EL AMOR DE LA SABIDURIA ETERNA
Traducción de p. Pío Suárez B.">
EL AMOR DE LA
SABIDURIA ETERNA
Traducción de p. Pío Suárez B., s.m.m.
Capítulo 3 - Maravillas del poder de la Sabiduría divina
en la creación del mundo
y del hombre
Capítulo 4 - Prodigios de la bondad y misericordia de la Sabiduría
eterna antes de la encarnación
Capítulo 8 - Efectos maravillosos que produce
la Sabiduría eterna en quienes la poseen
Capítulo 9 - Encarnación y vida en la tierra de
la Sabiduría eterna
Capítulo 10 - Encantadora belleza e inefable
dulzura de la Sabiduría
encarnada
Capítulo 11 - Dulzura de la Sabiduría
encarnada en su conducta
Capítulo 14 - El triunfo de la Sabiduría
eterna en la cruz y por la cruz
Consagración de sí mismo a Jesucristo, la Sabiduría
encarnada, por las manos de María
Este libro
presenta el contexto fundamental de los demás escritos de san Luis María.
Trata de la relación de Dios con la humanidad, poniendo de manifiesto, en
primer lugar, el amor de Dios por la humanidad y su designio de salvarle de
las consecuencias del pecado. Con la ayuda de numerosos textos de los libros
sapienciales del Antiguo Testamento, el santo medita en el deseo
extraordinario de Dios de amar a la humanidad y de ser amado por ella. Con san
Pablo y san Juan, considera al Salvador, Jesucristo, como la encarnación de la
Sabiduría divina y aplica a Jesucristo el título de “Sabiduría eterna y
encarnada”. La “Sabiduría eterna” mencionada en el título de este libro
designa, pues, a Jesucristo. En su consideración del amor de Dios por la
humanidad, san Luis María hace resaltar que la muerte de Cristo en la Cruz
es la manifestación más grande de este amor. Llega incluso a decir: “La
Sabiduría es la Cruz y la Cruz es la Sabiduría”.
Apoyándose en la
hipótesis que todos los humanos desean la felicidad, y que la “sabiduría” es
el medio para lograrlo, examina las diferentes clases de sabiduría y concluye
que la única verdadera sabiduría es la sabiduría de Dios, la Sabiduría eterna
y encarnada que es Cristo. Los cristianos durante toda su vida deben buscar y
adquirir esta Sabiduría, o en otras palabras, deben buscar conocer y amar a
Jesucristo, Sabiduría eterna de Dios. Propone cuatro medios para adquirir y
conservar la Sabiduría:
1. Deseo ardiente
de la Sabiduría
2. Oración
continua para obtener esta gracia
3. Mortificación
universal
4. Tierna y
verdadera devoción a la Santísima Virgen. Declara que el cuarto medio, la devoción a la
Santísima Virgen, es el medio más poderoso para adquirir y conservar la divina
Sabiduría. Este tema lo desarrolla ampliamente en el Tratado de la Verdadera
Devoción a la Santísima Virgen, lo mismo que en el Secreto de María. Considera
el tercer medio, la mortificación universal, como una participación en
la Cruz de Cristo por la aceptación de cada una de las “cruces” y una mayor
comprensión del amor de Cristo manifestado en sus sufrimientos. Este tema lo
amplía en la “Carta a los Amigos de la Cruz”.
1 - ORACION A LA SABIDURIA ETERNA 1
1.
¡Oh Sabiduría eterna,
Reina de los cielos y de la tierra!
Postrado humildemente en tu presencia,
te ruego que perdones mi atrevimiento
al tratar de hablar de tus grandezas,
siendo como soy tan ignorante y criminal.
¡No mires, por favor,
las tinieblas de mi entendimiento
ni las impurezas de mis labios!
Y, si las miras, que sea solamente
para destruirlas con una mirada de tus ojos
y el aliento de tu boca.
Posees tantas bellezas y dulzuras,
me has preservado de tantos peligros
y colmado de tantos favores...
Y, sin embargo, ¡eres tan desconocida y despreciada!
¿Cómo podré callar entonces?
No sólo la justicia y el agradecimiento,
sino hasta mi propio interés, me obligan a hablar de ti,
aunque balbuciendo como un niño.
Pero, balbuciendo y todo,
quiero aprender a hablar correctamente
cuando llegue en ti a la madurez perfecta.
2
2.
Puede parecer que no hay orden ni concierto
en lo que escribo. Lo confieso.
Es que mi anhelo de poseerte es tan grande,
que –como dice Salomón–
te busco por todas partes,
sin encontrar el camino.
3
Quiero darte a conocer a todos.
Porque tú misma has prometido dar la vida eterna
a cuantos te esclarezcan
y den a conocer a los demás.
Acepta, pues, amable Soberana,
mi humilde balbucir
como si fuera un elocuente discurso.
Acepta los movimientos de mi pluma
como si fueran otros tantos pasos que diera en busca tuya.
Derrama desde tu excelso trono tantas luces y bendiciones
sobre cuanto quiero decir de ti y hacer por ti,
que cuantos lo oigan
se sientan inflamados por un anhelo renovado
de amarte y poseerte
en el tiempo y la eternidad.
2 - AVISOS DE LA SABIDURIA A LOS PRINCIPES Y PODEROSOS DE LA TIERRA (Sb 6)
3.
(Mejor es la Sabiduría que la fuerza.
El prudente vale más que el valiente.)
4
1. Escuchen, reyes, y entiendan;
apréndanlo, gobernantes del orbe hasta sus confines;
2. presten atención los que dominan los pueblos
y alardean de multitud de súbditos:
3. el poder les viene del Señor,
y el mando, del Altísimo; El indagará sus obras
y explorará sus intenciones;
4. siendo ministros de su reino,
no gobernaron rectamente
ni guardaron la ley,
ni procedieron según la voluntad de Dios.
5. Repentino y estremecedor vendrá contra ustedes,
porque a los encumbrados se les juzga
[implacablemente.
6. A los más humildes se les compadece y perdona,
pero los fuertes sufrirán una fuerte pena;
7. el Dueño de todo no se arredra,
ni le impone la grandeza;
El creó al pobre y al rico
y se preocupa por igual de todos,
8. pero a los poderosos les aguarda un control riguroso.
Se lo digo a ustedes, soberanos,
a ver si aprenden a ser sabios y no pecan;
10. los que observan santamente su santa voluntad
serán declarados santos;
los que se la aprendan encontrarán quien
[los defienda.
11. Ansíen, pues, mis palabras;
anhélenlas, y recibirán instrucción.
4.
12 . La Sabiduría es radiante e inmarcesible,
la ven sin dificultad los que la aman,
y los que van buscándola la encuentran;
13. ella misma se da a conocer a los que la desean.
14. Quien madruga por ella, no se cansa;
la encuentra sentada a la puerta.
15. Meditar en ella es prudencia consumada;
el que vela por ella,
pronto se verá libre de preocupaciones;
16. ella misma va de un lado a otro
buscando a los que la merecen;
los aborda benigna por los caminos
y les sale al paso en cada pensamiento.
17. Su comienzo auténtico es un deseo de instrucción;
19. la incorruptibilidad acerca a Dios;
20. por tanto, el deseo de la sabiduría conduce al reino.
21. Así que, si les gustan los tronos y los cetros,
respeten la sabiduría y reinarán eternamente.
(Amen la luz de la sabiduría
todos los que gobiernan a los pueblos.)
22. Les voy a explicar lo que es la sabiduría
y cuál es su origen,
sin ocultarles ningún secreto;
me voy a remontar al comienzo de la creación,
dándola a conocer claramente, sin pasar por alto la verdad.
23. No haré el camino con la podrida envidia,
que con la sabiduría ni se trata.
24. Muchedumbre de sabios salva al mundo
y rey prudente da bienestar al pueblo.
25. Por tanto, déjense instruir por mi discurso,
y sacarán provecho.
3 - REFLEXIONES DEL AUTOR
5.
No he querido, estimado lector, mezclar mis palabras insignificantes con la
autoridad del Espíritu Santo. Permíteme ahora las siguientes reflexiones:
1. La Sabiduría es dulce, sencilla, atrayente y, a la vez, luminosa, excelente
y sublime. Convoca a los hombres para enseñarles los medios de ser felices:
los busca, les sonríe, los colma de favores, les sale al encuentro de mil
maneras, hasta sentarse a la puerta de sus casas para esperarlos y darles
pruebas de su amistad. ¿Es posible tener corazón y negárselo a esta dulce
conquistadora?
6.
2. ¡Qué desgracia la de los ricos y poderosos, si no aman la Sabiduría! ¡Qué
palabras tan aterradoras les dirige ella! ¡Imposible traducirlas a nuestro
idioma! Repentino y estremecedor vendrá contra ustedes, porque a los
encumbrados se les juzga implacablemente... Los fuertes sufrirán una fuerte
pena... A los poderosos les aguarda un control riguroso. 5
Añadamos también a estas palabras las pronunciadas por la Sabiduría, o hechas
decir por ella, a los ricos y poderosos después de la encarnación: ¡Ay de
ustedes, los ricos! 6 Más fácil es que entre un camello por
el ojo de una aguja, que no que entre un rico en el Reino de Dios. 7
Estas últimas palabras fueron repetidas tantas veces por la divina Sabiduría
durante su vida terrestre, que tres evangelistas las han referido sin
diferencia alguna. Lo que debería mover a los ricos a romper en llanto,
lamentarse y gemir: Vamos ahora con los ricos; lloren a gritos por la
desgracia que se les viene encima. 8
Mas, ¡ay! Ellos tienen su consuelo en este mundo; hechizados como se hallan
por los placeres y riquezas, no se dan cuenta de los peligros que penden sobre
su cabeza.
7.
3. Salomón asegura que hace una descripción fiel y exacta de la Sabiduría: ni
la envidia ni el orgullo –contrarios a la caridad– le impedirán comunicar la
ciencia que el cielo le ha dado. No teme, por ello, que otros puedan llegar a
igualarlo o superarlo en dicho conocimiento. 9
A ejemplo de este gran hombre, voy a tratar de explicar lo que es la
Sabiduría antes de la encarnación, durante la encarnación y después de
ella, y los medios para alcanzarla y conservarla.
Pero no teniendo tanta ciencia ni tantas luces como él, tampoco debo temer
tanto la envidia y el orgullo cuanto mi incapacidad e ignorancia. ¡Te ruego,
pues, que me soportes y disculpes con caridad!
NOTAS:
1
Esta oración, con su título, es de san Luis María, y sirve de dedicatoria a
la obra. La oración entera parece inspirada en Is 6,1–6 y en Jr 1,6, y
constituye en cierta forma una inclusión oracional con la fórmula de
consagración que aparece al final del escrito (Nos. 223–227). Es sintomático
que el libro comience no sólo invitando a la oración, sino con una oración y
con una oración culmine. En tratándose de la Sabiduría, la oración es el
ambiente mejor, el clima connatural del diálogo...
2
Ef 4,13.
3
Sb 8,18.
4
El autor sigue el texto y la numeración de la Vulgata. Aquí seguimos el texto
y la numeración correspondientes a los textos originales, como acostumbran la
ediciones actuales de la Biblia, y ponemos entre paréntesis [( )] los
versículos que añade la Vulgata.
5
Sb 6,5–8.
6
Lc 6,24.
7 Mt 19,24.
8
St 5,1.
9
Sb 6,24–26.
PARA AMAR Y BUSCAR A LA DIVINA SABIDURIA,
1 - NECESIDAD DE CONOCER A LA DIVINA SABIDURIA
8.
¿Se puede, acaso, amar lo que no se conoce? ¿Se puede amar con ardor lo que
sólo se conoce imperfectamente?
¿Por qué es tan poco amada la Sabiduría eterna y encarnada, el adorable Jesús?
¡Porque poco o nada se le conoce! Apenas si hay alguien que estudie como es
debido –junto con el Apóstol– 2 la sobreeminente ciencia de
Jesucristo, la más noble, útil y necesaria de todas las ciencias y
conocimientos del cielo y de la tierra.
9.
1. Es, ante todo, la ciencia más noble. Efectivamente, tiene por objeto
lo más noble y sublime, a saber: la Sabiduría increada y encarnada, que
encierra en sí misma toda la plenitud de la divinidad y de la humanidad, todo
lo grandioso que hay en el cielo y en la tierra, todas las criaturas visibles
e invisibles, espirituales y corporales.
Dice San Juan Crisóstomo que Nuestro Señor es un compendio de las obras
divinas, una síntesis de todas las perfecciones de Dios y de las criaturas.
"Jesucristo, Sabiduría eterna, es todo cuanto puedes y debes desear. Anhela
poseerlo. Corre en busca suya. El es, en efecto, la perla incomparable y
preciosa por cuya adquisición no debes temer vender todos tus bienes."
3
Quien quiera gloriarse, que se gloríe de esto: de conocer y comprender que soy
el Señor.4 Que no se alabe el sabio por su sabiduría, ni el fuerte
por su fuerza, ni el rico por sus riquezas. El que se alabe, gloríese en
conocerme y no en conocer otras cosas.
10.
2. Nada tan dulce como el conocimiento de la Sabiduría divina.
¡Dichosos quienes la escuchan! ¡Más dichosos quienes la desean y buscan! Pero
¡mucho más dichosos los que andan por sus caminos y saborean en su corazón esa
dulzura infinita que constituye el gozo y felicidad del Padre y la gloria de
los ángeles! 5
Si conociéramos la dicha interior que significa conocer la belleza de la
Sabiduría, alimentarse a los pechos del Padre, 6 exclamaríamos con
la esposa del Cantar de los Cantares: Son mejores que el vino tus amores.7
La leche de tus pechos es más dulce que vino delicioso y que todas las
dulzuras de las cosas creadas, sobre todo cuando dirige a las almas que la
contemplan estas palabras: Gusten y vean...8 Coman y
beban y embriáguense 9 de mis dulzuras, pues su trato no
desazona, su intimidad no deprime, sino que regocija y alegra. 10
11.
3. Este conocimiento es también el más útil y necesario, porque la vida
eterna consiste en conocer al Padre y a su Hijo Jesucristo. 11
Conocerte a ti –dice el autor sagrado dirigiéndose a la Sabiduría–
es justicia perfecta y acatar tu poder es la raíz de la inmortalidad.12
¿Quieres, pues, realmente la vida eterna? –Consigue el conocimiento de la
Sabiduría eterna.
¿Quieres alcanzar la santidad perfecta en este mundo? –Conoce la Sabiduría.
¿Quieres plantar en tu corazón la raíz de la inmortalidad? –Adquiere el
conocimiento de la Sabiduría.
Pues, conocer a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, es saber lo suficiente;
pero saberlo todo, y no conocerlo a El, es no saber nada. 13
12.
¿De qué le sirve al arquero saber tirar flechas a los lados del blanco si no
sabe tirarlas al propio centro? ¿De qué nos servirán todas las otras ciencias
necesarias a la salvación si carecemos de la de Jesucristo, única necesaria,
centro y fin de todas ellas?
Aunque el Apóstol de las gentes sabía muchas cosas y era versadísimo en las
letras humanas, confesaba que sólo quería conocer a Jesucristo crucificado. Con ustedes decidí ignorarlo todo, excepto a Jesucristo, y a éste crucificado.14
Digamos, pues, con él:
Todo eso que para mí era ganancia, lo tuve por
pérdida comparado con Cristo; más aún: cualquier cosa tengo por pérdida al
lado de lo grande que es haber conocido personalmente a Cristo Jesús, mi
Señor. 15
Veo y experimento ahora que esta ciencia es tan excelente, deliciosa,
provechosa y admirable, que ya no tengo en cuenta las demás. Aquellas ciencias
que en otro tiempo me habían agradado tanto, ahora me parecen tan vacías y
ridículas, que entretenerme en ellas sería perder el tiempo. Les digo esto
para que nadie los desoriente por discursos capciosos... Cuidado con que haya
alguno que los capture con este sistema de vida.16 Les digo que
Jesucristo es el abismo de todas las ciencias, con el fin de que no se dejen
seducir por los hermosos y magníficos discursos de los oradores ni por los
sofismas tan engañosos de los filósofos. Crezcan en el favor y el
conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo. 17
¡Bien! A fin de que todos crezcamos en la gracia y conocimiento de Nuestro
Señor y Salvador Jesucristo, Sabiduría encarnada, trataremos de él en los
capítulos siguientes, después de distinguir diversas clases de sabiduría.
2 - DEFINICION Y DIVISION DEL ARGUMENTO
13.
Si nos atenemos al sentido del término "sabiduría" quiere decir "ciencia
sabrosa", o sea, el gusto de Dios y de su verdad. 18
Hay varias clases de sabiduría:
En primer lugar, distingamos la sabiduría verdadera de la falsa. La verdadera
es el gusto de la verdad, sin mentira ni disfraz. La falsa es el gusto de la
mentira, con apariencia de verdad. La falsa es la sabiduría o prudencia
humana. A la que el Espíritu Santo divide en terrena, carnal y diabólica. 19
La verdadera sabiduría se divide en natural y sobrenatural. La natural es el
conocimiento de las cosas naturales en sus últimos principios. La sobrenatural
es el conocimiento de las cosas sobrenaturales y divinas en su propio origen.
La sabiduría sobrenatural se divide en sustancial e increada y en accidental y
creada. La sabiduría accidental y creada es la comunicación que hace de sí
misma a los hombres la Sabiduría increada; en otras palabras: es el don de la
sabiduría. La Sabiduría sustancial e increada, a su vez, es el Hijo de Dios,
segunda persona de la Santísima Trinidad, es decir, la Sabiduría eterna en la
eternidad y Jesucristo en el tiempo.
Hablamos de esta Sabiduría eterna.
14.
La contemplaremos, subiendo hasta su origen en la eternidad, en el seno del
Padre, como objeto de sus complacencias. La veremos brillar en el tiempo,
durante la creación del universo. Luego la contemplaremos en su encarnación y
su vida mortal y, por último, la encontraremos gloriosa y triunfante en el
cielo. Terminaremos nuestro estudio examinando los medios necesarios para
adquirirla y conservarla.
Dejo, pues, a los filósofos los argumentos de su ciencia. Son inútiles. Y dejo
a los alquimistas los secretos de su sabiduría mundana.
Con los hombres hechos, sin embargo, exponemos un saber; pero no un saber del
mundo este...
20
Hablaré, pues, a las almas perfectas y predestinadas de la verdadera
sabiduría, de la Sabiduría eterna, increada y encarnada.
NOTAS:
1
En forma muy pedagógica insiste el autor sobre la noción mínima que se debe
tener de "sabiduría" para poder correr en busca de ella.
2
Ef 3,19.
3
San Bernardo, Vita Mystica seu de Passione Domini c 22 n 75: PL
184,679.
4
Jr 9,23-24.
5
Sabiduría y felicidad. La Sabiduría ofrece todos los dones (Sb 8,1ss). Pero
entre los más señalados se halla el de la felicidad... Un hecho significativo
en el Nuevo Testamento es que Jesús introduce su mensaje de "vida" proponiendo
a sus seguidores las "bienaventuranzas" (Mt 5,3-12).
6
"Mamilla Patris"; la expresión se encuentra en Clemente de Alejandría. Es la
experiencia misma de Dios y de sus dones. Es la "ciencia de los santos", la
experiencia de Dios.
7
Ct 1,1.
8
Sl 34(33),9.
9
Ct 5,1.
10
Sb 8,16.
11Jn
17,3.
12
Sb 15,3.
13
Adaptación de un texto de San Agustín, Confesiones, 5, c 4, n 7: PL
32,708-709.
14
1Cor 2,2.
15 Flp 3,7-8.
16
Col 2,4.8.
17
2Pe 3,18.
18
La explicación sabiduría = ciencia sabrosa, que hace derivar "sabiduría" de
"saber=tener buen sabor", se basa en una etimología popular... muy apropiada a
la finalidad que busca el autor. Los términos en torno a "saborear" aparecen
muchas veces en el P. de Montfort: cuando, hacia el final de su vida, envía en
peregrinación al santuario de Saumur a treinta y tres penitentes, les da una
consigna muy precisa: "No tendrán en esta peregrinación otra finalidad que: a)
alcanzar de Dios... buenos misioneros...; b) alcanzar el don de sabiduría a
fin de conocer, saborear y practicar la virtud y hacerla saborear y practicar
por los demás." (BAC 451, 618). Esa etimología se encuentra ya en San Isidoro,
Etym. 10: PL 82,392-393; en Santo Tomás, S. Th. I q.43 a.5 ad 2; en San
Bernardo, Sermo 85, in Cant. n 8,9: PL 183,1191-1192.
19
St 3,15.17.
20
1Cor 2,6.
15.
Aquí es preciso exclamar con san Pablo: ¡Qué abismo de riqueza, de
sabiduría y de conocimiento el de Dios! 1 Su generación, ¿quién la
contará? 2 ¿Habrá un ángel tan iluminado, un hombre tan
atrevido, que intente narrar como conviene el origen de la Sabiduría?
Aquí es preciso cerrar los ojos para no quedar deslumbrado ante luz tan viva y
resplandeciente.
Aquí es preciso que enmudezca toda lengua para no empañar tan acabada
hermosura al tratar de darla a conocer.
Aquí es preciso que todo espíritu se anonade y adore, temeroso de verse
oprimido por el peso inmenso de gloria de la divina Sabiduría al intentar
sondearla.
1 - LA SABIDURIA DIVINA EN RELACION CON EL PADRE
16.
Sin embargo, ésta es la idea que de ella nos ofrece el Espíritu Santo
–adaptándose a nuestra debilidad– en el libro de la Sabiduría escrito para
nosotros: la Sabiduría eterna es efluvio del poder divino, emanación
purísima del Omnipotente. Por eso nada inmundo se le pega. Es reflejo de la
luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad
3.
17.
Es la idea sustancial y eterna de la divina belleza, manifestada a san Juan
Evangelista en el éxtasis maravilloso de la isla de Patmos, cuando exclamó: Al principio ya existía la Palabra –el Hijo de Dios o la Sabiduría eterna– la
Palabra se dirigía a Dios, y la Palabra era Dios. 4
18.
En diversos pasajes de los libros salomónicos se habla de ella cuando se lee
que la Sabiduría fue creada o, mejor, engendrada desde el principio, antes que
todas las cosas y todos los tiempos.
Ella dice de sí misma:
Desde el principio me tiene formada, desde el
comienzo, antes de la tierra.
Cuando no existía el abismo... ya estaba.
5
19.
En esta belleza soberana encontró el Padre sus complacencias en la eternidad
y en el tiempo. Así lo afirmó El mismo el día del bautismo y de la
transfiguración de Cristo: Este es mi Hijo, a quien yo quiero, mi
predilecto. 6
Ella es aquella claridad luminosa e incomprensible, parte de cuyos rayos
penetraron a los apóstoles, transportándolos en éxtasis durante la
transfiguración: "(Ella) es una realidad noble, sublime, inmensa, infinita y
más antigua que el universo". 7
Si no hallo palabras con las cuales expresar la infinita idea que me he
formado de esta belleza y dulzura soberanas –aun cuando esta idea esté muy por
debajo de la realidad– ¿quién podrá hacerse de ella una idea exacta y
explicarla como conviene? ¡Solamente tú, Dios soberano! ¡Porque sabes qué es
ella! Y puedes revelarla a quien tú quieres 8.
2 - ACCION DE LA SABIDURIA EN LAS ALMAS
20.
La Sabiduría se define a sí misma, sobre todo considerando sus efectos y
acción en las almas 9. No mezclaré mis mezquinas palabras con las
suyas para no disminuir su esplendor y sublimidad.
1. La Sabiduría se alaba a sí misma
se gloría en medio de su pueblo;
2. abre la boca en la asamblea de Dios
y se gloría delante de sus potestades.
(Será ensalzada en medio de su pueblo,
y admirada en la plena congregación de los escogidos,
y recibirá alabanzas de la muchedumbre de los elegidos,
y será bendita entre los benditos y dirá:)
21.
3. Yo salí de la boca del Altísimo
y como niebla cubrí la tierra.
(Yo hice nacer en los cielos la luz indeficiente y)
4. habité en el cielo
con mi trono sobre columnas de nubes;
5. yo sola rodeé el arco del cielo
y paseé por la hondura del abismo;
6. regí las olas del mar y los continentes
y todos los pueblos y naciones.
22.
7. Por todas partes busqué descanso
y una heredad donde habitar.
23.
8. Entonces, el creador del universo me ordenó,
el creador estableció mi morada:
"Habita en Jacob, sea Israel tu heredad."
24.
9. Desde el principio, antes de los siglos me creó,
y no cesaré jamás.
10. En la santa morada, en su presencia ofrecí culto
y en Sión me establecí;
11. en la ciudad escogida me hizo descansar,
en Jerusalén reside mi poder.
25.
12. Eché raíces entre un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad.
13. Crecí como cedro del Líbano
y como ciprés del monte Hermón;
14. Crecí como palmera de Engadí y como rosal de Jericó,
como olivo crecí en la pradera
y como plátano junto al agua.
15. Perfumé como cinamono y espliego
y di aroma como mirra exquisita, como incienso, y ámbar, y bálsamo,
como perfume de incienso en el santuario.
16. Como terebinto extendí mis raíces,
un ramaje bello y frondoso;
17. como vid hermosa retoñé;
mis frutos y flores son bellos y abundantes.
26.
18. (Yo soy la madre del amor hermoso,
y del temor, y de la ciencia, y de la santa esperanza;
en mí toda gracia y el camino de la verdad;
en mí, toda la esperanza de vida y virtud.)
27.
19. Venid a mí los que me amáis
y saciaos de mis frutos;
20. mi nombre es más dulce que la miel,
y mi herencia, mejor que los panales.
(Se hará memoria de mí en toda la serie de los siglos.)
28.
21. El que me come tendrá más hambre,
el que me bebe tendrá más sed,
22. el que me escucha no fracasará,
el que me pone en práctica no pecará.
(Los que me esclarezcan tendrán la vida eterna.)
23. Todo esto es el libro de vida,
la alianza con el Dios Altísimo
y el conocimiento de la verdad
(Eclo 24,1–23).
10
29.
Todos estos árboles y plantas a las cuales se compara la Sabiduría, y que
poseen frutos y cualidades tan diferentes, simbolizan la gran variedad de
estados, funciones y virtudes que produce en las almas.
Estas con como cedros, por la elevación de sus corazones hacia el cielo; como
cipreses, por la meditación continua de la muerte; como palmeras, por la
humildad en soportar sus fatigas; como rosales, por el martirio y efusión de
su sangre; como plátanos al borde de las aguas; como terebintos, que extienden
sus ramas a lo lejos, por la dilatación de su caridad para con el prójimo;
como plantas olorosas (el bálsamo, la mirra, etc.), por la vida apartada y el
deseo de ser más conocidos de Dios que de los hombres. 11
30.
Después de haberse manifestado como madre y manantial de todos los bienes, la
Sabiduría exhorta a todos los hombres a dejarlo todo para desearla solamente a
ella. Pues no se da –en expresión de san Agustín– 12 sino a quienes
la buscan con el ardor que merece realidad tan maravillosa.
En los versículos 21 y 22, la divina Sabiduría indica tres grados de piedad.
El tercero de los cuales constituye la perfección. Son:
1. escuchar a Dios con humilde aceptación;
2. obrar en él y por él con perseverante fidelidad;
3. adquirir la luz y unción necesarias para inflamar a los demás en el amor a
la Sabiduría y conducirlos a la vida eterna.
NOTAS:
1
Rm 11,33. El tema del capítulo: excelencia de la Sabiduría vista desde sus
relaciones con Dios (16-19) y desde los frutos que produce en las almas
(20-30).
2
Is 53,8: que, basados en el texto griego y latino, no en el original hebreo,
aplican los Padres de la Iglesia a la generación del Verbo –en la eternidad– y
a la concepción virginal del Señor –en el momento de la encarnación. La
aplicación de la expresión quiere recalcar el poder admirable del Señor y el
origen misterioso de la Sabiduría.
3
Sb 7,25-26.
4
Jn 1,1.
5
Pr 8,23-24.
6
Mt 3,17.
7
Expresión tomada del antiguo oficio de la Transfiguración (himno de las
primeras vísperas, estr. 2).
8
Mt 11,27; Lc 10,22: "Mi Padre me lo ha enseñado todo; quién es el Hijo lo sabe
sólo el Padre; quién es el Padre lo sabe sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo
se lo quiere revelar."
9
La Sabiduría narra su origen y su historia. El autor sagrado identifica la
Sabiduría con la ley de Israel (v 23). El texto fue aplicado en la liturgia a
la Santísima Virgen (ver VD 264).
10
Los pasajes entre paréntesis son del texto largo adoptado por la Vulgata y
seguido por el P. de Montfort.
11
Ver H. Bonnet, Los Símbolos tradicionales de la sabiduría.
12
San Agust'in, De moribus Ecclesiae catholicae I c.17 n. 31: PL 32,1324.
MARAVILLAS
DEL PODER DE LA SABIDURIA DIVINA
EN LA CREACION DEL MUNDO Y DEL HOMBRE
EN LA CREACION DEL MUNDO
31.
La Sabiduría eterna comenzó a brillar fuera del seno de Dios cuando –después
de toda la eternidad– creó la luz, el cielo y la tierra.
Dice san Juan que
todo fue creado por la Palabra, 1 es
decir, por la Sabiduría eterna. Salomón, a su vez, la define como madre y
artífice de todas las cosas. 2 Nótese bien que no la llama
solamente artífice del universo, sino madre del mismo. Porque el artífice no
ama ni cuida su obra, como lo hace la madre con su hijo.
32.
Una vez creadas todas las cosas, la Sabiduría permanece en ellas para
contenerlas, 3 sostenerlas y renovarlas.4 Esta belleza
soberanamente recta, después de crear el mundo, estableció el orden
maravilloso que reina en él. Y cuanto hay en él, lo escogió, organizó, sopesó,
añadió y contó.
Extendió los cielos, colocó ordenadamente el sol, la luna, las estrellas y los
planetas, estableció los fundamentos de la tierra, fijó límites y leyes al mar
y a los abismos, moldeó las montañas: lo pesó y equilibró todo, hasta las
mismas fuentes.
Finalmente –dice ella misma– yo estaba junto a Dios y dictaba leyes con
precisión tan perfecta y con variedad tan agradable a la vez, que todo era
como un juego con el cual me divertía y complacía a mi Padre. 5
33. Efectivamente,
este inefable juego de la Sabiduría de Dios puede verse en las diferentes
criaturas con que pobló el universo.
Porque, sin hablar de las distintas especies de ángeles –casi infinitas en
número–, ni del tamaño diferente de los astros, ni de la desigualdad de los
temperamentos humanos, ¡qué admirables cambios no vemos en las estaciones y
los tiempos! ¡Qué variedad de instintos en los animales! ¡Qué diversidad de
especies en las plantas, de hermosura en las flores y de sabor en los frutos!
El que es sabio lo comprenderá.6 ¿A quién se ha manifestado la
Sabiduría? En efecto, sólo él comprenderá estos misterios de la naturaleza.
34. La
Sabiduría ha revelado estos misterios a los santos, como leemos en sus
biografías. Por ello, a veces se maravillaban tanto al contemplar la belleza,
suavidad y orden que la divina Sabiduría ha colocado en las cosas más
pequeñas, tales como las abejas, las hormigas, la espiga de trigo, una flor,
un gusanillo de tierra, que quedaban arrobados y extasiados ante ellas.
2 - EN LA CREACION DEL HOMBRE
1.
El hombre, vivo retrato de la divinidad
35.
Si el poder y dulzura de la Sabiduría eterna han brillado tanto en la
creación, belleza y orden del universo, han fulgurado mucho más en la creación
del hombre. Este, en efecto, constituye su obra maestra, la imagen viviente de
su belleza y perfecciones, el vaso maravilloso de sus gracias, el tesoro
admirable de sus riquezas y su único lugarteniente sobre la tierra: Tú que
por tu Sabiduría formaste al hombre para que dominara las criaturas salidas de
tus manos .7
36. Para
gloria de este maravilloso y poderoso artista, sería preciso explicar aquí la
belleza y excelencia originales que el hombre recibió de ella en su creación.
Pero el pecado infinito que éste cometió 8 –cuyas tinieblas y
manchas recayeron también sobre mí miserable hijo de Eva– ha entenebrecido de
tal manera mi entendimiento, que sólo puedo hablar de ella con tremenda
imperfección.
37.
Hizo –por decirlo así– una copia o imagen resplandeciente de su inteligencia,
de su memoria y voluntad para infundirla en el alma del hombre, para que éste
fuera un vivo retrato de la divinidad 9. Encendió en su corazón la
hoguera del amor puro de Dios. Formó para él un cuerpo totalmente luminoso, y
encerró en él, como en síntesis, las múltiples perfecciones de los ángeles, de
los animales y de las demás criaturas.
38.
Todo en el hombre era luminoso, sin tinieblas; hermoso, sin fealdad; puro, sin
mancha alguna; armonioso, sin desorden ni defecto o imperfección. Tenía en la
inteligencia la luz de la Sabiduría como patrimonio para conocer con
perfección a su Creador y a las criaturas. Tenía en el alma la gracia de Dios,
para ser inocente y agradar al Altísimo. Estaba dotado de inmortalidad en el
cuerpo. Ardía en su corazón el amor puro de Dios –sin temor a la muerte– y
amaba a Dios continuamente y por él mismo, sin interrupción ni segundas
intenciones. Por último, era tan divino, que vivía constantemente fuera de sí
mismo, arrobado en Dios, sin pasiones que vencer ni enemigos que combatir.
¡Oh generosidad de la Sabiduría eterna para con el hombre! ¡Oh feliz estado el
del hombre en la inocencia!
2. Desgracia suprema del pecado...
39. Pero
¡oh desgracia suprema!... ¡Este vaso de Dios se quiebra en mil pedazos! ¡La
hermosa estrella cae por tierra! ¡El radiante sol se cubre de fango! ¡El
hombre peca, y al pecar pierde su sabiduría, inocencia, hermosura e
inmortalidad! En una palabra: ¡pierde todos los bienes recibidos, mientras le
asalta infinidad de males! 10
Su inteligencia queda embotada y entenebrecida: ya no puede ver nada; su
corazón se vuelve de hielo para con Dios: ya no lo ama; su alma queda
ennegrecida por el pecado: se asemeja al demonio. Surgen desordenadas las
pasiones: ya no es dueño de ellas; no le queda otra compañía que la del
demonio: se ha convertido en morada y esclavo suyo. Las criaturas se rebelan y
le hacen la guerra.
¡En un momento, el hombre se ha convertido en esclavo del demonio, objeto de
la ira divina 11 y víctima del infierno!
Se encuentra tan repugnante a sí mismo, que –avergonzado– corre a esconderse.
12 Se siente maldecido y condenado a muerte. Se ve arrojado del
paraíso terrenal y pierde su derecho al cielo. Se ve condenado a llevar una
vida carente de esperanza y felicidad y llena de desgracias en esta tierra
maldita. Tendrá que morir como un criminal. Después de la muerte será
condenado –como el diablo– en cuerpo y alma por la eternidad. ¡Y todo esto,
para él y su descendencia! 13 Esta fue la espantosa desgracia en
que se precipitó el hombre al pecar y ésta, la justa sentencia que la justicia
divina pronunció contra él.
40.
En semejante estado, la situación de Adán parece desesperada: ni los ángeles
ni las criaturas pueden ayudarle. Nada es capaz de redimirlo, porque era
demasiado bello y perfecto en su creación, y a consecuencia del pecado quedaba
demasiado asqueroso y repugnante. Se ve arrojado del paraíso y de la presencia
de Dios. Tiene conciencia de que la justicia de Dios lo perseguirá a él y a
toda su descendencia. Ve que se le cierra el cielo y se le abre el infierno,
sin que nadie pueda abrirle el primero y cerrarle el segundo.
NOTAS:
1
Jn 1,3.
2
Sb 7,12-21.
3
Sb 1,7.
4
Sb 7,27.
5
Pr 8,30-31.
6
Os 14,10; ver Sl 107(106),43: "El inteligente que retenga estos hechos y
medite el amor del Señor."
7
Sb 9,2: "Formaste al hombre con sabiduría para que dominara todas tus
criaturas". Ver también: Gn 1,28; Sl 8.
8
SANTO TOMAS, S. Th. I-II, q.87 a.4.
9
Gn 1,26.
10
Para el P. de Montfort, el pecado no es otra cosa que la negación del amor, y
por tanto del proyecto de la Sabiduría en favor del hombre. Puede verse en la
fórmula de consagración, al final del libro, la misma idea (ASE 223.)
11
Ef 2,3.
12
"El hombre y su mujer se escondieron entre los árboles del jardín, para que el
Señor no los viera." (Gn 3,8.)
13
El autor hace aquí abstracción de la obra redentora. Vemos al hombre
abandonado a sí mismo.
PRODIGIOS
DE LA BONDAD Y MISERICORDIA DE LA
SABIDURIA ETERNA ANTES DE LA ENCARNACION
41.
La Sabiduría eterna se conmueve vivamente ante la desgracia del pobre Adán y
de todos sus descendientes, contempla con sumo dolor su vaso de honor hecho
pedazos, destrozado su retrato, destruida su obra maestra, derribado por
tierra su lugarteniente.
Tiende amorosamente el oído a sus gemidos y clamores. Mira compasivamente el
sudor de su frente, las lágrimas de sus ojos, la fatiga de sus brazos, el
dolor de su alma y la aflicción de su corazón.
1 - EL DECRETO DE LA ENCARNACION
42.
Paréceme ver –por decirlo así– a esta amable Soberana convocando y reuniendo
por segunda vez a la Santísima Trinidad para decidir la restauración del
hombre, como lo había hecho cuando la creación. 1 E imagino que en
este magno consejo se desencadena una especie de combate entre la Sabiduría
eterna y la justicia de Dios. 2
43.
Me parece oír a la Sabiduría, que en la causa del hombre reconoce que
realmente éste y su posteridad merecen ser condenados eternamente con los
ángeles rebeldes a causa de su pecado. Pero que es preciso compadecerse de él,
porque su pecado obedece más a debilidad e ignorancia que a malicia. Observa,
por una parte, que es gran lástima que una obra maestra tan bien lograda
permanezca para siempre esclavizada al enemigo y que millones de hombres se
vean para siempre condenados por el pecado de uno solo. Muestra, por otra
parte, los tronos vacíos del cielo por la caída de los ángeles apóstatas, y
que sería bien llenar de nuevo. 3 E indica la gloria inmensa que
Dios recibiría en el tiempo y la eternidad si se salva al hombre.
44.
Paréceme oír a la justicia contestando que la sentencia de muerte y
condenación eterna está dictada contra el hombre y su posteridad, y debe
ejecutarse sin remisión ni misericordia, como lo fue la dictada contra Lucifer
y sus secuaces; que el hombre es un ingrato después de los beneficios que
había recibido; que, habiendo seguido al demonio en la desobediencia y el
orgullo, debe también acompañarlo en el castigo, porque el pecado debe ser
castigado.
45.
Viendo la Sabiduría eterna que nadie en el universo era capaz de expiar el
pecado del hombre, satisfacer a la justicia y aplacar la ira divina, y
queriendo al mismo tiempo salvar al desventurado, a quien amaba por
naturaleza, halla un medio admirable.
¡Proceder asombroso! ¡Amor incomprensible llevado hasta el extremo!
4
La amable y soberana Princesa se ofrece ella misma en holocausto al Padre para
satisfacer su justicia, aplacar su cólera, liberarnos de la esclavitud del
demonio y de las llamas del infierno y merecernos una eternidad feliz.
46. Su
oferta es aceptada; la decisión, tomada y decretada: la Sabiduría eterna, es
decir, el Hijo de Dios, se hará hombre en el momento oportuno y en las
circunstancias señaladas. Durante los cuatro mil años aproximadamente que
transcurrieron desde la creación y el pecado de Adán hasta la encarnación de
la divina Sabiduría 5, Adán y sus descendientes murieron, conforme
a la ley dictada contra ellos por Dios. Pero, en previsión de la encarnación
del Hijo de Dios, recibieron gracias para obedecer a los mandamientos y hacer
digna penitencia en caso de trasgresión, y, si murieron en gracia y amistad
con Dios, sus almas descendieron al limbo a esperar que su Salvador y
Libertador les abriera las puertas del cielo.
2 - DURANTE EL TIEMPO ANTERIOR A LA ENCARNACION
47.
Durante el tiempo que precedió a la encarnación, la Sabiduría eterna testificó
de mil maneras a los hombres la
amistad que les tenía y el anhelo de
comunicarles sus beneficios y dialogar con ellos: Disfrutaba con los
hombres. 6 Ella misma va de un lado a otro buscando a los
que la merecen, 7 esto es, a personas dignas de su amistad,
dignas de sus tesoros, dignas de su persona. Se ha difundido por diversas
naciones en las personas santas para transformarlas en amigos de Dios y en
profetas. Ella sola formó a todos los santos patriarcas, a los amigos de
Dios, a los profetas y santos del Antiguo y del Nuevo Testamento. 8
La Sabiduría eterna inspiró a los hombres de Dios, habló por boca de los
profetas, los dirigió en sus caminos, los iluminó en sus dudas, los sostuvo en
sus debilidades y los libró de todo mal.
48.
El Espíritu Santo lo refiere con estas palabras en el libro de la Sabiduría
(10,1–21):
De Adán a Moisés.
1. Ella fue quien protegió al padre del mundo en su soledad,
a la primera criatura modelada por Dios, es decir, a Adán;
2. lo levantó de su caída y le dio el poder de dominarlo todo.
3. Se apartó de ella el criminal iracundo –Caín–
y su saña fratricida le acarreó la ruina.
Por su culpa vino el diluvio a la tierra,
y otra vez la salvó la sabiduría
pilotando al justo –Noé– en un tablón de nada.
5. Cuando la barahúnda de los pueblos,
concordes en la maldad,
ella se fijó en el justo –Abrahán–
y lo preservó sin tacha ante Dios,
manteniéndolo entero, sin ablandarse ante su hijo.
6. Cuando la aniquilación de los impíos,
ella puso a salvo al justo –Lot–,
fugitivo del fuego llovido sobre la Pentápolis;
7. testimonio de su maldad,
aún esta ahí el yermo humeante,
los árboles frutales de cosechas malogradas
y la estatua de sal que se yergue,
monumento al alma incrédula.
8. Pues, dejando a un lado la sabiduría,
se mutilaron ignorando el bien,
y además legaron a la historia un recuerdo de su insensatez,
para que su mal paso no quedara oculto.
49.
9. La Sabiduría sacó de apuros a sus adictos.
10.
Al justo Jacob,
que escapaba de la ira de su hermano Esaú,
lo condujo por sendas llanas;
le mostró el Reino de Dios y le dio a conocer los santos;
dio éxito a sus tareas e hizo fecundos sus trabajos;
11. lo protegió contra la codicia de los explotadores
y lo enriqueció;
12. lo defendió de sus enemigos
y lo puso a salvo de sus asechanzas:
le dio la victoria en una dura batalla
para que supiera que la piedad
es más fuerte que nada.
13. No abandonó al justo vendido –José–,
sino que lo libró de caer en el pecado;
14. bajó con él al calabozo y no lo dejó en prisión,
hasta entregarle el cetro real
y el poder sobre sus tiranos;
demostró la falsedad de sus calumniadores
y le concedió gloria perenne.
[Exodo]
15. Al pueblo santo, a la raza irreprochable,
[los hebreos,
lo libró de la nación opresora,
16. entró en el alma del servidor de Dios, Moisés,
que hizo frente a reyes temibles
con sus prodigios y señales.
17. Dio a los santos la recompensa de sus trabajos
y los condujo por un camino maravilloso;
fue para ellos sombra durante el día
y resplandor de astros por la noche.
18. Los hizo atravesar el mar Rojo
y los guió a través de aguas caudalosas;
19. sumergió a sus enemigos
y luego los sacó a flote de lo profundo del abismo.
Por eso, los justos despojaron a los impíos y cantaron, Señor,
un himno a tu santo nombre,
ensalzando a coro tu brazo victorioso;
21. porque la sabiduría abrió la boca de los mudos
y soltó la lengua de los niños.
50.
En el capítulo siguiente del libro de la Sabiduría, 9 el Espíritu
Santo enumera los males de los cuales libró la Sabiduría a Moisés y a los
israelitas, mientras atravesaban el desierto. A esto podemos añadir todos
aquellos que fueron salvados de grandes peligros en el Antiguo y el Nuevo
Testamento: como Daniel, en el foso de los leones; Susana, de la falsa
acusación; los tres jóvenes, en el horno de Babilonia; San Pedro, de la
cárcel; San Juan, de la tinaja de aceite hirviente, y la multitud de mártires
y confesores de la fe en los tormentos infligidos a sus cuerpos, en las
calumnias que empañaban su reputación. Añadamos, repito, todos aquellos que
fueron liberados y sanados gracias a la Sabiduría: Los hombres aprendieron
lo que te agrada, y la sabiduría los salvó. 10
3 - CONCLUSION
51.
Exclamemos, pues: "¡Dichoso una y mil veces aquel en quien la Sabiduría
divina ha podido entrar para morar en él! ¡Saldrá victorioso de todos sus
combates, se verá libre de todos los peligros que le asalten, será reanimado y
consolado en todas las tristezas que le aflijan, y en cualquier humillación en
que se encuentre será exaltado y glorificado en el tiempo y en la eternidad!".
NOTAS:
1
Gn 1,26.
2
La idea de semejante combate entre la Justicia y la Misericordia divinas para
decretar la encarnación, es frecuente en los autores anteriores al P. de
Montfort, quien concretamente ha podido tomarla de Poiré.
3
VD 28: La misión de llenar los tronos vacíos, se la confiere Dios a María.
4
Jn 13,1: "Había amado a los suyos que vivían en el mundo y los amó hasta el
extremo."
5
La suma de cuatro mil años, se tomaba siguiendo la cronología ofrecida por la
Biblia, desde la prehistoria bíblica: Gn 1–11. Hoy sabemos que estas fechas,
así como las edades de los patriarcas, buscan simplemente llenar el espacio
entre la creación y el comienzo de la historia bíblica, en Abrahán, padre de
los creyentes (Gn 12).
6
Pr 8,31.
7
Sb 6,17.
8
Sb 7,27; ver 7,14
9
Sb 11.
10
Sb 9,18.
52.
El Espíritu Santo se ha dignado revelarnos la excelencia de la Sabiduría –en
el capítulo 8 del libro de la Sabiduría– en términos tan sublimes, que bastará
reproducirlos y acompañarlos de cortas reflexiones.
53.
1. (La Sabiduría) alcanza con vigor de extremo a extremo y gobierna el
universo con acierto.
Nada tan dulce como la Sabiduría: dulce en sí misma, sin amargura; dulce para
quienes la aman, sin dejar desazón; dulce en su modo de obrar, sin violentar a
nadie. Frecuentemente, se diría que no está presente en los accidentes y
trastornos que acontecen: tan secreta y suave es la Sabiduría. Pero, siendo
una fuerza invencible, lo encamina todo, insensible pero vigorosamente, a su
meta por vías que los hombres desconocen. 1
Es preciso que el sabio sea, a ejemplo suyo, suavemente fuerte y fuertemente
suave.
54. 2.
La quise y la rondé desde muchacho y la pretendí como esposa, enamorado de su
hermosura.
Quien desee adquirir el gran tesoro de la Sabiduría debe, a ejemplo de Salomón,
buscarla:
1) desde temprano y, a ser posible, desde la infancia;
2) espiritual y castamente, como un casto esposo a su esposa;
3) perseverantemente, hasta el fin, hasta alcanzarla.
Es cierto que la Sabiduría eterna tiene tanto amor a las almas, que llega
hasta el extremo de desposarse con ellas y contraer con ellas un matrimonio
espiritual, pero auténtico, 2 que el mundo desconoce, pero del cual
la historia nos ofrece numerosos ejemplos.
55. 3.
Su intimidad con Dios realza su nobleza, siendo el dueño de todo quien la ama.
La Sabiduría es Dios mismo; ésta es la gloria de su origen. El Padre encuentra
en ella todas sus complacencias, como El mismo lo asevera. ¡Es así como es
amada!
56. 4.
Es confidente del saber divino y selecciona sus obras.
Solamente la Sabiduría ilumina a todo hombre que viene al mundo.
3 Efectivamente, sólo ella viene del cielo para revelarnos los secretos de Dios.
4 Y no tenemos más verdadero maestro que esta Sabiduría encarnada,
que se llama Jesucristo. 5 Unicamente ella conduce a su meta todas
las obras de Dios, de modo especial a los santos, dándoles a conocer lo que
deben hacer y llevándoles a saborear y realizar cuanto les dio a conocer.
57.
5. Si la riqueza es un bien apetecible en la vida,
¿quién es más rico que la sabiduría,
que lo realiza todo?
6. Y si es la inteligencia quien lo realiza,
¿quién es artífice de cuanto existe más que ella?
7. Si alguien ama la rectitud,
las virtudes son frutos de sus afanes;
es maestra de templanza y prudencia,
de justicia y fortaleza;
para los hombres no hay en la vida
nada más provechoso que esto.
Salomón demuestra que, no debiendo amar más que a la Sabiduría, de ella sola
hemos de esperarlo todo: bienes de fortuna, conocimiento de los secretos de la
naturaleza, bienes del alma, virtudes teologales y cardinales.
58.
8. Y si alguien ambiciona una rica experiencia,
ella conoce el pasado y adivina el futuro,
sabe los dichos ingeniosos
y la solución de los enigmas,
comprende de antemano los signos y prodigios
y el desenlace de cada momento, de cada época.
Quien desee poseer una ciencia nada común y que no sea árida y superficial,
6 sino extraordinaria, santa y profunda, de las realidades de la
gracia y de la naturaleza, debe poner todo su empeño en adquirir la Sabiduría,
sin la cual el hombre –aunque sabio delante de los demás– es considerado en
nada ante los ojos de Dios: Nadie les hace caso 7.
59.
9. Por eso decidí unir nuestras vidas,
seguro de que sería mi consejera en la dicha,
mi alivio en la pesadumbre y la tristeza.
¿Quién podrá considerarse pobre poseyendo a la Sabiduría, que es tan rica y
generosa? ¿Quién podrá estar triste teniendo a la Sabiduría, que es tan dulce,
hermosa y tierna? Y, sin embargo, ¿quién –de cuantos buscan la Sabiduría– dice
sinceramente con Salomón: Por eso decidí? La mayoría no ha tomado esta sincera
resolución: tiene sólo veleidades o, a lo sumo, propósitos vacilantes o
indiferentes. ¡Por ello, jamás encontrará la Sabiduría! 8
60.
10. Gracias a ella, me elogiará la asamblea
y, aun siendo joven, me honrarán los ancianos;
11. en los procesos lucirá mi agudeza
y seré la admiración de los monarcas;
12. si callo, estarán a la expectativa;
si tomo la palabra, prestarán atención,
y si me alargo hablando,
se llevarán la mano a la boca.
13. Gracias a ella alcanzaré la inmortalidad
y legaré a la posteridad un recuerdo imperecedero.
14. Gobernaré pueblos, someteré naciones.
Sobre estas palabras, en las que el sabio se alaba a sí mismo, San Gregorio
hace la siguiente reflexión: "Los que han sido escogidos por Dios para
escribir sus sagradas palabras, estando como están llenos del Espíritu Santo,
salen, en cierto modo, de sí mismos para entrar en aquel que los posee, y,
transformados así en la lengua de Dios, consideran sólo a Dios en lo que dicen
y hablan de sí mismos como si lo hicieran de un tercero."
9
61.
15. Soberanos temibles se asustarán al oír mi nombre;
con el pueblo me mostraré bueno,
y en la guerra, valeroso.
16. Al volver a casa descansaré a su lado,
pues su trato no desazona;
su intimidad no deprime, sino que regocija y alegra.
17. Esto es lo que yo pensaba
y sopesaba para mis adentros:
la inmortalidad consiste
en emparentar con la sabiduría;
18. su amistad es noble deleite;
el trabajo de sus manos, riqueza inagotable;
su trato asiduo, prudencia
conversar con ella, celebridad;
entonces me puse a dar vueltas tratando de llevármela a casa.
El autor sagrado, luego de resumir en pocas palabras lo que acaba de explicar,
saca esta conclusión: Me puse a dar vueltas... Para adquirir la Sabiduría hay
que buscarla con ardor, es decir, es preciso estar dispuestos a dejarlo todo,
a sufrirlo todo y a emprenderlo todo para llegar a poseerla. Pocos la
encuentran, porque pocos la buscan como ella lo merece.
62. El
Espíritu Santo habla en el capítulo 7 de este libro sobre la excelencia de la
Sabiduría en los siguientes términos:
22. Es un espíritu inteligente, santo, único, múltiple,
sútil, móvil, penetrante, inmaculado,
lúcido, invulnerable, bondadoso, agudo,
23. incoercible, benéfico, amigo del hombre,
firme, seguro, sereno, todopoderoso, todo vigilante,
que penetra todos los espíritus inteligentes, puros, sutilísimos.
24. La sabiduría es más móvil que cualquier movimiento;
y, en virtud de su pureza,
lo atraviesa y lo penetra todo.
14. Por fin, es un tesoro inagotable para los hombres;
los que la adquieren se atraen la amistad de Dios,
porque el don de su enseñanza los recomienda.
10
63. Tras
palabras tan enérgicas y tiernas del Espíritu Santo para hacernos comprender
la belleza, valor y tesoros de la Sabiduría, ¿quién no la amará y buscará con
todas sus fuerzas? ¡Tanto más cuanto que se trata de un tesoro infinito,
propio del hombre, para el cual fue creado el hombre, y que la Sabiduría misma
tiene infinitos deseos de darse al hombre!
NOTAS:
1
Ver los cc 10 y 11 en los que el P. de Montfort habla de la dulzura de la
Sabiduría encarnada.
2
Os 2,1ss: historia matrimonial de Oseas, que se convierte en símbolo de la
alianza entre el Dios siempre fiel y el pueblo reiteradamente infiel; ver
también 2Cor 11,2 y ASE 98 y el Cántico 126 del P. de Montfort y vgr.
SANTA TERESA, Castillo interior, c 2 n 3.
3
Jn 1,9.
4
Jn 1,18: "A Dios nadie lo ha visto jamás; es el Hijo único, que es Dios y está
al lado del Padre, quien lo ha explicado." Ver también Mt 11,27; 1Cor 2,10.
5
Mt 23,8-10.
6
VD 64.
7
Sb 3,17.
8
Ver No. 60. El autor volverá más detenidamente sobre los medios para alcanzar
la Sabiduría, en los cc 15 a 17.
9
San Gregorio Magno, Moralium Libri: PL 75,518.
10
Sb 7,22-24. Este versículo 14 sirve a Montfort para resumir lo anterior, y
abrir la reflexión que presenta sobre el mismo tema en el capítulo siguiente.
APREMIANTES DESEOS DE LA DIVINA SABIDURÍA
DE COMUNICARSE A LOS HOMBRES
64. Existe
un vínculo de amistad tan estrecho entre la Sabiduría eterna y el hombre, que
resulta incomprensible: la Sabiduría es para el hombre, y el hombre para la
Sabiduría. Es un tesoro inagotable para los hombres, 1 no para los
ángeles ni para las demás criaturas. Esta amistad de la Sabiduría con el
hombre proviene de que éste fue en la creación el compendio de las maravillas,
el pequeño y gran mundo, la imagen viviente y el lugarteniente de la Sabiduría
sobre la tierra. Y desde que, en exceso de amor por él, se hizo semejante al
hombre al encarnarse y se entregó a la muerte para salvarlo, lo ama como a un
hermano, un amigo, un discípulo, un alumno, el precio de su sangre y el
coheredero de su reino. De modo que se le hace infinita violencia rehusándole
o robándole el corazón de un hombre.
1 - CARTA DE AMOR DE LA SABIDURIA ETERNA
65. Esta
eterna y regiamente amable belleza tiene deseo tan vivo de la amistad del
hombre, que para conquistarlo ha escrito expresamente un libro, manifestando
en él sus excelencias y los deseos que tiene de los hombres. Libro que es como
una carta de la amante a su amado para ganar su afecto. Los deseos de poseer
el corazón del hombre que manifiesta en él son tan apremiantes, la solicitud
que revela para ganarse su amistad es tan delicada, sus llamadas y anhelos son
tan amorosos, que –al oírla hablar– se diría que no es la reina del cielo y de
la tierra y que para ser feliz necesita de los hombres. 2
66. En
busca del hombre recorre largos caminos o sube a la cima de las más altas
montañas, ora llega a la puerta de las ciudades, ora penetra en las plazas
públicas o en medio de las multitudes, y grita a voz en cuello: A ustedes,
hombres, los llamo .3 "¡Oh hijos de los hombres! ¡Los estoy
llamando desde hace tanto tiempo! ¡A ustedes me dirijo! ¡A ustedes llamo y
busco! ¡Por su posesión suspiro! ¡Escúchenme! ¡Vengan a mí: quiero darles la
felicidad!"
Y para atraerlos con mayor eficacia, añade:
"Por mí y por mi favor reinan
los reyes y dominan los príncipes y los potentados, y los monarcas llevan el
cetro y la corona .4 Yo inspiro a los legisladores la ciencia
de promulgar leyes justas para gobernar los Estados. Doy a los magistrados
valor para ejercer, equitativamente y sin temores, la justicia."
67.
"Yo amo a los que me aman y los que madrugan por mí me encuentran,
5 y al hallarme, darán con la abundancia de todos los bienes,
porque yo traigo riqueza y gloria, honores, dignidad, delicias perdurables y
virtudes auténticas.6 ¡Es incomparablemente mejor para el hombre
el poseerme que poseer todo el oro y la plata del mundo, todas las piedras
preciosas y los bienes del universo entero! ¡Guío a los que vienen a mí por
los caminos de la justicia y la prudencia y los enriquezco con la posesión
propia de los verdaderos hijos, hasta colmar sus anhelos! ¡Persuádanse de que
mi mayor contento y mis mayores delicias se hallan en poder dialogar y morar
con los hijos de los hombres!" 7
68. 32.
Por tanto, hijos míos, escúchenme:
dichosos los que siguen mis caminos;
33. escuchen mis avisos, y serán sensatos; no los rechacen;
34. dichoso el hombre que me escucha,
velando en mi portal cada día,
guardando las jambas de mi puerta.
35. Quien me alcanza, alcanza la vida
goza del favor del Señor.
36. Quien me pierde, se arruina a sí mismo;
los que me odian aman la muerte.
8
69. Después
de palabras tan tiernas y atrayentes de la Sabiduría para granjearse el amor
de los hombres, teme que aún –a causa de su maravilloso esplendor y soberana
majestad– no se atrevan, por respeto, a acercarse a ella. Por esto, les hace
saber:
La sabiduría es radiante e inmarcesible,
la ven sin dificultad los que la aman,
y los que van buscándola la encuentran;
ella misma se da a conocer a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa:
la encuentra sentada a la puerta.
9
2 - LA ENCARNACION, LA MUERTE Y LA EUCARISTIA
70. Finalmente
para acercarse más a los hombres y testificarles su amor aún más
sensiblemente, la Sabiduría eterna llegó hasta encarnarse, hacerse niño y
pobre y morir por ellos en la cruz.
¡Cuántas veces no exclamó cuando vivía en la tierra:
"Vengan a mí,
¡acérquense a mí todos! 10 ¡Soy yo, no tengan miedo!. 11
¿Por qué temer? Soy semejante a ustedes y los amo. ¿Temen, quizás, por ser
pecadores? –¡Precisamente los busco a ustedes! ¡Amo a los pecadores! ¿Temen
por haberse alejado culpablemente del redil? –Pero, ¡yo soy el buen pastor!
12 ¿Temen, quizás, por estar cargados de pecados, cubiertos de
manchas y abrumados de tristeza? –Por eso precisamente deben venir a mí, pues
yo los liberaré de su carga, los purificaré y aliviaré."
71.
Queriendo la Sabiduría, por una parte, manifestar su amor a los hombres hasta
morir en lugar suyo para salvarlos, y no pudiendo, por otra, decidirse a
abandonarlos, encuentra un secreto admirable para morir y al mismo tiempo
seguir viviendo y permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos: es la
amorosa institución de la Eucaristía. Y para satisfacer cumplidamente su amor
en este misterio, no tiene inconveniente en cambiar y trastornar las leyes
naturales.
No se oculta en el brillo de un diamante ni de otra piedra preciosa, porque no
quiere quedarse sólo exteriormente con los hombres. La Sabiduría se oculta,
más bien, bajo las apariencias de un trozo de pan –alimento propio del
hombre–, a fin de que, al ser comida por éste, pueda llegar hasta el corazón
humano y encontrar allí sus delicias. "Es el invento de un amor intenso."
13 "¡Oh sabiduría eterna! –dice un santo–. 14 ¡Oh Dios
realmente pródigo de sí mismo por el deseo que tiene del hombre!"
3 - INGRATITUD DE QUIENES RECHAZAN A LA SABIDURIA
72.
¿Cuál no será entonces nuestra insensibilidad e ingratitud, si no nos
conmueven los ardientes deseos, los amorosos inventos y las pruebas de amistad
de la amable Sabiduría?
Y si, en lugar de escucharla, cerramos el oído; si, en lugar de buscarla,
huimos de ella; si, en lugar de honrarla y amarla, la despreciamos y
ofendemos, ¿cuál no será nuestra crueldad y cuál el castigo que recibiremos ya
desde este mundo? Dejando a un lado a la Sabiduría –dice el Espíritu Santo–,
se mutilaron ignorando el bien, y además legaron a la historia un recuerdo de
su insensatez, para que su mal paso no quedara oculto. 15
Tres desgracias padecen durante la vida quienes se despreocupan de la
adquisición de la Sabiduría, a saber, caen:
1) en la ignorancia y la ceguera;
2) en la insensatez;
3) en el escándalo y el pecado.
Pero ¡qué desdicha tan terrible la suya cuando a la hora de la muerte oigan, a
pesar suyo, a la Sabiduría, que les reprocha: "Los llamé, y rehusaron.
16 Les tendí los brazos todo el día, pero ustedes me despreciaron;
los esperé sentada a la puerta de su casa, pero nadie vino a mí. Pues yo me
reiré de su desgracia, me burlaré cuando les alcance el terror. 17
¡Seré sordo a sus gritos, ciego ante sus lágrimas, no tendré corazón para
conmoverme por sus sollozos ni mano para prestarles ayuda!"
Y ¿cuál no será su desgracia en el infierno? Lean lo que el Espíritu Santo ha
dicho sobre las desdichas, llantos, remordimientos y desesperación de los
condenados, que en el infierno –ya entonces demasiado tarde– reconocerán su
locura y desventura por haber despreciado a la Sabiduría de Dios. 18
Comenzarán a hablar juiciosamente, pero ¡será ya en el infierno!
4 - CONCLUSION
73. Deseemos
y busquemos, pues, solamente a la Sabiduría: Es más valiosa que cualquier
cosa. 19
Ninguna joya se le puede comparar.
20
Sean cuales fueren los dones de Dios y los tesoros celestes que puedas desear,
si no deseas la Sabiduría, estás deseando algo inferior a ella. ¡Ah! ¡Si
conocieras el tesoro infinito de la Sabiduría hecho para el hombre –reconozco
que no es nada lo que he dicho–, suspirarías por ella día y noche, volarías
presuroso de un extremo al otro del mundo y pasarías gozoso por el fuego y
sobre filos cortantes, si fuera necesario, con tal de merecerla! Pero es
necesario que seas precavido y no te equivoques al escoger, pues existen
varias clases de sabiduría 21.
NOTAS:
1
Sb 7,14.
2
Ver Pr 8,15-31.
3
Pr 8,4.
4
Ver Sb
5
Eclo 24,
6
Ver Sb 8,3ss
7
Ver Pr 8,31.
8
Pr 8,32-36.
9
Sb 6,12-14.
10
Mt 11,28.
11
Jn 6,20.
12
Jn 10,11.14.
13
San Juan Crisostomo, In Iohannen homilia, 46 c 6 n 3: PG 50,260.
14
Abad Guerrico, Sermo 1 in Pentecosten, n 1: PL 185,157: "O Deum... prodigum
sui prae desiderium hominis!"
15
Sb 10,8.
16
Pr 1,24.
17
Pr 1,26.
18
Sb 5,1-14.
19
Pr 3,15.
20
Pr 8,11.
21
El P. de Montfort está siguiendo, como en el Tratado de la verdadera
devoción..., su método clásico de exposición.
74. Dios
tiene su Sabiduría. Y es la única Sabiduría verdadera y digna de que la amemos
y busquemos como un gran tesoro. Pero también el mundo depravado tiene la
suya. Y a ésta debemos condenarla y detestarla como malvada y perversa. Los
filósofos también tienen su sabiduría. Esta merece nuestro desprecio porque es
inútil y, con frecuencia, peligrosa para la salvación. 1
Hemos hablado hasta aquí de la Sabiduría de Dios a las almas perfectas –como
dice el Apóstol–. 2 Pero, ante el temor de que se dejen engañar por
el oropel de la sabiduría mundana, mostremos la impostura y malignidad de esta
última.
1 - LA SABIDURIA MUNDANA
75.
La sabiduría mundana es aquella de la cual se ha dicho: Anularé el saber de
los sabios 3 según el mundo. La sabiduría de la carne es
enemiga de Dios. 4 Esta sabiduría no baja de lo alto; ésa es
terrestre, animal y diabólica. 5
Consiste esta sabiduría mundana en una perfecta armonía con las máximas y
modas del mundo; en una tendencia continua a la grandeza y estimación; en la
búsqueda constante y solapada de los propios caprichos e intereses; pero no de
modo patente y provocador con algún pecado escandaloso, sino de manera
habilidosa, astuta y engañosa; de lo contrario, ya no sería sabiduría ni
siquiera según el mundo, sino libertinaje.
76. Sabio
según el mundo es:
– quien sabe desenvolverse en sus negocios y consigue sacar ventaja de todo,
sin dar la impresión de proponérserlo;
– quien domina el arte de fingir y engañar astutamente, sin que nadie se dé
cuenta;
– quien conoce perfectamente los gustos y cumplidos del mundo;
– quien sabe amoldarse a todos para conseguir sus propósitos, sin preocuparse
ni poco ni mucho de la honra y gloria de Dios;
– quien armoniza secreta pero funestamente la verdad con la mentira, el
Evangelio con el mundo, la virtud con el pecado y a Jesucristo con Belial;
– quien desea pasar por honesto, pero no por devoto;
– quien desprecia, interpreta torcidamente o condena con facilidad las
prácticas piadosas que no se acomodan a las suyas. Finalmente, sabio
según el mundo es quien, guiándose sólo por la luz de los sentidos y de la
razón humana, trata únicamente de salvar las apariencias de cristiano y hombre
de bien, sin preocuparse en lo más mínimo por agradar a Dios y expiar, por la
penitencia, los pecados que ha cometido contra la divina Majestad.
77. Tiene
siete móviles que considera inocentes y en los cuales se apoya para llevar una
vida tranquila: la honra y la fama, el qué dirán, la moda, la buena mesa, el
interés personal, la afectación en los modales, el chiste fino.
Tiene virtudes particulares que le valen ser canonizado por los mundanos: la
valentía, la delicadeza, la diplomacia, la sagacidad, la galantería, la
cortesía, la jovialidad. Mira, en cambio, como pecados enormes la
insensibilidad, la simplicidad, la pobreza, la rusticidad, la mojigatería.
78. Sigue
con la mayor fidelidad los mandamientos dictados por el mundo:
Conoce bien el mundo;
Vive como hombre honrado;
Conduce bien tus negocios;
Conserva bien lo que tienes;
Procura salir del polvo; Procura ganar amigos;
Frecuenta la alta sociedad;
Come y bebe bien;
No seas causa de melancolía;
Evita la singularidad, la rusticidad y la mojigatería.
79. Nunca
ha estado el mundo tan corrompido como hoy, porque nunca había sido tan sagaz,
prudente y astuto a su manera. Utiliza tan hábilmente la verdad para inspirar
el engaño; la virtud, para autorizar el pecado; las máximas de Jesucristo,
para justificar las suyas..., que incluso los más sabios según Dios, son
víctimas de sus mentiras.
¡El número de los necios es infinito!
6 Es decir, el número de los
sabios según el mundo –que resultan necios según Dios– es infinito.
2 - TRIPLE ASPECTO DE LA SABIDURIA MUNDANA
80. La
sabiduría terrena de que habla Santiago, es el amor a los bienes de la
tierra. Los sabios del mundo profesan secretamente esta sabiduría cuando
apegan el corazón a sus posesiones; cuando todo lo encaminan a enriquecerse;
cuando promueven juicios y litigios inútiles para adquirir o conservar sus
riquezas; cuando –la mayor parte del tiempo– no piensan, hablan ni actúan sino
con miras a conseguir o conservar algún bien temporal; mientras sólo a la
ligera, para salir del paso, a intervalos y para cubrir las apariencias, se
aplican a procurar la propia salvación y a utilizar los medios para
alcanzarla, como son la confesión, la comunión, la oración, etcétera.
81. La
sabiduría carnal es el amor al placer. Los sabios del mundo la profesan cuando
no buscan sino el gozo de los sentidos; cuando aman la buena mesa; cuando
alejan de sí todo lo que puede mortificar o incomodar el cuerpo, como ayunos,
austeridades, etc.; cuando habitualmente sólo piensan en comer, beber, jugar,
reír, divertirse y pasarlo lo mejor posible; cuando buscan la molicie en el
dormir, los juegos divertidos, los festines agradables y las alegres
compañías. Tras haber gozado sin escrúpulo de todas estas satisfacciones
conseguidas, sin disgustar al mundo ni perjudicar la salud, buscan al confesor
menos escrupuloso –así llaman a esos confesores relajados que no cumplen con
su deber– para recibir de él, a bajo precio, la paz de su vida muelle y
afeminada y la indulgencia plenaria de todos sus pecados. He dicho "a bajo
precio" porque estos sabios según la carne no apetecen, ordinariamente, por
penitencia sino alguna oración o limosna y detestan cuanto puede afligir el
cuerpo.
82. La
sabiduría diabólica es el amor y estima de los honores. Los sabios según
el mundo la profesan cuando aspiran –aunque secretamente– a las grandezas,
honores, dignidades y cargos importantes; cuando buscan hacerse notar,
estimar, alabar y aplaudir por los hombres; cuando en sus trabajos, afanes,
palabras y acciones sólo ambicionan la estimación y la alabanza de los hombres
al querer pasar por buenos cristianos, sabios eminentes, ilustres militares,
expertos jurisconsultos, personas infinitamente meritorias y excepcionales o
de gran consideración; cuando no soportan que se les humille o reprenda;
cuando ocultan sus propios defectos y alardean de lo bueno que poseen.
83. Con
Jesucristo Nuestro Señor, la Sabiduría encarnada, debemos detestar y condenar
estas tres clases de falsa sabiduría para adquirir la verdadera. Esta no busca
el provecho propio, no arraiga en el terreno ni en el corazón de quienes viven
cómodamente, y aborrece todo lo grande y espectacular a los ojos de los
hombres.
3 - LA SABIDURIA NATURAL
84. Además
de la sabiduría mundana –reprensible y perniciosa–, existe también una sabiduría natural entre los filósofos.
Los antiguos egipcios y griegos la buscaron con gran empeño. Los griegos
buscan saber. 7 Los que alcanzaban esta sabiduría recibían el
nombre de magos o sabios. Consiste en un conocimiento eminente de la
naturaleza en sus principios. Fue comunicada en plenitud a Adán en su estado
de inocencia y otorgada con abundancia a Salomón. En el correr de los tiempos,
algunos hombres ilustres recibieron parte de ella, como refiere la historia.
85. Los
filósofos ponderan los principios de su filosofía, como medio para adquirir
dicha sabiduría. Los alquimistas encomian los secretos de su cábala, como
capaz de descubrir la piedra filosofal, en la cual se imaginan que está
encerrada esta sabiduría. 8
En verdad, la filosofía de la Escuela, estudiada cristianamente, abre el
entendimiento y lo capacita para las ciencias superiores. 9 Pero
jamás podrá comunicar la pretendida sabiduría natural, tan alabada en la
antigüedad.
86. La
química o alquimia –en otras palabras, la ciencia de disolver los cuerpos
naturales y reducirlos a sus principios, es aún más vana y peligrosa. Esta
ciencia, aunque cierta en sí misma, ha embaucado y engañado a infinidad de
gentes con relación al fin que se proponía. Y no abrigo la menor duda –lo digo
por experiencia personal– de que el demonio se sirve hoy de ella para hacer
perder el dinero, el tiempo, la gracia y hasta el alma so pretexto de hallar
la piedra filosofal. No hay ciencia que prometa las mayores realidades con los
medios más artificiosos. Promete la piedra filosofal o unos polvos que llaman
"de proyección", los que, arrojados sobre cualquier metal en estado de fusión,
lo transforman en oro o plata, devuelven la salud o sanan las enfermedades, e
incluso prolongan la vida y realizan una infinidad de portentos, que los
iletrados consideran como divinos y milagrosos.
87. Legitiman
sus afirmaciones:
1) Con la historia de Salomón, quien –aseguran ellos– recibió el secreto de la
piedra filosofal, y a quien atribuyen un libro secreto, pero falso y
pernicioso, intitulado La clave de Salomón. 10
2) Con la historia de Esdras, a quien Dios habría dado a beber un elíxir
celestial que le habría comunicado la sabiduría, como se cuenta en el séptimo
libro de Esdras. 11
3) Con la historia de Raimundo Lulio y otros grandes filósofos, quienes
–aseguran– encontraron la susodicha piedra filosofal. 12
4) Por último, para encubrir mejor su engaño bajo un velo de piedad, dicen que
es un don de Dios, que no lo concede sino a quienes se lo piden por largo
tiempo y lo merecen con sus esfuerzos y plegarias.
88. He
recordado los desvaríos e ilusiones de esta vana ciencia para que no te dejes
engañar como tantos otros, pues conozco a algunos que, después de gastos
inútiles y grandes pérdidas de tiempo en busca de este secreto bajo los
pretextos más bellos y piadosos del mundo y en la forma más devota, han
tenido, finalmente, que arrepentirse, reconociendo sus engaños e ilusiones.
Personalmente, no admito la posibilidad de la piedra filosofal. El sabio Del
Río 13 defiende y prueba su posibilidad. Otros la niegan. Sea de
ello lo que fuere, no es conveniente, sino peligroso para un cristiano, el
dedicarse a buscarla. Sería injuriar a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, en
quien se esconden todos los secretos del saber y del conocer, 14 todos los bienes de la naturaleza, de la gracia y de la gloria. Sería
desobedecer al Espíritu Santo, que dice: No te preocupes por lo que te
excede. 15
4 - CONCLUSION
89. Quedémonos,
pues, con Jesucristo, la Sabiduría eterna y encarnada, fuera de la cual todo
es extravío, mentira y muerte: Yo soy el camino, la verdad y la vida.
16
Veamos los efectos de esta Sabiduría en las almas.
NOTAS:
1
No pretende el P. de Montfort negar el valor del estudio de la filosofía y
ciencias naturales. Sólo que, en comparación con la ciencia de Jesucristo y la
de la caridad (ver 1Cor 12,2.8; GS 15), son como basura (ver Flp 3,8).
2
1Cor 2,6.
3
1Cor 1,19.
4
Rm 8,9.
5
St 3,15.
6
Ecle 1,15.
7
1Cor 1,22.
8
La alquimia, como ciencia oculta, floreció durante la Edad Media. Pretendía
buscar la fórmula para convertir en oro todos los metales y el remedio
universal de todas las enfermedades físicas.
9
"La Filosofía es sierva de la teología", decían los maestros de las
universidades católicas.
10
Quiere la Cábala contar entre sus sabios a Salomón. La Clave de Salomón
forma parte del Libro de la creación (Sépher Yezirah). Este, junto con
el Libro de la luz (Sépher Zorah), constituye el manual de la Cábala.
11
Libro apócrifo.
12Hubo
algunos pensadores cristianos, entre ellos Raimundo Lulio (+ 1315), que (por
los siglos XV-XVI) padecieron la influencia de la Cábala.
13
Martín Antonio del Río, s.j. (1551-1608), quien en su libro Disquisitionum
magicarum libri sex (1599) defiende la eficacia de la alquimia.
14
Col 2,3.
15
Eclo 3,22.
16
Jn 14,6.
EFECTOS MARAVILLOSOS QUE
PRODUCE LA SABIDURIA ETERNA
EN QUIENES LA POSEEN
1
90. Siendo
por naturaleza amante del bien 2, y en particular del bien del
hombre, esta hermosura suprema que es la Sabiduría encuentra su mayor
complacencia en comunicarse a él. Por ello dice el Espíritu santo que la
Sabiduría busca, a través de las naciones, personas dignas de ella y que se
difunde y explaya en las almas santas (Sb 7,27). Precisamente esta
comunicación de la Sabiduría eterna ha formado los amigos de Dios y los
profetas 3.
Entró en tiempos antiguos en el alma del siervo de Dios Moisés, comunicándole
luz abundante para ver cosas magníficas y un poder maravilloso para realizar
portentos y alcanzar victorias: Entró en el alma del servidor de Dios, que
hizo frente a reyes temibles con sus prodigios y señales 4.
Cuando la Sabiduría divina entra en una persona, le trae toda clase de bienes
y le comunica riquezas innumerables: Con ella me vinieron todos los bienes
juntos, en sus manos había riquezas incontables 5. Es el testimonio
que Salomón rinde a la verdad después de haber recibido la Sabiduría.
Entre las innumerables operaciones realizadas en el alma por la Sabiduría
–muchas veces de manera tan secreta que uno ni siquiera tiene conciencia de
ellas 6–, éstas son las más frecuentes:
1. Discernimiento y penetración
92. La
Sabiduría comunica su espíritu a quien la posee. Espíritu que es totalmente
luminoso: Por eso supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué y vino a mí
el espíritu de sabiduría 7. Con este espíritu sútil y penetrante
8, el hombre –a ejemplo de Salomón– se convierte en juez de todas
las cosas, con gran discernimiento y penetración: En los procesos lucirá mi
agudeza, y seré la admiración de los monarcas 9 gracias a la
Sabiduría que me comunicó su espíritu.
93. Comunica
al hombre la ciencia sublime de Los santos 10 y las demás ciencias
naturales –incluso las más ocultas–, si le han de ser provechosas: Si alguien
ambiciona una rica experiencia, ella conoce el pasado y adivina el futuro,
sabe los dichos ingeniosos y la solución de los enigmas 11. A Jacob
le dio a conocer los santos 12.
Comunicó a Salomón la verdadera ciencia de toda la naturaleza: Me otorgó un
conocimiento infalible de los seres 13. Le reveló multitud de
secretos que nadie había descubierto: Todo lo sé, oculto o manifiesto 14.
En esta fuente infinita de luz bebieron los más grandes doctores de la Iglesia
–entre otros, Santo Tomás de Aquino, como él mismo lo afirma– 15
aquellos admirables conocimientos que los han hecho dignos de elogio. Es de
notar que las luces y conocimientos que comunica la Sabiduría no son áridos,
estériles o carentes de devoción, sino luminosos, llenos de unción y piadosos,
conmueven y alegran el corazón e iluminan el entendimiento 16 .
2. Trasmisión atrayente y eficaz de la Buena Noticia
95. La
Sabiduría comunica al hombre no sólo las luces para conocer la verdad, sino
también la capacidad maravillosa de darla a conocer a otros: la Sabiduría sabe
todo lo que se dice 17 y comunica la ciencia de decirlo bien.
Efectivamente, la Sabiduría abrió la boca de los mudos y soltó la lengua de
los niños 18.
Soltó la lengua tartamudeante de Moisés. Comunicó a los profetas la palabra
para arrancar y arrasar, destruir y demoler, edificar y plantar 19,
a pesar de que reconocían que, abandonados a sí mismos, no sabían hablar mejor
que un niño 20.
La Sabiduría comunicó a los apóstoles facilidad para predicar por todas partes
el Evangelio y anunciar las maravillas de Dios 21, colmando su boca
de palabras adecuadas 22.
Dado que la Sabiduría divina es Palabra en la eternidad y en el tiempo, ha
hablado siempre, y por su palabra fue creado y restaurado todo 23.
Ha hablado por medio de los profetas y de los apóstoles, y seguirá
hablando, hasta el fin de los tiempos, por boca de aquellos a quienes se
comunique .
96. Pero
las palabras que comunica la divina Sabiduría no son palabras ordinarias,
naturales y humanas. Son palabras divinas: El mensaje de Dios no lo acogieron
como palabra humana, sino como lo que es realmente, como palabra de Dios 24. Son palabras enérgicas, conmovedoras, penetrantes: La palabra de
Dios es viva y enérgica, más tajante que una espada de dos filos 25.
Son palabras que parten del corazón de quien habla y penetran hasta el fondo
del corazón del oyente. Salomón había recibido este don de Sabiduría cuando
escribe que Dios le había concedido expresar con claridad lo que le dictaba el
corazón: Me concedió Dios saber expresarme 26.
97. Y
éstas son las promesas de Nuestro Señor a los apóstoles: Yo les daré palabras
tan acertadas, que ningún adversario les podrá hacer frente... 27.
¡Oh! ¡Cuán pocos son hoy día los predicadores que poseen este inefable don de
la palabra y pueden decir con San Pablo: Exponemos un saber divino, enseñamos
la Sabiduría de Dios 28. La mayor parte hablan guiados por las
luces naturales de su inteligencia o según lo que han aprendido en sus
lecturas, pero no según los dones recibidos de lo alto 29, es
decir, no según la divina Sabiduría les hace sentir, ni según la abundancia
del corazón 30, o sea, según la abundancia que reciben de la divina
Sabiduría. Por eso son tan raras las conversiones logradas con la predicación.
Si el predicador hubiera recibido de la Sabiduría el don de la palabra en
forma eficaz, el auditorio no podría resistirlo, como sucedía en otro tiempo:
los oyentes no podían resistir a la Sabiduría y al Espíritu que hablaba por
boca de él 31. Un predicador lleno de esta Sabiduría hablaría con
tanta suavidad y autoridad –Jesús enseñaba con autoridad 32–, que
su palabra no regresaría vacía sin haber realizado su misión 33.
3. Fuente de gozo y de consuelo
98.
Siendo la Sabiduría eterna el objeto de la felicidad y complacencia del Padre
eterno y la alegría de los ángeles, constituye, para el hombre que la posee,
el principio de los más suaves deleites y consuelos. Le comunica el gusto por
las cosas de Dios y le hace perder el de las criaturas. Alegra su espíritu con
el resplandor de sus luces. Derrama en su corazón la alegría, la dulzura y la
paz más indecibles, como lo atestigua San Pablo al decir: Reboso alegría en
medio de todas mis penalidades 34. Y, antes de él, Salomón: Al
volver a casa, aunque esté solo, descansaré a su lado, pues su trato no
desazona, su intimidad no deprime, sino que regocija y alegra 35. Y
no sólo en casa, sino en todas partes, porque camina delante de mí. Su amistad
es noble deleite 36. En cambio, las alegrías y goces que pueden
hallarse en las criaturas no son más que apariencia de placer y aflicción de
espíritu 37.
4. Dones y virtudes del Espíritu santo
99.
Cuando la Sabiduría eterna se comunica a una persona, le infunde, en grado
eminente, todos los dones del Espíritu Santo y todas las grandes virtudes, a
saber: las virtudes teologales: fe viva, firme esperanza y caridad ardiente;
las virtudes cardinales: templanza sobria, prudencia consumada, perfecta
justicia y fortaleza invencible; las virtudes morales: religión perfecta,
humildad profunda, mansedumbre atrayente, obediencia incondicional, desapego
total, mortificación continua, oración sublime, etc. Virtudes admirables y
dones celestiales que el Espíritu Santo enumera maravillosamente en pocas
palabras al decir: Si alguien ama la rectitud, las virtudes son fruto de sus
afanes; es maestra de templanza y prudencia, de justicia y fortaleza; para los
hombres, no hay en la vida nada más provechoso que esto 38.
5. Inspira grandes empresas... Da pesadas cruces
100. Por
último, no habiendo nada más dinámico que la Sabiduría –la Sabiduría es más
móvil que cualquier movimiento 39–, no permite que quienes se
honran con su amistad se adormilen en la tibieza y la negligencia. Les inflama
e inspira grandes empresas por la gloria de Dios y la salvación de las almas.
Y, para ponerlos a prueba y hacerlos aún más dignos de sí misma, les
proporciona grandes combates y les reserva contradicciones y obstáculos en
casi todo lo que emprenden 40.
En efecto, permite ya que el diablo los tiente o el mundo los calumnie o
desprecie, ya que sus enemigos los superen y derriben, ya que sus amigos y
parientes los abandonen y traicionen. Aquí permite que los aflija la pérdida
de sus bienes, allá que los atormente la enfermedad; más allá, una injusticia;
y más allá aún, la tristeza y el desaliento. En una palabra: los prueba de mil
maneras en el crisol de la tribulación.
Pero el Espíritu Santo dice: Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes
favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí; los probó
como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la
cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral 41.
La Sabiduría dio éxito a las tareas del justo e hizo fecundos sus trabajos; lo
protegió contra la codicia de los explotadores y lo enriqueció; lo defendió de
sus enemigos y lo puso a salvo de sus asechanzas; le dio la victoria en la
dura batalla para que supiera que la Sabiduría es más fuerte que todo 42.
101. Se
lee en la vida del Beato Enrique Suso, religioso dominico, que su deseo de
adquirir la Sabiduría eterna era tan vivo, que él mismo se ofreció varias
veces a padecer toda clase de tormentos con tal de alcanzar sus favores.
"Pues, ¡qué! – reflexionaba–. ¿No sabes que los enamorados soportan miles y
miles de sufrimientos por el objeto de su amor? Consideran dulces los
desvelos, agradables las fatigas y el trabajo como un descanso, cuando tienen
la seguridad de que la persona amada se sentirá obligada y satisfecha. Si los
hombres hacen todo esto para dar gusto a una pobre criatura, ¿no te
avergüenzas de tu falta de empeño cuando se trata de adquirir la Sabiduría?
¡Oh Sabiduría eterna! ¡No, no retrocederé jamás en tu amor, aunque para llegar
a tu mansión tenga que caminar entre zarzas y barzas que me envuelvan hasta la
cabeza! Aunque me vea expuesto a mil crueldades en el cuerpo y en el alma,
¡preferiré tu amistad a todo y te haré reinar como soberana absoluta sobre
todos mis afectos!"
102. Algunos
días después, yendo de camino, cayó en manos de unos ladrones, que lo
golpearon y redujeron a estado tan lamentable, que ellos mismos se sintieron
movidos a compasión. Enrique, al verse en tan deplorable situación y
desprovisto de todo socorro, cayó en profunda melancolía y, olvidando su
propósito de mantener el valor en las pruebas, comenzó a llorar, preguntándose
por qué le afligía Dios de esa manera. Pensando esto, se durmió. Al clarear la
mañana, oyó una voz que le reprendía, diciendo: "¡Miren a nuestro héroe! Ese
que hiende las montañas, trepa por las rocas, asalta ciudades, mata y
despedaza a todos los enemigos cuando goza de prosperidad... ¡Pero en la
adversidad no tiene ni coraje, ni brazos, ni piernas! ¡En tiempo de
consolación es un león; en la tribulación, un ciervo pusilánime! ¡La Sabiduría
no ofrece su amistad a cobardes e indolentes como éste!"
Ante tal reprimenda, el Beato Enrique confesó la falta que había cometido al
afligirse en forma exagerada, y suplicó a la Sabiduría que le permitiera
desahogar su corazón llorando amargamente. "¡No, no! –replicó la voz– Nadie en
el cielo te estimará en nada si –como un pequeñuelo o una mujercilla– te pones
a llorar. ¡Enjuga tus ojos y muestra un rostro sereno!"
103. La
cruz es, pues, el patrimonio y recompensa de cuantos desean y poseen la
Sabiduría eterna. Pero esta amable Soberana – que lo hizo todo con número,
peso y medida– sólo envía a sus amigos cruces proporcionadas a sus fuerzas y
vierte tan suave unción sobre los sufrimientos, que en ellos encuentran sus
delicias 43.
NOTAS:
1
En pocos textos, como en este capítulo, habla la experiencia personal del P.
de Montfort.
2
Sb 7,22.
3
Sb 7,27c-d.
4
Sb 10,16.
5
Sb 7,11.
6
Ver ASE 53; SM 55.
7
Sb 7,7.
8
Ver Sb 7,22-24.
9
Sb 8,11.
10
Su amigo y compañero Juan Bautista Blain dice de Montfort: "Poseía gran
inteligencia y penetración. Habría sobresalido, ciertamente, si hubiera
continuado sus estudios en la universidad. Pero prefirió la ciencia de los
santos a la teología" (BLAIN, 56).
11
Sb 8,8.
12
Sb 10,10.
13
Sb 7,17.
14
Sb 7,21.
15
Ver, por ejemplo, Guilermo de Tocco, Vida de Santo Tomás c.32:
"Efectos admirables de su oración".
16
Ver ASE 58.
17
Sb 1,7.
18
Sb 10,21.
19
Jr 1,10.
20
Ver ASE 1-2.
21
Hch 2,11.
22
Himno Veni, Creator Spiritus.
23
El P. de Montfort poseyó este don, según testifica él mismo a su director, el
P. Leschassier (Carta11).
24
1Tes 2,13.
25
Heb 4,12.
26
Sb 7,15 (Vulgata).
27
Lc 21,15.
28
1Cor 2,7.
29
Ver Sb 7,15.
30
Mt 12,34.
31
Hch 6,10.
32
Mt 7,29.
33
Is 55,11.
34
2Cor 7,4.
35
Sb 8,16.
36
Sb 8,18.
37
Ver CT 126,7.
38
Sb 8,7.
39
Sb 7,24.
40
Cartas 15 y 16
41
Sb 3,4-7.
42
Sb 10,10-12.
43
Ver VD 153-154: la Virgen María es la dulzura de las cruces.
1 - ENCARNACION DE LA SABIDURIA ETERNA
104. El
Verbo eterno, la Sabiduría eterna, dio a conocer a Adán –como es creíble– y
prometió a los antiguos patriarcas –como lo atestigua la Sagrada Escritura–
que se haría hombre para salvar a la humanidad, de acuerdo a la decisión
tomada en el consejo de la Santísima Trinidad. 1
Por ello –durante los cuatro milenios que siguieron a la creación–,
2
todos los santos del Antiguo Testamento pedían con insistentes plegarias la
llegada del Mesías. Gemían, lloraban, suplicaban: Cielos, destilen el
rocío; nubes, derramen la victoria; ábrase la tierra y brote la salvación.
3 "¡Oh Sabiduría, que procedes de la boca del Altísimo..., ven a
liberarnos!" 4
Pero sus gritos, plegarias y sacrificios no tenían la fuerza suficiente para
hacer descender del seno del Padre a la Sabiduría eterna, el Hijo de Dios.
5 Alzaban los brazos al cielo, pero éstos no eran lo
suficientemente largos para llegar hasta el trono del Altísimo. Ofrecían a
Dios continuos sacrificios, incluso el de sus corazones, pero su precio no
alcanzaba a merecer la gracia de las gracias. 6
105.
Por último, cuando llegó el momento de realizar la redención de los hombres,
la Sabiduría divina se construyó una casa, 7 una habitación digna
de ella misma. Creó y formó en el seno de Santa Ana a la divina María, con
mayor complacencia que la que había experimentado en la creación del universo.
Es imposible expresar las inefables comunicaciones de la Santísima Trinidad a
tan hermosa criatura, lo mismo que la fidelidad con que María respondió a las
gracias de su Creador. 8
106.
El torrente impetuoso de la bondad de Dios, estancado violentamente por los
pecados humanos desde el comienzo del mundo, se explaya con toda su fuerza y
plenitud en el corazón de María. La Sabiduría eterna le comunica todas las
gracias que hubieran recibido de su liberalidad Adán y sus descendientes si
hubieran conservado la justicia original. En fin –como dice un santo–, 9
toda la plenitud de la divinidad se derrama en María, en cuanto una pura
criatura es capaz de recibirla.
¡Oh María! Obra maestra del Altísimo, milagro de la Sabiduría, prodigio del
Omnipotente, abismo de la gracia... Confieso, con todos los santos, que
solamente tu Creador puede comprender la altura, anchura y profundidad de las
gracias que te comunicó. 10
107. La
divina María realizó en catorce años tales progresos en la gracia y sabiduría
de Dios, su fidelidad al amor del Señor fue tan perfecta, que llenó de
admiración no sólo a los ángeles, sino también al mismo Dios. Su humildad,
profunda hasta el anonadamiento, embelesó al Creador; 11 su pureza,
enteramente divina, lo cautivó; su fe viva y sus continuas y amorosas
plegarias le hicieron violencia. La Sabiduría se encontró amorosamente vencida
por tan amorosa búsqueda: "¡Oh! ¡Cuán grande fue el amor de María que venció
al Omnipotente!", exclama San Agustín. 12
¡Cosa admirable! Queriendo la Sabiduría descender del seno del Padre al seno
de una virgen para descansar entre los lirios de su pureza; queriendo hacerse
hombre en Ella y darse enteramente a Ella, envió al arcángel Gabriel a
llevarle su saludo y manifestarle que le había conquistado el corazón, por lo
cual deseaba hacerse hombre en su seno, siempre que Ella diera su
consentimiento.
El arcángel cumplió su misión. Aseguró a María que conservaría su virginidad a
pesar de ser madre, y obtuvo –no obstante la resistencia de su profunda
humildad– el consentimiento inefable que la santísima Trinidad, los ángeles y
todo el universo esperaban desde hacía tantos siglos. María, humillándose ante
su Creador, respondió: Aquí está la esclava del Señor; cúmplase en mí lo
que has dicho. 13
108. Observa
cómo, en el instante en que María otorgó su consentimiento de ser Madre de
Dios, se obraron múltiples prodigios. El Espíritu Santo formó de la purísima
sangre de María un cuerpecito y lo organizó con perfección. Dios creó el alma
más perfecta que jamás ha creado. La Sabiduría increada, el Hijo de Dios, se
unió en realidad de persona a ese cuerpo y esa alma. Y así se realizó este
gran portento del cielo y de la tierra, este prodigioso exceso del amor de
Dios: El Verbo se hizo carne. 14 La Sabiduría eterna se ha
encarnado. Dios se ha hecho hombre, sin dejar de ser Dios. Este Hombre-Dios se
llama Jesucristo, es decir, Salvador. 15
A continuación, el compendio de su vida divina en este mundo.
2 - VIDA DE LA SABIDURIA ENCARNADA
1. Nace de una madre virgen
109.
El Hijo de Dios quiso nacer de una mujer casada –aunque realmente virgen– con
el fin de que no pudiera reprochársele el haber nacido de una unión ilegítima
y por otras razones importantísimas que nos explican los Santos Padres. Su
concepción fue anunciada a la Santísima Virgen por el arcángel Gabriel –como
acabamos de ver–. Jesucristo se hizo hijo de Adán, pero sin heredar su pecado.
2. Nace en Belén de Judá
110. La encarnación tuvo lugar un viernes 25
de marzo. El Salvador del mundo nació el 25 de diciembre en la ciudad de
Belén, en un establo destartalado, donde tuvo por cuna un pesebre. Un ángel
anunció, a unos pastores que guardaban sus rebaños en el campo, el nacimiento
del Salvador, recomendándoles que fueran a Belén a adorarlo. En ese instante
oyeron un coro de ángeles que cantaban: Gloria a Dios en el cielo, y paz en
la tierra a los hombres, que él quiere tanto. 16
3. Se somete a la circuncisión – los magos lo adoran
111.
El octavo día de su nacimiento, y para conformarse a la ley de Moisés, aunque
no estaba sujeto a ella, fue circuncidado, y se le impuso el nombre de Jesús,
dado de antemano por el cielo. Tres magos de Oriente vinieron a adorarlo,
avisados por una estrella extraordinaria que los condujo a Belén. Esta fiesta
se llama Epifanía, es decir, manifestación de Dios. Y se celebra el 6 de
enero.
4. Es presentado en el templo y huye a Egipto
112.
Quiso ser presentado en el templo cuarenta días después de su nacimiento y
observar toda la ley de Moisés, para el rescate de los primogénitos. Poco
después, un ángel advirtió a José, esposo de la Santísima Virgen, que tomara
al Niño y a la Madre y huyera a Egipto para evitar el furor de Herodes. José
obedeció. Opinan algunos autores que Nuestro Señor permaneció en Egipto dos
años. Otros, que tres, y otros –como Baronio– que hasta ocho. Su presencia
santificó todo aquel país, haciéndolo digno de verse más tarde poblado de
santos anacoretas. Dice Eusebio que al entrar Jesús en Egipto huyeron los
demonios. Y San Atanasio añade que los ídolos se hicieron añicos.
5. Se manifiesta como sabio, es bautizado
113.
A la edad de doce años, el Hijo de Dios discutió con un grupo de doctores de
la ley, manifestando tal sabiduría que dejó admirado a todo su auditorio.
Después de este acontecimiento, el Evangelio no nos dice nada de él hasta su
bautismo, que recibió cuando tenía treinta años. Retiróse inmediatamente al
desierto, donde ayunó cuarenta días, sin comer ni beber; y, al ser tentado por
el demonio, triunfó sobre éste.
6. Realiza su misión: vida pública
114. Comenzó
entonces su predicación en Judea, llamando a sus apóstoles, y realizó todos
los adorables portentos que mencionan los textos sagrados. Basta recordar que
el tercer año de su vida pública –trigésimo tercero de su edad– Jesucristo
resucitó a Lázaro. Entró triunfante en Jerusalén el 29 de marzo. El 2 del
inmediato mes de abril, 14 de Nisán, celebró la Pascua con sus discípulos,
lavó los pies a los apóstoles e instituyó el santísimo sacramento de la
Eucaristía, bajo las especies de pan y vino.
7. Se somete a la pasión y a la muerte
115. La
tarde del mismo día, sus enemigos, guiados por Judas, el traidor, lo pusieron
preso. Al día siguiente –3 de abril–, a pesar de ser fiesta, fue condenado a
muerte después de haber sido flagelado, coronado de espinas y tratado con
extrema ignominia. Ese mismo día fue conducido al Calvario y clavado en una
cruz entre dos malhechores. Así quiso morir el Dios de la inocencia, con la
muerte más vergonzosa, y padecer el suplicio que merecía un ladrón llamado
Barrabás, a quien los judíos le pospusieron.
Los Santos Padres dicen que Jesús fue clavado en la cruz con cuatro clavos y
que en medio de ella sobresalía un tosco madero en forma de asiento, sobre el
cual podía apoyarse.
8. Es sepultado, resucita y sube al cielo
116. Después
de tres horas de agonía, el Salvador del mundo murió a la edad de treinta y
tres años. José de Arimatea tuvo el valor de pedir su cuerpo a Pilato y lo
colocó en un sepulcro nuevo, excavado en la roca. No se puede olvidar que la
naturaleza manifestó su dolor ante la muerte de su propio Autor, mediante una
serie de prodigios acaecidos en el momento en que expiraba.
La resurrección de Jesucristo tuvo lugar el 5 de abril. Se apareció varias
veces a su santísima Madre y a los discípulos durante cuarenta días, hasta el
jueves 14 de mayo, en que condujo a los discípulos al monte de los Olivos,
donde en presencia suya subió a los cielos, por su propia virtud, a la diestra
del Padre, dejando sobre la roca las huellas de sus sagrados pies.
NOTAS:
1
ASE 46. Todo el Antiguo Testamento es un largo adviento–preparación a este
paso de la Sabiduría, que se acerca al hombre en la encarnación.
2 Sobre
esto y otras fechas ver ASE 110: encarnación, y 116, muerte y resurrección.
3
Is 45,8: Resumen del Antiguo Testamento, como grito y preparación a la venida
de la Sabiduría, que da sentido a la vida del hombre (ver Libros "sapienciales"
y Jn 1,1-18).
4
Antífona de vísperas [cántico evangélico] correspondiente al 17 y 18 de
diciembre.
5
Ver SM 7.
6
VD 16.72
7
Pr 9,1: "La Sabiduría se ha edificado una casa, ha labrado siete columnas."
8
María: su colaboración con la gracia y progreso en la virtud han ido en
ascenso continuo.
9
Abad Guerrico, Sermón 3 para la Asunción de María, n.4: PL 185,196; San
Bernardo, Hom 4 super Missus est, n.3: PL 183,81.
10
VD 7: Dios se ha reservado a sí mismo el conocimiento perfecto de María.
11
Ver VD 2ss.
12
No hay evidencia de que se trate de un texto de San Agustín. Quizás sea de
Ricardo de San Víctor (en su Comentario al Cantar de los cantares 26: PL
196,483). Ver Juan Morinay, s.m.m., María y la debilidad de Dios
13
Lc 1,38.
14
Jn 1,14.
15
Mt 1,21; Lc 1,31.
16
Lc 2,14.
DE LA SABIDURIA ENCARNADA
1
117. La
Sabiduría se encarnó con la única finalidad de atraer a su amor e imitación
los corazones humanos. Por ello se ha complacido en adornarse con todas las
amabilidades y dulzuras humanas más atrayentes y delicadas, sin defecto ni
fealdad alguna.
1 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SU ORIGEN
118. Considerada
en su origen, la Sabiduría es toda bondad y dulzura. Es el don del amor del
Padre eterno y fruto del amor del Espíritu Santo. El amor nos la da y el amor
la forma: Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único .2
De suerte que es toda amor, o mejor, el amor mismo del Padre y del Espíritu
Santo.
Nació de la más dulce, tierna y hermosa de todas las madres, la divina María.
3 ¿Quieres conocer la dulzura de Jesús? Trata de conocer antes la
dulzura de María, su Madre, a quien se asemeja en la dulzura del temperamento.
Jesús es el Hijo de María, y por ello no puede haber en El arrogancia, ni
severidad, ni fealdad. Infinitamente menos aún que en su Madre, por cuanto es
la Sabiduría eterna, la dulzura y la belleza personificadas.
2 - LA SABIDURIA ES DULCE, SEGUN LOS PROFETAS
119. Los
profetas, a quienes fue revelada de antemano la Sabiduría encarnada, la llaman
oveja y cordero manso. 4 Predicen que, gracias a su dulzura,
la caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará; 5
es decir, que su bondad será tal que, aun cuando un desdichado pecador
se halle medio destrozado, enceguecido y extraviado por sus pecados y ya con
un pie en el infierno, Ella no consumará su perdición, a no ser que le
obliguen a ello.
San Juan Bautista, que vivió cerca de treinta años en el desierto para merecer
con sus austeridades el conocimiento y el amor a la Sabiduría encarnada, tan
pronto la vio, exclamó –mostrándola con el dedo a sus discípulos–: Este es
el cordero de Dios que quita el pecado del mundo 6. No dice, en
efecto, como hubiera debido: "Este es el Altísimo, éste es el Rey de la
gloria, éste es el Omnipotente...", sino que, conociéndola mejor que nadie la
ha conocido ni conocerá jamás, exclama: "Este es el Cordero de Dios. Ahí
viene la Sabiduría eterna, que para conquistar nuestros corazones y borrar
nuestros pecados ha compendiado en sí todas las dulzuras divinas y humanas,
celestes y terrenas."
3 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SU NOMBRE
120. Y
¿qué nos indica el nombre de Jesús –que es el nombre propio de la Sabiduría
encarnada– sino una caridad ardiente, un amor infinito y una dulzura
encantadora? ¡Jesús, Salvador, es decir, el que salva al hombre, aquel cuya
característica es amar y salvar al hombre!
Nada se canta más suave,
nada se oye con más gozo,
nada se piensa más dulce
que Jesús, Hijo de Dios.7
¡Oh! ¡Cuán dulce es al oído y al corazón de los predestinados el nombre de
Jesús!
Dulce miel en la boca,
melodía en el oído,
júbilo en el corazón.
8
4 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SU SEMBLANTE
121. "Jesús
es dulce en el semblante, dulce en las palabras, dulce en las acciones."
9 El amabilísimo Salvador tenía un rostro tan dulce y bondadoso, que
cautivaba los ojos y los corazones de cuantos le veían. Los pastores que
fueron a visitarlo en el pesebre quedaron tan encantados de la dulzura y
hermosura de su semblante, que hubieran permanecido días enteros
contemplándolo, como fuera de sí mismos. Los reyes –aun los más arrogantes–,
tan pronto como vieron los rasgos maravillosos de tan hermoso Niño, depusieron
su altivez y se postraron sin dificultad a los pies de su cuna. ¡Cuántas veces
se dijeron uno a otro: "Amigos, ¡qué agradable es estar aquí! ¡No existen en
nuestros palacios delicias semejantes a las que se experimentan en este
establo al contemplar al querido Niño Dios!"
Siendo Jesús muy joven, las personas afligidas y los niños del contorno iban a
verle para alegrarse con él y se decían uno a otro: "¡Vamos a ver al Niño
Jesús, al Hijo maravilloso de María!" La belleza y majestad de su semblante
–decía San Juan Crisóstomo– 10 eran tan dulces e imponentes a la
vez, que cuantos lo veían no podían menos de amarlo. Reyes hubo de países muy
remotos que quisieron poseer su efigie. Dicen que el Señor mismo, por especial
favor, la hizo enviar al rey Abogaro. Y aseguran algunos autores que los
soldados romanos y los judíos le velaron el rostro a Jesús para abofetearlo y
maltratarlo con mayor libertad, porque sus ojos y su semblante despedían tan
suave y encantadora luz, que desarmaba aun a los más crueles.
5 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SUS PALABRAS
122. Jesús
es dulce en las palabras. Mientras vivía en la tierra, conquistaba a todo el
mundo con la dulzura de sus palabras. Jamás se le oyó gritar ni disputar
acaloradamente. Precisamente así lo habían anunciado los profetas: No
gritará, no clamará, no voceará por las calles. 11 Quienes lo
escuchaban desapasionadamente, se sentían tan penetrados por las palabras que
salían de su boca, que exclamaban: ¡Nadie ha hablado nunca como ese
hombre! 12 Y sus propios enemigos, sorprendidos de su
elocuencia y sabiduría, se preguntaban: ¿De dónde saca éste ese saber?
13 Nadie ha hablado nunca con tanta dulzura y gracia. ¿De dónde
saca tanta sabiduría en sus palabras?
Las personas humildes dejaban a millares sus hogares y familias para ir a
escucharlo hasta en los desiertos y pasaban días y días sin comer ni beber,
saciándose únicamente con la dulzura de sus palabras. Dulzura con la cual
atrajo en seguimiento suyo a los apóstoles como con un imán, curó a los
enfermos más incurables, consoló a los afligidos. Bastó que dijera a la
atribulada Magdalena la sola palabra: ¡María!, para que ella quedara
colmada de dicha y de dulzura. 14
NOTAS:
1
La dulzura de la Sabiduría es uno de los temas predilectos de Montfort.
2
Jn 3,16.
3
La expresión María divina puede parecer sorprendente. Quiere subrayar la
cercanía de la Madre de la Sabiduría a la divinidad: es morada de Dios, templo
de Dios, ciudad de Dios, paraíso de Dios... (Ver VD 2ss; 264.)
4
Jn 11,19.
5
Is 42,3.
6
Jn 1,29.
7
Del himno "Iesu dulcis memoria", atribuido, sin razón, a San Bernardo (ver PL
184,1307).
8
San Bernardo, Sermo 15 in Cantica: PL 183,847.
9
Ver san Agusíin, Enarratio in Ps. 44,3: "Iesus dulcis in facie, dulcis
in ore, dulcis in opere."
10
Homilia 27 in Matthaeum, n 2: PG 57,346.
11
Is 42,2.
12
Jn 7,46.
13
Mt 13,54.
14
Jn 20,16.
6 - LA SABIDURIA ES DULCE EN TODA SU CONDUCTA
123. Jesús
es dulce en las acciones y en toda su conducta: ¡Qué bien hizo todas las
cosas! 1 Es decir, todo lo que hizo Jesucristo lo realizó con
tal precisión, sabiduría, santidad y dulzura, que no es posible encontrar en
ello ningún defecto ni deformidad.
Veamos ahora cuál fue la dulzura de esta amable Sabiduría encarnada en toda su
conducta.
124. Los
pobres y los niños le seguían por todas partes como si fuera uno de ellos.
Encontraban en el amable Salvador tanta sencillez, benignidad, condescendencia
y caridad, que se atropellaban para acercarse a él. Un día, mientras predicaba
en una calle, los niños, que acostumbraban colocarse junto a él, querían
abrirse paso a empujones. Los apóstoles, que estaban más cerca a Jesús, los
rechazaron. Jesús se dio cuenta y reprendió a los apóstoles, diciéndoles: Dejen a los niños que se acerquen a mí.
2 Y, cuando estuvieron
cerca, los abrazó y bendijo. ¡Oh! ¡Qué dulzura y benignidad!
Los pobres, al ver que vestía pobremente y actuaba sin altivez ni arrogancia,
se complacían en estar con él y lo defendían ante los ricos y orgullosos, que
lo calumniaban y perseguían. Jesús, por su parte, les prodigaba mil alabanzas
y bendiciones en toda ocasión. 3
125. Y
¿quién podrá explicar la dulzura de Jesús para con los pobres pecadores? ¡Con
cuánta dulzura trataba a Magdalena la pecadora! 4 ¡Con qué amable
condescendencia convirtió a la Samaritana! 5
¡Con cuánta
misericordia perdonó a la mujer adúltera! 6 ¡Con cuánta caridad iba
a sentarse a la mesa de los publicanos para convertirlos! 7 Sus
enemigos aprovecharon esta dulzura suya para perseguirlo, diciendo que con su
condescendencia hacía quebrantar la ley de Moisés. 8 Para
insultarlo, lo llamaron amigo de pecadores y publicanos. 9 ¡Con
cuánta bondad y humildad trató de conquistar el corazón de Judas, que
intentaba traicionarlo! 10 ¡Le lavó los pies 11 y lo
llamó amigo suyo! 12 Por último, ¡con cuánta caridad pidió perdón a
Dios, su Padre, por sus verdugos, disculpándolos por no saber lo que hacían!
13
126. ¡Oh!
¡Cuán bella, dulce y cariñosa es la Sabiduría encarnada, Jesucristo! Bella en
la eternidad, por ser el esplendor del Padre, el espejo sin mancha y la imagen
de su bondad, 14 más radiante que el sol y más resplandeciente que
la misma luz! ¡Bella en el tiempo, por haber sido formada pura, libre de
pecado y fulgurante de belleza por el Espíritu santo, por haber enamorado
durante su peregrinar terreno la vista y el corazón de los hombres y ser hoy
la gloria de los ángeles. ¡Tierna y dulce con los hombres, y especialmente con
los pobres pecadores, a los cuales vino a buscar visiblemente sobre la tierra
y a quienes sigue buscando todos los días de manera invisible!
7 - LA SABIDURIA ES DULCE EN LA GLORIA
127. Nadie
imagine que, por hallarse ahora Jesús triunfante y glorioso, sea menos dulce y
condescendiente. Al contrario, su gloria perfecciona, en cierto modo, su
dulzura. Desea más perdonar que brillar. Desea más mostrar la abundancia de su
misericordia que ostentar las riquezas de su gloria.
128. Si
atiendes el testimonio de los acontecimientos, verás que, cuando la Sabiduría
encarnada y gloriosa se apareció a sus amigos, no lo hizo entre truenos y
relámpagos, sino benigna y dulcemente; no asumió la majestad de un soberano o
la del Dios de los ejércitos, sino la ternura del esposo y la dulzura del
amigo.
Algunas veces se muestra en la Eucaristía, pero no recuerdo haber leído jamás
que se presentara en forma distinta a la de un tierno y gracioso niño.
129.
Hace algún tiempo, un desdichado se enfureció por haber perdido en el juego
toda su fortuna. Desenvainó la espada contra el cielo, culpando al Señor por
la pérdida de sus bienes. Y ¡cosa extraña! En lugar de los rayos y truenos que
hubieran debido caer sobre él, vio descender del cielo un papelito que,
revoloteando, vino a caer cerca de él. Sorprendido, lo recoge, lo despliega y
lee: Misericordia, Dios mío. 15 Cayósele la espada de las
manos, y, conmovido hasta lo profundo del corazón, se postró en tierra y pidió
perdón.
130. Cuenta
San Dionisio Areopagita que un obispo, llamado Carpio, había convertido a un
idólatra a costa de grandes trabajos. Pero, enterado de que otro pagano le
había hecho apostatar en un instante, se dirigió a Dios rogándole durante toda
una noche con insistentes plegarias que castigara al culpable de la injuria
inferida a la divina Majestad. Y mira que, hallándose en lo más ferviente de
su plegaria y de su celo, vio que se abría la tierra y que los demonios
trataban de arrojar al infierno al pagano y al apóstata. Al alzar los ojos,
vio que se abrían los cielos y que Jesucristo avanzaba hacia él rodeado de
multitud de ángeles. El Señor le dice: – Carpio, ¿tú me pides venganza?
¡No me conoces! ¿Sabes lo que pides y cuánto me han costado los pecadores?
¿Por qué deseas que los condene? ¡Los amo tanto que estaría dispuesto, si
fuera necesario, a morir de nuevo por cada uno de ellos!
Y, acercándose a Carpio, le mostró las espaldas desnudas y añadió:
– Carpio, si quieres venganza, ¡véngate en mí, no en los pobres pecadores!
16
131.
Al considerar todo esto, ¿cómo no amar a esta Sabiduría eterna, que nos ha
amado y nos sigue amando más que a su propia vida y cuya belleza y dulzura
superan a todo lo más bello y dulce que hay en el cielo y en la tierra?
132. Refiérese
en la vida del Beato Enrique Suso que un día la Sabiduría eterna –tan
tiernamente amada por él– se le apareció de la siguiente manera: había tomado
forma corporal, estaba rodeada por una nube clara y transparente y se hallaba
sentada sobre un trono de marfil. Sus ojos despedían un fulgor semejante al
sol de mediodía. Su corona era la eternidad; sus vestidos, la felicidad; su
palabra, la suavidad; de sus abrazos brotaba la dicha de todos los
bienaventurados. Enrique la contempló en toda esta pompa. Lo que más le
maravilló fue el contemplar que tan pronto parecía una hermosa doncella,
portento de la hermosura del cielo y de la tierra; tan pronto un gallardo
joven que hubiese agotado todas las bellezas creadas para hermosear su rostro.
Unas veces, la veía elevar la cabeza por encima de los cielos y al mismo
tiempo hollar con sus pies los abismos de la tierra. Ya la veía cerca; ya,
lejos de sí. Unas veces majestuosa, otras condescendiente, benigna, dulce y
llena de ternura para cuantos se acercaban a ella. Contemplábala así, cuando
–dirigiéndose a él– le sonrió amablemente y le dijo:
– Hijo mío, ¡dame tu corazón!
17
Postrándose en seguida a sus pies, Enrique le entregó, irrevocablemente, el
corazón.
A ejemplo de este santo varón, hagamos también nosotros entrega irrevocable de
nuestro corazón a la Sabiduría eterna y encarnada. ¡Ella no ansía otra cosa de
nosotros!
NOTAS:
1
Mc 7,37.
2
Mc 10,14.
3
Mt 5,3ss
4
Ver Lc 7,36-50; 8,2.
5
Ver Jn 4,4ss.
6
Ver Jn 8,2ss.
7
Ver Mt 9,10-13.
8
Ver Jn 5,1-18.
9
Mt 9,11.
10
Mt 26,50; Lc 22,48...
11
Jn 13,2ss.
12
Mt 26,50.
13
Lc 23,34.
14
Sb 7,26; (ver también n 16.)
15
Sl 50(51),1.
16
Dionisio Areopagita, Espistola 8, & 6: PG 3,1097-1103.
17
Pr 23,26
PRINCIPALES ORACULOS DE LA SABIDURIA ENCARNADA,
QUE ES PRECISO CREER Y PRACTICAR PARA SALVARNOS
1
133. 1.
El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día
con su cruz y me siga (Lc 9,23).
2. Uno que me ama hará caso de mi mensaje, mi Padre lo amará, y los dos nos
vendremos con él y viviremos con él (Jn 14,23).
3. Si, yendo a presentar tu ofrenda al altar,
te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí,
ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano (Mt 5,23-24).
134.
4. Si uno quiere ser de los míos y no me prefiere a su padre y a su madre, a
su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a sí mismo, no
puede ser discípulo mío (Lc 14,28).
5. Todo aquel que por mí ha dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o
madre, o hijos o tierra, recibirá cien veces más y heredará vida eterna (Mt
19,29).
6. Si quieres ser un hombre logrado, vete a vender lo que tienes y dáselo a
los pobres, que Dios será tu riqueza (Mt 19,21).
135.
7. No basta decirme: "¡Señor, Señor!", para entrar en el Reino de Dios; no,
hay que poner por obra el designio de mi Padre del cielo (Mt 7,21).
8. Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece
al hombre sensato que edificó su casa sobre roca (Mt 7,24).
9. Les aseguro que, si no cambian y se hacen como estos chiquillos, no
entrarán en el Reino de Dios (Mt 18,3).
10. Aprendan de mí, que soy sencillo y humilde; encontrarán su respiro (Mt
11,29).
136.
11. Cuando recen, no sean como los hipócritas, que son amigos de rezar de pie
en las sinagogas... para exhibirse ante la gente (Mt 6,5).
12. Cuando recen, no sean palabreros..., que el Padre sabe lo que les hace
falta antes que se lo pidan (Mt 6,7-8).
13. Cuando estén de pie orando, perdonen lo que tengan contra otros, para que
también el Padre del cielo les perdone las culpas de ustedes (Mc 11,25).
14. Cualquier cosa que pidan a Dios en su oración, crean que se la han
concedido, y la obtendrán (Mc 11,24).
137.
15. Cuando ayunen, no se pongan cariacontecidos como los hipócritas, que se
afean la cara para ostentar ante la gente que ayunan. Ya han cobrado su paga,
se lo aseguro (Mt 6,16).
138.
16. En el cielo, da más alegría un pecador que se enmienda que noventa y nueve
justos que no necesitan enmendarse (Lc 15,7).
17. No he venido a invitar a la enmienda a los justos, sino a los pecadores (Lc
5,32).
139.
18. Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad, porque ésos tienen a
Dios por Rey (Mt 5,10).
19. Dichosos ustedes cuando los odien los hombres y los expulsen... por causa
de este Hombre. Alégrense..., que les va a dar Dios una gran recompensa (Lc
6,22-23).
20.
Cuando el mundo los odie, tengan presente que primero me ha odiado a mí. Si
pertenecieran al mundo, el mundo los querría como a cosa suya, pero... al
elegirlos yo... el mundo los odia (Jn 15,18-19).
140.
21. Acérquense a mí todos los que están rendidos y abrumados, que yo les daré
respiro (Mt 11,28).
22. Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma pan de éste vivirá para
siempre. Pero, además, el pan que voy a dar es mi carne... (Jn 6,51).
23. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. Quien come mi
carne y bebe mi sangre, sigue conmigo, y yo con él (Jn 6,55-56).
141.
24. Todos los odiarán por causa mía, pero no perderán ni un pelo de la
cabeza (Lc 21,17-18).
142.
25. Nadie puede estar al servicio de dos amos, porque aborrecerá a uno y
querrá al otro, o bien se apegará a uno y despreciará al otro (Mt 6,24).
143.
26. Del corazón salen las malas ideas... Eso es lo que mancha al hombre; comer
sin lavarse las manos, no (Mt 15,19–20).
27. El que es bueno, saca cosas buenas de su
almacén de bondad; el que es malo, saca cosas malas de su almacén de maldad (Mt
12,35).
144.
28. El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de
Dios (Lc 9,62).
29. Hasta los pelos de su cabeza están todos contados. No tengan miedo; valen
más que todos los gorriones juntos (Lc 12,7).
30. Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el
mundo por él se salve (Jn 3,17).
145.
31. Todo el que practica lo malo, detesta la luz, y no se acerca a la luz
para que no se descubran sus acciones (Jn 3,20).
32. Dios es espíritu, y los que lo adoran han
de dar culto con espíritu y verdad (Jn 4,24).
33. Sólo el Espíritu da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que yo
les he dicho son espíritu y vida (Jn 6,63).
34. Quien comete ese pecado es esclavo, y el esclavo no se queda para siempre
en la casa (Jn 8,34–35).
35. Quien es de fiar en lo de nada, también es de fiar en lo importante; quien
no es honrado en lo de nada, tampoco es honrado en lo importante (Lc 16,10).
36. Más fácil es que pasen el cielo y la tierra que no que caiga un acento de
la ley (Lc 16,17).
37. Alumbre también la luz de ustedes a los hombres; que vean el bien que
hacen y glorifiquen al Padre del cielo (Mt 5,16).
146.
38. Si la fidelidad de ustedes no sobrepasa la de los letrados y fariseos, no
entrarán en el Reino de Dios (Mt 5,20).
39. Si tu ojo derecho te pone en peligro, sácatelo y tíralo; más te conviene
perder un miembro que ser echado entero en el fuego (Mt 5,29).
40. El Reino de Dios se alcanza a la fuerza, y solamente los esforzados lo
arrebatan (Mt 11,12).
41. Déjense de amontonar riquezas en la tierra, donde la polilla y la carcoma
las echan a perder, donde los ladrones abren boquetes y roban. En cambio,
amontonen riquezas en el cielo..., donde los ladrones no roban (Mt 6,19–20).
42. No juzguen, y no los juzgarán; porque los van a juzgar como ustedes
juzguen (Mt 7,1-2).
147.
43. Cuidado con los profetas falsos, esos que se les acercan con piel de
oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán (Mt
7,15-16).
44. Cuidado con mostrar desprecio a un pequeño de ésos, porque les digo que
sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial (Mt
18,10).
45. Estén en vela, que no saben el día ni la hora (Mt 25,13).
148.
46. No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer más... Teman
al que tiene poder para matar y después echar en el fuego (Lc 12,4-5).
47. No anden agobiados por la vida, pensando qué van a comer; ni por el
cuerpo, pensando con qué lo van a vestir... Ya sabe su Padre que tienen
necesidad de eso (Lc 12,22.30).
48. Nada hay oculto que no deba descubrirse ni nada secreto que no deba
saberse o hacerse público (Lc 8,17).
149.
49. El que quiera subir, sea servidor suyo, y el que quiera ser primero, sea
esclavo suyo (Mt 20,26-27).
50. ¡Con qué dificultad van a entrar en el Reino de Dios los que tienen el
dinero!(Mc,10,23).
51. Es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que no que entre
un rico en el Reino de Dios (Lc 18,25).
52. Pues yo les digo: Amen a sus enemigos (hagan el bien a los que los odian)
y recen por los que los persiguen (y odian) (Mt 5,44).
53. ¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! (Lc 6,24).
150.
54. Entren por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y amplia la calle
que llevan a la perdición, y muchos entran por ellas. ¡Qué angosta es la
puerta y qué estrecho el callejón que llevan a la vida! Y pocos dan con ellos
(Mt 7,13-14).
55. Los últimos serán primeros, y los primeros últimos (Mt 20,16). Porque hay
más llamados que escogidos (Mt 22,14).
Hay más dicha en dar que en recibir (Hch 20,35).
56. Si uno te abofetea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; al que
quiera poner pleito para quitarte la túnica, déjale también la capa (Mt
5,39-40).
57. Hay que orar siempre y no desanimarse (Lc 18,1).
Estén en vela y pidan no caer en la prueba (Mt 25,41).
58. A todo el que se encumbra lo abajarán, y al que se abaja lo encumbrarán (Lc
14,11).
59. Den lo de dentro en limosna, y así lo tendrán limpio todo (Lc 11,41).
60. Si tu mano o tu pie te pone en peligro, córtatelo y tíralo: más te vale
entrar manco o cojo en la vida que ser echado al fuego eterno con dos manos o
dos pies. Y si tu ojo te pone en peligro, sácatelo y tíralo; más te vale
entrar tuerto en la vida que ser echado con los dos ojos en el fuego del
quemadero (Mt 18,8-9).
151.
61. LAS OCHO BIENAVENTURANZAS
1. Dichosos los que eligen ser pobres,
porque ésos tienen a Dios por Rey.
2. Dichosos los que sufren,
porque ésos van a recibir el consuelo.
3. Dichosos lo no violentos,
porque ésos van a heredar la tierra.
4. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ésos van a ser saciados.
5.
Dichosos los que prestan ayuda,
porque ésos van a recibir ayuda.
6. Dichosos los limpios de corazón,
porque ésos van a ver a Dios.
7. Dichosos los que trabajan por la paz,
porque a ésos los va a llamar Dios hijos suyos.
8. Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad,
porque ésos tienen a Dios por Rey (Mt 5,3-10).
152.
62. Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, si has escondido
estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente
sencilla; sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien (Mt 11,25)
2.
153.
Este es un resumen de las grandes e importantes verdades que la Sabiduría
eterna vino personalmente a enseñarnos, después de ponerlas en práctica ella
misma, con el fin de arrancarnos de la ceguera y desconcierto en que nos
habían sumido nuestros pecados.
¡Felices quienes comprenden estas verdades eternas!
¡Más felices los que las aceptan!
¡Pero mucho más felices quienes creen en ellas, las ponen en práctica y las
enseñan a los demás! ¡Brillarán como estrellas en el cielo por toda la
eternidad! 3.
NOTAS:
1
Este capítulo constituye la parte culminante de esta obra monfortiana. En la
voz de la Sabiduría encarnada, Jesucristo, oímos resonar las directivas
básicas que debe llevar a la práctica el discípulo de la Sabiduría que quiere
caminar en seguimiento del Señor.
2
Ver ASE 174.
3
Ver Dn 12,3.
RESUMEN DE LOS INEXPLICABLES
DOLORES QUE LA
SABIDURIA ENCARNADA QUISO PADECER POR AMOR NUESTRO
1 - EL MOTIVO MAS PODEROSO PARA AMAR LA SABIDURIA
154. La
razón más poderosa que puede impulsarnos a amar a Jesús, la Sabiduría
encarnada, es, a mi juicio, la consideración de los dolores que quiso padecer
para mostrarnos su amor. "Hay –dice San Bernardo– un motivo que los supera a
todos, que me aguijonea más sensiblemente y me apremia a amar a Jesucristo:
es, ¡oh Señor!, el cáliz de amargura que quisiste apurar por nosotros. Sí, ¡la
obra de nuestra redención te hace amable a nuestros corazones! Porque este
beneficio supremo e incomparable testimonio de tu amor conquista fácilmente el
nuestro. ¡Nos atrae más suavemente, nos obliga más justicieramente, nos liga
más íntimamente y nos afecta más poderosamente!" Y en pocas palabras resume
las razones: "Porque este amable Salvador ha trabajado y sufrido mucho para
lograr nuestra salvación. ¡Oh! ¡Cuántas penas y amarguras tuvo que soportar!"
1
2 - LAS CIRCUNSTANCIAS DE LA PASION DE LA SABIDURIA
155. Pero
donde podemos ver más claramente el amor infinito de la Sabiduría hacia
nosotros, es en las circunstancias que acompañan sus dolores.
1. Excelencia de su persona
La primera es la excelencia de su persona, que comunica valor infinito a
cuanto sufre en su pasión. Si Dios hubiera enviado un serafín o un ángel del
último coro para que, haciéndose hombre, muriera por nosotros, hubiera sido,
en verdad, algo admirable y digno de nuestra eterna gratitud. Pero que el
mismo Creador del cielo y de la tierra, el Hijo único de Dios, la Sabiduría
eterna, se haya encarnado y haya dado su vida –a cuyo lado las vidas de todos
los ángeles, de todos los hombres y de todas las criaturas juntas son
infinitamente menos importantes de lo que sería la de un mosquito comparada
con la de todos los reyes–, ¡qué exceso de amor no resplandece en este
misterio y cuál no debe ser nuestra admiración y gratitud!
2. Padecimientos, incluso por sus enemigos
156.
La segunda circunstancia es la condición de las personas por quienes padece.
Son hombres, criaturas despreciables, enemigos suyos, de quienes nada podía
temer ni esperar. Se han dado casos de personas que mueren por sus amigos.
Pero ¿se dará jamás el caso –excepto el del Hijo de Dios– de que alguien muera
por sus enemigos? Pero Cristo murió por nosotros cuando éramos aún
pecadores –es decir, enemigos suyos–; así demuestra Dios el amor que nos tiene
. 2
3. Enormidad y duración de sus múltiples padecimientos
157.
La tercera circunstancia es la multitud, enormidad y duración de sus
padecimientos. Fue tal el torrente de sus dolores, que se le llamó hombre de
dolores, 3 en quien desde la planta del pie hasta la cabeza no
queda parte ilesa. 4
Este gran amante de nuestras almas sufrió en todo: dolores externos e
internos, en el cuerpo y en el alma. 5
158. Padeció
en sus bienes. Sin recordar la pobreza de su nacimiento, la huida a
Egipto y su permanencia allí, la pobreza de toda su vida, pensemos que en su
pasión fue despojado de sus vestiduras por los soldados, que las sortearon
entre sí, y luego clavado en la cruz, sin que le dejasen un pobre harapo para
cubrirse.
159.
Sufrió en su honor y reputación. Fue saturado de oprobios, tratado de
blasfemo, sedicioso, borracho, comilón y endemoniado.
Fue menospreciado
en su sabiduría, al ser considerado como ignorante e
impostor y tratado de loco e insensato.
Fue ultrajado
en su poder, al ser considerado como mago y hechicero,
capaz de hacer falsos milagros en unión de Satanás.
Sufrió a causa
de sus discípulos: el uno lo vendió y traicionó; el
primero de ellos lo negó, y los demás lo abandonaron.
160. Sufrió
de parte de toda clase de personas:
reyes, gobernantes, jueces, cortesanos, soldados, pontífices, sacerdotes,
eclesiásticos y seglares, judíos y gentiles, hombres y mujeres; de todos, sin
excepción. Incluso, su santísima Madre aumentó de manera terrible sus
aflicciones cuando la vio presenciando su muerte junto a la cruz, anegada en
un mar de tristeza.
161. Nuestro
amantísimo Salvador padeció en todos los miembros de su cuerpo: su
cabeza fue coronada de espinas; sus cabellos y la barba, mesados; sus
mejillas, abofeteadas; su rostro, cubierto de salivazos; su cuello y sus
brazos, torturados con cuerdas; sus espaldas, cargadas y desolladas por el
peso de la cruz; sus manos y pies, taladrados por los clavos; su costado y
corazón, atravesados por la lanza. En una palabra: todo su cuerpo fue
desgarrado sin misericordia por más de cinco mil azotes, de forma que se veían
sus huesos medio descarnados. Todos sus sentidos se vieron sumergidos en este
mar de dolor: sus ojos, al contemplar las mofas y burlas de sus enemigos y las
lágrimas y desolación de sus amigos; sus oídos, al escuchar las injurias, los
falsos testimonios, las calumnias y horrendas blasfemias que aquellas bocas
malditas vomitaban contra él; su olfato, al percibir la fetidez de los
salivazos que le lanzaban; su gusto, al padecer aquella sed abrasadora que, en
son de burla, pretendieron mitigar dándole a beber hiel y vinagre; y su tacto,
al experimentar el exceso de dolor que le causaron los azotes, las espinas y
los clavos.
162.
El alma santísima de Jesús se vio cruelmente atormentada por los
pecados de todos los hombres –como otros tantos ultrajes inferidos al Padre, a
quien amaba infinitamente– y a causa de la perdición de tantas almas que, no
obstante su pasión y muerte, se condenarían. Sentía compasión no sólo de todos
en general, sino de cada uno en particular, dado que los conocía a todos
distintamente.
Contribuyó a aumentar sus dolores
la duración de los mismos. Sufrió
desde el momento de su concepción hasta su muerte, puesto que, gracias a la
luz infinita de su sabiduría, veía distintamente y siempre tenía presentes
todos los males que debía soportar.
Añadamos a estos tormentos el más cruel y espantoso de todos:
el abandono
en la cruz cuando exclamó: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
6
3 - AMOR SUPREMO DE LA SABIDURIA EN SUS DOLORES
163.
De lo anterior debemos inferir –con Santo Tomás y los Santos Padres– que el
buen Jesús padeció más que todos los mártires que han existido o existirán
hasta el fin del mundo.
Si, pues, el menor de los dolores del Hijo de Dios es más valioso y debe
conmovernos más que si todos los ángeles y hombres hubieran muerto y sido
aniquilados por nosotros, ¿cuál no debe ser nuestro dolor, agradecimiento y
amor para con El, ya que padeció por nosotros cuanto es posible y con tales
excesos de amor, sin estar obligado a ello? Por la dicha que le esperaba
sobrellevó la cruz. 7 Es decir, que Jesucristo, la Sabiduría
eterna, habiendo podido permanecer en la gloria del cielo, infinitamente
alejado de nuestra indigencia, prefirió, por nuestro amor, bajar a la tierra,
encarnarse y ser crucificado –según afirman los Santos Padres–. Una vez hecho
hombre, podía comunicar a su cuerpo el gozo, la inmortalidad y la alegría de
que ahora goza. Pero no quiso obrar así para poder padecer.
164. Añade
Ruperto que el Padre ofreció a su Hijo, en el momento de la encarnación, la
alternativa de salvar el mundo por el placer o por el dolor, por los honores o
por los desprecios, por la riqueza o por la pobreza, por la vida o por la
muerte. De modo que, si hubiera querido, hubiera podido redimir a los hombres
y llevarlos al paraíso por medio de goces, delicias, placeres, honores y
riquezas, gloria y triunfos. Pero El escogió los dolores y la cruz para dar
mayor gloria al Padre, y a los hombres el testimonio de un amor más grande.
165. Más
aún, nos amó tanto que, en lugar de abreviar sus dolores, deseaba prolongarlos
y soportarlos mil veces más. Por ello, sobre la cruz, colmado de oprobios y
abismado de dolores, como si los que padecía no fueran bastantes, exclamó: Tengo sed .
8 Pero ¿de qué? "Su sed –dice San Lorenzo
Justiniano– provenía del fuego de su amor, de la fuente y abundancia de su
caridad. Tenía sed de nosotros, de entregarse a nosotros y padecer por
nosotros". 9
4 - CONCLUSION
166. Después
de considerar todo esto, ciertamente hallamos motivos sobrados para exclamar
con San Francisco de Paula: "¡Oh caridad! ¡Oh Dios de caridad! ¡La caridad que
demostraste al sufrir, y padecer y morir, es, en verdad, excesiva!". O con
Santa Magdalena de Pazzis, abrazada al crucifijo: "¡Oh amor! ¡Amor! ¡Cuán poco
conocido eres!". O, finalmente, con San Francisco de Asís, arrastrándose por
el fango de las calles: "¡Jesús, mi amor crucificado, no es conocido! ¡Jesús,
mi amor, no es amado!".
Sí, en efecto, la santa Iglesia hace repetir todos los días con sobrada razón:
El mundo no lo conoció. 10 El mundo no conoce a Jesucristo,
la Sabiduría encarnada. Y, hablando razonablemente, conocer lo que Nuestro
Señor ha padecido por nosotros y no amarlo con ardor –cosa que hace el mundo–,
es algo moralmente imposible.
NOTAS:
1
San Bernardo.
2
Rm 5,8.
3
Is 53,3.
4
Is 1,6.
5
S. Th. III, q.46 a.5-7.
6
Mt 27,46.
7
Heb 12,2.
8
Jn 19,28.
9
De triumphali Christi agone, c 19.
10Jn
1,10.
167. Este
es, a mi modo de ver, el mayor secreto del rey, 1 el misterio más
sublime de la Sabiduría eterna: la cruz.
1 - LA SABIDURIA Y LA CRUZ
¡Oh! ¡Cuán distantes y diferentes son los pensamientos y caminos de la
Sabiduría eterna de los de los hombres, incluso de los más inteligentes!
Dios quiere rescatar al mundo, ahuyentar y encadenar a los demonios, cerrar el
infierno a los hombres y abrir para éstos el cielo y tributar al Padre eterno
una gloria infinita. ¡Proyecto grandioso! ¡Obra difícil! ¡Ardua empresa! ¿Qué
medio empleará la Sabiduría, cuyo conocimiento abarca de un extremo al otro
del universo, disponiéndolo todo con suavidad y fuerza? 2 Su brazo
es omnipotente: puede con toda facilidad destruir cuanto se le opone y hacer
cuanto quiere; puede aniquilar y crear con una sola palabra de su boca... ¿Qué
digo? ¡Le basta querer para hacerlo todo!
168. Pero
su amor dicta leyes a su omnipotencia. Quiso encarnarse para testificarle al
hombre su amistad. Quiso descender personalmente a la tierra para hacerlo
subir al cielo. ¡Está bien! Pero desde luego que esta Sabiduría encarnada se
presentará gloriosa y triunfante, acompañada de millones y millones de
ángeles, o al menos de millones de hombres escogidos, y con estos ejércitos,
esplendor y majestad, lejos de la pobreza, los oprobios, las humillaciones y
las debilidades, arrollará a todos sus enemigos y conquistará los corazones de
los hombres con sus encantos, delicias, nobleza y tesoros.
¡Pero no! ¡Nada de eso! ¡Cosa sorprendente! Ve algo que para los judíos es
motivo de escándalo y horror, y para los paganos, objeto de locura: 3
un vil e infame madero, destinado a la confusión y suplicio de los mayores
criminales, al que llaman patíbulo, horca o cruz. Y en la cruz detiene su
mirada. En ella se complace, la prefiere a lo más sublime y brillante del
cielo y de la tierra, para hacer de ella el arma de sus conquistas y el atavío
de su majestad, la riqueza y complacencia de su imperio, la amiga y esposa de
su corazón. ¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de
Dios! 4 ¡Qué elección tan sorprendente! ¡Qué designios tan
sublimes e incomprensibles! ¡Qué amor a la cruz tan inefable!
169. La
Sabiduría encarnada amó la cruz desde sus más tiernos años: La quise desde
muchacho. 5 Apenas entró en el mundo, la recibió de manos del
Padre en el seno de María. La colocó en su corazón, como soberana, diciendo:
Dios mío, lo quiero; llevo tu ley en mis entrañas. 6 ¡Oh Dios y
Padre mío, escogí la cruz cuando estaba en tu seno! ¡La vuelvo a elegir ahora
en el de mi Madre! ¡La amo con todas mis fuerzas y la coloco en medio de mi
corazón para que sea mi esposa y soberana! 7
170. La
buscó fervientemente durante toda la vida. Si corría de pueblo en pueblo como
ciervo sediento; 8 si caminaba a pasos de gigante 9
hacia el Calvario; si hablaba tan frecuentemente de sus futuros padecimientos
y de su muerte a los apóstoles y discípulos y hasta a los profetas en su
transfiguración; 10 si con tanta frecuencia exclamaba: ¡Cuánto he
deseado!, 11 todos sus caminos, todos sus afanes, todas sus
pesquisas, todos sus anhelos, tendían hacia la cruz, llegando a considerar
como el punto culminante de su gloria y felicidad el morir en sus brazos.
Se desposó con ella con amor inefable en la encarnación. La buscó y llevó con
indecible gozo durante toda su vida, que fue cruz continua, 12 y,
después de haber hecho tantos esfuerzos para llegar a ella y morir en ella
sobre el Calvario –¡Qué angustia siento hasta que se haya cumplido!–,
13 decía: "Y ¿quién me lo impide? ¿Qué me detiene? ¿Por qué no
estoy ya abrazado a ti, amada cruz del Calvario?".
171.
La Sabiduría logró, al fin, lo que tanto anhelaba: se vio cubierta de
oprobios, cosida y fuertemente adherida a la cruz, y murió con alegría en los
brazos de su idolatrada amiga, como si fuera un lecho de honor y de triunfo.
172. No
vayamos a pensar que, después de su muerte, la Sabiduría se haya desprendido
de la cruz o la haya rechazado para triunfar mejor. ¡Todo lo contrario! Se ha
unido y como incorporado a ella, en tal forma que ni ángel, ni hombre, ni
criatura alguna del cielo o de la tierra puede separarla de la cruz. Su enlace
es indisoluble, y eterna su alianza. ¡Jamás la cruz sin Jesús ni Jesús sin la
cruz!
Con su muerte, la Sabiduría hizo tan gloriosas las ignominias de la cruz, tan
rica su desnudez y su pobreza, tan agradables sus dolores, tan atrayentes sus
rigores... hasta llegar a divinizarla y hacerla adorable a los ángeles y a los
hombres. Y ha ordenado que todos sus súbditos la adoren también. No quiere que
los honores de adoración –aunque relativa– se tributen a las demás criaturas,
por sublimes que ellas sean, como su misma Madre. Semejante distinción está
reservada, y sólo se tributa a su amada cruz.
En el día del juicio final desaparecerán todas las reliquias de los santos,
incluso las de los más eminentes, pero no las de la cruz. La Sabiduría
ordenará a los primeros serafines y querubines que recorran el mundo y recojan
los trozos de la verdadera cruz, que, gracias a su amorosa omnipotencia,
quedarán también tan maravillosamente unidos, que no formarán sino la única
cruz sobre la cual murió. Hará que los ángeles la lleven en triunfo y entonen
en su honor cánticos de alegría. Se hará preceder por esta cruz, que
descansará sobre la nube más brillante, y con ella y por ella juzgará al
mundo. 14 ¡Qué alegría experimentarán al verla los amigos de la
cruz! 15 Pero ¡qué desesperación la de sus enemigos, que, no
pudiendo soportar la vista de esa cruz tan brillante y aterradora, gritarán a
las montañas que caigan sobre ellos, y al infierno que los devore!
2 - LA CRUZ EN RELACION CON NOSOTROS
173. En
espera de que amanezca el día glorioso de su triunfo en el juicio final, la
Sabiduría eterna quiere que su cruz sea la insignia, el distintivo y arma de
todos sus elegidos.
En efecto, no reconoce como hijo a quien no posea esta insignia, ni como
discípulo sino a quien la lleva en la frente sin avergonzarse, en el corazón
sin protestar y sobre los hombros sin arrastrarla o rechazarla. Y exclama: El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su
cruz y me siga. 16
No admite como soldado sino a quien esté dispuesto a armarse con ella para
defenderse, atacar, derribar y aplastar a todos sus enemigos. Y dice: Animo, que yo he vencido al mundo.
17 "Confíen en mí, soldados
míos; ¡soy yo, su capitán! Por la cruz he triunfado de mis enemigos. ¡Con este
signo los vencerán también ustedes!" 18
174. Ha
concentrado en la cruz tantos secretos, gracias, vida y alegría, que no la da
a conocer sino a sus preferidos. Como a los apóstoles 19 revela con
frecuencia a sus amigos todos sus secretos, pero no los de la cruz, a menos
que lo hayan merecido por su gran fidelidad y trabajo. ¡Oh! ¡Cuán humilde,
pequeño, mortificado, interior y despreciado del mundo has de ser para conocer
el misterio de la cruz, que aún sigue hoy –no sólo entre judíos, paganos,
turcos y herejes, sabios según el mundo y malos cristianos, sino también entre
los que se creen devotos y muy devotos– objeto de escándalo, locura, desprecio
y deserción; no en teoría –pues nunca como hoy se ha hablado y escrito tanto
sobre la hermosura y excelencia de la cruz–, sino en la práctica, ya que tanto
se teme, lamenta, excusa y huye cuando se trata de sufrir algo!
Contemplando cierto día la belleza de la cruz, la Sabiduría encarnada exclamó
en un transporte de gozo: Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque, si has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, se las has
revelado a la gente sencilla . 20
175.
Si el conocimiento del misterio de la Cruz es una gracia tan excepcional, ¿qué
no serán su gozo y posesión efectiva? Son un regalo que la Sabiduría eterna
hace solamente a sus mejores amigos como respuesta a sus constantes plegarias,
anhelos y súplicas. Por excelente que sea el don de la fe –con la cual
agradamos a Dios, nos acercamos a El y vencemos a nuestros enemigos, y sin la
cual nos condenaríamos–, la cruz es un don todavía mayor. 21
San Pedro –dice San Juan Crisóstomo– es más feliz al verse encarcelado por
Jesucristo que en la gloria del Tabor; se siente más glorioso por llevar en
los pies las cadenas, que en las manos las llaves del paraíso. 22
San Pablo se gloría más de hallarse encadenado por su Salvador que de ser
elevado al tercer cielo. 23 Dios favorecía más a los apóstoles y a
los mártires haciéndolos partícipes de su cruz en las humillaciones, la
pobreza y los más crueles tormentos, que otorgándoles el don de hacer milagros
y convertir el mundo entero. Todos aquellos a quienes se ha comunicado la
Sabiduría eterna, se mostraron deseosos de la cruz, la buscaron, la abrazaron,
y, cuando tenían ocasión de padecer, exclamaban desde el fondo del corazón,
como San Andrés: "¡Oh cruz amada y por tanto tiempo deseada!" 24
176. La
cruz es buena y preciosa por infinidad de razones:
1) nos asemeja a Jesucristo;
2) nos hace dignos hijos de Dios Padre, dignos miembros de Jesucristo y
templos dignos del Espíritu Santo. Dios Padre corrige a cuantos adopta por
hijos: El Señor educa a los que ama y da azotes a los hijos que reconoce
por suyos. 25 El Hijo recibe como suyos solamente a los que
llevan la cruz. El Espíritu Santo talla y pule las piedras vivas de la
Jerusalén celeste, es decir, los predestinados; 26
3) ilumina el entendimiento y le comunica una sabiduría que no le podrán dar
todos los libros de la tierra: Quien no ha sido probado, sabe bien poco;
27
4) la cruz, llevada dignamente, se convierte en fuente, alimento y testimonio
de amor. Enciende en los corazones el fuego del amor divino, desapegándolos de
las criaturas. Mantiene y acrecienta ese amor, y así como la leña alimenta el
fuego, la cruz alimenta el amor. Comprueba del modo más claro que se ama a
Dios. Porque es la misma prueba de que Dios se sirvió para manifestarnos su
amor. Y la que Dios nos pide para demostrarle el nuestro.
5) es fuente abundante de toda suerte de dulzuras y consolaciones y engendra
en el alma la alegría, la paz y la gracia;
6) por último, produce en quien la lleva una riqueza incomparable de gloria
para la eternidad. 28
177.
Si conocieras el valor de la cruz, mandarías hacer novenas – a ejemplo de San
Pedro de Alcántara– 29 para conseguir esa exquisita porción del
paraíso; dirías con Santa Teresa: "¡O padecer o morir!"; 30 con
Santa María Magdalena de Pazzis: "¡No morir, sino padecer!" O pedirías, con
San Juan de la Cruz, solamente la gracia de padecer por Jesucristo: "¡Padecer
y ser despreciado por ti!".
Entre todas las cosas terrenas, la única que se aprecia en el cielo es la
cruz, decía este Santo, después de su muerte, a una sierva de Dios.
Nuestro Señor dijo a uno de sus servidores: "Tengo cruces tan preciosas, que
es todo cuanto mi queridísima Madre –siendo tan poderosa como es– puede
alcanzar de mí en favor de sus fieles servidores.".
178. ¡Oh
sabios del mundo! ¡Varones ilustres de la tierra! ¡Ustedes son incapaces de
comprender este lenguaje misterioso! ¡Aman demasiado los placeres, se
preocupan excesivamente de sus comodidades, aprecian demasiado los bienes de
este mundo, temen demasiado los desprecios y las humillaciones! En una
palabra: ¡son demasiado enemigos de la cruz de Jesucristo!
Sí, estiman y alaban la cruz, pero en general, no en concreto la suya, de la
cual huyen cuanto más pueden o la llevan arrastrando de mala gana, entre
murmuraciones, impaciencias y lamentos. Me recuerdan aquellas vacas que,
mugiendo y muy a pesar suyo, arrastraban el Arca de la Alianza, que contenía
lo más precioso del mundo: Caminaban mugiendo. 31
179. El
número de los necios e infelices es infinito, dice la Sabiduría, 32
porque es infinito el de aquellos que no conocen el precio de la cruz y la
llevan a regañadientes.
Pero Ustedes, los verdaderos discípulos de la Sabiduría eterna, que han
experimentado tantas tentaciones y aflicciones, que padecen persecuciones por
la justicia, que son considerados como la basura del mundo..., ¡consuélense,
regocíjense, salten de alegría! Porque la cruz que llevan es un don tan
valioso, que lo envidian los bienaventurados, sin poder participar ya de él.
Sobre ustedes descansa cuanta honra, gloria y virtud hay en Dios, y aun el
Espíritu Santo reposa sobre ustedes, 33 porque su recompensa es
grande en los cielos, y aun ya sobre la tierra, a causa de las gracias
espirituales que la cruz les obtiene.
3 - CONCLUSION PRACTICA
180. ¡Amigos
de Jesucristo, beban, sí, beban del cáliz de amargura que El les brinda, y
llegarán a ser cada día más amigos suyos! ¡Sufran con El, y con El serán
glorificados! ¡Sufran con paciencia y hasta con alegría! Un poco más, y ¡se
les dará una eternidad gozosa por un momento de dolor!
¡Nada de ilusiones! ¡Desde que la Sabiduría encarnada tuvo que entrar en el
cielo por medio de la cruz, por ella tendrán que entrar cuantos la sigan! "A
cualquier parte que fueres –dice la Imitación de Cristo–, siempre encontrarás
la cruz": 34 la del predestinado, si la aceptas como debes, es
decir, paciente y gozosamente y por amor de Dios; o la del réprobo, si la
llevas con impaciencia y a pesar tuyo, como tantos doblemente miserables, que
se verán obligados a decir durante toda la eternidad en el infierno:
¡Trabajamos y padecimos tanto en la tierra; y, al final de cuentas, estamos
condenados! 35
Ciertamente, la verdadera Sabiduría no se halla en la tierra ni en el corazón
de quienes viven a sus anchas. Reside en la cruz, en forma tal que fuera de
ella es imposible hallarla en este mundo. Se ha incorporado y unido a la cruz
de tal manera, que podemos decir con toda verdad: ¡la Sabiduría es la cruz, y
la cruz es la Sabiduría!
NOTAS:
1
Tb 12,7. La ascesis, el entrenamiento, las renuncias, la organización de la
persona en la unidad interior son necesidades experimentadas para el triunfo
en la vida. ¡Cuánto más tratándose de la Sabiduría, don por excelencia! (Ver
Eclo 51,33ss).
2
Sb 8,1.
3
1Cor 1,23.
4
Rm 11,33.
5
Sb 8,2: ver CT 126.
6
Sl 40(41),9.
7
Sb 8,2.
8
Sl 42,1-2.
9
Sl 19 (18),6.
10
En tres ocasiones anuncia Jesús su pasión a los discípulos (Mc 8,31; 9,31;
10,33-34 y paralelos). Los discípulos reaccionan negativamente. Pero la cruz
asumida por amor entraba en el proyecto de sabiduría del Padre, a la que se
opone nuestra sabiduría orgullosa.
11
Lc 22,15.
12
Imitación de Cristo, l 2, c 12 n 7.
13
Lc 12,50.
14
Ver Breviario Romano, 14 de sept., a nona.
15
El P. de Montfort amplía su doctrina sobre la cruz, en su
Carta circular a
los Amigos de la Cruz.
16
Mt 16,24.
17
Jn 16,33.
18
Frase sustancialmente del lábaro de Constantino.
19
Jn 15,15.
20
Lc 10,21.
21
Comparar con LG 16.
22
Hom. 8 in Ep. ad Ephesios n 2: PG 62,55–58.
23
Gál 6,14.
24
Acta et martyrium S. Andreae Apostoli, PG 2, 1235-1238; ver San Bernardo Sermo
in vigilia Sancti Andreae, nº 3, PL 183.503.
25
Heb 12,6.
26
Breviario Romano: dedicación de una iglesia, himno de las II vísperas.
27
Eclo 34,10.
28
2Cor 4,17.
29
Nacido en 1499, en Extremadura, franciscano, inició en 1540 la reforma de su
Orden.
30
Ver Vida, c 40, n 20.
31
1Sam 6,12.
32
Ecle 1,15.
33
1Pe 4,14.
34
L 2 , c 12, n 4.
35
Sb 5,7; ver Carta a los Amigos de la Cruz, 45.
* * * * * * *
CAPITULO DECIMOQUINTO
PRIMER MEDIO: DESEO ARDIENTE
1 - TE ES NECESARIO DESEAR LA SABIDURIA
181.
¿Hasta cuándo, hijos de los hombres, tendrán el corazón endurecido y apegado a
la tierra? ¿Hasta cuándo amarán la vanidad y buscarán el engaño? 1
¿Qué esperan para abrir los ojos y los corazones a la divina Sabiduría, que es
la más deseable de todas las realidades, que para ganarse el corazón de los
hombres revela su propio origen, manifiesta su belleza, ostenta sus tesoros y
atestigua de mil maneras sus anhelos de que la deseen y busquen? Ansíen,
pues, mis palabras. 2 Ella misma se da a conocer a los que la
desean .3 El deseo de la Sabiduría conduce al Reino eterno. 4
2 - COMO DESEAR LA SABIDURIA
182.
Desear la Sabiduría debe ser un gran don de Dios, puesto que es la recompensa
de la fiel observancia de sus mandamientos: Si deseas la Sabiduría, cumple
los mandamientos, y el Señor te la dará. 5 Reflexiona sobre el
temor del Altísimo y medita sin cesar sus mandamientos; él te dará la
inteligencia y, según tus deseos, te hará sabio. 6
En efecto, la Sabiduría no entra en alma de mala ley ni habita en cuerpo
deudor del pecado . 7
Conviene que el deseo de la Sabiduría sea santo y sincero y vaya acompañado de
la fiel observancia de los mandamientos de Dios. Porque existe una multitud de
insensatos y perezosos que tienen millares de deseos, o mejor, de veleidades
por el bien, que no los impulsan a apartarse del pecado ni hacerse violencia,
y, por lo mismo, son ineficaces y engañosos, matan y conducen a la
condenación: Los deseos dan muerte al holgazán, porque sus manos se niegan
a trabajar. 8 El Espíritu santo, Maestro de ciencia, rehúye la
estratagema, levanta el campo ante los razonamientos sin sentido y se rinde
ante el asalto de la injusticia. 9
3 - EJEMPLOS CONVINCENTES
183. Salomón
–modelo que nos ofrece el Espíritu santo en la empresa de adquirir la
Sabiduría– sólo la recibió después de haberla deseado, buscado y pedido
durante largo tiempo: Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y
vino a mí el espíritu de sabiduría. 10 La quise y la rondé desde
muchacho y la pretendí como esposa, enamorado de su hermosura. 11
Me puse a dar vueltas, tratando de llevármela a casa. 12 Para obtener el gran tesoro de la Sabiduría, debes ser hombre de deseos, como
Salomón y Daniel. 13
SEGUNDO MEDIO: ORACION CONTINUA
1 - TE ES NECESARIA LA ORACION CONTINUA
184.
Cuanto mayor es un don de Dios, tanto más difícil es alcanzarlo. ¿Cuántas
plegarias y trabajos no implicará, entonces el don de la Sabiduría, que es el
mayor de todos los dones de Dios?
Escuchemos lo que dice la misma Sabiduría: Pidan, y se les dará; busquen, y
encontrarán; llamen, y les abrirán.14 Como si dijera:
– ¿Quieres hallarme? ¡Búscame!
– ¿Quieres entrar en mi palacio? ¡Llama a mi puerta!
– ¿Quieres poseerme? ¡Tienes que buscarme! Nadie me encuentra si no me busca.
Nadie llega a poseerme si no me pide. Todo lo alcanzarás con la oración.
La oración es el canal por el cual comunica Dios ordinariamente sus gracias, y
de modo especial la Sabiduría. El mundo imploró por milenios la Sabiduría.
María se preparó durante catorce años con la oración para recibirla en su
seno. Salomón sólo la alcanzó después de haberla pedido por largo tiempo con
ardor extraordinario: Al darme cuenta de que sólo me la ganaría si Dios me
la otorgaba..., me dirigí al Señor y le supliqué 15... Dame
la Sabiduría entronizada junto a ti .16
Si alguno de vosotros se ve falto de Sabiduría, pídasela a Dios, que da sin
regatear y sin humillar; El se la dará .17 Advierte, de
paso, que el Espíritu santo no dice: "Si alguno se ve falto de caridad, de
humildad, de paciencia", etc., que son virtudes ciertamente tan excelentes,
sino: "Si alguno se ve falto de Sabiduría." Porque, al pedir la Sabiduría,
pedimos todas las virtudes que ella encierra.
Para alcanzarla hay, pues, que pedirla. Pero ¿cómo?
2 - COMO PEDIR LA SABIDURIA
185. 1.
Debes pedir la Sabiduría con fe viva y firme, sin titubear: Tienes que pedir
con fe, sin titubear lo más mínimo,18 pues quien tiene una fe
vacilante no debe esperar alcanzarla: No se piense ese individuo que va a
recibir nada del Señor. 19
186. 2.
Debes pedirla con fe pura, sin apoyar la oración en consolaciones sensibles,
en visiones o revelaciones extraordinarias.
Aunque esto pueda ser bueno y valedero –como lo fue para algunos santos–, no
deja de ser peligroso apoyarse en ello. La fe es menos pura y meritoria cuanto
más se fundamenta en estas gracias extraordinarias y sensibles.
Razón más que suficiente para animarnos a pedirla al Señor con toda la fe y
ardor posibles, la constituye cuanto nos revela el Espíritu santo acerca de la
grandeza y hermosura de la Sabiduría, de los deseos que Dios tiene de dárnosla
y de la necesidad que tenemos de poseerla.
187.
La fe pura es el principio y el fruto de la Sabiduría en el alma; a mayor fe
corresponde mayor Sabiduría, y a mayor Sabiduría, mayor fe.
El justo –o el sabio– no vive sino de la fe,
20
sin ver, sentir, gustar ni vacilar. "Dios lo ha dicho o prometido"; éste es el
fundamento de todas sus plegarias y acciones, aunque naturalmente le parezca
que Dios no tiene ojos para ver las miserias, ni oídos para escuchar las
plegarias, ni brazos para aplastar a sus enemigos, ni manos para prestar
ayuda, y aunque se vea asaltado por distracciones, dudas y tinieblas
interiores, por ilusiones en la imaginación, hastío y tedio en el corazón,
tristeza y agonía en el alma.
El sabio no pide ver cosas extraordinarias –como las vieron los santos–, ni
experimentar dulzuras sensibles en la oración y prácticas de piedad. Implora
con fe la divina Sabiduría, seguro de que la alcanzará; 21 sí,
mucho más seguro que si descendiera un ángel del cielo a revelárselo, porque
Dios ha dicho: Todo el que pide recibe. 22 Todo el que pide
debidamente a Dios, recibe lo que pide: Si ustedes, malos como son, saben
dar cosas buenas a sus niños, ¿cuánto más su Padre del cielo dará Espíritu
santo –el Espíritu de Sabiduría– a los que se lo piden? 23
3 - DEBES PEDIRLA CON PERSEVERANCIA
188. Para
lograr esta perla preciosa e infinito tesoro, debes utilizar una santa
importunidad ante Dios. De lo contrario, no la alcanzarás nunca.
No debes portarte como muchas personas cuando piden a Dios alguna gracia.
Después de pedir por algún tiempo, quizás por años enteros, al no ver el
resultado, se desaniman y dejan de orar, pensando que Dios nos las escucha.
Así pierden el fruto de sus plegarias e injurian al Señor, quien se complace
en dar y atiende siempre, de un modo u otro, las oraciones bien hechas. Por
tanto, si deseas alcanzar la Sabiduría, debes solicitarla día y noche, sin
cansarte ni desanimarte. ¡Mil y mil veces dichoso si, después de diez, veinte
o treinta años de súplicas, logras alcanzarla, aunque fuera una hora antes de
morir! Y si sólo la obtienes después de haber pasado toda la vida buscándola,
pidiéndola y mereciéndola con toda clase de trabajos y padecimientos,
persuádete de que no se te ha concedido con derecho propio, como una
recompensa, sino por misericordia, como una limosna.
189. ¡No!
¡Los negligentes e inconstantes en la oración y búsqueda de la Sabiduría no
lograrán alcanzarla! Solamente la consiguen quienes imitan al amigo que de
noche va a golpear a la puerta de su amigo para pedirle prestados tres panes.
Advierte que la Sabiduría misma nos indica en esta parábola o historia cómo
debemos buscarla para obtenerla. El amigo llama y redobla los golpes y la
súplica cuatro o cinco veces, cada vez con mayor fuerza e insistencia, aunque
sea ya cerca de la medianoche –hora importuna por estar ya acostado el amigo–
y aunque haya recibido doble o triple rechazo, por impertinente e importuno.
Hasta que al fin, molesto por tanta insistencia, el amigo se levanta, abre la
puerta y le da cuanto le pide. 24
190. Así
debes pedir la Sabiduría, si quieres alcanzarla. Dios quiere que lo
importunes; se levantará infaliblemente, tarde o temprano; abrirá la puerta de
su misericordia y te dará los tres panes de la Sabiduría: el pan de la vida,
el pan del entendimiento y el pan de los ángeles.
Te presento ahora esta plegaria, compuesta por el Espíritu Santo para implorar
la Sabiduría: 25
4 - ORACION DE SALOMON PARA OBTENER LA SABIDURIA DIVINA
191.
1. Dios de los padres, Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
2. y en tu sabiduría formaste al hombre
para que dominase sobre tus criaturas,
3. y para que rigiese el mundo con santidad y justicia
y lo gobernase con rectitud de corazón;
4. dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
5. porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.
6. Pues aunque uno sea perfecto,
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada...
192.
9. Contigo está la sabiduría,
conocedora de tus obras;
que te asistió cuando hacías el mundo;
y que sabe lo que es grato a tus ojos,
y lo que es recto según tus preceptos.
10. Mándala desde tus santos cielos
y desde tu trono de gloria envíala
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.
11. Ella que todo lo sabe y lo comprende,
me guiará prudentemente en mis empresas
y me protegerá con su prestigio;
12. así aceptarás mis obras,
juzgaré a tu pueblo con justicia
y seré digno del trono de mi padre.
13. Pues ¿qué hombre conoce el designio de Dios?
¿Quién comprende lo que Dios quiere?
14. Los pensamientos de los mortales son mezquinos
y nuestros razonamientos son falibles,
15. porque el cuerpo mortal es lastre del alma
y la tienda terrestre abruma la mente pensativa.
16. Apenas adivinamos lo terrestre
y con trabajo encontramos lo que está a mano;
pues ¿quién rastreará las cosas del cielo?
17. ¿Quién conocerá tu designio
si tú no le das la sabiduría
enviando tu santo espíritu desde el cielo?
18. Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres,
los hombres aprendieron lo que te agrada
y la sabiduría los salvó.
193. A
la oración vocal hay que añadir la mental. Esta ilumina el entendimiento,
inflama la voluntad y capacita el alma para oír la voz de la Sabiduría,
saborear sus dulzuras y poseer sus tesoros. Personalmente, no encuentro nada
tan eficaz para atraer a nuestras almas el Reino de Dios, la Sabiduría eterna,
como el unir la oración vocal con la mental mediante la recitación del santo
Rosario y la meditación de los quince misterios encerrados en él. 26
NOTAS:
1
Sl 4,3.
2
Sb 6,11.
3
Sb 6,13.
4
Sb 6,20-21.
5
Eclo 1,26 (33).
6
Eclo 6,37.
7
Sb 1,4.
8
Pr 21,25.
9
Sb 1,5.
10
Sb 7,7.
11
Sb 8,2.
12
Sb 8,18.
13
Ver Sb 8, 2; Dn 9,23.
14
Mt 7,7; Lc 11,9.
15
Sb 8,21.
16
Sb 9,4.
17
St 1,5.
18
St 1,6.
19
St 1,5-7.
20
Ver Hab 2,4; Rm 1,17; Gal 3,11; Heb 10,38.
Sobre las visiones y gracias extraordinarias, ver SM 68.
21
St 1,5-7.
22
Lc 11,10.
23
Lc 11,13.
24
Lc 11,5-8.
25
Sb 9,1-6.9-18.
26
En
El Secreto Admirable del Santísimo Rosario, amplía el P. de Montfort
su mensaje práctico sobre el santo Rosario como instrumento para "convertirse
y salvarse."
CAPITULO DECIMOSEXTO
1 - TE ES NECESARIA LA MORTIFICACION
194. La
Sabiduría –dice el Espíritu Santo– no mora en quienes viven cómodamente,
1 es decir, en quienes viven a sus anchas, concediendo a las
pasiones y sentidos cuanto apetecen, porque los que viven sujetos a los
bajos instintos son incapaces de agradar a Dios 2 y la tendencia a
lo bajo significa rebeldía contra Dios. 3 Mi aliento no durará por
siempre en el hombre, puesto que es de carne. 4
Los que son de Cristo –la Sabiduría encarnada– han crucificado sus bajos
instintos con sus pasiones y deseos,5
llevan ahora y siempre en su persona la muerte de Jesús, 6 se hacen
violencia continuamente, 7 llevan la cruz todos los días, 8
están, finalmente, muertos y hasta consepultados con Jesucristo. 9
Son éstas, expresiones del Espíritu Santo, que muestran con luz más que
meridiana cómo para obtener la Sabiduría encarnada, Jesucristo, es necesario
que te mortifiques y renuncies al mundo y a ti mismo.
195.
No pienses que la Sabiduría –que es más pura que los rayos del sol– vaya a
entrar en un alma y cuerpo manchados por los placeres de los sentidos. Ni te
imagines que conceda descanso y paz inefables a quienes aman la compañía y
vanidades del mundo. Al que salga vencedor le daré el maná escondido.
10 Aunque esta amable Soberana –gracias a su luz infinita– conoce y
distingue en un instante todas las cosas, busca, no obstante, a quienes son
dignos de ella: Ella misma va de un lado a otro buscando a los que la
merecen. 11 Busca, porque el número de éstos es tan reducido,
que encuentra a muy pocos bastante desapegados del mundo, suficientemente
interiores y mortificados y, por tanto, dignos de ella: de su persona, de sus
tesoros y de su amistad.
2 - COMO MORTIFICARSE
196. La
Sabiduría exige para comunicarse una mortificación universal y continua,
valerosa y discreta. No se contenta con una mortificación a medias y de pocos
días.
Para alcanzar la Sabiduría te es necesario:
1. Vivir en auténtica pobreza interior y exterior
197.
Renunciar efectivamente a los bienes del mundo, como lo hicieron los
apóstoles, los discípulos, los primeros cristianos y los religiosos. Es el
modo más rápido, mejor y más eficaz, para alcanzar la Sabiduría; o, por lo
menos, desligar el corazón de esos bienes y poseerlos como si no los
poseyeras, sin afanarte para adquirirlos, sin inquietarte por conservarlos,
sin impacientarte ni lamentarte cuando los pierdas. Todo esto ciertamente es
bien difícil de practicar.
2. Romper con lo mundano
198.
No adoptar las modas de los mundanos en vestidos, muebles, habitaciones,
comidas, costumbres o actividades de la vida: No se amolden al mundo este.
12 Es práctica más necesaria de lo que se cree.
3. Romper con la falsas máximas del mundo
199. No
creer ni secundar las falsas máximas del mundo. Estas tienen una doctrina tan
contraria a la Sabiduría encarnada como las tinieblas a la luz, la muerte a la
vida. Examina atentamente sus sentimientos y palabras. Los mundanos piensan y
hablan mal de las más sublimes virtudes. Es verdad que no mienten
abiertamente, pues revisten sus mentiras con apariencias de verdad. Piensan
que no mienten, pero en realidad están mintiendo. Por lo general, no aconsejan
abiertamente el pecado, pero lo consideran como acto de virtud, honesto,
indiferente o sin consecuencias.
En esta sutileza, que el mundo ha copiado del demonio para disimular la
fealdad del pecado y de la mentira, consiste aquella malicia de que habla San
Juan: El mundo entero está bajo el poder del malo, 13 hoy
más que nunca.
4. Vivir en contacto con la Sabiduría
200. Huir
cuanto te sea posible de la compañía de los hombres. No sólo la de los
mundanos, tan peligrosa y nociva, sino también la de las personas de piedad
cuando es inútil y hace perder el tiempo. Si deseas llegar a ser santo y
perfecto, debes poner en práctica estas tres palabras de oro que la Sabiduría
eterna dijo a San Arsenio: "Huye, escóndete, calla!". 14
Huye en lo posible de la compañía de los hombres, como han hecho los mayores
santos. 15 Su vida está escondida con Cristo en Dios. 16 Guarda, en fin, silencio con los hombres para dialogar con la
Sabiduría: Hay quien calla y pasa por sabio .17
5. Poner en juego una ascesis cuidadosa
201.
Para alcanzar la Sabiduría te es necesario mortificar tu propio cuerpo, no
sólo sufriendo con paciencia las enfermedades corporales, las inclemencias del
tiempo y las molestias de las criaturas durante la vida, sino también
imponiéndote algunas penalidades y mortificaciones, como ayunos, vigilias y
otras austeridades propias de los santos penitentes.
Se necesita valor para ello, porque la carne –por naturaleza– se idolatra a sí
misma y el mundo considera y desprecia por inútiles todas las mortificaciones
corporales. ¡Cuánto no dice y hace para apartarnos de las austeridades de los
santos! De cada uno de los cuales se dice proporcionalmente: "El sabio o el
santo redujo su cuerpo a servidumbre con vigilias, ayunos, disciplinas, por el
frío, la desnudez y toda suerte de austeridades. Tenía hecho un pacto consigo
mismo de no darse reposo en este mundo." 18
El Espíritu Santo dice que todos los santos aborrecían hasta de
las ropas
manchadas por su propio cuerpo. 19
6. Unir mortificación interna y externa
202. Te
es absolutamente necesario unir la mortificación externa y voluntaria, para
que sea buena, a la del juicio y a la de la voluntad mediante la santa
obediencia. Sin la cual toda mortificación queda manchada de voluntad propia y
frecuentemente es más agradable al diablo que a Dios. Por eso, no debes hacer
ninguna mortificación extraordinaria sin pedir consejo. Yo, la Sabiduría,
convivo con la prudencia.
San Luis María Grignion
de Montfort
Capítulo 1 - Para amar y buscar a la divina Sabiduría, es
necesario conocerla
Capítulo 2 - Origen y excelencia de la Sabiduría eterna
Capítulo 6 - Apremiantes deseos de la divina Sabiduría de
comunicarse a los hombres
PRESENTACION
INTRODUCCION DEL PADRE DE
MONTFORT
18. el afán por la instrucción es amor;
el amor es la observancia de las leyes;
la custodia de las leyes
es garantía de incorruptibilidad;ES NECESARIO CONOCERLA
CAPITULO SEGUNDO
ORIGEN Y EXCELENCIA DE LA SABIDURIA ETERNA
EXCELENCIA
MARAVILLOSA DE LA SABIDURIA ETERNA
ELECCION DE LA
VERDADERA SABIDURIA
ENCARNACION Y VIDA EN
LA TIERRA DE LA SABIDURIA ETERNA
ENCANTADORA BELLEZA E
INEFABLE DULZURA
DULZURA DE LA
SABIDURIA ENCARNADA EN SU CONDUCTA
EL TRIUNFO DE LA
SABIDURIA ETERNA EN LA CRUZ Y POR LA CRUZ
MEDIOS PARA ALCANZAR LA SABIDURIA
TERCER MEDIO PARA ALCANZAR LA
SABIDURIA:
MORTIFICACION UNIVERSAL