente restablecido para hacer un viaje a Nantes: el 5 de junio depositó el testamento del P. de Montfort ante un notario de la ciudad. ¿Estaba en San Lorenzo el 20 de junio para el servicio fúnebre en el cual el presbítero Clisson -quien había trabajado y predicado con el P. de Montfort- pronunció la oración fúnebre del ilustre difunto? Es posible, pero no lo sabemos. Lo cierto es que, una vez cumplidas sus obligaciones de ejecutor testamentario, fue a San Pompain donde su hermano para tomar un tiempo de convalecencia. Allí encontró al P. Vatel quien atendió la parroquia en ausencia del Prior: éste, de hecho, había participado en la misión de San Lorenzo hasta la clausura, que tuvo lugar ocho días después del deceso del P. de Montfort.

¿Qué fue pues de los miembros de la "Compañía del Espíritu Santo"? Hay una terrible falta de documentos que nos permitan decir qué pasó con los Hermanos mencionados en el testamento del P. de Montfort, y nos perdemos en conjeturas más o menos verosímiles para encontrar huellas de la mayoría de ellos. Es el caso particular de los cuatro que, según el testamento del P. de Montfort, estaban "vinculados con él en la obediencia y la pobreza".

Por Sor Florencia, autora de las crónicas de la Sabiduría, sabemos que "después de la muerte del Siervo de Dios", el Hno. Santiago se quedó en San Lorenzo "donde enseñaba a los jóvenes, rezaba el rosario y cantaba en la iglesia", y que partió de allí en 1719. Del Hno. Juan nada se volvió a saber. El Hno. Maturino, finalmente, fue el único que se unió a los misioneros de San Pompain. Gracias a los registros parroquiales, en los cuales aparece varias veces su firma -la primera el 2 de junio de 1718- tenemos pruebas de su presencia al lado de los PP. Mulot y Vatel, cuyas firmas aparecen también muchas veces en dichos registros, entre 1716 y 1720... pero ignoramos en qué fecha llegó allí.

Juzgando humanamente, la obra del P. de Montfort parecía seriamente en peligro. Los dos sacerdotes retirados en la casa cural de San Pompain estaban deshechos por la desaparición de su maestro. Además, no tenían práctica en la predicación: habían visto al P. de Montfort en su trabajo, pero el suyo estaba sobre todo en el confesonario.

El P. Besnard dice que "con frecuencia tenían en mente la obra de las misiones", pero estaban persuadidos de no estar a la altura de la tarea. Como el puesto de vicario cooperador en San Pompain estaba vacante, ellos pusieron su talento al servicio de la parroquia. El tiempo libre lo dedicaban al estudio y la oración y, según Besnard, "el P. Mulot, sobre todo, pasaba cada día varias horas ante el Santísimo Sacramento pidiendo a Jesucristo el don de la Palabra". Tampoco rehusaban ayudar a los párrocos vecinos, pero cuanto más pasaba el tiempo, menos se atrevían  a lanzarse.

Por lo demás, las esperanzas suscitadas por las donaciones de Vouvant se habían esfumado. En su testamento el P. de Montfort encargaba al P. Mulot el cumplimiento de las condiciones. Las actas notariales estipulaban que si no se cumplían, la "Compañía del Espíritu Santo" perdería todos sus derechos.

Renata Arcellin pedía oraciones "perpetuas" por ella y por sus herederos, y preveía que si los beneficiarios de su generosidad abandonaban Vouvant para vivir en otra parte, su casa con la huerta volvería a ella o a sus herederos. La Señora de la Brûlerie pedía "treinta misas cada año, a perpetuidad" al Señor Luis María Montfort Grignion, sacerdote de la Compañía del Espíritu Santo, y a quienes le sucederán y pertenecerán a la misma Compañía, por la parte alta de la casa y la mitad de la huerta, con obligación de pagar la mitad de las reparaciones y de no abandonar el lugar.

Por el testamento del P. de Montfort -en un parágrafo sin claridad evidente- tenemos información de una condición adicional que habla de sostener "algunos Hermanos de la Comunidad del Espíritu Santo para asegurar las escuelas de caridad". Cualquiera sea la interpretación dada a este pasaje del testamento, es evidente que el P. Mulot se encontró solo en San Pompain con Adriano Vatel y Maturino Rangeard, y que renunció a las donaciones de Vouvant. Por caridad hay que suponer que hizo todo lo posible para tratar de cumplir las condiciones, como se lo había pedido el P. de Montfort en su lecho de muerte, pero ¡es evidente que no pudo lograrlo!

 

La salida del cenáculo

 

Para que los dos misioneros salieran del impase sicológico en que estaban encerrados era precisa una intervención externa. La cuaresma de 1718 fue la ocasión gracias a la astucia desplegada por un párroco vecino que provocó el cambio. El P. Taillefait, párroco de San Esteban-des-Loges -parroquia suprimida hace casi 200 años, entre Vouvant y San Pompain- conocía a los huéspedes del Prior de San Pompain, y los consideraba capaces de llevar a buen término la obra de las misiones. No pudiendo convencerlos de ello, preparó una estratagema que les propinaría el golpe decisivo. Fue a buscarlos para pedirles la preparación de sus feligreses a la comunión pascual. Ambos prometieron colaborarle, persuadidos de que su ministerio se limitaría a oír las confesiones. Vuelto a su parroquia el P. Taillefait anunció desde el púlpito que el Domingo siguiente comenzaría una misión, predicada por los sucesores del P. de Montfort.

El recuerdo del P. de Montfort estaba muy vivo en toda la región. La noticia se difundió y suscitó, en San Esteban y en las parroquias vecinas, un interés tan evidente que, cuando el rumor llegó a oídos de los misioneros, éstos no pudieron permitirse decepcionar a tanta gente: ¡se vieron condenados a improvisar la misión! Como no habían preparado ningún sermón, se contentaron con leer desde el púlpito algunos pasajes de buenos libros, haciendo breves comentarios.

El P. de Montfort, en la Regla de los Misioneros, condena a los predicadores "a la moda", "sermones muy bien escritos, lenguaje elegante y escogido, pensamientos ingeniosos, gestos bien estudiados, elocuencia viva; pero, ¡qué lástima! Todo es puramente humano y natural, y por ello no produce sino fruto natural y humano". Más adelante precisa: "El buen predicador sabe considerarse, al proclamar la Palabra divina, como un reo inocente en el banquillo" (Regla manuscrita, 60.64). Los PP. Mulot y Vatel se encontraron en San Esteban ciertamente como condenados en el banquillo, y su elocuencia carecía perfectamente de todo artificio humano.

La misión logró un éxito prodigioso, y el P. Vatel, aún poco antes de su muerte decía que de todas las misiones que había hecho "ninguna había producido más frutos que la de sus primeros comienzos". El P. Mulot por su parte atribuía los frutos a la oración de quien le había dicho antes de morir: "Yo rogaré a Dios por Ud".

La fama de los nuevos misioneros se extendió como pólvora y las misiones se sucedieron sin interrupción. La estadía en el "cenáculo" -expresión utilizada por el P. Besnard para calificar el período de San Pompain- había terminado y la misión de San Esteban había sido un verdadero Pentecostés.

Las primeras peticiones vinieron de los párrocos de los alrededores, y el radio de acción de los misioneros se amplió progresivamente. Mientras tomaban algún descanso, regresaban al presbiterio de San Pompain. La única tregua del año era durante los trabajos agrícolas del verano. De la pascua de 1718 al verano de 1720 -durante el cual surgieron las relaciones entre el P. Mulot y la Hijas de la Sabiduría- predicaron 21 misiones y 13 más antes de establecerse en San Lorenzo en junio de 1722.

Por una firma de los registros parroquiales de San Pompain, sabemos que a comienzos de 1719 se les unió "Cipriano Aumont, sacerdote misionero". También sabemos que en agosto hubo otro: Hilario Toutant. A finales de 1720 un antiguo profesor del seminario del Espíritu Santo de París vino a unirse a la comunidad: Santiago Le Vallois, de quien hablaremos más adelante, pues tuvo un papel importante. Finalmente en 1721, con ocasión de la misión de Contré, el Señor Guillemot, párroco del lugar, se unió también al grupo.

 

Algunos hechos de los años 1718-1722

 

A este período de la historia monfortiana rara vez se lo evoca y con frecuencia se lo conoce mal. Hay sin embargo tres hechos importantes que merecen ser señalados.

* La visita pastoral de Monseñor de Champflour, obispo de La Rochelle, a la parroquia de San Pompain, el 31 de agosto de 1718. Relata el obispo que fue "recibido por el P. Juan Mulot, prior y párroco de dicho lugar, acompañado por los PP. Renato Mulot, Vatel y otros eclesiásticos alojados en la parroquia, y dedicados bajo nuestras órdenes a las misiones". En el inventario de los vasos sagrados, se hace mención de otro cáliz perteneciente al difunto Padre de Montfort". En fin, el obispo elogia el trabajo "del prior con los dichos PP. Mulot y Vatel, que han establecido una gran piedad en esta parroquia, y la obra de los maestros y maestras de escuela que cumplen muy bien su deber, que sin embargo no poseen ningún beneficio y viven de lo que la Providencia les provee". Siguiendo esta última observación, algunos historiadores afirman que el Hermano Maturino hacía la escuela en San Pompain. Eso es posible, pero si él acompañaba a los misioneros en las parroquias, de lo que estamos ciertos en varios casos, sólo podía hacer la escuela de manera intermitente.

* La súplica dirigida en agosto de 1719 al Papa Clemente XI por "los PP. Pedro Garnier, prior y párroco de San Martín de Melle, diócesis de Poitiers, y Juan Mulot, prior y párroco de San Pompain, diócesis de La Rochelle", súplica apoyada por los testimonios de los obispos de La Rochelle y de Poitiers. Se trata de "eclesiásticos piadosos y virtuosos, formados y animados por el fallecido P. Luis María Grignion de Montfort, sacerdote muy digno, Misionero apostólico, muerto en olor de santidad..." Los dos párrocos se ofrecían como garantes del sostenimiento material de los misioneros que "renunciaron a todos los beneficios e hicieron voto de pobreza voluntaria..." hasta que la Providencia "les procure un retiro donde se reunan todos para trabajar durante sus vacaciones, en particular por su santificación".

Ellos le pedían al Papa que aprobara la misión naciente y a todos los que se asocien bajo el nombre de nuevos misioneros apostólicos de la comunidad del Espíritu Santo para hacer misiones en las diócesis a donde sean llamados". Pedían igualmente "la continuación de la indulgencia plenaria que Su Santidad había otorgado al crucifijo del P. de Montfort, en favor de quienes lo besaran a la hora de la muerte", Besnard dice que "ésta súplica obtuvo todo el éxito deseado". Y añade: "Tales fueron los felices comienzos de la sociedad de los sacerdotes establecidos por el P. de Montfort, cuyo sabio reglamento está  en el quinto libro de su vida".

En su quinto libro, Besnard presentó las Reglas de los sacerdotes misioneros de la Compañía de María, escritas por Montfort en 1713, antes de su viaje a París donde hizo un acuerdo con el seminario del Espíritu Santo. Es quizá por razón de esta relación privilegiada que habló de la "Compañía del Espíritu Santo" en las donaciones de Vouvant, en enero de 1616, y de "Comunidad del Espíritu Santo" en su testamento. Grandet, que terminó su libro en 1723, habla del "establecimiento de la Compañía de María o del Espíritu Santo". * La misión de Vihiers, en Anjou, en la primavera de 1720. El Párroco y deán ofreció alojar a los misioneros en su parroquia "para echar en ella los primeros fundamentos de una misión fija y permanente". Quizá tenían ya la intención de instalarse un día en San Lorenzo, pues rehusaron. Entonces el buen párroco ofreció a cada uno "un pequeño beneficio, al cual el P. Mulot renunció poco después, "para vivir como el P. de Montfort abandonado completamente al cuidado de la Providencia". En cuanto al P. Vatel, tenemos pruebas de que lo poseía todavía en 1723.

 

El P. Mulot, superior de la Sabiduría

 

Hasta ahora el P. Renato Mulot era solamente el director de un equipo misionero cuyos miembros se referían al P. de Montfort y vivían según su espíritu, pero cuya estructura interna no estaba en manera alguna ordenada: la colaboración más o menos fortuita de varios sacerdotes durante los primeros años no significaba necesariamente su intención de comprometerse de por vida. Solamente el trabajo concreto en dependencia del obispo, los mantenía unidos. Por eso en el verano de 1720 el obispo de La Rochelle le dio otra función oficial: a petición explícita de la Madre María Luisa de Jesús, lo nombró Superior de las Hijas de la Sabiduría.

La Madre María Luisa estaba en La Rochelle con sus hermanas -cuatro- cuando supo por un comerciante llegado de San Lorenzo la muerte del P. de Montfort... El obispo se mostró particularmente atento con ellas: "Les ayudó con sus consejos y les sirvió de director en aquellos tiempos difíciles", cuenta Besnard. Su confesor era el P. Le Tellier, un jesuita. A finales de 1719, María Luisa recibió un día la visita de su señora madre quien con la ayuda de un sacerdote de la ciudad logró convencerla de volver a Poitiers. Fue lo que ella hizo, a riesgo de provocar una escisión en su comunidad, pues dos hermanas rehusaron trasladarse y sólo cuatro años más tarde se reunieron con la Madre María Luisa. El obispo de Poitiers hubiera querido que la congregación de la Sabiduría echara raíces en su diócesis, pero María Luisa no podía aceptar las condiciones que le imponían en el hospital.

Un buen hombre de Poitiers, Santiago Goudeau, que había conocido al P. de Montfort en la misión de Montbernage, le habló un día de la señora de un castillo de los alrededores de San Lorenzo. Estaba interesada en la memoria del santo misionero y en los milagros realizados sobre su tumba, y dispuesta a ayudarla. Era la Señora de Bouillé, la cual, con el Marqués de Magnanne, contribuiría eficazmente a la instalación en San Lorenzo de las Congregaciones del P. de Montfort.

 

En junio de 1720, la comunidad de la Sabiduría se instaló en San Lorenzo, en una pobreza que rayaba en indigencia. El deán rehusó ser su confesor y ellas acudieron primero a un vicario y luego a un párroco vecinos. Con todo, la Madre María Luisa siguió buscando un sacerdote que pudiera en realidad hacerse cargo de la comunidad, y un día le dijo a la Señora de Bouillé: "Creo que necesitamos un superior; sé que hay un sacerdote santo llamado el P. Mulot, que trabajó en las misiones con nuestro P. de Montfort... Hay que solicitarle que se digne ser nuestro superior". La manera como la Madre María Luisa de Jesús habla del P. Mulot, hace pensar que no lo había encontrado antes.

Con la Señora de Bouillé fue a ver al obispo de visita en una parroquia de los alrededores y su petición fue escuchada. Monseñor de Champflour encargó al P. Mulot "de la formación y dirección de las Hijas de la Sabiduría". El Padre obedeció y se trasladó a San Lorenzo, donde las hermanas lo acogieron "como un ángel enviado del cielo". Les predicó un retiro y se sintieron tan conmovidas por las pláticas del santo misionero,  digno sucesor de Montfort, y tan satisfechas de tenerlo por superior", que le escribieron al obispo para pedirle "que siguiera enviando al P. Mulot a continuar sus cuidados". Quizá se había mostrado reticente a encargarse de ellas de manera definitiva; en todo caso, el 27 de septiembre de 1720, el obispo le escribió: "le ruego seguir conduciéndolas, dirigiéndolas y confesándolas".

 

La llegada del P. Le Vallois

 

Este nombramiento le daba al P. Mulot un recargo de trabajo, pero a pesar de todo no abandonó las misiones. En el otoño de 1720 los misioneros estaban en Nueil -junto al Passevent, en Anjou. Una tarde, durante la misión, un viajero se detuvo en la casa cural para pedir albergue. Se llamaba Santiago Le Vallois y venía de París, donde había conocido al P. de Montfort cuando éste visitaba el seminario del Espíritu Santo. Desde entonces se había formado el plan de seguirlo, pero al enterarse de su muerte, había renunciado a las misiones. A propósito de un hecho extraordinario acaecido a un retrato del P. de Montfort que tenía en su cuarto: la imagen se había roto en varios pedazos y misteriosamente fue reconstruida, decidió unirse a sus sucesores, luego de orar sobre su tumba. Por casualidad providencial hizo una etapa en el pueblo donde se daba la misión y la alegría fue enorme para él y los misioneros.

Algunos días después prosiguió su viaje. Recibido en la casa cural de San Lorenzo por la hermana del Deán, tuvo la fortuna de granjearse su simpatía. Al visitar al día siguiente a la Madre María Luisa de Jesús, causó en ella tal impresión que "pensó inmediatamente retenerlo en San Lorenzo como director de las hijas que empezaba a congregar". Sin embargo lo dejó unirse al equipo del P. Mulot. El participó en la misión de Niort a comienzos de 1721 y "se hizo notar por las sabias conferencias que dio en público, como también por su infatigable asiduidad al confesonario". Después de la misión se le pidió que se encargara de la atención espiritual al hospital de la ciudad, y de "corregir un buen número de abusos que allí se habían introducido". Al cabo de dos meses dejó el sitio al Señor Toutant, incorporado al equipo misionero hacía por lo menos un año, y él regresó a San Lorenzo.

 

Proyecto de instalación en San Lorenzo

 

Entre tanto, los misioneros se habían trasladado a Contré. El párroco era Juan Isaac Guillemot, quien después de la misión ingresó al grupo del P. Mulot. Luego, en abril se movilizaron a San Lorenzo donde el Deán les había pedido una nueva misión. Sólo cinco años habían transcurrido desde la anterior, y Besnard nos dice que "el P. Mulot y sus asociados renovaron y fortalecieron el fervor". Emprendieron el arreglo del piso de la iglesia que no se había podido hacer en 1716, a causa de la muerte del P. de Montfort. El P. Vatel fue el responsable de la obra y permaneció en San Lorenzo después de la misión para terminarla, mientras los otros daban la misión en otras dos parroquias de los alrededores. Para el descanso veraniego, el Señor Le Vallois se instaló con el Deán de San Lorenzo y los demás retornaron a San Pompain.

En el curso de la misión de San Lorenzo se decidió la instalación de la comunidad de los misioneros en la casa de la "Encina". La compra fue hecha el 7 de agosto por la Señora de Bouillé en nombre propio, aunque en buena parte fue pagada con dinero del Marqués de Magnanne. Como bienhechora autoritaria y preocupada por la educación de los niños de San Lorenzo, "ella donó la casa a la Fábrica parroquial, con la condición de instalar en la misma algunos Hermanos del Espíritu Santo para hacer la escuela gratuitamente a los pequeños".

La casa estaba en estado lamentable, imposible  ocuparla inmediatamente. Un joven llamado Joseau, que había ayudado mucho a las Hermanas en su instalación, pidió ser admitido en la comunidad y trabajó arduamente para acondicionar la habitación de los misioneros.

En octubre comenzaron las misiones. El P. Le Vallois se puso en camino para unirse a sus cohermanos en la parroquia de La Fougereuse. En vez de descansar durante el verano, había trabajado en exceso y cayó enfermo en el viaje. Fue acogido por el párroco de La Tardière, pariente del P. Mulot, y disfrutó su hospitalidad dos o tres meses. La Madre María Luisa estuvo pendiente de sus noticias y tan pronto se mejoró un poco, envió al Hermano Joseau a buscarlo y llevarlo a San Lorenzo.

De nuevo se alojó el P. Le Vallois donde el Deán, y, probablemente en enero de 1722, comenzó a vivir en la "Encina" con el Hermano Joseau. Desde el primer encuentro, la Madre María Luisa tenía la intención de hacerlo capellán de la comunidad, y gracias a la enfermedad -sin duda providencial- le pudo ofrecer trabajo para ocupar el tiempo libre de su convalecencia. Así el P. Le Vallois dejó las misiones y se convirtió en el primero de una serie numerosa de capellanes de la Sabiduría. Salvo un breve intermedio como capellán del hospital de La Rochelle, desempeñó esa función hasta su muerte.

De octubre 1721 a junio 1722, no descansaron los misioneros: predicaron ocho misiones, de las cuales cinco en la diócesis de Poitiers. Durante la última, en Jaunay-Clan, Monseñor Foudras, obispo coadjutor de Poitiers, concedió la tonsura al Hno. Maturino Rangeard, para dar "más autoridad al celo del buen hermano quien, desde su llamamiento a seguir al P. de Montfort, siempre había desempeñado en las misiones el oficio de catequista".

 

El P. Renato Mulot, primer superior general

 

Terminado un año de trabajo podían tomar un tiempo para establecer su comunidad en San Lorenzo y para pensar en su restauración. Se unieron al Señor Le Vallois y al Hno. Joseau alrededor de la fiesta de San Pedro en 1722. Tomados algunos días de descanso "pensaron en una elección formal para procurarse un superior que fuera reconocido como tal por todos los misioneros y a quien todos se sometieran".

¿Cómo no lo habían pensado antes? Probablemente no habían sentido la necesidad. Vivían el espíritu de Montfort, como se vio a propósito de la pobreza, y se habían sometido al obispo de La Rochelle como superior. El P. Mulot era el director natural del grupo, por la confianza que le había manifestado el P. de Montfort en su testamento, y la espontaneidad de la estructura informal bastaba para asegurar el buen funcionamiento de la misión. El P. Mulot  no tenía en absoluto nada de autoritario o dominante: Era muy tímido y carecía de confianza en sí mismo.

Sor Florencia que escribió los recuerdos del tiempo, evaluó muy bien la situación diciendo que "él era considerado como el primero entre iguales". Se puede suponer que el trabajo conjunto -quizá con alguna dificultad ocasional de llegar al acuerdo perfecto- los hizo desear un grupo formalmente estructurado, y que entonces "pensaron en hacer una elección en forma", dice Besnard. Tal vez la personalidad del P. Guillemot los llevó a plantearse el problema. En efecto, él dejó el grupo en 1723, y cuando en 1743 volvió a las misiones, actuaba abiertamente como subdirector. A la muerte del P. Mulot, tomó la dirección de la obra pero se retiró después de elegido el nuevo superior.

Antes de proceder a la elección hicieron un retiro de ocho días. Según Sor Florencia había una serie de cubiletes sobre los cuales estaban escritos los nombres "de los que podían recibir sufragios", y cada uno iba a depositar un garbanzo en favor de su candidato. Todos los garbanzos, salvo uno, se encontraron en el cubilete del P. Mulot.

El reconocimiento de un superior conllevaba el compromiso de obediencia al mismo. Sor Florencia dice en pocas palabras: "todos, a excepción de dos, hicieron votos en sus manos, según la Regla", y da los nombres de los dos abstencionistas: el P. Guillemot, sobre quien formula un juicio severo, y el Hno. Maturino, a quien por sus escrúpulos no se le podía pedir razonablemente que hiciera votos. Se trataba de los votos de pobreza y obediencia, según las Reglas de los sacerdotes  misioneros de la Compañía de María, y si el P. Guillemot rehusó comprometerse, no fue a causa del voto de pobreza, pues el año anterior, para seguir al P. Mulot, había renunciado a un beneficio que le reportaba 900 libras. Por lo demás, como la Regla redactada por Montfort establece: "Es preciso que unos y otros, sacerdotes y hermanos, carezcan de beneficios, así sean simples", nos podemos preguntar si el P. Vatel emitió sus votos en 1722, pues ¡todavía en 1723 conservaba su beneficio de Vihiers!

 

La comunidad de San Lorenzo

 

¿Quiénes fueron los electores del superior? ¿Cuántos? ¿Quién podía "recibir sufragios"? ¿Cuántos sacerdotes hicieron votos? Eran votos anuales o perpetuos?...Preguntas a las cuales es difícil, si no imposible, responder. Si, además, se evoca una frase de Grandet -que escribe en 1723-: "el número de los misioneros era entonces cinco, sin contar los cuatro hermanos coadjutores de los cuales habla el P. de Montfort en su testamento, y que, habiendo hecho voto de pobreza y obediencia, lo seguían por todas partes, dedicados al catecismo, la escuela y la cocina de los misioneros", la cuestión se enreda aún más. Alrededor de la primera comunidad de San Lorenzo hay un claroscuro lamentable, que permite a los historiadores, expertos o aficionados, ejercitar su sagacidad y lanzar interpretaciones tanto inéditas como mal fundadas.

No parece que la emisión de votos hubiera sido condición indispensable para permanecer en la comunidad al servicio de las misiones. Tenemos la prueba con el P. Guillemot que se quedó un año más con los misioneros; y sobre todo, con el Hno. Maturino que permaneció fiel a las misiones hasta su muerte en 1760, y fue considerado siempre miembro de pleno derecho de la Compañía de María. Los primeros monfortianos se preocuparon menos de constituir una comunidad con límites bien definidos que de asegurar el servicio a las misiones.

Las Crónicas de Sor Florencia hablan ampliamente del Hno. Joseau. Era un hombre de múltiples talentos. Animaba espiritualmente la cofradía de los Penitentes de la parroquia; a partir de la fiesta de Todos los Santos de 1722, hacía la escuela a los chicos de la parroquia. El cirujano de Chatillon le dio algunas lecciones y en poco tiempo "lo puso en condiciones de recetar y procurar a los enfermos servicios esenciales". Tenía dotes para el dibujo, la pintura y la escultura. Había deseado "partir al Canadá y otros países de ultramar", y por algún tiempo tuvo la idea de prepararse para el sacerdocio, pero permaneció toda su vida en San Lorenzo en calidad de hermano, y fue el hombre de confianza de las dos comunidades.


 

En las vacaciones de 1723, las Hijas de la Sabiduría y los misioneros intercambiaron sus casa. La "Encina" era grande para la comunidad del P. Mulot, y la "Casa Larga", pequeña para las Hermanas que comenzaban a multiplicarse.

En septiembre los misioneros obtuvieron autorización para abrir una capilla en su casa. Había llegado un nuevo misionero del seminario del Espíritu Santo y se le pidió que presidiera la inauguración. El bendijo la capilla dedicada al Espíritu Santo, y desde entonces la casa de los Monfortianos en San Lorenzo se ha llamado siempre "casa del Espíritu Santo".

El sacerdote era el P.  Tomás. Con ocasión de una visita del P. de Montfort al seminario en 1713, había hecho el proyecto de seguirlo. En las semanas siguientes, comenzó las misiones con el P. Mulot. Desafortunadamente, después de la segunda fue llamado a París por su superior, y tuvo que abandonar contra su voluntad la vida que a penas había iniciado.

También en 1723, el Marqués de Magnanne, bienhechor insigne de la Congregación, vino a morar a la casa de los misioneros. Allí llevó una vida ejemplar, y a su muerte en 1750, fue sepultado en la iglesia de San Lorenzo, junto a la tumba del P. de Montfort.

 

El estilo de vida del P. Renato Mulot

 

Para presentar la secuencia de la vida del P. Renato Mulot es difícil aportar muchos detalles por carencia o falta de documentos. No hay que olvidar que durante la tormenta revolucionaria vivida en la región de San Lorenzo, sobre todo en 1793, muchas cosas desaparecieron. Sin embargo, tenemos información suficiente para esbozar la fisionomía espiritual de un hombre sobre cuya tumba se pudo escribir: "muerto en olor de santidad".

La trama esencial de su vida fue una serie ininterrumpida de misiones: ¡más de 220!, es decir, de siete a ocho por año. Se conoce la lista, aunque sin poder reconstituir la cronología exacta. Gracias a la oración fúnebre pronunciada por el P. Hacquet con ocasión  de un servicio religioso en la iglesia de San Lorenzo algún tiempo después de su muerte, tenemos una idea del inmenso trabajo que pudo realizar. Cuando sus cohermanos le reprochaban el poco cuidado que tenía de sí mismo respondía: "Dios no ahorró a su Hijo único para la salvación de los hombres; ¿por qué nos ahorraríamos nosotros cuando se trata de la salvación y la instrucción de las almas que el Señor nos ha confiado?".

Durante la temporada de misiones de octubre a junio, terminaba una para comenzar otra inmediatamente. En las vacaciones se dedicaba a visitar las casas de la Sabiduría: 26 al momento de su muerte. Recibía abundante correspondencia y debía emplear parte de sus noches para responder a la misma, ya que las jornadas de misión eran una sucesión de meditaciones, oraciones, predicaciones, confesiones y mortificaciones".

El P. Hacquet que había trabajado con él 14 años, asegura que pasaba ordinariamente ocho horas por día en el confesonario. Se levantaba a las cuatro, y "pasaba cada día un tiempo considerable en meditación", no tomaba nada antes del mediodía, "por más agotado que estuviera", y ayunaba todos los Viernes y Sábados. Si se pudo decir del P. de Montfort que era un "prodigio de mortificación", igual se puede decir de su discípulo, a quien el gustaba "acostarse en el suelo, dormir poco, comer escasamente, prefiriendo los alimentos más toscos, cargarse de cilicios, de cadenas punzantes, de penitencias y disciplinas".

 

 

 

 

La Compañía de María en tiempo del P. Mulot

 

La vida apostólica del P. Mulot representa 33 años de la historia de nuestra Congregación. El grupo que él presidió fue siempre un "pequeño rebaño". Para la misión, que era su razón de ser, el P. Mulot aceptó, todas las personas de buena voluntad que se presentaron y tuvo un gran número de colaboradores ocasionales, siguiendo en eso el ejemplo del P. de Montfort. Cuando su campo de acción se extendió a la diócesis de Nantes, trabajó también con los sulpicianos de San Clemente. Según testimonio de un sacerdote, hacia 1730, "estaba constantemente en busca de obreros apostólicos, que entonces eran bastante raros".

Entre los que se comprometieron explícitamente en la comunidad, varios salieron del seminario del Espíritu Santo en París: el primero fue el P. Le Vallois; en 1727 llegaron tres al tiempo: Avoine, Josselin y Durocher, y hacia 1737, los responsables del seminario "enviaron tres de sus mejores alumnos": Croissant, Baleq y D'Ysy, escrito a veces Dizi.

Es muy difícil saber exactamente el nombre y número de los colaboradores que se vincularon con votos y fueron realmente parte de la Compañía de María. En vida del P. Mulot tal vez llegaron a quince, pero ciertamente no alcanzaron a veinte. Respecto de los Hermanos, tenemos aún menos datos.

A la muerte del P. Mulot la Compañía se componía probablemente de solo 10 sacerdotes, y quizá cuatro o cinco Hermanos. El había visto con dolor desaparecer a varios de sus colaboradores, particularmente a Santiago Le Vallois y Adriano Vatel, que fueron con él los obreros de la primera hora. El P. Le Vallois murió santamente en San Lorenzo el 14 de junio de 1747, a la edad de 54 años, después de 26 como capellán de las Hijas de la Sabiduría. El P. Vatel murió en Rennes, el 22 de abril de 1748, al regresar de su pueblo natal en Normandía, donde se había agotado organizando una misión con otro sacerdote. Desde 1743 ya no era capaz de soportar las fatigas de las misiones, y, después de haber sido vicario de San Lorenzo por algunos meses, fue capellán del hospital de San Luis de La Rochelle.

 

Algunos hechos extraordinarios

 

Aún teniendo pocos documentos para evocar los tiempos del P. Mulot, conviene recordar siquiera brevemente algunos hechos que marcaron su época.

* Como hemos visto, por intervención de la Madre María Luisa de Jesús la capellanía de las Hijas de la Sabiduría ha sido un trabajo habitual de los misioneros de la Compañía de María. Por su misma intervención los misioneros asumieron otra tarea desde 1725: la capellanía del hospital San Luis de La Rochelle. El P. Mulot cedió a la insistencia de la madre María Luisa, y el P. Vatel fue el primero en asegurar allí una estadía que duró cerca de un año. Hasta la Revolución de 1789, la mayoría de los misioneros de la Compañía de María pasaron un tiempo más o menos largo en La Rochelle, como capellanes del hospital.

* Otro hecho digno de mención es la súplica dirigida al Papa Benedicto XIII en 1728, con el fin de obtener algunos favores espirituales para los misioneros. Es difícil decir quién tomó la iniciativa, pero las constancias dadas entonces por los obispos de La Rochelle, Luzón y Poitiers, constituyen un testimonio interesante en favor del trabajo realizado por el P. Mulot y sus cohermanos. El texto de la súplica habla de una "sociedad de misioneros llamados comúnmente Sociedad de María, bajo la invocación del Espíritu Santo" establecida por "Luis Grignion de Montfort, misionero, muerto en 1716, en olor de santidad", y los misioneros son calificados de "muy dignos herederos de su maestro"

* En 1734, la autoritaria Señora de Bouillé, bienhechora de las Hijas de la Sabiduría, gracias a sus buenas relaciones con Monseñor Dosquet, Obispo de Quebec, estuvo a punto de embarcar a las Hijas de la Sabiduría y a la Compañía de María en una fundación en Canadá. El P. Mulot no se dejó convencer. Por lo demás, el número demasiado reducido de los misioneros hacía el proyecto completamente utópico.

* En las vacaciones de 1748 , los PP. Albert, Hacquet y Besnard hicieron un viaje a Roma "para llevar el saludo de nuestras dos Congregaciones al Papa Benedicto XIV, y solicitarle la aprobación de las Reglas recibidas del P. de Montfort". Saliendo de San Lorenzo el 28 de julio, llegaron a Roma el 12 de septiembre y regresaron a San Lorenzo el 13 de noviembre.

 

La última misión del P. Mulot

 

El 13 de abril de 1749, el P. Mulot y sus cohermanos comenzaban en Questembert una misión de cinco semanas. Por primera vez predicaban en la diócesis de Vannes, y encontraron gentes receptivas de su acción: "Gente buena, dócil, asidua a la Palabra de Dios, agradecida y susceptible de todo bien", constató el P. Hacquet.

Más de una vez, a lo largo de sus misiones, el P. de Montfort había luchado contra la costumbre de convertir en ciertas regiones la iglesia en cementerio. Era el caso de Questembert. El P. Mulot era celoso como su maestro por el respeto de la casa de Dios. Encontró suficientes voluntarios para emprender la restauración simultánea de la iglesia y del cementerio, trasladando los féretros de un lugar al otro. El P. Mulot se hacía presente en la obra sin desdeñar su participación en el trabajo. Por inadvertencia, pisó una tabla en la cual había una puntilla oxidada que atravesó la suela de su calzado... ¡y el pie! No existía entonces la vacuna antitetánica, y algunos días después murió en medio de atroces dolores.

Los cohermanos fueron testigos de su actitud heroica. El P. Hacquet, en su oración fúnebre hace esta evocación: "Su deseo de sufrir le hacía conservar un gozo que se reflejaba externamente...Tomando su crucifijo en una mano y en la otra una imagen de la Santísima Virgen, permaneció resignado entre la vida y la muerte". Luego de recitar este versículo de un salmo: "en ti, Señor, he esperado, no seré confundido para siempre", expiró el 12 de mayo de 1749, a los 66 años. El P. Hacquet pudo decir: "Estoy absolutamente convencido, por su ejemplo, de que para morir como santo, hay que vivir como santo".

 

Conforme a sus deseos, fue enterrado en el cementerio, ante la capillita dedicada a San Miguel. Su corazón fue retirado del cadáver y puesto en un relicario de plomo que llevaron los misioneros a San Lorenzo. Tras un solemne servicio religioso en la iglesia parroquial, fue llevado a la capilla de las Hermanas y depositado detrás del altar. Hoy nadie sabe qué se hizo.

La tumba del P. Mulot está siempre en el mismo sitio, y se puede identificar fácilmente, pues sobresale un metro por encima de las tumbas circundantes de los sacerdotes fallecidos en Questembert desde 1749. Es un monumento de granito, capaz de desafiar los siglos. Alrededor se pueden ver esculturas diversas conformes al gusto de la época: cráneos, lágrimas, cruces, un corazón rodeado por una corona de espinas. La gran loza que la cubre lleva los elementos del altar: candeleros, cáliz, patena, y una inscripción en caracteres mayores: AQUI YACE EL SEÑOR RENATO MULOT SUPERIOR DE LOS MISIONEROS DE SAN LORENZO MUERTO EN OLOR DE SANTIDAD EL 12 DE MAYO DE 1749.

 

Fisionomía espiritual del P. Mulot

 

Después de casi dos siglos y medio, alrededor de la tumba del P. Mulot siempre se ha manifestado una religiosidad popular. Más allá de tal veneración, él tiene para nosotros monfortianos hoy, la grandeza espiritual de un hombre que hizo que la Compañía de misioneros deseada por Luis María de Montfort se desarrollara. El fue su digno sucesor e imitador perfecto. Igual celo para anunciar el evangelio. Igual amor a la cruz, que tan vivamente recomienda en las dos cartas  que nos quedan de todas las que dirigió a las Hijas de la Sabiduría. Igual devoción a la Reina de los Corazones a la cual consagraba sus misiones de manera particular.

No tenía dotes de gran orador, pero la convicción de su corazón y la bondad que emanaba de su persona daban fuerza y eficacia a todas sus palabras sencillas pronunciadas con suma sencillez. Un vicario general de La Rochelle manifestaba que el lenguaje del P. Mulot "estaba desprovisto de los adornos de la lengua y del orden lógico que se cuida en las instrucciones públicas cuando existe el propósito de conmover... El P. Mulot penetraba los corazones y los rendía  de manera tan viva y sensible que todos los esfuerzos de la elocuencia humana en vano intentarían aproximarse a ella".

Una tercera parte de la oración fúnebre pronunciada por el P. Hacquet está consagrada a la humildad, rasgo dominante de la fisionomía espiritual del P. Mulot: "Nuestro misionero tenía de sí mismo los más pobres sentimientos, mirándose como el último de sus hermanos, de quienes soportaba los defectos con bondad, y a quienes recibía siempre con afabilidad". Porque era verdaderamente humilde, gozaba de una paz que irradiaba: "Vivía sin envidiar a quienes sobresalían por encima de él; sin resentimientos por las injusticias cometidas contra él y sin deseo de venganza contra quienes lo perseguían". Persuadido de que otros hubieran desempañado mejor la función de superior, quiso con frecuencia renunciar a ella, y continuó sólo por obediencia: era el único en no darse cuenta de la manera perfecta como la cumplía.

El P. Hacquet concluyó la oración fúnebre del P. Mulot dirigiéndose a sus cohermanos: "Seamos, como lo era él, inflamados por la más perfecta caridad, anonadados por la humildad más profunda, animados por la devoción más ferviente".

El P. Mulot le había dado forma al proyecto de Montfort. Bajo su dirección la Compañía de María se convirtió en realidad bien fundada, y, cuando los campesinos daban a los misioneros de San Lorenzo el mote de "Mulotinos" -en francés mulot es un ratón de campo-, de hecho les rendían homenaje.

 

El P. Audubon, segundo superior general

 

El 24 de mayo de 1749, víspera de Pentecostés, tras algunos días de retiro, fue elegido por sus cohermanos el P. Audubon como superior de la comunidad. Hay que decir, que antes de morir, el P. Mulot lo había designado explícitamente como su sucesor. Su elección era vitalicia, pero sólo iba a ejercer su cargo seis años, pues murió el 15 de diciembre de 1755, a los 45 años. Es preciso anotar que la elección del superior no interrumpió el ritmo de las misiones. En efecto, del 1 al 29 de junio siguiente, los misioneros predicaron la misión en Montfaucon, diócesis de Nantes.

Durante la misión de Guéméné-Penfao, diócesis de Nantes, en marzo de 1750, los misioneros recibieron la noticia de la muerte del Marqués de Magnanne, su bienhechor y amigo. Tenía 86 años, y vivía en la casa de los misioneros desde 1723.

Un edicto real vino a complicar la tarea del nuevo superior, poniendo en entredicho a las comunidades que no tuvieran la aprobación oficial de la autoridad real. Para obtenerla el P. Audubon emprendió un viaje a París a finales de junio de 1750. Los grandes trabajos del campo en julio y agosto imposibilitaban a los labriegos para seguir los ejercicios de una misión, y durante este tiempo los misioneros podían descansar y dedicarse a otras actividades diferentes de la predicación.

El P. Audubon, provisto de cartas de recomendación, en particular del Señor Le Comte de la Garay -hijo del amigo del P. de Montfort- fue recibido por el Mariscal de Noailles, ministro del Rey Luis XV. A pesar de que logró suscitar la simpatía de varios personajes importantes, sus gestiones no tuvieron éxito.

Antes de retomar el camino de San Lorenzo, hizo una visita al seminario del Espíritu Santo, donde seguía vivo el interés por la Compañía de María. La prueba es que tres alumnos del seminario se juntaron a él:

* El P. Regnault, quien perseveró en la Congregación a pesar de la oposición de su madre. Ella hizo el viaje en 1763, desde Boulogne, junto al mar, en el norte de Francia, para llevárselo de nuevo a su pueblo natal, pero todo fue en vano. El murió en San Lorenzo en 1800, a los 76 años.

* El P. Thoribé, diácono entonces, quien murió de una fiebre maligna algunos meses después de su llegada San Lorenzo.

* El P. Laude, quien, después de haber trabajado en las misiones tres años, regresó a su diócesis de origen, a petición del obispo, y fue nombrado párroco en Boulogne.

 

Trabajo apostólico de los misioneros

 

Entre las numerosas misiones predicadas por los Padres de San Lorenzo en tiempo del P. Audubon, conviene mencionar la de Bouin, diócesis de Nantes, que comenzó el día de Todos los Santos y se prolongó hasta el 8 de diciembre de ese año de 1750. El párroco del lugar dejó un informe detallado, gracias al cual se perciben al vivo los métodos utilizados por los misioneros.

Entre otras cosas hay que mencionar la instauración del rosario, recitado en la iglesia todas las tardes, la creación de la Cofradía del Santísimo Sacramento, y la introducción de la práctica cotidiana de la oración mental. La fórmula utilizada el 8 de diciembre para la consagración a la Virgen María muestra la importancia que daban a la devoción mariana los misioneros del P. de Montfort. Ellos eran seis, y los acompañaban dos Hermanos: Maturino, catequista, y Miguel, cocinero.

El apostolado de los misioneros no se limitaba a las misiones parroquiales. En 1751, el P. Hacquet predicaba un retiro de siete días en el colegio de Beaupréau, diócesis de Angers. Fue el primero de una larga serie, pues, de 1751 a 1779, los PP. de la Compañía de María  predicaron 28 retiros en el mismo colegio.

Además, siempre había dos Padres al servicio de las Hijas de la Sabiduría: uno en San Lorenzo y el otro en el hospital de La Rochelle. El P. Audubon continuó la función asumida por el P. Mulot en favor de las Hermanas.

 

Muerte del P. Audubon

 

Durante las "vacaciones" de 1755, es decir durante los meses de verano, el P Audubon, a pesar de su salud deficiente -viajaba a pie como el P. de Montfort-, emprendió un nuevo viaje a París, como cinco años antes, con el propósito de obtener las "Cartas Patentes", es decir la aprobación oficial de su comunidad. No tuvo mejor éxito que la primera vez, pero dejaba preparado el terreno, y, gracias a sus gestiones, le será posible a su sucesor lograr el objetivo.

Como la primera vez, visitó el seminario del Espíritu Santo, y encontró en él un nuevo misionero: el P. Roustan, quien luego de su ordenación sacerdotal fue a despedirse de su familia en Provenza, y en seguida hizo a pie más de 250 leguas hasta San Lorenzo, habiéndose detenido unos días en La Rochelle, donde el P. Besnard era capellán del hospital. Después de participar en algunas misiones, sería su sucesor allí. En 1758 se retiró de la Compañía y pasó a ser capellán de un regimiento en La Rochelle. Otro misionero se había incorporado a la comunidad en 1755: el P. Arrivé, de Poitiers, quien fue también capellán del hospital de La Rochelle y murió en San Lorenzo en 1765.

En su camino de regreso, el P. Audubon visitó algunas comunidades de la Sabiduría: en Normandía, Rennes y Dinán. Todos le aconsejaban renunciar a las misiones, por el deterioro de su salud, pero él no quería descanso ni alivio. Del 19 de octubre al 19 de noviembre, dirigió la misión de La Verrie, cerca de San Lorenzo. Cuatro días más tarde comenzó otra en Poiré-Velluire, en la diócesis de La Rochelle.

En el viaje tuvo que atravesar un río, y al momento de subir a una barca, se resbaló. El esfuerzo que hizo para no caer al agua le provocó una hernia. Hacía 22 años ya tenía otra, que siempre había soportado, pero esta vez estaba gravemente afectado. Comenzó la misión de Poiré tratando de ocultar sus sufrimientos, pero el 8 de diciembre no pudo terminar el sermón, a causa de los dolores extremamente violentos.


 

El P. Besnard que vino de la Rochelle para atenderlo, habló de sus ocho días de agonía, particularmente edificantes, en una carta dirigida al P. Croissant. Mostró una paciencia heroica durante una cirugía que duró tres horas, repitiendo varias veces: "Estoy feliz de morir en la misión". El P. Besnard concluye su relato: "Nunca otro muerto me ha tocado y edificado tanto". Era el lunes 15 de diciembre de 1755, y el P. Audubon fue inhumado en el vestíbulo de la iglesia de Poiré.

 

Elección del P. Besnard

 

Antes de morir, en presencia de los Padres y las Hermanas que se encontraban en Poiré, el P. Audubon había designado a su sucesor en la persona del P. Besnard. Era pues natural que fuera elegido por sus cohermanos reunidos en capítulo, el 24 de diciembre siguiente. Tenía 38 años, e iba a permanecer a la cabeza de la Compañía 33 más. Nacido en Rennes en 1717, había entrado en la Compañía de María en 1743.

Dos días después de su elección comenzó una misión en Mortagne, a pocos kilómetros de San Lorenzo, misión no particularmente deseada, en la cual los misioneros lograron convencer y hacerse aceptar. Así el P. Besnard demostraba claramente sus preferencias por la misión itinerante. Le había costado aceptar la capellanía del hospital de la Rochelle, donde, gracias a su elección como superior, sólo permaneció un año. La misión de Mortagne fue la primera de una larga serie, al ritmo acostumbrado, que de septiembre a junio dejaba poco intervalo entre dos misiones sucesivas.

Durante las vacaciones del verano 1756, hizo también él un viaje a París, siempre con el fin de obtener las famosas "Patentes". A su turno estableció buenas relaciones con las personas importantes -entre otros, el arzobispo de París-, pero esta vez tampoco tuvo mejor éxito que su predecesor.

Hizo igualmente la tradicional visita al seminario del Espíritu Santo, y encontró nuevos misioneros para su Compañía. Tres respondieron a su llamado: los PP. Becquet, Rozé y Dravergne. El primero fue un hombre de talento y perseveró hasta su muerte en la obra de las misiones. Igualmente el segundo, pero no se sabe si perseveró toda su vida. El tercero a penas pasó por la comunidad

A comienzos de aquel año (1756), la Compañía de María había acogido al P. Du Rocher: un viudo, cirujano mayor  en un regimiento de Nantes, quien, después de la muerte de su esposa y de sus hijos, se había orientado al sacerdocio. Era subdiácono cuando llegó a San Lorenzo. Durante 10 años fue un celoso misionero y murió en San Lorenzo.

Las misiones parroquiales seguían su ritmo habitual. La más importante en que participaron los misioneros de San Lorenzo, fue en la ciudad de Angulema, del 27 de febrero al 12 de abril de 1757. La dirigieron renombrados misioneros venidos de diversos puntos del Reino, y los Padres de la Compañía que en ella aportaron su colaboración fueron: Besnard, Albert, Javeleau y Hacquet.

 

Duelos en serie

 

El 6 de abril de 1759, murió el Hno. Juan Fortin, a los 60 años. Era hombre de gran abnegación y había prestado grandes servicios a las Hermanas de la Sabiduría durante largos años. Les organizaba los viajes y les servía de guía. Estaba ya bien enfermo cuando emprendió su última gira, y murió al día siguiente de su regreso. Sor Florencia, cronista de la Sabiduría, hizo de él un gran elogio.

A finales del mismo mes de abril, cuando los misioneros volvían de la misión de Fontenay-le-Comte, que les había ocasionado grandes satisfacciones, la muerte de la Madre María Luisa de Jesús vino a entristecer a las dos comunidades. Ella murió el 28 de abril, como el P. de Montfort, a la misma hora, y algunos creen que en el mismo sitio. El P. Besnard, quien escribió su biografía, la conoció pues durante 16 años, ya que él había entrado a la Compañía en 1743.

El 22 de junio del año siguiente, le tocó el turno al Hno. Maturino, el compañero fiel del P. de Montfort, con quien desaparecía el último testigo directo de la vida de san Luis María. Tenía 73 años y había pasado 55 al servicio de la misión. Regresó enfermo de la Misión de Fontenay-le-Comte, durante la cual hacía el catecismo en el hospital general. En la mañana del día de su muerte, se paseaba en la huerta. Sintiéndose indispuesto, fue a recostarse en su lecho, y a penas hubo tiempo para aplicarle la unción de los enfermos.

 

Aprobación real de la Compañía de María

 

A pesar de los esfuerzos hechos por los PP. Audubon y Besnard, la Compañía no había logrado todavía las famosas "Patentes". En 1771 se reiteró la solicitud al gobierno del Rey Luis XV. La petición estaba apoyada por las recomendaciones de los obispos de todas las diócesis donde trabajaban los misioneros: La Rochelle, Nantes, Vannes, Rennes, Dol, San Maló, Angulema, Saintes y Poitiers. Otras personalidades importantes, civiles y militares, habían igualmente ofrecido su apoyo. ¡La respuesta llegó dos años más tarde, en 1773!  Su contenido esencial es éste:

"Hemos aprobado y confirmado, y por las presentes, firmadas de nuestra mano, aprobamos y confirmamos los dos establecimientos formados en el pueblo de San Lorenzo, junto al río Sèvre, en la diócesis de La Rochelle: el primero de una comunidad de sacerdotes seculares, bajo el título de Sacerdotes misioneros del Espíritu Santo; el otro, de una comunidad de mujeres, bajo el título de Hijas hospitalarias, dichas de la Sabiduría, con la obligación para una y otra comunidad de observar y hacer observar los estatutos y reglamentos relativos a cada una de ellas y consignados en el manuscrito aprobado por el señor obispo de La Rochelle, y que aprobamos y confirmamos por las presentes..." El documento está firmado "Luis" y contrafirmado por el ministro que certifica la autenticidad de la firma real.

En adelante las dos Congregaciones tienen su futuro asegurado. Sin embargo, en lo relativo a la Compañía de María, se produjo un cambio capital, que modifica profundamente el estatuto de los misioneros. En efecto, la aprobación real indispensable para la vida de la Congregación, se obtuvo sólo al precio de un sacrificio denso de consecuencias.

 

Ataques y contradicciones


 

El primer edicto real sobre las comunidades se remontaba a 1749. Habían seguido otros, en 1768 y en febrero de 1773, marcados todos por el mismo espíritu: se trataba de medidas rígidas tendientes a uniformar el mundo tan variado de la vida regular de la época y a limitar las instituciones religiosas en función de su utilidad social. Asesorado por personas competentes, el P. Besnard había llegado a la convicción de que era imposible obtener la aprobación real sin modificar la Regla. Un artículo de la nueva Regla dice que "las personas que entren a la Congregación no estarán obligadas a comprometerse por votos de ninguna clase, ni siquiera simples; en consecuencia, quedarán siempre libres de retirarse".

En 1773 fueron suprimidos los jesuitas por el Papa Clemente XIV. Ya habían sido suprimidos en la mayoría de países católicos -entre 1762 y 1767. Su influencia era grande, y los filósofos del que se llamó "siglo de las Luces" tenían celos de su prestigio. El movimiento filosófico de las "Luces" se extendió a toda Europa en el siglo 18. Racionalismo, exaltación del individuo y del bienestar individual, crítica de las jerarquías sociales y religiosas... son sus rasgos característicos; y el prototipo de sus representantes es Voltaire.

En este clima deletéreo, los "mulotinos" se convirtieron en el blanco de los iluminados que detestaban todo lo que se opusiera a su influencia. A pesar de su número mínimo, los misioneros tuvieron el honor de ser combatidos como "tropas auxiliares de los jesuitas" en un periódico titulado Noticias Eclesiásticas. Ciertamente ellos, como los jesuitas, mantenían la ortodoxia católica frente al jansenismo.

El mayordomo de Mortagne -cerca de San Lorenzo-, un tal Boutillier de San Andrés, desahogó su rabia en un documento virulento dirigido al Procurador  general del Parlamento de París. Protestó de manera vehemente contra la aprobación oficial con que habían sido beneficiados los misioneros de San Lorenzo, y los acusaba de toda suerte de malversaciones. El P. Besnard refutó punto por punto todos los ataques formulados por dicho personaje.

Otro señor de los alrededores de San Lorenzo, el caballero de la Tremblay, en una carta al procurador general de Poitiers, se refería a "los peligros de fanatismo y superstición cuyo refugio y centro era la casa de esos sacerdotes". Pretendía revelar "la imbecilidad del pueblo que, desde 20 leguas a la redonda, donde esos energúmenos van a difundir sus principios jesuíticos, deposita a sus pies el dinero de las viudas y los huérfanos".

A pesar de todos estos ataques, los "mulotinos" -término que se había tornado peyorativo bajo la pluma de los panfletistas- gozaban de toda la estima de la población rural y de los párrocos que los llamaban, pero éste era a penas el preludio de lo que tendrían que sufrir quince años más tarde.

 

La comunidad del Espíritu Santo

 

E los años siguientes no hallamos nada particular que mencionar. La comunidad estaba polarizada siempre por las misiones parroquiales que se sucedían regularmente de septiembre a junio. Sería posible dar la lista de las mismas, pues en los archivos de la casa general en Roma, se conserva una libreta del P. Hacquet que reporta todas las misiones en que participó él, dando algunas apreciaciones de cada lugar.

En 1782, las comunidades de San Lorenzo recibieron la visita del obispo de La Rochelle, Monseñor Crussol. Fue a bendecir la nueva capilla de las Hermanas -coronada por un pequeño campanario- y tuvo ocasión de tomar contacto con los misioneros cuya casa estaba en su diócesis.

Los Padres y los Hermanos seguían en la "Casa Larga" que ocupaban desde 1723. Eran tan escasos y se ausentaban con tanta frecuencia que la incomodidad y estrechez de las instalaciones no parecían causarles problema. Al salir de la capilla que acababa de bendecir, el obispo dijo al P. Besnard: "He bendecido la capilla de la Sabiduría; conviene ahora que Uds. construyan una iglesia propia y una casa para alojarse dignamente". Al mismo tiempo les pedía aproximarse a la casa de las Hermanas.

La idea de construir maduró con bastante rapidez. Monseñor Crussol mismo había indicado el sitio de la futura casa.Como se pudo comprar varios lotes contiguos, el modesto terreno de la "Casa Larga" se convirtió en un gran huerto. Nuevas adquisiciones a principios del último siglo dieron a la propiedad las dimensiones que conserva hoy. Se emprendió entonces la construcción de la casa grande y sólida, llamada del "Espíritu Santo". Se terminó en 1788, de manera que el P. Besnard pudo verla antes de morir... y, a finales del siglo XX ¡aún sigue desafiando el paso del tiempo!

 

Muerte del P. Besnard

 

La figura del P. Besnard ha marcado la historia de la Compañía de María. Veló por el bien espiritual y la prosperidad de las dos Congregaciones que tenía a su cargo. Las salvó de su desaparición, obteniendo el reconocimiento oficial del gobierno real. Las arraigó sólidamente en el pueblo de San Lorenzo por las construcciones realizadas siendo él superior. Sin descuidar nunca el trabajo prioritario de las misiones populares, encontró tiempo para escribir dos biografías: la de la Madre María Luisa de Jesús, a quien conoció personalmente; y la de San Luis María, para la cual visitó los lugares recorridos por el santo misionero e interrogó testigos aún vivos.

El 23 de septiembre de 1786, hizo un viaje a París para hacerse operar de cataratas. Dieciocho meses más tarde, moría a la edad de 71 años, gastado por las innumerables obras que llenaron los 45 años de su presencia en la Congregación.

 

Los nuevos misioneros en tiempo del P. Besnard  

Durante su superiorato la Congregación acogió a varios miembros nuevos. Además de los ya mencionados, en 1758 llegó el P. Tobías, quien permaneció poco tiempo en la comunidad. En 1764, la Compañía de María recibió tres nuevos miembros: el P. Hervé, predicador ardiente, muerto en San Lorenzo en 1779, y los PP. Enrique y Julián Le Cornec. Estos dos últimos, hermanos, entraron a la Compañía y fueron ambos capellanes del hospital de La Rochelle. Enrique fue "procurador" de la Congregación, es decir: ecónomo, y murió en San Lorenzo en 1786. Su hermano se dedicó a las misiones, después de su estadía en La Rochelle, y se ignora la fecha de su muerte.

En 1768, la Congregación recibió a los PP. Magnier y  Micquignon, futuro superior general. El nombre del P. Urien aparece por primera vez en 1769, con ocasión de un retiro predicado en la parroquia de San Lorenzo. Sobrevivió a la tormenta revolucionaria, y murió en San Lorenzo el 5 de febrero de 1805.

En 1770 llegó el P. Guillou, de La Rochelle. No logró adaptarse a la vida comunitaria, pero, después de la Revolución, volvió varias veces a San Lorenzo a predicar el retiro anual de las Hermanas.

Los PP. Blouin y Gaultier llegaron en 1773. El primero vivió casi siempre en San Lorenzo. El segundo, luego de algunos años de misión, fue asignado en 1786 al hospital de la Rochelle, y se retiró a Rennes, su pueblo, durante la Revolución.

El nombre del P. Morel figura en los registros del hospital de La Rochelle del 21 de junio 1775 al 24 de agosto 1781. Es mencionado en tres misiones. El P. Pineau trabajó en la mayoría de las misiones de 1776 a 1779, pero después no se sabe nada de él.

El año de 1782 vio llegar cuatro nuevos misioneros: los PP. Lagogué y Le Loup, que permanecieron muy poco tiempo, y los PP. Pouponnot y Joubert de quienes se hablará en el período revolucionario. Llegado a San Lorenzo en 1784, el P. Poitevin no hizo más que pasar, pues murió al año siguiente. En 1785 la Congregación acogió al P. Duchesne, futuro superior general, y al P. Bloquet, de quien nada se sabe en concreto. Al año siguiente llegaron los PP. Serres y Duguet, de quienes se hablará igualmente durante la tormenta revolucionaria.

Finalmente, en 1788 llegó el P. Perrin. Durante la Revolución vivía en Poitiers, donde prestó grandes servicios a las Hermanas de la Sabiduría. Recuperada la paz, salió de la Congregación para hacerse misionero en Indostán, pero permaneció muy unido a la Compañía de María.

Al hacer el balance de entradas desde los comienzos de la Compañía de María, se cuentan 51 sacerdotes. De ellos 11 salieron y otros 6 no se sabe si se retiraron o murieron en la Congregación. De los Hermanos no hay datos, y es imposible dar su número, así sea aproximado.

 

 

 

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CAPITULO III - LA TEMPESTAD

 

 

Superiorato del P. Micquignon y elección del P. Supiot

 

 

El P. Micquignon había entrado a la Congregación en 1768. Venía de la diócesis de Amiens al norte de Francia, como varios otros candidatos que llegaron a San Lorenzo a través del seminario del Espíritu Santo. Sucedió al P. Besnard en 1788, sin que sepamos la fecha exacta de su elección. Su superiorato fue breve, pues murió el 18 de enero de 1792, sin ver la tempestad que ya presentía, como se ve en la carta circular que envió a las Hermanas de la Sabiduría el 6 de enero de 1790:

"... Uds. son objeto de toda mi solicitud. Pero nuevos peligros que el nuevo año parece hacer surgir, los males que nos presagia por las circunstancias que lo acompañan, sumados a mis temores y alarmas, dan también nuevo pábulo a mi celo y son objeto de los votos que debo hacer al Señor por Uds. en los tristes comienzos de este nuevo año..."

Las anima a perseverar en la fe y a ser fieles a la Iglesia, y termina con esta invitación práctica: "¡Ah! ¡Más vale perderlo todo hoy, de una vez: bienes, salud, reputación, aún la posición social, que perder esa augusta calidad que nos da la fe! ¡Preferible verlas desaparecer y ser barridas en una ruina común con tantas Ordenes ilustres, ¡ay de mí!, pero víctimas felices de su fe!"

A su muerte fue reemplazado sin tardar por el P. Supiot, oriundo de la diócesis de Angers, con 61 años de edad. Habiendo entrado a la Congregación en 1758 -¡vivían aún la Madre María Luisa de Jesús y el Hermano Maturino!-, había predicado misiones en gran número de parroquias de las diversas diócesis a las cuales eran llamados regularmente los "mulotinos". Estaba pues perfectamente preparado para asumir la dirección de las dos comunidades, en un período que se revelaría trágico.

Para comprender la continuación es necesaria la descripción del

 

 

Contexto históricos de Francia

 

 

Al terminar la década de 1780 había una fuerte crisis económica en el Reino de Francia. El Rey Luis XIV, bajo cuyo reinado vivió el P. de Montfort, había muerto después de reinar 72 años -habiendo comenzado a la edad de cinco años! Le había sucedido su bisnieto con el nombre de Luis XV, y desde 1774, Luis XVI, nieto del anterior, reinaba en Francia. Se trataba pues de una monarquía absoluta, lo que significa que el rey tenía todos los poderes, sin estar sometido a ninguna Constitución -como es el caso en las monarquías constitucionales-, y sin tener que rendir cuentas a nadie sobre la administración del país. Bajo la influencia de los filósofos del "Siglo de las Luces", había fuertes interrogantes respecto de ese poder absoluto, y los iluminados miraban hacia la antigua Grecia, cuna de la democracia.

Ante la crisis, el ministro Necker aconsejó al rey reunir los Estados Generales, que eran en el Antiguo Régimen, como se designa al régimen político anterior a la Revolución, una asamblea extraordinaria a la cual eran convocados delegados de toda la sociedad, para tratar en ella los asuntos de la Nación.

La sociedad de la época estaba dividida en tres "órdenes" o "estados": la Nobleza, el Clero y el Tercer Estado.

La Nobleza poseía los bienes raíces y gozaba de numerosos privilegios. Comportaba una cierta jerarquía en función de la fortuna, y de los títulos de nobleza que podía mostrar cada uno.


 

El Clero no era una clase homogénea, y se hablaba fácilmente del Clero Alto y del Bajo Clero. El Clero Alto lo constituían los hijos de familias nobles, que habían abrazado el estado eclesiástico. Todos los obispos venían de la Nobleza, y conservaban en su función eclesiástica sus escudos de armas y su título de "Monseñor". El Bajo Clero comprendía los sacerdotes sin fortuna, que recibían de los párrocos para quienes trabajaban lo que se llamaba "la porción congrua", expresión que con el tiempo adquirió el sentido de "ingreso insuficiente".

El Tercer Estado designaba a todos los demás ciudadanos, es decir a los que no pertenecían ni al primero ni al segundo estado. Había una variedad infinita que englobaba niveles de vida desde la fortuna a la miseria. Hay que hacer mención especial de dos clases sociales: la de los campesinos, que, en una Francia ensencialmente rural, representaban una fracción importante de la población, y la de los burgueses, que eran la clase emergente de la época. El burgués era etimológicamente el habitante de un burgo, donde vivían los artesanos y los comerciantes, que escapaban al dominio de los terratenientes tradicionales que pertenecían a la Nobleza. Muchos burgueses habían alcanzado un nivel de fortuna que podían envidiar algunos nobles, y entre ellos había individuos codiciosos de los privilegios de la Nobleza

La asamblea de los Estados Generales comenzó el 5 de mayo de 1789, en Versalles donde Luis XIV había construido el castillo real. Estuvo marcada por la debilidad del poder real, y fuertemente influenciada por las nuevas ideas. Allí comenzó la "Revolución", es decir la transformación radical de la sociedad francesa, preparada ya en el espíritu de los burgueses por las ideas filosóficas de las "Luces". La fisionomía de la asamblea fue modificada fuertemente cuando los representantes del bajo clero y algunos nobles se unieron al Tercer Estado. En efecto, el grupo así constituido se convirtió en mayoritario. El 9 de julio formaron una nueva asamblea con la ambición de dar una Constitución al país, y lograr así la evolución de la monarquía absoluta hacia una monarquía constitucional.

En esta nueva asamblea era preponderante la burguesía, mientras en la calle se agitaba el vulgo. El 14 de julio las masas populares tomaron por asalto la cárcel de la Bastilla y liberaron los presos allí recluidos. Esta fortaleza, construida a las afueras de la capital, era a sus ojos el símbolo del poder arbitrario del rey. En la noche del 4 de agosto, la asamblea, influenciada por la agitación de la calle, votó la abolición de los privilegios de que gozaban la Nobleza y el Clero. El 26 de agosto fue proclamada la célebre Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Había en los protagonistas de tales acontecimientos una voluntad feroz de reformar la sociedad... y la Iglesia de Francia que ocupaba un espacio grande en las estructuras del Reino. Estaba marcada por lo que se llamó el "galicanismo", lo que quiere decir que muchos sacerdotes y obispos se preocupaban más de no desagradar al Rey de Francia que de obedecer al Papa de Roma.

El primer golpe dado a la Iglesia fue de orden material: los bienes de la Iglesia fueron declarados "bienes nacionales" el 2 de noviembre. Las diócesis y los monasterios tenían inmensas propiedades raíces, y la medida tenía por fin inmediato salvar al Estado de la quiebra.


 

En enero de 1790 los judíos y los protestantes que vivían en el territorio del Reino fueron reconocidos como ciudadanos, pues hasta entonces, el catolicismo era la religión del Estado, y los registros de bautismo eran los registros del estado civil. La creación de los registros de estado civil coincide con la de la nueva división administrativa. Francia fue dividida en 90 "departamentos", lo que interesa indirectamente la Historia de la Iglesia, ya que después de la Revolución, la reestructuración de las diócesis se hará según esta división.

El 13 de febrero de 1790, una ley prohibía los votos solemnes de los monjes y las monjas, y decretaba la supresión de las Ordenes contemplativas. Varios monasterios fueron "resucitados" a lo largo del siglo XIX, pero muchos desaparecieron definitivamente -por ejemplo, el monasterio de Fontevrault, donde el P. de Montfort iba a visitar a su hermana.

El golpe más duro a la Iglesia fue la Constitución civil del Clero, del 12 de julio de 1790. Se pretendía organizar una Iglesia nacional, de tipo democrático -con elección de los obispos por el pueblo -sin  referencia alguna a la Santa Sede. Esta nueva organización encontró fuerte resistencia por parte de la mayoría de los sacerdotes y obispos. La autoridad civil esperó alrededor de seis meses, y, a principios de 1791, trató de imponerse por la fuerza. Se hizo obligatorio para todos los sacerdotes prestar juramento de fidelidad a la Constitución civil del Clero, bajo pena de exilio, y más tarde, de deportación.

Hubo desde entonces dos clases de sacerdotes: lo "juramentados" que habían aceptado el juramento, y los "refractarios", que para escapar a las represalias de la autoridad civil, no tuvieron otra solución que exilarse o continuar su apostolado en la clandestinidad. Muchos estaban indecisos, y la situación siguió confusa hasta  abril, cuando el Papa Pío VI al fin se pronunció: condenando la Constitución civil del Clero y los principios revolucionarios. La mayoría de los obispos legítimos se encontraron en el extranjero: Inglaterra, España y los Estados Pontificios, particularmente, igual que muchos sacerdotes. Sin embargo, un buen número permaneció en la clandestinidad, a menudo con peligro de su vida, y los cristianos fieles a los sacerdotes refractarios trataban de "intrusos" a los obispos y párrocos instalados por el gobierno.

 

 

 

La Compañía de María en la tormenta

 

Los misioneros del P. de Montfort eran del todo impermeables a las nuevas ideas, y, ante las primeras medidas que atacaban a la Iglesia de Francia, no tuvieron la menor duda. Como un solo hombre rechazaron la Constitución civil del Clero, y se sintieron confortados en su decisión cuando recibieron la condenación papal. Solícitos en la guía de los fieles, redactaron opúsculos destinados a orientarlos sobre el comportamiento a seguir. El más célebre pasó a la Historia bajo el nombre de Catecismo de los Mulotinos, y se intitula Catecismo para uso de los verdaderos fieles en las circunstancias actuales. Parece que el autor fue el P. Duguet, pero reflejaba perfectamente el pensamiento del grupo. Otro opúsculo del P. Duguet lleva el título de: Instrucción sobre los intrusos, en forma de conversación entre un sacerdote y un simple fiel del campo.

Si es completamente falso afirmar que el levantamiento de la Vandea en 1793 se debió a la influencia del P. de Montfort, es, por el contrario, evidente que la influencia de los mulotinos sobre la región donde se desarrollaba su apostolado, y sobre los sacerdotes  encargados de la misma, era muy real. Ellos ciertamente contribuyeron a la actitud de rechazo que llevó a los campesinos vandeanos a tomar las armas.

Los misioneros de San Lorenzo no podían dejar de llamar la atención de las autoridades civiles, y, el 6 de junio de 1791, su casa fue objeto de un allanamiento por los "guardias nacionales", que eran los policías de la época. Los escritos recogidos por los mismos fueron calificados de "incendiarios" en el informe del comandante. Habiéndose retirado hacia la tarde, volvieron a la noche siguiente. Encontraron a los PP. Dauche y Duguet, y decidieron llevarlos presos a Angers. A petición de algunos notables de San Lorenzo y de la Madre Flavia, superiora general, intervinieron los responsables del distrito y los dos presos fueron liberados.

Se puede suponer razonablemente que a raíz de esa indagación los misioneros tomaron la decisión de poner en lugar seguro los documentos más preciosos En un campo ubicado sobre la colina cercana al poblado, se cavó un refugio, que recibió, entre otros documentos de valor, el manuscrito del Tratado de la Verdadera Devoción.

 

Los misioneros fueron considerados sospechosos

 

Los misioneros se habían hecho sospechosos, y las autoridades del departamento de la Vandea pidieron una investigación oficial. Un general de Fontenay describe así la situación, en una carta redactada el 12 de septiembre: "El distrito de Châtillon -del cual hace parte San Lorenzo- está infectado de fanáticos... El núcleo mayor está en San Lorenzo, sobre el río Sèvre, donde hay una comunidad de misioneros que han envenenado todos los alrededores, con un catecismo que el ministerio público va a perseguir..." Dos comisarios civiles , llegados a la Vandea para inspeccionar la situación expresan idéntico juicio: "De una comunidad de misioneros establecidos en San Lorenzo brotan todos los venenos que han corrompido todos los espíritus de los habitantes de los campos. Estos ministros peligrosos y culpables se han aliado con el antiguo obispo de Luzón, con su vicario general y con todos los sacerdotes no juramentados para oponerse a la ejecución de los decretos de la Constitución civil del Clero".

Las Hermanas de la Sabiduría no fueron mejor aceptadas. Se las veía como agentes al servicio de la propaganda de los misioneros: "Consagradas, en este departamento y en varios otros, al servicio de los pobres y en particular de los hospitales, son para los misioneros un medio muy activo de correspondencia general en el reino". Las autoridades civiles aprecian su trabajo en los hospitales, pero declaran que si no es posible apoyar a las Hermanas de la Sabiduría sin los misioneros, "hay que destruir los dos establecimientos".

Mientras las Ordenes contemplativas habían sido suprimidas en 1790, dos años más tarde les tocó el turno a las Congregaciones religiosas. La ley del 18 de agosto de 1792 decretaba su desaparición, y tanto los Mulotinos como las Hermanas de la Sabiduría tuvieron el honor de ser nombrados entre los particularmente peligrosos. El apostolado de los misioneros del P. de Montfort se tornó clandestino al servicio de la parroquia de San Lorenzo y de las parroquias circunvecinas, dado que la gente rehusaba acudir a los sacerdotes asignados por el gobierno. El obispo de La Rochelle se refugió en España y se comunicaba con su diócesis a través de toda una serie de intermediarios benévolos. Había nombrado vicarios generales a los PP. Supiot y Duguet, los cuales tuvieron efectivamente el cargo de la diócesis fiel a Roma, en forma paralela con la diócesis controlada por la autoridad civil.

El 15 de septiembre, un mes después de la promulgación de la ley que suprimía las Congregaciones, el P. Supiot, nuevo superior general elegido en enero de 1792, presidió una profesión religiosa en la Casa Madre de la Sabiduría, y, luego autorizó a las Hermanas a dispersarse volviendo a sus familias para esperar allí el fin de la tempestad. Sesenta de ellas abandonaron la Casa Madre, y las que se quedaron renunciaron al hábito religioso.

 

Martirio de los PP. Dauche y Verger

 

Los sacerdotes o religiosos "refractarios", dedicados al apostolado clandestino, corrían los más graves riesgos, en particular el de la deportación a la Guayana. Por ello, muchos buscaron refugio en los pueblos vecinos. El P. Supiot, preocupado por proteger a las Hermanas de quienes era superior general, tenía el proyecto de encontrar para ellas un lugar de acogida en España, y les pidió a los PP. Dauche y Verger trasladarse allí para preparar la instalación de las Hijas de la Sabiduría. Ellos viajaban  a pie a La Rochelle, donde pensaban embarcarse para España. Desafortunadamente cometieron la imprudencia de hacer el viaje vestidos de sotana, y pronto fueron identificados, porque los denunció un antiguo trabajador de las comunidades de San Lorenzo.

Ya ellos habían sido inquietados por los guardias nacionales, con ocasión de un levantamiento de los jóvenes en dos pequeñas ciudades -Châtillon y Bressuire- el 21 de agosto de 1792, y el P. Dauche también había tenido algunos altercados con las autoridades el año anterior, como vimos ya. La revuelta de los jóvenes fue pronto reprimida y los heridos fueron hospitalizados en la casa de las Hermanas de la Sabiduría en San Lorenzo.

Los PP. Dauche y Verger, acusados de haber incitado a la revuelta y culpables de haber rehusado prestar el juramento de fidelidad a la Constitución civil del Clero, fueron amenazados de deportación a la Guayana. Sin embargo, sólo fueron condenados al exilio: "A sus expensas, serán conducidos por la gendarmería nacional, de brigada en brigada, a la ciudad de Sables, donde se embarcarán hacia el país extranjero que indiquen" (Octubre 27 de 1792).

De hecho, no se les permitió embarcarse en la ciudad de Sables, y fueron encarcelados en la fortaleza de la isla de Ré, cerca de La Rochelle. Dos veces fueron llevados al tribunal revolucionario de La Rochelle, y ambas rehusaron prestar el juramento que se les exigía. La tercera vez, 22 de marzo 1793, acababa de estallar la guerra de la Vandea -de la cual se hablará más adelante-, y el pueblo revolucionario responsabilizaba a los guardias nacionales de una derrota en la cual los insurgentes vandeanos habían sido los vencedores. Para desviar la cólera del pueblo, los guardias nacionales explicaron el fanatismo por la influencia de los sacerdotes y dejaron que la turba se vengara. El 21 de marzo cuatro sacerdotes que venían de la isla de Ré fueron linchados por el populacho en los muelles del puerto de La Rochelle, y al día siguiente, otros dos entre los cuales los PP. Dauche y Verger, corrieron la misma suerte.

 

La guerra en Vandea

 

El movimiento revolucionario nacido en 1789 evolucionó rápidamente hacia la oposición a la Realeza, y la persecución religiosa. La asamblea que gobernaba a Francia lanzó al país a la guerra contra Austria y tomó prisionero al rey Luis XVI, luego de destituirlo de sus funciones, en agosto de 1792.

El 21 de septiembre en la euforia de una victoria lograda la víspera sobre los austríacos, la Asamblea proclamó la República. Se estableció una nueva asamblea, elegida en principio por sufragio universal, pero en realidad, por una minoría de encarnizados revolucionarios. El rey, cuya esposa María Antonieta era austríaca, fue acusado de complicidad con el enemigo, y su proceso terminó en la condenación a muerte, por traición. Fue guillotinado el 21 de enero de 1793.

La guerra continuó en las fronteras, y el ejército de oficio no lograba contener el empuje del enemigo. El 23 de febrero, la asamblea decidió alistar por fuerza a jóvenes del campo. En la región que hoy se llama "Vandea militar" -cuyo centro geográfico es San Lorenzo- saltó la chispa que desató la insurrección.

En un radio de unos 60 km alrededor de San Lorenzo, tuvieron que tratar con una población muy adicta a su fe cristiana, que recibió muy mal la persecución de que eran objeto los sacerdotes. Las relaciones de los campesinos con los nobles -que eran los terratenientes- eran relaciones cercanas, de respeto y de buen entendimiento. Lo que sucedía en París o en Versalles parecía muy lejano, y la ejecución del rey no había sido comprendida. Los jóvenes vandeanos no tenían ningún deseo de ir a las fronteras y hacerse matar por defender un régimen político que perseguía a los sacerdotes y había guillotinado al rey.

La revuelta estalló a mediados de marzo. Los jóvenes campesinos no tenían idea del oficio de las armas, y fueron a buscar a los nobles para que los comandaran. Las batallas de los primeros meses fueron todas exitosas, pero pronto las tropas republicanas lograron dominar a los insurrectos. El 17 de octubre marca un giro en la historia de la rebelión. Los vandeanos, vencidos en Cholet -a sólo 12 km de San Lorenzo- huyeron hacia el Norte, con la esperanza de encontrar refuerzo en las poblaciones del norte del Loira, y la ilusión de ser ayudados por Inglaterra los llevó hasta la costas de Normandía. Aquella fue una expedición lamentable en la cual participaron no solamente combatientes sino también mujeres, niños y ancianos. Decidieron regresar a la Vandea, pero el 23 de diciembre, el ejército vandeano fue aniquilado entre Pontchâteau y Nantes.

 

Represalias


 

San Lorenzo se encontraba en el epicentro del levantamiento vandeano. Las casas de los Padres y de las Hermanas fueron convertidas en hospitales, y allí se cuidada a los heridos de ambos bandos. Las Hermanas ejercían sus capacidades de enfermeras y los Padres atendían espiritualmente a quienes lo necesitaban. Evidentemente no les era posible predicar misiones, y su apostolado clandestino los exponía a las peores represalias. Los PP. Supiot y Duguet se ocultaron en San Lorenzo, y los otros se dispersaron en los alrededores, a excepción del P. Duchesne que pasó a Brest, al servicio de las Hermanas de la Sabiduría, y del P. Pedro Bloquet que acompañó al ejército vandeano en su expedición a Normandía.

Con el tiempo, la Revolución se hizo cada vez más sangrienta y el período de septiembre 1793 a finales de julio 1794 recibió el nombre de "Terror": bastaba ser sospechoso de antirrevolucionario para ser sometido a la pena de muerte.

Una represión feroz se abatió sobre Vandea. Fue recorrida por algunas columnas de soldados que habían recibido orden de aniquilarla. Exterminaban  a los habitantes y el ganado, quemaban las cosechas e incendiaban las casas. Una de estas "columnas infernales" -como fueron llamadas por los vandeanos- pasó por San Lorenzo el 29 de marzo de 1794. Hubo unas cincuenta víctimas en el pueblo: niños, mujeres y ancianos. En la casa del Espíritu Santo, fueron aprehendidos y masacrados en la huerta tres Hermanos: Bouchet de 60 años, y Juan y Oliverio, ambos de 30 años. Este último fue empalado.

 

 

 

 

Estado de la Congregación

 

Durante la tormenta revolucionaria, la Compañía de María perdió la mitad de sus miembros. Además de los ya mencionados: los PP. Dauche y Verger y los tres Hermanos asesinados en San Lorenzo, el Hno. Métayer, maestro de escuela, y el Hno. Ivón fueron también víctimas de la violencia, sin que se sepan el lugar ni la fecha de su desaparición. Sólo quedaron dos Hermanos: Pedro e Hilario. El P. Bloquet murió en la expedición del ejército vandeano al otro lado del Loira. El P. Serres, que ejercía su ministerio clandestino en una parroquia vecina, abandonó la Congregación, y el P. Javeleau murió ciego en 1797 -en San Sulpicio, Mayenne- antes que pudiera reintegrarse a la comunidad.

Las Hermanas de la Sabiduría sufrieron igualmente grandes pruebas. Eran 335 en 1789 y tuvieron 34 víctimas durante la Revolución, de las cuales varias murieron en la guillotina. Sin embargo 31 entraron a la Congregación en 1789, 24 en 1790, 6 en 1791, y 7 en 1792, pero luego no hubo ninguna hasta 1796.

La Compañía de María no se renovó durante esos años. En 1799 eran solamente 9 Padres y 2 Hermanos. En San Lorenzo había únicamente 4 Padres: Supiot, superior general, Joubert, Urien y Pouponnot. El P. Duchesne seguía en Brest, y los otros se encontraban en dos parroquias: Blouin, Duguet, Regnault y Perrin. En 1805 no serán más que 7 Padres y 2 Hermanos.

Tras la represión de 1794, Vandea no encontró inmediatamente la calma. Hubo brotes de violencia en varios lugares hasta 1796, y fueron necesarios varios años aún para que la situación se normalizara completamente. A pesar de las dificultades de la época, el P. Supiot no perdía la confianza en el porvenir. En 1795, compró en nombre de las Hermanas de la Sabiduría una propiedad llamada "Haute-Grange", en la cima de una colina ubicada a un kilómetro del poblado de San Lorenzo -en el siglo siguiente será construida allí una casa de retiros muy frecuentada-, y adquirió un terreno para ampliar la huerta de la comunidad del Espíritu Santo.

 

Más  Historia de Francia

 

Los comienzos del siglo XIX estuvieron marcados por el advenimiento del Napoleón. Habiéndose hecho célebre gracias a varias expediciones militares de las cuales salió vencedor, se tomó el poder por un golpe de estado el 9 de noviembre de 1799. Necesitaba nuevas victorias militares para mantenerse en el poder, y su ambición lo empujaba a dominar a toda Europa. Su prestigio era tal que el Senado le reconoció la dignidad imperial, en 1804. El 2 de diciembre del mismo año, hizo viajar al Papa Pío VII a París para hacerse consagrar emperador.

Los ejércitos imperiales conocieron la gloria durante varios años, pero también comenzaron a tener serios reveses en España, en 1808. Luego, la campaña emprendida contra Rusia en 1812 terminó en una total derrota. Las naciones de Europa aliadas contra Napoleón, con Inglaterra como líder, acabaron por triunfar en 1814, y él tuvo que abdicar. Retirado a la isla de Elba, cerca de la costa italiana, trató algunos meses más tarde de retomar el poder. Encontró suficientes cómplices para lograrlo y sostenerse cien días, pero la derrota de Waterloo, en Bélgica, el 18 de junio de 1815, puso fin definitivamente a su carrera política. Fue desterrado por los ingleses a la isla de Santa Helena, perdida en el océano Atlántico, y allí murió en 1821.

Napoleón no era particularmente creyente, aunque apeló al Papa para su coronación. En 1811, lo hizo sacar de Roma y lo exiló en Fontainebleau, cerca de París, tras haberlo acusado de connivencia con Inglaterra. Anexó los Estados Pontificios a su Imperio, y proclamó rey de Roma a su hijo recién nacido en el mismo año 1811.

A pesar de todo había tenido la preocupación de recuperar la paz religiosa tan comprometida por las medidas adoptadas durante la Revolución. En 1801, firmó un Concordato con la Santa Sede. Tal documento es de capital importancia para la Iglesia de Francia. Fue, en efecto, el punto de partida de una verdadera renovación. Entre otras cláusulas, concedía amnistía a todos los sacerdotes que habían prestado el juramento de fidelidad a la Constitución civil del Clero.

Algunos cristianos de Vandea que habían luchado heroicamente para defender a los sacerdotes "refractarios", se escandalizaron hasta el punto de constituir un cisma que aún no se ha extinguido del todo en nuestros días: se le llama: la "Pequeña Iglesia". Las diócesis fueron enteramente remodeladas para coincidir con la división administrativa ordenada por la Revolución. Así el territorio de la diócesis de La Rochelle donde había trabajado el P. de Montfort está hoy repartido en cuatro diócesis: La Rochelle, Luzón, Poitiers y Angers.

Después de la caída de Napoleón en 1814, Francia volvió a ser un Reino gobernado diez años por Luis XVIII, hermano de Luis XVI, el rey guillotinado. De 1824 a 1830 le sucedió otro hermano del mismo rey, con el nombre de Carlos X. Luis Felipe el siguiente rey, no pertenecía a la familia real. Reinó 18 años -hasta 1848- y fue el último rey de Francia.

 

 

 

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CAPITULO IV - LA RENOVACION

 

La alborada de un nuevo siglo

 

En 1801, cuando fue firmado el Concordato entre el Papa Pío VII y Napoleón, la Iglesia de Francia estaba completamente desorganizada. Sólo en 1799 había sido restaurado el culto en la iglesia parroquial de San Lorenzo. El número de sacerdotes estaba reducido en dos terceras partes, los templos habían sido profanados y deteriorados, las estructuras eclesiales habían desparecido, los conventos vendidos, y los institutos religiosos profundamente afectados: algunos desaparecidos.

En tal contexto podían los misioneros de la Compañía de María reanudar el apostolado de las misiones. Por otra parte, en 1805, eran sólo 7 y tenían suficiente trabajo como capellanes de las Hermanas de la Sabiduría, o suplentes en las parroquias que estaban sin sacerdote. El P. Duchesne continuaba en Brest. En 1802, acompañó a las Hermanas que se instalaron en Toulon, sobre el Mediterráneo.

El P. Supiot, "viejo y enfermo", se imponía la tarea de visitar a las Hermanas de la Sabiduría, de las cuales era superior. En 1802 fue hasta Brest, y, el 25 de marzo presidió la toma de hábito de nueve novicias. Regresó en diciembre de 1805 y pasó allí quince días. Había entonces 72 Hermanas en la comunidad de Brest. En julio de 1806 convocó a todos los misioneros a San Lorenzo. Tenía 75 años y deseaba presentar su renuncia, no aceptada por sus cohermanos. Le dieron en cambio un asistente en la persona del P. Duchesne que comenzó a visitar a las Hnas. de la Sabiduría en su nombre.

En 1810 fue liberado completamente de la administración de las dos Congregaciones, sin perder el título de superior general, que conservó hasta su muerte, el 12 de diciembre de 1818, a la edad de 87 años. Con la muerte del P. Supiot se pasaba en realidad una página de la Historia de la Congregación. En efecto, él había entrado un año antes de la muerte de la Madre María Luisa y del Hno. Maturino. Había conocido el cambio de los misioneros, convertidos en sacerdotes seculares sin votos, para que la comunidad pudiera sobrevivir. Había vivido las páginas dolorosas de la Revolución, y varías veces había arriesgado su propia vida.


 

A. GENERALATO DEL P. DUCHESNE

 

El P. Yves Duchesne, sucesor del P. Supiot

 

A la muerte del P. Supiot, el P. Duchesne recibió normalmente el título de superior general de las Congregaciones que administraba desde 1810. Había nacido en la diócesis de San Brieuc en 1761 y entrado a la Compañía de María el 6 de enero 1785. Pasó la Revolución en Brest. En 1814 visitó al Papa Pío VII, prisionero de Napoleón en Fantainebleau.

A partir de 1805 se presentaron nuevos candidatos a la Congregación: 22 hasta 1820, 15 Padres y 7 Hermanos. Aunque no todos perseveraron y a pesar de la muerte de los PP. Pouponnot y Supiot en 1818, los efectivos de la Compañía de María en 1820 eran al menos 10 Padres y 5 Hermanos, es decir casi tantos como en vísperas de la Revolución. Es falso pues, afirmar -como se hace algunas veces, aplicando a 1820 los datos estadísticos de 1805- que la Compañía de María estaba moribunda a la muerte del P. Yves Duchesne, el 22 de diciembre de 1820.

 

Reanudación del apostolado misionero

 

Antes de morir, por tanto, el P. Supiot vio a la Congregación recuperada de las heridas causadas por la tormenta revolucionaria. Fue testigo de la reanudación del apostolado misionero. De hecho, los misioneros de la Comunidad del Espíritu Santo predicaron misiones parroquiales: en 1816 en Torfou-Marans, y en Ars-en-Ré; en 1817: San Philbert de Bouaine, Vallet y La Flocellière; en 1818: San Juan de Fontenay, Berbiers y La Barres-de-Monts; en 1819: San Juan de Monts. Esta lista es por lo demás incompleta, pues no se conocen las otras misiones de 1819, ni las de 1820, y por una carta del P. Duchesne sabemos que antes del mes de diciembre 1817 predicaron ocho misiones.

A partir de 1816 los misioneros comenzaron a predicar un retiro anual para los eclesiásticos. En 1816  "participaron 63 señores Vicarios Generales y párrocos. En 1817 el número de sacerdotes, entre los cuales varios Señores Vicarios Generales de Angers, fue más o menos igual. La Rochelle y Poitiers, y también Monseñor Soyer, obispo de La Rochelle". Las instalaciones existentes eran suficientes para acoger tales grupos en el Espíritu Santo.

Los misioneros no estaban de ninguna manera acomplejados por su número reducido, como lo demuestra el estatuto N° 11 firmado por los mismos el 8 de agosto 1817: "Aunque la Sociedad debe tener suficiente número de miembros para hacer frente en todo tiempo a las obligaciones esenciales del centro y a las misiones de fuera, mantiene sin embargo la intención primitiva de no extenderse demasiado" (Documento conservado en los Archivos generales SMM, en Roma).

 

Monseñor Coupperie, primer obispo de la Compañía de María

 

El P. Coupperie, nacido en 1770 en la diócesis de Luzón, entró a la Congregación en 1810. Dirigió el noviciado de las Hermanas de la Sabiduría hasta 1816, fecha en que se reiniciaron las misiones parroquiales. Era un hombre notable en quien algunos veían un posible superior general. A finales de 1919, el P. Duchesne lo envió a Roma a presentar al Papa Pío VII el saludo de las dos Congregaciones que estaban a su cargo. Había autorizado al P. Coupperie para expresar al Papa su deseo de ir a las misiones extranjeras, pero no pensó que así iba a perder al que hubiera podido sucederle como superior general. En efecto, el Papa nombró al P. Coupperie obispo de Babilonia, y al año siguiente éste estaba en Bagdad.

La diócesis de Babilonia comprendía Mesopotamia, la antigua Asiria, Media y toda Persia. Monseñor Coupperie desplegó allí un celo apostólico digno de todo elogio y murió de peste en abril de 1831, después de acoger en su casa para cuidarlos, a varios sacerdotes afectados por la epidemia que se apoderó de la región.

 

Un hombre providencial: Gabriel Deshayes

 

La Historia de la Compañía de María está dominada en el siglo XIX por la figura excepcional del P. Gabriel Deshayes. Después del período revolucionario que había dejado a la Iglesia de Francia completamente exangüe, siguió una época en la cual todo estaba por recomenzar. El siglo XIX ha sido extraordinariamente fecundo en el plano religioso. Conoció proyectos grandiosos y fundaciones de toda suerte. Hombres de estatura excepcional encontraron en él tareas exaltadoras, en las cuales pudieron dar su plena medida, y el P. Gabriel Deshayes fue uno de ellos.

Gabriel Deshayes nació el 6 de diciembre de 1764 en la parroquia de Beignon, a sólo 28 km de Montfort-sur-Meu. Beignon pertenecía entonces a la diócesis de San Maló. Hizo parte de la diócesis de Vannes, a partir del Concordato de 1801.

Orientado al seminario por su párroco, Gabriel fue formado por los Padres de la Misión o Lazaristas que dirigían los Seminarios Menor y mayor de la diócesis de San Maló. Esto explica la fascinación que conservó toda su vida por San Vicente de Paúl. Ordenado diácono el 18 de septiembre de 1790, se hizo ordenar sacerdote en la isla de Jersey, Inglaterra, por un obispo exilado, de los que habían rehusado prestar el juramento exigido por los revolucionarios. De regreso a su pueblo natal, se formó en el apostolado en la clandestinidad, arriesgando su vida.

En 1805 fue nombrado párroco de la iglesia importante de Auray, donde las necesidades eran múltiples y urgentes. Como buen discípulo de San Vicente de Paúl, unía una profunda vida interior a un realismo práctico que le hacía interesarse por todos los problemas espirituales y materiales de sus feligreses. Comenzó por organizar una gran misión, preludio de las que predicaría luego en varias parroquias de los alrededores, sin dejar de ocuparse de la suya. Su cuidado de los pobres lo lanzó a las más imprevistas aventuras. Como San Vicente de Paúl, sabía motivar la generosidad de los demás, y mucho dinero pasaba por sus manos. Así, podía prestar sin interés a comerciantes en apuros, dar trabajo a los desocupados en la reparación de los servicios públicos, lanzar un taller de hilados, subvencionar un centro de beneficencia,...

Preocupado por la educación cristiana de los niños, tenía la obsesión de crear escuelas. Apeló a los Hermanos de San Juan Bautista de la Salle, pero la demanda de escuelas era tan grande en toda la región que contrató maestros benévolos y los organizó en Congregación. Así nacieron, en 1816, los Hermanos de la Instrucción cristiana de Ploërmel, lugar de la casa madre, cuyo espíritu y métodos se inspiran en San Juan Bautista de la Salle. En 1819, se asoció al P. Juan María de la Mennais, que había iniciado una fundación similar, y poco a poco le dejó la dirección efectiva del conjunto.

De la misma preocupación nació otra fundación, a partir de una escuela abierta en 1812 en su parroquia natal, con jóvenes benévolas. Las primeras Hermanas de la Instrucción Cristiana de San Gildás, lugar de la casa madre, hicieron profesión el 8 de noviembre de 1820. Siguiendo su espíritu habitual de desprendimiento, el P. Gabriel Deshayes confiaría un día la dirección de su obra a un vicario general de Nantes, que fue luego obispo de Angers: Monseñor Angebault.

Para remediar la falta de sacerdotes que sufría la Iglesia de Francia inmediatamente después de la Revolución, se preocupó por buscar vocaciones, y a él debe la diócesis de Vannes la organización del seminario menor de Santa Ana.

Al extremo de la parroquia había una cartuja cuyos monjes habían sido dispersados por la Revolución. Las construcciones habían sido vendidas como bienes nacionales, y, gracias a la generosidad de uno de sus feligreses, el P. Gabriel Deshayes los adquirió en 1808, con dos canónigos de la catedral de Vannes. Las primeras religiosas llamadas  a ocupar las instalaciones no lograron echar raíces. Como ellas no ocupaban toda la casa, en mayo de 1801 el párroco de Auray, que había descubierto el drama de los limitados, instaló en la Cartuja una piadosa señorita con dos jóvenes sordomudas para educar. Era el comienzo de la que sería su obra predilecta. Retiradas las religiosas en 1811, llamó a las Hijas de la Sabiduría y fue así como entró en contacto con la Compañía de María.

 

 

B. GENERALATO DEL P. DESHAYES

 

Elección del P. Gabriel Deshayes

 

El P. Duchesne, afectado por una enfermedad cardíaca que se lo podía llevar repentinamente, tenía la preocupación de asegurar su sucesión. La aventura del P. Coupperie lo privó de un hombre escogido que hubiera podido dirigir con acierto la Compañía de María y la Congregación de las Hijas de la Sabiduría. Estando en relación con el Señor Deshayes desde 1812, apreciaba los talentos y el valor espiritual del párroco de Auray. Entre los dos había surgido una sólida amistad, y el P. Deshayes, siempre ávido de nuevos proyectos, se sentía atraído a la Compañía de María, como lo atestigua la sesión del Consejo del 17 de diciembre de 1820, en la cual se votó su admisión en la Compañía y su promoción a la función de Asistente. Al pedir el voto de sus cohermanos, el P. Duchesne dijo que el P. Deshayes, "teniendo a mi entender el deseo de unirse a nosotros desde años atrás, hasta el punto de haber pedido permiso a Monseñor de Bausset entonces obispo de Vannes, sólo había sido obstaculizado por la multitud de obras buenas y de Establecimientos públicos de que el Señor lo hizo instrumento" (Archivos generales SMM, en Roma).

Sintiendo próximo su fin, el P. Duchesne pensó que rendía un inmenso servicio a la Congregación al invitar al P. Deshayes a integrarse a ella lo más rápido posible. Le escribió a comienzos de diciembre de 1820, pidiéndole que acudiera a verle en San Lorenzo. El P. Deshayes ignoraba el motivo de su visita, pero era un hombre disponible a la Providencia, y su espiritualidad inspirada en san Vicente de Paúl lo preparó muy bien para pasar a la del P. de Montfort. Después de reflexionar y obtener el consentimiento de su obispo, aceptó integrarse a los misioneros del P. de Montfort.

El 21 de diciembre el P. Duchesne le pidió visitar en su nombre las casas de la Sabiduría en Bretaña... y murió repentinamente al día siguiente. Cuando el P. Deshayes vino a instalarse en San Lorenzo a mediados de enero siguiente, hizo con sus cohermanos un retiro de 30 días, y el 17 de enero fue elegido superior general. A quienes puedan extrañarse de una promoción tan rápida, hay que recordarles que la Compañía de María, desde su aprobación real de 1773, era una simple asociación de sacerdotes sin votos, de la cual se salía tan fácilmente como se entraba. Si algunas veces se ha presentado  a la Compañía de María de 1820 como un grupo completamente desconcertado, que fue a Auray a buscar un "extraño" a la Congregación para salvarla, hay que reconocer por fuerza que la realidad es mucho más matizada y de ninguna manera dramática.

 

Desarrollo de la comunidad

 

La entrada del P. Deshayes a la Congregación elevó a ocho el número de los sacerdotes misioneros: los PP. Blouin, Duguet, Maiguet, Payen de la Garandrie, Ricard, Goëlleu y Hourdel. Los tres últimos salieron: Hourdel en 1821, y los otros dos en 1822; pero en 1823 cuatro sacerdotes de la diócesis de Luzón llegaron a reforzar los efectivos: Marchand, Hilléreau, Gouraud y Duret. Los Hermanos eran cuatro: Elías, antiguo carmelita que daba clase a los niños de la parroquia, Santiago, José y Olario

Con la llegada del nuevo superior general, el ambiente de la casa del Espíritu Santo cambió rápidamente. En las construcciones existentes había sitio para alojar bastante gente, pero el P. Deshayes las pobló de tal manera que se vio obligado  a construir y que el grupo tuvo que dividirse.

El P. Deshayes llevó a San Lorenzo sus preocupaciones de párroco de Auray, y como no podía vivir sin emprender algo nuevo, las iniciativas se atropellaban durante los 20 años que él estuvo a la cabeza de la Congregación.

Desde 1816 se daban en San Lorenzo retiros para los eclesiásticos. Bajo el impulso del P. Deshayes, la obra de los retiros conoció un auge extraordinario, y se extendió igualmente a los laicos. En septiembre de 1821 hubo un primer retiro de mujeres, y en febrero 1822, los hombres eran tan numerosos que fue preciso alojar algunos fuera de las instalaciones de la comunidad. Al final faltó espacio, y en 1830 el P. Deshayes lanzó la construcción de una imponente casa, en la propiedad de "Haute Grange" adquirida en 1795 por el P. Supiot. A partir de 1837, los retiros se sucedieron allí de manera casi continua durante más de un siglo.. .hasta 1940!.

Tenía la preocupación de las vocaciones, tanto para las dos congregaciones que él había fundado, como para aquellas de las cuales había sido constituido superior general. Para reclutar misioneros, utilizaba sus buenas relaciones con los obispos. Por lo demás, en 1823 estableció un seminario menor en una casa cerca de la Comunidad, llamada "Casa Supiot" en honor del antiguo superior general. La casa había sido colegio de niñas, sería más tarde hospital militar, y finalmente casa de los Hermanos de San Gabriel. El P. Hilléreau aseguraba la dirección con ayuda de algunos sacerdotes diocesanos. Esta experiencia no parecía oponerse al artículo de la Reglas de la Compañía de María que prohibía formalmente a los misioneros dedicarse a la formación de los sacerdotes en los seminarios, como será el caso en 1872, con la creación del Seminario de Haití. La experiencia, por otra parte, sólo duró cinco o seis años.

 

Viaje a Roma, en 1825

 

Animado por Monseñor Soyer, obispo de Luzón, el P. Deshayes tenía la preocupación de dar sólidos fundamentos a las dos Congregaciones  cuya responsabilidad había recibido, y deseaba ponerlas bajo la jurisdicción inmediata del Soberano Pontífice. Trató de obtener los testimonios y recomendaciones del mayor número posible de obispos, y en 1825 emprendió un viaje a Roma. El objetivo era "hacer aprobar las Reglas de la Compañía de María y de las Hermanas de la Sabiduría y ver si había esperanzas de trabajar con éxito en la canonización del P. de Montfort", como lo explicaba él mismo en una carta dirigida a la Superiora de la Sabiduría.

El viaje duró seis meses, de enero a junio, y se hizo al ritmo de un carruaje tirado por caballos, conducido por el Hno. Bernardo. Los viajeros estuvieron en Roma desde mediados de febrero hasta finales de abril. El P. Deshayes fue recibido tres veces por el Papa León XII, y obtuvo de él un "Breve laudatorio" para sus dos Congregaciones. Este documento, fechado el 20 de mayo de 1825,  hace grandes elogios de sus destinatarios y destinatarias, pero en nada modificaba su estatuto jurídico, dejándolos sometidos a la jurisdicción del obispo de Luzón.

Respecto de la posible beatificación el P. de Montfort, se dio el primer paso. El P. Lamarche, prior de los dominicos de Roma, aceptó el oficio de postulador de la causa. Ya se podía comenzar el proceso de beatificación. El proceso diocesano se puso en marcha en 4 de agosto de 1829. Terminó en Luzón el 10 de julio de 1830, y los PP. Marchand e Hilléreau fueron encargados de llevar las conclusiones a Roma. Saliendo de San Lorenzo el 29 de septiembre, fueron recibidos por el Papa Gregorio XVI el 3 de noviembre, y tuvieron la oportunidad de visitar a varios cardenales. El 7 de septiembre del año siguiente, 1831, apareció el decreto que otorgaba al P. de Montfort el título de Venerable. Entonces comenzó el proceso apostólico, pero el P. Deshayes no pudo ver el fin, a pesar de que trabajó en él hasta el final de su vida.

 

Un nuevo obispo en la Compañía de María: Monseñor Hilléreau

 

El viaje del los PP. Marchand e Hilléreau a Roma, en 1830, tuvo una consecuencia imprevista. Nacido en 1796 en la diócesis de Luzón, el P. Hilléreau había entrado a la Compañía de María en 1822. Participó en casi todas las misiones predicadas por los Padres de San Lorenzo de 1822 a 1830, asegurando al mismo tiempo la dirección del seminario menor inaugurado en 1823. Al regreso de Roma, en enero de 1831, se quedó en Toulon al servicio de las Hermanas de la Sabiduría durante un año, mientras el P. Marchand se reintegraba a San Lorenzo. Cuando volvió a la Comunidad, a finales de enero 1832, fue nombrado Asistente del Superior general, en reemplazo del P. Ponsard, fallecido algunos meses antes, pero desempeñó esa función solo por poco tiempo

En efecto, en Roma había llamado la atención del Cardenal Prefecto de la Propaganda, y un día fue llamado por el Papa que lo nombraba visitador apostólico de Esmirna. A pesar de sus temores, obedeció al llamado del Santo Padre, y salió de San Lorenzo el 26 de junio, para ser ordenado en Roma, el 5 de agosto siguiente, con el título de obispo de Nueva Caledonia. Estuvo en Esmirna dos años y desempeñó su cargo con gran discreción y bondad. Luego fue nombrado coadjutor de Monseñor Coressi, vicario patriarcal de Constantinopla, con el título de arzobispo de Petra. Diez meses más tarde moría Monseñor Coressi y Monseñor Hilléreau heredó el cargo.

Monseñor Hilléreau fue un gran obispo que respondió a todas las necesidades de su diócesis, tanto materiales como espirituales. Edificó varias iglesias y veló por la calidad del alojamiento de sus sacerdotes. Escribió algunas obras para la formación espiritual de sus diocesanos, y se expresaba en griego y turco tan bien como en francés o italiano. El mismo repartía limosnas a los necesitados, y vivía en gran austeridad, a pesar de su salud muy delicada.

En 1843, con ocasión de un viaje a Roma, volvió a Francia a visitar su Congregación, a la cual permaneció muy unido. Hizo otra visita a Roma en 1853, sin poder pasar por Francia a saludar a sus cohermanos, y dos años más tarde murió víctima de una epidemia de cólera, hacia la media noche entre el 28 de febrero y el 1º de marzo de 1855.

 

El desarrollo extraordinario del grupo de los Hermanos

 

El P. Deshayes era hombre de una actividad arrolladora. Al llegar a Vandea, tuvo la preocupación de fundar escuelas, como había hecho en Bretaña. Dos novicios de Ploërmel quisieron seguirlo cuando partió para San Lorenzo. El los aceptó, y algunos meses más tarde, al regresar de un viaje a Bretaña, trajo otros. Se habían integrado con los Hermanos de la Compañía de María, llamados "Hermanos del Espíritu Santo", por vivir en la casa del Espíritu Santo, como también se hablaba de los "Padres del Espíritu Santo".

Con ocasión de un retiro a párrocos de la región, en septiembre de 1821, el P. Deshayes les había hecho un llamamiento para que le enviaran jóvenes susceptibles de ser Hermanos. Al mismo tiempo los atraía con la esperanza de tener algún día escuelas parroquiales, como las que él había fundado en Bretaña. La respuesta fue una afluencia tal que desde 1822, los Hermanos del Espíritu Santo, con los postulantes, casi llegaban a cuarenta!. La Regla de los Misioneros de la Compañía de María ya no se adaptaba a la nueva situación, y el P. Deshayes les había dado como "directorio" la regla seguida por los Hermanos de Bretaña.

Además, como para dar clase en las escuelas, necesitaban aprobación legal, los hizo reconocer oficialmente desde 1823, con el nombre de "Hermanos de la Instrucción cristiana del Espíritu Santo". Con tal pragmatismo, los Hermanos del Espíritu Santo se convertían en un grupo distinto de la Compañía de María, conservando el mismo superior general: los votos tenían para los Hermanos importancia primordial, mientras que los Padres seguían sin emitirlos. Consecuencia de esta organización fue que hasta el capítulo de 1949, los Hermanos de la Compañía de María -llamados siempre "Hermanos del Espíritu Santo" en San Lorenzo donde constituían un grupo importante- tuvieron un "reglamento" especial, y por lo menos en las grandes comunidades, siempre formaron un grupo a parte,

El número de los Hermanos crecía a ritmo acelerado, y las escuelas se multiplicaban. En la casa de San Lorenzo eran numerosos, pero la vida comunitaria tenía sus problemas. De hecho, aún si ocasionalmente todos hacían trabajos materiales,  en concreto había dos categorías: los que daban clase y los que no; en otras palabras: los manuales y los enseñantes, o, según términos usados por ellos mismos: los "Hermanos de trabajo" y los "Hermanos de clase". La atención entre ellos aumentaba en ausencia del P. Deshayes, y con el tiempo se reveló la necesidad de separar las dos categorías. En 1835 los Hermanos enseñantes, con algunos manuales, fueron instalados en la casa en que se había hecho el intento de seminario menor en 1823. La casa se llamó "San Gabriel" en honor del P. Deshayes, y a partir de ese día, para distinguir los dos grupos, se habló de los "Hermanos del Espíritu Santo" y de los "Hermanos de San Gabriel".

El P. Deshayes era el superior único de todo el mundo, pero hacia el fin de su vida llegó a la convicción de que era preciso dar a los Hermanos enseñantes de San Gabriel plena autonomía y que la dirección debía ser confiada a uno de ellos. A pesar de la nostalgia de algunos que hubieran deseado poner la Congregación bajo la tutela del Superior de la Compañía de María, los "Hermanos de la Instrucción Cristiana de San Gabriel" adquirieron su total independencia a la muerte del P. Deshayes. El primer superior general fue el Hermano Agustín, uno de los dos venidos de Bretaña en 1821.

 

 

Diversas dificultades

 

El P. Deshayes fue víctima en 1829 de una enfermedad grave, cuya naturaleza es imposible saber, ya que la Historia no la menciona, sin tener los síntomas: él tenía 64 años. Se recuperó y su actividad posterior no parece haber sido afectada.

En 1830, la Iglesia de  Francia conoció una nueva borrasca. En el mes de julio, un motín popular obligó al rey Carlos X a abdicar y a salir de Francia. Un noble, extraño a la familia real y adicto a la nuevas ideas, se convirtió en el nuevo rey, con el nombre de Luis Felipe. El nuevo régimen manifestó una verdadera hostilidad a la religión. Hubo pesquisas en las dos casas madres de los Padres y de las Hermanas; las misiones parroquiales se hicieron imposibles durante algunos años -se reiniciaron en 1836-, algunas escuelas de los Hermanos fueron cerradas, y su noviciado estuvo a punto de interrumpirse por falta de candidatos.

 

Recuperación de los votos

 

En fidelidad al P. de Montfort, y para dar más estabilidad a la Congregación, el P. Deshayes acariciaba el proyecto de recuperar los votos para sus misioneros. El consejo del 5 de marzo de 1832 aprobó este cambio, previendo que quienes rehusaran emitir votos continuarían haciendo parte de la Congregación: "seguirán gozando de todos los derechos que han tenido hasta ahora y de todos los derechos que tendrán quienes emitan votos"...

Se recomienda al mismo tiempo a todos los miembros de la Congregación evitar cuidadosamente hablar de la diferencia de sus compromisos, para no perturbar nunca la paz, ni la unión de corazón, ni la perfecta armonía que deben reinar entre los miembros de una y misma familia" (Archivos generales SMM, en Roma). En cambio para los nuevos candidatos serían obligatorios los votos. La puesta en práctica se hizo el 5 de febrero de 1835. Nueve aceptaron los votos. De los cinco que rehusaron, sólo uno perseveró en la Congregación: los demás se retiraron: tres en 1835, y el último en 1836.

 

Fundaciones varias

 

En la tarde de su vida, el P. Deshayes aún no había agotado su carisma de fundador. Una nueva Congregación nacería en 1840: los Hermanos Agricultores de San Francisco de Asís. Su finalidad era dar formación técnica agrícola a los jóvenes pobres y a los huérfanos, a la vez que formación cristiana sólida. Los primeros jóvenes destinados a dicha obra, tras diversas peripecias, fueron a Saintonge, cerca de Pons, diócesis de La Rochelle. Esta Congregación tuvo su apogeo en la década de 1860, con un centenar de miembros. Comenzó a declinar en 1870, y en 1899 los Hermanos eran apenas 17, re-partidos en tres casas. Luego su unieron a los Salesianos de San Juan Bosco y sus tres casas fueron cerradas en 1903, por la ley de la República francesa contraria a las Congregaciones religiosas.

El P. Deshayes contribuyó igualmente al nacimiento de varias otras Congregaciones. Es digno de mención un caso particular. En 1833, el sacerdote Ormières de la diócesis de Carcasona, abrió una escuela en su pueblo natal. Habiendo oído hablar del P. Deshayes, le escribió para pedirle Hermanos y Hermanas para sus proyectos escolares. El P. Deshayes le envió tres Hermanas de San Gildás, que fueron el punto de partida de la Congregación de las "Hermanas del Santo Angel", todavía floreciente de modo particular en España.

 

Una vida bien empleada

 

Para esbozar toda la actividad del P. Deshayes, hay que tener bien presente que a pesar de las preocupaciones de todas sus fundaciones, predicaba misiones y retiros. Los archivos de la casa general de los Padres Monfortianos conservan una importante colección de sermones suyos. La dirección de la Congregación de la Sabiduría le exigía mucho tiempo, y por la dispersión de sus casas, tenía que hacer numerosos viajes. Durante su superiorato, la Sabiduría pasó de 778 a 1668 religiosas, incluidas las novicias. Por su modesto desarrollo, la dirección de la Compañía de María sólo era parte pequeña de su actividad. De 1821 a 1848, acogió a 31 Padres y 49 Hermanos -no todos perseveraron- y a la muerte del P. Deshayes, contaba 26 Padres -de los cuales 18 dedicados exclusivamente a las misiones- y 42 Hermanos.

Cuando murió, el 28 de diciembre de 1841, dejó una obra inmensa. Había marcado de manera durable tanto a la diócesis de Vannes como a las Congregaciones de las cuales se ocupó. El "niño mimado de la Providencia", como se definió él mismo, se formó una reputación de sacerdote santo, y su tumba, ubicada en un extremo del cementerio de la Sabiduría, en San Lorenzo, fue visitada por largo tiempo como lugar de peregrinación... y luego, poco a poco, ha sido casi abandonada. ¿Lo previó..., o lo deseaba... él que un día había dicho: "los fundadores son rápidamente olvidados"? El Abate Laveau, biógrafo del P. Deshayes, recogió de sus propios labios, en el atardecer de su vida, esta frase: "¡Estoy muy aterrado de lo poco que he hecho!"

 

 

C. GENERALATO DEL P. DALIN

 

Elección del P. Luis José Dalin

 

El P. Luis José Dalin nació en Herbiers, diócesis de Luzón, a poca distancia de San Lorenzo, el 3 de diciembre de 1800. Antes de entrar a la Compañía de María, había sido profesor en el Seminario mayor de Luzón y luego superior del Seminario Menor. Hizo su profesión religiosa el 6 de enero de 1837.

A la muerte del P. Deshayes se reunió el capítulo el 12 de enero de 1842. Dos días después, de los 18 sufragios expresados, 16 designaron al P. Dalin como sucesor del P. Deshayes. El obispo de Luzón aprobó su elección el 17 de enero. Al día siguiente le fue dado como Asistente el P. Marchand; consejeros los PP. Dubordieu y Denis, y procurador o ecónomo, el P. Doublet.

 

Descubrimiento del Tratado de la Verdadera Devoción

 

Cuando en 1841 los escritos del P. de Montfort fueron llevados a Roma para el proceso de beatificación, faltaba uno esencial, que durante largos años había permanecido escondido "en las tinieblas y el silencio de un cofre" (VD 114).

Probablemente después de la requisa hecha a la casa de los misioneros el 6 de junio de 1791 -como se dijo antes-, se tomó la decisión de esconder los documentos más preciosos. Pasada la tormenta revolucionaria, la paz sólo volvió de manera real con el Concordato de 1801. Se ignora en qué fecha fueron sacados de su escondite los documentos enterrados, pero el hecho es que el manuscrito del Tratado "fue confundido con un gran número de libros mutilados" y puesto en un rincón poco consultado de la biblioteca.

En el siglo anterior los Mulotinos, que se dirigían a oyentes entre los cuales los eran numerosos los iletrados, nunca habían pensado hacer imprimir los manuscritos del P. de Montfort. Sin embargo, sabemos por numerosos testimonios que practicaban y predicaban la verdadera devoción a María. El manuscrito del Secreto de María no había sufrido la suerte del Tratado, y en 1839 el P. Dalin había publicado importantes extractos del mismo al final de su biografía de Montfort.

En 1842, el P. Pedro Rautureau, que ingresó a la Congregación en 1836, predicaba misiones como sus cohermanos, y se ocupaba de la biblioteca cuando estaba en casa. Quizá algunas veces, sin fijarse había cambiado de sitio el manuscrito de Montfort, pero el 22 de abril quiso hojearlo. Leyó unas páginas y reconoció como propias del P. de Montfort varias ideas desarrolladas en su alocución A los Asociados de la Compañía de María. El P. Dalin, quien había consultado con frecuencia los manuscritos de Montfort, reconoció inmediatamente su escritura. Fue grande la alegría en San Lorenzo, y las crónicas se complacen en relatar la presentación entusiasta hecha por el P. Dalin el mismo día a las Hermanas de la Sabiduría.

La primera edición en 1843, fue obra de un director del Seminario de Luzón, que haría profesión religiosa en la Compañía de María el 6 de octubre de 1851: el P. Grillard. El tituló la obra "Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, por el venerable siervo de Dios, Luis María Grignion de Montfort, misionero apostólico, fundador de la Congregación de María, de San Lorenzo, y de la de las Hijas de la Sabiduría". El título no es quizá el mejor, pero fue el que pasó a la posteridad.

 

 

Desarrollo de la Congregación

 

Con el P. Dalin la Congregación recibió un fuerte impulso. Dado que en su tiempo la instrucción en los campos era aún rudimentaria, muchos jóvenes que pensaban en la vida religiosa no podían pretender el sacerdocio por falta de preparación intelectual. Esto explica la abundancia de las vocaciones de los Hermanos. El P. Dalin tuvo que ampliar la casa para acogerlos. Se construyó todo un conjunto en el espacio comprendido entre la casa de los misioneros y la calle; y una capilla a la medida de las nuevas necesidades, consagrada el 25 de octubre de 1855, iba a embellecer el cuadrilátero formado por las construcciones. En adelante había sitio pata formar los candidatos a la vida religiosa, y para acoger a  los huéspedes de los retiros.

Además, el P. Dalin se preocupaba por conseguir sacerdotes misioneros para la Congregación que estaba a su cargo, y como antiguo director de seminario fundó en 1850 un pequeño "colegio apostólico" -en realidad un escolasticado-, en el cual desde el primer año los jóvenes fueron 18.

En 1855, la Compañía de María superó una etapa importante de su historia. Hasta entonces, no había más que una casa, la de San Lorenzo, se tomó la decisión de extenderse a otros tres lugares bien distantes: Angulema, al sur-oeste; Orleáns, centro; y Tourcoing, al norte, cerca de la frontera belga. Las tres casas hoy están cerradas por la recesión que golpeó a la Provincia de Francia, pero duraron más de un siglo. Centenares de misiones parroquiales fueron predicadas en esas diversas regiones por los misioneros del P. de Montfort.

 

Viajes a Roma

 

El P. Dalin hizo dos viajes a Roma, uno en 1843 y el otro en 1853, a fin de acelerar el proceso de beatificación del Fundador y de obtener la aprobación de los Institutos de los cuales él era superior: los misioneros de la Compañía de María y las Hijas de la Sabiduría. Los escritos del P. de Montfort fueron aprobados por la Congregación de Ritos el 7 de mayo de 1853, y pocos días después, el 12 de mayo, el Papa Pío IX confirmó el rescripto de la S. Congregación.

Desde su aprobación  por el Papa el 14 de noviembre de 1853, no se hablará más de la "Comunidad del Espíritu Santo", denominación adoptada por la Congregación al comienzo de su historia. El P. Dalin sometió a la aprobación pontificia las Reglas de los sacerdotes misioneros de la Compañía de María del Fundador, y como Compañía de María prosiguió la historia de la Congregación.

Al regreso de su segundo viaje, siguiendo el ejemplo del P. de Montfort y del P. Deshayes, el P. Dalin hizo una peregrinación a Loreto. Depositó a los pies de Nuestra Señora de Loreto un corazón de plata dorada, que contenía el nombre de todas las Hijas de la Sabiduría: 939 Hermanas, 120 novicias y 32 postulantes; y de todos los miembros de la Compañía de María: 28 sacerdotes, 20 novicios y estudiantes, 81 Hermanos y 6 novicios Hermanos.

 

Crisis interna

 

Cuando la Compañía de María parecía gozar de perfecta salud, con magníficas perspectivas de futuro, de nuevo el Enemigo vino a sembrar la cizaña. El P. Dalin, elegido superior general casi por unanimidad en 1842, se había convertido en signo de contradicción para su comunidad: Tenía partidarios sinceros y severos opositores entre sus cohermanos.

Por razón de su cargo mismo, y del número importante de las Hijas de la Sabiduría, consagraba mucho tiempo a su formación. De temperamento muy comunicativo y espontáneo, no daba excesiva atención a las minuciosas reglas de prudencia que las conveniencias eclesiásticas imponían entonces a los sacerdotes en sus relaciones con el mundo femenino. Algunos cohermanos comenzaron a reprocharle lo que les parecía una familiaridad excesiva con las hermanas jóvenes. Como sucede a veces en ambientes cerrados en que mínimos detalles pueden tomar importancia desmesurada, la comunidad se encontró profundamente dividida. Unos lo criticaban muy severamente y otros lo defendían con vehemencia.

El malestar creció hasta el punto de que los opositores pidieron su renuncia, y la cuestión fue sometida a las autoridades romanas, luego de ser comentada en varios medios eclesiásticos de Francia. Roma nombró un visitador apostólico designando para tal función al obispo de Nantes.

Por el bien de la paz, el P. Dalin presentó su renuncia como superior general, y el visitador apostólico convocó un capítulo para proceder a la elección de un nuevo superior. El 24 de abril de 1856, fue elegido el P. Francisco Denis, pero eso no fue suficiente para recuperar la paz. En efecto, la presencia en la comunidad del antiguo superior general dejaba intacto el problema, y varios de sus defensores contestaban la validez de la elección del sucesor. El P. Dalin, hombre recto en favor de la paz, salió de la Congregación y se retiró a casa de uno de sus amigos párroco de La Flocellière, en los alrededores de San Lorenzo. Dos años más tarde, al morir el párroco, le sucedió el P. Dalin y permaneció allí hasta su muerte, acaecida el 9 de mayo de 1884.

El P. Dalin marcó profundamente la parroquia de La Flocellière, y su recuerdo en ella está todavía vivo. De él se conserva la imagen de un hombre fuera de lo común, de grandes cualidades sacerdotales y pleno de iniciativas apostólicas.

La crisis que conoció la Congregación en esos años fue seguramente la más grave de todas.Constituyó el episodio más doloroso de su Historia.


 

 

 

 

 

D.  GENERALATO DEL P. DENIS

 

El P. Francisco Denis, nacido el 30 de noviembre de 1807, entró a la Compañía de María a los 26 años, poco después de su ordenación sacerdotal. Tenía 48 cuando fue elegido superior general y permaneció 21 en el cargo, hasta su muerte el 8 de febrero de 1877. Desplegó una intensa actividad, y con la apertura a la misión exterior marca una nueva etapa en la Historia de la Congregación.

Inútil decir que el comienzo de su gobierno fue un tanto difícil. De hecho, la comunidad salía complemente destrozada de la prueba que había sufrido. Los partidarios del P. Dalin abandonaron la Congregación. El P. Quérard -autor de una biografía del P. de Montfort- dice que se retiraron unos quince sin que tuvieran dificultad alguna para encontrar sitio en otras Congregaciones o en sus diócesis respectivas. El mismo regresó a su diócesis de Rennes. También fue el fin del "colegio apostólico", proyecto tan ligado a la personalidad del P. Dalin que todos los estudiantes se retiraron: 20 del segundo grado  -comenzada ya la teología-  y 15 del primero.

 

Más Historia de Francia

 

El siglo XIX fue el comienzo de la era industrial, y en 1848 hubo en Francia una revolución de tipo obrero. Sus consecuencias políticas fueron la instauración de la República, la segunda en la historia del país. La Monarquía, que había sido restaurada después de la revolución burguesa de 1830, fue definitivamente abolida.

El Presidente de la República que pertenecía a la familia Bonaparte, organizó un golpe de estado en 1851, y se proclamó emperador el 2 de diciembre de 1852, con el nombre de Napoleón III. Soñando someter a Europa llevó el país a varias guerras, entre las cuales una contra Prusia, declarada el 19 de julio de 1870, que terminó en desastre militar el 2 de septiembre siguiente. La Asamblea Nacional lo obligó a abdicar y proclamó la Tercera República.

Esta República, adoptada por un solo voto de mayoría, es el régimen que más tiempo ha durado en la Historia moderna de Francia: hasta 1940. Fue muy anticlerical hasta la primera guerra mundial: 1914-1918. Las persecuciones contra los religiosos tuvieron importantes consecuencias para las Congregaciones.

La guerra comenzada por Napoleón III en julio de 1870 llevó a la conclusión prematura del Concilio Vaticano, comenzado el 8 de diciembre de 1869.

 

Marcha adelante

 

En el gobierno del P. Denis, la Compañía de María, a pesar de la sacudida de 1857, continuó su desarrollo. En 1862 tenía 35 sacerdotes: 19 de votos perpetuos, 14 de votos temporales, y 2 novicios. Fuera del tiempo necesario para la administración de la Congregación y del consagrado a la capellanía y a la formación de las Hermanas de la Sabiduría, la ocupación habitual y única de todos los sacerdotes era la predicación de las misiones parroquiales y de los retiros,

Bajo el impulso del P. Denis se construyó la capilla grande de las Hermanas de la Sabiduría en San Lorenzo. Gracias a la estima de la Emperatriz Eugenia, las Hermanas habían sido generosamente indemnizadas por las casas y terrenos de que las habían expropiado para la apertura de los grandes bulevares de París. La nueva capilla fue bendecida el 8 de abril de 1861.

En 1865, a petición del obispo de Nantes, se abrió una nueva casa en Pontchâteau. Como las demás, comprendía un equipo de predicadores, pero también los misioneros se encargaron del Calvario que el P. de Montfort había deseado allí. Los primeros llegaron a Pontchâteau el 19 de agosto: 4 Padres y 4 Hermanos. Gracias a ellos y a sus sucesores, el parque se convirtió en lo que es hoy con numerosos monumentos y estatuas. Entre los que contribuyeron a la obra hay que mencionar al P. Santiago Barré, quien, a fines del siglo pasado, suscitó entre los pobladores de los alrededores un entusiasmo digno del que había provocado el P. de Montfort de 1709 a 1711. Estuvo encargado de las peregrinaciones durante 25 años, de 1888 a 1913, y le dio al parque su aspecto definitivo. Algunos monumentos fueron agregados por el P. Enrique Daniel, 1928 a 1943, sin modificar el conjunto.

La guerra fracoprusiana de 1870 fue una prueba para la Congregación que en ella tuvo seis víctimas entre los 28 Hermanos alistados como los demás jóvenes de la época en el ejército de Napoleón III. Los clérigos estaban exentos por entonces de las obligaciones militares.

El Concilio Vaticano I, que duró del 8 de diciembre 1869 al 18 de julio 1870, definió la infalibilidad pontificia. En aquella época en que iba a realizarse la unidad de Italia a expensas de los Estados Pontificios, Francia envió soldados a luchar en favor del Papado. Los Padres de la Compañía de María estaban completamente de lado de los "Ultramontanos", como lo prueba su amistad con el escritor y periodista Luis Veuillot, líder del movimiento. A diferencia de los "galicanos" que fácilmente se distanciaban de Roma, los "ultramontanos" eran partidarios incondicionales del Papado.

 

 

 

 

 

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CAPITULO V - LA EXPANSION INTERNACIONAL

 

A. CONTINUACION DEL GENERALATO DEL P. DENIS

 

Apertura a la misión exterior

 

En las Constituciones, "debidamente autorizadas y solemnemente declaradas exentas de todo reproche", en el momento de la aprobación de la Congregación obtenida por el P. Dalin en 1853, la posibilidad para los misioneros de la Compañía de María de trabajar en las misiones lejanas había sido explícitamente prevista: "Los Padres de la Compañía estarán siempre listos a llevar la antorcha del Evangelio a cualquier parte donde los llame la obediencia, en Francia, o en las tierras lejas e infieles, si el Vicario de Jesucristo les expresa el deseo".

La petición llegó de una sociedad de sacerdotes fundada en Bretaña para el servicio de Haití, llamada "Padres de Santiago".

En 1863 había hecho una primera petición a la Compañía de María Monseñor Poirier, obispo de Roseau, en las Antillas Menores, pero no había tenido respuesta. El 1º de marzo de 1871, Monseñor Guilloux, arzobispo de Puerto Príncipe, Haití, acababa de recibir la ordenación episcopal en Ploërmel, su pueblito natal, y, antes de regresar a su misión, se dedicó a buscar misioneros para su diócesis. Recibió respuesta negativa del P. Denis, pero el 4 de julio siguiente, renovó su petición en San Lorenzo.

Entre tanto el P. Denis había consultado al obispo de Luzón, quien se mostró favorable a la perspectiva, tanto que a comienzos de ese mes de julio la Compañía de María aceptó su primera misión "ad gentes". El Miércoles 30 de agosto, llegaban a Puerto Príncipe los tres primeros misioneros de San Lorenzo: el P. Rupin, de 64 años, superior del equipo, y los PP. Boulanger y Lamourique, de 44 y 38 años respectivamente. El Obispo les confió el distrito de Port-de-Paix.

Era necesario que las Constituciones estuvieran explícitamente de acuerdo con la opción hecha. El 10 de julio de 1871 se dirigió una solicitud, apoyada por Monseñor Guilloux, a la Congregación para los Obispos y los Regulares. El 3 de febrero de 1872, la Congregación de Propaganda Fide declaró no haber ninguna dificultad para incorporar en las Constituciones de la Compañía de María un  artículo nuevo autorizando su consagración a las misiones extranjeras.

Los PP. Rupin y Boulanger murieron con dos días de intervalo, el 9 y 11 de octubre de 1876. El P. Deslandes, llegado en 1872, murió el 2 de febrero de 1877. El P. Nerrières, llegado en 1873, murió el 12 de octubre siguiente. De los cinco Hermanos enviados a Haití: Joaquín, Doroteo, Dámaso, María de los Angeles e Hilarión, dos murieron igualmente. A pesar de tantas pruebas, la misión sobrevivió, pues en 1877 llegaron en refuerzo seis Padres y dos Hermanos. Otros se sumaron a ellos en los años siguientes,pero a causa de los decesos y regresos a Francia por razón de salud, el equipo sólo contaba con 4 Padres y 3 Hermanos en 1888...; y 6 Padres y 2 Hermanos en 1904.

Como sería luego habitual en las nuevas fundaciones de la Compañía de María, las Hermanas de la Sabiduría llegaron a Haití en 1875, siguiendo los pasos de los Padres. En 1876 dirigían las escuelas en todos los puestos sostenidos por los misioneros del P. de Montfort.

 

Un seminario para la misión de Haití

 

La nueva orientación de la Compañía de María conllevaría otros cambios importantes. En efecto, en junio de 1872 el abate Hillion, vicario general de Monseñor Guilloux, llegaba a Francia para buscar un instituto que aceptase dirigir el seminario encargado de preparar sacerdotes para la misión de Haití, en reemplazo de los Padres del Espíritu Santo que se retiraban. Podía llamar a varias puertas, pero la preferencia de Monseñor Guilloux iba muy claramente hacia la Congregación del P. de Montfort.

El abate Hillion se dirigió en primer lugar al P. Denis. Este, después de consultar al capítulo general, respondió que era imposible, ya que las Reglas de la Compañía de María prohibían formalmente a sus misioneros dedicarse a la formación de sacerdotes en seminarios.

Ante la insistencia del vicario general de Puerto Príncipe, terminó diciendo que no se opondría, si Monseñor Guilloux obtenía de la Santa Sede la dispensa de ese punto de la Regla. Lo que parecía imposible se convirtió de pronto en un proyecto a ejecutar: la dispensa fue obtenida en septiembre del mismo año, de tal manera que el Seminario de Haití abrió sus puertas sin tardar en el Calvario de Pontchâteau, bajo la dirección de los Padres de la Compañía de María.

 

Fundación de una "escuela apostólica"

En aquellos tiempos la enseñanza secundaria no estaba al alcance de los hijos de las clases modestas, y, casi en todas partes, la fundación de los seminarios "mayores" tenía como complemento un seminario "menor". El seminario de Haití adoptaría la misma táctica, y desde 1874 se trató de abrir un establecimiento de enseñanza secundaria que se llamaría "escuela apostólica".

En 1875 Monseñor Guilloux estaba en Francia. Ante la dificultad de encontrar sacerdotes para su misión, puso todas sus esperanzas en su Seminario, y deseaba la fundación de una escuela apostólica. Pensó naturalmente establecerla en Pontchâteau y pidió a los Padres de la Compañía de María que se encargaran de ella.

Dado el paso que permitía a los misioneros ser profesores de seminario, el P. Denis no tuvo objeción mayor. Sin embargo puso una condición para aceptar: pidió que el seminario menor de Haití fuera también el de la Compañía de María. Monseñor Guilloux aceptó de buen grado que la Compañía de María pudiera tener en el establecimiento a su cargo jóvenes que hicieran parte de él, y así nació la primera escuela apostólica de la Congregación.

Estado de la Congregación al final del gobierno del P. Denis

 

Desde entonces la actividad de los misioneros de la Compañía de María tendía a diversificarse. La predicación de las misiones parroquiales y de los retiros era siempre la actividad primordial de las fuerzas vivas, repartidas en cinco casas: San Lorenzo, Tourcoing, Orleáns, Angulema y Pontchâteau, pero había que responder también a las necesidades de la misión exterior donde los Padres ejercían un apostolado parroquial. Igualmente había que asegurar la enseñanza en el seminario mayor y en la escuela apostólica. En fin, la capellanía tradicional de las Hermanas de la Sabiduría, asegurada desde el comienzo por el P. Le Vallois, en 1772, continuaba sin interrupción.

En 1875 la Compañía de María tenía 54 sacerdotes: 32 de votos perpetuos y 22 de votos anuales, y 113 Hermanos: 87 perpetuos y 26 anuales; en total 167 miembros. Los novicios eran 2 sacerdotes y 13 Hermanos. Gran número de Hermanos, llamados entonces "coadjutores", trabajaban en San Lorenzo por cuenta de la Comunidad de la Sabiduría. Antes de entrar a la Congregación eran agricultores o artesanos en diversas ramas, y su trabajo como religiosos permitía a las Comunidades vivir prácticamente en autosuficiencia económica.

En 1877 la salud del P. Denis dejaba que desear. Con frecuencia sufría ataques de parálisis, y el 2 de febrero, luego de presidir la ceremonia de profesión de las Hermanas de la Sabiduría, sintió una fatiga anormal. Tuvo que acostarse y con frecuencia se sentía sofocado. Después de pocos días de enfermedad, murió el 8 de febrero. Bajo su gobierno la Congregación había vivido una página importante de su Historia, con nuevas orientaciones que la marcarían de manera duradera.

 

B.  GENERALATO DEL P. GUYOT

 

Nuevas fundaciones en Francia

 

En el capítulo celebrado en San Lorenzo después de la muerte del P. Denis, fue elegido superior general el P. Basilio María Guyot, el 21 de junio de 1877. Había nacido en Josselin, diócesis de Vannes, el 23 de julio de 1828. Luego de enseñar teología en el Seminario de Vannes, entró al noviciado de la Compañía de María en 1862. El capítulo decidió que, en adelante el superior general, no fuera designado de por vida, sino elegido para un mandato limitado de 12 años, con posibilidad de reelección. Elegido pues por 12 años, el P. Guyot dirigió la Congregación sólo 9, hasta su muerte acaecida el 26 de diciembre de 1886, a la edad de 58 años.

Durante el generalato del P. Guyot se realizaron solamente dos fundaciones en Francia: Le Marrillais y la parroquia de San Lorenzo, en 1878. Conviene hacer mención de ellas, pues son una nueva ampliación del campo de actividades misioneras de la Compañía de María.

El obispo de Angers, con el deseo de dar nueva vida a los lugares de peregrinación de su diócesis, pidió a los Padres de San Lorenzo encargarse de la capilla de Nuestra Señora de Marillais, santuario cuyo origen se remonta al siglo V: la Virgen se hubiera aparecido entonces a San Maurille, discípulo de San Martín y obispo de Angers. La Congregación aceptó por primera vez esta clase de trabajo, sin olvidar con todo la misión itinerante, pues en cuanto posible siempre hubo un equipo de predicadores en Nuestra Señora de Marillais.

Hasta 1878, los sacerdotes encargados de la parroquia de San Lorenzo, junto al río Sèvre, eran de la diócesis de Luzón. Desde la fundación de Haití, el ministerio parroquial hacía parte del trabajo apostólico de los misioneros, estando esto justificado por las estructuras mismas de los territorios de misión. La aceptación de la parroquia de San Lorenzo fue sin duda comprendida como una excepción a la norma reconocida por todos, pero constituía, sin embargo, una novedad, que justificaría luego numerosas excepciones.

 

Persecución religiosa

 

La República francesa proclamada en 1870 tomó rápidamente un sesgo muy anticlerical. El Concordato firmado con el Papa Pío VII en 1801 continuaba en vigor, pero los ministros republicanos soportaban cada vez peor la influencia de la Iglesia sobre la juventud, ya que la mayoría de los establecimientos escolares estaban en manos de los Religiosos. Este fue el origen de la lucha encarnizada contra las Congregaciones de que fue teatro Francia por varias décadas, hasta la revisión del Concordato y la supresión pura y simple de los religiosos, obligados entonces a exilarse. Como para otras Congregaciones nacidas en Francia, ésta fue para la Compañía de María la gracia providencial que permitió su desarrollo internacional.

La primera medida de represión contra las Congregaciones apareció el 29 de marzo de 1880. Los jesuitas fueron expulsados, a las otras Congregaciones se les impuso la obligación de hacer una petición de autorización, y pronto se instauró un control severo de sus bienes. Además, se prohibió la enseñanza a los religiosos que no tenían autorización expresa del gobierno. Siguieron otras leyes que, desdeñando el Concordato, imponían a los clérigos la obligación del servicio militar, suprimían las capellanías en el ejército y en los hospitales, instituían la legalización del divorcio, etc.

La Compañía de María -¡que no gozaba de particular estima de parte del régimen republicano en vigor!- figura entre las víctimas de las nuevas leyes. Los Padres fueron expulsados provisionalmente de sus casas. En San Lorenzo fueron autorizados a permanecer en la casa del Espíritu Santo cinco Padres, a título de capellanes de la Sabiduría. Los encargados de la parroquia de San Lorenzo no tuvieron ningún problema, pues las medidas gubernamentales no tocaban para nada al clero de las parroquias. Los Hermanos llamados "coadjutores" tampoco fueron molestados, al menos los de San Lorenzo, considerados como empleados de la Sabiduría.

Por razón de su trabajo en los hospitales, y especialmente en los hospitales militares, las Hermanas de la Sabiduría eran reconocidas y apreciadas por las autoridades republicanas. Tuvieron sin embargo, las mismas dificultades que las Congregaciones enseñantes, hasta 1904 por ley del 7 de julio, que prohibía a los Religiosos enseñar. Como rehusaron la "secularización", o abandono de los votos y del hábito religioso, debieron abandonar numerosas escuelas parroquiales, a diferencia de otros Religiosos y Religiosas que dieron prioridad al servicio de las poblaciones cristianas, manteniendo sus escuelas.. .pero a costa del personal de sus congregaciones.!

 

Medidas adoptadas por las autoridades de la Congregación

 

La supervivencia en Francia de la Compañía de María se tornaba problemática. El Consejo General se vio obligado a estudiar las medidas necesarias, y la Congregación iba a escribir una nueva página de su Historia.

El 24 de julio de 1881, se tomó una decisión importante: trasladar el noviciado a Holanda. Los novicios y sus formadores encontraron asilo en Schimmert, en medio de una población extremamente acogedora y benévola. Los archivos del noviciado de la provincia de Francia conservan aún las crónicas conmovedoras de esta aventura, escritas día a día. Todo para los exilados era nuevo, y la lengua del país de acogida les era completamente desconocida. El traslado se realizó de manera totalmente imprevista, con una confianza tal en la Providencia que es de admirar. Hay que notar igualmente que las nuevas condiciones no tuvieron la mínima influencia negativa en las vocaciones francesas: los aspirantes a la vida monfortiana no dudaban en exilarse.

El 28 de septiembre del mismo año, se comenzó a solucionar el problema de los bienes pertenecientes a la Congregación. Las casas de Tourcoing y Orleáns fueron vendidas a sociedades constituidas por amigos de la Compañía de María. Cuando, 20 años más tarde, en 1901, una ley estableció las condiciones de funcionamiento de las asociaciones sin ánimo de lucro, las asociaciones propietarias de los bienes de los Monfortianos en Francia siguieron funcionando al amparo de tal ley... incluso hasta hoy, pues la Compañía de María todavía no tiene existencia legal en el país donde nació.

El 22 de octubre siguiente, el superior general recibió una carta de un Sulpiciano amigo de la Congregación: el P. Rousselot. El había sido vicario de Cholet, a 12 km de San Lorenzo, y en 1881 era párroco de Nuestra Señora de Montreal, por más de dos siglos, única parroquia de la ciudad. Estando al corriente de las dificultades de los Religiosos en Francia, proponía a la Compañía de María una fundación en Canadá, de la cual él era promotor. No se trataba de una obra particularmente conforme con el apostolado monfortiano, pero, para escapar a la República francesa anticlerical, el Consejo General aceptó la fundación de un orfelinato agrícola en una región aislada, muy distante de Montreal. Hay que decir que el obispo de Montreal no quería nuevas comunidades en su diócesis, y el Señor Rousselot había comprado las tierras en la diócesis de Ottawa. El lugar de la futura implantación monfortiana se encontraba en la provincia de Quebec, pero pertenecía a la diócesis de Ottawa.

 

Desarrollo de los Monfortianos fuera de Francia

 

En mayo 1883, el P. Fleurance y el Hno. Hugolino, partieron a visitar los lugares de la futura fundación. Aceptaron con alguna vacilación. El capítulo general celebrado en San Lorenzo del 25 al 27 de julio de 1883, confirmó la aceptación de la fundación en Canadá. Desde el mes de agosto siguiente llegó el refuerzo del P. Armando Luis Bouchet y los Hnos. Daniel, Isaías, Arsenio, Eugenio y Lázaro, que debían  formar a los huérfanos en oficios manuales. Los primeros internos fueron recibidos en septiembre. Hoy de lo que fue el punto de partida de la provincia de Canadá, sólo quedan las tumbas de algunos de los pioneros y un pueblito llamado "Montfort".

En 1883, cuando los Padres y Hermanos de la Compañía de María se establecieron en Canadá, los religiosos ya no corrían peligro de expulsión, pero había sido votada una ley que obligaba a todos los clérigos de 19 a 30 años al servicio militar. Para librar a los futuros monfortianos, los alumnos mayores de la escuela apostólica de Pontchâteau fueron trasladados a Cyrville, cerca de Ottawa, en agosto 1890. En 1891 se abrió un noviciado para los que habían terminado la escuela apostólica, y en 1892 era necesario un escolasticado.

Como las cosas en Europa no parecían arreglarse, el capítulo de 1893 decidió trasladar a Canadá los dos escolasticados: francés y holandés, que se encontraban en los Países Bajos. Con el fin de instalar el escolasticado en Montreal, el P. Bouchet, por mandato del Superior general, pidió asilo al obispo en favor de los seminaristas "obligados a dejar Europa para evitar el servicio militar". Monseñor Fabre se dejó convencer y ofreció a los Padres de la Compañía de María la parroquia de Dorval. ¡Por fin se puso pie en Quebec! La casa de Dorval fundada en 1894, al suroeste de Montreal, llegó a ser casa provincial en 1913. El proyecto de escolasticado en Dorval fue pronto abandonado para establecerlo ... ¡en Argelia! Más adelante se hablará de ello.

En 1898 se fundó una escuela apostólica en el orfelinato de Huberdeau, trasladada luego a Papineau-Ville en 1908. Durante casi tres cuartos de siglo sería fuente fecunda de vocaciones monfortianas. Fue cerrada en 1972. En 1903 los Monfortianos de Canadá aceptaron un misión en la isla de Vancouver, al extremo oeste del país.

El mismo año abrieron la primera casa de Estados Unidos, en Port-Jefferson, Long Island. Al año siguiente tomaron a su cargo la parroquia de Ozone Park, en N.York, que sería la semilla de la Viceprovincia Monfortiana de los Estados Unidos, creada en 1948, y convertida en Provincia en 1961.

En Holanda la casa del noviciado fue pronto acondicionada para acoger a los escolásticos, y se fundó una nueva casa para el noviciado en Meersen. Para responder a la solicitud de jóvenes holandeses atraídos por la vida monfortiana, desde 1883 comenzó a funcionar en Schimmert una escuela apostólica. ¡El progreso fue tan rápido que ya en 1905 fue instituida la provincia monfortiana de Holanda!

 

Fin del gobierno del P. Guyot

 

El proceso de beatificación del P. de Montfort seguía su curso, aunque lento. En 1886 se comenzaron a entrever los resultados. Fueron reconocidos oficialmente los dos milagros presentados para la beatificación. El P. Guyot había trabajado como sus predecesores, pero no vería en la tierra la beatificación del Fundador. Tras una larga y dolorosa enfermedad, murió el 26 de diciembre de 1886, a los 58 años.

 

 

 

C. GENERALATO DEL P. MAURILLE

 

La Compañía de María al comenzar el gobierno del P. Maurille

 

En abril del año siguiente (1887)el capítulo general se reunió para elegir nuevo superior general. El elegido fue el P. Amando Renato Maurille, el 16 del mes. Nacido el 28 de febrero de 1843 en Chemille, diócesis de Angers, y ordenado sacerdote en 1886, entró a la Compañía de María tras ejercer  algunos años la función de vicario en una parroquia de su diócesis. Elegido por 12 años, fue reelegido en el capítulo de 1899, y dirigió la Congregación hasta su muerte, el 16 de febrero de 1903.

En 1887 la Congregación contaba 65 Padres, 14 escolásticos y 137 Hermanos: 216 miembros en total. Los Hermanos, tan numerosos, estaban en su mayoría en San Lorenzo y formaban un grupo a parte, desde que el P. Deshayes les había dado un reglamento especial. En algunos documentos del siglo pasado, el Superior general se denomina "superior de los Padres de la Compañía de María y de los Hermanos del Espíritu Santo". También en 1887 había 5 novicios clérigos y 10 novicios Hnos.


 

Los Padres estaban repartidos así: 7 en Haití, 5 en Canadá, y 7 en Holanda con los escolásticos, novicios y alumnos de la escuela apostólica en Schimmert. Los otros 46 estaban en Francia, dedicados la mayor parte a la predicación de misiones y retiros.

Para establecer un vínculo entre los Monfortianos ya presentes en cuatro países diferentes, en julio de 1887 apareció el primer número del boletín de la Congregación. Con sus dos eclipses, en la I y II Guerra Mundial, ¡el "ECHO MONTFORTAIN" es ya más que centenario!

 

 

 

Beatificación del P. de Montfort

 

El 22 de enero de 1888 Luis María Grignion de Montfort fue declarado Beato por el Papa León XIII. Era el éxito de un largo proceso comenzado en 1825, con el P. Gabriel Deshayes. Hubo solemnes celebraciones en todos los lugares de presencia monfortiana. La más grandiosa fue en San Lorenzo los días 4, 5 y 6 de junio con presencia de 14 obispos, 2 Abades de monasterios, 3 Prelados romanos, 2000 sacerdotes y 10.000 fieles... según la memoria de las crónicas, cuyas cifras no se suponen muy exageradas.

Ciertamente la tumba del P. de Montfort era un lugar de peregrinación muy popular en toda la región, donde el recuerdo de la guerra "de Vandea" estaba particularmente vivo. Había tendencias a la guerra santa por motivos puramente sobrenaturales, atribuyendo a la acción del P. de Montfort la conservación de la fe en la región que se había sublevado.

Hay que recordar que las motivaciones del levantamiento son complejas, y que las misiones predicadas por el P. de Montfort en la región no alcanzaron a diez. En cambio, el influjo de los "Mulotinos" en la conservación del fervor religioso es muy cierto, y hay que subrayar sobre todo el clima particular de finales del último siglo: la República anticlerical no era del agrado de una población profundamente fiel a su fe, y cualquier manifestación religiosa de masas daba la imagen de un reto al gobierno impío.

Reinaba un verdadero espíritu de cruzada y los opositores del régimen político eran numerosos en las filas del Clero. Fueron necesarias varias décadas, e incluso la intervención personal de León XIII, por intermedio del Cardenal Lavigerie, fundador de los Padres Blancos, misioneros de Africa, para que los católicos de Francia aceptaran el Régimen de facto que gobernaba el país.

 

Apertura de un escolasticado en  Argelia

 

La obligación impuesta a los clérigos de prestar el servicio militar era una infracción de las leyes canónicas, que los sacerdotes, seculares o religiosos, soportaban muy mal. Pues, para animar a los ciudadanos jóvenes a poblar las colonias francesas, la República decidió en 1894 que los jóvenes que partieran a ellas antes de los 19 años, serían exentos del servicio militar.

Los responsables de la Congregación vieron en el ofrecimiento del arzobispo de Argel, que les proponía una casa en Bouzarea -8 km de Argel- el medio providencial de aprovechar la nueva ley. Había doble ventaja: el viaje era menos costoso a Argel que a Canadá, y los jóvenes sacerdotes no tenían necesidad de esperar a cumplir 30 años para retornar a Francia: estaban disponibles, inmediatamente terminados sus estudios. Se abandonó pues el proyecto de Montreal.

En el sitio llamado "El Biar", se abrió el escolasticado en 1894, en una propiedad alquilada, y comprada más tarde. Al comienzo sólo había tres Padres para hacerlo funcionar: Pedro Bourget, Aristides Renaudin y Eugenio Morón. Otros refuerzos llegaron en los años siguientes, particularmente el P. Pedro Audran, ¡más tarde asistente general durante 31 años, de 1916 a 1947!

Aunque duró al menos hasta 1901, el escolasticado de Argelia fue solamente un breve episodio. Tuvo sin embargo su importancia, pues allí los Monfortianos trabaron amistad con los Padres Blancos, y fue el punto de partida de la misión del Shiré, el actual Malawi.

 

La Archicofradía de María Reina de los Corazones

 

Hacía ya cincuenta años que se había conocido, traducido a diversas lenguas y ampliamente difundido el Tratado de la Verdadera Devoción . El P. Maurille pensó que había llegado el momento de cumplir el deseo expresado por el P. de Montfort en el N° 227 de esa obra, donde habla de "esta devoción particular, aún no erigida en cofradía, aunque sería mucho de desear que lo fuera".

El ambiente que reinaba entonces en Francia no se prestaba para tal fundación. El P. Maurille miró hacia Canadá, y la Cofradía fue erigida el 25 de marzo de 1899 por Monseñor Duhamel, arzobispo de Ottawa, que tenía en su diócesis el escolasticado de los Monfortianos. Algunos años más tarde, en 1906, al crearse la Procuraduría monfortiana en Roma, y construirse la capilla de María Reina de los Corazones, el Cardenal Respighi erigió allí la Cofradía, elevada a Archicofradía por "Carta Apostólica" de Pío X, el 28 de abril de 1913.

 

Fundaciones en Dinamarca e Islandia.

 

Dinamarca e Islandia eran dos países protestantes que en 1901 formaban un solo Vicariato Apostólico. El titular era Monseñor Von Euch, nombrado en 1892. Buscaba misioneros golpeando a las puertas de los jesuitas, Redentoristas...y ¡Monfortianos! El 31 de enero de 1901 una carta del P. Lhoumeau, asistente general, le trajo una respuesta afirmativa, y el P. Dubillot, también asistente, hizo en seguida una visita a Dinamarca.

El 1° de mayo la Santa Sede otorgó al Vicario Apostólico permiso para confiar a los Monfortianos el distrito de Roskilde. En junio llegaron los misioneros. Eran tres: dos Holandeses, el P. Alfonso Kerchhoffs y el Hno. Bonifacio, y un Francés, el P. Francisco Blois.

En 1903 Monseñor Von Euch solicitó al P. Kerchoffs Monfortianos para Islandia. El P. Lhoumeau, nuevo superior general, que había respondido a la primera petición, siendo aún asistente general, dio una nueva respuesta favorable. En noviembre llegaron a Reykjavik tres Monfortianos de la Provincia de Holanda: los PP. Martín Meulemberg y Juan Servaes, y el Hno. Bonifacio, procedente de Dinamarca. A pesar del pequeño número de católicos, por razón del aislamiento del país, la misión de Islandia fue constituida Prefectura Apostólica el 12 de junio de 1923, y el P. Meulemberg fue su primer Prefecto Apostólico.

El 6 de junio de 1929 pasó a ser Vicariato Apostólico, y Monseñor Meulemberg recibió la ordenación episcopal el 25 de julio. Murió repentinamente el 3 de agosto 1941. Tuvo como sucesor a Monseñor Juan Gunnarsson, un monfortiano hijo de la única familia católica del país. El renunció en 1966, y durante dos años, Monseñor Theunissen, antiguo arzobispo de Blantyre en Malawi, administró el Vicariato, que fue constituido diócesis el 18 de octubre de 1968. El 27 del mismo mes fue nombrado obispo de Reykjavik el P. Enrique Frehen, de la Provincia de los Países Bajos.

 

Persecución religiosa en Francia

 

Parece extraña la rapidez con que los responsables de la Congregación, respondían a las diversas peticiones llegadas del exterior. La razón es ciertamente la degradación del ambiente político francés, que desde 1900 se tornaba cada vez más agresivo contra los Religiosos y la Iglesia: el primer ministro Waldeck-Rousseau veía en el anticlericalismo el medio para unir a los partidos políticos en un proyecto común. Su sucesor, que presidió los destinos del país de 1902 a 1905, fue un ex-seminarista ferozmente anticlerical: el Señor Combes.

La ley del 1° de julio sobre las asociaciones establecía un severo control de las Congregaciones religiosas: para obtener la aprobación legal debían enviar sus Reglas, entregar la lista de sus miembros y dar a conocer sus propiedades. Con el Señor Combes se dio un paso más: todas las solicitudes de autorización fueron rechazadas en bloque, y salvo raras excepciones, entre ellas la Sabiduría, todas las Congregaciones fueron declaradas ilegales y despojadas de los bienes que poseían oficialmente. Los Monfortianos no fueron víctimas de ello, pues, el 31 de diciembre de 1900, el Consejo general había tomado la decisión  de vender las casas cuya propiedad aún tenía en Francia, como se había hecho en 1881 con las casas de Tourcoing y Orleáns. A todos los religiosos, les fue prohibido enseñar, y para salvar las escuelas cristianas, muchos aceptaron renunciar a sus votos y hábito religiosos.

Finalmente, la denuncia del Concordato culminó en rechazo total: por la "Ley de separación de la Iglesia y el Estado", el 9 de diciembre de 1905 el Estado laico declaró la religión asunto privado, y, por consiguiente, no reconocía ni subvencionaba ningún culto. Los edificios poseídos por la Iglesia se convirtieron en propiedad de los municipios... Esta medida, pérfida en su intención, se reveló benéfica para las diócesis que no tenían más fuente de ingresos que la generosidad de los fieles: el mantenimiento de las iglesias y de las casas curales incumbía, como sigue siendo hoy, a los municipios, sus propietarios. Para subsistir, numerosas Congregaciones se refugiaron en los países vecinos, y en un clima como éste, todo llamado a un apostolado fuera de Francia era recibido como un regalo de la Providencia.

 

Fundación del Shiré

 

Los Padres Blancos del Cardenal Lavigerie tenían a su cargo grandes territorios en Africa, y, a pesar de la prosperidad de su Sociedad, no alcanzaban a responder a todas las necesidades. En 1900 Monseñor Dupont, Vicario Apostólico de Nyassaland, actual Malawi, pasaba sus vacaciones en San Lorenzo, invitado por su amigo el P. Bourget, antiguo superior del escolasticado de El Biar. Exponiendo sus dificultades a los superiores de la Compañía de María, logró interesarlos en sus problemas y hacerles mirar la posibilidad de enviar Monfortianos a Nyassaland.

El 14 de enero de 1901 se firmó un contrato privado entre los Padres Blancos y los Monfortianos, en la "Maison Carrée", cerca de Argel. Por este acuerdo los Monfortianos se ponían a órdenes de los Padres Blancos para ayudarles. Ni los uno ni los otros pensaron informar al respecto a la Congregación romana de la Propaganda Fide, que prohibía a los obispos de los territorios de misión llamar misioneros de otras Congregaciones sin previo acuerdo con Roma.

El 24 de mayo 1901, tres misioneros monfortianos se embarcaron para Nyassaland: los PP. Bourget, Prézeau y Winnen. Habían pasado por Roma, donde recibieron la bendición del Papa, pero no tenían ningún mandato de la Propaganda Fide. Esto fue origen de serios disgustos para el P. Procurador. Todo se arregló al año siguiente con la muerte del Cardenal Prefecto, al ser reemplazado por el Cardenal Gotti, muy favorable a la Compañía de María.

El 24 de noviembre de 1903 fue creada la Prefectura Apostólica del Shiré, confiada a los Monfortianos, y el P. Prézeau fue nombrado Prefecto Apostólico, y luego Vicario Apostólico el 14 de abril de 1908.

 

Fundación en Roma

 

En 1899 se vio la necesidad de tener un Procurador ante la Santa Sede. Fue nombrado el P. Enrique Jouet, quien se instaló dentro de las murallas de Roma, en un sitio donde aún no había construcciones. La amplitud del terreno admitía los más diversos proyectos. Se construyó allí una capilla dedicada a María Reina de los Corazones, que pronto se convirtió en la sede de la Archicofradía del mismo nombre. También se construyó una casa grande capaz de recibir a los estudiantes de la Congregación llegados a Roma para diplomarse. Ese "Colegio Internacional" funcionó hasta la crisis de vocaciones que conoció Europa a partir de 1970. Al crecer la ciudad de Roma la Congregación sólo conservó la parte construida del terreno. La casa y la capilla son hoy propiedad de la Provincia monfortiana italiana, Via Romagna, 44.

En aquella época la Compañía de María comenzó a tener un "Cardenal Protector", cuyo papel era facilitar las relaciones de las autoridades de la Congregación con la Santa Sede. En octubre de 1891 el Cardenal Vannutelli había sido nombrado oficialmente Cardenal Protector de la Congregación de las Hijas de la Sabiduría. Con ocasión de una audiencia, el 13 de febrero de 1893, fue claramente considerado también Cardenal Protector de la Compañía de María. Lo fue igualmente en una visita del Cardenal a San Lorenzo, en agosto de 1898, pero sólo el 15 de diciembre de 1898 fue nombrado oficialmente Cardenal Protector de la doble familia del Beato de Montfort. Esta función cardenalicia dejó de existir después del Concilio Vaticano II.

En 1902, dos sacerdotes italianos, entusiasmados por la devoción mariana del P. de Montfort, intentaron lanzar una escuela apostólica para los Monfortianos, en Lóvere, al norte de Italia. El proyecto no prosperó, pero ellos mismos entraron a la Compañía de María, en Holanda. El P. Calixto Bonicelli hizo su profesión el 8 de junio de 1904, y el P. Bautista Garbottini, el 9 de octubre del mismo año.

 

Fracaso de una fundación en Perú

 

En octubre de 1902, estando el P. Maurille en Roma, se encontró con Monseñor Soto, obispo de Huaraz, cerca de 300 km al norte de Lima, Perú. Este buscaba sacerdotes para su diócesis, y parece que se llegó a  un acuerdo muy rápido. En diciembre siguiente, la víspera de Navidad, desembarcaron en Lima tres misioneros monfortianos: Los PP. Dionisio Le Tendre, Luis Douarin y Huberto Damoiseaux. El superior de la nueva fundación era el P. Alain Gouriou. Estaba en Haití desde 1889, y pasó directamente de Haití a Lima, a donde llegó el 5 de enero de 1903.

¿Qué incomprensiones hubo con el obispo de Huaraz? Es difícil decirlo por las cartas del P. Gouriou al Superior General, un poco imaginativas como su autor, dotado de fuerte originalidad. Por otra parte, el obispo había caído enfermo a su regreso de Europa, y no había podido llegar a su diócesis. Se quedó en Lima y allí murió el mismo año. El 7 de marzo el P. Gouriou se encontraba en Trujillo, cerca de 500 km al norte de Lima, y los PP. Douarin y Le Tendre estaban en Moro y Nepeña, dos centros cercanos entre sí, pero sin futuro aparente, en la diócesis de Huaraz, y el P. Damoiseaux estaba en el convento de los Redentoristas en Lima.

El P. Gouriou había preparado un contrato para presentarlo a Monseñor Soto, pero nunca se firmó. Entre tanto, el arzobispo de Lima igual que el administrador apostólico de Trujillo hubieran querido acoger a los Monfortianos en sus diócesis. El P. Gouriou optó por Trujillo, y el 7 de marzo firmó un contrato con el administrador apostólico. Desde el 25 estaba en el terreno que le fue confiado, Piura, completamente al norte del país, a casi 850 km de Lima. Los PP. Damoiseaux y Douarin se unieron a él a finales de abril, mientras el P. Le Tendre permaneció en Moro.

El P. Gouriou mantenía correspondencia continua con el Superior General. Tenía planes tan grandes como irrealizables en una región inmensa ¡a penas a la medida de su celo apostólico! A fin de obtener ayuda en personal y en recursos, pintaba la realidad con acentos tan alarmantes que el capítulo general, reunido en abril en Schimmert para elegir el sucesor del P. Maurille, votó abandonar la fundación del Perú.

Las noticias eran muy lentas. Tan pronto el P. Gouriou se enteró de la decisión en agosto, se embarcó para Francia a pedir explicaciones al Consejo General. Cuando rindió informe el 24 de noviembre, era demasiado tarde. Las autoridades de la Congregación ya habían comprometido una fundación en Colombia, a donde debían trasladarse los Padres del Perú. En una carta del 21 de diciembre, el P. Le Tendre expresaba su desconcierto: "He recibido cartas contradictorias diciendo que debíamos abandonar el Perú; otras, en cambio, afirmaban que teníamos esperanza de permanecer allí. El P. Gouriou se fue cuando yo esperaba su visita en Moro. Luego de tres meses de espera, finalmente recibí noticia indirecta: debíamos partir"


 

 

Exilio y muerte del P. Maurille

 

Tras la promulgación de la Ley del 1° de julio 1901, que instauraba un régimen de preocupaciones para las Congregaciones, el Consejo General consideró las medidas más oportunas que debía tomar. En el Consejo del 13 de septiembre siguiente, se programó la dispersión de la casa general: "El P. General verá dónde establecerse con su secretario". El P. Maurille se refugió primero en Angers, después salió de Francia a Holanda y se instaló en Meersen donde estaba el noviciado, y allí murió el 16 de febrero de 1903, a los pocos días de haber cumplido 60 años.

La reunión del Consejo General del 28 de septiembre decidió la instalación de una casa en Bélgica, según la táctica habitual de las Congregaciones francesas, que consistía en instalarse fuera de Francia, cerca de la frontera, en espera de días mejores que permitieran el regreso al país. En 1903 se abrió la casa de Sanbergen, que albergó la escuela apostólica.

Los Padres que permanecieron en Francia seguían ejerciendo el ministerio de la predicación, a pesar de las dificultades con que chocaban a menudo. Para no llamar la atención de las autoridades civiles, habían renunciado en lo externo a todo lo que pudiera evocar la vida religiosa: en vez del cordón y el rosario, vestían estrictamente como los sacerdotes seculares, y nunca se hacían llamar "Padre". Por lo demás, el P. Maurille había solicitado y obtenido, en septiembre 1901, para 53 Monfortianos, un indulto "de secularización que les permitía, según la ley civil, incorpararse a una diócesis, entendiendo que ese indulto de secularización dejaba intactas todas las obligaciones contraídas por cada uno en el foro de su conciencia y delante de Dios el día de su profesión religiosa", a fin de "conservar, en lo posible, la obras a las cuales la Compañía de María se dedica..." Un documento individual había sido concedido a cada uno de los 53 religiosos...entre los cuales figuraban dos holandeses, los PP. Penners y Ramakers, "incardinados" en la diócesis de Ruremonde.

 

 

D. GENERALATO DEL P. LHOUMEAU

 

Elección del P. Antonino Lhoumeau

 

Nacido en La Mothe-Saint-Héraye, diócesis de Poitiers, el 9 de agosto de 1852, el Abate Antonino Lhoumeau era un hombre dotado de grandes talentos. Había ejercido el ministerio parroquial en Niort, donde era  maestro de capilla renombrado. Como musicólogo y compositor, su notoriedad superaba ampliamente los límites de su diócesis. Hizo profesión en la Compañía de María el 3 de mayo de 1885, en Holanda. Practicó la misión itinerante durante cinco años, como miembro de la comunidad de Orleáns.

En seguida fue designado asistente general. A título de tal, en marzo de 1891 hizo un viaje a Inglaterra a donde se invitaba a las Hermanas de la Sabiduría para encargarse de un hospital psiquiátrico, en Alton. Fue a explorar el terreno y rechazó el proyecto de Alton por presentar demasiados inconvenientes. En cambio, aceptó la solicitud del obispo de Portsmouth que proponía a las Hermanas la apertura de un orfelinato en Romsey.

Las Hermanas de la Sabiduría se instalaron en Romsey el 24 de junio de 1891. El viaje suscitó en el P. Lhoumeau un gran amor por Inglaterra, lo cual tuvo como consecuencia el traslado a Romsey de la escuela apostólica de Sanbergen (en 1910).

El 17 de abril de 1903, en el capítulo celebrado en Schimmert fue elegido Superior General. El llevó de nuevo a San Lorenzo la administración de la Compañía de María. Gracias a su título oficial de primer capellán de las Hijas de la Sabiduría, podía permanecer allí sin demasiados inconvenientes. Sin embargo, tuvo numerosas dificultades a causa de la persecución que reinaba entonces, y fue amenazado de muerte varias veces.

Según las normas canónicas vigentes, había sido elegido para un mandato de 12 años. Por la imposibilidad de reunir un capítulo durante la guerra mundial que duró de 1914 a 1918, su mandato debió prolongarse hasta 1919. Murió el 10 de agosto del año siguiente.

 

Vitalidad de la Congregación. Creación de las Provincias

 

La persecución, lejos de destruir la Congregación, favoreció su expansión. Bajo el impulso del P. Lhoumeau, siguió avanzando intrépidamente. Fue el tiempo en que tomó conciencia de la riqueza de espiritualidad que ofrecía a la Iglesia.

Ya el P. Maurille en sus circulares, había exhortado a los Monfortianos a un estudio profundo de los escritos del Fundador, viendo en la Perfecta Devoción a María el rasgo característico del Instituto. El P. Lhoumeau contribuyó enormemente a la difusión de la espiritualidad mariana. Escribió obras apreciadas y estimuló decididamente la creación de revistas en los diversos países donde estaban presentes los Monfortianos. El mismo, cuando era asistente, había lanzado en Francia una revista, "Le Règne de Jésus par Marie", cuyo primer número está fechado el 1° de enero 1900. Entre los colaboradores de la revista, conviene nombrar al P. Juan María Texier, muerto en 1932, quien fue escritor espiritual extraordinario. En 1904 fue creada la revista canadiense, Messager de Marie Reine des Coeurs, órgano de la Cofradía del mismo nombre. En 1907 nació una Asociación espiritual mariana para los sacerdotes, con una revista especializada a ellos destinada: Revue des prêtres de Marie Reine des Coeurs. El primer sacerdote que firmó los registros de la Asociación fue el Papa Pío X.

El 10 de octubre de 1904 fueron aprobadas por la Congregación de Religiosos las Constituciones de la Compañía de María adaptadas a las nuevas normas canónicas, editadas por la misma Congregación de Religiosos en 1901.

Por el número creciente de los miembros de la Compañía de María y por su dispersión, era necesario descentralizar su administración. La decisión se tomó en la reunión del Consejo General del 29 de diciembre 1904. El P. Lhoumeau informaba en una carta: "El Consejo General, asistido por consejeros extraordinarios, ha decidido que por ahora habrá en Europa dos Provincias: la de Francia a la cual será anexada Italia; y la de Bélgica-Holanda que comprende Dinamarca, Inglaterra e Islandia. La Provincia de Canadá engloba las fundaciones de Estados Unidos y Vancouver. Finalmente, el Shiré y Colombia son reconocidos como vicariatos provinciales". Los primeros superiores provinciales fueron: el P. Celestino Deval en Francia, el P. Renato Guédon en Bélgica-Holanda o "Provincia del Norte" y el P. Armando Luis Bouchet en Canadá.

En 1907 fue nombrado Postulador de la causa de canonización del P. de Montfort el P. Huberto Gebhard. El difundió con ardor  en Italia la espiritualidad mariana monfortiana, y en mayo de 1914 lanzó la revista "Regina dei Cuori". Los Monfortianos holandeses lanzaron en 1908 una revista misionera: "Onze missionarissen".

El capítulo de 1909 decidió trasladar la escuela apostólica de Sanbergen, Bélgica, a Romsey, Inglaterra, donde abrió sus puertas al año siguiente. Al comienzo todos los alumnos eran franceses -ya que los holandeses tenían su propia escuela apostólica en Schimmert- y el hecho de que adolescentes de doce años fueran a estudiar al extranjero no parecía haber encontrado oposición de parte de sus padres. Muy pronto, los niños ingleses pidieron admisión, y Romsey fue la semilla de lo que sería un día, después de muchas peripecias, la Provincia monfortiana de Gran Bretaña/Irlanda.

 

Fundación en Colombia.

 

En el capítulo general de abril 1903 en Schimmert, el P. Teófilo La Bagousse había informado a los capitulares sobre la situación de los misioneros en Perú, basado en las cartas del P. Gouriou. Su informe había sido precedido por el del P. Enrique Jouet, Procurador en Roma, quien, entre otras cosas, había dado a conocer a la asamblea una propuesta de la Santa Sede a la Compañía de María, ofreciéndole el encargo de una Prefectura Apostólica en Colombia. El capítulo votó el abandono del Perú, e inmediatamente después, por unanimidad, aceptó la propuesta de la Santa Sede.

El 20 de julio siguiente llegaban a Bogotá dos misioneros monfortianos: el P. Eugenio Morón y el Hno. Cipriano. Visitaron al arzobispo de Bogotá, Monseñor Bernardo Herrera, quien, formado por los Sulpicianos de París, hablaba el francés corrientemente, mientras los recién llegados no hablaban una palabra de español.

La Prefectura de la Intendencia Oriental, creada en Roma para los Padres de la Compañía de María, era un inmenso territorio de más de 350.000 km2, con menos de 25.000 habitantes perdidos en la inmensidad de la llanura y la selva virgen. Monseñor Herrera desanimó a nuestros misioneros al explicarles las dificultades que les esperaban: la Prefectura, decía él, es un "desierto verde" sin ningún centro donde poder establecerse con un mínimo de seguridad.

Los misioneros del Perú -PP. Damoiseaux, Douarin y Le Tendre- habían recibido orden de ir a Colombia. Cuando llegaron a Bogotá, Monseñor Herrera, viendo que los tres hablaban el español correctamente, pensó que podrían servirle en la Prefectura de los "Llanos de San Martín" -región donde se encuentra Villavicencio-, al oriente de su diócesis, de la cual también él estaba encargado. La Santa Sede aceptó esta propuesta, y el P. Morón fue nombrado Prefecto Apostólico de los "Llanos de San Martín", conservando igualmente el título de "Prefecto de la Intendencia Oriental".

El Prefecto Apostólico, con sus tres cohermanos y el Hno. Cipriano, llegó a Villavicencio el 4 de febrero de 1904, luego de tres días de viaje desde Bogotá, por un camino de herradura. Villavicencio no era entonces más que un pueblito al pie de la cordillera de los Andes. La región que les fue confiada estaba poco poblada, y en la parte montañosa los caseríos sólo eran accesibles a lomo de mula o de caballo. Durante 25 años, un Padre Dominico de Bogotá había recorrido la Prefectura una vez al año, y cuando los Monfortianos llegaron, las poblaciones estaban sin sacerdote desde hacía varios años. La humilde Prefectura de los "Llanos de San Martín" es hoy la importante diócesis de Villavicencio. En los pueblitos de la cordillera nació la actual Provincia monfortiana de Colombia.

En 1905 llegaron a Villavicencio las primeras Hermanas de la Sabiduría y tres nuevos misioneros: los PP. Juan María Turbellier, Antonio Arrieudarré y Pedro Barón. En 1906 el P. Gouriou, que, entre tanto, había participado en la frustrada fundación de Liberia, llegó también a Colombia, acompañado del P. Gabriel Capdeville.

En 1908 la Prefectura se convirtió en Vicariato Apostólico, con Monseñor Juan María Guiot, francés, como Vicario Apostólico. En 1939 recibió como obispo coadjutor a Monseñor Francisco Bruls, holandés, quien fue el primer obispo titular de Villavicencio en 1964.

 

 

 

Fracaso de una fundación en Liberia

 

El episodio de Liberia, en Africa Occidental, fue una historia breve y lamentable. El 11 de diciembre de 1903, se embarcaron para Liberia cuatro misioneros: Monseñor José Sarré, nombrado Prefecto Apostólico de Liberia, los PP. Juan Bautista Dupuy y Pedro Le Coff, y el Hno. Fermín. Desembarcaron en Monrovia el 24 de diciembre. No estaban preparados para afrontar un clima ecuatorial particularmente malsano, y el P. Le Coff murió exactamente 34 días después de su llegada, a los 27 años de edad. Esta primera prueba no logró desalentar a los otros, y en mayo recibieron el refuerzo del P. Alain Gouriou, ya conocido, y del P. Huberto Bovens, que fueron un precioso apoyo para el grupo, por sus buenas relaciones con el Cónsul de Holanda en Monrovia.

A finales de mayo, no pudiendo soportar más el clima, el P. Dupuy tomó el camino de regreso a Europa. A mediados de junio, todos los otros estaban igualmente muy enfermos : Monseñor Sarré, los PP. Gouriou y Bovens, y el Hno. Fermín. El P. Gouriou tenía formas propias de cuidarse, y con gusto daba sus recetas a los otros.

En julio decidieron ir a otra parte a curarse: el P. Gouriou y el Hno. Fermín retornaron a Romsey, y Monseñor Sarré se fue a las Canarias a descansar. Desde el 27 de julio volvió a Liberia, pero su estado de salud empeoró y casi de inmediato salió de nuevo para las  Canarias. Murió en el barco durante el viaje de Monrovia a las Canarias, el 5 de agosto. El P. Bovens, gracias al apoyo del Cónsul de Holanda, resistió más tiempo, pero el 17 de octubre se embarcó para Southampton. Con su partida, el proyecto de fundación de Liberia estaba definitivamente muerto.

 

La Primera Guerra Mundial: 1914-1918

 

La provincia de Francia estuvo particularmente implicada en la primera guerra mundial. En efecto, la ley francesa obligaba a los clérigos a cumplir el servicio militar, y en caso de guerra debían  combatir como los demás ciudadanos.

La República anticlerical había obligado a los Religiosos a expatriarse, pero les devolvía todo su aprecio, cuando se trataba se hacerse matar por la patria. La gran mayoría de los Religiosos franceses en edad de tomar las armas volvió a Francia y participó en la guerra. No tenemos estadísticas para decir cuántos Monfortianos combatieron durante la primera guerra mundial; sin embargo 16 de ellos perdieron la vida: 3 Padres, 8 Hermanos, 4 escolásticos y 1 novicio.

Los Religiosos que regresaron al país para la guerra se olvidaron de volver al extranjero cuando ésta terminó. En 1924 un gobierno algo sectario quiso poner de nuevo en vigor las medidas decretadas al principio del siglo contra ellos. Unánimemente, los Religiosos antiguos combatientes reclamaron su derecho de vivir en el suelo patrio que habían defendido arriesgando su vida. Apoyados por un fuerte movimiento de opinión y numerosas manifestaciones en su favor, proclamaron: "¡No partiremos!". Hubo desde entonces una tolerancia de hecho y un aplazamiento definitivo de las leyes antirreligiosas. A partir de 1919, los Monfortianos, como los demás Religiosos, restablecieron en Francia sus casas de formación, y las que habían establecido en Canadá, Holanda e Inglaterra continuaron funcionando con los religiosos autóctonos.

 

La misión del Vaupés, en Colombia

 

En los países no afectados por la primera guerra mundial, los Monfortianos continuaron trabajando sin interrupción: Haití, Shiré, Colombia. En este último país conviene mencionar la aventura de los Monfortianos que se internaron a llevar el Evangelio en plena Amazonia, hasta los confines del Brasil. Para llegar a esos lugares de difícil acceso, en que las fronteras internacionales eran un tanto imprecisas, el itinerario más fácil era bajar el río Magdalena hasta el mar Caribe, dar la vuelta por el Atlántico a Venezuela, las Guayanas y parte del Brasil, para remontar el Amazonas y sus afluentes.

Los PP. Pedro Barón y Huberto Damoiseaux emprendieron ese viaje el 28 de noviembre de 1913. El 15 de agosto de 1914 fundaron el primer centro de misión del Vaupés, y lo llamaron "Montfort-Papury", por el río que los llevó allí.

En el año 1915 se sitúan las proezas del P. Pedro Kok, de la Provincia de Holanda. Enviado al Vaupés, fue capaz de asimilar en un tiempo récord varias lenguas de los indígenas, y de poner a disposición de sus cohermanos gramáticas, diccionarios, catecismos, evangelios y libros de oraciones. Gracias a su genio, la misión tuvo desde el comienzo un desarrollo extraordinario. Los Monfortianos estuvieron en el Vaupés hasta 1950, cuando la misión fue confiada a los Misioneros Javerianos de Yarumal, instituto de fundación colombiana.

 

 

E. GENERALATO DEL P. RICHARD

 

Capítulo general de 1919

 

Por causa de la guerra el mandato del P. Lhoumeau tuvo que prolongarse hasta que se pudo reunir el capítulo general. La guerra terminó el 11 de noviembre de 1918, y se convocó el capítulo para el siguiente mes de abril . El 1° de mayo de 1919, fue elegido Superior General el P. Enrique Richard. Nacido en 1865 en Balazé, diócesis de Rennes, dirigió la Congregación durante los doce años del mandato que le fue otorgado, hasta 1931. Murió el 7 de marzo de 1941.

En ese capítulo se adoptó el nombre de "Monfortianos" para los miembros de la Compañía de María, designada oficialmente como "Societas Mariae Montfortana": S.M.M. Se trató del posible traslado de la casa general de San Lorenzo a Roma, pero el proyecto tuvo la oposición del mismo P. Lhoumeau y no obtuvo la mayoría de sufragios. Se expresó el deseo de una fundación en España, donde la práctica de la perfecta devoción a María según el espíritu del P. de Montfort estaba muy extendida...pero ese deseo no se llevó a cabo. Del 18 al 24 de septiembre de 1918 se había celebrado en Barcelona un congreso mariano sobre la Verdadera Devoción del P. de Montfort, sin participación de ningún Monfortiano.

 

Desarrollo de la Congregación

 

Al finalizar la primera guerra mundial, la Compañía de María iba a conocer un período de notable y rápido crecimiento. En junio de 1919, los PP. de San Lorenzo comenzaron a predicar retiros en la casa de San  Miguel, ubicada en la colina vecina a su propia residencia.

Con la nueva mentalidad creada por la guerra, que aplazaba la aplicación de las leyes establecidas al principio del siglo contra los Religiosos, la Provincia de Francia abrió un noviciado en Bressuire, en la diócesis de Poitiers, el 19 de septiembre de 1919. Después de la profesión de los primeros novicios de Bressuire, al año siguiente comenzó a funcionar un escolasticado en Pontchâteau.

En Italia se había iniciado una escuela apostólica en 1916, en la casa de Via Romagna, con ocasión del segundo centenario de la muerte del Fundador. Como el Colegio Internacional no recibía ya estudiantes a causa de la guerra, la escuela apostólica abrió sus puertas el 23 de octubre, con 7 alumnos y un profesorado improvisado. El superior era el P. Schiavi, que había entrado al noviciado en Holanda en 1908, y había hecho profesión al año siguiente. El capítulo de 1919 decidió trasladar a las afueras de Roma este establecimiento que comenzaba a tomar importancia. Al verano siguiente la escuela apostólica se trasladó a Redona, cerca de Bérgamo, al norte de Italia, donde las Hermanas de la Sabiduría tenían ya una casa. La Provincia de Canadá envió allí al P. Antonio Raymond, y la Provincia de Francia al P. Juan María Le Guévelo, cuyo papel fue muy importante en la historia del grupo monfortiano de Italia.

El 31 de diciembre de 1920 la Congregación contaba 547 miembros: 302 sacerdotes, 80 escolásticos y 165 Hermanos. En ese mismo año hubo 25 profesiones de clérigos y 13 de Hermanos.

En 1921 se celebró el cincuentenario de la misión de Haití. La Provincia de Francia trasladó el escolasticado a Celles-sur-Belle, diócesis de Portiers, y en noviembre del mismo año compró una antigua Abadía de Montfort del Meu,  que albergaría el escolasticado durante casi cincuenta años. En Pontchâteau la escuela apostólica comenzó de nuevo a recibir alumnos jóvenes que pasaban luego a Romsey para terminar allí sus estudios secundarios.

En 1921 igualmente, el Cardenal Mercier, arzobispo de Malines en Bélgica, autorizó a los Monfortianos a construir en Lovaina un santuario en honor de María Mediadora.

En 1925, hubo un capítulo general en el cual, por primera vez, la Provincia de los Países Bajos expresó el deseo de una cierta descentralización en la administración de la Congregación.

En 1926, diciembre 23, tuvo lugar la bendición de la escuela apostólica de Bay-Shore, en Estados Unidos.

En 1927, todos los alumnos franceses de la escuela apostólica de Romsey regresaron a Francia, y la escuela apostólica de Pontchâteau ofreció desde entonces el ciclo completo de estudios secundarios. La de Romsey siguió acogiendo a los jóvenes ingleses que pasaban luego a Francia para el noviciado y el escolasticado.

En el Este de Francia, a donde los llamó el obispo de Besanzón, los Monfortianos estaban presentes hacía varias décadas. En 1925 abrieron una escuela apostólica en Liesle, solamente con los primeros cursos de la secundaria, cuyos alumnos continuaban en Pontchâteau. Por la estrechez de los instalaciones, fue trasladada a Pelousey en 1934.

En Colombia, gracias al celo del P. Emilio Rivière, se puso en marcha un noviciado. Tras algunos años en Villavicencio, fue erigido en San Juanito, en plena cordillera de los Andes, el 24 de julio de 1925. Los que serían los primeros sacerdotes monfortianos de Colombia hicieron profesión el 25 de diciembre de 1928. Eran once y habían hecho su noviciado bajo la dirección del P. Francisco Savary.

En 1928, el P. Pablo Le Bihain, fue designado como primer obispo de Port-de-Paix, en Haití. Nacido en San Lifardo, diócesis de Nantes, en 1872, fue ordenado sacerdote en 1896. Misionero en Haití, había sido nombrado vicario general de Puerto Príncipe, y, como tal, había recibido el encargo de organizar la diócesis de Port-de-Paix, que existía canónicamente desde 1866. Murió en 1935 y le sucedió en 1936 el P. Alberto Guiot, nacido en Pontchâteau en 1896, y ordenado sacerdote en 1924. Era sobrino de Monseñor José María Guiot, Vicario Apostólico de los Llanos de San Martín, en Colombia.

 

Fundación de la misión de Mozambique

 

La  misión del Shiré, ya con veinte años de existencia, era particularmente próspera, cuando en 1922, dos franceses, los PP. Augusto Baslé y Alain Le Breton -futuro obispo de Tamatava, en Madagascar- emprendieron la extensión a Mozambique, país vecino. De Namuno, a 650 km de Nyassaland, al oriente de  Puerto  Amelia, escribían al  Superior General: "Saliendo de Nguludi el 2 de mayo, llegamos aquí a principios de julio, luego de recorrer a pie las tres cuartas partes del camino". Haciendo eco a un llamamiento del Papa Benedicto XV en favor de las misiones, los Monfortianos se ofrecieron, con ocasión de una audiencia pontificia, como voluntarios para aquella región abandonada. Como en la fundación del Shiré, a principios de siglo, habían olvidado el mandato necesario de la Congregación de Propaganda Fide, lo que ocasionó ciertos disgustos.

En septiembre de 1924, llegaron como refuerzo los PP. Martín y Morón, de la Provincia de Francia, y luego les sucedieron progresivamente los cohermanos de la Provincia de los Países Bajos. Ellos fundaron la diócesis de Pemba, en la provincia de Cabo Delgado, y la misión se desarrolló rápidamente. En los años cincuenta trabajaban allí 38 Padres y Hermanos. Más adelante trataremos de las enormes dificultades sufridas por esa misión a partir de 1975.

 

Capítulo de 1931

 

En el capítulo de 1931, se tomó cierto número de decisiones importantes. Fue también un capítulo de elección, y el 20 de abril fue elegido para suceder al P. Richard, el P. Enrique Huré.

El 25 del mismo abril el grupo monfortiano de Italia fue constituido en Viceprovincia, con el P. Garbottini como primer superior.

Ese día igualmente se modificó ligeramente la repartición de los territorios entre las tres provincias que habían sido creadas en 1905. Las fundaciones fuera de sus territorios dependían de la Curia general. Las casas de Inglaterra, pertenecientes hasta entonces a la Provincia de los Países Bajos, serían en adelante de la Provincia de Francia. Las de Estados Unidos seguían perteneciendo a la Provincia de Canadá.

El capítulo estudió igualmente los problemas de las misiones. Pidió una formación más avanzada para los misioneros, tanto Hermanos como Padres. El 29 de abril decidió unir algunos territorios de misión a las Provincias. Además de las misiones de Dinamarca e Islandia, la de Mozambique fue confiada a la Provincia holandesa. La de Vancouver siguió dependiendo de la Provincia de Canadá. Las de Haití, Shiré y Colombia, fueron constituidas en Vicariatos dependientes directamente del Consejo General. En los días siguientes, el capítulo estudió las repercusiones económicas y administrativas de la nueva organización.

Al final del mismo, se trató nuevamente el posible traslado de la casa general a Roma, pero sin más consecuencias que las del capítulo de 1919.

 

 

F. GENERALATO DEL P. HURÉ

 

El P. Enrique Huré nació en 1880. Entró a la Congregación luego de haber sido formado como ingeniero. Elegido el 20 de abril de 1931, dirigió la Congregación hasta su muerte, acaecida el 17 de junio de 1935.

Durante su corto mandato, los efectivos de la Congregación continuaron en aumento. A diciembre 31 de 1932, los miembros eran 866: 418 Padres, 239 Hermanos y 209 escolásticos. Las Provincia de Francia seguía siendo la más importante, con 371 miembros, y la de los Países Bajos llegaba ya a 268. La de Canadá contaba 142, y la Viceprovincia de Italia 51: 6 sacerdotes, 9 Hnos. y 37 escolásticos. El Vicariato de Colombia tenía 4 sacerdotes, 19 escolásticos y 11 Hnos., en total 34 miembros.

 

Fundación de la misión de Madagascar

 

Gracias a la mediación de los Vicarios Apostólicos de Fianarantsoa y de Tananarivo, en la isla de Madagascar, la Sagrada Congregación de "Propaganda Fide" ofreció a la Compañía de María la parte oriental de sus vicariatos respectivos. Los Monfortianos dieron su aceptación el 14 de mayo de 1932, y la nueva misión fue confiada a la Provincia de Francia, dado que Madagascar era a la sazón colonia francesa.

El 12 de abril de 1933, el P. José Martineau y el Hno. Bernardo se embarcaron en el puerto de Marsella. Los PP. Alain Le Breton y Juan Le Joly, misioneros en Mozambique, se unieron a ellos en Madagascar. El 23 de mayo escribía el P. Le Breton de Fainarantsoa al Superior General: "¡Hemos llegado y somos cuatro!". Tras algunos meses de estadía con los PP. jesuitas, en Fianarantsoa, para aprender la lengua, fueron a su distrito a instalarse en Vatomandry. Tomaron posesión el 8 de diciembre.

Desde el 2 de noviembre del mismo año, en Marsella se embarcaron para unirse a los anteriores cuatro nuevos misioneros: los P. Guiffant, Riou y Touzeau, y el Hno. Juan María. En marzo de 1934 había ya tres centros de misión: Mahanoro, con los PP. Le Breton, Touzeau, y el Hno. Juan María; Nosy-Varika, con los PP. Le Joly, Martineau, y el Hno. Bernardo, y Vatomandry, con los PP. Guiffant y Riou.

El 8 de diciembre de 1935, la misión fue erigida en Prefectura Apostólica, y el 25 de mayo 1939, en Vicariato Apostólico. El P. Le  Breton fue el primer Prefecto Apostólico de Vatomandry, luego Vicario Apostólico de Tamatava, y más tarde obispo.

 

Fundación de la misión del Congo Belga, posteriormente "Zaire"

 

La misión de Lomani, en el Vicariato Apostólico de Nueva Anveres, fue cedida a los Monfortianos por los Padres de Scheut el 27 de febrero de 1932, y la Sagrada Congregación de "Propaganda Fide" dio su aprobación el 23 de febrero siguiente. Como el país era entonces colonia belga, la misión fue confiada a los monfortianos de los Países Bajos. El 18 de junio de 1933, el P. Kuypers escribía: "Hemos llegado a Elisabetha al borde del río Congo, el 1° de marzo", y añadía: "esperamos refuerzo para tomar la gran escuela de la Fábrica Belga de Aceites aquí en Elisabetha".

En marzo de 1935 la misión comprendía dos centros: Lokutu -que era la estación de Aceites-, con los PP. Mathysen y Bemelmans; e Isangi: con los PP. Kuypers y Hoedemakers. La misión fue constituida Prefectura Apostólica el 14 de junio 1951, y el P. Luis Jansen fue nombrado Prefecto Apostólico de Isangi, y luego obispo en 1962.

Capítulo general de 1936

 

El P. Huré murió en pleno ejercicio de su mandato, el 17 de junio de 1935. En el ínterin administró la Congregación el P. Teófilo Ronsin, vicario general, y, en conformidad con las constituciones, convocó un capítulo general, en el cual él mismo fue elegido Superior General, el 23 de abril de 1936.

 

 

G. GENERALATO DEL P. RONSIN

 

El P. Teófilo Ronsin, nacido en 1871 en la diócesis de Vannes, presidió los destinos de la Congregación durante toda la segunda guerra mundial: 1939-1945, hasta 1947, año de la canonización del P. de Montfort. Murió cinco años más tarde, el 8 de marzo de 1952, a la edad de 80.

Al comenzar su mandato la Congregación acababa de superar el millar. Eran entonces 1010 Monfortianos: 446 Padres, 250 Hnos y 294 escolásticos. A pesar de la guerra, el crecimiento continuaría, y en 1947 la Compañía de María contaba 1273 miembros: 793 Padres, 269 Hnos y 211 escolásticos.

 

Fundación de la misión de Indonesia

 

Indonesia era en aquellos tiempos colonia holandesa. Hay que remontar hasta 1924 para encontrar el origen de un proyecto misionero monfortiano en ese país musulmán, en que los católicos, aunque muy minoritarios, son sin embargo muy numerosos a causa de la población del país que casi alcanza 200 millones, al final del siglo XX.

En 1924, pues, el Provincial de los Capuchinos holandeses ofreció al Provincial Monfortiano una parte de su territorio de misión, en la isla de Borneo. Por falta de personal, no fue posible aceptar, pero 12 años más tarde, en octubre de 1936, el Provincial de los Países Bajos pidió al P. Ronsin, Superior General, el permiso de abrir una misión en las "Indias Orientales Holandesas".

Monseñor van Valenberg, Capuchino, Vicario Apostólico de Pontianak, ofreció a los Monfortianos una parte de su diócesis, la que consideraba menos fácil. Para poder enviar más misioneros, el P. Mateo Hupperts, provincial de los Países Bajos, pidió a Roma el permiso de abandonar Mozambique: la situación política y eclesial eran extremamente difíciles, y el trabajo misionero se había hecho prácticamente imposible. El permiso fue negado, pues el Papa Pío XI esperaba mucho de la presencia de los extranjeros en Mozambique.

En diciembre de 1938 se firmó un contrato entre Monseñor van Valenberg y la Provincia de los Países Bajos. Los primeros misioneros monfortianos salieron para Indonesia el 15 de marzo de 1939. Eran: el P. Enrique L'Ortye, superior, el P. Juan Linssen y el Hno. Bruno. Debieron adaptarse a circunstancias difíciles: pobreza, dificultades de lenguas desconocidas, peligros de toda suerte en una naturaleza hostil, enfermedades tropicales... A la llegada de los misioneros en 1939, Indonesia era todavía colonia holandesa. En 1940 los Países Bajos fueron invadidos por los Alemanes, y el contacto con Indonesia se hizo imposible. En 1942 el país fue ocupado por los Japoneses, y los ciudadanos holandeses fueron internados en campos de concentración.

Entre tanto, el grupo había llegado a ser más numeroso: Los PP. José Wintraecken, Lamberto van Kessel: futuro obispo, y Pedro van Eunen habían sido nombrados para Indonesia. El último tuvo que aprender el Chino en Holanda y eso le ahorró el campo de concentración: partió para Borneo después de la guerra.

Cuando regresaron a su misión, luego de tres años y medio de ausencia, comenzaba la lucha por la independencia. Hubo gran derramamiento de sangre, hasta el nacimiento de una Indonesia libre en 1949. Para evitar ser expulsados del país como extranjeros indeseables, la mayor parte de los misioneros optaron por  la nacionalidad indonesia. La misión fue erigida en Prefectura Apostólica el 11 de marzo de 1948, y el P. van Kessel fue designado Prefecto Apostólico.


 

La Segunda Guerra Mundial: 1939-1945

 

Varios lugares de la Congregación fueron afectados por la segunda guerra mundial que duró de 1939 a 1945. Algunos Monfortianos fueron capellanes militares, en los ejércitos americano, canadiense, inglés o italiano. Para Francia, por el hecho de que los religiosos no estaban exentos del servicio militar, fue una página muy difícil: 40 Padres, 31 Hermanos, 35 escolásticos, 3 novicios clérigos y 2 novicios Hermanos fueron movilizados, lo que representaba alrededor del 10% de la Congregación. Hubo pocas víctimas entre ellos: solamente 1 Padre, 1 Hermano y 2 escolásticos, pero un gran número experimentaron el cautiverio, de 1940 a 1945.

A pesar de la guerra, fue posible celebrar el centenario del descubrimiento del Tratado de la Verdadera Devoción, en 1942. Se publicó una edición fotocopiada del manuscrito. El proceso de la canonización del P. de Montfort estaba terminado, pero no era posible, a causa de la guerra, proceder a la canonización. Para preparar el evento, el P. Luis Le Crom, de la Provincia de Francia, escribió una biografía del futuro santo, que sigue siendo un documento de obligada referencia.

El 10 de enero de 1940, previendo las posibles dificultades de comunicación, el Superior General había delegado los más amplios poderes posibles a los Superiores Provinciales. Tenía razón, ya que en junio Francia fue invadida por el ejército alemán.

Por varios años, algunos jóvenes de Gran Bretaña que habían hecho sus estudios secundarios en la escuela apostólica de Romsey, acudían a Francia para el noviciado y el escolasticado. Desde el 16 de junio, los que se encontraban en el escolasticado de Montfort-sur-Meu lograron embarcarse en San Maló para regresar a su país. Los que hacían el noviciado en Chézelles, en el centro de Francia, fueron menos afortunados. Partieron hacia el Occidente, y se detuvieron en San Lorenzo para tener la aprobación explícita de las autoridades de la Congregación.

El P. Francisco Le Texier, asistente general, francés nacionalizado canadiense, logró convencer al Consejo General de que era mejor hacerlos regresar al noviciado. Dieron marcha atrás y algunas semanas más tarde, a finales de julio, los soldados alemanes vinieron a capturarlos en Chézelles. Estuvieron prisioneros en San Dionisio, al norte de París, hasta 1944. ¡Qué ironía de la surete! ¡El P. Le Texier, súbdito de Su Majestad británica, fue internado con ellos y los acompañó durante esos cuatro años!

 

Fundación de la Viceprovincia de Inglaterra

 

Los escolásticos, vueltos a Inglaterra, se vieron obligados a organizarse por sí mismos, pues las comunicaciones con Francia se habían tornado imposibles. El P. Juan Luis Troadec, de la Provincia de Francia, se encontraba en Romsey y había sido delegado por el Superior General, "para todas las obras monfortianas de Inglaterra". Obtuvo de Roma un permiso especial, el 4 de febrero de 1941, gracias al cual el grupo podía funcionar "a modo de Provincia", con un consejo especial y bajo su dirección. Esta situación extraordinaria fue, sin embargo, breve, ya que el Consejo General de la Congregación pudo entrar en comunicación, y por fuerza de los acontecimientos erigió las casas de Inglaterra en Viceprovincia, el 6 de abril de 1941. El P. Pedro Ryan, profeso desde 1930, con algunos años de sacerdocio, y líder del grupo, fue su primer superior. Su mandato le fue renovado en 1948.

 

Proyecto en Portugal

 

Por la guerra era difícil lanzar nuevas fundaciones. Sin embargo, en la sesión del Consejo general del 10 de septiembre de 1943, se expresó el deseo de recibir en la Congregación aspirantes portugueses.

Para preparar misioneros para Mozambique, los monfortianos holandeses habían abierto una casa en Amadora-Portugal, en 1936. Era un punto de apoyo para el aprendizaje de la lengua. El deseo del Consejo General no tuvo efecto, dado que la casa no había sido erigida canónicamente, y habrá que esperar aún varios años antes de acoger las vocaciones portuguesas. Se intentará nuevamente en 1946, pero aún sin resultados.

 

Capítulo General de 1947

 

Del 16 de abril al 8 de mayo se celebró en San Lorenzo el capítulo en el cual fue elegido, no sin dificultades, el sucesor del P. Ronsin. En efecto, los monfortianos de la dinámica Provincia de los Países Bajos orientaban la opción hacía uno de lo suyos, mientras que la Provincia de Francia tenía todavía bastante influencia para elegir un francés. El P. Alejandro Josselin fue elegido Superior General el 17 de abril. Había sido prisionero de guerra en 1940, liberado en 1942 y designado superior de la Provincia de Francia. Elegido por 12 años, moriría en un accidente durante el ejercicio de su mandato, el 1° de octubre de 1957.

 

 

 

H. GENERALATO DEL P. JOSSELIN

 

El generalato del P. Josselin está marcado por la canonización del P. de Montfort, el 20 de julio de 1947, y el traslado a Roma de la casa general, en 1950. En el momento de su elección la Congregación contaba 793 Padres, 269 Hermanos y 211 escolásticos: 1273 miembros en total. Bajo su mandato el ritmo de crecimiento continuó muy elevado, hasta el punto de que en el momento del capítulo que eligió al sucesor, los Monfortianos eran 1670, lo que significa un aumento del 25%. Sin embargo no hubo nuevas fundaciones notables, salvo un modesto comienzo en Alemania y en la península ibérica: Portugal y España.

Respondiendo un día a los escolásticos de la Provincia de Francia, que le pedían trasladar el curso de liturgia que se daba los Domingos, el Superior General escribió lacónicamente. "Que no se renueve nada: hágase lo que es tradicional". Esta respuesta describe admirablemente su extrema prudencia: se  preocupaba más por la fidelidad al pasado que por la innovación  del futuro.

 

Canonización del P. de Montfort

 

El proceso de canonización del Fundador, retardado por la guerra, llegó finalmente a su cumplimiento. El Papa Pío XII proclamó Santo a Luis María Grignion de Montfort, el 20 de julio de 1947.

Hubo celebraciones grandiosas en diversos lugares: en Montfort del Meu del 29 al 31 de agosto; en San Lorenzo del 12 al 14 de septiembre; en Schimmert el 8, 10, 12 y 14 de septiembre; en  Romsey del 19 al 21 de septiembre; en Redona el 19 y 22 de septiembre; en Ottawa del 5 al 7 de octubre y también en otros lugares menos notables. La última celebración tuvo lugar en el Calvario de Pontchâteau, del 10 al 13 de junio 1948, presidida por Monseñor Angelo Roncalli, entonces Nuncio en París y futuro Papa Juan XXIII. El Domingo 13 de junio había allí más de 150.000 peregrinos.

 

Fundación en Alemania

 

Al final de la guerra, la Provincia de Holanda era la más dinámica de la Congregación. Tenía a su cargo Dinamarca, Islandia, Mozambique, Congo Belga y Borneo.

En 1947 el P. Friederichs se establecía en Hehn, Alemania,. cerca de la frontera holandesa. Con el acuerdo del obispo de Aquisgrán y un pequeño grupo de alumnos, comenzó el 18 de septiembre un embrión de escuela apostólica. En 1950 se presentaron cuatro antiguos soldados que pedían admisión en la Congregación. Entonces, la Provincia de Holanda para acogerlos, compró una casa en Rheydt, que es, por así decirlo, la "casa madre" de la que sería la Provincia de Alemania. Esta casa funcionó como internado hasta 1975, para los jóvenes que seguían los cursos del "Gimnasio" de Rheydt.

La segunda comunidad fue la parroquia de Santa Isabel, en Bonn, capital de Alemania hasta la reunificación del país. Los Monfortianos querían establecer en Bonn una Procuraduría y el obispo de Colonia les ofreció esa parroquia.

 

Vida de la Congregación

 

El 31 de julio de 1948, las casas de los estados Unidos fueron desligadas de la Provincia de Canadá y erigidas en Viceprovincia.

Durante el mismo año, los Monfortianos de los Países Bajos abrieron una casa en Salzburgo, Austria.

En el verano de 1950, la casa general emprendió el traslado de San Lorenzo a Roma. La idea había sido debatida varias veces desde el capítulo de 1919, pero solamente el 18 de agosto de 1950 comenzó a funcionar en Roma la casa general, en la calle que más tarde, gracias a la influencia de un Hermano monfortiano ante la municipalidad romana, se convirtió en la "Calle de los Monfortianos".

En 1950 los misioneros de Colombia abandonaron el Vaupés, como se dijo antes. Comenzaron entonces a explorar el Vichada al Oriente del departamento del Meta cuya capital es Villavicencio. La misión del Vichada fue constituida Prefectura Apostólica en 1956 y el primer Prefecto fue el P. Emiliano Pied, un francés. A su muerte en 1962, le sucedió el P. Alfonso Kuypers, holandés, y, a partir de 1969 los siguientes fueron todos colombianos: Lucreciano Onofre, José Aurelio Rozo y José Alberto Rozo, con el P. Theo Weijnen como Proprefecto encargado entre 1974 y 1977.

El 14 de junio de 1951, fue creada la Prefectura Apostólica de Isangi, en el Congo Belga, hoy Zaire.


 

En 1953 el Consejo General confió a la Provincia de Francia el encargo de fundar la Congregación en España. Fue enviado allí un primer monfortiano que residió durante casi un año en Barcelona, en una casa de los Padres Claretianos, antes de establecerse en Madrid, donde se fundó la primera casa. con el P. Andrés Gaudiche como superior, en el verano 1954. En 1957, bajo la inspiración del P. Andrés Blanloeil, comenzó a funcionar una pequeña escuela apostólica, que en 1965 fue trasladada fuera de Madrid a Loeches, instalada en edificio propio construido por el P. Miguel Bertrand. Interesante  anotar: en España y en español se realizó la primera publicación completa de los escritos del P. de Montfort, bajo el impulso del P. jesuita Nazario Pérez, director espiritual en la Universidad de Comillas, donde se formaba la élite del clero español. El libro acababa de aparecer cuando los Monfortianos pisaron tierra española.

El 29 de septiembre de 1952 se abrió una escuela apostólica en Quinta da Olaia, Portugal. El 31 de enero de 1955, el Consejo General aprobó su traslado a Fátima, que se realizó a principios del nuevo año escolar.

 

Apostolado de los Monfortianos

 

Durante el período que va de 1947 a 1958, los Monfortianos cumplían concienzudamente sus tareas en todas las partes donde se encontraban. Aunque en numerosos sitios permanecían literalmente fieles a la tradición monfortiana con la misión parroquial -en Francia particularmente donde la misión se dirigía a conjuntos cada vez más vastos, como sectores rurales o ciudades enteras, en colaboración con otras Congregaciones, y también en Canadá, Italia, Holanda y Bélgica- hay que reconocer que en razón de la dispersión geográfica y la adaptación necesaria a las condiciones locales, las actividades de los miembros de la Compañía de María tendían a diversificarse. Una Provincia como la de los Países Bajos estaba enteramente orientada a la misión "ad gentes". Por lo demás, la multiplicidad de escuelas apostólicas, noviciados y escolasticados, movilizaba un número importante de sacerdotes para la formación. A nivel de escolasticados particularmente, la preparación necesaria para la enseñanza conllevaba una formación intelectual más esmerada. Por ello, la Congregación contaba con cierto número de teólogos calificados y de especialistas en mariología.

Hay que mencionar la importancia adquirida por el apostolado de los medios escritos. Algunos Monfortianos escribían libros, pero la producción era importante sobre todo en el dominio de las revistas. Las revistas fundadas al principio del siglo seguían en marcha: "El Reino de Jesús por María" y la "Revista de los Sacerdotes de María", en Francia; "El Mensajero de María, Reina de los Corazones", en Canadá; "Reina de los Corazones" se había convertido en "Madre y Reina", en Italia.

Habían nacido otras que conviene mencionar:

* En Holanda: "De standaard van María", en Berg-en-Dal, "Middelares en Koningin", en Lovaina, con edición en francés para Bélgica: "Médiatrice et Reine"; "Im Dienste der Königin", en Salzburgo, para los lectores de lengua alemana.

* En Estados Unidos: "Queen of All Hearts", en Bay Shore.

* En Inglaterra: "Queen and Mother", en Liverpool.

* En Colombia: "El Heraldo de la Reina", en Bogotá.


 

Además, un cierto número de boletines trataban de interesar a sus lectores en la espiritualidad y misión de los Monfortianos: "Le Petit missionnaire", en Francia, más tarde: "Jeunesse Montfortaine"; "De Flambouw", en Holanda; "Montfort", en Canadá; "Nazareth Monfortana" y "L'Apostolino di María", en Italia; "The Acolyte", en Estados Unidos.

Es bueno subrayar que, cincuenta años más tarde, "L'Apostolino di Maria", convertido en la revista de las misiones de los monfortianos italianos con el título de "L'Apostolo di Maria", alcanzará una gran prosperidad. Los otros boletines dejarían de existir, mientras Canadá crearía una revista misionera titulada "Les nôtres", y Francia tendría el Boletín de la Fundación Roger Riou, misionero monfortiano en Haití, donde con la ayuda colaboradores generosos, fundó un hospital en la Isla de la Tortuga.

 

Muerte del P. Josselin

 

En octubre de 1957 se celebraría en San Lorenzo el capítulo general de las Hermanas de la Sabiduría. Según la tradición, el superior general de los Monfortianos era también superior general de las Hermanas, con derecho de intervención, y no podía faltar al capítulo.

Viniendo de Nantes, se dirigía a San Lorenzo, el 1° de octubre. A la salida de la ciudad se había detenido a saludar a las Hermanas en una de sus casas. Atravesando en seguida la calle, fue atropellado por un motociclista. Murió algunas horas más tarde, a los 56 años. Le faltaban aún dos años para completar su mandato.

Por diversas razones no fue posible reunir el capítulo general antes de abril del año siguiente. Aseguró la interinidad el P. León María Fournier, Vicario General, de la Provincia de Canadá.

 

 

I. GENERALATO DEL P. HEILIGERS

 

Capítulo de 1958

 

El capítulo general, celebrado en Roma, en la casa general, comenzó el 17 de abril y terminó el 8 de mayo. Las ideas que afrontaría años más tarde el Concilio Vaticano II, ya estaban actuando en la Iglesia. Entre los partidarios de una evolución que estimaban urgente, y los que sostenían una tradición que juzgaban inmutable, no era fácil encontrar un compromiso. Estas dos tendencias estaban presentes en el capitulo general monfortiano y parece que haya prevalecido la audacia de los que aspiraban al cambio. Así fue elegido como Superior General el P. Cornelio Heiligers, de la Provincia de los Países Bajos. Tenía 51 años e iba a dirigir la Congregación hasta el capítulo de 1969. Murió en Roma durante el capitulo general de 1975, al cual asistió por derecho, como antiguo superior general.

 

El Concilio Vaticano II

 

El mandato del P. Heiligers está marcado por el acontecimiento del Concilio Vaticano II, desarrollado entre 1962 y 1965. El mismo participó como Padre conciliar a título de superior de una Congregación religiosa con más de mil sacerdotes. Trece obispos monfortianos fueron también Padres conciliares, sin que todos hayan participado a todas las sesiones: Monseñor Alán Le Bretón, obispo emérito de Tamatava en Madagascar, fallecido en 1964; Mons. julio Puset, obispo en función de la misma sede; Mons. Francisco Bruls, Vicario Apostólico de Villavicencio, Colombia, y su auxiliar Mons. Gregorio Garavito; Mons. Alberto Guiot, obispo de Port-de-Paix, Haití; Mons. Remigio Augustin, obispo auxiliar de Puerto Príncipe, Haití; Mons. Luis Jansen, obispo de Isangí, Congo; Mons. Juan Gunnarsson, Vicario Apostólico de Reykjavik, Islandia; Mons. Juan Bautista Theunissen, arzobispo de Blantyre, Malawi; Mons,. Laurencio Hardman, obispo de Zomba, Malawi; Mons. Lamberto van Kessel, obispo de Sintang, Indonesia; Mons. Gerardo Deschamps, Prefecto Apostólico de Darú, Papúa y Mons. Vroemen, obispo de Chikwawa, Malawi, que fue ordenado obispo en 1965 y sólo participó en la última sesión. Mons. Alfonso Kuypers, Prefecto Apostólico del Vichada, Colombia. no asistió a ninguna sesión. El P. Elio Gambari de la Provincia italiana, fue experto del Concilio para los Religiosos.

Los mimebros de la Congregación continuaron en aumento, pero a un ritmo cada vez más lento hasta alcanzar la cima en 1966, cuando comenzó la disminución poco sensible en 1968, pero muy severa en los años siguientes. De 1958 a 1966, la Congregación pasó de 1670 a 1970 miembros: el aumento fue pues del 12%. En 1968 aún había 1932 Monfortianos; pero ya no eran más que 1480 en 1975, es decir, cerca del 25% menos que en 1966. Esta recesión será analizada en el capítulo siguiente.

 

Reconciliación con los Hermanos de San Gabriel

 

Una querella histórica sobre los orígenes de los Hermanos de San Gabriel contaminó las relaciones entre su Congregación y la Compañía de María, desde finales del último siglo. En su circular del 3 de mayo de 1888, solamente algunos meses después de la beatificación del P. de Montfort, el Hno. Huberto María, Superior general, hablaba aún del P. Deshayes como de "nuestro venerado Padre y Fundador", y mencionaba al Beato de Montfort "a quien nos agrada llamar también nuestro Padre". Un mes más tarde, en su capítulo general, los Hnos. decidieron por 27 de 29 votos, considerar al Beato Grignion  de Montfort como su fundador, y se consideraban sucesores del Hno Maturino, quien además de su ayuda a los misioneros, había sido también maestro de escuela. Los Padres de la Compañía de María rechazaban esa filiación directa. Para ellos los sucesores del Hno. Maturino eran los Hermanos coadjutores -como se les llamaba- de la Compañía de María, mientras que los Hnos. de San Gabriel debían su existencia al P. Gabriel Deshayes.

La polémica llegó al paroxismo en el momento de la Canonización del P. de Montfort, en 1947. De hecho, la Comisión de historia del Vaticano debía definir el debate antes que el Papa procediera a la canonización, y ella se pronunció a favor de la tesis sostenida por los Padres de la Compañía de María. Eso fue para los Hermanos un gran sufrimiento y se vieron marginados de las fiestas que tuvieron lugar con ocasión de la canonización, particularmente en San Lorenzo. Los años siguientes las relaciones entre las dos Congregaciones carecían de calor recíproco.

El problema se sentía de modo particular en la Provincia de Francia. También el P. Heiligers, como holandés, lo veía de manera totalmente desapasionada, y deseaba sinceramente tener relaciones normales, es decir cordiales, con los Hnos. de San Gabriel. Gracias a él, fue posible serenar el debate de ambas partes y establecer el diálogo. Participaron algunos especialistas, entre los cuales hay que nombrar al P. Luis Pérouas, historiador profesional, de la Provincia de Francia.

 

Vida de la Congregación

 

La vitalidad de la Congregación que veía crecer el número de sus miembros empujaba a nuevas fundaciones. La Provincia de Canadá tenía a su cargo la misión de Vancouver y también enviaba misioneros a Malawi y Haití. En 1959, después de 56 años de presencia monfortiana, dejó Vancouver a los Oblatos de María Inmaculada y encontró un nuevo territorio de misión. Ya el 7 de agosto de 1958 el P. Edmundo Lausier partía para Darú, en Papúa, donde los misioneros del Sagrado Corazón de Issoudun estaban dispuestos a ceder una parte del territorio que tenían a su cargo. Los habitantes de esos lugares vivían aún en estado prehistórico, y la Provincia de Canadá puso en acción importantes medios para equipar la misión y poder visitar los rincones más inaccesibles, donde las vías fluviales eran los únicos medios de acceso a la mayor parte de los sitios. La misión fue equipada con embarcaciones y avionetas. La Provincia envió suficiente personal para hacer frente a las necesidades. Entre los pioneros hay que mencionar al P. Gerardo Deschamps, que asumiría las funciones de Prefecto Apostólico en 1961, y de obispo, en 1966.

El 12 de julio de 1960, el Superior General erigió la Viceprovincia de Gran Bretaña/Irlanda. Así mismo, Italia fue constituida Provincia el 16 de septiembre del mismo año. El 5 de mayo siguiente tocó el turno a Estados Unidos, y el 23 de junio a Colombia.

En 1961 el P. Pascual Buondonno, partió para el Perú con el fin de implantar allí la Compañía de María. Tras un comienzo difícil, los Padres italianos enviados allí en los años siguientes tuvieron la alegría de acoger las primeras vocaciones peruanas.

En 1962 el Superior General aceptó que la Congregación se encargara del santuario de Efeso, en Turquía. Para facilitar la acogida de los peregrinos que llegan de todas partes del mundo cristiano, se constituyó una comunidad internacional: un francés, el P. Francisco Le Roux, superior del equipo, un americano, el P. Francisco Allen, y un italiano, el P. José Rum. En 1963 se sumó a ellos el P. Huberto Pocock, canadiense. Esta fundación duró solamente cinco años por dificultades insuperables que obligaron a los Monfortianos a abandonar el lugar.

En 1966 fueron erigidas en Viceprovincias Haití, el 1° de febrero, y Bélgica, el 11 de junio.

El gobierno del P. Heiligers coincidió con el período de descolonización de Africa. En las antiguas colonias inglesas, como el actual Malawi, gracias al pragmatismo británico, o en las colonias francesas, como Madagascar, por la clarividencia del Presidente de la República francesa, el General de Gaulle, la transición se pudo hacer sin daños graves. Desafortunadamente no en todas partes fue lo mismo.

 

Sufrimientos en el Congo belga: Zaire


 

 

El año 1960 marcó el fin de la colonización belga. Bajo el control del partido de Lumumba, la provincia oriental se declaró independiente, luego el país entero alcanzó la independencia. Reinaba en él un clima de violencia entre facciones rivales, y de resentimiento frente a los colonizadores. En la noche del 2 al 3 de junio de 1961, los Blancos tuvieron que refugiarse en Isangí y en Stanleyville, y la calma sólo retornó en septiembre.

En 1964 empeoró la situación. El 10 de noviembre el Hno. Clemente, Cornelio Vennix, murió víctima de malos tratos, en Basoko. Tenía 63 años. Algunos días más tarde, el 19 de noviembre, en Isangí fue asesinado el P. Leonardo Ammerlaan, de 32 años. Un grupo importante de Padres y Hermanos pudieron ser evacuados a Stenleyville, y luego a Léopoldville, para de allí partir Europa.

El Mariscal Mobutu llegó a la presidencia de la República, y en 1967 la situación había mejorado considerablemente. En 1971 el país cambió su nombre por Zaire.

 

Sufrimientos en Mozambique

 

Disturbios similares tuvieron lugar en Mozambique frente a los colonizadores portugueses, y de rebote a los europeos. El 24 de agosto de 1964, fue asesinado el P. Daniel Boormans, de la Provincia de los Países Bajos, de 32 años.

El 25 de junio de 1975, el país alcanzó su independencia, y el FRELIMO (Frente de Liberación de Mozambique), instauró un régimen marxista leninista. A partir de julio siguiente, todas las construcciones y todos los bienes de la misión fueron nacionalizados. La situación de los misioneros se hizo extremamente precaria. Expulsados de su misión se vieron obligados a dedicarse al trabajo que les imponía el Estado, principalmente a la enseñanza.

Los misioneros monfortianos eran más de treinta. En la imposibilidad de cumplir su misión pastoral, varios regresaron a Holanda y en seguida se fueron al Brasil; otros pasaron a Malawi. Solamente permanecieron tres: Los PP. Pedro Hijnen, fallecido en 1986, Hans Bruininks y Dick Koolloos. Vivieron varios años en condiciones extremamente penosas, en verdad heroicas. Cuando fueron autorizados a regresar a su misión en 1981, tuvieron que afrontar innumerables dificultades, y ejercieron su apostolado hasta nuestros días en la parroquia de Montepuez, con 65 puestos de misión.

La relación entre Iglesia y Estado comenzó a mejorar solamente en 1988, después de la visita del Papa Juan Pablo II. Los bienes confiscados en 1975 fueron restituidos, y renació para la Iglesia la esperanza.

 

Dificultades en Haití

 

Monseñor Remigio Augustin fue el primer obispo autóctono de Haití. Nació en Pétionville en 1910 y fue ordenado sacerdote para la diócesis de Puerto Príncipe en 1933. Se hizo monfortiano en 1947, luego de haber hecho su noviciado en Celles-sur-Belle, Francia, y trabajó enseguida en la diócesis de Port-de-Paix como misionero diocesano y director de las obras misioneras. Fue nombrado obispo auxiliar de Puerto Príncipe en abril 1953 y recibió la ordenación episcopal el 31 de mayo del mismo año.

En 1961 fue expulsado de su país por el Presidente Francisco Duvalier, y vivió varios años de exilio en Europa, particularmente en España, donde tuvo su residencia entre las sesiones del  Concilio Vaticano II. En 1966 volvió a su país con el título de obispo coadjutor de Port-de-Paix, donde fue administrador apóstolico en 1971, y obispo titular en 1978. Renunció en 1982 y murió al año siguiente en Puerto Príncipe.

 

Capítulo general de 1964

 

Se ha calificado éste como un "capítulo de negocios", o asuntos generales. Efectivamente, no se trataba de elegir un superior general, ya que su mandato era de 12 años. Solamente los asistentes generales, elegidos para seis años, habían llegado al final de su mandato, y el capítulo debía por tanto proceder a la elección de un nuevo Consejo General.

El capítulo duró del 5 al 16 de junio. Se trabajó intensamente en la preparación del  capítulo especial, que debía revisar las Constituciones, según las orientaciones del Concilio Vaticano II, aún no terminado. Se crearon varias comisiones. La más importante era la que debía estudiar y revisar las Constituciones. Iba a reunirse varias veces y a producir un enorme trabajo, cuyos resultados serían sometidos a los capitulares de 1969. El Concilio había pedido a los Religiosos redescubrir el carisma de su Fundador y adaptarse al mundo actual. Los documentos del Papa Pablo VI: Perfectae caritatis de 1965, y Ecclesiae Sanctae de 1966, daban normas para ello.

Otra comisión debía preparar la publicación de las Obras Completas del Fundador -que serían editadas en 1966, con ocasión del 250° aniversario de la muerte del Fundador. Una tercera tenía que precisar la espiritualidad monfortiana.

 

Fundación en Brasil

 

Con el fin de responder al llamado en favor de América Latina, hecho por el Papa Juan XXIII, el P. Heiligers pidió a los cohermanos de la Provincia de los Países Bajos considerar la realización de una fundación en Brasil. En 1967 los PP. Francisco Knibbeler y Guillermo Kuypers -este último antes misionero en Zaire y Mozambique- partieron para las diócesis de San Pablo y Lins. Más tarde se unieron a ellos varios de sus cohermanos de Mozambique, que por los acontecimientos que golpearon su misión, se habían visto obligados a regresar a la Provincia.

 

Fundación en Argentina

 

Durante las sesiones conciliares en las cuales participó, el P. Heiligers encontró algunos obispos de América Latina, y fue sensible a sus peticiones de ayuda sacerdotal. Para responder a una de ellas se decidió la fundación de Argentina. Fue confiada a la Provincia de Francia, en un momento en que la misión itinerante, principal ocupación de los monfortianos franceses, entraba en crisis.

El P. Jorge Chantrel llegó a Buenos Aires como explorador el 5 de mayo de 1966, y lo siguieron otros tres misioneros el 26 de junio. Todos tenían larga experiencia en la misión itinerante, y el P. Chantrel, superior del equipo, veía la aceptación de una parroquia como un punto de apoyo necesario para una irradiación más amplia. La implantación monfortiana se realizó en la diócesis de Lomas de Zamora, en el gran Buenos Aires.

En Argentina, como en Francia, las misiones parroquiales presentaban señales de ocaso, y los dos monfortianos a ellas destinados tuvieron que contentarse con colaborar en la pastoral parroquial y predicar retiros. En 1980 fue posible recomenzar las misiones populares, en colaboración con los Redentoristas, pero lo esencial del apostolado monfortiano en Argentina ha sido la parroquia en las zonas más pobres de la periferia capitalina.

 

 

 

 

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CAPITULO VI - HACIA UN NUEVO EQUILIBRIO

 

A. CONTINUACION DEL GENERALATO DEL P. HEILIGERS

 

Con el paso del tiempo, se puede ver que 1966 fue un año axial en la Historia de nuestra Congregación. La magnífica curva ascendente que describe la progresión de sus miembros por espacio de un siglo, y que tiene su mayor importancia en el período que va de 1925 a 1958, se invierte de repente en 1966: ¡¡el "pequeño rebaño" deseado por el P. de Montfort no llegará a los 2000 miembros!! Faltaron simplemente treinta. La caída de personal aún no era alarmante en 1968, pero fue brutal en los 7 años siguientes (Ver gráficas al fin del libro. De 1966 a 1975, ¡la compañía de María perdió la cuarta parte de sus miembros! La categoría más afectada fue la de los escolásticos: de 260 en 1968, pasaron a sólo 62 en 1975.

Nuestra Congregación fue duramente golpeada, pero no fue una crisis exclusivamente propia: afectó a la Iglesia entera. Las otras Congregaciones han conocido problemas similares, e igualmente las diócesis. Numerosos religiosos y sacerdotes abandonaron sus compromisos, y los candidatos a la vida sacerdotal o religiosa ya no fueron sino un puñado.

En lo concerniente a la Compañía de María, durante la década 1970-1980 varias Provincias  cerraron sus noviciados y escolasticados por falta de candidatos. Así sucedió en Francia, Bélgica, Holanda y Canadá. Soluciones más o menos afortunadas fueron improvisadas para los candidatos excepcionales que pudieran presentarse en una u otra parte. Aún en los lugares donde siempre ha habido escolásticos, como Italia, el tradicional escolasticado monfortiano, con profesores exclusivamente de la Congregación, ha desaparecido completamente en todas partes. De las escuelas apostólicas que trataron de subsistir, como en Italia y Portugal, salen cada vez menos novicios.

¿Qué ha pasado?

 

Cambios culturales

 

Es difícil analizar en pocas líneas un fenómeno extremamente complejo, que afectó de manera particular a los países del hemisferio norte. Una fuerte borrasca sopló sobre la Iglesia, que por su encarnación en las realidades humanas, no podía evitar la sacudida de lo que se puede llamar un verdadero cambio cultural. Exceptuando las violencias callejeras que afectaron a Francia durante todo el mes de mayo de 1968, hay que decir que fue una revolución cultural no violenta, y sin embargo, extremamente profunda.

En los países ricos del hemisferio norte, una juventud levantada en la abundancia material acusa a la sociedad que le impone sus normas. Un  slogan escrito en los muros de la Universidad de la Sorbona, en París, en mayo 1968, revela el estado de ánimo subyacente a las reivindicaciones: "Se prohíbe prohibir". Si se analiza esta mentalidad nueva, se pueden descubrir algunos elementos principales:

* Rechazo de toda autoridad, considerada como un obstáculo al completo desarrollo personal. Muchos de esos jóvenes rebeldes de 1968 serían luego pobres educadores, incapaces de ofrecer los más elementales puntos de referencia para orientar en la vida a sus hijos o a sus alumnos.

 

* Reivindicación salvaje de una libertad sin freno, en todos los dominios. Se instaló un amoralismo, convertido en pura amoralidad, en realidad inmoralidad, en el dominio de lo sexual.

* Reserva extrema frente a un compromiso a largo plazo. En un mundo en rápida y constante evolución, se hizo cada vez más difícil un compromiso de vida.

No es necesario hacer notar que mentalidad semejante concuerda muy poco con las exigencias de una vida religiosa o sacerdotal. Sin embargo se pueden resaltar en esta mentalidad nueva, aspectos positivos dignos de notar:

* Hay una innegable valoración de la persona como tal, que no debe ser sacrificada a las exigencias ciegas de una sociedad materialista.

* Hay también un agudo sentido del universalismo, más allá de toda suerte de fronteras, que lleva a rechazar categóricamente el racismo o la guerra.

* Hay finalmente, un deseo sincero de fraternidad universal, con un sentido real de compartir.

La Iglesia, en esos años de reivindicación de libertad, vivía el pos-concilio. Solidaria con el mundo en que vive, no podía dejar de ser marcada por la nueva mentalidad. Más allá de los cuestionamientos necesarios planteados por el Concilio, ciertos teólogos o sacerdotes influyentes llegaron a posiciones incompatibles con la fidelidad a la Iglesia. Las defecciones sacerdotales y religiosas fueron numerosas: los millares de "reducciones al estado laical" firmadas por el Papa Pablo VI fueron para él una prueba  demasiado pesada. Hay que decir, con todo, que el ambiente del tiempo favorecía la clarificación de ciertas vocaciones, que, en regiones de intensa práctica religiosa, eran más fruto de la presión social o familiar que de la libre opción personal.

 

Capítulo general especial de 1969

 

Sobre el telón de fondo descrito se desarrolló el capítulo especial de 1969. Fue consagrado enteramente a la revisión de las Constituciones, de acuerdo con las decisiones conciliares, a partir de los trabajos de la comisión creada en el capítulo de 1964. Este capítulo especial fue realmente largo y se desarrolló en dos sesiones: la primera en Roma, del 17 de febrero al 2 de abril, y la segunda en Rotselaar, Bélgica, dos años despúes, del 6 al 29 de julio 1971. La revisión de las Constituciones terminó en la Regla de Vida: "Montfortain aujourd'hui". La primera redacción apareció en 1971. Fue retocada en 1975, luego en 1984 y finalmente en 1994. Por lo demás, sólo se trataba de modificaciones menores.

No fue un capítulo fácil. En el ambiente del pos-concilio estaba muy lejana la "mens communis". Efectivamente, las novedades más o menos legítimas que florecían en la Iglesia de entonces, no dejaban de inquietar a algunos capitulares muy apegados a las tradiciones del pasado. Otros, al contrario, delegados por Provincias en las cuales las ideas nuevas comenzaban a causar estragos, tendían a exigir reformas más o menos aceptables.

En la primera sesión, después de un mes de capítulo, se procedió a la elección de un nuevo superior general. En efecto, el P. Heiligers, cuyo mandato terminaba normalmente en 1970, había presentado renuncia. Los electores acabaron poniéndose de acuerdo en favor del P. Marcelo Gendrot. Tenía 48 años cuando fue elegido, el 19 de marzo de 1969.

En consonancia con los tiempos, había una aspiración muy fuerte de mayor autonomía de las Provincias y un deseo de participación en las decisiones de la Curia general. Tal deseo se tradujo en  práctica por la instauración del Consejo General Extraordinario, compuesto por los Superiores de las Provincias. El Superior General debía convocarlo al menos una vez cada dos años. Los encuentros con frecuencia han tenido lugar fuera de Roma: en Estados Unidos, en 1970 y 1976, y en Canadá, en 1973.

 

 

B. GENERALATO DEL P. GENDROT

 

Según las normas de las Constituciones, posteriores a la revisión del capítulo especial, el P. Marcelo Gendrot fue elegido para un mandato de sólo seis años. Nacido en la diócesis de Rennes el 13 de junio de 1921, había pasado largos años en Roma. Había sido Procurador general y asistente general. Era bien conocido por toda la Congregación, pero tuvo que buscar acuerdos con la nueva mentalidad, que entendía su papel como de animador y no de superior cuyas órdenes había que ejecutar.

Según la tradición que remonta a los principios de la Congregación, él era también Superior General de la Congregación de las Hijas de la Sabiduría. Les consagraría una buena parte de su tiempo, como sus predecesores, pero la nueva mentalidad hacía su curso igualmente entre las Hermanas, y se acercaban los tiempos en que ellas cuestionarían la intervención del superior de la Compañía de María en sus propios asuntos.

En la década de los años sesenta, cambió la escala del mundo, y la "aldea planetaria", empezó a ser realidad. El transporte aéreo con el advenimiento del jet se volvió veloz y dejó de ser privilegio de los ricos. Habían pasado los tiempos de los misioneros que pasaban viajando semanas enteras para llegar a sus territorios. El superior general, respondiendo a su papel de animador que la Congregación esperaba de él, se convirtió en un gran viajero. El P. Gendrot fue el primer superior general que visitó a todos los Monfortianos en sus sitios de trabajo, aún en los lugares más apartados y de difícil acceso.

A pesar del rápido descenso de personal, el P. Gendrot conservó el optimismo y no dudó en lanzar a la Congregación a nuevas fundaciones. Los Monfortianos se iban a dispersar por el mundo, pero tal dispersión estaría compensada por las facilidades de comunicación, y, como las vocaciones en el hemisferio norte eran cada vez más escasas, se hacía urgente buscar en otra parte el relevo de la Congregación.

 

Vida de la Congregación

 

Bajo el impulso del P. Gendrot, diversas publicaciones a disposición de los Monfortianos, profundizaban la espiritualidad monfortiana o estudiaban diversos puntos de nuestra Historia. El P. Pedro Eijkeler, de la Provincia de los Países Bajos, realizó un trabajo histórico admirable sobre los comienzos de la Compañía de María. Se puso en marcha una serie de Documentos e investigaciones que pondrían al alcance de todos documentos importantes, como la biografía del P. de Montfort escrita por Juan Bautista Blain y la escrita por el P. Besnard... ¡entre otros! A principios de los años 70, se pusieron en pie, para el estudio de las fuentes de la espiritualidad monfortiana y un mejor conocimiento del Fundador,  sesiones internacionales en las cuales participaban igualmente los Hnos. de San Gabriel y las Hnas. de la Sabiduría. La visita de los lugares monfortianos en el curso de tales sesiones dio origen a lo que luego fue la peregrinación Sobre los pasos de Montfort.

El 11 de octubre 1969, las Viceprovincias de Bélgica y Haití fueron elevadas al rango de Provincias.

En 1970, el P. Gendrot de viaje a Estados Unidos para el Consejo General Extraordinario, hizo una escala en Nassau, Bahamas, con el P. Francisco Gayot, entonces superior Provincial de Haití. Decidieron fundar allí un equipo haitiano, compuesto de Padres monfortianos e Hijas de la Sabiduría, al servicio de los Haitianos que escapaban de su propio país.

El 7 de noviembre de 1970, las casas de Alemania, y las de Portugal, fueron constituidas en Región.

El 8 de diciembre del mismo año, la misión de Madagascar fue constituida Vicariato dependiente de la Provincia de Francia. Algunos años más tarde, por la presencia de los Padres italianos, el Vicariato quedó dependiendo también de la Provincia de Italia. El 25 de marzo de 1871, la misión del Zaire pasó a ser Vicariato Provincial de la Provincia de Bélgica.

Del 6 al 19 de julio, como hemos dicho antes, se celebró la segunda sesión del capítulo especial en Rotselaar, Bélgica.


 

En diciembre de 1971, el Colegio Internacional de Via Romagna, en Roma, dejó de existir oficialmente. Con la severa crisis de vocaciones, las Provincias no tuvieron más estudiantes para enviar. La casa fue alquilada a la Provincia de Italia, y más tarde se convirtió en casa provincial.

El 3 de septiembre de 1972, fue ordenado obispo un segundo monfortiano de Haití, el P. Carlos Eduardo Peters. Nacido en 1911, hizo sus noviciado y escolasticado en Francia. Se ordenó sacerdote en Rennes, en 1936, y fue nombrado obispo de Jérémie, donde murió tres años más tarde, a los  64.

El 8 de septiembre de 1972, España fue constituida en Región. Los Padres y Hermanos eran allí pocos, pero el porvenir parecía prometedor por el número de novicios y escolásticos. De hecho, sólo era una ilusión: la crisis aún no había llegado al país, y la tranquilidad duró poco.

En 1974, el P. Francisco Gayot, de la Provincia de Haití, fue nombrado obispo de Cap Haïtien. Nacido en 1927, hizo su noviciado y escolasticado en Francia, fue ordenado sacerdote en Montfort-sur-Meu, en 1954, y "arzobispo" de Cap Haïtien en junio de 1988.

El 8 de diciembre de 1975, la Región de Alemania fue constituida Viceprovincia.

 

N.B. La serie de creación de Vicariatos Provinciales y Regiones respondía al deseo de una gran autonomía en relación con el generalato, formulado en la primera sesión del capítulo general de 1969.

 

Fundaciones múltiples

 

Según la orientación dada por el Superior General y su Consejo, la Compañía de María buscaba nuevos sitios de implantación.

En 1971, se orienta hacia la India. Dos Padres italianos: Atilio y Miguel Angel Corna, tío y sobrino respectivamente, fueron los pioneros de la fundación monfortiana en India. Varios años más tarde, cuando por diversas dificultades, tuvieron que dejar el país, el grupo monfortiano indio era suficientemente sólido para continuar su ruta sin aporte permanente del exterior.

 

En 1973, la Provincia de Colombia se abría a un país vecino, Ecuador, y dos Padres recibían la responsabilidad de La Esperanza, una inmensa parroquia, ubicada en el flanco de la cordillera de los Andes, en la diócesis de Latacunga.

Todavía en 1973 se hizo la fundación de Uganda. Algunas cartas enviadas a la casa general por seminaristas ugandeses que solicitaban entrada a la Congregación llevaron al Consejo General a interesarse en ello. El P. Lamberto Terstroet, de la Provincia de los Países Bajos, fue enviado allí como profesor del seminario diocesano, en Kampala la capital. Algunos años después le sucedió el P. Bernardo Faas. A su turno fue enviado el P. Adriano van der Hulst quien fundó la casa de Mbarara,  donde acogió algunos candidatos a la vida monfortiana, pero tuvo que abandonar la obra emprendida cuando fue elegido asistente general en 1987. La casa sirvió entonces para el noviciado de los candidatos africanos.

Aún en 1973, los Monfortianos se establecieron en Australia. El proyecto nació con ocasión de una visita a Brisbane del P. Gendrot, acompañado de los superiores generales de la Sabiduría y de San Gabriel. Desafortunadamente las circunstancias impidieron que las Hermanas y los Hermanos participaran, y la fundación fue realizada solamente por los Padres de la Compañía de María: el P. Irvine Leclerc, de la Provincia de Canadá, y los PP. Cirilo Madden y Alan Walpole, de la Provincia de Gran Bretaña/Irlanda. Tomaron posesión de la parroquia creada para ellos en Woodridge, a 20 km al sur-este de Brisbane, Estado de Queensland. Los Monfortianos realizaron en Australia un trabajo parroquial apreciable. Durante algún tiempo el P. Pablo Allerton, de la Provincia de Gran Bretaña/Irlanda dio retiros y misiones parroquiales. De 1980 a 1982, el P. Lamberto Terstroet, de la Provincia de los Países Bajos, enseñó en un seminario y dio conferencias en varios lugares del país. A pesar de todos esos esfuerzos, las esperanzas de encontrar vocaciones monfortianas en Australia se frustraron y los Monfortianos se retirarían de Australia al final del segundo mandato del P. Lemire.

En octubre del mismo año fue confiado a la Provincia de Italia un territorio en Malawi. Se creó la nueva diócesis de Mangochi, con el P. Alejandro Assolari como obispo.

En 1974, tras una visita de los PP. Eugenio Lynch y Teodoro Murphy, de la Provincia de Estados Unidos, el Consejo general dio luz verde a una fundación en Nicaragua. Los Monfortianos de Estados Unidos, ayudados más tarde por el P. Igancio González, colombiano, tomaron a su cargo la parroquia de Santo Tomás, en la diócesis de Juigalpa.

 

Capítulo de 1975

 

Terminado el mandato del superior general, se reunió un capítulo general del 1° al 26 de septiembre de 1975. Su primera finalidad era elegir superior general y el P. Gendrot fue reelegido para un segundo mandato. En cambio, el Consejo General, menos un asistente, fue enteramente renovado.

El capítulo no tenía que tomar decisiones extraordinarias, ni arreglar problemas urgentes. Sólo trató de profundizar las actualizaciones hechas por el capitulo precedente y de hacer el diagnóstico de la situación presente. Se pudo hablar de un "capítulo de discernimiento". En el curso del mismo murió el P. Heiligers, antiguo superior general. Fue sepultado en el cementerio de Campo Verano, en Roma,

 

Segundo mandato del P. Marcelo Gendrot

 

Hubo muy pocas novedades en el segundo mandato del P. Gendrot. La Compañía de María había perdido en 9 años la cuarta parte de sus miembros, y no se podía pensar en nuevas fundaciones. A partir de 1975, el descenso  de la Congregación fue muy moderado. Sin embargo desde entonces, la curva de personal no se ha invertido: sigue siendo una curva descendente, implacablemente regular!

El 1° de febrero de 1977, Portugal, hasta entonces parte de la Provincia fundadora de los Países Bajos, fue constituido Vicariato general, es decir dependiente directamente de la Curia general.

El 9 de marzo de 1978, la fundación del Perú pasó a ser Región vinculada a la Provincia de Italia.

En 1978, el P. Francisco Colimnó, de la Provincia de Haití, fue nombrado obispo coadjutor de Monseñor Augustin, en la diócesis de Port-de-Paix. Nacido en 1934, hizo su noviciado y escolasticado en Francia, se ordenó sacerdote en 1962 y fue obispo titular de Port-de-Paix en 1982.

El 8 de noviembre de 1979 la Viceprovincia de Alemania fue erigida en Provincia, a pesar de su pequeño número de Religiosos y de su escasa esperanza de desarrollo.

El P. Gendrot hubiera querido implantar la Congregación en los llamados entonces "Países del Este", es decir los que vivían bajo el régimen comunista y la influencia de Moscú. Las gestiones emprendidas del lado de Polonia no tuvieron resultado ninguno. En cambio, en lo que era Yugoslavia, la Compañía de María pudo establecerse en Zagreb, gracias a dos candidatos croatas que entraron a la Congregación, uno ya secerdote. En 1995 y 1996 se ordenaron sacerdotes otros tres escolásticos croatas.

 

Fin del mandato del P. Gendrot

 

Año y medio antes del capítulo que eligiría a su sucesor, el P. Gendrot, en circular de enero 1980, hacía el balance de la situación del momento, utilizando la divisa de la ciudad de Liverpool: "Respice! Aspice! Prospice!": Observa, ausculta, proyecta, e invitaba a los  Monfortianos a una triple mirada de fidelidad, discernimiento y esperanza,

La primera mirada hacia el pasado invitaba a recordar las fuentes: Luis María, la Madre María Luisa, los mártires monfortianos de todas las Revoluciones, y todos los que han hecho la Congregación.

La segunda era una mirada lúcida y más bien severa sobre el presente: pirámide de edades en desequilibrio creciente, pérdida de fuerzas, desintegración del grupo: descentralización excesiva, ausencia de motivaciones en favor de la unidad: disminución del espíritu comunitario.

La tercera mirada era dirigida al futuro, y mostraba algunos motivos de esperanza. Ante todo, el desprendimiento evangélico en que debían vivir por la fe quienes habían sido testigos de la severa recesión de los años 70, con serenidad frente al "morir carismático" que es trampolín para nuevas iniciativas del Espíritu. En seguida las peticiones de jóvenes llegados de Africa: Malawi, Uganda, Zaire, Camerún... o de América Latina: Perú, Brasil...y el impulso nuevo de las Provincias de Colombia y Haití. En fin, el hecho de que en Indonesia los Monfortianos tenían que en adelante incluir en sus proyectos el acompañamiento de las vocaciones autóctonas.

En cuanto a Europa, fuera de Italia, Portugal y Gran Bretaña/Irlanda, que parecían menos afectadas por la crisis, la renovación se hacía esperar!!

 

 

C. GENERALATO DEL P. LEMIRE

 

Capítulo general de 1981

 

Al terminar el segundo mandato del P. Gendrot, se reunió el capítulo general el 17 de agosto en Roma. A mediados del mismo capítulo que duró hasta el 11 de septiembre, se procedió a la elección del Superior general. El elegido fue el P. Gerardo Lemire, cuyo segundo período como superior provincial de Canadá había terminado algunos meses antes. Nacido el 17 de abril de 1930, había trabajado sobre todo en la formación, en particular como maestro de novicios. El Consejo general fue renovado en bloque. Ejerciendo sus cargos iban a formarse para los mismos.

En la programación del capitulo estaba la renovación -continuada!- de las Constituciones elaboradas en 1969 y revisadas ya en 1971 y 1975. El capítulo fue invitado también a dar su juicio sobre las nuevas estructuras y las iniciativas de los 12 años anteriores: con una decena de fundaciones nuevas.

Para asegurar el desarrollo de las mismas, teniendo en cuenta la disparidad de recursos según las entidades, se creó un Fondo de Solidaridad a escala de Congregación, que permitiera a la Curia general cumplir su papel en favor de las entidades más necesitadas de ayuda.

A propósito de las relaciones de la Compañía de María con la Sabiduría, preciso es anotar que el papel del Superior general de las Hermanas de la Sabiduría, va a ser modificado con el P. Lemire. Poco inclinado a intervenir en los asuntos que no eran de su competencia directa, estaba dispuesto a aceptar la modificación de su estatuto, en el primer capítulo de la Sabiduría que él tuvo que presidir. Las Hermanas decidieron que no estaban obligadas a someterle sus decisiones, pero insistieron en no romper las relaciones con la Compañía de María, y le otorgaron el titulo de "guardián del carisma". Esta función no ha sido definida claramente, pero, en virtud del decreto de la Santa Sede del 2 de junio 1893, aún no revocado, el Superior de la Compañía de María sigue siendo Superior general de la Congregación de la Sabiduría.

 

Vida de la Congregación

 

En 1982, para responder al deseo de los jóvenes monfortianos españoles, el P. Luis Salaün, superior regional de España, realizó una inspección en América Latina. Luego de múltiples contactos en Colombia, Bolivia y Ecuador, fijó su opción en la diócesis de Machala, al sur del Ecuador, cerca de la frontera peruana. El papel del Consejo General se limitó a ratificar la elección.

Desde hacía algún tiempo existía un proyecto de fundación en Filipinas. Los PP. Lamberto Terstroet, de la Provincia de los Países Bajos, y Claudio Sigouin, de la Provincia de Canadá, habían sido enviados sucesivamente en 1980 y 1981, a Manila, para una exploración. La decisión de implantar allí la Congregación fue tomada por el Consejo General el 15 de octubre de 1983. El P. Claudio Sigouin fue el primer superior de la comunidad de Manila, ayudado por un Padre italiano y uno colombiano. La fundación dependía directamente de la Curia general.

Más que extender la presencia monfortiana a otros países, el nuevo Consejo General trataba de consolidar lo que existía. Algunos problemas sólo avanzaban penosamente, por falta de una manera satisfactoria de responder a los mismos. Tal era el caso de la acogida de las vocaciones monfortianas en Africa y Madagascar. Por otra parte, la fundación de la India se vio de improviso en la necesidad de volar por sí misma. En efecto, los dos Padres italianos que habían sido los pioneros, fueron admitidos como residentes sólo bajo el estatuto de "estudiantes", y ya no podían continuar allí su estadía.


 

Los Monfortianos eran muy activos en todos los países donde estaban, y sus trabajos apostólicos  muy variados, desde la enseñanza en las universidades hasta los viajes por las selvas de las regiones tropicales. Sin embargo -aunque sin estadísticas exactas para afirmarlo- parece que una proporción importante de las personas activas se dedicaban al ministerio parroquial, tanto en los territorios de misión, como en las Provincias. La predicación itinerante, aunque ha conocido eclipses importantes en ciertos lugares, siguió siempre siendo practicada en una u otra Provincia o Región. Todos estaban de acuerdo en que la fidelidad al Fundador "en espíritu y en verdad" no consistía en copiar servilmente lo que él hizo. A pesar de todo se sentía la necesidad de definir mejor la misión monfortiana. El Consejo General lanzó una reflexión sobre el tema a escala de toda la Congregación, y el capítulo de 1987 tuvo que pronunciarse sobre las conclusiones. El trabajo condujo a cuatro criterios  que fueron sometidos a los capitulares para definir la "misión a la Montfort": "Evangelización", "María", "Desinstalación" y "Actuar juntos"

 

Aprobación de "Montfortain aujourd'hui"

 

El capítulo general especial de 1969 y 1971, celebrado en dos sesiones -la primera en Roma, del 17 de febrero al 2 de abril, y la segunda en Rotselaar, Bélgica, del 6 al 19 de julio-, se dedicó esencialmente a la revisión de las Constituciones, según las orientaciones del Concilio Vaticano II.

El capítulo de 1975 había hecho el balance de la experiencia sucesiva, y el 8 de diciembre del mismo año fue promulgada la "Regla de Vida", compuesta por el Tríptico del P. de Montfort: Regla manuscrita, Súplica Ardiente y Alocución a los Asociados de la Compañía de María, y por el "Montfortain Aujourd'hui", como fueron llamadas las nuevas Constituciones.

El capítulo general de 1981 revisó el texto de las Constituciones, y el 24 de marzo de 1984, recibió la aprobación de la Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares. El decreto del Cardenal Pironio aprobaba no solamente las Constituciones de la Compañía de María, sino también los textos del Tríptico monfortiano, lo que parecía un caso singular en el cuadro de aprobaciones de Constituciones  religiosas.

 

Capítulo de 1987

 

Tuvo lugar en Nemi, fuera de Roma, del 29 de junio al 20 de julio. En el mismo fue elegido superior general para un segundo mandato de seis años el P. Gerardo Lemire. El Consejo General fue renovado casi todo: solamente continuó un asistente del mandato anterior.

Conviene notar que las tensiones que habían marcado los capítulos generales en el pos-Concilio desaparecieron completamente y que la tendencia centrífuga que caracterizó el mandato del P. Gendrot se invirtió afortunadamente. Quizá contribuyó a ello la disminución de las fuerzas vivas de la Congregación. De todas maneras, en el capítulo de 1987, como en las reuniones del Consejo General Extraordinario de los años siguientes, se ha sentido un vivo deseo de colaboración entre las Provincias, de encuentros a escala de cada continente y de actividades realizadas en común.

El capítulo estableció cierto número de Comisiones. Estas tenían que estudiar los temas que entonces parecían más urgentes: la formación primera y segunda -antes y después de la primera profesión religiosa-, la formación permanente, las estructuras de la Congregación -que con el tiempo se habían vuelto complicadas-, las Asociaciones monfortianas y la Misión monfortiana. Sobre este último punto los criterios sometidos a los capitulares obtuvieron su aprobación, pero se sentía la necesidad de impulsar más la reflexión.

 

Vida de la Congregación

 

Bajo el impulso del P. Lemire se emprendió una obra importante, cuya dirección fue confiada al P. Esteban de Fiores, de la Provincia italiana: un Diccionario de Espiritualidad Monfortiana. El recurrió a numerosos colaboradores, en la Congregación y fuera de ella: los Hermanos de San Gabriel y las Hermanas de la Sabiduría participaron en el proyecto, como también diversos especialistas de renombre. La obra se llevó a feliz término en un tiempo récord, y, algunos meses después de finalizado el segundo mandato del P. Lemire, en diciembre de 1994, fueron publicadas las dos primeras ediciones del Diccionario de Espiritualidad Monfortiana: una inglesa en Estados Unidos y otra francesa en Canadá.

En la época en que el P. Gendrot, superior general, lanzó la serie de Documents et Recherches, había organizado un Centro Monfortiano Internacional. Al comienzo del segundo mandato del P. Lemire, éste había prácticamente desaparecido, pues su papel se limitaba a la publicación de uno que otro volumen de la colección Documents et Recherches. Se sintió pues la necesidad de relanzarlo sobre nuevas bases. Por la presencia en Lovaina de una importante biblioteca mariana heredada por la Congregación, el sitio fue escogido como sede del Centro. En septiembre de 1994, el P. Claudio Sigouin, antes superior de Filipinas, fue encargado por el P. William Considine de ponerlo en marcha. Su primer papel es poner a disposición de la Congregación, particularmente de las entidades jóvenes, un medio de formación monfortiana.

Tras largas sesiones de reflexión, tanto del Consejo General ordinario como del Extraordinario durante varios años, se decidió comenzar en Africa la formación monfortiana. Al principio estaba previsto que todos los candidatos a la vida monfortiana de los diversos países  de Africa y Madagascar recibieran una formación común, y manejaran con fluidez las dos lenguas principales de Africa: el inglés y el francés. Con esta finalidad se estableció  un escolasticado en Nairobi, Kenia, en 1992, y la casa de Mbarara, en Uganda, fue convertida en noviciado.

La experiencia mostró que fue un error pedir a los candidatos de Madagascar que se sometieran a esta formación. Ellos retornaron a su isla y se les aseguró la formación completa en casa.

En el curso de los consejos generales extraordinarios del segundo mandato del P. Lemire, maduró notablemente la colaboración internacional. A nivel del continente asiático, los responsables de India, Filipinas e Indonesia comenzaron a encontrarse con frecuencia. En América Latina, la colaboración en el plano de la formación llegó a la creación del noviciado latino-americano en Huánuco, Perú, y del escolasticado también latino-americano en Santafé de Bogotá, Colombia. En Europa la multiplicidad de lenguas hacía más difícil el problema, y sin embargo surgieron algunos proyectos de relaciones comunes. Un noviciado internacional en Pontchâteau funcionó solamente un año: 1991-1992.

Al final de su gobierno, el P. Lemire, aunque no gustaba de las funciones de representación debió aceptar el honor de ser el superior general que presidió las fiestas de la Beatificación de la Madre María Luisa de Jesús. Se prolongaron por nueve días! Todo comenzó con un foro sobre Maria Luisa Trichet, la víspera de la Beatificación. El Domingo 16 de mayo, la Madre Maria Luisa de Jesús fue proclamada Bienaventurada por el Para Juan Pablo II, en la Basílica de San Pedro. Los tres días siguientes se celebraron misas en Santa María la mayor, en San Luis de los Franceses y en la parroquia San Luis María de Montfort, frente a la casa general de los Monfortianos. En seguida todos los que pudieron se trasladaron a Francia, donde la Beata María Luisa fue festejada en Poitiers, el  Viernes; en La Rochelle, el Sábado, y apoteósicamente en San Lorenzo, el Domingo.

Un mes más tarde, se reunió el capítulo general en Nemi, en el mismo sitio que el de 1987.

 

 

Capítulo general de 1993

 

El P. Gerardo Lemire, lejos de pretender un tercer mandato, manifestó a los capitulares su deseo de tener un sucesor. La preferencia de los electores recayó en el P. Guillermo Considine, superior provincial de Estados Unidos. Nacido el 19 de febrero de 1948, tenía pues 45 años. El Consejo General fue igualmente renovado: solo un miembro del Consejo anterior, asistente y ecónomo general, aseguró la conexión.

El clima del capítulo fue particularmente fraterno y el acuerdo sobre los diversos asuntos que fueron tratados, muy fácil. Se recogieron los frutos del trabajo de las Comisiones que habían funcionado fielmente desde 1987. El punto más notable, fue tal vez la reforma de las estructuras. Hasta entonces había Provincias, Viceprovincias, Regiones más o menos autónomas, "Vicariatos" dependientes de las Provincias o de la Curia general. En adelante no habrá más que Provincias, Vice-Provincias y  Delegaciones, provinciales o generales. Se fijaron  criterios para hacer pasar una entidad de una categoría a otra.

 

 

D. GENERALATO DEL P. CONSIDINE

 

La situación de la Congregación en 1993

 

Cuando el P. Considine asumió la dirección de la Compañía de María, ésta contaba 1129 miembros: 869 Padres, 157 Hermanos y 103 escolásticos.

Tanto Padres como Hermanos estaban en disminución constante, mientras que el número de los escolásticos aumentaba de manera regular desde 1975, año en el cual descendió  al nivel más bajo

Mientras que a finales del siglo anterior los Hermanos eran más numerosos que los Padres, la proporción se había invertido en los comienzos del siglo XX, y en 1993, los Padres eran cinco veces y media más numerosos que los Hermanos.

La gran mayoría de los escolásticos se encontraba en el hemisferio sur, con tendencia a una importancia cada vez mayor. Con todo, en 1993 Europa representaba aún el 69% del conjunto de la Congregación, y América del Norte el 18%.

En Europa las Provincias de Francia, Bélgica, Países Bajos y Alemania experimentaban un envejecimiento rápido y un relevo prácticamente nulo. Lo mismo sucedía en Canadá y Estados Unidos. En Gran Bretaña/Irlanda había todavía unos pocos escolásticos, igual que en Portugal. La Provincia europea más favorecida era Italia que podía mantener aún un escolasticado.

Al contrario, la Provincia de Haití había visto aumentar el número de sus escolásticos: 16 en 1993. Colombia, luego de un período sin candidatos: en los años 70, tenía de nuevo algunos escolásticos: 6.

En India los Monfortianos nativos eran 29, de los cuales 11 escolásticos. En Madagascar: 3 Hermanos monfortianos y 6 escolásticos. En Filipinas: 9 escolásticos. En Indonesia eran 20 y los novicios unos cuarenta repartidos en dos años: es decir la mitad de los novicios de toda la Congregación. En Nairobi había cinco escolásticos de Malawi y cuatro del Zaire. Finalmente, en Europa había un escolástico italiano de Roma, y 3 monfortianos de Croacia, en la antigua Yugoslavia.

 

 

Vida de la Congregación

 

El nuevo Consejo general, como el precedente, se preocupaba más por consolidar lo que existía que por lanzar la Congregación a nuevas aventuras. Las nuevas entidades pedían atenciones especiales, muy particularmente en la formación. El P. Considine, como sus predecesores inmediatos, se imponía el deber de ser un gran viajero, presente en los puntos neurálgicos y dispuesto siempre a concurrir donde su presencia pudiera ser útil.

La colaboración internacional se hacía cada vez más efectiva. A nivel de Europa, la preparación del cincuentenario de la canonización del P. de Montfort fue obra común.

El año de 1994 estuvo marcado por la muerte violenta de dos monfortianos. El 29 de marzo el P. Samuel Maló, de la Provincia de Francia, antiguo superior de la Delegación de Madagascar, fue asesinado por malhechores que lo atracaron con la intención de robarlo. El 28 de agosto del mismo año, el P. Luis María Vincent, de la Provincia de Haití, caía bajo las balas anónimas. víctima del apostolado social entre los pobres, de quienes era el defensor.

El 31 de marzo de 1993, el P. Pablo Marchand, superior de la Provincia de Canadá, fue nombrado obispo auxiliar de Ottawa.

El 23 de abril de 1995, el P. Gil Côté, también de la Provincia de Canadá, recibía la ordenación episcopal como auxiliar de Darú-Kiunga, en Papúa.

El 19 de septiembre de 1996, tuvo lugar un acontecimiento memorable para la Compañía de María: con ocasión de un viaje a Francia, el Papa Juan Pablo II fue a postrase como peregrino ante la tumba del P. de Montfort en San Lorenzo. Fue un momento de intensa emoción, que resaltó la actualidad del mensaje de San Luis María y dio a todos los Monfortianos un gran signo de esperanza.


 

 

 

 

 

 

 

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CONCLUSION

 

¿Hacia dónde va la Congregación?

 

Esta es una pregunta legítimamente planteada. Se constata que el promedio de edad sigue subiendo en los últimos años. Sin embargo el número de candidatos a la vida monfortiana también está en aumento, aunque débil, desde hace veinte años. Podemos esperar que llegará un día en que el número de entradas compense los decesos y las salidas. ¿Es posible hacer una prospección, a partir de los datos actuales?

Siempre es posible que acontecimientos imprevistos o evoluciones bruscas de mentalidad vengan a modificar las tendencias en uno u otro sentido, en favor del crecimiento o de la disminución. Sin embargo, si nos atenemos a las enseñanzas de los últimos veinte años sobre las proporciones de decesos y salidas según las franjas de edad, y si el flujo de entradas se mantiene al mismo nivel que durante el segundo mandato del P. Lemire -hipótesis probablemente demasiado optimista para ciertas entidades, y quizás insuficiente para otras-, se puede prever que el personal de la Compañía de María está llamado a bajar al mismo ritmo que actualmente durante los próximos veinte años. En la década siguiente se estabilizará la curva y la Compañía de María contará entonces alrededor de 600 miembros.

En la misma hipótesis de las tendencias actuales, se pude prever que el hemisferio norte conservará su preponderancia por algún tiempo, pero en unos veinte años será minoritario: el hemisferio sur representará entonces más del 50% de la Congregación.

 

¿Pero de qué valen estos cálculos humanos?

 

Acuérdate de tu Congregación. Es tuya: a ti solo toca formar, por tu gracia, esta Congregación. Si el hombre es el primero en meter en ello la  mano, nada se hará; y si mezcla de lo suyo contigo, todo lo echará a perder y lo arruinará todo. Es tu Congregación; sí, es tu obra, Dios soberano. Realiza tus designios totalmente divinos: junta, reúne de todos los lugares de tu imperio a tus elegidos para formar con ellos un verdadero ejército contra tus enemigos.