INSTRUCCIÓN
REDEMPTIONIS
SACRAMENTUM
CONGREGACIÓN PARA
EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
Sobre algunas
cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima
Eucaristía
ATENCION:
Para facilitar la
recepción del documento lo presentamos en dos partes:
PARTE I :(ES ESTA PAGINA)
PARTE II :(NOTAS)
INDICE
Proemio [1-13]
Cap. I
La ordenación de la sagrada Liturgia [14-18]
1. El Obispo
diocesano, gran sacerdote de su grey [19-25]
2. La Conferencia de Obispos [26-28]
3. Los presbíteros [29-33]
4. Los diáconos [34-35]
Cap. II
La participación de los fieles laicos en la celebración de
la Eucaristía
1. Un participación activa y consciente [36-42]
2. Tareas de los fieles laicos en la celebración de la s.
Misa [43-47]
Cap. III
La celebración correcta de la santa Misa
1. La materia de la santísima Eucaristía [48-50]
2. La Plegaria eucarística [51-56]
3. Las otras partes de la Misa [57-74]
4. La unión de varios ritos con la celebración de la Misa
[75-79]
Cap. IV
La sagrada Comunión
1. Las disposiciones para recibir la sagrada Comunión
[80-87]
2. La distribución de la sagrada Comunión [88-96]
3. La Comunión de los sacerdotes [97-99]
4. La Comunión bajo las dos especies [100-107]
Cap. V
Otros aspectos que se refieren a la Eucaristía
1. El lugar de la celebración de la santa Misa [108-109]
2. Diversos aspectos relacionados con la santa Misa
[110-116]
3. Los vasos sagrados [117-120]
4. Las vestiduras litúrgicas [121-128]
Cap. VI
La reserva de la s. Eucaristía y su culto fuera de la Misa
1. La reserva de la santísima Eucaristía [129-133]
2. Algunas formas de culto a la s. Eucaristía fuera de la
Misa [134-141]
3. Las procesiones y los congresos eucarísticos [142-145]
Cap. VII
Ministerios extraordinarios de los fieles laicos [146-153]
1. El ministro extraordinario de la sagrada Comunión
[154-160]
2. La predicación [161]
3. Celebraciones particulares que se realizan en ausencia
del sacer. [162-167]
4. De aquellos que han sido apartados del estado clerical
[168]
Cap. VIII
Los remedios [169-171]
1. Graviora delicta [172]
2. Los actos graves [173]
3. Otros abusos [174-175]
4. El Obispo diocesano [176-180]
5. La Sede Apostólica [181-182]
6. Quejas por abusos en materia litúrgica [183-184]
Conclusión [185-186]
PROEMIO
[1.] El
Sacramento de la Redención, que la Madre Iglesia confiesa
con firme fe y recibe con alegría, celebra y adora con
veneración, en la santísima Eucaristía,[2]
como Señor y Dominador invencible, Sacerdote eterno y Rey
del universo, y entregue al Padre omnipotente, de majestad
infinita, el reino de la verdad y la vida.[2.]
La doctrina de la Iglesia sobre la santísima Eucaristía ha
sido expuesta con sumo cuidado y la máxima autoridad, a lo
largo de los siglos, en los escritos de los Concilios y de
los Sumos Pontífices, puesto que en la Eucaristía se
contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, que es
Cristo, nuestra Pascua,[5]
y cuya fuerza alienta a la Iglesia desde los inicios.Ecclesia
de Eucharistia», el Sumo Pontífice Juan Pablo II ha
expuesto de nuevo algunos principios sobre esta materia, de
gran importancia eclesial para nuestra época.[8]
que, en colaboración con la Congregación para la Doctrina de
la Fe, preparara esta Instrucción, en la que se trataran
algunas cuestiones referentes a la disciplina del sacramento
de la Eucaristía. Por consiguiente, lo que en esta
Instrucción se expone, debe ser leído en continuidad con la
mencionada Carta Encíclica «[9]
e indicar otras que aclaren y completen las precedentes,
explicándolas a los Obispos, y también a los presbíteros,
diáconos y a todos los fieles laicos, para que cada uno,
conforme al propio oficio y a las propias posibilidades, las
puedan poner en práctica.
[3.] Las normas que se contienen en esta Instrucción se
refieren a cuestiones litúrgicas concernientes al Rito
romano y, con las debidas salvedades, también a los otros
Ritos de la Iglesia latina, aprobados por el derecho.
[4.] «No hay duda de que la reforma litúrgica del Concilio
ha tenido grandes ventajas para una participación más
consciente, activa y fructuosa de los fieles en el santo
Sacrificio del altar».[11]
Así, no se puede callar ante los abusos, incluso gravísimos,
contra la naturaleza de la Liturgia y de los sacramentos,
también contra la tradición y autoridad de la Iglesia, que
en nuestros tiempos, no raramente, dañan las celebraciones
litúrgicas en diversos ámbitos eclesiales. En algunos
lugares, los abusos litúrgicos se han convertido en una
costumbre, lo cual no se puede admitir y debe terminarse.
[5.] La observancia de las normas que han sido promulgadas
por la autoridad de la Iglesia exige que concuerden la mente
y la voz, las acciones externas y la intención del corazón.
La mera observancia externa de las normas, como resulta
evidente, es contraria a la esencia de la sagrada Liturgia,
con la que Cristo quiere congregar a su Iglesia, y con ella
formar «un sólo cuerpo y un sólo espíritu».[13]
conformando nuestra mente con sus palabras, elevamos al
Señor nuestro corazón. Cuanto se dice en esta Instrucción,
intenta conducir a esta conformación de nuestros
sentimientos con los sentimientos de Cristo, expresados en
las palabras y ritos de la Liturgia.
[6.] Los abusos, sin embargo, «contribuyen a oscurecer la
recta fe y la doctrina católica sobre este admirable
Sacramento».[15]
Conviene que todos los fieles tengan y realicen aquellos
sentimientos que han recibido por la pasión salvadora del
Hijo Unigénito, que manifiesta la majestad de Dios, ya que
están ante la fuerza, la divinidad y el esplendor de la
bondad de Dios[17]
[7.] No es extraño que los abusos tengan su origen en un
falso concepto de libertad. Pero Dios nos ha concedido, en
Cristo, no una falsa libertad para hacer lo que queramos,
sino la libertad para que podamos realizar lo que es digno y
justo.[19]
[9.] Finalmente, los abusos se fundamentan con frecuencia en
la ignorancia, ya que casi siempre se rechaza aquello de lo
que no se comprende su sentido más profundo y su antigüedad.
Por eso, con su raíz en la misma Sagrada Escritura, «las
preces, oraciones e himnos litúrgicos están penetrados de su
espíritu, y de ella reciben su significado las acciones y
los signos».[21]
Justamente, la estructura y la forma de las celebraciones
sagradas según cada uno de los Ritos, sea de la tradición de
Oriente sea de la de Occidente, concuerdan con la Iglesia
Universal y con las costumbres universalmente aceptadas por
la constante tradición apostólica,[23]
Pero si se rompiera este vínculo que los sacramentos tienen
con el mismo Cristo, que los ha instituido, y con los
acontecimientos en los que la Iglesia ha sido fundada,[25]
por lo que el uso de textos y ritos que no han sido
aprobados lleva a que disminuya o desaparezca el nexo
necesario entre la lex orandi y la lex credendi.[27]
Quien actúa contra esto, cediendo a sus propias
inspiraciones, aunque sea sacerdote, atenta contra la unidad
substancial del Rito romano, que se debe cuidar con
decisión,[29]
sino que lesionan el verdadero derecho de los fieles a la
acción litúrgica, que es expresión de la vida de la Iglesia,
según su tradición y disciplina. Además, introducen en la
misma celebración de la Eucaristía elementos de discordia y
la deforman, cuando ella tiende, por su propia naturaleza y
de forma eminente, a significar y realizar admirablemente la
comunión con la vida divina y la unidad del pueblo de Dios.[31]
[12.] Por otra parte, todos los fieles cristianos gozan del
derecho de celebrar una liturgia verdadera, y especialmente
la celebración de la santa Misa, que sea tal como la Iglesia
ha querido y establecido, como está prescrito en los libros
litúrgicos y en las otras leyes y normas. Además, el pueblo
católico tiene derecho a que se celebre por él, de forma
íntegra, el santo sacrificio de la Misa, conforme a toda la
enseñanza del Magisterio de la Iglesia. Finalmente, la
comunidad católica tiene derecho a que de tal modo se
realice para ella la celebración de la santísima Eucaristía,
que aparezca verdaderamente como sacramento de unidad,
excluyendo absolutamente todos los defectos y gestos que
puedan manifestar divisiones y facciones en la Iglesia.[33]
CAPÍTULO I
LA ORDENACIÓN DE LA SAGRADA LITURGIA
[14.] «La
ordenación de la sagrada Liturgia es de la competencia
exclusiva de la autoridad eclesiástica; ésta reside en la
Sede Apostólica y, en la medida que determine la ley, en el
Obispo».[35]
aún comunicando con los pastores y los fieles.
[16.] Compete a la Sede Apostólica ordenar la sagrada
Liturgia de la Iglesia universal, editar los libros
litúrgicos, revisar sus traducciones a lenguas vernáculas y
vigilar para que las normas litúrgicas, especialmente
aquellas que regulan la celebración del santo Sacrificio de
la Misa, se cumplan fielmente en todas partes.[37]
En esta materia, conforme a la tradición de toda la Iglesia,
destaca el cuidado de la celebración de la santa Misa y del
culto que se tributa a la Eucaristía fuera de la Misa.
[18.] Los fieles tienen derecho a que la autoridad
eclesiástica regule la sagrada Liturgia de forma plena y
eficaz, para que nunca sea considerada la liturgia como
«propiedad privada de alguien, ni del celebrante ni de la
comunidad en que se celebran los Misterios».[39]
Pues «el Obispo, por estar revestido de la plenitud del
sacramento del Orden, es "el administrador de la gracia del
supremo sacerdocio"[41],
y mediante la cual la Iglesia vive y crece continuamente».[43]
Además, «toda legítima celebración de la Eucaristía es
dirigida por el Obispo, a quien ha sido confiado el oficio
de ofrecer a la Divina Majestad el culto de la religión
cristiana y de reglamentarlo en conformidad con los
preceptos del Señor y las leyes de la Iglesia, precisadas
más concretamente para su diócesis según su criterio».[45]
Sin embargo, el Obispo debe tener siempre presente que no se
quite la libertad prevista en las normas de los libros
litúrgicos, adaptando la celebración, de modo inteligente,
sea a la iglesia, sea al grupo de fieles, sea a las
circunstancias pastorales, para que todo el rito sagrado
universal esté verdaderamente acomodado al carácter de los
fieles.[47]
y a él corresponde regular, dirigir, estimular y algunas
veces también reprender[49]
para edificar su grey en la verdad y en la santidad.[51]
para que todos sean conducidos a una celebración activa y
fructuosa de la Eucaristía,[53]
[23.] Los fieles «deben estar unidos a su Obispo como la
Iglesia a Jesucristo, y como Jesucristo al Padre, para que
todas las cosas se armonicen en la unidad y crezcan para
gloria de Dios».[55]
salvo las legítimas concesiones del derecho. Por lo tanto,
compete al Obispo diocesano el derecho y el deber de visitar
y vigilar la liturgia en las iglesias y oratorios situados
en su territorio, también aquellos que sean fundados o
dirigidos por los citados institutos religiosos, si los
fieles acuden a ellos de forma habitual.[57]
[25.] Las comisiones, consejos o comités, instituidos por el
Obispo, para que contribuyan a «promover la acción
litúrgica, la música y el arte sacro en su diócesis», deben
actuar según el juicio y normas del Obispo, bajo su
autoridad y contando con su confirmación; así cumplirán su
tarea adecuadamente[59]
su actividad, y valoren atentamente cuáles correcciones o
mejoras se deben introducir en su estructura y en su
actividad,[61]
son instituidas por la Conferencia de Obispos y de la cual
es necesario que sean miembros los Obispos, distinguiéndose
con claridad de los ayudantes peritos. Cuando el número de
los miembros de la Conferencia de Obispos no sea suficiente
para que se elijan de entre ellos, sin dificultad, y se
instituya la comisión litúrgica, nómbrese un consejo o grupo
de expertos que, en cuanto sea posible y siempre bajo la
presidencia de un Obispo, desempeñen estas tareas; evitando,
sin embargo, el nombre de «comisión litúrgica».
[27.] La interrupción de todos los experimentos sobre la
celebración de la santa Misa, ha sido notificada por la
Santa Sede ya desde el año 1970[63]
Por lo tanto, cada Obispo y la misma Conferencia no tienen
ninguna facultad para permitir experimentos sobre los textos
litúrgicos o sobre otras cosas que se indican en los libros
litúrgicos. Para que se puedan realizar en el futuro tales
experimentos, se requiere el permiso de la Congregación para
el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que lo
concederá por escrito, previa petición de la Conferencia de
Obispos. Pero esto no se concederá sin una causa grave. Por
lo que se refiere a la enculturación en materia litúrgica,
se deben observar, estricta e íntegramente, las normas
especiales establecidas.[65]
3. LOS PRESBÍTEROS
[29.] Los presbíteros, como colaboradores fieles, diligentes
y necesarios, del orden Episcopal,[67]
con su Obispo, aunque dedicados a diversas funciones. «En
cada una de las congregaciones locales de fieles representan
al Obispo, con el que están confiada y animosamente unidos,
y toman sobre sí una parte de la carga y solicitud pastoral
y la ejercen en el diario trabajo». Y, «por esta
participación en el sacerdocio y en la misión, los
presbíteros reconozcan verdaderamente al Obispo como a padre
suyo y obedézcanle reverentemente».[69]
[30.] Grande es el ministerio «que en la celebración
eucarística tienen principalmente los sacerdotes, a quienes
compete presidirla in persona Christi, dando un
testimonio y un servicio de comunión, no sólo a la comunidad
que participa directamente en la celebración, sino también a
la Iglesia universal, a la cual la Eucaristía hace siempre
referencia. Por desgracia, es de lamentar que, sobre todo a
partir de los años de la reforma litúrgica después del
Concilio Vaticano II, por un malentendido sentido de
creatividad y de adaptación, no hayan faltado abusos, que
para muchos han sido causa de malestar».[71]
No vacíen el propio ministerio de su significado profundo,
deformando de manera arbitraria la celebración litúrgica, ya
sea con cambios, con mutilaciones o con añadidos.[73]
Es decir, que no sea ofendida la Iglesia de Dios por los
sacerdotes, que tan solemnemente se han ofrecido, ellos
mismos, al ministerio. Al contrario, bajo la autoridad del
Obispo vigilen fielmente para que no sean realizadas por
otros estas deformaciones.
[32.] «Esfuércese el párroco para que la santísima
Eucaristía sea el centro de la comunidad parroquial de
fieles; trabaje para que los fieles se alimenten con la
celebración piadosa de los sacramentos, de modo peculiar con
la recepción frecuente de la santísima Eucaristía y de la
penitencia; procure moverles a la oración, también en el
seno de las familias, y a la participación consciente y
activa en la sagrada liturgia, que, bajo la autoridad del
Obispo diocesano, debe moderar el párroco en su parroquia,
con la obligación de vigilar para que no se introduzcan
abusos».[75]
Sobre todo, deben estar imbuidos de la admiración y el
estupor que la celebración del misterio pascual, en la
Eucaristía, produce en los corazones de los fieles.[77],
hombres de buena fama[79]
de aquel «que no ha venido a ser servido sino a servir»[81]
Y fortalecidos con el don del mismo Espíritu Santo, por la
imposición de las manos, sirven al pueblo de Dios en
comunión con el Obispo y su presbiterio.[83]
[35.] No dejen nunca de «vivir el misterio de la fe con alma
limpia[85]
sirviendo fielmente y con humildad, con todo el corazón, en
la sagrada Liturgia que es fuente y cumbre de toda la vida
eclesial, «para que, una vez hechos hijos de Dios por la fe
y el Bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio
de la Iglesia, participen en el Sacrificio y coman la cena
del Señor».CAPÍTULO
II
LA PARTICIPACIÓN DE LOS FIELES LAICOS
EN LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA
1. UNA PARTICIPACIÓN ACTIVA Y CONSCIENTE
[36.] La celebración de la Misa, como
acción de Cristo y de la Iglesia, es el centro de toda la
vida cristiana, en favor de la Iglesia, tanto universal como
particular, y de cada uno de los fieles,[88]
De este modo el pueblo cristiano, "raza elegida, sacerdocio
real, nación santa, pueblo adquirido",[90]
«El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio
ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y
no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro,
pues ambos participan de forma peculiar del único sacerdocio
de Cristo».[37.]
Todos los fieles, por el bautismo, han sido liberados de sus
pecados e incorporados a la Iglesia, destinados por el
carácter al culto de la religión cristiana,[93]
perseverantes en la oración y en la alabanza a Dios,[95]
y testimonien a Cristo en todos los lugares de la tierra,
dando razón a todo el que lo pida, de que en él está la
esperanza de la vida eterna.[38.]
Así pues, la doctrina constante de la Iglesia sobre la
naturaleza de la Eucaristía, no sólo convival sino también,
y sobre todo, como sacrificio, debe ser rectamente
considerada como una de las claves principales para la plena
participación de todos los fieles en tan gran Sacramento.[98]
[39.] Para promover y manifestar una
participación activa, la reciente renovación de los libros
litúrgicos, según el espíritu del Concilio, ha favorecido
las aclamaciones del pueblo, las respuestas, salmos,
antífonas, cánticos, así como acciones, gestos y posturas
corporales, y el sagrado silencio que cuidadosamente se debe
observar en algunos momentos, como prevén las rúbricas,
también de parte de los fieles.[100]
[40.] Sin embargo, por más que la
liturgia tiene, sin duda alguna, esta característica de la
participación activa de todos los fieles, no se deduce
necesariamente que todos deban realizar otras cosas, en
sentido material, además de los gestos y posturas
corporales, como si cada uno tuviera que asumir,
necesariamente, una tarea litúrgica específica. La
catequesis procure con atención que se corrijan las ideas y
los comportamientos superficiales, que en los últimos años
se han difundido en algunas partes, en esta materia; y
despierte siempre en los fieles un renovado sentimiento de
gran admiración frente a la altura del misterio de fe, que
es la Eucaristía, en cuya celebración la Iglesia pasa
continuamente «de lo viejo a lo nuevo»[102]
[41.] Son de gran utilidad, para
suscitar, promover y alentar esta disposición interior de
participación litúrgica, la asidua y difundida celebración
de la Liturgia de las Horas, el uso de los sacramentales y
los ejercicios de la piedad popular cristiana. Este tipo de
ejercicios «que, aunque en el rigor del derecho no
pertenecen a la sagrada Liturgia, tienen, sin embargo, una
especial importancia y dignidad», se deben conservar por el
estrecho vínculo que existe con el ordenamiento litúrgico,
especialmente cuando han sido aprobados y alabados por el
mismo Magisterio;[104]
Además, estas prácticas de piedad conducen al pueblo
cristiano a frecuentar los sacramentos, especialmente la
Eucaristía, «también a meditar los misterios de nuestra
redención y a imitar los insignes ejemplos de los santos del
cielo, que nos hacen así participar en el culto litúrgico,
no sin gran provecho espiritual».[42.]
Es necesario reconocer que la Iglesia no se reúne por
voluntad humana, sino convocada por Dios en el Espíritu
Santo, y responde por la fe a su llamada gratuita (en
efecto, ekklesia tiene relación con Klesis,
esto es, llamada).[107]
Al contrario, la Eucaristía celebrada por los sacerdotes es
un don «que supera radicalmente la potestad de la asamblea
[...]. La asamblea que se reúne para celebrar la Eucaristía
necesita absolutamente, para que sea realmente asamblea
eucarística, un sacerdote ordenado que la presida. Por otra
parte, la comunidad no está capacitada para darse por sí
sola el ministro ordenado».2.
TAREAS DE LOS FIELES LAICOS EN LA CELEBRACIÓN DE LA SANTA
MISA
[43.] Algunos de entre los fieles laicos
ejercen, recta y laudablemente, tareas relacionadas con la
sagrada Liturgia, conforme a la tradición, para el bien de
la comunidad y de toda la Iglesia de Dios.[110]
[44.] Además de los ministerios
instituidos, de lector y de acólito,
[112] y de lector[114]
y también la tarea de preparar las hostias, lavar los paños
litúrgicos y similares. Todos «los ministros ordenados y los
fieles laicos, al desempeñar su función u oficio, harán todo
y sólo aquello que les corresponde»[45.]
Se debe evitar el peligro de oscurecer la complementariedad
entre la acción de los clérigos y los laicos, para que las
tareas de los laicos no sufran una especie de «clericalización»,
como se dice, mientras los ministros sagrados asumen
indebidamente lo que es propio de la vida y de las acciones
de los fieles laicos.[46.]
El fiel laico que es llamado para prestar una ayuda en las
celebraciones litúrgicas, debe estar debidamente preparado y
ser recomendable por su vida cristiana, fe, costumbres y su
fidelidad hacia el Magisterio de la Iglesia. Conviene que
haya recibido la formación litúrgica correspondiente a su
edad, condición, género de vida y cultura religiosa.
[118]
[47.] Es muy loable que se conserve la
benemérita costumbre de que niños o jóvenes, denominados
normalmente monaguillos, estén presentes y realicen un
servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una
catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta
tarea.[120]
Institúyanse y promuévanse asociaciones para ellos, en las
que también participen y colaboren los padres, y con las
cuales se proporcione a los monaguillos una atención
pastoral eficaz. Cuando este tipo de asociaciones tenga
carácter internacional, le corresponde a la Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
erigirlas, aprobarlas y reconocer sus estatutos.[122]
CAPÍTULO III
LA CELEBRACIÓN CORRECTA DE LA SANTA MISA
1. LA MATERIA DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA
[48.] El pan que se emplea en el santo
Sacrificio de la Eucaristía debe ser ázimo, de sólo trigo y
hecho recientemente, para que no haya ningún peligro de que
se corrompa.[124]
Es un abuso grave introducir, en la fabricación del pan para
la Eucaristía, otras sustancias como frutas, azúcar o miel.
Es claro que las hostias deben ser preparadas por personas
que no sólo se distingan por su honestidad, sino que además
sean expertas en la elaboración y dispongan de los
instrumentos adecuados.[49.]
Conviene, en razón del signo, que algunas partes del pan
eucarístico que resultan de la fracción del pan, se
distribuyan al menos a algunos fieles, en la Comunión. «No
obstante, de ningún modo se excluyen las hostias pequeñas,
cuando lo requiere el número de los que van a recibir la
sagrada Comunión, u otras razones pastorales lo exijan»;[50.]
El vino que se utiliza en la celebración del santo
Sacrificio eucarístico debe ser natural, del fruto de la
vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias
extrañas.[128]
Está totalmente prohibido utilizar un vino del que se tiene
duda en cuanto a su carácter genuino o a su procedencia,
pues la Iglesia exige certeza sobre las condiciones
necesarias para la validez de los sacramentos. No se debe
admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier
género, que no constituyen una materia válida.
2. LA PLEGARIA EUCARÍSTICA
[51.] Sólo se pueden utilizar las
Plegarias Eucarística que se encuentran en el Misal Romano o
aquellas que han sido legítimamente aprobadas por la Sede
Apostólica, en la forma y manera que se determina en la
misma aprobación. «No se puede tolerar que algunos
sacerdotes se arroguen el derecho de componer plegarias
eucarísticas»,[130]
[52.] La proclamación de la Plegaria
Eucarística, que por su misma naturaleza es como la cumbre
de toda la celebración, es propia del sacerdote, en virtud
de su misma ordenación. Por tanto, es un abuso hacer que
algunas partes de la Plegaria Eucarística sean pronunciadas
por el diácono, por un ministro laico, o bien por uno sólo o
por todos los fieles juntos. La Plegaria Eucarística, por lo
tanto, debe ser pronunciada en su totalidad, y solamente,
por el Sacerdote.[53.]
Mientras el Sacerdote celebrante pronuncia la Plegaria
Eucarística, «no se realizarán otras oraciones o cantos, y
estarán en silencio el órgano y los otros instrumentos
musicales»,[54.]
Sin embargo, el pueblo participa siempre activamente y nunca
de forma puramente pasiva: «se asocia al sacerdote en la fe
y con el silencio, también con las intervenciones indicadas
en el curso de la Plegaria Eucarística, que son: las
respuestas en el diálogo del Prefacio, el Santo, la
aclamación después de la consagración y la aclamación
«Amén», después de la doxología final, así como otras
aclamaciones aprobadas por la Conferencia de Obispos y
confirmadas por la Santa Sede».[56.]
En la Plegaria Eucarística no se omita la mención del Sumo
Pontífice y del Obispo diocesano, conservando así una
antiquísima tradición y manifestando la comunión eclesial.
En efecto, «la reunión eclesial de la asamblea eucarística
es comunión con el propio Obispo y con el Romano Pontífice».[57.]
Es un derecho de la comunidad de fieles que, sobre todo en
la celebración dominical, haya una música sacra adecuada e
idónea, según costumbre, y siempre el altar, los paramentos
y los paños sagrados, según las normas, resplandezcan por su
dignidad, nobleza y limpieza.
[58.] Igualmente, todos los fieles tienen
derecho a que la celebración de la Eucaristía sea preparada
diligentemente en todas sus partes, para que en ella sea
proclamada y explicada con dignidad y eficacia la palabra de
Dios; la facultad de seleccionar los textos litúrgicos y los
ritos debe ser ejercida con cuidado, según las normas, y las
letras de los cantos de la celebración Litúrgica custodien y
alimenten debidamente la fe de los fieles.
[59.] Cese la práctica reprobable de que
sacerdotes, o diáconos, o bien fieles laicos, cambian y
varían a su propio arbitrio, aquí o allí, los textos de la
sagrada Liturgia que ellos pronuncian. Cuando hacen esto,
convierten en inestable la celebración de la sagrada
Liturgia y no raramente adulteran el sentido auténtico de la
Liturgia.
[60.] En la celebración de la Misa, la
liturgia de la palabra y la liturgia eucarística están
íntimamente unidas entre sí y forman ambas un sólo y el
mismo acto de culto. Por lo tanto, no es lícito separar una
de otra, ni celebrarlas en lugares y tiempos diversos.[61.]
Para elegir las lecturas bíblicas, que se deben proclamar en
la celebración de la Misa, se deben seguir las normas que se
encuentran en los libros litúrgicos,[137]
[62.] No está permitido omitir o
sustituir, arbitrariamente, las lecturas bíblicas prescritas
ni, sobre todo, cambiar «las lecturas y el salmo
responsorial, que contienen la Palabra de Dios, con otros
textos no bíblicos».[63.]
La lectura evangélica, que «constituye el momento culminante
de la liturgia de la palabra»,[140]
Por eso no está permitido a un laico, aunque sea religioso,
proclamar la lectura evangélica en la celebración de la
santa Misa; ni tampoco en otros casos, en los cuales no sea
explícitamente permitido por las normas.[64.]
La homilía, que se hace en el curso de la celebración de la
santa Misa y es parte de la misma Liturgia,[143]
En casos particulares y por justa causa, también puede hacer
la homilía un obispo o un presbítero que está presente en la
celebración, aunque sin poder concelebrar».[65.]
Se recuerda que debe tenerse por abrogada, según lo
prescrito en el canon 767 § 1, cualquier norma precedente
que admitiera a los fieles no ordenados para poder hacer la
homilía en la celebración eucarística.[66.]
La prohibición de admitir a los laicos para predicar, dentro
de la celebración de la Misa, también es válida para los
alumnos de seminarios, los estudiantes de teología, para los
que han recibido la tarea de «asistentes pastorales» y para
cualquier otro tipo de grupo, hermandad, comunidad o
asociación, de laicos.[67.]
Sobre todo, se debe cuidar que la homilía se fundamente
estrictamente en los misterios de la salvación, exponiendo a
lo largo del año litúrgico, desde los textos de las lecturas
bíblicas y los textos litúrgicos, los misterios de la fe y
las normas de la vida cristiana, y ofreciendo un comentario
de los textos del Ordinario y del Propio de la Misa, o de
los otros ritos de la Iglesia.[148]
[68.] El Obispo diocesano vigile con
atención la homilía,[69.]
En la santa Misa y en otras celebraciones de la sagrada
Liturgia no se admita un «Credo» o Profesión de fe que no se
encuentre en los libros litúrgicos debidamente aprobados.
[70.] Las ofrendas que suelen presentar
los fieles en la santa Misa, para la Liturgia eucarística,
no se reducen necesariamente al pan y al vino para celebrar
la Eucaristía, sino que también pueden comprender otros
dones, que son ofrecidos por los fieles en forma de dinero o
bien de otra manera útil para la caridad hacia los pobres.
Sin embargo, los dones exteriores deben ser siempre
expresión visible del verdadero don que el Señor espera de
nosotros: un corazón contrito y el amor a Dios y al prójimo,
por el cual nos configuramos con el sacrificio de Cristo,
que se entregó a sí mismo por nosotros. Pues en la
Eucaristía resplandece, sobre todo, el misterio de la
caridad que Jesucristo reveló en la Última Cena, lavando los
pies de los discípulos. Con todo, para proteger la dignidad
de la sagrada Liturgia, conviene que las ofrendas exteriores
sean presentadas de forma apta. Por lo tanto, el dinero, así
como otras ofrendas para los pobres, se pondrán en un lugar
oportuno, pero fuera de la mesa eucarística.[71.]
Consérvese la costumbre del Rito romano, de dar la paz un
poco antes de distribuir la sagrada Comunión, como está
establecido en el Ordinario de la Misa. Además, conforme a
la tradición del Rito romano, esta práctica no tiene un
sentido de reconciliación ni de perdón de los pecados, sino
que más bien significa la paz, la comunión y la caridad,
antes de recibir la santísima Eucaristía.[72.]
Conviene «que cada uno dé la paz, sobriamente, sólo a los
más cercanos a él». «El sacerdote puede dar la paz a los
ministros, permaneciendo siempre dentro del presbiterio,
para no alterar la celebración. Hágase del mismo modo si,
por una causa razonable, desea dar la paz a algunos fieles».
«En cuanto al signo para darse la paz, establezca el modo la
Conferencia de Obispos», con el reconocimiento de la Sede
Apostólica, «según la idiosincrasia y las costumbres de los
pueblos».[73.]
En la celebración de la santa Misa, la fracción del pan
eucarístico la realiza solamente el sacerdote celebrante,
ayudado, si es el caso, por el diácono o por un
concelebrante, pero no por un laico; se comienza después de
dar la paz, mientras se dice el «Cordero de Dios». El gesto
de la fracción del pan, «realizada por Cristo en la Última
Cena, que en el tiempo apostólico dio nombre a toda la
acción eucarística, significa que los fieles, siendo muchos,
forman un solo cuerpo por la comunión de un solo pan de
vida, que es Cristo muerto y resucitado para la salvación
del mundo (1 Cor 10, 17)».[154]
Sin embargo, debe ser breve. El abuso, extendido en algunos
lugares, de prolongar sin necesidad este rito, incluso con
la ayuda de laicos, contrariamente a las normas, o de
atribuirle una importancia exagerada, debe ser corregido con
gran urgencia.[74.]
Si se diera la necesidad de que instrucciones o testimonios
sobre la vida cristiana sean expuestos por un laico a los
fieles congregados en la iglesia, siempre es preferible que
esto se haga fuera de la celebración de la Misa. Por causa
grave, sin embargo, está permitido dar este tipo de
instrucciones o testimonios, después de que el sacerdote
pronuncie la oración después de la Comunión. Pero esto no
puede hacerse una costumbre. Además, estas instrucciones y
testimonios de ninguna manera pueden tener un sentido que
pueda ser confundido con la homilía,4.
LA UNIÓN DE VARIOS RITOS CON LA CELEBRACIÓN DE LA MISA
[75.] Por el sentido teológico inherente
a la celebración de la eucaristía o de un rito particular,
los libros litúrgicos permiten o prescriben, algunas veces,
la celebración de la santa Misa unida con otro rito,
especialmente de los Sacramentos.[76.]
Además, según la antiquísima tradición de la Iglesia romana,
no es lícito unir el Sacramento de la Penitencia con la
santa Misa y hacer así una única acción litúrgica. Esto no
impide que algunos sacerdotes, independientemente de los que
celebran o concelebran la Misa, escuchen las confesiones de
los fieles que lo deseen, incluso mientras en el mismo lugar
se celebra la Misa, para atender las necesidades de los
fieles.[77.]
La celebración de la santa Misa de ningún modo puede ser
intercalada como añadido a una cena común, ni unirse con
cualquier tipo de banquete. No se celebre la Misa, a no ser
por grave necesidad, sobre una mesa de comedor[78.]
No está permitido relacionar la celebración de la Misa con
acontecimientos políticos o mundanos, o con otros elementos
que no concuerden plenamente con el Magisterio de la Iglesia
Católica. Además, se debe evitar totalmente la celebración
de la Misa por el simple deseo de ostentación o celebrarla
según el estilo de otras ceremonias, especialmente profanas,
para que la Eucaristía no se vacíe de su significado
auténtico.
[79.] Por último, el abuso de introducir
ritos tomados de otras religiones en la celebración de la
santa Misa, en contra de lo que se prescribe en los libros
litúrgicos, se debe juzgar con gran severidad.
CAPÍTULO IV
LA SAGRADA COMUNIÓN
1. LAS DISPOSICIONES PARA RECIBIR LA SAGRADA COMUNIÓN
[80.] La Eucaristía sea propuesta a los
fieles, también, «como antídoto por el que somos liberados
de las culpas cotidianas y preservados de los pecados
mortales»,[161]
aunque «carece de la eficacia del sacramento de la
Penitencia»,[81.]
La costumbre de la Iglesia manifiesta que es necesario que
cada uno se examine a sí mismo en profundidad,[164]
[82.] Además, «la Iglesia ha dado normas
que se orientan a favorecer la participación frecuente y
fructuosa de los fieles en la Mesa eucarística y, al mismo
tiempo, a determinar las condiciones objetivas en las que no
debe administrarse la comunión».[83.]
Ciertamente, lo mejor es que todos aquellos que participan
en la celebración de la santa Misa y tiene las debidas
condiciones, reciban en ella la sagrada Comunión. Sin
embargo, alguna vez sucede que los fieles se acercan en
grupo e indiscriminadamente a la mesa sagrada. Es tarea de
los pastores corregir con prudencia y firmeza tal abuso.
[84.] Además, donde se celebre la Misa
para una gran multitud o, por ejemplo, en las grandes
ciudades, debe vigilarse para que no se acerquen a la
sagrada Comunión, por ignorancia, los no católicos o,
incluso, los no cristianos, sin tener en cuenta el
Magisterio de la Iglesia en lo que se refiere a la doctrina
y la disciplina. Corresponde a los Pastores advertir en el
momento oportuno a los presentes sobre la verdad y
disciplina que se debe observar estrictamente.
[85.] Los ministros católicos administran
lícitamente los sacramentos, sólo a los fieles católicos,
los cuales, igualmente, los reciben lícitamente sólo de
ministros católicos, salvo lo que se prescribe en los canon
844 §§ 2, 3 y 4, y en el canon 861 § 2.[167]
son inseparables entre sí; por lo que es necesario que
siempre sean exigidas simultáneamente.
[86.] Los fieles deben ser guiados con
insistencia hacia la costumbre de participar en el
sacramento de la penitencia, fuera de la celebración de la
Misa, especialmente en horas establecidas, para que así se
pueda administrar con tranquilidad, sea para ellos de
verdadera utilidad y no se impida una participación activa
en la Misa. Los que frecuente o diariamente suelen comulgar,
sean instruidos para que se acerquen al sacramento de la
penitencia cada cierto tiempo, según la disposición de cada
uno.[87.]
La primera Comunión de los niños debe estar siempre
precedida de la confesión y absolución sacramental.[170]
No se acerquen a recibir la sagrada Eucaristía «los niños
que aún no han llegado al uso de razón o los que» el párroco
«no juzgue suficientemente dispuestos».2.
LA DISTRIBUCIÓN DE LA SAGRADA COMUNIÓN.
[88.] Los fieles, habitualmente, reciban
la Comunión sacramental de la Eucaristía en la misma Misa y
en el momento prescrito por el mismo rito de la celebración,
esto es, inmediatamente después de la Comunión del sacerdote
celebrante.[173]
[89.] Para que también «por los signos,
aparezca mejor que la Comunión es participación en el
Sacrificio que se está celebrando»,[175]
[90.] «Los fieles comulgan de rodillas o
de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos», con
la confirmación de la Sede Apostólica. «Cuando comulgan de
pie, se recomienda hacer, antes de recibir el Sacramento, la
debida reverencia, que deben establecer las mismas normas».[91.]
En la distribución de la sagrada Comunión se debe recordar
que «los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos
a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos
y no les sea prohibido por el derecho recibirlos».[92.]
Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea
recibir la sagrada Comunión en la boca,[179]
[93.] La bandeja para la Comunión de los
fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga
la hostia sagrada o algún fragmento.[94.]
No está permitido que los fieles tomen la hostia consagrada
ni el cáliz sagrado «por sí mismos, ni mucho menos que se lo
pasen entre sí de mano en mano».[95.]
El fiel laico «que ya ha recibido la santísima Eucaristía,
puede recibirla otra vez el mismo día solamente dentro de la
celebración eucarística en la que participe, quedando a
salvo lo que prescribe el c. 921 § 2».[96.]
Se reprueba la costumbre, que es contraria a las
prescripciones de los libros litúrgicos, de que sean
distribuidas a manera de Comunión, durante la Misa o antes
de ella, ya sean hostias no consagradas ya sean otros
comestibles o no comestibles. Puesto que estas costumbres de
ningún modo concuerdan con la tradición del Rito romano y
llevan consigo el peligro de inducir a confusión a los
fieles, respecto a la doctrina eucarística de la Iglesia.
Donde en algunos lugares exista, por concesión, la costumbre
particular de bendecir y distribuir pan, después de la Misa,
téngase gran cuidado de que se dé una adecuada catequesis
sobre este acto. No se introduzcan otras costumbres
similares, ni sean utilizadas para esto, nunca, hostias no
consagradas.
3. LA COMUNIÓN DE LOS SACERDOTES
[97.] Cada vez que celebra la santa Misa,
el sacerdote debe comulgar en el altar, cuando lo determina
el Misal, pero antes de que proceda a la distribución de la
Comunión, lo hacen los concelebrantes. Nunca espere para
comulgar, el sacerdote celebrante o los concelebrantes,
hasta que termine la comunión del pueblo.[184]
y recibiendo todos los concelebrantes, siempre, la Comunión
bajo las dos especies. Nótese que si un sacerdote o diácono
entrega a los concelebrantes la hostia sagrada o el cáliz,
no dice nada, es decir, en ningún caso pronuncia las
palabras «el Cuerpo de Cristo» o «la Sangre de Cristo».
[99.] La Comunión bajo las dos especies
está siempre permitida «a los sacerdotes que no pueden
celebrar o concelebrar en la acción sagrada».4.
LA COMUNIÓN BAJO LAS DOS ESPECIES
[100.] Para que, en el banquete
eucarístico, la plenitud del signo aparezca ante los fieles
con mayor claridad, son admitidos a la Comunión bajo las dos
especies también los fieles laicos, en los casos indicados
en los libros litúrgicos, con la debida catequesis previa y
en el mismo momento, sobre los principios dogmáticos que en
esta materia estableció el Concilio Ecuménico Tridentino.[101.]
Para administrar a los fieles laicos la sagrada Comunión
bajo las dos especies, se deben tener en cuenta,
convenientemente, las circunstancias, sobre las que deben
juzgar en primer lugar los Obispos diocesanos. Se debe
excluir totalmente cuando exista peligro, incluso pequeño,
de profanación de las sagradas especies.[188]
[102.] No se administre la Comunión con
el cáliz a los fieles laicos donde sea tan grande el número
de los que van a comulgar[190]
tampoco donde el acceso ordenado al cáliz sólo sea posible
con dificultad, o donde sea necesaria tal cantidad de vino
que sea difícil poder conocer su calidad y su proveniencia,
o cuando no esté disponible un número suficiente de
ministros sagrados ni de ministros extraordinarios de la
sagrada Comunión que tengan la formación adecuada, o donde
una parte importante del pueblo no quiera participar del
cáliz, por diversas y persistentes causas, disminuyendo así,
en cierto modo, el signo de unidad.
[103.] Las normas del Misal Romano
admiten el principio de que, en los casos en que se
administra la sagrada Comunión bajo las dos especies, «la
sangre del Señor se puede tomar bebiendo directamente del
cáliz, o por intinción, o con una pajilla, o una
cucharilla».[192]
[104.] No se permita al comulgante mojar
por sí mismo la hostia en el cáliz, ni recibir en la mano la
hostia mojada. Por lo que se refiere a la hostia que se debe
mojar, esta debe hacerse de materia válida y estar
consagrada; está absolutamente prohibido el uso de pan no
consagrado o de otra materia.
[105.] Si no es suficiente un cáliz, para
la distribución de la Comunión bajo las dos especies a los
sacerdotes concelebrantes o a los fieles, nada impide que el
sacerdote celebrante utilice varios cálices.[106.]
Sin embargo, se debe evitar completamente, después de la
consagración, echar la Sangre de Cristo de un cáliz a otro,
para excluir cualquier cosa de pueda resultar un agravio de
tan gran misterio. Para contener la Sangre del Señor nunca
se utilicen frascos, vasijas u otros recipientes que no
respondan plenamente a las normas establecidas.
[107.] Según la normativa establecida en
los cánones, «quien arroja por tierra las especies
consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad
sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae
reservada a la Sede Apostólica; el clérigo puede ser
castigado además con otra pena, sin excluir la expulsión del
estado clerical».[195]
Además, recuerden todos que al terminar la distribución de
la sagrada Comunión, dentro de la celebración de la Misa,
hay que observar lo que prescribe el Misal Romano, y sobre
todo que el sacerdote o, según las normas, otro ministro, de
inmediato debe sumir en el altar, íntegramente, el vino
consagrado que quizá haya quedado; las hostias consagradas
que han sobrado, o las consume el sacerdote en el altar o
las lleva al lugar destinado para la reserva de la
Eucaristía.CAPÍTULO
V
OTROS ASPECTOS QUE SE REFIEREN A LA EUCARISTÍA
1. EL LUGAR DE LA CELEBRACIÓN DE LA SANTA MISA
[108.] «La celebración eucarística se ha
de hacer en lugar sagrado, a no ser que, en un caso
particular, la necesidad exija otra cosa; en este caso, la
celebración debe realizarse en un lugar digno».[109.]
Nunca es lícito a un sacerdote celebrar la Eucaristía en un
templo o lugar sagrado de cualquier religión no cristiana.
2. DIVERSOS ASPECTOS RELACIONADOS CON LA SANTA MISA
[110.] «Los sacerdotes, teniendo siempre
presente que en el misterio del Sacrificio eucarístico se
realiza continuamente la obra de la redención, deben
celebrarlo frecuentemente; es más, se recomienda
encarecidamente la celebración diaria, la cual, aunque no
pueda tenerse con asistencia de fieles, es una acción de
Cristo y de la Iglesia, en cuya realización los sacerdotes
cumplen su principal ministerio».[111.]
En la celebración o concelebración de la Eucaristía,
«admítase a celebrar a un sacerdote, aunque el rector de la
iglesia no lo conozca, con tal de que presente cartas
comendaticias» de la Sede Apostólica, o de su Ordinario o de
su Superior, dadas al menos en el año, las enseñe «o pueda
juzgarse prudentemente que nada le impide celebrar».[112.]
La Misa se celebra o bien en lengua latina o bien en otra
lengua, con tal de que se empleen textos litúrgicos que
hayan sido aprobados, según las normas del derecho.
Exceptuadas las celebraciones de la Misa que, según las
horas y los momentos, la autoridad eclesiástica establece
que se hagan en la lengua del pueblo, siempre y en cualquier
lugar es lícito a los sacerdotes celebrar el santo
sacrificio en latín.[113.]
Cuando una Misa es concelebrada por varios sacerdotes, al
pronunciar la Plegaria Eucarística, utilícese la lengua que
sea conocida por todos los sacerdotes concelebrantes y por
el pueblo congregado. Cuando suceda que entre los sacerdotes
haya algunos que no conocen la lengua de la celebración y,
por lo tanto, no pueden pronunciar debidamente las partes
propias de la Plegaria Eucarística, no concelebren, sino que
preferiblemente asistan a la celebración revestidos de
hábito coral, según las normas.[114.]
«En las Misas dominicales de la parroquia, como ‘comunidad
eucarística’, es normal que se encuentren los grupos,
movimientos, asociaciones y las pequeñas comunidades
religiosas presentes en ella».[203]
estos grupos de ninguna manera están exentos de observar
fielmente las normas litúrgicas.
[115.] Se reprueba el abuso de que sea
suspendida de forma arbitraria la celebración de la santa
Misa en favor del pueblo, bajo el pretexto de promover el
«ayuno de la Eucaristía», contra las normas del Misal Romano
y la sana tradición del Rito romano.
[116.] No se multipliquen las Misas,
contra la norma del derecho, y sobre los estipendios
obsérvese todo lo que manda el derecho.3.
LOS VASOS SAGRADOS
[117.] Los vasos sagrados, que están
destinados a recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor, se
deben fabricar, estrictamente, conforme a las normas de la
tradición y de los libros litúrgicos.[206]
de manera que con su uso se tribute honor al Señor y se
evite absolutamente el peligro de debilitar, a los ojos de
los fieles, la doctrina de la presencia real de Cristo en
las especies eucarísticas. Por lo tanto, se reprueba
cualquier uso por el que son utilizados para la celebración
de la Misa vasos comunes o de escaso valor, en lo que se
refiere a la calidad, o carentes de todo valor artístico, o
simples cestos, u otros vasos de cristal, arcilla, creta y
otros materiales, que se rompen fácilmente. Esto vale
también de los metales y otros materiales, que se corrompen
fácilmente.[118]
Los vasos sagrados, antes de ser utilizados, son bendecidos
por el sacerdote con el rito que se prescribe en los libros
litúrgicos.[119.]
El sacerdote, vuelto al altar después de la distribución de
la Comunión, de pie junto al altar o en la credencia,
purifica la patena o la píxide sobre el cáliz; después
purifica el cáliz, como prescribe el Misal, y seca el cáliz
con el purificador. Cuando está presente el diácono, este
regresa al altar con el sacerdote y purifica los vasos.
También se permite dejar los vasos para purificar, sobre
todo si son muchos, sobre el corporal y oportunamente
cubiertos, en el altar o en la credencia, de forma que sean
purificados por el sacerdote o el diácono, inmediatamente
después de la Misa, una vez despedido el pueblo. Del mismo
modo, el acólito debidamente instituido ayuda al sacerdote o
al diácono en la purificación y arreglo de los vasos
sagrados, ya sea en el altar, ya sea en la credencia.
Ausente el diácono, el acólito litúrgicamente instituido
lleva los vasos sagrados a la credencia, donde los purifica,
seca y arregla, de la forma acostumbrada.[120.]
Cuiden los pastores que los paños de la sagrada mesa,
especialmente los que reciben las sagradas especies, se
conserven siempre limpios y se laven con frecuencia,
conforme a la costumbre tradicional. Es laudable que se haga
de esta manera: que el agua del primer lavado, hecho a mano,
se vierta en un recipiente apropiado de la iglesia o sobre
la tierra, en un lugar adecuado. Después de esto, se puede
lavar nuevamente del modo acostumbrado.
4. LAS VESTIDURAS LITÚRGICAS
[121.] «La diversidad de los colores en
las vestiduras sagradas tiene como fin expresar con más
eficacia, aun exteriormente, tanto las características de
los misterios de la fe que se celebran como el sentido
progresivo de la vida cristiana a lo largo del año
litúrgico».[211]
[122.] «El alba», está «ceñida a la
cintura con el cíngulo, a no ser que esté confeccionada de
tal modo que se adhiera al cuerpo sin cíngulo. Antes de
ponerse el alba, si no cubre totalmente el vestido común
alrededor del cuello, empléese el amito».[123.]
«La vestidura propia del sacerdote celebrante, en la Misa y
en otras acciones sagradas que directamente se relacionan
con ella, es la casulla o planeta, si no se indica otra
cosa, revestida sobre el alba y la estola».[124.]
En el Misal Romano se da la facultad de que los sacerdotes
que concelebran en la Misa, excepto el celebrante principal,
que siempre debe llevar la casulla del color prescrito,
puedan omitir «la casulla o planeta y usar la estola sobre
el alba», cuando haya una justa causa, por ejemplo el gran
número de concelebrantes y la falta de ornamentos.[125.]
La vestidura propia del diácono es la dalmática, puesta
sobre el alba y la estola. Para conservar la insigne
tradición de la Iglesia, es recomendable no usar la facultad
de omitir la dalmática.[126.]
Sea reprobado el abuso de que los sagrados ministros
realicen la santa Misa, incluso con la participación de sólo
un asistente, sin llevar las vestiduras sagradas, o con sólo
la estola sobre la cogulla monástica, o el hábito común de
los religiosos, o la vestidura ordinaria, contra lo
prescrito en los libros litúrgicos.[127.]
En los libros litúrgicos se concede la facultad especial,
para los días más solemnes, de usar vestiduras sagradas
festivas o de mayor dignidad, aunque no sean del color del
día.[128.]
La santa Misa y las otras celebraciones litúrgicas, que son
acción de Cristo y del pueblo de Dios jerárquicamente
constituido, sean organizadas de tal manera que los sagrados
ministros y los fieles laicos, cada uno según su condición,
participen claramente. Por eso es preferible que «los
presbíteros presentes en la celebración eucarística, si no
están excusados por una justa causa, ejerzan la función
propia de su Orden, como habitualmente, y participen por lo
tanto como concelebrantes, revestidos con las vestiduras
sagradas. De otro modo, lleven el hábito coral propio o la
sobrepelliz sobre la vestidura talar».CAPÍTULO
VI
LA RESERVA DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA
Y SU CULTO FUERA DE LA MISA
1. LA RESERVA DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA
[129.] «La celebración de la Eucaristía
en el Sacrificio de la Misa es, verdaderamente, el origen y
el fin del culto que se le tributa fuera de la Misa. Las
sagradas especies se reservan después de la Misa,
principalmente con el objeto de que los fieles que no pueden
estar presentes en la Misa, especialmente los enfermos y los
de avanzada edad, puedan unirse a Cristo y a su sacrificio,
que se inmola en la Misa, por la Comunión sacramental».[220]
[130.] «Según la estructura de cada
iglesia y las legítimas costumbres de cada lugar, el
Santísimo Sacramento será reservado en un sagrario, en la
parte más noble de la iglesia, más insigne, más destacada,
más convenientemente adornada» y también, por la
tranquilidad del lugar, «apropiado para la oración», con
espacio ante el sagrario, así como suficientes bancos o
asientos y reclinatorios.[222]
especialmente para evitar el peligro de profanación.[131.]
Además de lo prescrito en el can. 934 § 1, se prohibe
reservar el Santísimo Sacramento en los lugares que no están
bajo la segura autoridad del Obispo diocesano o donde exista
peligro de profanación. Si esto ocurriera, el Obispo revoque
inmediatamente la facultad, ya concedida, de reservar la
Eucaristía.[132.]
Nadie lleve la Sagrada Eucaristía a casa o a otro lugar,
contra las normas del derecho. Se debe tener presente,
además, que sustraer o retener las sagradas especies con un
fin sacrílego, o arrojarlas, constituye uno de los «graviora
delicta», cuya absolución está reservada a la
Congregación para la Doctrina de la Fe.[133.]
El sacerdote o el diácono, o el ministro extraordinario,
cuando el ministro ordinario esté ausente o impedido, que
lleva al enfermo la Sagrada Eucaristía para la Comunión, irá
directamente, en cuanto sea posible, desde el lugar donde se
reserva el Sacramento hasta el domicilio del enfermo,
excluyendo mientras tanto cualquier otra actividad profana,
para evitar todo peligro de profanación y para guardar el
máximo respeto al Cuerpo de Cristo. Además, sígase siempre
el ritual para administrar la Comunión a los enfermos, como
se prescribe en el Ritual Romano.2.
ALGUNAS FORMAS DE CULTO A LA S. EUCARISTÍA FUERA DE LA MISA
[134.] «El culto que se da a la
Eucaristía fuera de la Misa es de un valor inestimable en la
vida de la Iglesia. Dicho culto está estrechamente unido a
la celebración del sacrificio Eucarístico».[228]
que es «pontífice de los bienes futuros»[230]
[135.] «La visita al santísimo
Sacramento», los fieles, «no dejen de hacerla durante el
día, puesto que el Señor Jesucristo, presente en el mismo,
como una muestra de gratitud, prueba de amor y un homenaje
de la debida adoración».[232]
«La Iglesia en la que está reservada la santísima Eucaristía
debe quedar abierta a los fieles, por lo menos algunas horas
al día, a no ser que obste una razón grave, para que puedan
hacer oración ante el santísimo Sacramento».[136.]
El Ordinario promueva intensamente la adoración eucarística
con asistencia del pueblo, ya sea breve, prolongada o
perpetua. En los últimos años, de hecho, en tantos «lugares
la adoración del Santísimo Sacramento tiene cotidianamente
una importancia destacada y se convierte en fuente
inagotable de santidad», aunque también hay «sitios donde se
constata un abandono casi total del culto de adoración
eucarística».[137.]
La exposición de la santísima Eucaristía hágase siempre como
se prescribe en los libros litúrgicos.[236]
delante de la reserva eucarística o del santísimo Sacramento
expuesto. Sin embargo, especialmente cuando se hace la
exposición, se evidencie el carácter de esta oración como
contemplación de los misterios de la vida de Cristo Redentor
y de los designios salvíficos del Padre omnipotente, sobre
todo empleando lecturas sacadas de la sagrada Escritura.[138.]
Sin embargo, el santísimo Sacramento nunca debe permanecer
expuesto sin suficiente vigilancia, ni siquiera por un
tiempo muy breve. Por lo tanto, hágase de tal forma que, en
momentos determinados, siempre estén presentes algunos
fieles, al menos por turno.
[139.] Donde el Obispo diocesano dispone
de ministros sagrados u otros que puedan ser designados para
esto, es un derecho de los fieles visitar frecuentemente el
santísimo sacramento de la Eucaristía para adorarlo y, al
menos algunas veces en el transcurso de cada año, participar
de la adoración ante la santísima Eucaristía expuesta.
[140.] Es muy recomendable que, en las
ciudades o en los núcleos urbanos, al menos en los mayores,
el Obispo diocesano designe una iglesia para la adoración
perpetua, en la cual se celebre también la santa Misa, con
frecuencia o, en cuanto sea posible, diariamente; la
exposición se interrumpirá rigurosamente mientras se celebra
la Misa.[239]
[141.] El Obispo diocesano reconozca y,
en la medida de lo posible, aliente a los fieles en su
derecho de constituir hermandades o asociaciones para
practicar la adoración, incluso perpetua. Cuando esta clase
de asociaciones tenga carácter internacional, corresponde a
la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos erigirlas o aprobar sus estatutos.3.
LAS PROCESIONES Y LOS CONGRESOS EUCARÍSTICOS
[142.] «Corresponde al Obispo diocesano
dar normas sobre las procesiones, mediante las cuales se
provea a la participación en ellas y a su decoro»[143.]
«Como testimonio público de veneración a la santísima
Eucaristía, donde pueda hacerse a juicio del Obispo
diocesano, téngase una procesión por las calles, sobre todo
en la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo»,[243]
[144.] Aunque en algunos lugares esto no
se pueda hacer, sin embargo, conviene no perder la tradición
de realizar procesiones eucarísticas. Sobre todo, búsquense
nuevas maneras de realizarlas, acomodándolas a los tiempos
actuales, por ejemplo, en torno al santuario, en lugares de
la Iglesia o, con permiso de la autoridad civil, en parques
públicos.
[145.] Sea considerada de gran valor la
utilidad pastoral de los Congresos Eucarísticos, que «son un
signo importante de verdadera fe y caridad».[245]
para que los fieles veneren de tal modo los sagrados
misterios del Cuerpo y la Sangre del Hijo de Dios, que
experimenten los frutos de la redención.
CAPÍTULO VII
MINISTERIOS EXTRAORDINARIOS
DE LOS FIELES LAICOS
[146.] El sacerdocio ministerial no se
puede sustituir en ningún modo. En efecto, si falta el
sacerdote en la comunidad, esta carece del ejercicio y la
función sacramental de Cristo, Cabeza y Pastor, que
pertenece a la esencia de la vida misma de la comunidad.
[248]
[147.] Sin embargo, donde la necesidad de
la Iglesia así lo aconseje, faltando los ministros sagrados,
pueden los fieles laicos suplir algunas tareas litúrgicas,
conforme a las normas del derecho.[250]
pero también en otras regiones afectadas por la escasez de
sacerdotes y diáconos.
[148.] Sobre todo, debe considerarse de
gran importancia la formación de los catequistas, que con
grandes esfuerzos han dado y siguen dando una ayuda
extraordinaria y absolutamente necesaria al crecimiento de
la fe y de la Iglesia.[149.]
Muy recientemente, en algunas diócesis de antigua
evangelización, son designados fieles laicos como
«asistentes pastorales», muchísimos de los cuales, sin duda,
han sido útiles para el bien de la Iglesia, facilitando la
acción pastoral desempeñada por el Obispo, los presbíteros y
los diáconos. Vigílese, sin embargo, que la determinación de
estas tareas no se asimile demasiado a la forma del
ministerio pastoral de los clérigos. Por lo tanto, se debe
cuidar que los «asistentes pastorales» no asuman aquello que
propiamente pertenece al servicio de los ministros sagrados.
[150.] La actividad del asistente
pastoral se dirige a facilitar el ministerio de los
sacerdotes y diáconos, a suscitar vocaciones al sacerdocio y
al diaconado y, según las normas del derecho, a preparar
cuidadosamente los fieles laicos, en cada comunidad, para
las distintas tareas litúrgicas, según la variedad de los
carismas.
[151.] Solamente por verdadera necesidad
se recurra al auxilio de ministros extraordinarios, en la
celebración de la Liturgia. Pero esto, no está previsto para
asegurar una plena participación a los laicos, sino que, por
su naturaleza, es suplementario y provisional.[253]
[152.] Por lo tanto, estos ministerios de
mera suplencia no deben ser ocasión de una deformación del
mismo ministerio de los sacerdotes, de modo que estos
descuiden la celebración de la santa Misa por el pueblo que
les ha sido confiado, la personal solicitud hacia los
enfermos, el cuidado del bautismo de los niños, la
asistencia a los matrimonios, o la celebración de las
exequias cristianas, que ante todo conciernen a los
sacerdotes, ayudados por los diáconos. Así pues, no suceda
que los sacerdotes, en las parroquias, cambien
indiferentemente con diáconos o laicos las tareas
pastorales, confundiendo de esta manera lo específico de
cada uno.
[153.] Además, nunca es lícito a los
laicos asumir las funciones o las vestiduras del diácono o
del sacerdote, u otras vestiduras similares.
1. EL MINISTRO EXTRAORDINARIO DE LA SAGRADA COMUNIÓN
[154.] Como ya se ha recordado, «sólo el
sacerdote válidamente ordenado es ministro capaz de
confeccionar el sacramento de la Eucaristía, actuando in
persona Christi».[255]
a los que corresponde, por lo tanto, administrar la sagrada
Comunión a los fieles laicos, en la celebración de la santa
Misa. De esta forma se manifiesta adecuada y plenamente su
tarea ministerial en la Iglesia, y se realiza el signo del
sacramento.
[155.] Además de los ministros
ordinarios, está el acólito instituido ritualmente, que por
la institución es ministro extraordinario de la sagrada
Comunión, incluso fuera de la celebración de la Misa.
Todavía, si lo aconsejan razones de verdadera necesidad,
conforme a las normas del derecho,[257]
[156.] Este ministerio se entienda
conforme a su nombre en sentido estricto, este es ministro
extraordinario de la sagrada Comunión, pero no «ministro
especial de la sagrada Comunión», ni «ministro
extraordinario de la Eucaristía», ni «ministro especial de
la Eucaristía»; con estos nombres es ampliado indebida e
impropiamente su significado.
[157.] Si habitualmente hay número
suficiente de ministros sagrados, también para la
distribución de la sagrada Comunión, no se pueden designar
ministros extraordinarios de la sagrada Comunión. En tales
circunstancias, los que han sido designados para este
ministerio, no lo ejerzan. Repruébese la costumbre de
aquellos sacerdotes que, a pesar de estar presentes en la
celebración, se abstienen de distribuir la comunión,
encomendando esta tarea a laicos.[158.]
El ministro extraordinario de la sagrada Comunión podrá
administrar la Comunión solamente en ausencia del sacerdote
o diácono, cuando el sacerdote está impedido por enfermedad,
edad avanzada, o por otra verdadera causa, o cuando es tan
grande el número de los fieles que se acercan a la Comunión,
que la celebración de la Misa se prolongaría demasiado.[159.]
Al ministro extraordinario de la sagrada Comunión nunca le
está permitido delegar en ningún otro para administrar la
Eucaristía, como, por ejemplo, los padres o el esposo o el
hijo del enfermo que va a comulgar.
[160.] El Obispo diocesano examine de
nuevo la praxis en esta materia durante los últimos años y,
si es conveniente, la corrija o la determine con mayor
claridad. Donde por una verdadera necesidad se haya
difundido la designación de este tipo de ministros
extraordinarios, corresponde al Obispo diocesano, teniendo
presente la tradición de la Iglesia, dar las directrices
particulares que establezcan el ejercicio de esta tarea,
según las normas del derecho.
2. LA PREDICACIÓN
[161.] Como ya se ha dicho, la homilía,
por su importancia y naturaleza, dentro de la Misa está
reservada al sacerdote o al diácono.[261]
Lo cual puede hacerse solamente por la escasez de ministros
sagrados en algunos lugares, para suplirlos, sin que se
pueda convertir, en ningún caso, la excepción en algo
habitual, ni se debe entender como una auténtica promoción
del laicado.3.
CELEBRACIONES PARTICULARES QUE SE REALIZAN EN AUSENCIA DEL
SACERDOTE
[162.] La Iglesia, en el día que se llama
«domingo», se reúne fielmente para conmemorar la
resurrección del Señor y todo el misterio pascual,
especialmente por la celebración de la Misa.[264]
Por lo que el pueblo cristiano tiene derecho a que sea
celebrada la Eucaristía en su favor, los domingos y fiestas
de precepto, o cuando concurran otros días festivos
importantes, y también diariamente, en cuanto sea posible.
Por esto, donde el domingo haya dificultad para la
celebración de la Misa, en la iglesia parroquial o en otra
comunidad de fieles, el Obispo diocesano busque las
soluciones oportunas, juntamente con el presbiterio.[266]
[163.] Todos los sacerdotes, a quienes ha
sido entregado el sacerdocio y la Eucaristía «para» los
otros,[268]
Por su parte, los fieles laicos tienen derecho a que ningún
sacerdote, a no ser que exista verdadera imposibilidad,
rechace nunca celebrar la Misa en favor del pueblo, o que
esta sea celebrada por otro sacerdote, si de diverso modo no
se puede cumplir el precepto de participar en la Misa, el
domingo y los otros días establecidos.
[164.] «Cuando falta el ministro sagrado
u otra causa grave hace imposible la participación en la
celebración eucarística»,[270]
[165.] Es necesario evitar,
diligentemente, cualquier confusión entre este tipo de
reuniones y la celebración eucarística.[166.]
Así mismo, el Obispo diocesano, a quien solamente
corresponde este asunto, no conceda con facilidad que este
tipo de celebraciones, sobre todo si en ellas se distribuye
la sagrada Comunión, se realicen en los días feriales y,
sobretodo en los lugares donde el domingo precedente o
siguiente se ha podido o se podrá celebrar la Eucaristía. Se
ruega vivamente a los sacerdotes que, a ser posible,
celebren diariamente la santa Misa por el pueblo, en una de
las iglesias que les han sido encomendadas.
[167.] «De manera parecida, no se puede
pensar en reemplazar la santa Misa dominical con
celebraciones ecuménicas de la Palabra o con encuentros de
oración en común con cristianos miembros de dichas [...]
comunidades eclesiales, o bien con la participación en su
servicio litúrgico».[273]
4. DE AQUELLOS QUE HAN SIDO APARTADOS DEL ESTADO CLERICAL
[168.] «El clérigo que, de acuerdo con la
norma del derecho, pierde el estado clerical», «se le
prohíbe ejercer la potestad de orden».[275]
ni los fieles pueden recurrir a él para la celebración, si
no existe una justa causa que lo permita, según la norma del
canon 1335.[277]
ni jamás asuman ninguna tarea o ministerio en la celebración
de la sagrada Liturgia, para evitar la confusión entre los
fieles y que sea oscurecida la verdad.
CAPÍTULO VIII
LOS REMEDIOS
[169.] Cuando se comete un abuso en la
celebración de la sagrada Liturgia, verdaderamente se
realiza una falsificación de la liturgia católica. Ha
escrito Santo Tomás: «incurre en el vicio de falsedad quien
de parte de la Iglesia ofrece el culto a Dios,
contrariamente a la forma establecida por la autoridad
divina de la Iglesia y su costumbre».[170.]
Para que se dé una solución a este tipo de abusos, lo «que
más urge es la formación bíblica y litúrgica del pueblo de
Dios, pastores y fieles»,[171.]
Entre los diversos abusos hay algunos que constituyen
objetivamente los graviora delicta, los actos graves,
y también otros que con no menos atención hay que evitar y
corregir. Teniendo presente todo lo que se ha tratado,
especialmente en el Capítulo I de esta Instrucción, conviene
prestar atención a cuanto sigue.
1. GRAVIORA DELICTA
[172.] Los graviora delicta contra
la santidad del sacratísimo Sacramento y Sacrificio de la
Eucaristía y los sacramentos, son tratados según las «Normas
sobre los graviora delicta, reservados a la
Congregación para la Doctrina de la Fe»,[281]
b) atentar la realización de la liturgia
del Sacrificio eucarístico o su simulación;c)
concelebración prohibida del Sacrificio eucarístico
juntamente con ministros de Comunidades eclesiales que no
tienen la sucesión apostólica, ni reconocen la dignidad
sacramental de la ordenación sacerdotal;d)
consagración con fin sacrílego de una materia sin la otra,
en la celebración eucarística, o también de ambas, fuera de
la celebración eucarística.2.
LOS ACTOS GRAVES
[173.] Aunque el juicio sobre la gravedad
de los actos se hace conforme a la doctrina común de la
Iglesia y las normas por ella establecidas, como actos
graves se consideran siempre, objetivamente, los que ponen
en peligro la validez y dignidad de la santísima Eucaristía,
esto es, contra lo que se explicó más arriba, en los nn.
48-52, 56, 76-77, 79, 91-92, 94, 96, 101-102, 104, 106, 109,
111, 115, 117, 126, 131-133, 138, 153 y 168. Prestándose
atención, además, a otras prescripciones del Código de
Derecho Canónico, y especialmente a lo que se establece en
los cánones 1364, 1369, 1373, 1376, 1380, 1384, 1385, 1386 y
1398.
3. OTROS ABUSOS
[174.] Además, aquellas acciones, contra
lo que se trata en otros lugares de esta Instrucción o en
las normas establecidas por el derecho, no se deben
considerar de poca importancia, sino incluirse entre los
otros abusos a evitar y corregir con solicitud.
[175.] Como es evidente, lo que se expone
en esta Instrucción no recoge todas las violaciones contra
la Iglesia y su disciplina, que en los cánones, en las leyes
litúrgicas y en otras normas de la Iglesia, han sido
definidas por la enseñanza del Magisterio y la sana
tradición. Cuando algo sea realizado mal, corríjase,
conforme a las normas del derecho.
4. EL OBISPO DIOCESANO.
[176.] El Obispo diocesano, «por ser el
dispensador principal de los misterios de Dios, ha de cuidar
incesantemente de que los fieles que le están encomendados
crezcan en la gracia por la celebración de los sacramentos,
y conozcan y vivan el misterio pascual».[286]
[177.] «Dado que tiene obligación de
defender la unidad de la Iglesia universal, el Obispo debe
promover la disciplina que es común a toda la Iglesia, y por
tanto exigir el cumplimiento de todas las leyes
eclesiásticas. Ha de vigilar para que no se introduzcan
abusos en la disciplina eclesiástica, especialmente acerca
del ministerio de la palabra, la celebración de los
sacramentos y sacramentales, el culto de Dios y de los
Santos».[178.]
Por lo tanto, cuantas veces el Ordinario, sea del lugar sea
de un Instituto religioso o Sociedad de vida apostólica
tenga noticia, al menos probable, de un delito o abuso que
se refiere a la santísima Eucaristía, infórmese
prudentemente, por sí o por otro clérigo idóneo, de los
hechos, las circunstancias y de la culpabilidad.
[179.] Los delitos contra la fe y también
los graviora delicta cometidos en la celebración de
la Eucaristía y de los otros sacramentos, sean comunicados
sin demora a la Congregación para la Doctrina de la Fe, la
cual «examina y, en caso necesario, procede a declarar o
imponer sanciones canónicas a tenor del derecho, tanto común
como propio».[180.]
De otro modo, el Ordinario proceda conforme a la norma de
los sagrados cánones, aplicando, cuando sea necesario, penas
canónicas y recordando de modo especial lo establecido en el
canon 1326. Si se trata de hechos graves, hágase saber a la
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos.
5. LA SEDE APOSTÓLICA
[181.] Cuantas veces la Congregación para
el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos tenga
noticia, al menos probable, de un delito o abuso que se
refiere a la santísima Eucaristía, se lo hará saber al
Ordinario, para que investigue el hecho. Cuando resulte un
hecho grave, el Ordinario envíe cuanto antes, a este
Dicasterio, un ejemplar de las actas de la investigación
realizada y, cuando sea el caso, de la pena impuesta.
[182.] En los casos de mayor dificultad,
el Ordinario, por el bien de la Iglesia universal, de cuya
solicitud participa por razón de la misma ordenación, antes
de tratar la cuestión, no omita solicitar el parecer de la
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos. Por su parte, esta Congregación, en vigor de
las facultades concedidas por el Romano Pontífice, ayuda al
Ordinario, según el caso, concediendo las dispensas
necesarias6.
QUEJAS POR ABUSOS EN MATERIA LITÚRGICA
[183.] De forma muy especial, todos
procuren, según sus medios, que el santísimo sacramento de
la Eucaristía sea defendido de toda irreverencia y
deformación, y todos los abusos sean completamente
corregidos. Esto, por lo tanto, es una tarea gravísima para
todos y cada uno, y, excluida toda acepción de personas,
todos están obligados a cumplir esta labor.
[184.] Cualquier católico, sea sacerdote,
sea diácono, sea fiel laico, tiene derecho a exponer una
queja por un abuso litúrgico, ante el Obispo diocesano o el
Ordinario competente que se le equipara en derecho, o ante
la Sede Apostólica, en virtud del primado del Romano
Pontífice.CONCLUSIÓN
[185.] «A los gérmenes de disgregación
entre los hombres, que la experiencia cotidiana muestra tan
arraigada en la humanidad a causa del pecado, se contrapone
la fuerza generosa de unidad del cuerpo de Cristo. La
Eucaristía, construyendo la Iglesia, crea, precisamente por
ello, comunidad entre los hombres».[292]
resplandezca en todos los hombres la presencia salvífica de
Cristo en el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.
[186.] Todos los fieles participen en la
santísima Eucaristía de manera plena, consciente y activa,
en cuanto es posible;[294]
Cada uno recuerde siempre que es servidor de la sagrada
Liturgia.Sin
que obste nada en contrario.
Esta Instrucción, preparada por mandato
del Sumo Pontífice Juan Pablo II por la Congregación para el
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en
colaboración con la Congregación para la Doctrina de la Fe,
el mismo Pontífice la aprobó el día 19 del mes de marzo,
solemnidad de San José, del año 2004, disponiendo que sea
publicada y observada por todos aquellos a quienes
corresponde.
En Roma, en la Sede de la Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en
la solemnidad de la Anunciación del Señor, 25 de marzo del
2004.
Francis Card. Arinze
Prefecto
Domenico Sorrentino
Arzobispo
Secretario
CONTINUACIÓN: PARTE II:
NOTAS